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ALEJANDRO ECHEVARRÍA BUSQUET.

ALEJANDRO ECHEVARRÍA BUSQUET. MEDIASET ESPAÑA

Obra:
Texto del 27/09/11 .
Fotografía cedida por Teresa Peyri (Mediaset España)
 

Con una dilatada y prestigiosa carrera en el sector de la información, Alejandro Echevarría está al frente de un grupo de comunicación que cuenta con Telecinco y Cuatro entre sus principales bazas. Galardonado reiteradamente por su labor empresarial e informativa, lamenta la falta de liderazgo político sólido a todos los niveles y cree que solo superaremos la crisis aguzando el ingenio. Un Ministerio de Economía Europeo sería crucial para controlar los vaivenes económicos.

De uno a seis canales

Telecinco ha cambiado su nombre por el de Mediaset España. No ha sido un cambio caprichoso. Ya no podemos llamarnos así porque ya no somos un solo canal, sino seis canales diferentes. Aparte del propio Telecinco, que es nuestro canal líder y que no necesita presentación, está también Cuatro, con el que nos fusionamos hace casi un año. Contamos, además, con la Factoría de Ficción, un canal dedicado de manera exclusiva a producir series españolas; con la Siete, que es un canal alternativo con horarios diferentes de los programas de Telecinco; con el canal infantil Boing, y con Divinity, un canal dedicado específicamente a la mujer. Puedo decir con orgullo y satisfacción que todo este magma televisivo alcanza actualmente el 30% de la audiencia y el 42% de la publicidad televisiva en España.

Crisis y reacción

En septiembre de 2007 empezamos a notar la crisis en la caída de los ingresos publicitarios, y decidimos reaccionar ante lo que pudiera pasar. Fue entonces cuando ideamos la adquisición del canal Cuatro al grupo Prisa, una compra que nos ha dotado de varios canales complementarios que nos han ayudado a capear el temporal. Sin duda, fue una decisión estratégica acertada.

Elogio a la supresión de la publicidad en TVE

Que Televisión Española haya suprimido la publicidad ha tenido efectos positivos para las televisiones privadas, sobre todo a partir del año 2010. No estamos hablando de cantidades residuales: el montante de la publicidad que iba al sector público y hoy va al sector privado alcanza los 500 millones de euros. También nos ha beneficiado no depender de la política de precios a la baja que marcaba TVE, que era una competencia del todo desleal, con bajadas del 25% de la media del mercado. Pero las televisiones privadas no somos los únicos beneficiados de aquella decisión: los espectadores ahora pueden ver los programas y las películas sin interrupciones, un lujo que antes solo se podían permitir algunas televisiones de pago.

 Con Internet se está viviendo un nuevo escenario en la comunicación

Internet y la digitalización han supuesto un cambio fundamental en todo el sector de la comunicación. Nos encontramos ante un nuevo escenario donde el espacio mediático está totalmente fragmentado, y aunque, obviamente, la televisión continúa ocupando el número uno, Internet está pisando muy fuerte, de manera que es cada espectador quien elige y organiza su propio consumo multimedia según sus preferencias. Los medios se interrelacionan y complementan cada vez más, y pronto el espectador elaborará su propia programación televisiva. Podrá ver en el momento que él quiera, no necesariamente cuando se emita, el programa que elija.

 Programación según demanda

A nosotros nos encantaría que hubiera una mayor demanda de productos televisivos culturales. Pero que nadie se lleve a engaño: hacemos la televisión que el público nos pide, no la que nos gustaría hacer. Las audiencias diarias nos indican qué es lo que quiere la gente, y lo que esta quiere en momentos de crisis como el actual es entretenimiento extremo, evasión de la realidad, olvido de sus problemas cotidianos. Eso no impide que entre los 40 canales de media que se pueden ver en cualquier ciudad española se emitan muchos programas de calidad. Confiemos que en el futuro la demanda de entretenimiento extremo vuelva a sus índices normales y, por el contrario, aumente la de los programas de mayor calidad.

 La televisión ideal

Mi televisión ideal debería incluir programas de entretenimiento para toda la familia; grandes espacios informativos; muy buenas películas; series de ficción con grandes actores, mejores guiones y muy bien realizadas, y una programación deportiva de alto nivel. Una oferta así sería, a grandes rasgos, el objetivo de todos cuantos hacemos televisión.

 Demasiadas televisiones autonómicas

Opino que nos hemos excedido creando televisiones autonómicas. Hay algunas que se justifican por razón de lengua, como las de las comunidades que hablan otros idiomas. Pero se aplicó el café para todos también en este terreno y se empezaron a crear televisiones autonómicas sin ningún sentido que fueron convirtiéndose en televisiones comerciales puras y duras como las privadas, y que solo han servido para defender los intereses partidistas del gobierno de turno. Hoy el conjunto de las televisiones autonómicas se ha convertido en un gasto insostenible y debería regularse de manera que solo mantuvieran grandes estructuras las televisiones con lengua propia. El resto deberían volver a emitir desde los centros regionales de TVE.

