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Francesc Antich
FRANCESC ANTICH.President del Govern de les Illes Balears de 1999 a 2003
Francesc Antich President del Govern de les Illes Balears de 1999 a 2003

FRANCESC ANTICH.President del Govern de les Illes Balears de 1999 a 2003

Obra:

Texto del 02/01/2003
Fotografía cedida por F.A.

Dialogante al tiempo que poseedor de fuertes convicciones, Francesc Antich es un político al que no solamente le gusta debatir sobre las grandes ideas, sino que las pone en práctica.

A su gestión pertenecen dos de las medidas más progresistas que se han adoptado políticamente en España en los últimos años: la ecotasa y la paridad en las listas electorales. Firme ante las críticas internas y externas que en ciertos sectores provocó la primera, y venciendo los obstáculos que parte de las fuerzas políticas han puesto a la segunda, es indudable que ha demostrado saber combinar coherencia y modernidad en su labor de gobierno.

La política no consiste exclusivamente en gestionar una serie de servicios, sino en generar ilusión e implicación en la ciudadanía

Empecé en política desde abajo, creando una revista con otras personas en mi pueblo, Algaida, y trabajando en entidades de carácter social. Era el momento en que comenzaban a celebrarse las primeras elecciones municipales, se estaba instaurando la democracia y desde mi localidad empezábamos a tomar iniciativas con una enorme ilusión, en mi caso desde el Partit Socia­lista de les Illes (psi). Eran los años 1976 y 1977, en los que una persona con la que tenía una gran relación, Biel Majoral, me introdujo en ese mundo. En la primera legislatura no figuré en la lista municipal porque estaba haciendo el servicio militar, y no fue hasta los veintisiete años, en 1987, que me presenté como regidor, sin embargo, aunque fuimos la lista más votada, la coalición del Partido Popular (pp) y el Partido Demócrata Popular (pdp) nos dejaron en la oposición. En las siguientes elecciones fui elegido alcalde de Algaida, al principio en minoría, pero después con mayoría absoluta. En 1992 fui, finalmente, diputado por el psib-psoe en el Parlamento balear.

Lo cierto es que no fue fácil porque Algaida era un pueblo bastante conservador, pero gracias a la constancia y a la ilusión de mucha gente, especialmente cuando demostramos que las cosas se podían hacer de otra manera, pudimos seguir adelante con nuestro proyecto político. Entonces, como ahora, siempre he procurado aplicar una política de proximidad, es decir, trabajar desde las instituciones pero implicando a la ciudadanía.

Este mismo principio rige también en el Pacte de Progrés1, por el que pretendemos que el proyecto de país no sea cuestión de una determinada institución, sino que sea enteramente representativo de todos los habitantes de las Baleares. La política, en mi opinión, no consiste simplemente en gestionar una serie de servicios, sino en crear también una determinada ilusión por las cosas que se hacen e implicar a la gente en ellas para que participen. Creo que éste ha sido un tema en el que las izquierdas progresistas han trabajado bastante en las Islas, acostumbradas históricamente a que las cosas se hicieran desde arriba y con una escasísima implicación política. Por ello encuentro importantísimo este principio de proximidad, el que los ciudadanos no sean meros espectadores, sufridores de las estrategias de unos cuantos. Por otra parte, es evidente que las sociedades son complejas, y precisamente la labor del político es hacer sencilla esta complejidad.

En Baleares sabemos lo que es trabajar desde la diversidad en un proyecto común que nos beneficie a todos

Las Baleares tienen un componente de diversidad y complejidad importante, en primer lugar porque se componen de varias islas muy diferentes las unas de las otras geográficamente, culturalmente e, incluso, a nivel lingüístico2, por lo que, para mí, el proyecto político balear debe basarse en la suma de voluntades de los distintos pueblos, de cada isla, porque aquí la gente tiene conciencia de ser de Mallorca, de Ibiza, de Formentera o de Menorca, y en un segundo nivel se siente balear. Pero lo importante es ser conscientes de que trabajar en un proyecto común beneficia a todos, que es importante sumar y mirar hacia delante, respetando las peculiaridades. Ha habido momentos en que se han vivido verdaderos centralismos respecto a otras islas, como en el caso de Formentera que está sometida a una triple insularidad.

