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JOSÉ CÉSPEDES CARBALLO
JOSÉ CÉSPEDES CARBALLO CSIURIS Málaga Licenciado en 1978 – Doctorado en 1999 – Ejerce desde 1979
JOSÉ CÉSPEDES CARBALLO CSIURIS Málaga Licenciado en 1978 – Doctorado en 1999 – Ejerce desde 1979

JOSÉ CÉSPEDES CARBALLO CSIURIS Málaga Licenciado en 1978 – Doctorado en 1999 – Ejerce desde 1979

Obra:

Texto del 20/01/2009, per el Sr.Font
Fotografía cedida por José Céspedes.

Nuestra Constitución es todavía joven, y por tanto, afirma José Céspedes Carballo, es preciso darle tiempo para que se asiente definitivamente. La generación que nació y creció a la par que ella será la encargada de consolidarla. Encuentra conveniente, además, que el Rey abdique en favor de su hijo para acallar las voces que pregonan un cambio en la forma política de Estado en España y también, acaso, para fortalecer el texto constitucional.

Docencia, política y ejercicio profesional

Fui profesor asociado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga y me sumergí durante algunos años en el ámbito político, al asumir la secretaria provincial de la coalición Alianza Popular y el cargo de concejal del Ayuntamiento de Málaga. Actualmente, dedico el tiempo a mi bufete, donde trabajo con otros dos letrados: José Serrano, y mi hijo, Juan Carlos Céspedes. Junto a este último he llevado algunos casos, pero ahora la mayoría los firma él; de un tiempo a esta parte me dedico a estudiar los temas y él es quien se enfrenta a los tribunales. Nuestra filosofía es no ir a juicio nunca sin haber sondeado previamente el acuerdo pactado.

Siguen acumulando más quienes más tienen y menos quienes carecen de todo

Si en lugar de acuerdo hubiera habido ruptura durante la Transición, no creo que hubiese sido mejor para el país. El consenso facilitó la magnífica labor que se ha realizado hasta ahora y que hoy día, sin duda debido a intereses creados, parece ser que se intenta menoscabar. 30 años no son muchos para una democracia, aunque quizá sí para los hombres. Vivimos tiempos en que la sociedad globalizada tiende a progresar más por sí misma que por efecto de una persona en concreto y, en consecuencia, se aprecia como algo imprescindible hacer todo lo posible para impedir que se interrumpa el proceso democrático o siquiera se retroceda un paso en el mismo en lugar de avanzar. Por ello creo que aún se debe consolidar el Estado de Derecho bajo el que coexistimos todos los españoles. Siguen acumulando más quienes más tienen y menos quienes carecen de todo. Hay, pues, que llegar urgentemente a un consenso por parte de las distintas fuerzas políticas.

Adolfo Suárez sacrificó su vida y la de su familia para llegar a ese pacto global que España requería

Durante la Transición, la sociedad seguía con los ojos vendados ante el transcurrir de los acontecimientos y temía no llegar al pacto que tanto se anhelaba. Me refiero a que no se contó con los españoles a la hora de redactar la Constitución. Sin embargo, no debemos estar disgustados por ello, ya que el resultado fue bueno y acaso no pudo realizarse aquel proceso de otro modo. A Adolfo Suárez le tocó representar el papel del político más denostado del mundo. Sus propios correligionarios fueron los que más cargaron las tintas contra él. Pocos supieron apreciar el esfuerzo de un hombre que llegó a sacrificar su vida y la de su familia para llegar a ese pacto global que nuestro país necesitaba.

Pese a alcanzar cierta cuota de libertad, el tardofranquismo nunca fue un Estado de Derecho

En los últimos años de su existencia el franquismo dejó en cierta forma de serlo. Saltaba a la vista que la posición internacional lo iba debilitando y quizá por eso la sociedad alcanzó entonces una cierta cuota de libertad que antes no había tenido, pero sin llegar nunca, claro, a conformar un Estado de Derecho tal y como se entiende en un régimen democrático.

Nuestra Constitución aún necesita aposentarse

No considero que haya que modificar todavía nada del texto constitucional, pues considero que aún necesita más tiempo para desarrollarse por completo y alcanzar una sobrada madurez. Es preciso que se aposente un poco más. La generación que nació en los cinco años posteriores a su aprobación constituye la piedra de toque que llegará un buen día a confirmar nuestra Carta Magna.

