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JUAN DE DIOS DEXEUS TRÍAS DE BES
JUAN DE DIOS DEXEUS TRÍAS DE BES BUFETE DEXEUS Barcelona Licenciado en 1949. Ejerce desde 1950
JUAN DE DIOS DEXEUS TRÍAS DE BES BUFETE DEXEUS Barcelona Licenciado en 1949. Ejerce desde 1950.

JUAN DE DIOS DEXEUS TRÍAS DE BES BUFETE DEXEUS Barcelona Licenciado en 1949. Ejerce desde 1950

Obra:

Texto del 20-05-2008,
Fotografía cedida por Juan Dexeus.

Su extensa trayectoria profesional permite a Juan Dexeus contrastar la situación de la España de la Transición con la actual. Fundador de uno de los bufetes colectivos más antiguos del país, su responsabilidad como Cónsul-General Honorario del Gran Ducado de Luxemburgo le ha permitido jugar un papel importante en el campo de las relaciones internacionales. Autor de numerosas publicaciones, conferencias y artículos periodísticos, se suma al linaje de personajes ilustres que fundamentan sus apellidos.

Creador de uno de los primeros bufetes colectivos y Cónsul-General de Luxemburgo

Tras cursar estudios universitarios de Derecho y Economía, me especialicé en el mundo de la empresa y, en el año 1956, fundé el primer bufete colectivo del país. Hasta aquel momento, en España sólo se ejercían las profesiones liberales en el ámbito estrictamente individual y personal. Bufete Dexeus está especializado en Derecho internacional, mercantil, fiscal e inmobiliario. Las restantes ramas jurídicas las atendemos directamente o contamos con colaboradores para asuntos concretos. Mi responsabilidad actual dentro de la empresa es la de Presidente. Paralelamente, desempeño la función de Cónsul-General Honorario del Gran Ducado de Luxemburgo desde 1977, lo que me ha permitido contribuir en el campo de la inversión extranjera en España y en la proyección catalana hacia el exterior. Por otro lado, tengo el honor de haber sido nombrado Caballero de la Orden del Mérito Nacional de la República Francesa en 1996, así como Comendador de la Orden del Mérito en 1980 y Comendador de la Orden Gran Ducal de la Corona de Roble en 1997, ambas del Gran Ducado de Luxemburgo.

Relevancia familiar de los Trías de Bes

Cuando finalicé mi formación fui consciente de la importancia de mi apellido materno dentro del mundo del Derecho, algo que, a su vez, creaba cierta confusión, ya que los Trías somos una familia muy extensa. Por ello, decidí renunciar a él en el ámbito profesional y opté por utilizar únicamente el de Dexeus. También determiné que no me dedicaría al clásico pleito y desarrollé la especialidad fiscal y mercantilista. Luego, al crear mi despacho colectivo, recuperé la palabra bufete, un término que en Cataluña había quedado olvidado.

Josep Tarradellas y Gaston Thorn

He dedicado parte de mi trayectoria profesional a trabajar en el ámbito internacional. Mi condición de Cónsul-General de Luxemburgo me facilitó una buena relación con Gaston Thorn, quien, después de la Presidencia de su país, ocupó la de la Comisión Europea. Este vínculo me permitió realizar un acercamiento entre Cataluña y Europa, que se materializó con el encuentro entre Gaston Thorn y el entonces President de la Generalitat de Catalunya, Josep Tarradellas. A pesar de que la ley prohibía la proyección internacional de las autonomías, nadie pudo impedir a un jefe de gobierno extranjero su deseo de saludar al presidente de una autonomía en la que veraneaba; quedaba así abierta la brecha por la que Cataluña entraba en las Comunidades Europeas. El President Pujol, evidentemente, desarrollaría al máximo el camino iniciado.

Trabajo conjunto por el éxito de la Constitución

En cuanto a la actividad y la actuación de sus impulsores, la Constitución de 1978 fue un éxito. Pocas veces en España hemos sido capaces de trabajar conjuntamente como en aquel momento; se dejaron atrás disputas y recelos, lo que dio entrada a la democracia en nuestro país.

Herederos de un sistema electoral obsoleto

Quizá el peor legado que nos dejó la Constitución sea el sistema electoral por el cual nos seguimos rigiendo actualmente. Considero las listas cerradas un error, puesto que otorgan un poder excesivo a los partidos e impiden que se creen figuras políticas con peso propio. El sistema electoral actual es la causa principal del alejamiento entre los electores y los elegidos, y también uno de los motivos de abstención y de la pérdida de prestigio de los partidos políticos.

Puesta en marcha de la maquinaria democrática y electoral

Para entender el presente sistema electoral debemos remontarnos a la Transición y recordar que, en aquel momento, el único partido que existía como tal era el Partido Comunista de España, que Franco contribuyó a consolidar con las elecciones sindicales. Por consiguiente, la idea de crear una lista electoral cerrada concedía fuerza a las coaliciones de nueva creación para poner en marcha la maquinaria democrática y electoral del Estado español.