Por ello estamos intentando crear un punto de partida de igualdad de oportunidades para todo el mundo, lo que implica ocuparse de los lugares más pequeños. Por poner un ejemplo, en Formentera durante mucho tiempo las mujeres para dar a luz tenían que ir a Ibiza en barca, algo que se ha solventado parcialmente con un servicio de helicóptero, pero lo que hay que plantear es la construcción de un pequeño hospital en la isla. Es de lo que se trata, de ir dando soluciones a los problemas de la vida cotidiana pero sin excluir a nadie.

La cultura no debe ser un elemento de enfrentamiento, sino un elemento vertebrador

Tenemos una gran diversidad a nivel de población porque tradicionalmente las Baleares han sido lugar de encuentro de mucha gente, de los que han venido a trabajar y de los que las han escogido como lugar de residencia, así como, por supuesto, del gran contingente turístico. Esto significa hacer un enorme esfuerzo de integración, evitar que se acabe convirtiendo en una sociedad descohesionada marcada por los guetos culturales, y pretendemos conseguirlo haciendo de nuestra cultura el elemento vertebrador. Nuestra lengua, nuestras tradiciones, no deben ser nunca un elemento de enfrentamiento, sino una herramienta para cohesionar a la gente de tan diversa procedencia.

Se está consiguiendo que se hable más mallorquín

En este sentido se está consiguiendo que se hable más mallorquín que antes, porque tenemos más medios de comunicación en catalán, las instituciones han hecho un enorme esfuerzo para integrarlo en todos los niveles de la administración. Sin embargo, también somos conscientes de que las circunstancias son determinantes. En los últimos diez años nuestra población ha aumentado casi un 20%. Eso significa que ha venido mucha gente de fuera que no conoce nuestra lengua. Por ello, es básica la labor educativa, las escuelas y los servicios necesarios para que puedan acceder a su aprendizaje. Aunque es enormemente difícil, poco a poco estamos consiguiendo resultados.

La auténtica España es federal, pero falta mucho para que lo sea a nivel institucional

Si se piensa lo complejo que es poder abarcar las distintas necesidades de las poblaciones, resulta evidente que el centralismo supuso en su momento un importante desgobierno, porque existía un desconocimiento absoluto de cuáles eran las condiciones reales de todo el territorio español.

Creo firmemente que España es federal, aunque todavía queda mucho para que lo sea a nivel institucional. Se han dado pasos importantes con el sistema autonómico, ha habido una gran descentralización de muchos servicios, pero aún quedan muchos pasos por dar. Uno de los más importantes es, sin duda, la reforma del Senado en el sentido de convertirlo en una cámara territorial que represente a las comunidades autónomas, así como la necesidad de institucionalizar un calendario de conferencias entre los presidentes de los gobiernos autonómicos y el presidente del gobierno central.

Se trata, en definitiva, de crear los mecanismos necesarios para establecer un Estado federal. Porque la España verdadera, la de la calle, es federal: somos un conjunto de pueblos y comunidades que queremos participar en un proyecto común que se llama España pero sin renunciar a nuestra identidad, a la diversidad de nuestra cultura y nuestra lengua.

Además, el mundo debe evolucionar hacia formas políticas más democráticas, donde se tenga en cuenta las necesidades y la voluntad de los ciudadanos, donde existan los mecanismos posibles para que la política esté al servicio del pueblo, y la única forma de conseguirlo es acercándose a la gente con estructuras de gobierno locales y regionales. Tender actualmente hacia una política centralista no sólo es un error, significa vivir de espaldas a la realidad.

