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Albert Boadella Escritor, productor, director y actor
Albert Boadella, Escritor, productor, director y actor
Albert Boadella Escritor, productor, director y actor

Albert Boadella, Escritor, productor, director y actor

Obra:

Texto del 21/01/2003,
Fotografía : Àngel Font

Pocas veces un dramaturgo llega a protagonizar acontecimientos sociales y políticos de envergadura histórica como los que rodearon el proceso contra Albert Boadella y su compañía teatral Els Joglars, un paso más en la lucha por la libertad de expresión.

Artista polémico y mordaz, sus constantes roces con el poder establecido han dejado un poso crítico a la par que reflexivo en sus declaraciones.

Génesis de La Torna

A principios de septiembre de 1977 la compañía de teatro que dirijo, Els Joglars, estrena una obra llamada La Torna, cuyo argumento se basa en las últimas ejecuciones del franquismo, y en concreto en la de un ciudadano que se decía que era polaco, un tal Heinz Chez, que fue ajusticiado el mismo día que Salvador Puig Antich, el 3 de marzo de 19741. A mí me interesó la historia de este señor, porque me parecía que había muerto como un perro; mientras que en el caso de Puig Antich la gente se movilizó para pedir clemencia, se divulgó internacionalmente el asunto y se supo quién era, de Heinz Chez no se hizo cargo nadie y pasó totalmente desapercibido. A partir de este interés personal descubro varios rasgos de su vida, que era una especie de apátrida, que se le acusó de matar a un guardia civil en la provincia de Tarragona, analizo su proceso judicial y su consejo de guerra, y con toda esa información escribo la obra.

Si me hubiera imaginado las consecuencias, no habría escrito la obra

En aquella época yo creía sinceramente que había llegado la democracia a este país, y por eso quería aprovechar la ocasión, después de muchos años de oscurantismo y de haber tenido que hacer teatro entre líneas, para montar por primera vez una obra en la que no hubiera ninguna censura. Puede que pecase de inocente, si bien era consciente de que se tenía que mantener todavía cierta cautela. Pensaba que podían prohibirme la obra, porque la censura no desapareció hasta pocos meses después de su estreno, pero entonces confiaba en la veracidad del proceso democrático español, en que se había producido efectivamente un cambio de régimen, más aún cuando la obra superó el trámite previo de su paso por la censura sin problemas, así que no me imaginaba las salvajes consecuencias de mi osadía. Ni siquiera en los tiempos más crudos del franquismo había pasado algo así, nunca se había hecho un consejo de guerra a un grupo de artistas, si hubiese esperado tamaña reacción no habría escrito la obra.

Fuimos víctimas de un pulso político entre el gobierno y el ejército

Lo que pasó fue que el momento político en que nosotros montamos la obra era muy delicado. En España todavía regían ciertas leyes heredadas del franquismo, como la Ley de Jurisdicciones, por la cual un civil podía ser juzgado por un tribunal militar a causa de injurias o calumnias a las Fuerzas Arma­das. Cuando los militares se enteran de que estamos representando esta obra, en la que naturalmente el estamento militar no queda bien parado, piden al Gobierno Civil que la prohíba, cosa que hace inmediatamente, y me abren a mí, y a la compañía unas diligencias previas y después un proceso por el cual voy a parar preventivamente a la cárcel. Mientras tanto, se inicia una movilización a favor de la libertad de expresión, se produce una huelga general de espectáculos, que abarca desde el Gran Teatre del Liceu2 hasta los parques de atracciones, se hacen grandes manifestaciones y campañas de solidaridad incluso internacionales, pero los militares no dan marcha atrás porque mantienen un pulso contra el gobierno, del cual nosotros somos un mero instrumento. Ellos están frenéticos por la legalización del Partido Comunista y quieren un arma para, literalmente, hacer la puñeta al gobierno, para demostrar que continúan siendo fuertes. Suárez no estaba, ni mucho menos, contento con mi ingreso en prisión, pero no pudo hacer nada porque carecía de jurisdicción para impedirlo.

