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Guillermo Luca de Tena
GUILLERMO LUCA DE TENA. Director de ABC de 1975 a 1983. Marqués del Valle de Tena y Grande de España
Guillermo Luca de Tena Director de ABC de 1975 a 1983. Marqués del Valle de Tena y Grande de España

GUILLERMO LUCA DE TENA. Director de ABC de 1975 a 1983. Marqués del Valle de Tena y Grande de España

Obra: ,

Entrevistado el 14/11/2002 por el Sr.Font
Fotografía cedida por G.L.T.

Miembro de una familia de destacada raigambre cultural y periodística, dotado además de una memoria histórica extraordinaria, Guillermo Luca de Tena fue un observador privilegiado de los procesos políticos y sociales de la transición. Su análisis de la época constituye una fuente de conocimientos indispensable para la comprensión de la postura adoptada por la prensa y por determinados sectores de la derecha nacional.

Orígenes de ABC

El diario ABC nace en Madrid de manos de mi abuelo Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio1, que dedicó toda su vida a crear empresas periodísticas. La primera que creó fue Blanco y negro, que es bastante anterior a ABC, y era una revista semanal fundada en 1891 con el objetivo declarado de “dar una expresión plástica a sus amigos los artistas y escritores españoles”.

En esos años no existía la fotografía ni los sistemas de impresión y reproducción que existen hoy, y sin embargo, basándose en revistas alemanas que estaban en el sentido industrial de la impresión mucho más avanzadas que las nuestras, hizo una revista con una calidad de ilustración extraordinaria para la época y en la que colaboraban los principales artistas y escritores del país. Hoy día conservamos una colección absolutamente sensacional compuesta por cincuenta mil originales de artistas plásticos de finales del siglo xix y principios del xx que trabajaron en ella. Tras el éxito obtenido se decidió posteriormente fundar un periódico, que es el actual ABC. Empezó el 1 de enero de 1903 no como diario todavía, sino como revista semanal, porque estaba esperando una maquinaria que se retrasaba y no tuvo paciencia; se convierte definitivamente en periódico en 1905.

El objetivo de ABC, y de ahí su nombre, ha sido ser el referente de la información en todos los aspectos, no solamente en la política, sino también especialmente en el mundo cultural, campo en el que ya teníamos experiencia, por eso ha contado siempre con la colaboración de los mejores escritores del país, como, por otro lado, han hecho también otros periódicos.

ABC, en el conjunto de la prensa española, ha jugado siempre la carta de la moderación

El sentido común es una de las bases que señaló mi abuelo al fundar el periódico, algo que nosotros hemos pretendido utilizar siempre desde nuestros inicios hasta ahora, que vamos a cumplir cien años de historia. Nuestro periódico forma parte ya de la historia del siglo xx en España, con todo lo que ha representado para la vida del conjunto de los españoles ese convulso siglo xx, en el que tantas veces se echa de menos precisamente el sentido común, el seny, palabra catalana que expresa muy bien uno de nuestros objetivos primordiales.

Otro de los objetivos trazados por nuestro diario ha sido ejercer el papel de moderador de las tensiones políticas del momento dando cabida en nuestras páginas a las diversas opiniones enfrentadas, huyendo si es posible de los extremismos que en nada favorecen el debate. En varias ocasiones, como en el periodo de la República, hemos padecido persecuciones y cierres por mantener esta actitud moderada. Una moderación que creo que nos ha caracterizado siempre, así como al resto de periódicos, aunque luego la historia se tergiversa y se explica de manera distinta a como fue en realidad.

Apostamos por un discurso moderado

Me tocó dirigir ABC durante el periodo de la transición, etapa fundamental de nuestra historia reciente en la que, desde luego, corrimos el peligro de una fractura social que, por fortuna, supimos conjugar entre todos. Desde el periódico apostamos por una transición sin ruptura traumática y contribuimos a ella, en la medida de nuestras posibilidades, a través de entrevistas y comentarios políticos, y haciéndonos eco de cuanto discurso moderado hubiese, independientemente de su orientación política.

