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JOSÉ ANTONIO OLABARRI PINEDO.

JOSÉ ANTONIO OLABARRI PINEDO. JOSÉ ANTONIO OLABARRI CONSTRUCCIONES

Obra:
Texto del 12/03/12 .
Fotografía cedida por Lucho Rengifo.
 

Con tesón, inventiva, rigor y sensatez, lo que nació como un pequeño negocio familiar de albañilería se ha convertido en el relevante grupo empresarial del sector constructivo e industrial que hoy lidera la segunda generación. De gran arraigo en el País Vasco, ante la realidad económica globalizada han emprendido un exitoso plan de internacionalización que ya les ha llevado a una veintena de países; y es que solo siendo dinámica España superará la crisis.

De empresa familiar a grupo empresarial

Fundamos la compañía en 1984. Pero su verdadero origen se encuentra algunos años antes: en el arrojo y la decisión de mi padre, que en 1970, en un momento difícil, decidió lanzarse a trabajar en solitario, realizando pequeñas obras de albañilería para particulares. Su proyecto original era modesto. Pero gracias a su esfuerzo funcionó y creció, también modestamente, llegando a contar con cuatro empleados. La firma se transformó en sociedad limitada en 1984, en un primer momento con mi padre, mi madre y yo que, con 20 años, tuve que dejar mis estudios y ponerme a trabajar porque iba a ser padre. Empezamos a hacer algunos proyectos de obra civil y de edificación. Poco a poco se fueron incorporando a la empresa mis hermanos, al tiempo que la compañía crecía progresivamente y empezaba a ser conocida y reconocida.

Valores vigentes

Mirando la Olabarri actual (con varios socios, negocio internacional, participaciones en otras firmas…), quizá esa primera etapa, entre 1970 y 1984, pueda parecer poco relevante. Pero creo que ahí, en esos primeros pasos empresariales de mi padre, están ya muchos valores que siguen vigentes y que diferencian a nuestra empresa. Hablo, por ejemplo, del esfuerzo personal y de las ganas de superarse; del coraje para salir a buscar oportunidades y a pelearlas con buen ánimo, por difícil que sea la situación.

Áreas de negocio y participaciones

Desde los 80 nos seguimos dedicando en el ámbito del País Vasco sobre todo a la obra pública, como carreteras, y a la construcción de edificios singulares. Asimismo, participamos también, junto a otros socios, en dos sociedades de promoción, en una cantera de áridos, una planta de prefabricados de hormigón y en una empresa de vidrio y otra de contenedores.

Una plantilla de casi 200 personas

Contamos con plantilla propia, pero también subcontratamos. Para asegurar la máxima calidad y dejar nuestro sello debemos contar con nuestro propio personal. Nuestra plantilla la conforman casi 200 personas, pero, si contamos todas las empresas en las que participamos, la cifra rondaría las 450. Tenemos trabajadores de todos los niveles, desde ingenieros especializados a conductores. Cuando obramos en el extranjero, algo por suerte cada vez más frecuente, en general destacamos solo a personal muy cualificado, a nuestros expertos.

Internacionalización con foco en varias regiones

La compañía se restructuró hace 3 años para hacer frente a la grave crisis que afecta a España, apostando por la internacionalización en varias regiones. Poco a poco hemos ido ganando presencia en mercados tan diversos como Libia, Camerún o Baréin, desarrollando desde carreteras a centros comerciales. La diversificación de apuestas, trabajando de forma simultánea en mercados de África, Asia y Latinoamérica, nos aporta estabilidad y es hoy una de nuestras fortalezas.

En tres continentes, por dos vías

Nuestras actuaciones internacionales las acometemos de dos maneras distintas. En primer lugar, en solitario, como Olabarri, en países como Brasil o Libia, donde nos asociamos con empresas locales. Nosotros aportamos nuestro know-how técnico y empresarial, nuestra amplia experiencia en proyectos muy distintos, y desarrollamos incluso programas de formación para trabajadores locales. Por su parte, la firma del país nos facilita un conocimiento del medio muy útil para hacer contactos, cerrar pedidos con proveedores locales, conocer su cultura y el ritmo de negocio, etcétera, además de cedernos buena parte de la mano de obra necesaria para los proyectos. Por otro lado, participamos en Kemen, una alianza de tres empresas vascas (Olabarri, Galdiano y Aralan), para proyectos en el extranjero, que está presente ya en una veintena de países de América, África y Asia. Contamos con cuatro socios tecnológicos: la ingeniería LKS, la agrupación Tecnalia, Euskaltel y Astilleros de Bermeo; una colaboración que está dando grandes frutos en entornos cada día más competitivos.