Mientras estaba en la cárcel vino de visita oficial a Barcelona el Rey, y se montó una cena de gala en el palacete Albéniz3 con el President Tarra­dellas, el alcalde de la ciudad, el capitán general de la región militar y otras personalidades. En un momento de esa cena el Soberano, que estaba enterado de mi asunto, le sugirió al capitán general Francisco Colomar Galle­gos que fuera magnánimo conmigo, pero éste le cortó en seco y le espetó: se cumplirá la ley. Esta anécdota me la explicó Tarradellas, que estuvo presente. Los militares eran capaces de enfrentarse al Monarca en relación con nuestro caso, porque les suponía una ocasión fantástica para ejercer presión sobre el gobierno.

En cierto modo lo consiguieron, hasta que les estropeé la jugada fugándome de la cárcel 24 horas antes del consejo de guerra4. Para entonces me había convertido a mi pesar en un símbolo de la libertad de expresión que ellos denostaban, y con mi ausencia el pulso político que mantenían quedaba desvirtuado; todavía se cebaron en el asunto condenando y encarcelando a una parte de mi compañía de actores, pero ya no era lo mismo.

Por aquellas fechas mi hermano murió en extrañas circunstancias

Siempre estuve muy unido a mi hermano Francesc. Mi padre era muy mayor, casi podía ser mi abuelo por la diferencia de edad, por lo que mi hermano me hizo de padre. Francesc era escultor, a los 18 años se fue a vivir a París, y llegado el momento me llevó con él y se ocupó de mis estudios. Posteriormente venía muy a menudo a estar conmigo, tenía el proyecto de volver definitivamente e instalarse en Cataluña. Uno de esos días en que vino, precisamente en la época del escándalo de La Torna, se fue a cenar a un restaurante con unos amigos por la zona en la que vivo, cercana al pantano de Sau, y después de cenar, al parecer, se confundió de camino de vuelta y lo encontraron muerto en el pantano.

Nunca he querido investigar demasiado el asunto, porque es una cosa que ya no sirve de nada, sólo para rememorar cosas tristes y terribles, pero en cualquier caso no deja de ser un accidente singular. Era de noche, eso es evidente, pero me resulta incomprensible cómo, conociendo perfectamente el terreno, pudo confundirse de camino, y que hiciera maniobras tan extrañas con el vehículo para dar media vuelta hasta acabar cayendo al fondo del pantano. Quizá sirva de ayuda para aclarar el suceso decir que esa noche me pidió prestado el coche, obviamente tenía un cierto parecido físico conmigo y circulaba por las cercanías de mi casa, todo ello puede ser un detalle significativo. Cabe la posibilidad de que fueran a por mí y cometiesen un error5.

La libertad de expresión ya no está amenazada, pero a menudo se ve entorpecida

Desde La Torna los disgustos que me ha dado el ejercicio de la libertad de expresión han sido más mitigados, más contratiempos que disgustos, si exceptuamos la época en que hice Teledeum, en los años 1982-1983, sátira religiosa contra la que hubo una gran campaña, incluso atentados contra la compañía.

Si uno va por la vida haciendo lo que quiere y diciendo lo que piensa de una manera clara desde el teatro, aprovechando esta libertad de expresión que la Constitución dice que tenemos, es lógico que una serie de personas o instituciones, cuando se ven retratados sobre el escenario, no estén muy contentos y tengan el instinto de pararlo. Afortunadamente tenemos una Constitución y unas leyes democráticas que no permiten ciertas arbitrariedades con este asunto, pero el instinto del mundo político y de otras esferas de poder siempre es el de protegerse y poner freno a cualquier sátira. Con esto nos hemos encontrado en mi compañía a menudo, gente con poder que trata de parar nuestra actividad.

La solución más sencilla y más sensata que hemos encontrado es que prácticamente todos nuestros medios de financiación dependan del público, somos una compañía con muy poca subvención institucional, a diferencia de otras compañías de teatro más o menos grandes como la nuestra. Al ser mantenidos directamente por el público hemos podido hacer aquello que nos ha parecido más interesante o atractivo y evitar la coacción económica, que es actualmente la nueva forma de censura artística.

