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JOSÉ MANUEL SIRVENT MUÑOZ SIRVENT
JOSÉ MANUEL SIRVENT MUÑOZ SIRVENT ABOGADOS Albacete Licenciado en 1985 – Ejerce desde 1986
JOSÉ MANUEL SIRVENT MUÑOZ SIRVENT ABOGADOS Albacete Licenciado en 1985 – Ejerce desde 1986

JOSÉ MANUEL SIRVENT MUÑOZ SIRVENT ABOGADOS Albacete Licenciado en 1985 – Ejerce desde 1986

Obra:

Texto del 15/10/2008 .
Fotografía: Kristal Fotolab.

 

En tiempos de crisis como los presentes, se impone que las principales fuerzas políticas de un país lleguen a un acuerdo respecto a ciertas cuestiones fundamentales para garantizar el bienestar de la sociedad que lo conforma. El abogado albaceteño José Manuel Sirvent, especialista en Derecho de Urbanismo e inmobiliario, no sólo defiende esta opinión, sino que también incide en la necesidad de crear un Estado fuerte y unido. Asimismo, valora la función de la Corona aunque no se defina monárquico.

 

Los regímenes que se perpetúan en el tiempo acaban corrompiéndose

En honor a la verdad, hay que reconocer que, si bien es cierto que sus años finales se caracterizaron por un marcado aperturismo, durante el franquismo en ningún momento pudo hablarse de la existencia de un Estado de Derecho: es algo parecido a lo que le está pasando a alguna de las actuales comunidades autónomas.

Renuncias y esfuerzos colectivos que conllevó la Transición

Inicié mis estudios de carrera en 1979, es decir, que tuve la oportunidad de estudiar una Constitución recién nacida. La Transición, a mi parecer, fue una época convulsa. En la universidad, ni los profesores, ni mucho menos los alumnos, sabíamos exactamente qué se nos avecinaba. Por supuesto, teníamos la certeza de que se produciría un cambio importante en nuestra nación; un cambio que, salvo por pequeños sectores de la sociedad, se asimilaba sin exagerados conflictos. Fue un período marcado por un cierto espíritu revolucionario, donde se produjeron, como es sabido, manifestaciones y huelgas diversas, y en el que las ideologías, ya fueran éstas de derecha o de izquierda, eran claras y estaban perfectamente definidas, y por lo mismo eran respetadas por la mayoría de la ciudadanía, lo cual no deja de ser muy sano. Fue un tiempo, también, de renuncias: todos claudicamos ante un propósito mayor. Se legalizó el Partido Comunista, que a su vez asumió sin problemas una monarquía parlamentaria como sistema de gobierno. La calidad humana de los políticos de entonces era mayor que la de los actuales en todos los sentidos. Además, nuestro proceso de transición sirvió de modelo a muchos otros países del mundo.

 

O se modifica la Carta Magna o se hace cumplir el texto actual

Soy de la opinión que es necesario reformar la Constitución, puesto que fue un texto redactado coyunturalmente, por medio de unos pactos políticos dispares. O se respeta y se hace cumplir en su totalidad, o se modifica lo que honestamente se crea que no vaya a cumplirse o lo que haya quedado desfasado. Esta cuestión exige de una vez por todas un acuerdo real y efectivo por parte de las principales fuerzas políticas del Estado español.

 

Un Estado fuerte no está reñido con la descentralización

Creo que las concesiones del Estado central a las comunidades han sido excesivas. Salvo que se crea más conveniente un sistema federal –idea que en absoluto comparto–, encuentro ridículo estos pequeños Estados feudales que se han creado. Al principio, la descentralización fue, sin lugar a dudas, un planteamiento muy bueno, pero, con el paso de los años, el resultado es que los gobernantes de cada autonomía se han acomodado en sus cargos y, en gran medida, el avance y la solidaridad que el proceso autonómico prometía se han visto defraudados. Sería menester una segunda descentralización: dotar a los municipios de medios, controlar el gasto y quitar a las comunidades ciertas competencias. Si desde Europa y desde las autonomías se restan competencias al Estado, las instituciones de éste quedarán todavía más mermadas de lo que ya están. El Tribunal Constitucional se encuentra desbordado, hay un exceso de funcionariado inútil a nivel administrativo, se remedan leyes aprobadas por otras autonomías, etcétera. Deberíamos luchar a favor de la consecución de un objetivo común, esto es, de la unidad de la nación española. Un Estado fuerte no está reñido con una descentralización administrativa.

 

Nuestras leyes actuales no son mejores que las de hace un siglo

Durante los primeros años democráticos se legisló bien, mucho y con sentido de futuro. Me temo que, sin embargo, se ha ido perdiendo el norte en lo que a legislación se refiere, sobre todo en estos últimos tiempos, en los que solamente parece primar lo autonómico. Se aprueban leyes urgentes sin haberlas estudiado previamente para averiguar si serán válidas o eficaces; otras son dictadas por la actualidad o los medios de comunicación. Aunque suene triste o paradójico decirlo, las leyes actuales no son mejores que muchas leyes antiguas, algunas de la cuales tienen mas de cien años.