Aumento paulatino de la conciencia federalista

Personalmente soy bastante optimista sobre la posibilidad de alcanzar en un futuro un sistema federal, porque históricamente han existido territorios mucho más sensibilizados con esta cuestión, como es el caso de Cataluña, el País Vasco o Galicia, pero también, durante todos estos años, las regiones que no tenían esa sensibilidad han visto los beneficios que reporta el sistema autonómico, lo que está suponiendo una creciente tendencia a optar por la descentralización y las políticas de proximidad. Cuando hablo, por ejemplo, con el presidente Chaves sobre federalismo compruebo que es una idea que tiene totalmente asumida desde Andalucía, al igual que muchos otros presidentes autonómicos de otras comunidades que tradicionalmente no tenían esta sensibilidad. Opino, por lo tanto, que no hay marcha atrás, porque la gente ha visto que tener una administración propia es enormemente beneficioso, por ejemplo, para disponer de políticas de sanidad más próximas a sus necesidades y a las circunstancias reales de cada sitio, o de educación, o de infraestructuras o de cualquier tema. Además, se dan cuenta de que si una persona o un colectivo tiene cualquier queja o tema que les preocupa, disponen de un interlocutor próximo que les va a atender, algo que no sucede si todo se hace desde Madrid.

Estoy convencido que la gente ha tomado conciencia de todo ello y empieza a valorarlo, y esto supone que sólo se puede ir hacia delante en este aspecto. Hay que poner los instrumentos necesarios para dotarnos de agilidad y eficacia, mecanismos que deberían ser tan normales, como que cada cierto tiempo los presidentes de las comunidades autónomas se sentaran con el presidente del gobierno para hablar de sus cuestiones, que el Senado fuera el ámbito de debate y de consenso entre las diferentes zonas de España, de defensa de los intereses propios, pero también de colaboración en los proyectos generales.

No existen canales de diálogo entre el Estado y las comunidades

Recientemente estuve con el canciller alemán Gerhard Schröder hablando de este tema, y es en los pequeños detalles donde se ven las grandes diferencias. Por poner un ejemplo, cuando el Estado modifica el irpf hace unas deducciones sobre la base de los impuestos cedidos a las comunidades autónomas, pero lo hace sin hablar previamente con ellas, lo que demuestra que el Estado no funciona, ni en colaboración, ni en coordinación, con nosotros. Schröder me decía que algo así sería impensable en Alemania, se tendrían que sentar en el Senado, pactar y estudiar compensaciones para los lands. Creo que si tuviéramos este sistema nos evitaríamos muchos enfrentamientos estériles y muchos litigios sin sentido ante el Tribunal Constitucional.

Las comunidades autónomas también somos Estado

Para las comunidades autónomas pequeñas, como es nuestro caso, disponer de canales de comunicación permanentes con la administración central es una necesidad imperiosa, porque en multitud de ocasiones llamamos al Estado y nos dejamos los nudillos en la puerta. No se nos hace caso debido a que representamos un porcentaje pequeño de población. Lo ideal es que podamos ir a un sitio por derecho propio a discutir sobre nuestros intereses, no esperar a que se nos invite para hacerlo, porque también nosotros somos Estado.

Es necesario adecuar la Constitución a la voluntad de la España actual

Hay que cambiar ciertas cosas para adecuarlas a la evolución de nuestra sociedad, y una de ellas es la Constitución. Lo que no es posible es que se tenga miedo o se instiguen temores ante la posibilidad de una reforma constitucional. La idea de que no se pueda cambiar ni una coma procede de una mentalidad cerrada e incomprensible, especialmente cuando quedan tantos temas sin resolver como es el caso de la reforma del Senado, una cuestión que tendría que estar ya consensuándose entre las distintas fuerzas políticas. Lo que se necesita es que la ley se adecue a la realidad actual, no a la de hace veinticinco años, y la España real pide que la administración funcione ágilmente, que se establezcan las condiciones para evolucionar hacia un Estado federal ¿Se tiene que hacer desde el consenso? Desde luego, pero empecemos ya a trabajar sobre ello.

