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Juan José Ibarretxe
JUAN JOSÉ IBARRETXE. Lehendakari desde 1999
Juan José Ibarretxe Lehendakari desde 1999

JUAN JOSÉ IBARRETXE. Lehendakari desde 1999

Obra:

Texto del 06/11/2002
Fotografía cedida por J.J.I.

Admirado por algunos e incomprendido por muchos, Juan José Ibarretxe es una de las figuras políticas vascas que pasará a la historia por su coraje e iniciativa en la normalización de la vida pública de Euskadi.

Un político que basa su andadura en el respeto a las identidades y en la convivencia armónica. Un vasco que cree en el diálogo más que en la ruptura.

Un hombre de Estado que hace alta política.

El regreso del gobierno vasco en el exilio

En el caso del País Vasco tuvimos nuestro particular ja sóc aquí1 cuando ­regresó, en 1979, el Lehendakari Leizaola (elegido tras la muerte del Lehen­dakari Aguirre2), que fue recibido por la ciudadanía vasca en el Campo de San Mamés. Lo recuerdo como si fuera una fotografía. Fue extraordinario, creo que supuso uno de los momentos ciertamente emocionantes en la vida de los hombres y mujeres de Euskadi.

En ese primer momento todos nos posicionamos, nos sentamos en el mismo banco por decirlo de alguna manera, en contra de lo que había sido una época realmente dramática debido a la ausencia de libertades. A partir de entonces, sin embargo, la verdadera riqueza de la democracia ha sido y es, no tanto ­tener que luchar todos juntos para recuperar las libertades, sino poder defender cada cual sus ideas con libertad. Pero en política, desgraciadamente, es muy poco frecuente asumir con normalidad la capacidad de ordenar el ­debate sobre las discrepancias.

Ilusión por la recuperación de los derechos nacionales

Recuerdo especialmente, en los primeros momentos de recuperación de la democracia, la convicción que se respiraba y que ésta fue particularmente importante en las gentes del País Vasco y Cataluña. Las dificultades que afron­taron el Lehendakari Garaikoetxea en Euskadi y el President Pujol en Cata­luña, para organizar en aquellos inicios los autogobiernos vasco y catalán, fueron considerables. Realmente debió ser una labor ímproba, nutrida de la esperanza de las sociedades vasca y catalana, que deseaban construir un ­nuevo modelo de convivencia y recuperar espacios de autodeterminación; en ese sentido creo que el trabajo que hicieron tanto el Lehendakari Garai­koetxea como el President Pujol fue importantísimo.

Pactos y lucha por la identidad

A lo largo de la historia, tanto en Cataluña como en Euskadi se ha ejercido el poder con identidad propia a través de acuerdos. En nuestro caso, primero con la Corona de Castilla, más tarde con la monarquía española de los Austrias y los Borbones. A lo largo de cientos de años, siempre ejercimos el autogobierno basándonos en el pacto y en el respeto a nuestra identidad. En efecto, durante la transición, tanto el nacionalismo catalán como el vasco hicieron un enorme esfuerzo para que el proceso de recuperación de parte de nuestro autogobierno a través de los estatutos fuera ordenado y pacífico. Estoy hablando del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y de Convergència i Unió (CiU), así como de otras formaciones nacionalistas que colaboraron en el proceso, dejando aparcadas de momento sus posibles divergencias.

