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Josep Lluís Carod-Rovira
JOSEP LLUÍS CAROD-ROVIRA. Secretario General de Esquerra Republicana de Catalunya desde 1996
Josep Lluís Carod-Rovira Secretario General de Esquerra Republicana de Catalunya desde 1996

JOSEP LLUÍS CAROD-ROVIRA. Secretario General de Esquerra Republicana de Catalunya desde 1996

Obra:

Texto del 23/10/2002
Fotografía: Àngel Font

Su locuacidad y agudeza han convertido a Josep Lluís Carod-Rovira en una voz respetada en el Parlament de Catalunya y en un político hábil que ha sabido no solo hacer emerger electoralmente a erc, sino llegar a convertirla en un partido clave en el panorama político catalán.
Tarradellas supuso la continuidad de la legitimidad

Mi recuerdo del regreso de Tarradellas es el de un ciudadano normal, que ­siguió el hecho por televisión, desde Tarragona. Tenía veinticinco años y lo viví sin más implicación política que la de un joven antifranquista que ­había estado en prisión cuatro años antes. Creo que supuso un gran impacto por lo que representó, ya que se trató del único episodio de la transición que nos conectaba con la legalidad democrática de la República. Por lo que se refiere al personaje, tuvo claros y sombras, como cualquiera, pero no tiene sentido centrarnos en hablar de las sombras si no se somete al mismo análisis a aquéllos que vinieron detrás. Por otra parte, cuando ha pasado tan sólo un cuarto de siglo, lo necesario es valorar la trascendencia de esa restitución institucional, porque él contribuyó más que nadie a que, desde 1954 (cuando fue elegido President de la Generalitat en su exilio de México) hasta octubre de 1977, se mantuviera viva la institución de gobierno, lo que en mi opinión es mucho más importante que cualquier otro aspecto.

Pujol tuvo la mejor campaña electoral que ha habido nunca cuando, estando en la cárcel, mucha gente pintó en las paredes Pujol = Catalunya

Con todo, debe tenerse en cuenta que la gran mayoría de la población de Cataluña, al igual que me sucedió a mí, descubrió a Tarradellas ese día hace veinticinco años. Sólo una minoría muy politizada tenía idea de la existencia en el exilio de un señor mayor que representaba a la Generalitat en un pequeño pueblo al norte de Francia. Por el contrario, todo el que aquí se moviera en la lucha y la resistencia democrática y antifranquista, sabía quién era Jordi Pujol, porque tras pasar por un consejo de guerra había conseguido algo poco frecuente, como es la identificación del país con una persona. Sin ser consciente de ello, protagonizó una de las primeras y mejores campañas electorales catalanas cuando, estando encarcelado, algunos pintaron por las calles el lema Pujol = Catalunya.

Pujol es una persona de clase media muy enraizado en las comarcas

Muy diferente fue, sin embargo, que alguien pudiera prever que, tras los ­resultados electorales de 1977, Pujol terminara siendo President de la Generalitat, porque las cuentas no salían de ninguna manera debido a la gran victoria de la izquierda. Y creo que uno de los factores que influyeron en su elección y permanencia en el cargo ha sido el ser una persona que no tenía nada que ver con una clase alta dominante, a diferencia de sus sucesores dentro de CiU y al núcleo del partido de la oposición, que responden a ese modelo social de la parte alta de Barcelona. Pujol es un hombre de clase media, muy enraizado en las comarcas, que habitualmente los sectores más prósperos de la sociedad catalana han tratado con cierto menosprecio de ­clase. O sea, que no procede socialmente del mismo mundo que Pasqual Maragall y Artur Mas, por decirlo más claramente.