 Medios, política y valores

Llevo 40 años en el sector de la comunicación y he vivido todo tipo de vicisitudes y experiencias con respecto a las relaciones entre los medios y la política; digamos que estos son totalmente antagónicos, que no se pueden llevar bien. Los medios intentan cumplir con su misión desde la independencia y los políticos intentan influir en los medios, conscientes de que son un instrumento de poder. Y ese toma y daca no hay quien lo cambie. Por otro lado, ya no se respira aquella ilusión del estallido mediático que significaron la Transición y la llegada de la democracia. Hoy la sociedad está cansada, pero no creo que sea culpa de los medios. Veo más un derrumbe de los valores que la sostenían, como la honestidad, el trabajo, la ética, la confianza… Lo único que vale ahora es el éxito inmediato, sin esfuerzo de por medio.

 Refundación del capitalismo

Se vive un hartazgo de la política, que hoy es más complicada y difícil de seguir para el ciudadano medio. Por eso en nuestros informativos cada vez dedicamos menos minutos a la información política, porque el espectador no quiere verla, sino entretenerse. No sé cómo se soluciona este desapego, pero sí que me atrevo a decir que una de las consecuencias de la crisis global será una refundación del sistema capitalista que tendrá en cuenta todos los problemas que nos han llevado a la situación actual.

Carecemos de un liderazgo sólido a todos los niveles

En España existe en estos momentos una evidente necesidad de cambio, porque no se están resolviendo los problemas de manera eficaz. Las decisiones se toman tarde y sin coordinación, y es así porque falta liderazgo; falta liderazgo a nivel español, a nivel europeo y a nivel mundial. Pero no desesperemos; a pesar de que la crisis es de grandes dimensiones, la humanidad ha pasado por momentos peores. Solo tenemos que aguzar el ingenio.

Indignación mal llevada

El movimiento de “los indignados” empezó bien. Fue una sacudida necesaria y puso sobre la mesa algunos temas interesantes que podían ser compartidos desde la transversalidad política. Desgraciadamente, evolucionó fatal por no tener ni ideología ni liderazgo, y fue de alguna manera instrumentalizado. Ha sido más bien un efecto champán, muchas burbujas al principio pero ha perdido gas. Actualmente, me parece que aporta muy poco.

Más Europa

La iniciativa de los eurobonos puede ser acertada, pero no resolveremos definitivamente nuestros problemas hasta que no nos decidamos a tener un único Ministerio de Economía a nivel europeo. O damos este salto hacia el futuro o continuaremos poniendo parches. Sé que no es fácil, porque ahora mismo el norte de Europa está muy a la defensiva respecto al sur, y razones no le faltan, pero deberíamos ir cuanto antes en esa dirección.

 Sobre la demanda filantrópica de las grandes fortunas

Me temo que la corriente internacional de grandes millonarios demandando pagar más impuestos no va a llegar aquí. Me parece una curiosidad anecdótica. La importancia de las grandes cifras no reside en las grandes fortunas. Esta filantropía tiene, sin duda, una dimensión ejemplar, y por ello es positiva, pero no creo que cunda el ejemplo.

 Confianza en el cambio político

La derecha española siempre ha sabido gestionar mejor que la izquierda. Seguramente el señor Rajoy tiene muy claras las 10 o 12 medidas que tomará durante los 100 primeros días para poner en marcha la economía española. La reforma laboral es una de las medidas ineludibles que el gobierno entrante deberá abordar, así como la reestructuración de las cajas de ahorro o el fomento de la actividad económica y de la productividad, que ha sido históricamente uno de nuestros puntos flacos. Por otro lado, están los recortes. Durante unos años hemos vivido en una burbuja imposible de mantener, por lo tanto, los ciudadanos deberían ser muy conscientes de que los recortes son más que necesarios. Se impone una racionalización del gasto público.

 Superar el cortoplacismo

La acción política de todo signo tiene una característica común: es cortoplacista. Los políticos se centran, sobre todo, en conseguir los votos para llevarles al poder o mantenerles en él. Por eso las medidas duras y difíciles de tomar suelen aplazarlas sine die, aun siendo muy conscientes de que las deberían abordar cuanto antes. Solo los verdaderos estadistas son capaces de superar el cortoplacismo. Ahora no estamos en un momento histórico cualquiera: ahora necesitamos claramente un estadista. España demostró hace años que podía hacer bien las cosas. Tenemos muchas cualidades y podemos salir adelante.