El Estado de las Autonomías está resultando más costoso que ventajoso

Sinceramente, creo que el Estado de las Autonomías está resultando más costoso que ventajoso. No sé si podría haberse hecho de manera distinta, pero convengamos que diecisiete parlamentos no pueden más que complicar la vida de los ciudadanos. En mi opinión, podría mantenerse el sistema, pero modificando sobre todo la manera de atribuir las competencias y los presupuestos, e intentando impedir que las comunidades actúen tan politizadamente como lo hacen. La existencia de distintos partidos políticos gobernando en cada provincia nos perjudica a todos. En el fondo, y como de costumbre, se trata de un problema económico. Sucede que Cataluña y el País Vasco, dos de las autonomías mejor dotadas del territorio español, quieren lo suyo para sí pero no evitan aprovecharse de un fondo común. No se paran a pensar que las ventajas económicas de que gozan proceden en gran medida del valor en bruto de sus comunidades hermanas. Llegar a una república federal tampoco solucionará el problema; quizás sirviera para enfrentarnos más. Lo que importa es que las comunidades mantengan la mejor relación posible para evitar al máximo las divisiones y los enfrentamientos. Es una pena que no exista solidaridad interterritorial.

Un Tribunal Constitucional tan politizado que sus resoluciones devienen inútiles

El Tribunal Constitucional está tan politizado que la Justicia en él brilla por su ausencia. Este fracaso judicial se lo ha ganado a pulso: los miembros del Tribunal ya tienen de entrada los imperativos asumidos: sólo les queda leerlos. Como letrado, sus resoluciones no me sirven para nada, si bien es cierto que durante los primeros años, cuando actuaba con bastante más libertad, me fue de gran utilidad.

Menos normativa pero mejor aplicada

No creo que nuestro sistema legislativo sea malo de por sí, pero genera tal cantidad de normas que obliga a todo letrado a estar continuamente pendiente de los cambios que se producen. Con menos legislación se podría funcionar mejor. La Justicia no se aplica más ni mejor por el mero hecho de disponer de tantas normas. Hoy día los jueces cobran por sentencia dictada y aceptan incentivos por asumir determinados casos. Y en breve van a conseguir un aumento salarial considerable. Lamento decirlo, pero esto no agilizará en absoluto la Administración de Justicia. Lo importante es que aquello que se legisle sea aplicado y a continuación cumplido.

“Cortar el árbol de raíz y plantar uno nuevo”

Habría que modificar todo el sistema judicial español, pero por desgracia no existe la más mínima voluntad política de hacerlo. Simplemente no interesa. No puede ser que una sentencia permanezca años sin ser ejecutada. Los intereses y derechos del justiciable deberían ser lo primero. No hace muchos días, el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Augusto Méndez de Lugo, dijo algo importante y a lo que todos los jueces y magistrados de Málaga prestaron su conformidad: “Hay que cortar el árbol de raíz y plantar uno nuevo”. Esto es, cambiar el sistema. 25 años atrás, cualquier procedimiento generaba una torre imponente de documentación; actualmente, y aunque cueste creerlo, la informática está creando igual o mayor papeleo. Y aún hay algo peor: la llamada Ley de Juicios Rápidos, que no ha conseguido, paradójicamente, sino alargar las resoluciones y, por tanto, todo el proceso de un caso. Por poner un ejemplo, las salas de lo penal de Málaga acumulan condenados a ir a prisión dentro de unos años porque de momento no hay sitio en las cárceles para recibirlos.

Influencia del cuarto poder en todos los estamentos sociales

El cuarto poder no sólo influye en el legislador sino también en la propia judicatura y en todos los estamentos sociales, empezando, naturalmente, por uno mismo. Abro la prensa cada mañana y, de alguna forma, me impregno de lo que leo. Cuánto más no habrá de influir en los políticos, atentos siempre a mantenerse en el poder.

Fomentar el arbitraje para solucionar conflictos

Sería positivo inculcar en los juristas la costumbre de emplear el arbitraje como fórmula de resolución de conflictos. Aquí se emplea, pero menos de lo deseable, pues la gente no acaba de confiar en este procedimiento. La mayoría aún prefiere ir a los tribunales, y no son pocos los que no confían ni siquiera en éstos.

Lo mercantil prima en el ámbito político

Aceptar el sistema democrático de votación supone que la elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial sea también, aunque de un modo indirecto, una elección del pueblo. Lo mercantil prima en el ámbito político; es decir, la clase política siempre procura satisfacer sus intereses de partido y, por lo tanto, es lógico que favorezca a quienes se adecuan a dichos intereses.

La Ley de Violencia de Género está demostrando su escasa utilidad

Se ha de modificar la Ley de Violencia de Género, sobre todo porque está demostrando su escasa utilidad. Muchos casos no se denuncian, y otros muchos son falsos. Censuro todo tipo violencia, pero en este caso concreto no se ha sabido tomar la dirección acertada a la hora de legislar el tema.

Para acabar con las habladurías sobre un cambio en nuestro sistema de gobierno, la abdicación del Rey fortalecería la monarquía

Los años no pasan en balde para nadie, y así ha de ser también para Su Majestad el Rey. No soy monárquico, pero acepto y aprecio a don Juan Carlos porque jugó un papel importante durante la Transición. Dada la situación actual, creo que sería conveniente que abdicara en favor del Príncipe don Felipe. Así tal vez se acabarían las habladurías y conjeturas acerca de la oportunidad de un cambio en la forma de gobierno de España y acaso se fortaleciera también con ello nuestra Constitución.