Pero su origen no ha impedido que, con su política de todos estos años, los sectores que se han sentido más confortables con su gobierno hayan sido, precisamente, las clases altas del país. No obstante, una cosa es quién se siente arropado por tu política, y otra, la clase social a la que perteneces, personal y familiarmente. Siempre es interesante conocer los antepasados y el entorno social de los dirigentes, en qué partidos políticos militaban y cuáles eran sus ideas durante el franquismo, especialmente de aquéllos que ahora están en el poder. En el caso de Jordi Pujol, su padre, Florenci Pujol, militaba en Esquerra Republicana de Catalunya (erc), y eso es algo que no se puede cambiar ni obviar.

Balance negativo de la transición para Cataluña

El balance del proceso de transición política en el caso de Cataluña es, en mi opinión, negativo, porque no supo hacerse bien. La gente que negoció en ese momento no tuvo una visión clara de lo que hacía falta y Cataluña arrancó con mal pie. Desde entonces estamos descolocados, con la excepción de contar con una policía propia (que no se consiguió hasta hace unos pocos años y que ni siquiera cubre todavía el conjunto del territorio) y de la oficialidad de nuestra lengua. Pero exceptuando estos dos elementos, nada nos diferencia de otras comunidades autónomas, lo que nos sitúa a años luz de lo que consiguió el País Vasco cuando negoció sus primeras competencias. Ellos sí tuvieron muy claro que sólo se podía hablar de autonomía política una vez se hubiera asentado el elemento económico y de financiación: es decir, se aseguraron los recursos económicos sin los cuales no hay política, sino solamente literatura.

Lo primero era convertir España en un país democrático que fuera presentable al exterior

Pero, además, es una dinámica que no se corrigió posteriormente porque cuando se ha tenido la oportunidad de ser decisivo en Madrid, nunca se ha sabido priorizar Cataluña, sino la idea de democratización y modernización de España. El objetivo de Convergència i Unió (cuando ni ucd, ni psoe, ni pp tenían mayoría absoluta) no ha sido nunca la propuesta de una serie de reivindicaciones para Cataluña, sino que entendieron que lo primero era convertir a España en un Estado democrático, con una economía saneada y dinámica, y con una imagen exterior presentable. Con ello se dejó a Cata­luña en un segundo plano, no se priorizaron nuestros intereses, y cuando se ha hecho, han sido más bien los de unos determinados grupos sociales y económicos, y no los del país.

El simple retorno de los papeles de Salamanca

El señor Aznar ha sido elegido dos veces presidente del gobierno gracias a los votos de ciu (aunque la segunda vez ni siquiera fuera necesario) y, no obstante, algo que ha movilizando a gran cantidad de gente en la calle, como es el simple retorno de los papeles de Salamanca1, ni siquiera fue tenido en cuenta como condición indispensable para respaldar la investidura de Aznar. Esto era algo que no hubiera costado un céntimo al gobierno español porque se trataba tan sólo de devolver a sus legítimos propietarios lo que fue objeto de expoliación durante la guerra. Otro detalle curioso que recuerdo es que, cuando se negoció la primera investidura del dirigente del pp, un periódico de Barcelona comparó las condiciones de Coalición Canaria (cc) y ciu para dar sus votos. Mientras el primer partido centró sus peticiones en el archipiélago, las de ciu sólo hacían referencia a España, excepto una que ni siquiera tenía carácter reivindicativo que decía se estudiará la posibilidad de traspasar competencias en materia de tráfico a los Mossos d’Esquadra por el sistema de delegación. Es evidente que se podría haber hecho mucho más.

A nadie se le ocurriría decir en Alemania, después del expolio del que fueron víctimas los judíos y quienes se oponían al nazismo, ni en Italia tras Mussolini, que esas víctimas no debían ser reparadas y compensadas. De la misma forma que devolvieron las propiedades a los exiliados republicanos incautadas en los primeros años del franquismo, debería darse una ­explicación del porqué no se devolvió lo que habían sustraído de esas propiedades, especialmente documentos y papeles personales. Es evidente que todo ello se tiene que devolver a sus legítimos propietarios, sean personas físicas o jurídicas. Creo que Cataluña no habrá cerrado la herida de la guerra y la dictadura hasta que no se restituya la situación y le devuelvan lo que le pertenece.

