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Sr. Alberto Iglesias Fernández
ALBERTO IGLESIAS FERNÁNDEZ.
Fotografía cedida por Alberto Iglesias.

ALBERTO IGLESIAS FERNÁNDEZ. INVERSIONES DEL LLOP

Obra:

Texto del 8-03-2011

Más de una década de actividad empresarial en el sector inmobiliario avalan el espíritu crítico de este empresario alicantino que ha moldeado su vida profesional en base a las coordenadas de la humildad y la honestidad, trazadas sobre un eje: el capital humano, el mayor activo del país. Empresario y deportista, es director de un club de golf y reivindica el poco esfuerzo que supone una sonrisa en el ejercicio de las relaciones interpersonales. 

Empresario y deportista

Ya desde joven –fui futbolista profesional– el deporte ha sido una parte importante de mi vida. Hoy dirijo el club de golf Font del Llop Golf Resort, y mi implicación con esta disciplina es máxima. Llegué a esta entidad para desarrollar todo el proyecto diseñado del complejo inmobiliario, el cual, ante la situación de crisis económica actual, aún no ha podido ser llevado totalmente a cabo. Aunque me inicié en el sector del mueble, el diseño y la decoración, decidí formarme en el ámbito inmobiliario y, en 1997, empecé a gestionar inversiones inmobiliarias con promotores y constructores tanto en mercados nacionales como internacionales. En mi trabajo diario al frente del club sigo una filosofía que nunca abandono: lo más importante es el cliente; es mi mejor vendedor y aliado.

Crónica de un temporal anunciado

Viví, como tantos otros empresarios, el arranque meteórico del boom inmobiliario. La situación empezaría enrarecerse a partir de 2007; hasta el momento, los profesionales del sector teníamos la imagen de que estábamos en un país en pleno desarrollo. Sin embargo, desde algunos ámbitos financieros, y también inmobiliarios, se estaba trabajando de una manera irresponsable. El ambiente de euforia, en el que cualquier persona que no tuviera una propiedad era alguien que estaba fuera del mercado, obligaba a comprar, a consumir, y el precio de los inmuebles y de las parcelas se disparó desproporcionadamente. Y ello produjo, a su vez, la intrusión de toda una serie de personas e inversores que desconocían este mercado y cuya única obsesión era ganar dinero. 

Un espejismo que se podía tocar

Dentro de esta sinrazón que parecía que nadie podía frenar, se empezó a construir desaforadamente. Todas las hipotecas demandadas por adquisición de viviendas eran aprobadas, incluso aquellas en que la documentación presentada ni siquiera estaba escrita en español. Fui testigo de hipotecas concedidas al 120%. Las viviendas que no se vendían en el mercado español eran ofertadas en el mercado europeo. En la costa de Alicante tenemos un volumen de construcción y absorción por parte de los clientes de 3.000 viviendas al año. En esa época construimos 20.000. Viendo tales cifras, en cierta manera aún hemos tenido suerte de que las cosas no hayan ido peor.

Fiebre constructora también en los mercados europeos y americanos

Ante la escalada de precios en nuestro país, algunos inversores se llevaron al cliente europeo que ya no podía comprar en España hasta la República Dominicana, Brasil o el Caribe, y le vendieron parcelas o casas sin estudios de mercado y a 8 o 9 horas de vuelo de sus respectivos países de origen: un disparate. Todo ello fue un nuevo jalón para cimentar la crisis global del sector, que arrastró al resto de sectores económicos. 

Ética y negocios, una compatibilidad necesaria

Lo material es temporal, lo que realmente queda son las relaciones interpersonales. Durante la época del boom inmobiliario, el trato ético y personal dejó de existir. 

Una situación de crisis que podría haber sido frenada con anterioridad

Tres años después de los primeros síntomas de la crisis, vemos que al Gobierno le ha faltado humildad y ha sido incapaz de reconocer sus errores, simplemente por motivos electorales. A mi entender, hay que saber hacerse pequeño para volver a crecer. Y ello es aplicable no sólo a nuestros dirigentes, sino a cada uno de nosotros, pues todas las personas relacionadas con el mundo financiero e inmobiliario conocían lo que se estaba gestando, no fueron unas circunstancias adversas nacidas de un día para otro. Como la responsabilidad es de hecho colectiva, debemos luchar para ayudar a nuestro país, nuestras empresas y nuestras familias de la mejor manera que sepamos. 

Hacerse pequeño para crecer

En vez de haber ido corrigiendo poco a poco los desajustes económicos, el Gobierno ha ido dando bandazos siguiendo, muy a la zaga, el rumbo de la economía extranjera. La gente lo que quiere es trabajar, sobrevivir, tener ilusiones. Para levantar la situación económica de un país, su gobierno debe estar convencido de su capacidad para hacerlo, y después tiene que saber transmitir esa convicción al resto de los ciudadanos. Nuestros vecinos alemanes se hicieron pequeños para crecer y, en pocos años, han llegado donde están ahora. No han hecho ningún milagro; sencillamente, han sido humildes.