Las Carlistadas y la supresión de los Fueros

Los vascos y las vascas necesitábamos recobrar nuestros derechos históricos y nuestra propia fórmula de gobierno, que nos fue arrebatada por la fuerza de las armas. Recordemos que la abolición de los Fueros3 vascos se produce tras la Primera y Segunda Guerras Carlistas, en el siglo xix. En 1839, después de la Primera Guerra Carlista4 tiene lugar la primera supresión foral, en concreto se nos retira el pase5 foral, que era la capacidad que poseían las instituciones de los territorios vascos, Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra, para aplicar el viejo principio de obediencia, cifrado en el adagio “se obedece pero no se cumple”, para todo aquello que fuera contra nuestras propias ­leyes. En 1876, después de la Segunda Guerra Carlista se verifica la abolición de la exención militar, ya que los vascos no cumplían, hasta entonces, servicio obligatorio en el ejército español, así como la anulación de la exención fiscal, y se nos obliga a aportar un cupo a las arcas del Estado español, aunque se mantuvieron algunos vestigios de foralidad en la institución del concierto económico, que otorgaba a las diputaciones forales de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra la capacidad de exención de impuestos. Con este bagaje histórico, tras haber ejercido un nivel de autogobierno de amplia trayectoria a lo largo del tiempo, comenzamos a negociar, después de la muerte de Franco, el estatuto de autonomía.

Franco atacó todos los signos de identidad vasca

Con Franco se produce la declaración de Guipúzcoa y Vizcaya como provincias traidoras. En 1936 se les retira el último vestigio de foralidad coservado en el concierto económico: la capacidad de recaudar impuestos para desarrollar determinadas actividades. Paulatinamente, comienza un ataque frontal a los signos de identidad de la cultura vasca. Uno tras otro se sucedieron los decretos contra nuestra lengua, prohibiendo su uso, al principio en las instancias administrativas pero más tarde en todos los ámbitos de la vida ­pública. Incluso el clero, en la medida que tuvo, y sigue teniendo, una importancia capital en el mantenimiento de la identidad de la cultura vasca, fue también objeto de persecución. Pero Franco no sólo persiguió a los nacionalistas, del mismo modo reprimió a los socialistas vascos como Ramón Rubial y Nicolás Redondo, y a tantos otros (también a los comunistas, ­como Dolores Ibárruri). La persecución de Franco a los colectivos que defendían la identidad de lo vasco, fueran nacionalistas o no, se produjo con ­especial saña y beligerancia.

Constitución y derechos históricos

Por todo ello, para nosotros ha sido siempre una cuestión política fundamental recuperar la situación anterior de foralidad (de hecho, hubiera sido una reivindicación absolutamente natural el poseer nuevamente el espacio de autogobierno que teníamos, antes de que fuera abolido, algo que, por otra parte, queda recogido en la propia Constitución). En consecuencia, ahora ponemos sobre la mesa la propuesta de estatus de libre asociación de Euskadi con el Estado español, en referencia a la propia Disposición Dero­gatoria 2ª de la Constitución española, por la que quedan derogadas las leyes abolitorias de los Fueros. Anulando las leyes de 1839 y 1876 se reconoce explícitamente la existencia de unos derechos históricos anteriores a la propia Constitución; de lo contrario, no hubiera tenido sentido formular dicha Disposición. Para una gran mayoría del pueblo vasco, la auténtica Constitución la componen precisamente los derechos históricos arrebatados. Y desde ese punto de vista, es importante recordar que sólo el 30% de los vascos apoyaron la Carta Magna actual en el referéndum constitucional, un dato a considerar por quienes invocan la necesidad de mayorías cualificadas para llevar a cabo cualquier cambio en el estatus constitucional que afecte a la relación entre Euskadi y España.

Reconocimiento y admiración hacia Jordi Pujol

El pueblo vasco observa al catalán en general y al President Pujol en particular con estimación. La admiración de Cataluña hacia el pueblo vasco es ­recíprocamente compartida. Además, somos pueblos que históricamente hemos mantenido una buena colaboración. Recordemos que cuando se produce el golpe de Estado de Franco, el trato entre el President Companys y el Lehendakari Aguirre era magnífico. Incluso el propio gobierno vasco tiene durante algún tiempo su sede en Cataluña y muchas de nuestras acciones se emprenden desde Cataluña con el decidido apoyo de la Generalitat. Hace pocos meses tuve ocasión de entregar al President Pujol los papeles de la Generalitat que, durante muchos años, fueron guardados en una sede del gobierno vasco exiliado en Francia. Fue un honor para mí entregar a Jordi Pujol, en nombre del País Vasco, unos documentos pertenecientes al pueblo y a las instituciones de Cataluña, conservados por nosotros durante mucho tiempo. Y lo hice desde el reconocimiento personal y con la admiración ­política que profeso por el President Pujol y su trabajo. El President ha ­hecho muchísimo por el autogobierno y los derechos de los catalanes y catalanas. Por ello goza del respeto de la sociedad vasca y, evidentemente, de ­este Lehendakari.