Hay cuestiones en que la ciudadanía va muy por delante de los políticos

Estoy convencido que hay multitud de cuestiones en las que la ciudadanía va por delante de las cabezas bienpensantes de este país, y una de ellas es el futuro encaje en una Europa verdaderamente unida bajo una constitución común. Lo percibo aquí en Baleares, porque los Consejos Insulares de cada isla no son simples diputaciones, sino que son también comunidad autónoma, ya que han visto transferidas competencias en infraestructuras, en servicios sociales, en urbanismo y en ordenación del territorio. Es decir, que los colectivos de cada lugar tienen mayores posibilidades de gestionar sus inquietudes porque les resulta mucho más fácil debido a la proximidad de las instituciones, ya que se establecen canales de diálogo permanentes. Enton­ces, ¿quién puede temer que esto suceda a nivel europeo?

Es evidente que la Asamblea de las Regiones3 debe dejar de tener una mera función consultiva y adquirir poder de decisión pues, al final, donde se aplican las políticas es en las regiones, entonces es lógico que éstas tengan mucho que decir sobre sus circunstancias a la hora de aplicarlas, o la oportunidad de hacerlo de una manera u otra.

La gente no quiere una política de despacho

Nos estamos jugando mucho en el futuro político con mayúsculas, porque la gente cada vez es más consciente de que no quiere que la política se haga en los despachos, y si queremos que se sientan motivados y participen electoralmente, tienen que verse implicados en los proyectos, porque no sólo importa que vayan a votar cada cuatro años, sino que de forma constante tengan capacidad de influir en todos los ámbitos de decisión; al fin y al cabo, son los protagonistas y receptores de esas políticas y como tales tienen que ser escuchados.

Integración de la comunidad alemana en nuestra tierra

Es conocido por todos, que las Islas Baleares acogen no sólo como turistas, sino como residentes, a un número considerable de alemanes. Esta comunidad foránea ha tenido una gran influencia en nuestra tierra, en general muy positiva, porque ha aportado modernidad y pluralidad.

Por todo ello es natural que en un momento dado decidieran también implicarse en la política local presentándose como candidatos a algunas alcaldías. Existió en el pasado una situación, afortunadamente ya superada, en que se pretendió hacer listas sólo de alemanes, lo que hubiera podido generar conflictos. Ahora bien, el que exista por su parte esa voluntad de participación es un factor positivo y un indicio de su propia integración. Residen en las Baleares desde hace años, con lo cual ya forman parte de nuestra población y nuestra realidad. Actualmente, en las Baleares, hay cerca de cincuenta mil alemanes, por lo que lógicamente hay que tenerlos en cuenta.

Hay que trabajar para que nuestro desarrollo y crecimiento sea sostenible a nivel medioambiental

Una cosa muy importante que hemos hecho, en mi opinión, ha sido trabajar para que el turismo sea sostenible a nivel medioambiental y cultural en las islas, lo que a su vez está en estrecha relación con la propia satisfacción de quienes vienen, porque la principal atracción de las Baleares es su propia naturaleza, su paisaje; por consiguiente, no tiene sentido destruir lo que los turistas vienen a buscar. Es decir, nuestro territorio tiene que ser como la ­foto que les enseñan en las agencias; ese paisaje maravilloso debe ser real.

Para controlar el impacto medioambiental de la industria turística es importante atajar los efectos negativos que ésta genera, porque no podemos quedarnos sólo con los aspectos positivos aunque sean muchos. Como cualquier otra industria, el turismo tiene una repercusión muy importante en el medio ambiente. Para corregir dicho impacto hemos creado planes para controlar el crecimiento desproporcionado a través de la ordenación del territorio y se ha creado una ecotasa para que, de alguna forma, se generen los recursos que a largo plazo redundarán en su beneficio, es decir, la conservación del patrimonio natural y cultural que son claves para un turismo de calidad. Por otra parte hay que establecer un mecanismo de solidaridad con otros sectores productivos como es el agrícola, que aunque signifique una cifra mínima en el Producto Interior Bruto, son un sector estratégico a nivel cultural y paisajístico, porque no podemos olvidar que los payeses son responsables de casi un 80% del paisaje balear; por lo tanto, es importante que una parte del dinero que se genera con el turismo revierta en ellos.

