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ANTONIO FONTENLA RAMIL.

ANTONIO FONTENLA RAMIL. FONTENLA

Obra:
Texto del 16/01/12 .
Fotografía cedida por Antonio Fontenla.
 

Segunda generación al frente de una constructora familiar con más de ochenta años de historia, este arquitecto técnico y empresario se siente honrado por su amistad con don Manuel Fraga, a quien atribuye el milagro turístico y la horma de la derecha homologable en España. Aunque su acento no es pesimista, lamenta que el gobierno socialista encontrara llenas las arcas del Estado y las haya dejado tan vacías, una rémora que va a costar superar.

 Hijo de un hombre extraordinario

Mi padre fue un hombre extraordinario, hecho a sí mismo. Según me contaba mi madre, era capaz de salir de casa con abrigo y regresar sin él, porque, si encontraba a un pobre por la calle, se lo regalaba. Nacido en Nigoi, un pueblecito de Pontevedra, vino a La Coruña a labrarse un futuro. Como necesitaba trabajar, se vio obligado a realizar todos sus estudios en cursos nocturnos. Dotado de una gran inteligencia natural y del don de la simpatía, no tardó en trabar amistad con gente bien relacionada, y en 1928 fundó la constructora Fontenla. La empresa fue haciéndose un nombre y posicionándose en el sector, hasta que en 1960 mi padre murió de enfermedad, todavía joven y activo. Como Fontenla siempre había sido una empresa muy paternalista, recuerdo que cientos de personas colapsaron la calle de casa en una manifestación espontánea de duelo popular.

 Vaivenes del sector de la construcción

A la muerte de mi padre yo tenía solo 16 años. Situado en una tesitura inesperada, opté por estudiar una carrera corta para poder incorporarme cuanto antes a la empresa familiar. Durante los primeros años de mi dirección, la empresa se fue desarrollando hasta convertirse en una de las tres principales compañías gallegas, con 800 personas en plantilla. Tras los felices 70, prósperos para el sector, entramos en el decenio negro de los 80. Por fortuna, aquella crisis nos cogió preparados, con una clientela de toda la vida que seguía confiando en nuestro trabajo. Aun así, pasamos de 800 trabajadores a unos 400.

 Optamos por contar con empresas filiales o subsidiarias

Tener menos carga de mano de obra acabó representando un plus para poder avanzar, y empezamos a contar con empresas filiales o subsidiarias relacionadas con el sector de la construcción, casi siempre con el 100% de las acciones nuestras o, en el peor de los casos, asociados con otras entidades, aunque siempre conservando un mínimo del 51% de la empresa. En lugar de crecer en vertical, optamos por hacerlo en horizontal.

 Constructores, pero también promotores

Siempre puede pasar que un día te acuestes rico y al día siguiente te levantes pobre. En nuestro caso, esto sucedió de alguna manera coincidiendo con los fastos del Quinto Centenario y las Olimpiadas; todo aquel esfuerzo de inversión que se realizó entonces y que no se controló como es debido desde las cuentas públicas. En 1996 se produjo un cambio de Gobierno y volvimos a gozar de una gran actividad, centrada sobre todo en la promoción de viviendas. Seguimos siendo una constructora, pero a su vez creamos varias inmobiliarias. Todo fue miel sobre hojuelas hasta 2004. Por aquellos años, también desempeñé la vicepresidencia de la Confederación Nacional de la Construcción.

 Que los hijos se fogueen sin el amparo de sus padres

Soy de la opinión de que los hijos de los empresarios llamados a tomar el relevo de sus padres deben foguearse en empresas de terceros; que aprendan fuera del entorno familiar lo que es la disciplina, el horario, la dedicación, etcétera. Por eso envié a mi hijo menor a Holanda, un país donde su apellido no le daba las ventajas que le proporcionaba aquí. Para mi orgullo, se desenvolvió muy bien. Alejandra completó sus estudios de empresariales en Gales, y actualmente ocupa un puesto de responsabilidad en una de las empresas del Grupo. Por otro lado, mi hijo mayor estudió Ingeniería de Caminos y siguió su propio rumbo.

 En junio de 2007 la crisis ya se veía venir

En 2004 decidí dejar la dirección de Fontenla. Mis tres hermanos y, sobre todo, la tercera generación familiar asumieron la responsabilidad. Pero no fue un hasta siempre. En junio de 2007, cuando todavía no había estallado la crisis, yo ya la veía venir. Gracias a ser miembro del Comité Ejecutivo de la CEOE y presidente de los empresarios gallegos tuve acceso a informaciones que me confirmaron que la constructora no estaba tomando el rumbo más propicio ante la nueva tesitura que se avecinaba.

