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Sr. Carles Martí Sousa
CARLES MARTÍ SOUSA.
Fotografía: Àngel Font.

CARLES MARTÍ SOUSA. FRUITS CMR (MERCABARNA)

Obra:

Texto del 06-06-2012

 La política crediticia de la banca y el anquilosamiento sindical son dos de los principales escollos para la recuperación económica del país en opinión del actual director general de esta empresa comercializadora hortofrutícola familiar, cuyos orígenes se remontan al año 1879. Tradición y modernidad, esfuerzo y valor, arraigo e innovación, espíritu de equipo y honestidad marcan los valores de una veterana entidad que desearía verlos reinstaurados en la sociedad española.

Comercio internacional de frutas y hortalizas

Fruits CMR se dedica al comercio internacional de frutas y hortalizas, tanto de producción nacional como de importación. Sus orígenes se remontan a 1879 en Sant Feliu de Llobregat, donde se empezó produciendo para abastecer el consumo de Barcelona, el gran núcleo urbano del que somos periferia. La marca CMR surge a partir de las iniciales de mis bisabuelos Carles Martí y Engracia Mayol, quien era la pubilla de Cal Teixidor Regalat, de ahí la R. Yo represento a la cuarta generación y mis hijos, Carles y Jordi, que hablan cinco idiomas, que tienen estudios de Ciencias Económicas, Empresariales y Comercio Internacional, han seguido los pasos en la empresa y consolidado la internacionalización actual. Esto es un motivo de especial orgullo en un país en el que no abundan los casos de la quinta generación al frente de un negocio, y menos en el sector hortofrutícola. Mis padres me enseñaron que nuestro trabajo consistía en ofrecer, desde nuestra condición de asentadores, un buen servicio comercial a los agricultores del Baix Llobregat, a los fruticultores del Plà de Lleida, a los naranjeros de Valencia o a los maduxaires del Maresme, de entre otras muchas regiones.

Aprendí a trabajar con mis padres

Yo nací y crecí con la posguerra. En casa, ya desde pequeño, me habitué al horario de sol a sol, viví intensamente la fruticultura y compaginé mis estudios con las exigencias de nuestra actividad en el mercado mayorista. Por desgracia, mi padre murió demasiado joven, a los 54 años, en un momento en que la familia ya tenía mucha responsabilidad empresarial. A mi madre, Mercè Sousa, le tocó, entonces, pechar con estos asuntos. Y yo, aún joven, aprendí con ella a trabajar de verdad.

Espíritu de trabajo y esfuerzo comunes arraigado en la familia

Tuve la suerte de casarme con una hija de fruticultores, Montserrat Inglada, que no dudó en ningún momento en incorporarse a la gerencia administrativa de la actividad. Gracias a su inestimable colaboración y abnegado apoyo, he podido ir desarrollando mis continuas inquietudes. Y todo esto, este espíritu de trabajo y de esfuerzo común, por fortuna ha pasado a mis hijos varones que han continuado con la expansión de la empresa.

Una aventurera y empresaria en la familia.

La actividad mayorista de frutas y hortalizas era años atrás una actividad ingrata. No es extraño, pues, que mi hija buscara otros derroteros. Amén de deportista, es empresaria y tiene una compañía de aviación con base en el aeropuerto de Sabadell que realiza servicios de trabajos aéreos. Mercè Martí, excelente aviadora, es poseedora de un amplio palmarés aeronáutico, que, entre otros, incluye ser campeona de la vuelta al mundo en avioneta en 1994, así como tres récords del mundo de velocidad en rutas asiáticas y norteamericanas. Está entre los cien aventureros españoles más importantes de todos los tiempos. Se habla mucho de que nuestra sociedad adolece de una crisis de valores, o de que se ha perdido la cultura del esfuerzo, pero, de ser así, en casa no nos hemos enterado. 

Cambios y progreso trepidantes

Mi generación ha vivido unos cambios trepidantes, sin apenas tiempo para las transiciones, desde transportar el género en carro, con caballerías, a exportar con ferrocarril y a fletar aviones desde las antípodas; del lápiz, al Ipad, pasando por el telefax. Mi madre tiene 92 años y hasta hace un par de años aún trabajaba en Mercabarna, de pie tantas horas como fuera necesario, para atender a sus antiguos clientes de los mercados barceloneses de La Boqueria y Sant Antoni. En esas calendas, un buen día me pidió un móvil pues veía que los demás comerciales lo tenian. Verdaderamente no quería perder el tren del progreso.

Importar versus especular

La dinámica globalizadora y la internacionalización del comercio han motivado un cambio positivo en el modelo de producción agrícola, que hasta los años 80 podríamos considerar de conservador. Dicho modelo consistía en guardar el género en cámaras frigoríficas para mantener su precio, pues el mercado no podía asumir toda la cosecha a la vez. Esto cambió cuando empezó a entrar género de importación que motivó agilizar y dinamizar la salida del género propio a otros mercados.