Medidas para recuperar el sector inmobiliario

Actualmente, tenemos un hándicap muy grande, que es un volumen enorme de viviendas sin vender. Para empezar, habría que profesionalizar el sector: debería acreditarse una titulación para ejercer la compraventa de inmuebles. Esta preparación también debería exigirse a los promotores y constructores. Por otra parte, desde las diferentes administraciones se tendría que garantizar la calidad de las edificaciones; igualmente, deberían apoyar el sector turístico, el verdadero motor de nuestra economía, el cual fomenta la construcción de hoteles, restaurantes, tiendas, balnearios, etc., aunque, por descontado, no debemos construir más de lo que nuestro mercado es capaz de absorber. Otra premisa importante es que ha de haber la garantía de que, cuando un tasador vaya a tasar un suelo o una vivienda, no estén ya adquiridos y se sobrevaloren.

Existir en el mercado a través de las nuevas tecnologías

Lo que nos falta es credibilidad en el mundo de los negocios. Tenemos que aprender a sabernos vender, y para ello es muy importante usar las nuevas tecnologías. Soy un firme convencido de las llamadas “redes sociales”, un medio de comunicación excelente con el mundo. Aunque parezca una paradoja, aquí estamos muy poco preparados para vender. Nuestro país no sabe comunicar. Sin ir más lejos, en mi comunidad, Alicante, tenemos una cámara de comercio excelente; sin embargo, al ciudadano no le llega la información de los servicios que ofrece, con lo que muchas subvenciones se pierden, algo que no nos deberíamos permitir. 

Recuperación de los valores tradicionales

Hemos ido demasiado lejos con el crédito; hemos estado gastando un dinero que no teníamos y que no sabíamos si podíamos devolver. Si los españoles somos capaces de cambiar este consumo irracional y recuperar los valores tradicionales de esfuerzo y ahorro, estoy seguro de que España saldrá de la crisis y volverá a ser un gran país. 

No todo es dinero

Es muy importante el trato que dispensamos a nuestra clientela. No todo consiste en disponer de un producto de calidad, sino también es esencial saber ofrecerlo. En nuestra empresa cuidamos mucho la imagen en lo que se refiere a las necesidades del cliente; nuestra filosofía se traduce siempre en una sonrisa. 

Reinventarse, pero con leyes de protección a la empresa autóctona

España tiene una capacidad enorme de desarrollo, de construcción, de innovación, pero tiene que creer en sí misma. Antes de entrar en el mundo inmobiliario, trabajé en la industria del mueble, que fue una potencia mundial en nuestro país. Estos últimos años hemos importado muebles de China y de otros países, hemos financiado la deslocalización de las empresas. Las consecuencias ya las conocemos. Nuestro Gobierno ha de proteger nuestra industria, debe controlar las importaciones y no dejar entrar mercancías que son copias de nuestros propios productos.

La pequeña y mediana empresa, un tejido infravalorado

La tarea de la clase política es la de legislar; ha de crear las leyes de protección de nuestro tejido empresarial porque será lo que nos va a permitir crecer. Pero nuestros dirigentes han dado la mano a las grandes empresas y han dejado de lado las pymes. La producción de China, dentro de pocos años, va a dedicarse sobre todo a abastecer su país, y España va a tener que volver a fabricar para cubrir sus necesidades. Si nosotros empezamos ya a crear nuestras propias empresas y a ayudarlas, cuando llegue ese momento estaremos preparados. Pero, para ello, hay que creer en nuestro empresariado y darle el apoyo que requiera.

Las ideas, materia prima de los emprendedores

Aquello que hace que alguien sea un emprendedor son sus ideas y el empeño que pone en desarrollarlas. El empresario es el mayor amigo de la sociedad porque, con el riesgo que asume, con su ilusión por intentar crecer, genera riqueza y mueve las naciones. Y, a su vez, un empresario tiene necesidad de empleados que tengan su misma ilusión. Todos hacemos la empresa. Somos un equipo que trabaja para un objetivo común.

Vocación empresarial

Gran parte de mi vida profesional la he pasado trabajando para mí. El mundo de los negocios es muy enriquecedor, y me siento realmente agradecido por todo lo que he aprendido. Quiero hacer hincapié en el espíritu aventurero y creador del empresario, en su amor por lo que hace y en su dolor durante las épocas de crisis, cuando no sabe si va a poder pagar a sus empleados o si va a tener que cerrar y dejarlos sin empleo. Hay momentos muy duros, en los que como empresario percibes tu soledad. Sin embargo, esta profesión me ha permitido viajar y aprender mucho de los demás. Me he dedicado a los negocios porque es hacia donde me ha llevado la vida; puedes intentar elegir lo quieres ser, pero al final la vida te lleva donde tienes que estar.