El catalán todavía no es la lengua de Cataluña

Respecto a que el catalán sea realmente la primera lengua de Cataluña es una cuestión todavía pendiente. Se observa tomando como ejemplo el doblaje de películas, donde el catalán es increíblemente minoritario. Claro que también es cierto que el doblaje fue un invento de la Italia de Mussolini y la España de Franco, que adoptaron esa medida porque no podían consentir otra cosa que no fuera italiano o español. Lo normal sería que las películas fueran en versión original y subtituladas, pero si lo que caracteriza a esta sociedad con economía de mercado es precisamente la capacidad de elección, ¿por qué no puedo escoger yo, como ciudadano de Cataluña y catalán, en qué lengua quiero ver una película? O las veo todas en castellano, o si quiero ver una en catalán (y tengo la suerte de que todavía no la hayan retirado) debo ir a salas de cine apartadas y mal distribuidas en el territorio. La solución sería el modelo danés, en el que todo el cine infantil está doblado, que es lo lógico, porque los niños tienen dificultad para leer, y el resto de las películas se proyectan sólo en versión original. Pero lo que no es normal es que tengamos que aceptar esta situación en la que se dobla mayoritariamente al castellano: por decirlo de alguna manera, o todos moros o todos cristianos.

No podemos ir regalando dinero a cambio de nada

La principal diferencia entre Cataluña y el País Vasco en materia fiscal es que las instituciones vascas recaudan los impuestos, los administran, los gestionan y finalmente transfieren al gobierno español la parte proporcional a los servicios que éste presta en su territorio. Es decir, que cuando el País Vasco negocia con Madrid lo hace con el dinero de los vascos en el bolsillo, mientras que Cataluña lo hace con el dinero catalán en el bolsillo madri­leño. Porque el gobierno de la Generalitat ni recauda los impuestos, ni los gestiona, ni los administra ni establece prioridades. Es la comunidad autónoma que realiza la aportación fiscal más importante al Estado, muy superior al peso proporcional de su población. Sin embargo, si tenemos en cuenta la cantidad que se le devuelve, está a la cola del resto del Estado, lo que equivale a convertirse en el territorio donde menos inversión pública se ­hace. Y el problema no es ya que paguemos más que Madrid, sino que esta ciudad se beneficia como mínimo de tres circunstancias: la primera, ser la capital del Estado, lo que conlleva una serie de prerrogativas; la segunda, ser la sede fiscal de un conjunto de entidades y empresas que, al estar ubicadas en esa ciudad, pagan allí sus impuestos; y tercera, que al ser Madrid una ­comunidad autónoma diferenciada, los territorios de su entorno reciben fondos de absoluto privilegio de la Unión Europea. Por poner un ejemplo, es como si en Cataluña hubiese dos comunidades autónomas, una que fuera Barcelona y la otra las tres provincias restantes; Barcelona, por su peso especifico, no percibiría ayudas europeas pero la otra sí que las recibiría, por lo que el entorno saldría beneficiado de esa situación.

Se ha calculado que una familia media catalana, de cuatro personas, deja de percibir como beneficiaria de la inversión pública del Estado seis mil euros anuales por el hecho de vivir en Cataluña. Por eso creo que éste es nuestro principal problema. No podemos ir regalando el dinero a cambio de nada (nueve millones de euros cada año), porque los más perjudicados acaban siendo los ­sectores populares y las clases medias. Con una financiación adecuada podríamos permitirnos un mayor gasto social, el coste de una mayor modernización. Mientras aquí aún estamos discutiendo sobre la tercera pista del aeropuerto de El Prat, en Madrid ya cuentan con un segundo aeropuerto. Cataluña nunca ha recibido lo que le correspondería, ni por el esfuerzo fiscal que hace, ni por el ­peso demográfico que representa; ni tan siquiera en 1992, en el año de las Olimpiadas, recibió la financiación adecuada. Madrid todavía nos pasaba por delante en una proporción de seis o siete veces más.

