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Sr. Josu Olabarri Etxebarria
JOSU OLABARRI ETXEBARRIA.
Fotografía: Araluce Fotógrafos.

JOSU OLABARRI ETXEBARRIA. TMC ESPAÑA

Obra:

Texto del 18-09-2012

La necesidad de recuperar nuestro tejido industrial y de decantarse por la economía productiva, sumada a una insoslayable reestructuración del Estado autonómico, en cuyo seno solo tienen sentido las comunidades históricas con un hecho diferencial, sobresalen en el firme discurso del ingeniero industrial responsable de esta compañía de origen italiano, pionera y puntera en la fabricación en España de transformadores eléctricos secos encapsulados.

Entidad nacida de una empresa matriz en Varese (Italia)

Nuestra empresa, dedicada al diseño y la fabricación de transformadores eléctricos, se creó en 2003, y desde entonces ha vivido un crecimiento espectacular. Se trata de una filial de la empresa italiana TMC Italia S.p.A., cuya matriz se halla en Varese, una población del norte de Italia cercana a Milán. La compañía italiana decidió establecerse en España al observar que existía un mercado amplio y cuyo recorrido en el sector prometía extenderse un decenio como mínimo, puesto que el crecimiento y la mejora de las infraestructuras en nuestro país supondrían con toda probabilidad la adopción de los tipos de transformadores que se habían impuesto en países como Suecia y Alemania. Dada mi trayectoria profesional como ingeniero industrial vinculado durante los 35 últimos años al sector eléctrico y, durante las dos últimas décadas, al ámbito de los transformadores, se me ofreció la posibilidad de convertirme en el único agente comercial de la entidad para España y de capitanear su comienzo. Poco a poco logramos una cartera de clientes que permitió establecernos al fin como empresa propia en España, cuyos socios fundadores somos la matriz italiana y yo mismo.

Transformadores eléctricos secos y encapsulados de alta seguridad

Fabricamos transformadores eléctricos que convierten la alta tensión eléctrica de las compañías, variable según los territorios –puede ir desde los 11.000 hasta los 30.000 voltios–, a tensiones más bajas, bien sean los 400 voltios útiles para empresas y motores, bien los 220 para hogares. Hace un siglo se inventaron los primeros transformadores de aceite, los más emblemáticos y usados por el sector hasta fecha reciente, y que aún siguen empleándose en los ámbitos rurales e industriales en emplazamientos donde no hay pública concurrencia, ya que este tipo de dispositivo presenta un punto débil de seguridad: a consecuencia de alguna maniobra incorrecta, o si se produce un cortocircuito, puede salir ardiendo el aceite dieléctrico, con el riesgo de incendio o explosión que ello supone. El valor añadido de nuestros transformadores, en cambio, es la seguridad. Hoy se recomienda que los transformadores sean encapsulados y en seco, como los nuestros, sobre todo si han de colocarse en zonas de pública concurrencia. De hecho, sobre un 30% de los instalados en nuestro país son de este tipo, lo que evita estos accidentes.

Actividad estrechamente relacionada con la mejora de la calidad de vida

Nuestros clientes –unos 500 en la actualidad– están repartidos por la Península y Europa; suelen ser instaladores eléctricos que diseñan y materializan grandes proyectos en todo tipo de obras públicas y privadas: hoteles, estaciones de metro, centros comerciales, aeropuertos, bibliotecas, depuradoras de agua, incineradoras de residuos, etcétera. En definitiva, la construcción de cualquier gran infraestructura puede requerir de nuestros servicios. La expansión de nuestra compañía está estrechamente relacionada con el incremento de las infraestructuras y con la mejora de la calidad de vida, puesto que el confort y los avances tecnológicos siempre necesitan energía para implementarlos.

Alta cualificación de una plantilla reducida

Nuestro equipo humano está limitado siempre a unos 50 trabajadores estables más un número variable de colaboradores externos. Una parte significativa de nuestros empleados son profesionales altamente cualificados, sobre todo ingenieros industriales, contando con la cabeza más representativa en Alipio Uriarte, que se incorporó desde los inicios a TMC como director industrial y que cuenta con la colaboración de mi hijo Igor, que lleva siete años trabajando para TMC en calidad de ingeniero técnico. Además nuestra plantilla posee un dominio de idiomas, como el italiano y el inglés, lo que nos permite mantener una relación laboral directa con los clientes y la empresa matriz.

Sectores industriales y energías renovables

Evidentemente, con la crisis ha descendido mucho la demanda de nuestro producto en el sector de las infraestructuras; sin embargo, seguimos respondiendo a las necesidades energéticas de un amplio número de industrias –empresas de alimentación, del sector de la automoción, químicas, siderúrgicas, papeleras, etcétera–, y también del ámbito de las energías renovables, como la biomasa, la energía termosolar o la fotovoltaica.