A pesar de las dificultades, el President Pujol hizo un uso inteligente del nivel de autogobierno que había sido pactado por Cataluña a través de su Estatut d’Autonomia. Y creo que ha conseguido, además, una interpretación eficaz de los elementos concertados. Quizás en aquellos momentos era el único acuerdo al que se podía llegar, y estoy convencido de que tanto Garaikoetxea como Pujol supieron aprovechar el momento político con mucha inteligencia en la negociación. Afirmar veintitrés años después que no supieron llevar las reivindicaciones hasta el final, que se hizo poco o que fue insuficiente, sería enormemente injusto. Pienso que hicieron lo que se ­podía hacer en ese momento y que tanto el pueblo vasco como el catalán, sinceramente, tiene mucho que agradecerles a ambos.

Cultura y lengua, bases identitarias del pueblo vasco

Mantener la propia identidad es una aspiración básica de los vascos y las ­vascas, y la piedra angular de la identidad de un pueblo es su cultura y su idioma. Para conseguir este objetivo hemos realizado enormes esfuerzos; considero fundamental esta tarea, que debe formar parte de la primera ­línea de actuación de un país, de un pueblo, al igual que se ha hecho en Cataluña. La sociedad vasca debe hablar euskera porque es nuestra lengua y porque somos los únicos que hablamos euskera en el mundo. Quizás en Cataluña ha sido más fácil contar con una sociedad bilingüe. De cualquier modo, a estas alturas ya no cabe hablar de bilingüismo, las sociedades ­tienen que ser multilingües. Estoy convencido que el euskera no puede ser nuestra única lengua, debemos hablar castellano, porque también nos ­pertenece, además de francés (también es nuestra), e inglés, si queremos ­relacionarnos con buena parte del mundo. Pero el euskera es nuestro patrimonio y, si lo perdemos, también lo perderá el mundo. No hay que reparar en esfuerzos para mantenerlo vivo.

El euskera es el único vestigio vivo de la prehistoria europea

Es un mérito importante que, si a la muerte de Franco sólo el 14% de la población de la comunidad autónoma vasca era bilingüe, hoy seamos ya el 34% quienes hablemos ambas lenguas. Lamentablemente, estos datos no son tan positivos en Navarra o en Iparralde, los territorios vascos de Francia, donde el número de euskaldunes ha ido descendiendo. Pero el esfuerzo realizado tiene una relevancia extraordinaria, como ocurre en Cataluña. Aun­que, en nuestro caso, el euskera sea una lengua complicada. Como dice Jesús Altuna, presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, el euskera es el ­único vestigio vivo de la prehistoria europea. Ello significa que en nuestro solar patrio hay vascos y vascas desde el mesolítico, hace más de siete mil años. Y esta lengua, la más antigua de Europa, es una de las lenguas oficiales de España.

Las patrias no se pueden imponer

Como nacionalistas democráticos, debemos rechazar ese nacionalismo de suma cero, construido sobre el grave error de negar a los demás; se trata de una actitud peligrosa y reaccionaria, porque las patrias no pueden imponerse. Euskadi es una nación, al igual que Cataluña, mas hay vascos y catalanes que consideran a España su nación, y esto es perfectamente legítimo. Y no tienen que sufrir ninguna discriminación por ello, puesto que son ciuda­danos vascos con los mismos derechos, con independencia de su sentimiento nacional. Pero, ¿qué problema hay con eso? Cuando el mundo está repleto de Estados con regímenes de cooficialidad6 de lenguas y nacionalidades, ¿qué dificultad hay en que también convivamos ciudadanos y ciudadanas con los mismos derechos, se sientan españoles o vascos? ¿Qué inconveniente hay en un planteamiento de esta naturaleza? El problema es el nacionalismo de suma cero, tanto el español que le niega a un vasco su sentimiento nacional como el nacionalismo vasco que así mismo le niega que se sienta español. ¡Estas situaciones de exclusión son intolerables! Tenemos que asumir la ­diversidad con absoluta naturalidad.

