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JOSÉ MIGUEL FERNÁNDEZ RAMIL.

JOSÉ MIGUEL FERNÁNDEZ RAMIL. CELGENE

Obra:
Texto del 13/04/2012 .
Fotografia cedida por  José Miguel Fernandez.
 

El sensible y lúcido discurso del doctor en Farmacia al frente de la delegación española de esta multinacional médico-farmacéutica es epítome del hecho de que hoy protagonizamos una ardua transición, similar a la de una posguerra, entre el paradigma socioeconómico capitalista y una nueva realidad que debería apostar por la investigación, el talento y la formación para asentar las bases de un mundo más justo, más sano, más humanitario, más feliz.

 Dedicados a la investigación de enfermedades raras, al cáncer y a la terapia celular

Celgene, que desembarcó en Europa en 2006, es una multinacional biofarmacéutica creada en el año 1987 en Nueva Jersey, Estados Unidos, como spin-off o extensión de otra compañía del ámbito del cuidado del medio ambiente. Nos dedicamos de manera fundamental a la investigación de enfermedades raras o incurables hasta la fecha, al cáncer y a la terapia celular. Nos centramos en la medicina personalizada. Tenemos una profunda vocación investigadora e intentamos desarrollar de modo original una aproximación al negocio farmacéutico. Nuestra labor tiene su origen en la década de los 50, a partir de ciertos estudios realizados con la talidomida, a través de los cuales se buscaban aplicaciones analgésicas y sedantes útiles y sin riesgo. Hemos desarrollado una línea de investigación y un estudio profundo de la señalización celular y del mecanismo íntimo de las enfermedades, es decir, intentamos entender los mecanismos por los cuales estas se producen, para de esta forma poder llegar a tratarlas con éxito.

 Primera compañía del mundo dentro del ámbito de la I+D en general

En realidad somos una compañía relativamente pequeña. Contamos con alrededor de cuatro mil empleados, de los cuales cerca del 10%, que es muchísimo, se dedica en exclusiva a la investigación. En cuanto a esfuerzo financiero investigador, dedicamos de forma regular el 30% de nuestras ventas, lo que significa más del doble de lo que invierte cualquier otra compañía del sector en I+D. Realizamos nuestro trabajo en colaboración con otros centros investigadores y somos, según publica en sus listas la revista Forbes, la primera compañía farmacéutica del mundo dentro del ámbito de la I+D en general. En proporción, invertimos más que Google, por ejemplo, o que las empresas dedicadas a la alta tecnología. Por lo demás, colaboramos en íntima relación con las instituciones académicas y los sistemas nacionales de salud.

 Para competir con Estados Unidos y Asia son necesarios más medios y más talento

Creemos que todavía podríamos invertir más en talento, tanto en el ámbito interno como en el externo, pero para desarrollar este último es de todo punto necesario buscar colaboración. La empresa que sea capaz de hacer más cosas de modo más rápido y mejor, aportará un valor diferencial respecto a la lucha que está existiendo en la actualidad entre la gran capacidad de producción de Estados Unidos y la metodología, los precios y la mano de obra que aportan los países orientales, con los cuales Europa, si no cambia, no será competitiva. En una palabra, son necesarios más recursos y más talento.

 Sinergizar los recursos propios y ajenos mediante acuerdos comunes

Hace dos años presentamos el Centro de Investigación Translacional Europeo en España (CITRE) y, además de este, tenemos otros cuatro centros de investigación instalados en Norteamérica. Nuestra labor se fundamenta en poder trabajar de un modo fluido y fructífero con nuestros colaboradores, que son la universidad, la Academia y el Sistema Nacional de Salud. No se puede llevar a cabo una investigación rigurosa y útil de forma independiente o aislada de estas instancias; hacerlo supondría un grave error, ya que ninguna compañía, por muy poderosa que se sienta y en efecto pueda serlo, es capaz de asumir a solas las múltiples variables y los innumerables retos que los investigadores afrontamos. Contamos, por consiguiente, con acuerdos firmados con universidades y hospitales españoles y europeos. Hay que invertir y compartir conocimientos, talento y medios. Y ello significa que los recursos de que dispone un país o un continente hay que sinergizarlos mediante acuerdos comunes.