Ejecución de obra o desarrollo completo

Los encargos que recibimos pueden ser de características muy diversas. En algunos casos nos limitamos a ejecutar la obra y en otros intervenimos en el desarrollo de todo el proceso, desde el primer trazo hasta la colocación de la última piedra. Preferimos esta última situación, porque ofrece retos más apasionantes, que requieren de toda nuestra implicación. No obstante, no desdeñamos nada. Al contrario: en cada país trabajamos intensamente para diagnosticar a fondo las condiciones del entorno y detectar y pelear por todo tipo de oportunidad de negocio.

Consecución de avales para presentar ofertas

El momento más crítico al emprender un gran proyecto es la consecución de los avales para presentar las ofertas. El acceso la oferta adecuada pasa por presentar un gran respaldo. Sería muy importante contar con más ayuda en esta materia. Pronto mantendremos reuniones con algunas instituciones y solicitaremos su apoyo con una línea de avales. Ya existe una línea para la industria, pero la construcción no está considerada como tal. Esta situación nos deja sin el respaldo necesario para seguir teniendo éxito fuera de casa y poder importar riqueza a nuestra tierra, justamente cuando más la necesita.

Sin ayuda ante las adversidades

La UE debería ayudar a todas las empresas que trabajamos fuera de sus fronteras. Parece, sin embargo, que prefiere invertir en grandes empresas que en pymes. Aunque es cierto que esta realidad desanima, no deberíamos dejar que lo hiciera en exceso. El carácter del empresario se forja sabiendo que no te van a ayudar. Es mejor pensar así y bregar con las dificultades que confiar en una ayuda que de forma muy probable no llegará nunca.

Reactivar la economía ante una encrucijada

Uno de los mayores males que tiene España es la falta de ambición empresarial de nuestros jóvenes y universitarios. Prefieren verse en el futuro como funcionarios que como emprendedores. Eso no pasaba hace 30 años. Esta tendencia debería corregirse cuanto antes, quizá con campañas de concienciación. Hablo de acciones concretas, con tanto énfasis como tuvieron, por ejemplo, las de tráfico o antitabaco. Es un tema urgente, porque nos jugamos el futuro. Pensemos que ninguna economía se reactiva desde el sector público. Solo la empresa privada tiene ese poder.

Sin crédito es imposible recuperar el dinamismo

Es muy perjudicial para la economía del país que no fluya el crédito, pues sin él no hay consumo ni movimiento. Nuestras sociedades de promoción, por ejemplo, tienen viviendas en venta, pero sin crédito de las entidades financieras a particulares no las venderemos. Algunas de esas mismas entidades han acumulado una gran bolsa de pisos en los últimos años y ahora quieren enfrentarse a la situación con cierta ventaja: si hay que vender pisos, primero están los suyos y después los de los demás.

Ayuda tras los errores de la crisis

La crisis ha arrastrado a muchas personas que están pagando muy caro sus errores. Algunas entidades financieras han cometido también muchas equivocaciones, en ocasiones quizá más que el resto de la sociedad, pero no parece que estén pagando por ello. ¿Por qué se ayuda a algunas de esas entidades financieras y no se ayuda a las empresas privadas de otros sectores?

Freno a la economía sumergida

El gran volumen de la economía sumergida es otro de nuestros azotes. La situación crítica que atravesamos no debería ser excusa ni atenuante para eludir las obligaciones con el Estado. Algunos consiguen entre ayudas y trabajos subterráneos bastante dinero y no quieren aportar nada; en ocasiones, manejan más que el que cobran muchos trabajadores honrados. Y todo mientras otros muchos parados, con profundo deseo de trabajar, sufren en casa, con pocos ahorros o ingresos mínimos. Hay que acabar con esa situación, con ese mix inmoral de ayudas y trabajillos subterráneos.

Privilegiada situación del País Vasco

Los vascos nos sabemos privilegiados por nuestro índice de paro, rayano al 11%, con una importante diferencia con los índices del resto de autonomías y del Estado en general. Hemos defendido y mantenido nuestro tejido industrial. Puede ser una razón que los 25 años de autogobierno con su particular régimen fiscal han permitido la inversión de recursos públicos en el refuerzo de ese tejido industrial. Yo creo que la clave es que aquí, durante los años de prosperidad, la construcción no ha sido el motor de la economía, como sí ha sucedido en otras zonas.

Las razones de Europa

Algunos países europeos nos han ayudado durante tanto tiempo que entiendo que ahora nos pidan cuentas. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y diría que aún seguimos haciéndolo. Resido una semana al mes en Londres. Si comparo el poder adquisitivo de allí con el de muchos españoles, el de los londinenses es inferior. Y no solo eso: no tiene nada que ver el servicio hospitalario público inglés, por ejemplo, con el español. Nuestros hospitales son mejores y están mejor dotados, aunque allí soportan una mayor presión impositiva. Debemos demostrar que somos capaces de tener una economía fuerte por nosotros mismos, que nos permita mantener el nivel de vida que deseamos. Y eso pasa por mirar los problemas de frente y ponerse a trabajar duro.