Esa moderación de que hacemos gala nos ha convertido en blanco de numerosas críticas

No pretendo ahora colgarme ninguna medalla, tampoco éramos los únicos que compartíamos la ilusión general por el proceso de cambio, y probablemente por nuestro carácter moderado no fuimos los más beligerantes de todos los medios de comunicación. Pero tampoco es cierto el papel ambiguo que se nos otorga durante el proceso. Nosotros tenemos fama de ser un periódico de derechas, y es cierto que somos más de derechas que de izquierdas, pero siempre dentro de una ecuanimidad y del respeto a la libertad de pensamiento y de prensa. En aquellos años de la transición, como lo que queríamos para el país era una constitución con un parlamento democrático, se llegó a decir que yo era comunista, porque apoyaba los avances políticos en este sentido frente al continuismo instalado en la derecha tradicional. Ahora hay mucha gente que cree que soy fascista porque el periódico transitó por los cuarenta años de fran­quismo. Tampoco los padeció La Vanguardia y nadie tacha de fascista al conde de Godó2.

Desde ABC hemos defendido siempre un proyecto concreto de España

Hemos luchado siempre por un proyecto de España que ideológicamente es lo más parecido a lo que, afortunadamente, hemos acabado teniendo hoy, y seguramente a algunos de nuestros lectores les gustará menos que a noso­tros, pero nuestro ideal confeso ha sido alcanzar una monarquía constitucional, que se hizo realidad en la persona del Rey Juan Carlos I en el último tercio del siglo xx; un Estado social y democrático de derecho, como el que se describe en el Artículo primero de nuestra Constitución; un país homogéneo, con menos desigualdades regionales de las que siguen existiendo; fuertemente descentralizado ya que, por supuesto, somos absolutamente conscientes de que Cataluña tiene una personalidad propia, al igual que otras regiones del Estado.

Mi participación en la política ha sido circunstancial

Guardo un recuerdo profundísimo de los años de la transición, me sentí muy afortunado porque no sólo me tocó dirigir un periódico en una época trascendental de nuestra historia, sino que además fui senador en lo que se ha dado en llamar las Cortes Constituyentes que fueron convocadas en las primeras elecciones. Nunca he sido un político en activo, podríamos calificar mi participación de anecdótica. En 1975, de acuerdo con la ley de reforma política que hizo el presidente Suárez, se convocaron las elecciones para escoger los 350 diputados del Congreso y los correspondientes senadores, cuyo número total no recuerdo ahora, pero entre ellos existía un cupo de designación real. Éramos un grupo de cuarenta y tantas personas elegidas ­directamente por el Rey sin someterse al aval de las urnas, y yo fui uno de ellos, sin duda el menos relevante. Se trataba de una figura política desaparecida tras la aprobación de la Constitución, cosa que deploro porque estaban en ese cupo representadas y magníficamente elegidas, excepto en mi caso, una serie de personalidades españolas claramente independientes de los juegos partidistas y que podían contrarrestar las tensiones que apareciesen. Pienso que prestaron un papel muy significativo en ese periodo de aproximadamente año y medio en el que, fruto del consenso de todas las fuerzas políticas, se redactó, se discutió y se aprobó la actual Constitución. Enton­ces se votaba a mano alzada y ahí estuvo la mía dando ese sí rotundo a la legislación que nos sigue rigiendo.

El Senado debe aclarar su función de una vez por todas

Fui senador de manera excepcional y por poco tiempo, pero estoy completamente de acuerdo con la opinión general de que el Senado, o aclara su función futura, o no sirve para nada. Este es uno de los temas que figuraba entre las obligaciones preelectorales del Partido Popular que ejerce actualmente el poder, no sé exactamente si era un compromiso pero sí que se ha planteado a veces el tema y creo que podía haber realizado alguna reforma que empieza a ser, a todas luces, conveniente en la institución. Hoy día se habla de convertirlo en la cámara de las regiones, en el punto de reunión de los españoles de las distintas autonomías, y me parece que sería algo bueno para el Senado encaminarse en esta dirección.

