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José Luis Olivas
JOSÉ LUIS OLIVAS. Presidente de la Generalitat Valenciana desde 2002
José Luis Olivas Presidente de la Generalitat Valenciana desde 2002

JOSÉ LUIS OLIVAS. Presidente de la Generalitat Valenciana desde 2002

Obra:

Text del 29/01/2002
Fotografía: Àngel Font

José Luis Olivas llegó a Presidente de la Generalitat Valenciana en julio de 2002 después de haber ocupado destacados cargos de responsabilidad en la política valenciana en los gobiernos presididos por Eduardo Zaplana.

Su larga trayectoria y temprana vocación por la política le permitió estar atento a los acontecimientos de la transición. Político moderado, amante del diálogo, sus juicios sobre nuestro tiempo merecen toda la atención.

Cuando no se está de acuerdo, se generan más noticias y se mantienen más tiempo

Hoy día la opinión pública tiene la impresión de que los políticos discuten y se pelean mucho, que carecen de la sensibilidad necesaria para pactar y para mantener un diálogo constructivo. Personalmente creo que no es así. España es uno de los países en los que los hombres de Estado, afortunadamente, mantenemos un nivel de diálogo y contacto con la oposición importante, lo que ocurre es que, al final, lo que trasciende a los medios de comunicación son las divergencias. Cuando hay diferencia de opinión, cuando hay debate, cuando no se está de acuerdo, se generan más noticias y se mantienen más tiempo, pero existen muchos temas en los que se está de acuerdo entre la clase política. Claro está, son menos noticia, pero no porque sean menos importantes, sino porque generan menos debate en la opinión pública.

La capacidad de diálogo es un elemento crucial para nuestro sistema político

En España uno de los logros positivos de la democracia y de la transición es que supo distinguir dos planos distintos en el ejercicio de la política: la relación personal y el debate político, lo cual te permite, aunque disientas de un colega, te enfrentes a él y mantengas una tensión dialéctica, reconducir esa situación porque también sostienes, al margen de la discrepancia, una buena, o por lo menos aceptable, relación personal con él. Entre los hombres de Estado españoles predomina un buen nivel de diálogo y de entendimiento. Lo que no puede haber siempre es unanimidad, porque no estamos en la época del partido único; tienen que existir diferencias de opinión, dado que de hecho militamos en partidos distintos, con ideologías, estrategias e intereses dispares, pero en términos generales el nivel de diálogo es el adecuado, y es uno de los muchos elementos que dan estabilidad a nuestro sistema democrático.

En los albores de la transición se tuvieron que improvisar protagonistas imprevistos

Muchos sitúan el inicio de la transición en la muerte de Franco, pero yo lo sitúo en el momento en que el almirante Carrero Blanco es asesinado1 y Franco tiene que improvisar, de alguna forma, un albacea testamentario nuevo que no tenía previsto. Eso le desmonta toda su estrategia sucesoria, que tenía elaborada junto con Carrero Blanco, de mantenimiento y conservación del sistema político que él había constituido, y que pensaba que continuaría, aunque el jefe del Estado oficialmente fuera el Rey. A partir de ahí, empieza la transición política porque se tienen que improvisar protagonistas imprevistos, ­como Carlos Arias Navarro, que de alguna manera debilitan la posición del régimen, y queda en manos del Rey pilotar esos inicios del posfranquismo. Con la muerte de Luis Carrero Blanco, el régimen se queda sin sostén y su estructura se debilita y se divide. Don Juan Carlos I entonces obtiene el poder de decidir cómo mover las fichas políticas y hacia dónde orientar el curso del sistema, y en este punto el Rey siempre lo tuvo claro.

La transición se llevó a cabo desde dentro del régimen

La transición la protagonizaron hombres surgidos del régimen franquista, porque el Rey les impulsó a hacerlo. Él puso a los personajes adecuados al mando y les dio la orientación política, pero son los hombres del régimen los que protagonizan ese cambio de la democracia orgánica a la auténtica democracia. En su tiempo se les reprochó mucho que dieran su brazo a torcer tan fácilmente, pero opino que tuvieron la intuición histórica de que España necesitaba cambiar, emprender un camino pacífico hacia un Estado de derecho homologable con cualquier otro de los que había en Europa, y que ellos eran los indicados para conducir a los componentes del sistema anterior (militares, Iglesia, falangistas, etc.) hacia un sistema nuevo sin que se produjesen rupturas.