Los perjuicios de la violencia

La violencia se está utilizando como mercancía política para obtener ­votos y réditos electorales. No hay nada más injusto que tachar a la sociedad vasca de violenta, de estar crispada, de ser una sociedad en donde las personas se extorsionan unas a otras. Se trata de una visión impropia, ­tergiversada de la realidad, porque el pueblo vasco ha sido y es eminentemente pacífico y trabajador. La imagen dada en los medios de comunicación de una sociedad exacerbada, el tráfico electoral de las imágenes de la violencia, el catalogar indiscriminadamente las ideas, ha pretendido y pretende igualar nacionalismo vasco y violencia. ¡Que barbaridad! El nacio­nalismo vasco lleva más de cien años organizado en este país, y ha combatido todas las dictaduras, la de Primo de Rivera, la de Franco y también las de ETA, de la Kale Borroka o del GAL. Tanto la sociedad ­vasca como el nacionalismo democrático se han posicionado en contra de todas las violaciones de los derechos humanos. De los ciento cinco años que tiene el nacionalismo vasco como movimiento, la mitad ha sido ­prohibido y perseguido, y sus militantes asesinados por defender determinados ­ideales, y curiosamente, ahora se proyecta la idea de que ese nacionalismo, siempre posicionado en contra de la violencia, venga ésta de donde venga, es lo mismo que ETA. Es decir, se pretende igualarnos a los violentos. ¡Pero qué barbaridad estamos transmitiendo!

En el acercamiento está la sabiduría

He sido toda mi vida, y lo soy, un defensor del diálogo, del acuerdo, del ­pacto. Me parece que negar en política su validez es negar, entre otras cosas también, la solución de los problemas, cosa que no deberíamos hacer nunca. Es decir, el problema no consiste en hablar exclusivamente en términos de acercamiento de las posiciones de unos y otros, sino de un verdadero espíritu de alcanzar el acuerdo. La palabra diálogo ha impregnado ­durante años tanto la política catalana como la vasca, entre otras cosas porque hemos vivido mucho tiempo a base de pactos, y seguiremos haciéndolo en el futuro. Porque ni Euskadi ni Cataluña pueden construirse contra España, contra Francia o contra Europa, ¡ni contra nadie! Y desde este punto de vista, uno de los mayores problemas que ha tenido la política en España en los últimos tiempos, ha sido denostar la palabra diálogo para resolver los conflictos de convivencia, no sólo en lo que respecta a Euskadi y Cataluña, sino también en relación con los problemas de la sociedad en ­general. Todos negociamos cada día, con nuestros hijos, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros cónyuges, ¡negar el diálogo es negar la solución! Pero parece que es más cómodo refugiarse en las trincheras, es más fácil hacer la guerra que la paz porque para hacer la paz hay que hablar. Y para hablar uno tiene que desvestirse de prejuicios, porque sin el ropaje de las ideas estereotipadas todos nos parecemos más, pero sucede que tenemos miedo a parecernos, sobre todo en política. Y sin embargo en el acercamiento está la sabiduría.