Me autoproclamo bufón del reino

Suelo definir mi trabajo, al menos así lo hago en las entrevistas y en mis memorias, como el de un bufón, que no es sólo alguien que divierte a los demás y prospera a la sombra del poder, sino precisamente alguien que asume riesgos, y en este sentido nadie me podrá reprochar que haya dejado pasar los años en balde, alguien que ofrece al público todo aquello que quiere oír y nadie se atreve, contándolo con inteligencia, no sólo desde el disparate absoluto. Para mí ésta es la función del mundo de la farándula, y no es algo que yo me invente ­ahora, sino que cuenta con una larguísima tradición histórica de artistas que han hecho más o menos esto mismo, unos con más fortuna que otros. Podría citar a Molière6, que trabajaba a sueldo del rey pero cuyas obras eran una crítica feroz a determinadas actitudes morales e hipocresías sociales.

Creo que esto forma parte del oficio de comediante, lo que pasa es que mucha gente lo practica con la intención de agradar a todo el mundo, pero cuando uno pretende eso en la vida, a veces acaba consiguiendo lo contrario; es mucho mejor quedar bien con unos y mal con otros.

La sátira no se ejerce con animosidad

Uno no hace teatro, y en general el artista no desarrolla su obra para ofender a nadie, otra cosa es que la gente pueda molestarse por aquello que se hace, pero la pretensión nunca es ésta y, además, sería demasiado trabajo para acabar consiguiendo algo tan simple. Insultar es algo que se puede conseguir de una manera fácil, muy sencilla y muy rápida; uno no ensaya durante seis meses, invierte grandes cantidades de dinero en una obra y pone en funcionamiento una compañía de 24 personas sólo para injuriar a alguien.

Criticar es un derecho consustancial a la democracia

Sé que cuando estrené Ubú president7 mucha gente creyó que deseaba hacer ­daño a Jordi Pujol pero, como he aclarado, en este campo las cosas se hacen normalmente de otra forma, así que los motivos últimos de la sátira eran distintos. Me parece que es necesaria una actitud crítica hacia la gente que ostenta el poder, porque si no entraríamos en un oscurantismo horrible y el país le faltaría un equilibrio fundamental, casi diría que la crítica debe ser algo institucionalizado. Todos esos políticos que presumen tanto de democracia, lo primero que tendrían que hacer es fomentar que exista la sátira, la parodia alrededor del mismo poder. Ya que los políticos tienen una proyección pública, es lógico que surjan opiniones controvertidas sobre su gobierno, la crítica no puede quedar al margen de ello porque es consustancial a la existencia de la democracia. Este ha sido el motivo de mi trabajo, al margen de lo que yo pueda pensar sobre el gobierno del President Pujol o cualquier otro. Yo tengo una simpatía personal por Juan Carlos I, me parece una persona con un carisma atractivo, pero esto no significa que si un día me apetece no pueda hacer una sátira sobre él y la monarquía, el Rey me tiene que garantizar este derecho, porque si no, entonces no es el jefe del Estado de un país democrático.

En nuestra sociedad existen toda una serie de derechos fundamentales, heredados de la Revolución Francesa, pero que no ha penetrado aún en el carácter nacional español.

Cosas como ésta tienen demasiada incidencia en España, porque en nuestro país el espíritu de la Revolución Francesa sólo ha entrado a medias. En Fran­cia, donde he pasado buena parte de mi vida, la asimilación de las libertades fundamentales es un hecho que casi ya está en la genética de los ciudadanos, mientras que aquí no, se tiene que hacer siempre un esfuerzo mental, se debe insistir y volver a explicar que la libertad es un derecho que sólo se adquiere a través de la crítica.

Sin duda esta perpetuación en el poder es un elemento defectuoso de la misma democracia

Creo que el problema más grave de Pujol ha sido ostentar durante tanto tiempo el gobierno de la Generalitat de Catalunya. Sin duda esta perpetuación en el poder es un elemento defectuoso de la misma democracia, porque si no se practica la alternancia política, no digo que se tenga que practicar cada cuatro años forzosamente, pero si no se ejercita con una cierta prontitud, se solidifica el poder, y rápidamente las pequeñas corruptelas se van haciendo mayores, aparece la sensación de que el país y su gobernante son la misma cosa, y acaban surgiendo unos aires de autoritarismo que recuerdan hechos del pasado.