Nacionalidades históricas y estatutos de autonomía

Desde el primer momento me pareció imprescindible, fantástico y maravilloso que las nacionalidades históricas tuvieran su propio estatuto de autonomía, era indudable que debían recuperarlo, ojalá para siempre; y sin embargo, aunque esto no sea tan popular decirlo ahora, no era tan partidario de extender el proceso autonómico al resto de regiones del Estado, de la existencia según el modelo actual de diecisiete parlamentos y diecisiete gobiernos paralelos y simultáneos al del ejecutivo central que debe representar nuestros intereses comunes. Caso diferente es el de Cataluña, País Vasco y Ga­licia, grandes nacionalidades históricas con una tradición autonómica previa que era necesario salvaguardar y potenciar, aunque a mi parecer quedaron un poco discriminadas al final del proceso con aquello del “café para todos”3. Fue bueno entonces, pero ahora vemos que está resultando no tan bueno.

Tarradellas representó un papel decisivo en el proceso de cambio político

El President Tarradellas jugó un papel fantástico en el proceso de cambio político, era un personaje humanamente fuera de serie. Tuve la suerte de estar varias veces con él. Almorzamos juntos con frecuencia, tanto en su despacho de la Generalitat como en el mío del periódico, y puedo constatar que el papel que representó desde el punto de vista español y catalán fue decisivo y buenísimo para todos. Precisamente estábamos desayunando juntos en Madrid, con un amigo común, José María Armero4, el día que dimitió el Presidente Suárez. Armero, que entre otras cosas era presidente de Europa Press, recibió una llamada comunicándole la noticia de la dimisión, que nos pilló a todos bastante de sorpresa, y estuvimos comentándola y viendo su comparecencia por televisión.

Adolfo Suárez recibió entonces críticas feroces a su correcta gestión política, esa misma que hoy todos debemos agradecerle

Es de sobra conocido el papel decisivo que tuvo Adolfo Suárez en la transición política española, así que me parece fútil ahondar en ello, aunque no tanto sumarse a los elogios que recibe ahora por ello en compensación de las críticas que recibió en su momento. Efectivamente, es digo merecedor de los homenajes actuales que le brinda la sociedad española, y lo que no se merecía fueron aquellos ataques injustos. Suárez tenía la herencia del franquismo detrás suyo atosigándole, todos los enemigos del cambio constitucional que promovió acertadamente. Un periodista que se ha hecho luego muy famoso, y que era muy jovencito en aquella época y trabajaba en ABC, escribía artículos los domingos, y en un momento delicado, de los muchos que había en aquellas fechas, realizó un ataque tan feroz y tan injusto contra el Presidente Suárez, que tuve que vetar su publicación, y es algo que me he visto forzado a hacer pocas veces en mi diario. El lunes me llamaron dos ministros del gobierno para comunicarme que Suárez estaba indignado porque se enteró que había retirado un artículo positivo para él. Suárez se distinguía por su ecuanimidad, pero tenía ante sí una auténtica papeleta, lo pasó muy mal, pero queda la obra bien hecha, la que todos debemos agradecerle.

En aquel periodo las relaciones entre la política y la prensa estuvieron presididas por el respeto mutuo

Se puede afirmar que en aquella época más que nunca la prensa fue el cuarto poder, porque a pesar de las suspicacias al respecto, desde los órganos de ­gobierno no se presionaba a los medios de comunicación en ningún sentido. Todos, políticos y periodistas, fuimos conscientes de lo que nos estábamos jugando y fuimos moderados, entre todos hicimos posible la fantástica hazaña histórica que es la transición política española.