Considero que esos personajes procedentes del régimen anterior tienen un gran mérito en el proceso de transición, aunque muchos de ellos han caído en el olvido. El personaje fundamental y más conocido es Adolfo Suárez, pero también intervienen muchos más, como Rodolfo Martín Villa, que tuvo una importancia tremenda y le tocó representar un papel delicado, Leopoldo Calvo Sotelo, el general Gutiérrez Mellado, el cardenal Tarancón o el general Díez Alegría2. Desde su ámbito de responsabilidad, todos contribuyeron a que las instituciones de las que formaban parte asumieran desde dentro los cambios políticos que necesitaba España. Creo que históricamente se les debe reconocer su aportación.

Manuel Fraga es un personaje clave tanto de la transición como de la etapa democrática

Entre los políticos españoles Manuel Fraga Iribarne desempeñó un papel importantísimo en el proceso de la transición, fue decisivo para que ciertos sectores de la derecha tradicional optaran por una orientación democrática, frente a la derecha totalitaria o extrema derecha, que preconizaban otros grupos políticos del régimen, encabezados por Blas Piñar.

Confío en que la historia de España guarde un recuerdo de todos estos hombres y de sus esfuerzos, y en especial de la labor de Manuel Fraga, con quien se está siendo muy injusto últimamente. La capacidad de Fraga de influir en la política nacional ha hecho que la comunidad autónoma gallega, por la que ha demostrado tener una gran pasión, haya tenido una transformación económica y social muy relevante, y que haya progresado en estos años como nunca. Galicia sin él hubiera sido totalmente distinta, y si no, recordemos la época de González Laxe3 y de otras personas.

La figura del Rey era necesaria para la estabilidad política

En todo el proceso democrático la figura del Rey ha sido providencial, y la inmensa mayoría de la sociedad lo reconoce, lo entiende y lo aplaude. En ese lapso histórico, todas las fuerzas que habían apoyado al régimen franquista se aglutinan en torno a él e incluso le presionan para que deje las cosas como están, y en cambio él elige libremente tomar las decisiones oportunas que impulsen una transición política. También en momentos posteriores importantes, como el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, su papel resultó absolutamente decisivo. Hoy sigue desempeñando la función de elemento aglutinador del Estado y también de todo lo que conocemos como mundo hispánico, en el que España, gracias a él, sigue manteniendo el liderazgo, al menos intelectual o cultural.

En Hispanoamérica ven a Juan Carlos I como su propio rey

Los españoles de América lo ven como su propio rey, sienten orgullo de su trayectoria democrática, lo quieren y lo respetan muchísimo, y su presencia ha supuesto un elemento fundamental para evitar el desmembramiento de la comunidad de países de cultura ibérica. Además, ha sabido mantener otro tipo de relaciones internacionales, como las que se refieren al mundo árabe.

Todo el mundo tuvo que ceder

El resultado concreto de esa voluntad de cambio en el sistema político español fue la redacción de la actual Constitución, fruto de un trabajo ejemplar, tanto que casi me atrevo a decir que es perfecta, al menos en la práctica. ¿La Constitución es tan perfecta como para que en veinticinco años no haya tenido que retocarse? Creo que no, es decir, desde el punto de vista de un texto legal, no. Pero es que ese aspecto es el menos importante. Lo más notorio es que ésta nació del consenso de las fuerzas políticas, sin que nadie la impusiera, donde todo el mundo tuvo que ceder, pero no hasta el extremo de no verse reconocido en ella, o que no pudiera existir políticamente porque la propia Constitución le cerrara las puertas. La composición del texto constitucional supuso una experiencia única y un instrumento político que España no había tenido en otras circunstancias históricas. En ese sentido todo el mundo la valora como garantía de la estabilidad política.