Y finalmente, esta política es un instrumento de solidaridad con las generaciones futuras, porque no queremos vivir sólo unos años del turismo, queremos ser un destino permanente y de referencia por su calidad, y por ello necesitamos los medios para preservarlo, porque el paisaje es nuestra principal industria.

La protección del medioambiente debería ser la política de las políticas

Este fue el debate de las últimas elecciones de 1999, pero ya en los dos años anteriores habíamos empezado a alcanzar un consenso en el sentido de que no se podía seguir con ese crecimiento incontrolado. Por ello desde el Consell de Mallorca, por entonces gobernado por fuerzas progresistas, se estableció una moratoria urbanística para frenar las construcciones incontroladas, de manera que durante estos años se paralizaron hasta ochenta urbanizaciones que estaban a punto de construirse.

Hay que tener en cuenta, además, que la población está cada vez mas sensibilizada respecto a la cuestión de que nuestro territorio, la naturaleza y el paisaje, es un patrimonio de todos que hay que preservar, tanto para no­sotros, como para las generaciones futuras. Por eso es tan importante que el medio ambiente sea la política de las políticas, es decir, que se tenga en cuenta a la hora de tomar cualquier decisión.

Ya no tiene razón de ser el que la finalidad última de las acciones sea pu­ramente economicista, sino que debe ser, además, sostenible. Cuando implantamos la ecotasa se nos reprochó el hacerlo en un momento inoportuno a nivel económico pero, a nivel medioambiental, ¿cuándo es el mejor momento? Siempre se pueden poner objeciones y de lo que se trata es de superar la visión de que el medioambiente es algo aleatorio, que lo único importante es crecer a cualquier precio. Pero las cosas están cambiando, especialmente en la mentalidad de los ciudadanos.

Nuestra condición insular genera una serie de necesidades que no son atendidas desde Madrid

Una cuestión que ilustra la necesidad de políticas de proximidad que comentaba, es el problema permanente que tienen las islas, no tanto por el nivel de infraestructuras, que se están adecuando progresivamente, sino por todo aquello que deriva de nuestra insularidad.

Los isleños padecemos una importante desigualdad de oportunidades respecto a los ciudadanos del continente a la hora de contar con unos servicios adecuados de transporte, especialmente, del aéreo. Por ello llevamos años pidiendo al gobierno del Estado que se ocupe de este problema, es decir, de la creación de un servicio público que adecue la frecuencia y los precios con relación a esta necesidad, pero desgraciadamente todavía no hemos recibido respuesta. En este momento, en las Baleares no solamente tenemos un mal servicio aéreo, sino que, además, es de los más caros de Europa, y resulta que es una competencia del Estado y, por tanto, tiene que poner los medios para solucionarlo.

En estos momentos desde aquí vemos cómo se están produciendo inversiones cuantiosas en infraestructura peninsular, como el ave, pero para no­sotros el único ave posible es el avión. Y es algo fundamental, ya no sólo por una cuestión de movilidad de la población, sino por el encarecimiento enorme que supone para los productores de la isla. Si un camión de Barcelona a Zaragoza paga veintisiete euros de tasas, ese mismo camión, de Barcelona a Palma pagaría ciento cincuenta, lo que repercute desde el primer nivel de producción hasta el último, que es el consumidor.

Es importante que la transición se hiciera desde la tranquilidad y la paz social, pero fue un error cerrar heridas en falso

A nivel municipal, lo primero que me viene a la memoria de los primeros momentos de la transición es el hecho de que la gente comenzase a hablar abiertamente, porque existía una ley no escrita que impedía opinar libremente en ­público. Mi primer recuerdo son esos mítines en la plaza del pueblo a los que la gente no estaba acostumbrada, porque era el alcalde quien mandaba en todo.