Pero siguen tachándonos de insolidarios porque, para la derecha española, y ­para cierta izquierda, el discurso de la solidaridad es la versión actualizada de lo que antes llamaban “unidad de destino en lo universal”, que es un discurso cómodo, basado en el desconocimiento de unos hechos objetivos; como, por ejemplo, la increíble injusticia que supone que los catalanes, como súbditos del Estado ­español, tengamos una estructura de peajes en las vías de circulación rápida, mientras que en el resto de España son gratuitas. Resulta incomprensible.

Errores grandes en  la negociación

En estos años no se ha aprovechado correctamente la influencia que se tenía en Madrid y se ha negociado mal, porque no es posible que la mejora de la financiación de Cataluña dependa de que al partido que gobierne en Madrid le falten media docena de diputados para tener la mayoría parlamentaria. Es absolutamente tercermundista, porque en los países del primer mundo el reparto de financiación y recursos se resuelve a través de leyes en las que se establece que, mande quien mande, falten dos o falten quince votos, lo que corresponde a un territorio se determina en base a su esfuerzo fiscal, su población y sus necesidades. Sin embargo, en España se ha potenciado la imagen del catalán tacaño y salteador de caminos, porque vamos a Madrid con la cesta bajo el brazo como si fuéramos al mercado a robar cuando se despistan. ¿Cómo puede ser Cataluña la segunda comunidad autónoma en número de estudiantes y, sin embargo, sea la segunda por la cola en número de becas? Lo que aquí existe es un fracaso estrepitoso en la negociación, no sólo en los resultados, sino también en la imagen que se proyecta. En una ocasión escuché a Aznar confesar que nos regateaban en financiación y en infraestructuras, pero luego es capaz de decir públicamente que para Cataluña el suyo es el mejor sistema. Sin embargo, aun en este contexto, ciu vota cada año a favor de los presupuestos, es decir, esta situación no es responsabilidad exclusiva de Madrid, cuenta con la inestimable colaboración de Convèrgencia.

Esa situación de dependencia económica ha supuesto la privatización de servicios sociales tan básicos como la educación y la sanidad

En este aspecto hay que reconocer la gran habilidad de Pujol, porque ha sido capaz de construir un discurso nacional con cierta solidez, pero en la práctica está profundamente vacío en la cuestión nacional. La gente se da por satisfecha con un par de discursos patrióticos por Sant Jordi y el 11 de septiembre2, pero el resto del año deberíamos saber por qué son tan poco nacionales los resultados obtenidos. El principal motivo está claro, no es otro que la situación de dependencia económica que ha llevado a privatizar servicios sociales tan básicos en un Estado desarrollado como son la educación y la sanidad. Como resulta que no podemos tener una sanidad ni una educación públicas de tanta calidad como deseamos, la solución es concertar escuelas privadas y fomentar sistemas paralelos de asistencia sanitaria. Aquí es donde ha habido una diferencia de privatización que no tiene el resto del Estado y que supone que ser catalán resulte ­mucho más caro que ser ciudadano de cualquier otra comunidad autónoma. La reflexión que, lógicamente, cabe hacerse ante esta situación es si esta dependencia económica favorece a determinados sectores económicos.

Pujol ha negociado con Madrid como líder de Convergència más que como líder de Cataluña

Otro factor del pujolismo que me parece especialmente criticable es que haya actuado más como líder de un partido político que como presidente de un país cuando ha negociado con Madrid. Nunca a lo largo de estos veintitrés años de presidencia ha utilizado el recurso de pedir la movilización de la ciudadanía a favor de unos objetivos concretos, algo que le hubiera conferido una enorme autoridad moral y le habría reforzado como político. Para mí, y creo que para muchos, no es lo mismo que un President de la Generalitat vaya a Madrid como líder de Convergència que como representante de Cataluña después de haber movilizado a centenares de miles de personas en la calle en concentraciones pacíficas en defensa de un sistema de financiación más justo, y después de haber conseguido que el Parlament aprobase por mayoría aquello que se va a negociar. Esto es algo que se ha ­sabido hacer en el País Vasco, porque el Lehendakari ha ido a Madrid con la mayoría del Parlamento vasco apoyándole, no solamente la gente de su partido, y este hecho denota un verdadero sentido nacional de la política.