La Constitución es fruto de un extraordinario consenso político

Hay que destacar el mérito de las personas que la hicieron posible, no sólo aquellos que la redactaron, sino también los que la apoyaron sin reservas para que fuese aceptada y aprobada por las Cortes, y que la historia no suele recoger en sus páginas. Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra4 desempeñaron un papel excepcional como negociadores y desarrollaron una gran labor de ingeniería política que hizo posible el consenso general en torno al texto. También destacó especialmente el presidente de la comisión constitucional Emilio Attard, que fue mi mentor político, y sé muy bien que tuvo que hacer esfuerzos importantes para que todos los grupos parlamentarios fueran asumiendo los postulados recogidos en el texto, cada uno cediendo un poco para llegar a acuerdos definitivos. En esa época se hizo una ingente labor en pro de la Constitución que, sin ser perfecta como texto legal, es perfecta en cuanto al juego político que está dando y al funcionamiento del Estado democrático español.

La defensa del Estado de derecho es su valor más destacable

He ejercido la abogacía durante quince años, antes de dedicarme a la política, y quiero destacar como fundamental la importancia que se le da en la Constitución al Estado de derecho y la defensa de las libertades. Para que un Estado democrático se consolide, se desarrolle y tenga estabilidad, lo primero que hay que hacer es respetar las leyes. Esa es la garantía que da seguridad y confianza a los ciudadanos, a las empresas y a las instituciones, disponer de unas reglas del juego y de unos mecanismos para que éstas se respeten. Eso es probablemente uno de los activos más importantes del sistema democrático, el respeto a la legalidad y al Estado de derecho, y es algo que se deriva directamente de la Constitución, que es quien establece esas normas básicas.

La Comunidad Valenciana  tambiénes una nacionalidad histórica

Cuando la Constitución hace mención de la existencia en el Estado español de nacionalidades históricas, se está refiriendo a nuestra historia reciente, a comunidades que tuvieron estatuto de autonomía en la República o que estuvieron a punto de tenerlo. Hay que entenderlo en estos términos, no hay que extralimitarlos como se ha hecho a veces y se sigue haciendo, porque si se entiende histórico en un sentido más amplio, creo que la Comunidad Valenciana es también una nacionalidad histórica, porque ha existido como entidad política, ha tenido su Generalitat, tiene tradiciones, lengua y cultura propias, sus símbolos históricos, lo tiene todo para ser una nacionalidad tan histórica como las demás. Sin embargo, la Constitución no la considera histórica porque no había llegado a tener aprobado un estatuto de autonomía en el pasado. Pienso que el término nacionalidad histórica no hay que llevarlo más lejos en el tiempo de lo que fue la República, porque si no entramos en otro debate con consecuencias que no nos interesan en absoluto porque no aportan nada positivo.

El desarrollo autonómico ha sido el adecuado

Escucho con frecuencia opiniones, tan respetables como las demás, que consideran que la fórmula autonómica del café para todos no fue la más acertada, que se está pagando caro ese modelo igualitario. Lo que no sabemos es lo caro que hubiera supuesto crear unas comunidades muy específicas y dejar al resto sin estatuto de autonomía y sin capacidad de autogobierno. Efecti­vamente, ello hubiera facilitado la posibilidad de radicalización en determinadas comunidades en contra de otras que gozan de unos privilegios. No sabemos qué resultados hubiésemos obtenido de haberse impuesto otra forma de organización territorial, y sospecho que también nos habría parecido caro a la larga.

Este es uno de los temas en los que creo que la Constitución acertó plenamente, al margen de matices, que sin duda puede haberlos y cada cual debe interpretar los suyos, pero si se va hacia un Estado de las autonomías, hay que aceptar que todas las comunidades tengan las mismas posibilidades, todas las que lo quieran, y lo quisieron todas. Pienso que es un gran acierto, porque cualquier otra decisión que se hubiera tomado, negándoles a unos la posibilidad de desarrollo autonómico y dándosela a otros, hubiera generado tensiones y enfrentamientos con graves consecuencias.