 Dos tercios de nuestra colaboración se realizan en Europa

Nuestro objetivo es encarar los problemas médicos en función de los pacientes y buscar soluciones. Para lograrlo, es necesario que tanto la Academia como las industrias privadas aporten su capital y su materia gris, y que el Sistema Nacional de Salud, sea de la región o el país que sea, también aporte sus recursos económicos. Si no aunamos esfuerzos para afrontar los problemas que se avecinan, las posibilidades de éxito serán menores y no tendremos oportunidad de competir con las grandes potencias, y menos en la actual coyuntura. Casi dos tercios de la colaboración que lleva a cabo Celgene en el mundo se realiza en Europa. Nuestro centro de investigación es muy joven, prácticamente acaba de nacer, lo inauguramos el año pasado y está dando sus primeros pasos, pero en este tiempo ya hemos visto que colaborar con otras entidades genera infinidad de ideas diferentes y brillantes.

 Comprender los mecanismos moleculares de las enfermedades para combatirlas

La visión del presidente de Celgene y el destino de la propia compañía nos ha llevado a especializarnos en las áreas en que trabajamos. Es relativamente fácil y rentable tratar aquellas enfermedades que afectan de forma más o menos generalizada a toda la población, como, por ejemplo, el colesterol. Pero todo se complica cuando se trata de enfermedades más minoritarias o específicas (las enfermedades raras). El cáncer, por ejemplo, es un término genérico, pues, como se sabe, dentro de un cáncer existen muchos tipos distintos. Lo importante es especializarse en algunos muy concretos y buscar solución intentando entender sus mecanismos moleculares.

 Por encima de la rentabilidad está el compromiso humano

Nuestro trabajo tiene que ser por fuerza rentable, pues la investigación médica resulta muy costosa, pero, además, y por encima de todo, tiene que ser humano. No podemos centrarnos en exclusiva en la rentabilidad porque ello nos llevaría a trabajar de forma deficiente y, al final, la calidad de nuestra labor saldría perjudicada. Los beneficios han de llegar después de haber buscado las vías para sanar al paciente y haberle ofrecido soluciones a enfermedades que en principio no las tenían. Primero hay que fijarse en el problema que queremos solucionar y a continuación intentar resolverlo teniendo muy en cuenta que se trata de algo urgente, siempre sin dejar de lado, por supuesto, la tan manida pero necesaria responsabilidad social corporativa. En este sentido, nuestra principal responsabilidad es reinvertir los beneficios en ampliar la investigación, lo que beneficiará a más pacientes que se pondrán en disposición de ser tratados e, inevitablemente, acabará incrementando nuestra cuenta de resultados. Como puede apreciarse, es un círculo que se retroalimenta, es un círculo virtuoso.

 En tanto especialistas, debemos ser los mejores en nuestra especialidad

Debemos retornar a la sociedad los beneficios en forma de aquello que mejor hacemos, y lo que mejor hacemos es investigar y curar ciertas enfermedades. Somos especialistas y nuestra obligación es ser los mejores en nuestra especialidad. Hay que informar a la clase médica de lo que vamos logrando, pero partiendo de la base de que el objetivo fundamental es el paciente.

 Los pacientes no son protocolos, sino seres humanos

Un año antes de conocer esta compañía, vi morir a un familiar muy cercano –una persona a la que me unía un afecto especial– de una enfermedad para la que entonces no había tratamiento. Con uno de nuestros actuales productos, posiblemente hoy seguiría vivo. El sentimiento de no llegar tarde es algo que los empleados de Celgene llevamos en el ADN. El médico, acostumbrado a tratar pacientes a diario, puede de forma natural hallarse a cierta distancia de los casos, pero es fundamental que sienta también la importancia de lo que hacemos, y que reconozca que se trata de algo vital para la sociedad. Atendemos el miedo y combatimos la soledad del paciente frente a la enfermedad. Del mismo modo, hay que lograr que los médicos y los investigadores perciban esta necesidad, porque los pacientes no son protocolos, son seres humanos.