Aceptar la Constitución implicó aceptar la Monarquía

Durante el referéndum constitucional de 1978, los ciudadanos no fueron plenamente conscientes de que aceptar la Constitución implicaba, a su vez, aceptar la Monarquía parlamentaria como forma política del Estado. Debemos recordar que don Juan Carlos heredó los poderes del general Franco y, después de cuarenta años de dictadura franquista, plantear abiertamente su instauración como monarca constitucional se convertía en una cuestión delicada tanto para los dictatoriales como para los liberales.

La actuación de la Corona

Actualmente, la Monarquía española cumple un papel moderador. Su Majestad el Rey arbitra sin silbato y ejerce una gran influencia sobre los diferentes partidos políticos. Con su prestigio, la Corona refuerza nuestras relaciones internacionales. Otro aspecto importante de la Monarquía se aprecia en el hecho de que las Fuerzas Armadas españolas perciban la figura del Soberano como la cúspide de la estructura estatal. Don Juan Carlos evita toda actuación políticamente innecesaria: tiene para ello la mejor escuela, pues la larga y difícil coexistencia con el general Franco formó indudablemente su carácter y le dio un extraordinario autocontrol. A muchos españoles les parecía falto de personalidad o simple juguete de la política franquista. Yo tuve la suerte de conocerle en una larga entrevista cuando aún no era Príncipe de Asturias, y salí convencido de que conocía sus posibilidades y sabía claramente lo que podía o no podía hacer. Creo que todavía hoy persiste el mal recuerdo de las desgraciadas intervenciones que, sin mala voluntad pero realmente con ligereza, efectuara su abuelo, el rey Alfonso XIII. Intuyo también que, con su cautela, don Juan Carlos marca su voluntad de no inclinarse por ningún partido político.

Es preferible una monarquía bien delimitada a una república

No me considero monárquico tradicional porque, ni es una costumbre de mi entorno familiar, ni tampoco en Cataluña existe una tradición demasiado arraigada al respecto. Pese a ello creo que, en un estado como el nuestro, una monarquía bien delimitada es preferible a una república. A un presidente de la república siempre se le podrá reprochar el hecho de pertenecer a la misma coalición que gobierna el país y, consecuentemente, de ser partidista, teoría que, ya en su momento, defendieron los autores del Golpe de Estado contra la Segunda República española.

No nos podemos permitir ser separatistas

Creo que el Estado de las Autonomías ha representado un progreso importante para el país. El contenido autonómico no es más que el reconocimiento de la mayoría de edad de las regiones. Hoy las autonomías están salvando la unidad nacional porque permiten que las diferentes regiones puedan resolver sus problemas, que se solventan mucho mejor en su lugar de origen que desde el Gobierno central. Personalmente me siento catalanista, pero no soy separatista. En el mundo actual, la segregación es algo que una pequeña nación no puede permitirse.

Algunas leyes de la dictadura franquista han perdurado

Durante el franquismo, el ámbito político del país no estaba enmarcado dentro de un Estado de Derecho. Hasta el último momento, por ejemplo, el general Franco se reservó la potestad de condenar a muerte a quien él considerase oportuno. No obstante, no podemos negar que en su etapa final España disponía de una estructura legal: parte de la legislación de entonces ha perdurado hasta nuestros días y ha sido respetada; como ejemplo, ciertas leyes sociales que han seguido vigentes.

El legislador apenas consulta al técnico

En España nos regimos por una legislación oportunista y superficial. La prisa por crear leyes y el deseo por contentar a todos las convierten en un rompecabezas cuyas piezas son difíciles de encajar. Naturalmente, éste es un problema que incide directamente en el funcionamiento de las instituciones y del sistema jurídico. Por eso creo que los distintos colegios de abogados deberían asumir una intervención más activa, aunque desgraciadamente la realidad confirma que la consulta a expertos en Derecho por parte de las administraciones competentes es una práctica desconocida.

Politización del alto tribunal

La Justicia es la gran olvidada de la Transición española. La figura del juez debería ser más valorada y respetada, algo que no sucede actualmente. A menudo percibimos la politización del Tribunal Supremo y del Constitucional, una situación que es humillante para el pueblo y desmoralizadora para los abogados. Hoy parece que no exista ningún magistrado capaz de votar con criterio independiente. Y ello demuestra que no hemos sabido reforzarles en su papel.

Deberíamos rebelarnos contra el silencio administrativo

Una de las deficiencias más evidentes de nuestras administraciones es el llamado silencio administrativo, que permite a éstas no responder a una solicitud o a un recurso en el plazo que tiene establecido. Considero urgente la regularización de este problema; para ello, la autoridad, el funcionario o el personal encargado de resolver debería ser responsable del incumplimiento con sanciones disciplinarias o, incluso, con la pérdida de empleo.