Nuestro estatuto de autonomía es equiparable al de las comunidades históricas a nivel de competencias

A este respecto, hay mucha gente en Valencia, jóvenes primordialmente, que no logran entender las diferencias entre nuestro estatuto de autonomía y el de otras comunidades, consideradas por la Constitución históricas, porque en el fondo no poseen una historia y unas tradiciones particularmente distintivas respecto a las que nosotros también tenemos, y en los últimos tiempos estos sectores de la sociedad valenciana protestan y reclaman la misma consideración en el desarrollo autonómico para la Comunidad Valenciana, que represento institucionalmente.

Es cierto que hay diferencias entre estatutos, pero no a nivel de competencias, puesto que tenemos las mismas prácticamente que esas comunidades históricas, la diferencia está en la forma en que accedimos a la autonomía en su momento, en la velocidad de trabajo respecto a esas comunidades. Luego hubo una modificación legislativa que nos permitió acceder a las mismas competencias que hoy tienen Cataluña, Galicia, Andalucía, etc. Por lo tanto, eso hoy no nos genera ninguna tensión importante.

Aunque en nuestro estatuto de autonomía se podrían mejorar algunas cosas, las cuales esperamos que se puedan cambiar por consenso, como, por ejemplo, la capacidad de disolver el parlamento y convocar anticipadamente elecciones, potestad que sí tienen –a diferencia nuestra– el President de la Generalitat de Catalunya, el Lehendakari, el Presidente de la Xunta de Galicia o el de la Junta de Andalucía. Eso no lo tenemos nosotros, pero se podría obtener sin mayores dificultades, sin ninguna tragedia ni perjuicio de los derechos históricos de nadie, y en mi opinión sería bueno que se produjeran esas pequeñas modificaciones para que, al ­final, nuestro estatuto esté absolutamente en plano de igualdad con el de los demás.

El régimen franquista supo crear una clase media en España

No soy franquista, ni lo he sido nunca, desde luego creo que la dictadura de Franco fue una etapa nefasta de nuestra historia reciente, aunque cada uno tendrá su visión sobre ella y me consta que hay gente que considera que no todo lo que hizo estuvo mal, que durante su régimen gozamos de cuarenta años de paz, aunque fuera una paz impuesta. Existen una serie de realidades que hay que reconocerle al régimen franquista, y en este sentido coincido con lo que me comentó Jorge Sampaio, presidente de la República de Portugal, durante una conversación que mantuvimos y en la que comparaba la situación política y social en las dictaduras española y portuguesa. Él me decía que la diferencia primordial fue que Franco supo crear en España una clase media que ha sido un factor de estabilidad y una garantía del de­sarrollo económico, mientras en Portugal no ocurrió lo mismo, porque como se conservaron las colonias hasta prácticamente el final de la dictadura de Oliveira Salazar5, el régimen se apoyaba en los grandes terratenientes y grupos económicos que las explotaban, y con su pérdida finalizó su sustento social.

La presencia de esta clase media contribuyó también al proceso de transición política. Se ha dicho de ella que estaba muy alejada de la política, que apenas sabía nada de estos temas, pero no estoy de acuerdo. La sociedad, llegado el momento, estaba muy madura y lo demostró, y sabía muy bien lo que quería, porque los medios de comunicación, sin tener la influencia que tienen ahora, ya ejercían su papel para formar la opinión pública. Se sabía lo que se quería y lo que no también, y eso no era debido a que todo el mundo hubiera pasado por las facultades de Ciencias Políticas, sino a que veíamos la televisión, oíamos la radio y nos informábamos de lo que estaba pasando en el mundo, de cómo funcionaban los sistemas inglés, francés, italiano o soviético, y al final cada cual ya sabía lo que deseaba para su país. Efectivamente, los medios de comunicación desarrollaron una labor de pedagogía política; yo mismo me acostumbré de joven a escuchar la información y los debates políticos a través de Radio Andorra y Radio Pirenaica6, lo cual ayudó a despertar en mí una vocación, que ya se estaba manifestando, por la política.