Si Jordi Pujol hubiera gobernado dos legislaturas, posiblemente la historia ­futura de Cataluña tendría una opinión más ecuánime de él e incluso más ­generosa. Me parece que esta longevidad será definitiva en el juicio histórico de Pujol, al que no se podrá juzgar con el buen sentido necesario en esta clase de asuntos, porque finalmente ha contribuido a enquistar el procedimiento político que ha hecho que los antipujolistas sean muy radicales, y que los pujolistas se muestren tan seguros de que esto va a ser así de por vida. Ambas son actitudes que no nos llevan a nada bueno, como se verá cuando se retire definitivamente, porque ha significado una división de los catalanes.

La obtención de fondos debe ir unida a la voluntad de desarrollo nacional

En este país, en este rincón del Mediterráneo, en épocas extremadamente difíciles como la del franquismo, especialmente a finales de la misma, nos espabilamos y mantuvimos entre todos una cierta dignidad desde el punto de vista cultural y del interés por expresar lo que entendíamos como nuestro, como señas de identidad propias. Es paradójico que después, cuando ha habido más medios, esto no se haya hecho mucho mejor de lo que ya se hacía en aquellos años, lo que demuestra que el dinero no lo es todo, que lo importante es la voluntad colectiva. Por mucho que ahora se reclame un concierto económico, que no deja de ser una aspiración lógica y muy necesaria para cualquier autogobierno, la conciencia catalana ya fue capaz en el pasado, sin disponer de recursos, de hacer avanzar al país, y de poco puede servirnos la obtención de fondos, si no va unida a una voluntad firme de desarrollo nacional.

Decir que el enemigo es España es una solemne estupidez

En aquellos momentos teníamos una cosa clara, que era un enemigo muy bien dibujado y muy persistente, nosotros estábamos contra la dictadura, contra Franco, y eso nos unía. Posteriormente no ha sido así, porque decir que el enemigo es España es una solemne estupidez, el enemigo no es Espa­ña, son los canallas que quieren destruir en lugar de construir, pero esto no es un signo diferencial ni de Madrid, ni de Castilla, ni de España. Quizá en este momento no hay un sentido tan manifiesto de voluntad colectiva catalana como entonces, de querer expresar nuestra propia identidad, al menos de forma universal y no provinciana. Más bien creo que a veces se han dado pasos atrás y nos hemos quedado en un cierto provincianismo; la identidad catalana a nivel cultural y político ha acabado centrándose en lo folclórico, da el aspecto un poco de figura de pesebre, no hemos conseguido que Cataluña tuviese una auténtica dimensión internacional.

El futuro pasa por que Cataluña se plantee qué quiere ser, qué relaciones quiere establecer con el conjunto de los pueblos de España y de Europa, pues en ­este momento manda más Bruselas que Madrid. Es en este sentido que tenemos que construir el futuro y ver qué porción ocupamos de todo este pastel y qué podemos aportar. Podemos aportar coblas, escolanías de Montserrat y sardanas, pero los países hoy día no se hacen sólo con esto, sino con cosas mucho más fundamentales. El futuro no pasa por el provincianismo.

Nuestro porvenir se decidirá en Bruselas

En los últimos tiempos hemos perdido el miedo a hablar de Estado adherido, de España federal, de referéndum de autodeterminación, de reformar la Consti­tución, lo que pasa es que en este momento las cosas no van por este camino, los proyectos políticos deben superar previamente los filtros de la Unión Europea, porque los Estados cada vez tienen menos poder. Tampoco observo una voluntad decidida por parte de la Unión Europea de construir una Europa de las ­regiones, como se viene proponiendo desde los ámbitos más nacionalistas. En ­este sentido, hace poco fue rechazada la propuesta de que las regiones se puedan dirigir directamente al Tribunal Europeo, sin la mediación de los gobiernos centrales de sus Estados respectivos. Conviene no olvidar que en Europa existen Estados centralistas potentísimos, como Francia, Reino Unido y Alemania, de enorme peso en el seno de la comunidad continental, por lo que seguramente el futuro no va a ser fácil en este sentido, será necesario armonizar nuestras propuestas con las normativas que impone la Unión Europea.