El civismo del pueblo español contribuyó decisivamente al éxito de la transición

Muchos españoles pensaban que el desenlace del franquismo iba a significar de nuevo poco menos que la guerra civil, y sin embargo nos salió todo a pedir de boca, supimos transitar por aquello con inteligencia. El civismo del pueblo español fue decisivo para conseguirlo. La guerra civil dejó muchos perdedores, muchos agraviados, y entonces algunos de ellos querían una revancha, pero otros supieron tener la moderación que era necesaria para superar los traumas y posibilitar que la transición siguiera su curso. Aquellos tiempos fueron muy difíciles, pero veinticinco años después qué duda cabe de que España ha progresado en todos los sentidos. Como decía Churchill5 la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, y hoy somos un país absolutamente homolo­gable a las mejores democracias que hay en el mundo.

Tanto en España como en otros países el tratamiento del tema de la violencia por parte de la prensa es objeto de controversia

Se ha discutido mucho sobre si la prensa se convierte a menudo en el altavoz no deseado de las acciones violentas y sobre la conveniencia de moderar la información de este tema. Hay quien sostiene que debería ocultarse la faz más negra de estos actos, por ejemplo como se ha hecho recientemente en Rusia a raíz del atentado en el teatro, pues efectivamente toda la información se envolvió de un gran secretismo. Soy partidario en un principio de que la gente sepa y se entere a través de los periódicos del horror que acompaña la violencia, que vea las espantosas imágenes que deja tras de sí, pero en otros países se ha seguido un criterio diferente e igualmente respetable, como en el caso citado de Rusia o en Italia6, donde se llegó a un acuerdo en el asunto de las Brigadas Rojas.

La agresividad del discurso político actual responde a una estrategia electoral

Entre los políticos parece que es más rentable mostrar públicamente la cólera de unos contra otros, en vez de ofrecer su cara amable, su aspecto más conciliador y pactista. Pienso que esta actitud quizás se deba a que se avecinan periodos electorales, y esto está crispando demasiado la situación. Más pronto o más ­tarde las aguas volverán a su cauce. Le he oído contar a mi padre, que fue director de ABC en la época de la República, que en esos años de enorme tensión política prácticamente no existía trato personal entre los representantes de partidos enfrentados. Hoy día los políticos de facciones diferentes comen juntos y se tratan con cordialidad, y eso lo encuentro maravilloso, aunque luego en los parlamentos y las declaraciones públicas exista esta agresividad, que considero que forma parte simplemente de una estrategia electoral.

Nuestra pertenencia a la Unión Europea acabará dulcificando el debate actual del nacionalismo

Quiero ser optimista, que es la tendencia que he seguido toda mi vida y me ha ido bien con ella, a la hora de valorar el periodo actual. En los últimos meses se están presentando a la opinión pública temas de debate político importantes: en el País Vasco aparecen propuestas de recuperación de supuestos derechos históricos, se habla de modificar estatutos de autonomía como el catalán, a nivel global se plantea una guerra mundial contra el terrorismo. Desde luego una nueva guerra mundial sería un verdadero caos, porque sabemos los millones de seres humanos que podrían perder la vida y nadie saldría beneficiado de ella. Por lo demás, lo que beneficia a España, y por lo tanto a Cataluña, es que estamos integrados en un gran estamento internacional, que es la Unión Europea, y eso nos va a ayudar mucho para que las confrontaciones internas se dulcifiquen. Con respecto a Cataluña no tengo el menor temor porque confío en que acabará im­poniéndose el famoso seny catalán, y respecto al País Vasco creo que no tiene nada que recuperar que no tenga ya, porque nunca ha sido un país independiente.

