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JUAN ANDREU PUJOL
JUAN ANDREU PUJOL BUFETE ANDREU Palma de Mallorca Licenciado en 1957 – Ejerce desde 1958
JUAN ANDREU PUJOL BUFETE ANDREU Palma de Mallorca Licenciado en 1957 – Ejerce desde 1958

JUAN ANDREU PUJOL BUFETE ANDREU Palma de Mallorca Licenciado en 1957 – Ejerce desde 1958

Obra:

Texto del 14/07/08,
Fotografía: Estudio Foto 3.

En 1958, Juan Andreu fundó el bufete que lleva su nombre y que hoy es un referente en Palma de Mallorca. Aunque recibió la Medalla de Oro del Colegio de Abogados de Baleares por sus 50 años de dedicación intensiva y vocacional a la abogacía, sigue manteniendo el entusiasmo por su profesión. Aboga por un poder judicial independiente que garantice una democracia sólida, estable y tranquilizadora. Además, reclama una clase política más madura, menos partidista y con figuras realmente punteras.

La mejor manera de envejecer es seguir en activo

Llevo 50 años trabajando como abogado y no he perdido un ápice de la ilusión que tenía cuando comencé la carrera. Sigo disfrutando al estudiar y defender cada caso. Es una suerte, una riqueza extraordinaria, poder trabajar en algo que te apasione, porque no supone ningún esfuerzo llevarlo a cabo. La distinción de mis compañeros del Colegio de Baleares supone todo un orgullo, pero lo que considero verdaderamente importante es poder seguir ejerciendo la profesión en perfectas condiciones de salud. Por suerte, me encuentro bien y mi cabeza sigue funcionando. Siempre digo que la mejor manera de envejecer es seguir en activo; por eso trabajo 12 horas diarias.

En una ciudad como Palma la especialización no es viable

Nuestro despacho tiene abiertas sus puertas en Palma de Mallorca desde 1958. Ofrecemos, junto a mi yerno, el abogado Higinio Muñoz, y mi hija, María José Andreu, que es procuradora, servicios de asesoramiento legal en Derecho civil y mercantil, Derecho de la circulación, de familia, Derecho administrativo, urbanístico y penal. Tocamos una amplia gama de Derecho privado porque en una ciudad como Palma las especializaciones son prácticamente imposibles. Además, una variedad de trabajo siempre es interesante para evitar la monotonía de una dedicación en exclusiva.

Qué pasaría cuando Franco muriera

La Transición fue un milagro. En aquella época tenía unos 50 años y, cuando me reunía con los amigos para cenar, la pregunta final de la noche, después de estar hablando de mil cosas, siempre era la misma: ¿qué pasará cuando Franco muera? Nada era predecible en aquellos momentos. Y finalmente todo transcurrió, a mi modo de ver, de una manera muy afortunada.

Ejemplo de los políticos de la Transición

En aquella época, la incógnita sobre lo que iba a suceder y la posibilidad de un futuro nada halagüeño hicieron que finalmente todos actuaran con cordura y con sentido común. En lugar de enfrentarse, se arroparon, se unieron y trabajaron codo con codo para que todo saliera adelante. En contraposición, los políticos actuales sólo piensan en el voto. En ocasiones parece que se busque enfrentar nuevamente a las dos Españas. Y esto es grave para un país. Ya sean de un color político o de otro, siempre hay un poso de revanchismo que les lleva a contradecir las posturas del adversario, sean las que sean.

La Constitución fue un texto legal de consenso

La Carta Magna supuso el mejor guión posible, por decirlo pragmáticamente. Considero que acabaron realizando un texto bastante aceptable teniendo en cuenta el contexto que se vivía. No podemos olvidar, por otro lado, que ha permitido que España viva el período más largo de paz de su historia. Evidentemente, es perfectible; sin embargo, se ha de tener en cuenta que sólo tiene 30 años de vida. La Constitución norteamericana es de 1787 y el Derecho consuetudinario de Gran Bretaña parte de la Carta Magna de 1215. Con ello quiero decir que es mejor actuar ponderadamente, que cualquier modificación debe hacerse aplicando mucho sentido jurídico y cordura. Si se decidiera modificar la Constitución habría que hacerlo sin pensar en las distintas ideologías ni en las banderías, sino en el bien común de todos los españoles.

Con frecuencia se dictan leyes muy partidistas

Hay leyes que tienen connotaciones políticas e ideológicas importantes. Y según el partido que gobierna se dictan unas normativas u otras. En realidad, esto es normal porque forma parte del juego democrático pero debe reconocerse que, a menudo, se dictan leyes demasiado partidistas, que podrían mejorarse si se pensara en el bien común de todos los españoles. Por otra parte, a un nivel técnico-jurídico, considero que se han producido ciertas mejoras. Por ejemplo, la Ley de Enjuiciamiento Civil ha ganado en cuanto a la inmediatez del juez y con la posibilidad de la ejecución provisional de la sentencia. Antes se demoraba mucho todo el proceso.