 Recursos destinados a divulgar nuestros logros entre médicos y farmacéuticos

Llegar a tiempo, por tanto, es el mayor valor de la industria farmacéutica de cara al futuro, pero no hay que disminuir en absoluto la importancia de los facultativos que han de aplicar nuestros logros. Por ello, nuestra entidad destina parte de sus recursos a informar a médicos y farmacéuticos. Hoy esta labor de divulgación se centra sobre todo en el cambio de paradigma que se está produciendo en el mundo desde el punto de vista social y humano. La época de transición que estamos viviendo, como viene repitiéndose desde hace años, es una realidad que, no por sabida, debe dejar de ser transmitida. Dentro de los valores de la compañía que procuramos difundir, hacemos especial hincapié en los pacientes. Nuestros empleados son conscientes de lo que supone el sufrimiento de un paciente con poca esperanza o margen de vida, y de lo que representa, al mismo tiempo, que un paciente se haya curado.

 La lenalidomida, nuestro producto estrella

Aunque contamos con una cartera de productos muy rica y diversa, nuestro fármaco estrella es la lenalidomida, un medicamento derivado de la talidomida aparecido en el año 2004 y empleado sobre todo en el tratamiento del mieloma múltiple, conocido de forma común como cáncer de huesos. A corto plazo, es decir a un año vista, obtendremos resultados de un producto prometedor para tratar la psoriasis. Además, tenemos en estos momentos unos veinticinco productos nuevos en investigación que darán resultado en los próximos dos o tres años.

 Apostar por la I+D+i con miras al futuro

Las inversiones en educación e investigación en España deberían realizarse a largo plazo, no a cuatro ni a ocho años, como se hace hoy día. La única manera de lograr objetivos concretos es plantearlos pensando en el futuro, pero, por desgracia, los españoles somos cortoplacistas. Para invertir en I+D+i a largo plazo hay que poseer una profunda visión política, social y humana y un gran sentido del Estado, así como saber que hay cosas en la vida de las que se puede prescindir y otras de las que no, y la investigación se encuentra entre las segundas, pues pensemos que un producto farmacéutico tarda unos quince años en desarrollarse.

 La investigación en salud es más rentable que la realizada en cualquier otro sector

España invierte la mitad de lo que debería en sanidad. Por otro lado, tenemos que dejar de ser solo suministradores, lo que supone siempre un gasto más, y pasar a ser además colaboradores. La investigación en salud es más rentable que la que se realiza en cualquier otro sector. Garantiza un 40% de retorno de inversión a perpetuidad, es algo que se transmite a la especie y, por tanto, de generación en generación.

 La industria sanitaria ha contribuido a generar riqueza y a duplicar la esperanza de vida

En el último siglo y medio la esperanza de vida se ha duplicado, por lo que se ha duplicado también la capacidad humana de trabajar, de generar riqueza y de vivir mejor. Esto es así, en gran medida, gracias a la inversión en investigación médica. Estos esfuerzos de la industria farmacéutica y de la salud posiblemente no son suficientemente reconocidos por la sociedad en general, y debieran serlo, aunque posiblemente somos nosotros culpables parciales de ello.

 Hoy toda Europa está recortando en salud cuando lo único que la salvará es lo contrario

Hoy por hoy no podemos competir con Estados Unidos en capacidad de producción ni con Oriente en precios o potencial humano. Nuestra única vía competitiva es desarrollar la I+D. Todos los seres humanos tienen necesidades cortoplacistas que cubrir, como comprar un coche o escuchar música, pero lo importante es la idea humanista de sobrevivir día a día y marcar una diferencia. Han pasado varios años desde la Estrategia de Lisboa de la Unión Europea, que representa algunos de los derechos principales del paciente, ratificados y promovidos por la profesión médica en base al desarrollo de la I+D+i, y desde entonces se ha hecho muy poco al respecto. Ahora mismo, toda Europa está recortando gastos sin pensar en invertir, cuando lo único que la salvará es precisamente lo contrario.