Jordi Pujol aceptó ser nombrado Español del año, sin renunciar por ello a sus posiciones nacionalistas

No puedo decir que esté absolutamente de acuerdo en todo con el señor Pujol, pero tras más de veinte años siendo President de la Generalitat de Catalunya hay que concederle un papel trascendental en la consecución de los objetivos comunes de los españoles, y ha tenido la habilidad impresionante de, sin abdicar de su ideología nacionalista, colaborar e influir de forma absolutamente decisiva, desde mi punto de vista personal, en la gobernabilidad de España. Jordi Pujol y yo tenemos ideas sobre la nación española no precisamente concordantes, cada uno tiene su noción de España, pero en 1984 aceptó ser nombrado Español del año, título que otorgaba anualmente la redacción de ABC.

En la sede del diario, rodeado de las más importantes figuras políticas e intelectuales del momento, pronunció un discurso de cuarenta y cinco minutos de gran interés, del que quiero destacar las siguientes afirmaciones: ¿Puede Cataluña ser útil al resto de España? Yo creo que sí, rotundamente, incluso más de lo que parece, y lo ha sido por su historia, por su actividad económica, por su sociedad civil. Cataluña busca la forma de insertarse colectivamente en el conjunto de España, es un pueblo que tiene vocación española pero que se siente poco o mucho marginal, con razón o sin ella”…“a veces se encuentra un cierto rechazo quizás por culpa de errores propios. Para nosotros, los que consideramos que lo más importante es España, los que tenemos un concepto de España como Estado y como nación histórica y, por lo tanto, valoramos enormemente su unidad, estas palabras nos resultan muy gratas de ser oídas en boca de un nacionalista convencido como es Jordi Pujol. De la coherencia y el mantenimiento a lo largo del tiempo de su discurso político sobre este tema pueden dar fe las declaraciones publicadas en ABC el mes de octubre de 2002, en donde el señor Pujol proclamaba: yo soy un nacionalista convencido de toda la vida y jamás he hecho un planteamiento secesionista.

El pueblo catalán fue de los primeros en tener autopistas en España

A veces se le ha criticado a Pujol que haya hecho demasiadas concesiones a favor de la gobernabilidad de España, y no haya sabido sacar provecho de ello en temas importantes como la promoción de mejores infraestructuras. No concuerdo en absoluto con esas críticas. El pueblo catalán es uno de los más prósperos del mundo, y en la cuestión de las infraestructuras fue de los primeros que tuvieron autopistas en España, porque lo supieron hacer bien y convencer a quienes tuvieran que persuadir entonces, pues si no recuerdo mal se hicieron durante el franquismo. Claro que yo no estoy al día completamente de estas situaciones cotidianas de la realidad política catalana, y es posible que determinadas críticas a su gestión tengan fundamento, si bien de entrada no las comparto.

Una figura de referencia obligatoria en el futuro

En la historia de Cataluña y en la historia de España, el President Pujol ocupará un frontispicio porque gente de tal calidad y tanto relieve se da pocas veces. Lamento que planee retirarse, pero comprendo que la edad y el tiempo que han transcurrido, ya no sólo al frente del gobierno de Cataluña, sino en cualquier otra empresa humana, agotan la capacidad de seguir en primera línea. A mí me ha pasado también, y he preferido dejar la dirección de ABC porque estaba muy cansado. Pero su experiencia acumulada, dedicado fundamentalmente al servicio público, no debería desperdiciarse en el futuro.

Don Juan Carlos fue el verdadero impulsor de la transición política

En la transición política el Rey fue una personalidad extraordinariamente decisiva, puesto que tenía unas ideas clarísimas de lo que había que hacer. En aquel entonces la gente quizás no se daba cuenta, pero es indudable que fue el impulsor del cambio político. Él es quien elige a Suárez para llevarlo a buen término, a pesar de la enorme sorpresa que nos llevamos todos por su decisión y de los artículos periodísticos criticando esa elección, que la mayoría de analistas consideraba un inmenso error, porque juzgaban más apropiados para dirigir la transición a José María de Areilza7 o a Manuel Fraga, y al final, ha quedado demostrado el acierto de Su Majestad en éstas y en otras cuestiones políticas fundamentales.