Es indudable que si el President lleva tantos años al frente de la Generalitat es porque posee una serie de méritos que la ciudadanía aprecia y reconoce

Sin embargo, Pujol ha tenido muchas cosas a su favor, como es el acierto de su discurso político caracterizado por una gran comprensibilidad, y de proximidad con la ciudadanía: la gente lo ve como alguien que habla como ellos y al que, por tanto, entienden perfectamente. Sabe utilizar un lenguaje coloquial plagado de refranes y frases hechas que ha establecido una complicidad con sectores amplísimos de la sociedad catalana, a diferencia de otros políticos que no se sabe de qué están hablando, que desgranan una serie de datos y cifras sin contenido político. Él habla como la mayoría de la gente y esto le ha hecho aparecer como uno más.

Cuando alguien ha estado tantos años en un lugar de tan alta responsabilidad quiere decir que no sólo tiene méritos propios sino que, además, la gente lo considera y lo respeta por los logros conseguidos; si éstos no existieran la gente no le habría votado como lo ha hecho.

Lo que sucede, aunque lo anterior es incuestionable, es que el Pujol de los primeros años de recuperación de la democracia y la autonomía política era un político con empeño, ilusión, con la ambición que se tiene cuando se inicia un proyecto, muy diferente al Pujol del período final, la de los últimos ocho años de los veintitrés de su presidencia. Es en esta etapa cuando pierde la mayoría absoluta y necesita aliados en el Parlamento que le permitan la permanencia en el poder e inicia lo peor de su trayectoria política.

Comparando su primer gobierno y el último es constatable que existe una pérdida de perfil cualitativo importante y supongo que, para el Pujol catalanista, demócrata y resistente antifranquista, lo que más decepción le debe producir es pensar que puede acabar su carrera política con el respaldo incondicional del único partido que no procede de la tradición democrática y ésas no son buenas compañías. Por otro lado, demasiados años desgastan, porque se van creando una serie de vicios en tu entorno que la proximidad no te permite ver.

En Cataluña se ha fomentado un bipartidismo que ha minado considerablemente la pluralidad y las iniciativas políticas

En estos años el Parlament ha sancionado una estructura de partidos sustentada en dos pilares: Convergència i Unió y el Partit Socialista de Catalunya, los cuales han tenido una clarísima voluntad de adjudicar al resto de los partidos un papel secundario, hecho que también quedará como uno de los más destructivos legados de la herencia Pujol. Llegamos con una Cataluña partida por la mitad, cada uno de ellos nos hace pagar con nuestros impuestos sus propios proyectos y veleidades partidistas; cada uno crea su propia televisión y radio públicas; ­cada uno mantiene su propio cuerpo de seguridad, su propia red de teatros ­públicos, sólo que en algunos casos están pagados por el Ayuntamiento, en otros por la Diputación y en otros por la Generalitat, pero en definitiva, pagados por los ciudadanos que somos quienes mantenemos estas instituciones.

Sin embargo, más allá de todo esto, también querría decir que una cosa es la relación entre los partidos y otra la relación personal con Pujol, que ha pa­sado por momentos menos buenos, pero que en este momento es no sólo ­correcta, sino también muy cordial.