Aunque ahora existe una tendencia a juzgar que no se hizo lo suficiente, lo cierto es que desde fuera siempre parece todo más fácil. Creo que en esos momentos se hizo un enorme esfuerzo porque estábamos saliendo de cuarenta años de dictadura, que a nivel local se materializaba en la figura del cacique que era quien decidía, por ello es encomiable que el cambio se hiciera con una buena dosis de tranquilidad y paz social. Lo que sí creo que fue un error es no haber hecho un esfuerzo mayor por explicar lo que pasó, el haber estado todos estos años sin que los pueblos tuvieran una conciencia clara de la historia reciente, porque es necesario que las heridas se exterioricen y aireen, pues si se quedan dentro se pudren.

Es importante que las nuevas generaciones tengan un conocimiento más exacto de cómo eran las cosas en este país hace pocos años, para que la historia no se repita, porque es una forma de vacunarse contra fenómenos involucionistas, hacerle comprender que la situación de democracia que se vive ahora es algo que se conquistó con la lucha y la implicación de las personas.

Durante la transición contamos con personajes de una gran talla política

Si hay alguien que para mí fue fundamental en la transición éste es, sin duda, Felipe González, y no lo creo porque sea de mi partido, sino porque verdaderamente encarnó el cambio y la renovación con su victoria en 1982. Es cierto que Suárez hizo una labor valiosísima en esos años, pero de alguna forma venía de donde venía, y fueron las circunstancias las que le pusieron allí. Felipe González llegó desde el compromiso por la democracia, y cuando hablaba le entendía desde el picapedrero hasta el ingeniero; es lo que más admiro en él, su capacidad de llegar a la gente, su liderazgo. Sin embargo, lo cierto es que fue un momento de grandes figuras, recuerdo que me podía pasar horas delante de la televisión escuchando los debates entre Carrillo, Fraga, Pujol o Suárez, eran políticos de una gran altura.

Cuando estoy con Pujol lo cierto es que no puedo evitar empequeñecerme, porque posee una experiencia y una formación extraordinaria. Al margen de que estés de acuerdo o no con sus ideas, lo cierto es que todos ellos tenían una gran talla política.

Jordi Pujol ha creído profundamente en su país, Cataluña

En el caso concreto de Jordi Pujol, es evidente que todo el mundo, incluidos sus opositores, reconoce y respeta la gran labor que ha hecho en Cataluña, aunque también creo que ahora se necesita una renovación, pero siempre desde el reconocimiento a la importancia de su figura política. Para mí ha sido una persona que ha creído profundamente en su país, ha tenido sus ­ideas y ha sabido llevarlas a cabo, pero sobretodo ha vivido Cataluña.

Existe un lazo estrecho entre Baleares y Cataluña porque son muchas cosas las que nos unen

Siempre ha existido un eje entre Cataluña y Baleares, lo que sucede es que, de alguna forma, los gobiernos progresistas han roto con esa idea de que en esta relación era Cataluña quien mandaba, algo que a veces todavía se dice en Valencia, es decir, desde ciertas posturas conservadoras es una relación que se manipula en el sentido de decir que es una forma de doblegarse ante Cataluña, pero no es así en absoluto.

De lo que se trata es de establecer una dinámica de colaboración totalmente natural porque son muchas las cosas que nos unen: la historia, la cultura, tenemos los mismos problemas en la normalización lingüística, entre otras muchas cosas. Por tanto, lo normal es que nos sentemos a una misma mesa y analicemos qué cuestiones ha puesto en marcha Cataluña y cómo lo ha hecho para poder acortar el camino, aprovecharnos de lo positivo de su experiencia y evitar caer en sus errores.