Como digo, Don Juan Carlos supo dar el golpe de timón adecuado, y así lo reconocieron con mayor o menor prontitud los diversos políticos protagonistas del proceso democrático. Tengo la impresión que el President Tarra­dellas tenía una enorme admiración por el Rey desde sus primeros contactos, a pesar de que su ideario político era netamente republicano, y me consta que ese sentimiento era mutuo. Otros que en principio no eran favorables a su persona, como el señor Carrillo, con el tiempo se dieron cuenta de su enorme capacidad.

Es un gran hombre de Estado

Le conozco desde que tenía diez años y vino a España por primera vez, he tenido la suerte de disponer de bastantes oportunidades de tratarle, especialmente cuando aún no era Rey, sino una expectativa de futuro muy prometedora. En aquellos años tuvimos una gran relación personal, me hizo el honor de considerarme uno de sus consejeros, como también lo fui durante muchos años de su padre, y más adelante, como ya mencioné, de designarme para el Senado.

Es un hombre de Estado, tiene unas condiciones políticas de una dimensión sorprendente y las ha demostrado en las ocasiones difíciles, como el ignominioso golpe de Estado de 1981. El papel que le otorga la Constitución me ­parece acertado, el Rey reina pero no gobierna, y creo que, salvo en circunstancias extraordinarias como la que he descrito, ha sabido ser siempre neutral.

1          Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio (1861-1929), aristócrata y periodista. Fundador del diario ABC (1903) y de las revistas Gente menuda, El Teatro, Actualidades, La Educación y Blanco y negro (1891). Diputado a Cortes, rechazó cargos ministeriales para no restar tiempo a sus actividades periodísticas.
2          La Vanguardia Española es un diario barcelonés fundado en 1881 por los hermanos Carlos y Bartolomé Godó, miembros de una aristocrática familia que ha mantenido la propiedad de la empresa periodística hasta nuestras fechas.
3          Expresión atribuida a Adolfo Suárez en referencia al diseño de la España de las autonomías. La homogeneización del proceso autonómico se adoptó para contrarrestar el supuesto desequilibrio que representaban unas nacionalidades históricas que podían en el futuro llegar a cuestionar la unidad del Estado. Se optó entonces por asumir una línea similar a la de las descentralizaciones administrativas iniciadas en los años 20, y de esa manera conjurar el peligro de que se consolidara una fórmula alternativa de configuración del Estado diferente de la centralista tradicional.
4          José María Armero fue un estrecho colaborador de Adolfo Suárez, y su intermediario en las conversaciones secretas que mantuvo con Santiago Carrillo. Europa Press es una prestigiosa agencia de noticias nacional.
5          Sir Winston Leonard Spencer Churchill (1874-1965), primer ministro inglés y gran figura política europea durante la primera mitad del siglo xx.
6          El 23 de octubre de 2002 un comando chechenio fuertemente armado asalta un teatro de Moscú y retiene como rehenes al público que asiste a una representación. Tres días más tarde fuerzas especiales rusas liberan el teatro usando un potente gas somnífero. Durante el desarrollo de la crisis el gobierno ejerció un férreo control de la información periodística del suceso, así como de la naturaleza y composición química del gas utilizado, lo que ha generado numerosas denuncias internas y externas.
Las Brigadas Rojas fueron una organización armada de izquierdas que estuvo activa en Italia en los años 70 y 80, responsables de numerosos atentados contra destacados dirigentes políticos. A lo largo del 2002 ha resurgido su actividad, si bien desde el gobierno italiano y desde los medios de comunicación se procura evitar la previsible alarma social manteniendo silencio sobre el asunto.
7          José María de Areilza y Martínez Rodas (1909-1998), conde de Motrico. Desempeñó un papel decisivo en la fusión de Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. Alcalde de Bilbao, embajador de España en Argentina y en los Estados Unidos, a la muerte de Franco se perfilaba como el candidato perfecto para encabezar la transición por su talante reformista. Ministro de Asuntos Exteriores (1975-1976) y presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.