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FERNANDO ALFONSO MARÍN.

FERNANDO ALFONSO MARÍN. KARBEST.

Obra:
Texto del 17/01/12 .
Fotografía cedida por Fernando Alfonso.
 

Formado en Alemania, Fernando Alfonso conoce estrechamente las virtudes cívicas y laborales del país que hoy lidera la economía de la Unión Europea, e intenta aplicarlos en Karbest, la compañía de envases plegables que gerencia. Sobre la situación de nuestro país, opina que en España se ha hecho demasiado hincapié en los derechos y muy poco en los deberes, lo que ha llevado a una cultura del mínimo esfuerzo y la indolencia que deberíamos atajar.

El buen empresario disfruta con su trabajo y enriquece a su entorno

Me formé en Ingeniería de Impresión y Envases en Alemania, y al acabar mis estudios tuve la oportunidad de ser contratado por la compañía más importante del sector en España, Cartonajes Suñer. Tras adquirir la suficiente experiencia, en 1976 decidí montar mi propia empresa para poder hacer las cosas a mi manera. Los empresarios tenemos muy mala imagen; muchos son codiciosos y excesivamente competitivos, quieren triunfar a base de pisar a los demás; pero yo quiero salir en defensa de los que disfrutan con la actividad que desarrollan, de los que a través de ella favorecen a su entorno. El buen empresario intenta ser feliz haciendo lo que le gusta, y haciéndolo cada vez mejor, innovando en tecnología e incorporando conocimientos nuevos. Llevo casi 50 años en la profesión y nunca termino de aprenderlo todo.

 Competir con los países emergentes reduciendo costes

Dentro del ámbito de las artes gráficas, en Karbest nos hemos especializado en exclusiva en la fabricación de envases plegables. Como en todas las actividades económicas y productivas, las nuevas tecnologías apuntan a que el trabajador tenga que utilizar cada vez más el talento antes que la fuerza física. Si los europeos queremos competir con los países emergentes reduciendo costes, solo podemos conseguirlo a través de las nuevas tecnologías.

Conciliar diseño y producción

A la hora de hacer envases tenemos que conciliar dos intereses distintos. Por un lado, se encuentra el interés estético que desarrolla la función comunicacional de un envase en el punto de venta, que le da una imagen de calidad; y luego está el interés productivo, que se concreta en que el diseño estructural del envase sea técnicamente perfecto para que este desarrolle la función de productividad en el sistema automatizado del envasado. Dividimos nuestros productos en dos grandes grupos: envases de alimentación y envases no alimentarios (perfumes, cosméticos, etcétera). En alimentación preferimos especializarnos en envases de mucho valor añadido, lo que se denomina productos gourmet. Nos gusta que nuestros clientes sean empresas familiares porque estas suelen regirse más por valores morales que por valores materiales.

Los peones que hacen solo lo que se les ordena ya no son útiles

Para obtener un rendimiento óptimo a las nuevas tecnologías, las empresas ya no podemos disponer de simple mano de obra. Necesitamos mano de obra con talento. Los peones que hacen solo lo que se les ordena ya no son útiles. Demandamos implicación. En Karbest hemos llegado a la conclusión de que el talento en los sistemas productivos deben ponerlo de modo especial los trabajadores que desempeñan las actividades más básicas, por supuesto ayudados por sus jefes de equipo. La verdadera revolución de los trabajadores consiste en eso: en atesorar talento y ponerlo al servicio del equipo.

Figura del aprendiz, fundamental para el desarrollo de las empresas

La figura del aprendiz me parece fundamental para el desarrollo de las empresas. No estoy hablando del aprendiz que se estilaba en España hace 40 años, que apenas era formado y muchas veces se limitaba a llevar los cafés, sino del joven que se forma en una empresa desde abajo. En nuestra empresa creemos mucho más en la formación dentro de la empresa que en captar personas formadas fuera, porque en España la formación es teórica en exceso. En Alemania, en cambio, la formación es muy práctica. Por eso nuestros mejores oficiales se han formado en la casa.

Internet ha llegado para quedarse

Dentro del sector de las artes gráficas, las imprentas quizá están sufriendo más la crisis que las fábricas de envases, porque buena parte de la publicidad que antes se desarrollaba sobre papel impreso se ha desplazado a Internet. Ante esto, de nada sirven los lamentos. Internet ha llegado para quedarse, por lo tanto es una oportunidad magnífica para hacer bueno aquel dicho que recomienda unirse al enemigo si no se le puede vencer. Tiempo atrás, como empresa, pasamos una crisis muy fuerte. Pero como decía mi madre, no hay mal que por bien no venga. Ya nos hemos rehecho, y hoy estamos más despiertos que nunca. Gracias a la crisis, celebramos asambleas generales de toda la plantilla para discutir cómo podíamos salir de ella, hacia dónde queríamos ir. Solo así se consigue estimular a los peones y convertirlos en trabajadores con talento.

