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ASCENSIÓN VERD DE GREGORIO
ASCENSIÓN VERD DE GREGORIO Palma de Mallorca Licenciada en 1982 ¬– Ejerce desde 1985
ASCENSIÓN VERD DE GREGORIO Palma de Mallorca Licenciada en 1982 ¬– Ejerce desde 1985

ASCENSIÓN VERD DE GREGORIO Palma de Mallorca Licenciada en 1982 ¬– Ejerce desde 1985

Obra:

Texto del 23-07-2008 .
Fotografía: Ana García Albarracin.

Ascensión Verd es especialista en temas de divorcio y separación. Firme defensora de la Ley del Divorcio, opina que la Justicia española padece atrasos tercermundistas. Aunque loa el Estado de las Autonomías entendido como descentralización administrativa, advierte desatinos en la política lingüística de las comunidades con lengua propia. Partidaria de modificar la Ley Sálica, no cree sin embargo que la infanta Leonor llegue a reinar.

Acostumbrarse al “Derecho preventivo”

Mi padre era ingeniero, como dos de mis hijos. Tengo una hija, Andrea, que sigue mis pasos y, por ahora, quiere ser abogado. Seguramente estudiará Derecho y Administración de Empresas porque en el bufete llevamos también casos relacionados con la pequeña y mediana empresa. Éste es un campo con mucho futuro. Los empresarios finalmente están comprendiendo que la asesoría legal es básica en un negocio. Siempre he dicho que al letrado hay que ir como al médico: antes, no después. En tiempos de la medicina preventiva, debemos empezar a acostumbrarnos al “Derecho preventivo”.

Aprender del ejemplo de una Transición impecable

Pasé la primera época de la Transición en la facultad y, aunque no militaba en la izquierda, tuve algunas dificultades. Fueron años duros. Recuerdo especialmente la falta de libertad. Aún así, sabíamos a dónde queríamos ir, pese a ignorar si íbamos a llegar. En mi opinión, fue una Transición muy bien hecha, impecable. Téngase en cuenta que la fractura de la Guerra Civil no estaba tan lejana, apenas una generación. Rara era la familia que no tenía en su seno un drama relacionado con el conflicto. Hoy, a 30 años vista, podemos permitirnos el lujo de ponerle reparos a la Constitución, pero hay que tener en cuenta el momento en que se redactó, a la salida de una larga dictadura. La Ley del Divorcio se concibió en esa época, y es, sobre el papel, una ley muy buena, a pesar de que suele ser muy criticada. La reciente modificación que permite acceder directamente al divorcio sin separación previa la ha acabado de redondear. En su día significó un gran adelanto, y hoy un mundo de matrimonios indisolubles nos parece inconcebible. Es obvio que su aplicación plantea a veces problemas, pero eso ocurre con cualquier ley, por perfecta que sea.

 

Necesidad de la Ley de Violencia de Género, pese a sus imperfecciones

Aunque no llevo temas penales, por mi especialidad conozco la Ley de Violencia de Género y adolece de algunos fallos. Como contempla resolver los casos de manera rápida, entraña el riesgo de que inocentes sean detenidos con demasiada facilidad. No obstante, era una ley necesaria porque se dan muchos casos de malos tratos y debía atajarse el problema. Para dificultar una utilización abusiva de esta norma, creo que se deberían castigar con dureza las denuncias falsas.

 

En los casos de divorcio, mi cometido es conducir el proceso de la forma más humana y correcta posible

El 90% de los divorcios que llevo en mi despacho se resuelven de mutuo acuerdo, lo cual me produce mucha satisfacción. Llegan al juzgado, a contencioso, sólo los casos más extremos. Yo nunca le aconsejo a nadie que no se divorcie: es una decisión personal. Mi función es, ya que el cliente ha decidido divorciarse, que lo haga de la forma más correcta posible, que consiga obviar los acontecimientos que le han llevado a tomar esa decisión para que pueda darse, dentro de lo que quepa, un cierto fair play. Tampoco incito a mi representado a divorciarse. Si una pareja me consulta porque tiene dudas y desea saber cuál sería el resultado de un divorcio, les informo fríamente pero nunca decanto la balanza en un sentido u otro.

 

Hay pocos padres que pidan la custodia de los hijos para cuidar realmente de ellos

Con la ley en la mano, pueden obtener la custodia de los hijos tanto los padres como las madres; en la práctica, la obtienen casi siempre las madres. Puede parecer injusto, pero es porque, en la mayoría de los casos, son las madres quienes quieren tenerla. Son muy pocos los padres que luchan por obtenerla, y muchos de ellos lo hacen para incordiar a la madre, utilizando a los hijos como moneda de cambio, sólo con el propósito de hacer daño y malmeter. Padres que pidan la custodia de los hijos para cuidarlos ellos hay realmente muy pocos. Cristina Almeida dijo una vez que, cuando un padre pide la custodia, debería concedérsele automáticamente, convencida de que, al cabo de una semana, el padre renunciaría a ella.