No se trata tanto del relevo de la persona, sino de la sustitución del proyecto

En las democracias el cambio de cargos públicos se hace a través de los procesos electorales; desde el Jefe del Estado hasta el concejal del pueblo más pequeño. Pero el problema ahora no es quién sucederá a Pujol, es decir, el relevo de la persona, sino la sustitución del proyecto, porque un país no es sólo una persona. La cuestión es qué queremos hacer: cambiar a la persona para que lleve el mismo proyecto, o cambiar el proyecto político. Creo que, por tanto, la ambición no es poner a otra persona al frente de la Generalitat, sino poner un proyecto político por el que se haga todo lo que no se hizo en el periodo anterior. Sólo nos queda, en definitiva, agradecerle al President Pujol los servicios prestados, Cataluña en estos años ha avanzado bastante y ha experimentado un cambio importante, quizás algunos entendemos que se podría haber hecho más, pero hasta aquí se ha llegado. Ahora viene detrás otra gente, otra generación de políticos, los que quieren llegar más lejos y los que no.

El derecho de autodeterminación del pueblo catalán trasciende el Estatut de Sau y la Constitución de 1978

Algo que se olvida con frecuencia es que la existencia de Cataluña como nación es bastante previa a la transición. Cataluña como país, como pueblo, como comunidad nacional existía mucho antes de la Constitución de 1978 y del Estatut de Sau, existe ahora y seguirá existiendo cuando ambos desaparezcan; por lo que, en mi opinión, la realidad es el país: lo que podemos llamar un factor coyuntural son, precisamente, la Constitución y el Estatut. El derecho de autodeterminación es un derecho que en erc no sólo reconocemos, sino que lo llevamos en el pasado al Parlament. De hecho, la primera vez que éste aprobó ese derecho se hizo a partir de una iniciativa de Esquerra que redacté yo mismo en 1989.

Sin embargo, hay una parte de los partidos políticos que creen que en Cataluña no se puede decir nada que se salga de esos dos textos que he citado, pero otros estamos convencidos de que existe un derecho que los trasciende, el derecho del pueblo, de una comunidad nacional o de un país, para decidir lo que le parezca adecuado en cada momento de la historia.

Europa estará compuesta por un grupo de Estados que hace una docena de años ni siquiera existían como tales

En lo que concierne a la Europa de las regiones, creo que la única Europa posible o real es la de los Estados. En estos momentos son las formas estatales las que estructuran la Unión, y es algo que defiendo, una Europa de los Estados en la que mi país, Cataluña, sea un Estado más. La Europa de las regiones es el pretexto que se han inventado unos cuantos partidos que son incapaces de sacar adelante un proyecto de Estado para su propio país y, frustrados por su incapacidad, piensan que la fórmula regional podrá paliarla. Ni el Comité de las Regiones, en el que éstas participan junto a municipios, ni la Asamblea de las Regiones Europeas tienen, además, el más mínimo poder de decisión. Para alguien tan pragmático como soy yo, no cabe duda que la forma eficaz de estar representados es como Estado, pero ahora no lo estamos, y no porque seamos pequeños, pues en dos años veremos cómo la mitad de la Unión la componen Estados más pequeños que nosotros. Me pregunto ­cuándo se hará en Cataluña la reflexión sobre el hecho de que en el futuro inmediato Europa estará más unida que nunca, con una moneda y una política económica común, sin fronteras ni aduanas internas, con un sistema de ­defensa común, y puede que, incluso, con una representación internacional común. Y resultará que esa Europa estará compuesta por un buen número de Estados independientes que ni siquiera existían hace una docena de años.

Carecer de competencias en infraestructuras supone un serio obstáculo para la modernización de Cataluña

Un país moderno lo construye aquél que mira hacia el futuro, no pensando en la próxima legislatura, sino en la próxima generación; el gobernante que analiza y prevé cuales serán los problemas y las necesidades dentro de veinte o veinticinco años. Esto es algo que no se ha hecho nunca en Cataluña, puede que se hiciera con la Mancomunitat de Prat de la Riba3, porque después, en la Generalitat de la Segunda República, no hubo tiempo. Hoy día tenemos que el máximo proyecto en infraestructuras realizado por nuestro ­gobierno es el eix transversal, que ya se nos ha quedado pequeño, porque se ideó para solucionar las necesidades del momento sin prever las de un futuro inmediato. Las infraestructuras son la gran cuestión pendiente de Cataluña y que, desde mi punto de vista, más perjudican su proceso de modernización, porque ya estamos llegando tarde a la sociedad del conocimiento y las nuevas tecnologías.