La entrada de España en el Mercado Común garantizaba la estabilidad del sistema democrático

Una de las cosas que más esperaba de la instauración de la democracia era que España entrara a formar parte del Mercado Común porque eso, además de un factor de desarrollo económico, suponía la garantía de estabilidad política. Ese era el análisis que yo hacía de la situación, y como luego se ha venido demostrando no iba desencaminado. Una vez que España consiguiera de verdad unirse a Europa, la estabilidad del sistema democrático quedaría garantizada. Hoy España sí que sería totalmente diferente si no lo hubiéramos logrado.

Si España no formara parte de la Unión Europea, tendría dificultades para mantener su unidad

Cuando hablo del factor de estabilidad que nos ha supuesto la entrada en el Mercado Común no me refiero sólo a la estabilidad económica y, más recientemente, a la estabilidad monetaria. Lo que valoro especialmente es la estabilidad política a todos los niveles, es decir, no sólo la garantía del buen funcionamiento de nuestra democracia, sino también de la organización del Estado y de la unidad de España. Hoy España tendría muchas más dificultades para mantener su unidad si no estuviera en un organismo internacional del peso político y económico de la Unión Europea. Y no quiero acusar a nadie, a ninguna comunidad autónoma en particular, pero habría más propensión a ejercer tendencias de disgregación, o abiertamente separatistas, si de alguna manera no se corriera el riesgo que se corre en la actualidad, y no me estoy refiriendo al riesgo militar, me refiero a otro más sutil, que es el económico.

Nuestro sistema productivo no estaba tan consolidado como el europeo

Lo afirmo con propiedad porque antes de presidente he sido durante cuatro años consejero de economía de la Comunidad Valenciana, y conozco perfectamente cuánto ha influido y contribuido el Mercado Común primero, la Unión Europea después, al progreso de mi comunidad, al florecimiento de sus infraestructuras y al desarrollo económico de España en general. En aquel momento existía un temor en toda la sociedad, porque los productos de los países europeos más desarrollados nos iban a invadir, a hundir nuestras empresas, a generar una crisis por la debilidad de nuestro sistema productivo frente al europeo, que estaba muy consolidado, pero se demostró que no. Nuestras empresas no se han hundido, han crecido, han abierto nuevos mercados, exportan más, hay más nivel de renta y mayor riqueza. Nosotros somos un mercado de cuarenta millones de habitantes y ellos uno de doscientos treinta millones, sin contar nuestros cuarenta, por lo tanto, les hemos abierto nuestro mercado a cambio de que ellos nos abran otro de doscientos treinta millones, de momento.

Para poder seguir con el proceso de transición, era necesario desempeñar un papel en el sistema defensivo occidental

No despreciemos tampoco la importancia de la entrada de nuestro país en la OTAN, que sin ser tan decisiva como lo fue la entrada en el Mercado Común, es otro factor de estabilidad a tener en cuenta. Nuestro ingreso en la Alianza era una forma de sacudirnos los complejos que arrastrábamos desde siempre de ser un país de segunda categoría en el concierto mundial. Teníamos que desempeñar un papel en el sistema defensivo occidental, porque sin los tratados existentes con los Estados Unidos, no hubiéramos podido seguir con el proceso de transición, así que era lógico formar parte como los demás de un organismo internacional, ser miembro de él de pleno derecho y no por la vía de ser un aliado como hasta entonces.

Contra la violencia, diálogo y firmeza

En los países nórdicos, con sociedades mucho más avanzadas que la nuestra, tienen por costumbre luchar contra la delincuencia a base de un aumento del nivel cultural de la población, piensan que es mejor que haya escuelas que cárceles. Yo comparto este concepto de desarrollo social, creo sinceramente que la educación es la mejor arma para integrar en la sociedad a las personas que se desvían de ella. Pero el caso de la violencia en nuestro país es diferente, porque no procede de una falta de educación, ni es obra de una pandilla de gamberros, sino que se trata de personas que quieren imponer su criterio político, aun siendo una minoría, a toda la sociedad recurriendo a métodos antidemocráticos. Al delincuente y al violento hay que presionarle, tiene que sentir el peso de la sociedad, tiene que notar el aliento de la policía, tiene que saber que el Estado está ahí para evitar que siga delinquiendo, pero eso no quiere decir que no haya que buscar entendimiento y acuerdos con las fuerzas políticas que respetan, sin titubeos, sin jugar a dos bandas, el sistema democrático, porque a la larga será la mejor manera de solucionar los conflictos.