 Llevando las riendas de nuevo

Por fin, en 2009, al ver que la empresa peligraba, mi familia me vino a buscar para que asumiera de nuevo la dirección. Aceptar puede considerarse un error, pero no podía hacer otra cosa; no solo por vocación, sino también por voluntad: para mí era muy doloroso admitir que algo que yo había ayudado a hacer crecer pudiera desaparecer. Tras asumir la dirección, procuré la liquidez necesaria. Y desde entonces sigo al pie del cañón, luchando.

 Un director general ajeno a la familia

Hoy el grueso de mi actividad se centra en el seguimiento de la empresa constructora y las inmobiliarias. Mi primera decisión en 2009 fue nombrar un director general ajeno a la familia, una persona muy preparada y responsable con la que despacho muy a menudo. El resto de los puestos de responsabilidad los ocupan mis hijos y sobrinos, si bien yo conservo la mayoría absoluta en el accionariado.

 Irresponsabilidad y falta de visión del Gobierno de Zapatero

En los últimos años hemos tenido un Gobierno que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Se encontró llenas las arcas del Estado y se ha dedicado a dilapidarlas. No supo cortar el gasto público a tiempo y, encima, tardó demasiado en reconocer la crisis, pese a que en diversas reuniones que la CEOE mantuvo con el Gobierno le conminamos a reconocerla. En un acto en el Teatro Real, el presidente Zapatero nos llamó pesimistas por decir que la crisis iba para largo. La consecuencia de sus irresponsabilidades y su falta de visión es que nos va costar mucho salir de la actual situación.

 Reformas en profundidad

La reforma laboral es importantísima. Hasta ahora se ha perdido el tiempo en remedos de reformas laborales, y a la vista están los resultados: cada vez hay más paro. Los sindicatos deberían entender que lo que está en juego no es un contrato mejor o peor; lo que nos estamos jugando es la permanencia de España en la zona euro. También debe mejorar la formación y favorecerse la innovación. Una reforma fiscal es asimismo ineludible, y no menos importante es abordar nuestro futuro energético. Además, es muy importante que las empresas puedan recuperar liquidez. Sin liquidez no hay demanda y, si no hay demanda, disminuye la actividad. Detrás del parón económico del país, hay una significativa componente psicológica; por eso es tan importante que haya liquidez.

 Se siguen dilapidando recursos

A pesar de los recortes anunciados, en este país sigue habiendo muchos ajustes por hacer: los recursos se siguen dilapidando. No podemos permitirnos tantos parlamentos, tantas consejerías, tanto despliegue administrativo e institucional. En Portugal se plantearon una descentralización similar y la descartaron porque no se la podían pagar. Sin duda, se impone un replanteamiento general, pero la vuelta atrás en este tipo de aspectos suele ser muy complicada.

 El Estado debe ordenar las entidades bancarias para que funcionen

Veo positiva la creación de un llamado banco malo para agrupar en un mismo lugar todos los activos contaminantes. Quizá sea la manera más rápida de habilitar que los bancos puedan empezar a conceder créditos. Sea como sea, el panorama bancario está en continua transformación, y no me extrañaría que más temprano que tarde la mayoría de las entidades bancarias, desgraciadamente, pasen a ser de propiedad estatal. Y a mi parecer no es algo apropiado. El Estado debe ordenar las entidades bancarias para que funcionen, no quedárselas en propiedad. Lo entiendo, quizá, como algo coyuntural, pero no como definitivo.

 Echo en falta una reserva federal como la que tienen los Estados Unidos

El Banco Central Europeo no funciona como debería. Echo en falta una reserva federal como la que tienen los Estados Unidos, que actúa con celeridad y eficacia en los momentos críticos. El BCE, en cambio, parece preocupado solo por controlar la inflación, sin tener en cuenta las diferentes necesidades nacionales. Lo que no es lógico es el cinismo de poner 500.000 millones en los bancos europeos y no prestarlos a los Estados, con lo cual los bancos pagan el 1% de ese dinero en créditos a tres años y lo colocan en la deuda de los Estados. Este tipo de maniobras especulativas tienen que acabar.

 No puede ser que los dictámenes de las agencias de calificación amenacen a los Estados

A los países endeudados no se les debería estrangular. Entiendo que a los gobiernos afectados se les marquen las directrices desde fuera, pero, a la vez, se debería manifestar un respaldo explícito, dejar muy claro que de ninguna manera se permitirá que el país en cuestión quiebre. La Unión Europea debe también tomar medidas respecto a las agencias de calificación, porque no puede ser que unos señores especuladores amenacen a los Estados con sus calificaciones.

 Fue Europa quien entró en España

El alemán de a pie considera que los españoles y el resto de europeos del sur les estamos perjudicando. Pero lo cierto es que, si a España le ha venido bien entrar en la Unión Europea, a Alemania aún le ha venido mejor. Los alemanes nunca han vendido tantos Mercedes como después de nuestra adhesión a la Unión. Y no olvidemos las condiciones leoninas que nos impusieron: sacrificamos la agricultura, la pesca… No fue España quien entró en la Unión, sino Europa quien entró en España.