Pujol ha antepuesto siempre la unidad civil y la convivencia del pueblo de Cataluña a cualquier otra consideración

Creo que la historia dirá de Pujol que ha sido un presidente con una conciencia nacional fuera de toda duda, pero que por una serie de circunstancias que algún día se analizarán, priorizó la modernización y democratización de España antes que trabajar por convertir Cataluña en una entidad con una ­capacidad de autogobierno y gestión verdaderamente nacionales.

Además, como líder del partido ha sabido consolidar no solamente Con­vergència, sino un sistema de partidos catalanes diferenciados del resto. Es decir, en Cataluña tenemos un sistema nacional de partidos, de la misma forma que en el País Vasco ganan unos partidos que no son los que vencen en Madrid, y aquí sucede exactamente lo mismo. Además, como President de la Generalitat ha acertado en haber puesto siempre por delante la unidad civil del pueblo de Cataluña, la convivencia del pueblo catalán como valor supremo.

1          Acabada la guerra civil, el gobierno franquista requisó toda la documentación institucional que pudo encontrar en las sedes de los partidos políticos catalanes y en sus instituciones de autogobierno, con el fin de determinar las afiliaciones políticas de los ciudadanos de Cataluña y sus actitudes durante el conflicto, y así poder juzgarles y tomar represalias con pruebas fehacientes en los tribunales que a tal efecto se instituyeron en los inicios de la dictadura. Esa documentación, de gran valor histórico, se encuentra en el Archivo Histórico Nacional, Sección Guerra Civil, con sede en Salamanca.
Con la llegada de la democracia, la ministra de Cultura socialista Carmen Alborch acordó con la Generalitat la devolución de los papeles, acuerdo que fue protestado desde el Ayuntamiento de Salamanca convocando airadas manifestaciones populares en su contra, de modo que se acabó relegando a un momento más oportuno. En la primera legislatura del pp, Aznar ratificó su voluntad de cumplir el acuerdo, pero ese compromiso se fue postergando hasta que, ya con mayoría absoluta, se desdijo de él.
2          Diada Nacional de Cataluña, en la que se conmemora la caída de Barcelona a manos de las tropas borbónicas en 1714, hecho que supuso la pérdida de las libertades catalanas y el fin de la Guerra de Sucesión.
3          En 1906 se constituyó Solidaritat Catalana, un movimiento autonomista en el que participaban la Lliga Regionalista, la Unió Republicana, y la Unió Catalanista, entre otros. Dos de los hombres más representativos de Solidaritat, Enric Prat de la Riba (1870-1917) y Francesc Cambó (1874-1947), fueron importantes personajes políticos en la primea mitad del siglo xx, siendo el primero el autor de La nacionalitat catalana (1906), una justificación filosófica de la creación de un Estado catalán dentro de una federación española. Dichas ideas inspiraron la creación en 1914 de la Mancomunitat de Catalunya, basada en las diputaciones provinciales y que representó el reconocimiento de la unidad territorial de Cataluña. Sin más presupuesto que el acumulado por las cuatro diputaciones, impulsó el Institut d’Estudis Catalans, la Biblioteca Nacional de Catalunya, la Escola d’Agricultura y la de Treball, entre otros organismos e infraestructuras. Durante los años 1918 y 1919 se impulsó una campaña a favor del estatuto de autonomía, que se vio frustrada al ser abolida la Mancomunitat por la dictadura de Primo de Rivera en 1925.