En un Estado democrático, la alternancia política es una condición necesaria, pero no indispensable

La alternancia política es una de las premisas importantes de la democracia, pero se produce cuando el ciudadano quiere. Es una condición necesaria, pero no indispensable en un Estado de derecho. Durante veintitrés años los catalanes han creído y han confiado en un partido político y en una persona, Jordi Pujol, y creo que ese continuismo es absolutamente legítimo, tan normal como que cada cuatro años se produzca un cambio de partido político en la responsabilidad del gobierno. El ciudadano es el que elige y el que decide y así debe continuar, porque, además, suele acertar.

A menudo se utilizan las campañas electorales para discutir de lo que no se suele hablar durante la legislatura por estar más centrados en el día a día del gobierno

En las siguientes campañas electorales saldrán a escena una serie de temas políticos fundamentales, como la reforma de la Constitución, de los estatutos de autonomía, la organización del Estado, el federalismo, el concierto económico, la utilidad del Senado, etc. En democracia no hay que tener miedo a decir las cosas, lo único inadmisible es la violencia. Hablar, siempre que se haga con respeto y en el marco de un parlamento, que es donde se tienen que debatir y solucionar las cosas, se puede hablar de todo, y esa es una de las grandezas de la democracia. A menudo se utilizan las campañas electorales para discutir de lo que no se suele hablar durante la legislatura por estar más centrados en el día a día del gobierno, y eso es una demostración más de madurez política. Lo que ocurre es que no siempre esos grandes temas políticos responden a una necesidad perentoria para el correcto funcionamiento del sistema.

No hay ningún instrumento, ninguna institución, ningún principio que no esté recogido o que esté mal contemplado en la Constitución

Por ejemplo, uno de los temas más previsibles será la necesidad de una reforma de la Constitución. Es evidente, como ya he señalado antes, que ésta se puede modificar, pero también es cierto que no es objeto de debate prioritario en la sociedad. En este momento, no encuentro ninguna necesidad de que se produzcan modificaciones, no hay ningún instrumento, ninguna institución, ningún principio que no esté recogido o que esté mal contemplado en la Constitución. Es una cuestión que de vez en cuando algunos políticos desempolvan, pero hoy en la sociedad española no existe el sentimiento de que la Constitución ya no sea útil, se haya quedado desfasada y se necesite otra, por consiguiente, alguien lo ha creado artificialmente.

España es un país de los más descentralizados del mundo

El federalismo, la propuesta de un Estado asociado, en definitiva la revisión del modelo de Estado autonómico, es otro debate artificial absolutamente innecesario. Hoy España es un país de los más descentralizados del mundo, con unas comunidades autónomas con un enorme poder político y económico, que a lo mejor necesitan corregir ciertos matices: el reparto de los impuestos, la protección de las lenguas propias, etc. Creo que no hay ninguna necesidad de introducir un debate de fondo sobre la organización del Estado que varíe el actualmente existente, porque ha sido y es un modelo de referencia ejemplar en todo el mundo, que no supone, para nada, un freno a las aspiraciones de autogobierno que pueda tener una comunidad, a menos que queramos romper su unidad.