Sector donde es difícil regular la producción en función de la demanda

Manejamos productos perecederos, no aptos, en el fondo, para la especulación. Lo difícil de este negocio, sobre todo para el agricultor productor, es la dificultad de regular la producción en función de la demanda que se espera. He ahí la causa de la inestabilidad en los precios. Cuando escasea un producto –por ejemplo, por una helada– al llegar este al mercado, su precio sube, porque el consumidor anhela lo que es escaso. Y la acción comercial debe aprovechar de la mejor forma esta situación. Es una verdadera Bolsa. Ante todo ello, nosotros somos los antiguos asentadores, los antiguos comisionistas del mercado. Somos los contratistas al por mayor de víveres para los mercados públicos. 

El precio lo marca la ley de la oferta y la demanda

Vendemos el producto sin especular con él. Recibimos el género y lo ponemos a la venta; al principio en el mercado del Borne, y después en Mercabarna y Mercamadrid. El mercado está donde se sitúa la mercancía, y el precio se obtiene y se fija en función de la ley de la oferta y la demanda que con los avances tecnológicos actuales está donde alcancen la comunicación y la logística. Nuestro reto está en ser los mejores gestores para que el año siguiente ese productor que nos confió dos millones de kilos de manzanas vuelva a confiárnoslos. 

Melones brasileños, uvas sudafricanas, cerezas de Tasmania….

Sin olvidar la excelente producción del agro español, estamos ampliamente internacionalizados. Trabajamos productos de 47 países. Tenemos una plantación en el estado de Río Grande do Norte, en Brasil, que produce 7 millones de kilos de melón anuales, más de la mitad de los 12 millones de kilos que vendemos. Otro gran producto es la uva: cinco variedades de gran calidad cubren el mercado en contra estación y nos llegan de Sudáfrica; el kiwi, lo hace de Nueva Zelanda y Francia; las cerezas, de Tasmania, Washington o Chile; el mango y las papayas, de Brasil; los aguacates, de Perú; los berrys, de Argentina; las endivias, de Holanda; las piñas, de Costa Rica; las bananas, de la República Dominicana; los plátanos, de Canarias, etcétera. Todos estos productos dinamizan y abastecen el mercado europeo, absolutamente globalizado. 

Por un mejor aprovechamiento del puerto de Barcelona

Es inconcebible que no se aproveche mejor la puerta de entrada que es el puerto de Barcelona para productos frutícolas de origen asiático cuyo destino es Europa. Hace 10 años recibimos 40 toneladas de manzanas chinas embarcadas en el puerto de Qingdao y las vendimos en el mercado español. Abríamos una nueva vía de comercio que canalizábamos a través de Catalunya. Pero la farragosa operativa de las Administraciones españolas frente a la dinámica de otros puertos del norte de Europa hizo inviable el programa. Y lo mismo sucede en otros puertos de España. No es casual, pues, que hoy el 70% de nuestro género internacional entre en la UE por Holanda. 

En muchos aspectos, España sufre agravios comparativos con el resto de Europa

Los europeos no hablamos todos el mismo idioma, y no hablo en el sentido literal, porque sería una obviedad, sino en el figurado. Si hemos de compartir moneda, hemos de compartir política y fiscalidad. Aunque me temo que no estamos preparados para abordar una unificación política y fiscal. La realidad es que a España se la ha metido en Europa con calzador, y en muchos aspectos sufrimos agravios comparativos. Posiblemente a nosotros, por nuestra internacionalización, nos saldría más a cuenta radicar nuestra sede social en Irlanda u Holanda. Pero no queremos. Nuestra voluntad es permanecer aquí.

Los bancos deberían hacer un distingo con las empresas emprendedoras.

Últimamente las entidades bancarias se muestran cicateras respecto a las condiciones que ofrecían anteriormente. Comprendo que tienen problemas de materia prima –en su caso, el dinero–, pero no deberían proyectar estos problemas hacia las empresas, que son quienes han de mover la economía. Creo que no tienen voluntad de distinguir entre las empresas bien establecidas pero que precisan crédito y las que no lo están. Sucede lo mismo con las compañías aseguradoras de crédito que, para minimizar su riesgo, están recortando coberturas sin mucho miramiento.

Si don Mariano me escuchase

Los asuntos políticos no son mi prioridad, pero nuestros dirigentes han propiciado un contexto sin unas directrices socioeconómicas claras y productivas. Si pudiera acceder a Mariano Rajoy y transmitirle mis inquietudes, le pediría que utilizara su poder para mantener a raya a los sindicatos, para que estuvieran por lo menos cinco años sin obstaculizar la recuperación económica del país. Es una prioridad que los empresarios puedan adaptar sus empresas a la nueva realidad y ajustar de manera menos gravosa sus equipos de trabajo. También le pediría que forzara a los bancos a inyectar dinero a las empresas con iniciativa y con perspectivas de crecimiento y creación de empleo.