Sólo la total independencia del poder judicial garantizará una democracia estable y sólida

Para un abogado de una comunidad como la mía el trabajo profesional se resuelve bien. Los jueces hacen lo que pueden dentro de las múltiples dificultades con que se encuentran: falta de tiempo, de personal, de tecnología… Pero entiendo que actúan de buena fe y con un sentido jurídico válido. El problema se centra en el Tribunal Supremo o en el Tribunal Constitucional, en donde, presuntamente, a veces las votaciones están politizadas. Esto es grave para la democracia y para la Justicia. Y ocurre desde el momento en que los miembros de dichos tribunales son elegidos por el consenso de los políticos. El poder judicial tendría que ser totalmente independiente: sólo así llegaremos a contar con una democracia sólida, estable y representativa.

Penalización excesiva, algo contraproducente

Cuando un padre educa siempre con la reprimenda, finalmente el hijo llega a acostumbrarse. Penalizar en exceso no es positivo. Ahora bien, las leyes han de cumplirse, las soluciones deben ser rápidas, las sentencias tienen que estar bien fundamentadas y es necesario también que sean ejemplarizantes.

Eficacia, rapidez y poca utilización del arbitraje

Los abogados de mi generación pensamos que vale más un mal arreglo que un buen pleito. Sin embargo, ocurre que, con frecuencia, consensuar un buen acuerdo es imposible. Otras veces, la transacción no es factible por circunstancias personales del cliente. De todas maneras, pienso que es preferible buscar remedios que cargar en exceso a los tribunales. Una solución válida es el arbitraje, una vía rápida y eficiente, pero en nuestro país se va introduciendo muy lentamente.

Las autonomías permiten una mayor cercanía al ciudadano

La descentralización ha supuesto una solución positiva pese a que ha aumentado mucho el gasto público. Hay quien compara, jocandi causa, el Estado de las Autonomías con un gran botijo con diecisiete pitorros del cual todo el mundo bebe. La gran ventaja es que, de esta manera, el gobierno está más próximo al ciudadano y podemos conocer mejor a nuestros representantes. Por el contrario, en determinadas autonomías, se aprecian evidentes ansias separatistas que afectan directamente a la unidad territorial de la nación.

Necesidad de consenso en el problema de la territorialidad

Como acabo de indicar, la territorialidad de la nación es un tema delicado, que será preciso afrontar con valentía y siempre dentro del marco constitucional. Sería positivo que nuestros representantes se sentaran y discutieran sobre lo que el pueblo realmente reclama, porque a menudo lo que los políticos discuten no tiene nada que ver con lo que preocupa a la gente de a pie. Muchas veces, las actitudes vociferantes de una minoría parecen prevalecer sobre la mayoría silenciosa. El ciudadano debe ser responsable de sus derechos y obligaciones.

Juan Carlos I como figura decisiva durante la Transición

Se necesitó una persona que aglutinara todo el panorama político que afrontábamos y el Rey supo interpretar ese papel. En su tiempo fue un hombre joven y deportista. Representaba, dentro del país pero también en el exterior, la idea de una España joven y democrática, con ansias de modernidad; una imagen contrapuesta al régimen anterior. Por otro lado, creo que la actual monarquía española ha tenido una gran ventaja: no ha permitido que a su alrededor se formara una corte a la antigua usanza. La Familia Real se muestra sociológicamente como una familia normal, afrontando problemas comunes a la mayoría, como por ejemplo el divorcio. En cuanto al futuro, es una incógnita. Veremos si el príncipe Felipe tiene el mismo carisma que su padre. Es un hombre moderno y una persona muy preparada.

No me asusta la idea de una España republicana

Hay quien dice que el hecho de que la monarquía sea hereditaria va en contra de muchos principios. Personalmente, no me asusta la idea de una España republicana, siempre y cuando tuviéramos una clase política madura y con figuras punteras, de auténtica autoridad moral. Por desgracia, los ejemplos que hemos vivido de sistema republicano no han sido nada positivos, degenerando en sucesos vandálicos en los que los “españolitos” mostraban todas sus carencias y sus peores conductas. En Mallorca se consagró la frase “esto es una república” para definir una situación caótica, sin orden ni concierto.

El agua es un bien natural al que todos tenemos derecho

El agua es un recurso que todos necesitamos y al que todos tenemos derecho. Que una región quiera aprovechar para sí el caudal del río que pasa por su territorio, negándolo a las demás regiones vecinas, me parece un gran agravio. El reparto de tan preciado bien debe tener por fundamento la solidaridad. Fue lamentable que se abortara el Plan Hidrológico Nacional. Actualmente los problemas siguen siendo los de siempre y asistimos al triste espectáculo semántico de no querer llamar las cosas por su verdadero nombre: me refiero a los trasvases. ¿Por qué los políticos no reflexionan, desde la solidaridad, sobre nuestros limitados recursos hidráulicos en función de las necesidades objetivas que hay que atender? La solución, mañana…