De cara al futuro debemos volver la mirada hacia el norte

Creo que los catalanes estamos obsesionados con Madrid y no miramos lo suficiente hacia Bruselas, que es donde se hace ahora la política real. Nos tiene que preocupar menos Madrid, porque llegará un momento en que acabará teniendo las mismas intenciones que nosotros, pasará a ser un aliado nuestro porque también está interesado en preservar una cierta pluralidad en España contra el rodillo europeo. No digo que no haya habido, como ahora, ciertos gobiernos en Madrid que no tengan ningún interés en mantenerla, pero no siempre ha sido así, desde Madrid se construyó el Estado de las autonomías, que es en el fondo un pseudoestado federal y esto hay que reconocerlo históricamente. Considero que lo importante de cara al futuro es cambiar la mirada, en lugar de mirar hacia el sur, mirar hacia el norte como hacíamos antes.

Durante la transición Cataluña supuso un referente para el resto de España

No se debe olvidar nunca que el progreso económico en cualquier territorio va unido al desarrollo social, político y cultural. Cataluña en 1975 presentaba una prosperidad económica importante, había seguido con una tradición cultural que no venía de dos días atrás, y esto hizo que durante la transición ­nosotros tuviésemos más cosas por decir que las que podían tener otras zonas del Estado español que estaban en una situación muy precaria. Ahora ya no es igual, porque la economía se ha ido armonizando y en este momento, tanto el sur y el norte de España, como el sur y el norte de Europa, van consiguiendo un cierto equilibrio territorial.

Tarradellas era partidario de seducir en vez de imponer para alcanzar los objetivos políticos de Cataluña

Conocí bastante al President Tarradellas, y era un hombre que tenía muy claro que, sin atraer a los españoles, nosotros no teníamos futuro; él era partidario de la seducción, algo que los españoles sentían por nosotros en 1975, en el sentido de que consideraban que éramos la avanzadilla más moderna, más europea del Estado.

Creo que, ante la situación actual, Tarradellas seguiría diciendo lo mismo, pues ahora parece que hemos perdido esa habilidad; nosotros exportábamos una cultura catalana, unas ideas renovadoras, unas ganas de vivir en democracia al resto de España, y en los últimos tiempos no ha sido así. Hemos creído que conseguiríamos nuestros objetivos simplemente por la presión, sea ciudadana, mediática o política, y este no es el mejor procedimiento. Personal­mente también pienso como Tarra­dellas que tenemos que hacer gala de nuestro atractivo, esforzarnos por tener las mejores universidades, la mejor literatura, el mejor teatro, los mejores políticos, que los españoles tengan ganas de vivir, trabajar y estudiar en Cataluña en vez de en otros lugares del mundo. Pienso que esta sería la actitud que el anciano President defendería para hacer progresar Cataluña, consciente como era de que si no había captación de capital, económico o humano, y una actitud solidaria con el resto de España, no era viable una autonomía catalana.

Para acabar con la violencia es necesario pactar, pero con matices

Pactar me parece muy bien, a lo largo de la historia se ha negociado en todo tipo de regímenes, de situaciones y con todo tipo de personajes, incluso con genocidas, esto no supone ninguna novedad. El problema que se presenta a la hora de llegar a un acuerdo es que alguien tiene que ser el primero en tender la mano, pero es muy difícil ofrecer la mano a alguien que está dispuesto a dispararte en la nuca. Por eso, los gobiernos de todos los países en lo primero que han pensado es en la reducción de la tensión por los medios que sea, habitualmente policiales, y llegar al pacto con aquellos que utilizan la violencia mediante su entrada previa en el sistema, abocándoles a una situación política en la cual tengan ciertas dificultades para llevar adelante sus acciones. En el País Vasco me parece que ésta es la estrategia que se está siguiendo, no muy distinta de lo que ha ocurrido en el caso del ira8. ¿Cuándo ha habido pacto en Irlanda del Norte? Pues cuando ha existido un cierto cansancio en las filas del ira, que estaban en un callejón sin salida, y entonces ellos mismos pidieron las conversaciones de paz. Estoy a favor del pacto en el País Vasco, pero no mientras continúe la amenaza de que me disparen en la nuca. Para poder llegar a un entendimiento es necesario ceder en algún sentido, y a mí me parece que el gobierno dispone de mucho margen para ser condescendiente, pero no cabe duda de que quien primero tiene que transigir es aquél que actúa violentamente.