Necesaria adaptación de la Constitución

Algunos países, como Alemania, han modificado muchas veces su Cons­titución en los últimos años, y nadie puede calificarlos de imprudentes, pues lo contrario demuestra el desarrollo de la calidad de vida de sus ciudadanos, para lo cual  han reformado sus leyes fundamentales cuando ha sido necesario. Cataluña y Euskadi han generado un debate muy procedente en la actual situación del Estado español, porque las nuevas formas de soberanía son materia actual de discusión en Europa. Se trata sencillamente de cómo vamos a compartir la soberanía. Ya no vivimos en un tiempo de soberanías absolutas, sino de soberanías compartidas, respetuosas con la identidad de todos los que formamos parte de la Unión Europea, y desde este punto de vista, el debate planteado por los nacionalistas vascos y catalanes no ­difiere del que se está promoviendo actualmente en Europa. Hoy día, la gran pregunta planteada a nivel europeo interroga sobre las formas de compartir la soberanía, de qué modo se diseña un proyecto en el que todos nos sintamos representados, y es ésta también la gran pregunta a realizar en el Estado español. En definitiva, sólo el Estado que reconozca las diversas naciones existentes en su seno será plurinacional, y sólo un Estado de tal condición podrá ­participar, con plan­teamientos modernos, en este gran debate europeo.

Democracia es escuchar la voluntad de la ciudadanía

No existe nada más respetuoso y democrático que aceptar que las sociedades deben ser consultadas para definir su propio futuro y el día a día de cómo quieren vivir. Por tanto, no teman a que la sociedad se pronuncie. ¿Hay algo más democrático que la libre expresión de los hombres y las mujeres, cuando dan su opinión sobre determinada cuestión? ¿Por qué se tiene miedo a que los catalanes y las catalanas, mediante consulta o referéndum, manifiesten su criterio ­sobre cualquier cuestión de índole política o social? ¿Por qué se teme a que la ­sociedad vasca sea consultada a efectos de definir su propio futuro, de establecer cómo quiere vivir y con quién quiere vivir? Personalmente, a mí no me produce ningún temor, porque parto del convencimiento de que se cumplirá la decisión de la sociedad vasca, bien sea un mayor nivel de relación con España o Francia o Europa, bien lo contrario. Como Lehendakari siempre aceptaré la ­voluntad libre y democráticamente expresada por la ciudadanía vasca.

Respeto al derecho de los pueblos a elegir libremente

Los siglos no han pasado en balde. Estoy convencido que actualmente estamos viviendo la era de la libre adhesión a los proyectos, no el tiempo de la imposición. Hace tan sólo treinta años, una mujer, aunque fuera maltratada, estaba obligada a permanecer con su marido; hoy, sin embargo, incluso los hijos ­tienen derecho a no vivir con sus progenitores en caso de que no compartan democráticamente su proyecto. Vivimos en el siglo de la libre asociación, donde la voluntad y libertad de las personas son la clave para la convivencia. La relación entre dos personas no puede basarse en la falta de respeto. De la misma forma, naciones como Euskadi o Cataluña, junto con España, deben establecer una relación de respeto mutuo si quieren convivir. Si en un momento determinado no mantenemos este principio político de recíproca aceptación, tendremos dificultades para coexistir, estoy absolutamente convencido de ello, y creo que lo inteligente es, por el contrario, buscar fórmulas de relación amable, fundamentadas en el respeto a la identidad de cada cual.

Digamos sí a la normalización de la convivencia

En los momentos actuales, los vascos estamos construyendo una nueva forma de relación con Europa, pero también dentro del propio Estado español. Lo que querría es aportar una visión en términos positivos: ya está bien de decir no a España, pero también, basta ya de decir no a Euskadi o a Cataluña. Tenemos que decir sí, digamos sí, sin ningún tipo de complejos; sí a un Estado plurinacional, sí a Euskadi como nación, y sí a Cataluña como nación. Afirmemos que es perfectamente posible que los ciudadanos y las ciudadanas vascas se sientan legítimamente de nacionalidad vasca o de nacionalidad española, con los mismos derechos porque todos son ciudadanos vascos, pero di­gamos sí de una vez. Ésta es la nueva forma de convivencia basada en términos de libre voluntad que definirá nuestro futuro en el siglo xxi.