 

Una Administración judicial con carencias desprestigia la Justicia como institución

La Justicia es lentísima. Y una Justicia lenta deja de serlo. Una cosa es reposar un caso y, otra, que tarde ocho años en resolverse. Una resolución al cabo de tanto tiempo, por muy sensata que sea, ya es injusta; ni siquiera debería tardar tres años. Hace poco hemos sufrido una huelga en la Administración de Justicia que se ha alargado todo un trimestre. Evidentemente, el personal de Justicia tiene derecho a hacer huelga, como el de cualquier otro sector laboral; pero la Administración no tendría que haber permitido que se llegara a una situación tan extrema. Deberíamos pedir responsabilidades al respecto. Muchísimos usuarios se han visto perjudicados sobremanera: por ejemplo, se han paralizado juicios de desahucio durante un año. Desde luego, hacen falta más jueces, y parece que el problema para solucionar esta escasez es que la financiación de la Justicia es insuficiente. Del mismo modo, también es necesario que los jueces estén más preparados. En las audiencias provinciales, en los recursos de apelación, se cambian muchísimas sentencias y esto no es lógico, porque un cambio de sentencia indica un error o, cuando menos, una disparidad excesiva de criterios. Ello denota que hay algo incorrecto en el proceso judicial, y es el prestigio de la Justicia como institución el que acaba siendo perjudicado.

 

Nadie sanciona el funcionamiento deficiente de algunos juzgados

Hay juzgados que sacan adelante todos sus casos y juzgados que los eternizan. Puede parecer una afirmación exagerada, pero lamentablemente es una realidad. En Palma de Mallorca había dos juzgados de familia; abrieron un tercero que, en teoría, partía con menos casos y, sin embargo, pronto devino el más lento de los tres. Cualquier tramitación se demoraba mucho más que en los otros dos. ¿Cuál era la explicación? Simplemente, que los miembros de dicho juzgado no trabajaban lo suficiente. Y lo cierto es que, en este sentido, la Administración no establece ningún control. Nadie fiscaliza la actuación de los funcionarios judiciales ni de los jueces. La informatización ha unificado Hacienda, por ejemplo, y también la Seguridad Social, pero el Gobierno –los sucesivos gobiernos– no ha hecho lo mismo con la Justicia. ¿A qué esperan, por ejemplo, para crear una base de datos común? ¿Qué necesidad tenemos de ir de juzgado en juzgado en busca de información? Parece mentira que una solución tan obvia se demore tanto. En eso, me apena y avergüenza decirlo, estamos a niveles tercermundistas.

 

No creo que la Constitución deba ser cambiada con demasiada asiduidad

La reforma constitucional más perentoria y evidente es la de la sucesión monárquica. La Ley Sálica que la regula debería cambiarse inmediatamente, dado que vulnera el principio de igualdad entre sexos. Quizá la Carta Magna no ha sido modificada, en ese sentido y en otros, porque hacerlo conlleva zarandear la situación política. Implica disolver las Cortes y convocar elecciones; y ningún partido, sea del signo que sea, opta de motu propio por complicarse la vida desde una posición de poder. Sin embargo, no creo que la Constitución deba cambiarse continuamente; la Carta Magna es la base de un Estado y debe ser redactada para perdurar en el tiempo.

 

Desatinos en la normalización lingüística de las lenguas regionales

A pesar de los desajustes producidos en su despliegue, el Estado de las Autonomías es un acierto. La descentralización administrativa era necesaria, aun admitiendo que en determinadas áreas ha propiciado un exceso de funcionariado. Mi principal objeción en el tema autonómico es acerca de la lengua. En mi opinión, se están produciendo ciertos desatinos en cuanto a la normalización lingüística de las llamadas lenguas propias. Soy de Madrid y hablo castellano, idioma que en Mallorca, en diversos ámbitos no puede utilizarse en la misma medida que el mallorquín o catalán. A nivel profesional, en los juzgados, la cuestión aún no me plantea problemas. Sólo una vez me encontré una jueza que, aun sabiendo que yo no lo hablaba, formuló todas las preguntas en catalán. Entiendo la lengua, porque llevo aquí muchos años, pero esa no es la cuestión. También se utiliza sólo el catalán en los trámites del Ayuntamiento. Si pides la traducción, te la proporcionan, pero tardan demasiado en hacerlo. Pienso que la Administración balear, y la de cualquier otra comunidad autónoma con lengua propia, debería usar las dos lenguas oficiales, no una sola.

 

¿Monarquía en el siglo XXI?

Con el sistema de vida actual, en una sociedad tan sometida al puso de las modas y a la mediatización, no auguro mucho futuro a la monarquía como institución. En la España del siglo xxi, en plena carrera por la competitividad, dentro de un contexto en el que cada cual busca su lugar en el mundo a base de trabajo y esfuerzo, el hecho de que algo tan relevante como es la jefatura de un Estado pase de padres a hijos, con independencia de las capacidades de éstos, es un anacronismo cada vez más difícil de sostener. Felipe reinará, sin duda, porque los cambios profundos no se dan de un día para otro. Pero veo difícil que la infanta Leonor llegue a ser reina.