 

La virtud se encuentra en el término medio entre el sentido del deber y el sentido del derecho

No creo que lo que nos pasa como país se deba a que ahora estemos haciendo mal las cosas. Más bien diría que sucede porque en el pasado no las hemos hecho lo suficientemente bien, y desde hace muchos años. La causa primigenia de todos los males es la mentalidad que se ha ido creando en nuestra sociedad, tanto entre los empresarios como entre los trabajadores. Pasamos de una dictadura, un régimen, en esencia, de obligaciones y deberes, a una democracia que, quizá por efecto pendular, haya hecho demasiado hincapié en los derechos. Derechos, derechos y más derechos, cuando la virtud se encuentra en el término medio entre el sentido del deber y el sentido del derecho. En las generaciones anteriores, el trabajo era algo que uno se tenía que buscar. Ahora, sin embargo, es algo que se exige.

También los empresarios deben cambiar de mentalidad

En este país se han protegido en exceso a las nuevas generaciones, sobre todo a los trabajadores y los funcionarios. En el sector privado, el intervencionismo de los sindicatos es tal, y las condiciones laborales que imponen son tan extremas, que contratar a alguien se ha convertido en una auténtica heroicidad. En el sector público es aún peor. Un funcionario, por el hecho de haber aprobado unos exámenes, puede permitirse ser improductivo durante toda su vida laboral sin riesgo alguno de ser despedido. Pero no quiero que se me acuse de tendencioso: también los empresarios deben cambiar de mentalidad. Las empresas tienen que dejar de pensar solo en ganar dinero y empezar a pensar en mejorar el bienestar de las personas.

 

Pasar la crisis sin prescindir de nadie

En Karbest no sufrimos absentismo laboral. Cuando llegó la crisis en el 2008 tuve que reunir a todos los trabajadores para tranquilizarles. Les garanticé que nadie sería despedido, porque durante muchos años habíamos invertido en maquinaria e instalaciones, pero también en personas, y no íbamos a prescindir de ninguna. Llegamos a parar máquinas dos días a la semana, dos días en los que nos íbamos a casa, cobrándolos como si se hubieran trabajado pero contabilizándolos como horas de trabajo que se debían a la empresa, a devolver cuando se superara la crisis. Tuvimos que hacerlo y fue duro, pero lo hicimos todos, para no tener que prescindir de nadie.

La codicia de los bancos nos ha llevado a donde estamos

Otro de nuestros males es la codicia, la ambición desmedida. Y se trata de un mal universal, no exclusivamente español. Los principales actores de este pecado capital han sido los bancos, que han competido en despropósitos, rozando lo delictivo. Estaba claro que dar dinero al precio que fuera, financiando incluso al 110% la compra de una vivienda, tendría un mal fin. Ahora nos encontramos con que estamos teniendo que pagar con intereses cada vez más altos los desmanes realizados por la banca. Y lo peor es que estamos pagando justos por pecadores.

No creo en los créditos para los gastos ordinarios

Se habla mucho de facilitar el acceso de las empresas al crédito. Sin duda, el Gobierno debe agilizar los créditos oficiales similares a los ICO. Ahora bien, también es cierto que muchas de las empresas que están a la espera de créditos han funcionado toda la vida así, de manera irresponsable. Yo creo en los créditos puntuales que ayudan a crecer a una empresa, pero no creo en los créditos para los gastos ordinarios. Si una empresa no puede vivir sin ellos, debería plantearse su viabilidad.

Deberíamos seguir el modelo alemán

Como parte de mi formación la adquirí en Alemania y aún mantengo allí muchos vínculos, conozco su mentalidad, muy diferente de la nuestra. Aquí somos radicalmente presentistas, vivimos instalados en un eterno carpe diem. Allí no. Tanto norteamericanos como alemanes tienen en común que planifican cada año previendo antes su economía. La diferencia entre ambos países estriba en que, mientras los americanos se plantean cuántos créditos deberán pedir para mantener su tren de vida, los alemanes piensan en cuánto dinero van a ahorrar. En España hemos optado por el modelo americano.

Larga preparación del relevo generacional

Pronto estará al frente de todo mi hija Sabrina Alfonso. Iniciamos el proceso de sucesión en 2009, trabajando juntos y tomando las decisiones en conjunto, para evitar que el cambio generacional degenere en lo que suele degenerar en las empresas familiares: la quiebra de estas. Estoy muy satisfecho de cómo estamos llevando la sucesión, porque, además de las cuestiones técnicas, compartimos la visión humanista. En la actualidad, Sabrina ya es directora gerente y yo mantengo apenas la presidencia, cada vez más retirado de la primera línea y ejerciendo lo que los ingleses denominan coaching.