Euskadi quiere construirse desde el respeto mutuo

Actualmente percibo una enorme ilusión en la sociedad vasca, con independencia de la posición política, del ser de derechas o de izquierdas, del ser abertzales o no, por encontrar el camino que nos lleve, por un lado, a la paz y, por otro, a la normalización política. Tenemos que buscar un modelo de relación amable basada en el respeto mutuo entre España y Euskadi, y desde ese punto de vista, la aportación de este Lehendakari ha de ser valorada positivamente. Sin embargo, al igual que se percibe la ilusión, es también apreciable un gran número de insultos y descalificaciones. Dijo Borges que quien simplifica no critica, y estos insultos no suponen una verdadera crítica a la propuesta que he puesto sobre la mesa; al contrario, la dotan de más contenido, de más fuerza, y a mí me dan más energía para construir este modelo de relación amable, imprescindible para la configuración de un Estado plurinacional.

Establezcamos un pacto en términos de libre adhesión

Desde mi propia responsabilidad y sintiéndome miembro de la nación ­vasca, ¿puedo tener mayor motivo de orgullo que el decir a mis conciudadanos de Euskadi: “voy a proponer un pacto para vivir dentro de España”? Un pacto por el cual, tanto los que se sientan de nacionalidad vasca como los que se consideren españoles, siendo todos vascos, podamos convivir en un futuro. Por tanto, la clave de mi propuesta no es una clave de ruptura, ni de negar la nacionalidad a nadie; no es la clave de imponer la soberanía absoluta, sino todo lo contrario: se trata de construir la soberanía compartida, de poner las bases para el respeto a la identidad de cada uno. Es comprender el sentimiento nacional de cada cual. Entonces, me pregunto: ¿qué hay de malo en que los propios vascos y vascas sean quienes establezcan, con voluntad propia, un pacto en términos de libre adhesión para vivir dentro del Estado español?

Manipulación del discurso político

Cuando he tenido la oportunidad de explicar directamente esta propuesta a gente de diversas procedencias políticas, unos y otros han sabido superar el debate etiquetado con que ha sido acogida por parte de cierta prensa. Personalmente manifesté a los propios directores y presidentes de los medios de comunicación que, al margen de su posición a favor o en contra de esta iniciativa, no permitieran que se desnaturalizaran los conceptos incorporados en ella; que no se hablara de Estado ni de ruptura, ni siquiera de plan soberanista, porque fui muy consciente de no utilizar criterios que quizás fueran válidos en el siglo xix, pero que no lo son en el marco polí­tico del siglo xxi. No he querido emplear conceptos cerrados, contrarios a aceptar la personalidad política de los demás. He utilizado ideas abiertas a la interpretación de los nuevos tiempos que se construyen en términos de libre asociación.

Jordi Pujol y Adolfo Suárez, inteligencia y coraje

Ciertas personas desempeñaron un protagonismo imprescindible durante los años de la transición, en la tarea de construcción del actual régimen ­democrático. Una de ellas es el President Pujol, ojalá sea justa la historia al ­calibrar su papel. Reconozco que no es tarea sencilla, pues yo mismo soy ­poco objetivo a la hora de valorar su figura, ya que siempre he sentido hacia él un gran reconocimiento y admiración. Pero me gustaría que pasara a la historia como un gran político, un gran estadista y, sobre todo, como una persona que ha contribuido a elevar la ilusión y la dignidad del pueblo catalán.

Otra personalidad que sobresalió con luz propia en los difíciles momentos de negociación por el autogobierno es la de Adolfo Suárez, que demostró una gran dosis de valentía política en una situación extraordinariamente complicada. Aunque su tarea acabó frustrándose con el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y, posteriormente, con los acuerdos entre el PSOE, la UCD y AP, que dieron lugar a la LOAPA7  y a la filosofía que se generó en torno a ella, fielmente resumida en la frase aquella del café para todos, que durante años desfiguró el espíritu recogido en el primer pacto de autogobierno. Pero si alguien tuviera que destacar de aquella época, sería Adolfo Suárez.