 

Cambiar la represión por la educación

En cuanto al Código Penal, opino que se está criminalizando en exceso y que determinadas conductas delictivas no requieren coacción sino otro tipo de estrategias para acabar con ellas o intentar controlarlas. Necesitamos cambiar la represión por la educación: hay que concienciar al ciudadano en políticas consensuadas a largo plazo. En lugar de estudiar los problemas a fondo, ahora se intentan resolver en períodos de tiempo irrisorios; se derogan leyes para crear otras similares al momento. Éste es un asunto serio que está demandando una actuación política responsable en beneficio de la sociedad.

 

Lo que falla dentro de la Administración de Justicia es el propio sistema

Se ha extendido la idea de que la Justicia viene a ser uno de los ámbitos más olvidados por los distintos gobiernos: ha sido, en definitiva, la asignatura pendiente de todos ellos. Considero que el problema radica, sobre todo, en una cuestión de actitud. Los funcionarios, por ejemplo, no están motivados. Habría que retribuirles mejor y exigirles una dedicación proporcional a su sueldo; ante todo, son profesionales, y me consta que algunos juzgados funcionan de maravilla. Pero no se les dota de medios, nos se les incentiva lo más mínimo. La calidad de la Justicia, empezando por los jueces y terminando por los abogados, no es mejor que antiguamente. Miles de causas se apilan en la actualidad sobre la mesa de los magistrados, que lógicamente no pueden afrontar la tarea que se les encomienda. La Justicia, que somos todos, no es cercana al pueblo; está lejos de la realidad social, lo cual lleva al ciudadano a recelar de los abogados. En suma, lo que falla realmente no es otra cosa que el propio sistema.

 

Reformas que precisa el sistema de Justicia

El Consejo General del Poder Judicial debería poder elegir a sus propios miembros al margen de las directrices de cualquier partido político, es decir, con total independencia de criterio. Por otro lado, tendrían que cumplirse los horarios laborales y judiciales estrictamente, así como las inspecciones del Consejo. Asimismo, es menester que a los magistrados y funcionarios judiciales se les retribuya de acuerdo a su responsabilidad e importancia, y que se les exijan responsabilidades en consonancia. Además, las asociaciones sindicales deberían hacer cuanto esté en sus manos por ayudar a ello. Sería necesario que los partidos políticos, la sociedad y los sindicatos caminaran en el mismo sentido. Finalmente, habría que procurar a toda costa rentabilizar al máximo el dinero que se invierte.

 

Urbanismo debería ser competencia única del Estado

Sería razonable que existiera una única legislación urbanística a nivel nacional. Si el Estado no puede legislar lo relacionado con el mundo del urbanismo, si carece de una legislación al respecto, surgen empresas depredadoras que devoran el sistema. En España hay grandes profesionales del urbanismo, somos uno de los países punteros en este campo. El trabajo del urbanista es una labor creativa que produce riqueza para el conjunto del Estado, pero, si bien es cierto que el desarrollo urbanístico en España ha sido impresionante, no se han tomado las oportunas medidas para garantizar la legalidad de todas las operaciones. Creo que las competencias en este ámbito deberían ser las mismas en todo el Estado. La descentralización debería estar dirigida a los municipios, en favor de los ayuntamientos, siempre más cercanos al ciudadano. Hay que tener en cuenta que la Administración pública municipal española es sobresaliente; muchos personajes de la política nacional e internacional provienen del municipalismo.

 

Grandes revoluciones para que haya grandes cambios

Sin ningún género de dudas vamos hacia un nuevo orden económico o, cuando menos, hacia un mayor control de los gobiernos sobre las entidades económicas del mundo. Esto supone en sí mismo una verdadera revolución. Para que haya grandes cambios tienen que producirse grandes revoluciones. Creo en el Estado de Derecho, en la Justicia, en la democracia, en la libertad, todas ellas palabras escritas merecidamente en la historia. Por eso creo también que éste es el momento de llevar a cabo un gran pacto político entre los dos partidos mayoritarios.

 

Si realmente sirve para unir a España, la monarquía es positiva

Aunque no me siento monárquico en absoluto, siento un gran respeto por el Rey don Juan Carlos. Su labor ha sido buena para nuestra nación. Estimo que si la monarquía sirve de veras para unir a España, siempre será positivo que permanezca y dure. Por otro lado, considero que la monarquía no debe ser únicamente decorativa. A todos nos consta que otros países funcionan perfectamente con un Jefe de Gobierno. Es cierto que, de momento, no se pone en tela de juicio la institución monárquica en España, pero en un futuro próximo tal vez esto cambie. Sería entonces un momento difícil para la Casa Real, pues el apoyo que tienen don Juan Carlos y doña Sofía tal vez no lo obtenga su hijo Felipe. Todo, en definitiva, dependerá de él.