El medio ambiente va a ser el principal campo de batalla político del siglo xxi

El siglo xxi se caracterizará no por ser como el anterior el siglo de las batallas ideológicas sobre comunismo, capitalismo, socialismo, etc., que ya han dejado el primer plano de interés y han entrado en otro ámbito de resolución, sino por el debate sobre la preservación del medio ambiente, que es algo mucho más cercano a la socieda del bienestar, concepto clave que aparece en todas las opciones políticas actuales. La defensa del medio ambiente abarca muchos aspectos, desde que no nos envenenen con la comida adulterada por compuestos químicos, hasta que nos protejan y garanticen la calidad del aire, del agua; es algo que va mucho más allá de la conservación de la fauna salvaje, porque lo primero que hay que proteger es a nosotros mismos de las barbaridades que trae consigo el neoliberalismo dominante. Ésta será la gran batalla del siglo xxi, y los políticos deberán darse cuenta de ello, porque cada día empeora la situación, los ciudadanos están dispuestos a protestar más, de momento pacíficamente, aunque algún día si no se pone remedio esa protesta puede acabar mal. Cualquier actividad empresarial que repercuta en la más mínima destrucción del medio ambiente se debería entender como una nueva actitud criminal, y por lo tanto tipificarse legalmente y penalizarse como si se tratara de un crimen contra la sociedad.

1          Las ejecuciones de Heinz Chez y Salvador Puig Antich, este último a garrote vil, fueron los penúltimos coletazos de la represión franquista. Mientras la muerte de Heinz Chez en Tarragona no tuvo apenas repercusión mediática, la de Puig Antich, acusado de actividades terroristas contra el Estado y de ser un peligroso anarquista, ocasionó una oleada de protestas internacionales por la desproporción del castigo y las irregularidades del consejo de guerra.
2          Teatro operístico barcelonés, símbolo de la alta sociedad catalana.
3          Residencia oficial de la familia real en sus estancias en Barcelona. Obra del arquitecto Juan Moya, fue construida para la Exposición Universal de 1929.
4          Boadella había sido trasladado de la prisión al Hospital Clínico de Barcelona por supuestos problemas de salud. Con la ayuda de su mujer, Dolors Caminal, se disfrazó de médico y pudo burlar la vigilancia de la policía y salir impunemente del edificio, fugándose del mismo para evitar el consejo de guerra y exiliándose en Francia, donde rehizo su compañía y reemprendió su labor creativa.
5          Aquella noche Francesc alargó la sobremesa en la barra del restaurante “Les Gorques”. Durante más de una hora charló y bebió conmigo, mientras ambos esperábamos que amainara, puesto que llovía a cántaros. Fue la primera y única vez que nos vimos. Me contó su vida en Francia y la admiración por su hermano Albert y sus andanzas. Habría olvidado el tema de no ser porque el accidente conmocionó la comarca de Osona. Jaume y Francina, los dueños del restaurante, fueron testigos de mi encuentro con Francesc Boadella (Nota del Autor).
6          Seudónimo del comediógrafo francés Jean Baptiste Poquelin (1622-1673). Está considerado como uno de los más grandes autores teatrales de todos los tiempos. Dirigió el teatro de la corte de Luis XIV, sin por ello renunciar a la más aguda sátira de las costumbres de la alta sociedad de la época.
7          Ubú president, obra estrenada en 1995, desató una gran polémica en los círculos sociales y políticos catalanes por retratar de forma poco elogiosa al President Pujol y contener una sátira incisiva de su figura humana e institucional.
8          Siglas del Ejército Republicano Irlandés, organización armada que mantuvo una lucha guerrillera contra la represión británica hasta la independencia de Irlanda en 1921. Tras ella la isla quedó escindida en dos Estados, la República de Irlanda, de población católica, y la región de Irlanda del Norte o Ulster, territorio adherido al Reino Unido cuya población mayoritaria es protestante, si bien conserva un alto porcentaje de población católica. Los conflictos religiosos dentro de ese territorio desembocaron en un enfrentamiento armado entre ambas comunidades a partir de 1971, y en la resurrección del IRA hasta los acuerdos de paz de 1998 y el anuncio de desarme de la organización en 2001, hasta ahora escasamente cumplido.