Jordi Pujol ha resultado providencial para el desarrollo actual de nuestra democracia

Jordi Pujol ha sido un personaje histórico importantísimo para Cataluña, y no por el tiempo que haya estado al frente del gobierno, sino por lo que ha hecho por esta última y por los catalanes. Para el conjunto de España es un gran estadista, que ha contribuido de una forma muy importante a la estabilidad política, a la consolidación de las instituciones españolas, y no me estoy refiriendo sólo a la solidez parlamentaria de tal o cual gobierno concreto, sino a la estabilidad política con mayúsculas, la de la Constitución, la de sus instituciones básicas. Ha sido capaz, además, de hacer compatible esta posición con la defensa de las tradiciones, la historia y el autogobierno ­catalanes, presionando a los gobiernos nacionales para defender sus intereses cuando era necesario. Debemos distinguir, por tanto, las dos posturas, porque en ambas ha destacado igualmente. Creo que se puede decir que ha sido un personaje político providencial para Cataluña y para España. Sin Jordi Pujol, hoy nuestro país no tendría el nivel de solidez que tiene actualmente.

1          Luis Carrero Blanco (1903-1973), almirante y político, uno de los más fieles colaboradores de Franco desde la guerra civil y su favorito para dirigir el régimen cuando él desa­pareciese. Subsecretario de la Presidencia desde 1951, vicepresidente del gobierno desde 1957, el 8 de junio de 1973 culmina su carrera política accediendo a la presidencia del gobierno, cargo de enorme significación porque es la primera vez que el Caudillo renuncia a ejercerlo simultáneamente con la jefatura del Estado. La garantía de continuidad del régimen que representaba su figura se ve truncada el 20 de diciembre de ese mismo año por su asesinato en un espectacular atentado perpetrado por ETA.
2          Rodolfo Martín Villa (1934), secretario general del sindicato único franquista, gobernador civil, ministro con Suárez, vicepresidente con Leopoldo Calvo Sotelo. En la actualidad sigue ocupando cargos públicos relevantes.
Leopoldo Calvo Sotelo (1926), procedente de una rancia familia ligada al ejercicio del poder (sobrino, yerno, cuñado, primo y discípulo de varios exministros). Fue ministro con Arias Navarro y con Suárez, y tras la caída política de este último, presidente del gobierno (1981-1982).
Manuel Gutiérrez Mellado (1912-1995), capitán general, jefe del Estado Mayor del ejército desde 1976 y vicepresidente con Suárez. Su participación en la tarea reformista de la transición y su valentía personal durante el golpe de Estado resultaron claves para la modernización del ejército nacional.
Vicente Enrique y Tarancón (1907-1994), cardenal y presidente de la Conferencia Episcopal española desde 1972. Bajo su mandato, de corte claramente aperturista, se inicia la transformación de las relaciones Iglesia-Estado. Era claramente partidario de la independencia de la Iglesia y defensor de la democratización de la sociedad.
Manuel Díez-Alegría (1905-1987), general jefe del Estado Mayor de 1970 a 1974, mentor del ascenso en su carrera militar y política de Gutiérrez Mellado.
3          Fernando González Laxe (1952), Presidente de la Xunta de Galicia de 1987 a 1990.
4          Fernando Abril Martorell (1936), ministro y vicepresidente. Amigo íntimo de Suárez y hombre de su máxima confianza, estaba encargado de realizar todo el trabajo sucio de la transición.
Alfonso Guerra (1940), considerado como el cerebro del PSOE, aupó a su secretaría general en 1974 a Felipe González y fue vicepresidente durante su etapa de gobierno. De 1977 a 1979 intervino activamente en las conversaciones secretas mantenidas con Abril Martorell para pactar los grandes temas de la transición.
5          Antonio Oliveira Salazar (1889-1970). Ocupó el cargo de ministro de hacienda en el primer gobierno surgido del golpe de Estado en Portugal (1926). Nombrado presidente en 1932, fue un firme apoyo a las tropas franquistas en la guerra civil. Su gobierno dictatorial duró hasta 1968, año en que debido a su mala salud, nombró sucesor a Marcelo Caetano.
6          Las emisiones de Radio Andorra y, sobre todo, de Radio Pirenaica suponen la posibilidad de recibir una información política sin censura durante el régimen franquista. Radio Pirenaica, fundada en 1941 en Moscú y trasladada más tarde a Bucarest, se convirtió en la voz de la resistencia antifranquista en el exilio. Durante mucho tiempo estuvo dirigida por Santiago Carrillo y tuvo como locutor a Jordi Solé Tura.