Fabricamos el 25% de los transformadores que se instalan en España

Nuestro mercado está copado por grandes multinacionales, pero aun así fabricamos el 25% de los transformadores que se instalan en nuestro país. Nuestra gran apuesta durante estos años ha sido ofrecer un plus de calidad a través del asesoramiento, la supervisión y la revisión final de la instalación de los equipos.

En busca de nuevos mercados

La irrupción de la crisis, con la consiguiente reducción de la demanda, ha conllevado la búsqueda de nuevos mercados; en nuestro caso, en la actualidad exportamos más del 50% de la producción, sobre todo a Europa y Latinoamérica.

Las empresas producen riqueza y crean trabajo

Las empresas representan el gran motor económico del país, dado que no solo crean riqueza, sino también puestos de trabajo. Es necesario impulsar medidas que favorezcan la actividad económica, que incentiven y motiven a las entidades y que animen a los emprendedores a materializar sus aspiraciones. Por desgracia, la reforma laboral del Ejecutivo de Mariano Rajoy no ha cumplido las expectativas de los empresarios, que creíamos que se implantarían medidas de flexibilización del empleo, con una contratación y despido similares a los existentes en el norte de Europa para propiciar realmente la creación de empleo. La rigidez y el desequilibrio del marco actual coartan el crecimiento empresarial y, por ende, de toda la economía española.

Paulatina pérdida de nuestro tejido industrial

Hace 40 años poseíamos un considerable tejido industrial con presencia significativa de las grandes multinacionales, que empleaban a todo tipo de profesionales, desde los ingenieros titulados hasta los aprendices que entraban con una formación elemental y se iban forjando profesionalmente en las propias compañías mediante las escuelas de aprendices y maestros industriales creadas in situ. Hoy en día, la presencia de industrias multinacionales no es significativa, y la figura del aprendiz está desterrada, de manera que nuestros jóvenes profesionales poseen un elevado grado de formación, pero poca experiencia profesional.

La economía productiva es el verdadero sostén de las sociedades occidentales

En los últimos años ha tenido lugar en España un alarmante proceso de desindustrialización por el que hemos ido convirtiéndonos en un país de servicios –sobre todo, turísticos– y de consumidores. Necesitamos relanzar el sistema productivo, basado en el diseño, la manufacturación y la venta de los artículos, que representa el verdadero sostén de las economías occidentales, y dejar de lado las prácticas especulativas que jamás generan riqueza sostenible y duradera para la colectividad.

Responsabilidad de las entidades financieras en la crisis presente

En este sentido, las entidades financieras fueron las que más especularon y, durante los años de bonanza, tuvieron el único afán de incrementar sus beneficios a corto plazo. Por ello priorizaron la concesión de hipotecas a particulares sin tener en cuenta el riesgo de impago. 

Apoyar a las empresas en funcionamiento

Si deseamos impulsar la actividad económica, es imprescindible proporcionar sobre todo viabilidad financiera a las empresas en funcionamiento para que dispongan de circulante para pagar la Seguridad Social, las facturas de los proveedores, etcétera.

Un Estado que contemple solamente las autonomías con un hecho diferencial

Con la democracia, se ha ido configurando una estructura estatal difícilmente asumible desde el punto de vista económico, además de poco justificable. Como ejemplo, baste señalar el despropósito que suponen las comunidades autónomas uniprovinciales, como es el caso de Madrid. No estoy en contra del Estado de las Autonomías, pero debe refundarse siguiendo criterios de equidad y no de falso igualitarismo; solo tienen sentido las autonomías pluriprovinciales marcadas por un hecho diferencial: la lengua propia. No obstante, dado que la enmienda de este dislate está en manos de los dos grandes partidos nacionales, cuya política ha estado tradicionalmente vinculada a intereses electorales y particularistas, es difícil que se atrevan a llevar a cabo esta reforma.

Poco espacio para el optimismo

Pese a los mensajes optimistas del Ejecutivo, las empresas están muy debilitadas y sus reservas económicas son escasas, por lo que podría acrecentarse todavía más el efecto dominó de cierre de sociedades. De hecho, esta debilidad resulta patente al conocer que se han presentado diez veces más expedientes de regulación de empleo durante lo que llevamos de ejercicio que en 2011.

Fuga de cerebros

La recesión está provocando la salida al exterior de nuestros mejores talentos, lo que puede repercutir en nuestro futuro a medio y largo plazo si no conseguimos que vuelvan y aporten sus enormes capacidades al progreso del país.