En esta relación ha habido dos personas muy importantes. Por supuesto Jordi Pujol, quien con la creación del Institut Ramón Llull para la promoción de la lengua y la cultura catalana en el exterior, así como por toda su labor de normalización del autogobierno y de reconocimiento del catalán dentro del Estado, ha allanado enormemente el camino a nivel institucional; además, he de decir que he mantenido unas relaciones excelentes con la Generalitat el tiempo en que he estado en la presidencia balear. En el aspecto de partido, también Pasqual Maragall ha promovido los encuentros con Marcelino Iglesias, presidente del gobierno aragonés, y con el candidato socialista a la presidencia del gobierno valenciano, lo que es una política enormemente positiva y ha supuesto un soplo de aire fresco frente al eje Andalucía-Castilla-Extremadura que parecía dominar en los años anteriores.

Vale más un mal acuerdo que un buen pleito

Siempre ha resultado más fácil para muchos mandar que compartir ideas, sentarse en un despacho y ordenar que se haga esto y lo otro, en vez de salir y hablar y escuchar las opiniones de la gente, muchas de las cuales serán contrarias a las suyas. Esto no es lo fácil, sin embargo, es la forma más sólida de construir el futuro de los pueblos. La descalificación del contrario es simple, presentar tu proyecto y convencer a la gente de que es bueno resulta, desde luego, mucho más costoso. Creo que en estos momentos quien mejor representa este espíritu es el actual secretario general del psoe, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien no le gusta enzarzarse en discusiones estériles y ha demostrado saber buscar el pacto y el consenso en las cuestiones de Estado. Es un político que prefiere explicar y exponer su programa a los ciudadanos, que andar centrado en una lucha partidista por el poder. Es Zapatero quien ha sabido promover que determinadas cuestiones, como el terrorismo, se afronten desde la unidad de todas las fuerzas políticas, al margen de que sean opuestas ideológicamente, porque cada vez que alguna de éstas se aparta del frente común supone una victoria para los violentos y, por tanto, no habría que mezclar cuestiones como el nacionalismo o el federalismo con el terrorismo.

Creo que saber convivir dentro de la pluralidad implica una responsabilidad mucho mayor que el ordeno y mando, algo que en el escenario actual no tiene ningún futuro. El camino a seguir es aprender a vivir desde la

responsabilidad dentro de la diversidad, desde el convencimiento y la inteligencia, que es la única manera de conseguir que los ciudadanos se ­interesen e impliquen en la política, porque todo el mundo tiene ya suficientes líos y problemas en su vida privada.

Sin embargo, es evidente que se necesita una fortaleza extraordinaria, que no todo el mundo posee, para ser dialogante, es mucho más rentable para algunos caer en el chiste y el insulto al adversario, lo difícil es convencerlo con tus propuestas, pero los tiempos están cambiando, cada época tiene sus necesidades, y en estos momentos se valora mucho más al que intenta conversar y dialogar, al que aplica la máxima de que vale más un mal acuerdo que un buen pleito.

1          El Pacte de Progrés es un acuerdo de todos los partidos de izquierda (psoe, Esquerra Unida, Els Verds, entre otros) para trabajar conjuntamente y desde el consenso en cuestiones que son consideradas fundamentales para la convivencia y
el interés general, una de cuyas medidas, la ecotasa ha sido quizás una de las aportaciones que difícilmente hubiera salido adelante sin este pacto de las fuerzas políticas progresistas.
2          El dialecto balear, que pertenece al bloque del catalán oriental, se habla en las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Sus características se explican, en primer lugar, porque es el habla heredada de los colonizadores durante la conquista de las islas (llevada a término por Jaume I, en el siglo xiii), procedentes mayoritariamente de la parte oriental de la Catalunya Vella; y en segundo lugar porque, a causa de la insularidad, mantiene vivas muchas formas del catalán antiguo. El balear cuenta con dos subdialectos: el menorquín y el ibicenco.
3          Creada el 15 de junio de 1985, y con sede en Estrasburgo, tiene como finalidad promover la cooperación entre las diferentes regiones de Europa, así como fortalecer su participación en los diversos organismos europeos.