 Una realidad típica de posguerra, en que las clases altas se enriquecen y las medias se empobrecen

La situación que estamos viviendo tras la llegada la crisis es típica de posguerra: graves dificultades económicas, desaliento y necesidad de reconstruir el entorno. Y, como decía Berltolt Brecht, el aumento de la distancia entre las capas sociales: la clase media se ha empobrecido de forma notable y la clase alta se ha enriquecido en la misma proporción. La crisis inmobiliaria de España y la financiera del mundo ha desmantelado el sistema capitalista. Lo más sensato ante ello sería olvidarse del Estado de bienestar y reconstruir la sociedad a partir de lo que tenemos ahora.

 Plantear el debate de gasto o inversión es un error

Los políticos deben darse cuenta de que el dinero, protegido por miedo al gasto, tiene que fluir a los investigadores, los emprendedores y las clases consumistas. Debemos pinchar la burbuja donde el capital se halla inmovilizado, liberarlo del miedo a moverse y redistribuirlo entre los miembros de la sociedad con el fin de invertirlo, pues plantear el debate de gasto o inversión es un error.

 España es en esencia un país de servicios, y lo que necesita es producir

Las próximas cuatro generaciones tendrán que llevar a cabo una reconstrucción de la sociedad. España es en esencia un país de servicios, y lo que necesita es producir para generar riqueza; en suma, lo que se consigue con investigación e inversión. Estamos en un momento crítico desde el punto de vista humano, social y económico para el que ya no sirve la mentalidad de que se puede vivir mejor trabajando menos.

 Menos universidades pero mejores

En lugar de contar con tantas universidades como cuenta España, sería conveniente tener menos y mejores. No podemos competir, por ejemplo, con Harvard o Stanford. La inteligencia consiste en tener visión, acumular conocimientos y aplicarlos con destreza.

 Europa peca de un excesivo desarrollo institucional

Soy europeísta declarado, pero considero que Europa peca de un excesivo desarrollo institucional. Las distancia entre las grandes instituciones europeas y el ciudadano continúa siendo insalvable. Las capas sociales intermedias ejercen de filtro y, mal que nos pese, hay que reconocer que seguimos siendo muy nacionalistas. El 80% de las legislaciones europeas llegan de Bruselas y luego los grandes líderes las hacen suyas, pero no percibimos en realidad lo que se está haciendo allí. El poder debería ser más transparente en este sentido y darse cuenta de que el ciudadano está desencantado porque no ve Europa por ninguna parte. Aunque muy despacio, la Unión Europea avanza y llegará a su destino. Sus fundadores crearon un sueño que se ha quedado desconectado de los ciudadanos. En definitiva, es urgente acercar las instituciones europeas al pueblo.

 Es el momento de poner el sentido común al servicio de la causa humanitaria

Espero que esta situación mundial de crisis nos dé el empujón que necesitamos para luchar en equipo por mejorar la sociedad. Las grandes crisis siempre han terminado en guerras y se ha reconstruido el mundo bajo otros parámetros. Ahora no hay opción a una guerra; antes bien, es el momento de poner el sentido común al servicio de la causa humanitaria. En los últimos años, la noticia que más me ha impresionado es la del jubilado farmacéutico griego que, tras toda una vida trabajando de forma honrada e incapaz de buscar ahora en la basura alimento para comer, decidió pegarse un tiro. Si España necesitara ser rescatada, me sentiría profundamente avergonzado y abandonaría el país. Recuperemos el espíritu que guió la firma de los Pactos de la Moncloa del año 1977.