Respecto a la Corona, desde Euskadi ha existido y existe ese talante pactista con la monarquía que mencionaba anteriormente. En el caso de Cataluña ha imperado una relación diferente a lo largo de la historia, con sucesos como los Decretos de Nueva Planta8 y tantos otros episodios amargos en la historia del pueblo catalán, que probablemente expliquen su tendencia al republicanismo.

“Se puede amar lo que somos sin odiar lo que no somos”

Se puede amar lo que somos sin odiar lo que no somos, esta es la clave. Me parece que sobre tan bella reflexión podría basarse la resolución de gran parte de los conflictos que actualmente tenemos en el mundo… Se puede amar lo que se es sin odiar lo que no se es, es una frase de Kofi Annan, y me parece fantástica.

1          Josep Tarradellas, President de la Generalitat en el exilio. Regresa a Barcelona el 24 de octubre del 1977 y abre su discurso desde el balcón de la plaza de Sant Jaume con su histórico “ja sóc aquí”, devolviendo a Cataluña, con tan sólo tres palabras, la legitimidad  nacionalista arrebatada  por la dictadura franquista.
2          José Antonio Aguirre es proclamado Lehendakari en 1936 tras ser aprobado el estatuto de autonomía por el gobierno republicano. Ante la victoria de Franco el gobierno vasco ­fija su sede en París, que debe abandonar cuando entran las tropas de Hitler. Aguirre huye, y tras su prematura muerte en 1960 es sustituido por Jesús María Leizaola.
3 Cada uno de los privilegios y exenciones que se conceden a una provincia, a una ciudad o a una persona. Históricamente, norma o código dados para un territorio determinado y que la Constitución de 1978 ha mantenido en Navarra y en el País Vasco. Los Fueros pirenaicos son un mundo en sí mismos, con especificidades en todas las provincias. Los Fueros son las leyes consuetudinarias históricas, diferentes según las provincias o regiones.
4          Guerras civiles planteadas en torno al problema sucesorio español provocado por la derogación de la ley sálica, que prohibía a las mujeres reinar, por parte de Fernando VII.
5          Permiso que da una autoridad para usar un privilegio, licencia o gracia. La función de las Juntas es legislativa, las leyes castellanas, en su caso inglesas o francesas, necesitan del Pase Foral, aunque “se obedece pero no se cumple”; es lo mismo que el “derecho de sobre carga” en Navarra.  Los Fueros son leyes tradicionales participativas, con base en las villas, valles o ante iglesias, que limitan el poder del rey con “el Fuero de alzar al rey” y el “pase foral” (se acata pero no se obedece), o la necesidad de consultar a los ricos-hombres en caso de guerra y paz; pero que principalmente legislan cualquier contencioso civil o mercantil, administran justicia, recaudan impuestos, facilitan las relaciones con otros países y controlan al poder ejecutivo, es decir, el equivalente a la Constitución y los diferentes códigos modernos (civil, mercantil, fiscal). No son algo estanco y van adaptándose a la realidad en la que viven en cada momento.
6          Dicho específicamente de una lengua: que es oficial junto con otra u otras lenguas.
7          Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico, cuyo proyecto de ley es aprobado en 1982 por el Congreso de los Diputados. Contra ésta se presenta un recurso previo de inconstitucionalidad por el gobierno vasco y la Generalitat que falla en contra de la constitucionalidad de los artículos recurridos.
8          Decret de Nova Planta (16 de enero de 1716): Cataluña perdía sus instituciones políticas (cortes, Generalitat, gobiernos municipales, etcétera) y recibía una nueva administración de acuerdo con las pretensiones centralizadoras de la nueva dinastía borbónica.
Se trata del proceso centralizador emprendido por Felipe V a instancias de Amelot, que se desarrolla mediante la abolición de Fueros y privilegios, en cuatro etapas: 1707, Valencia; 1711, Aragón; 1715, Mallorca; 1716, Cataluña (Decreto de Nueva Planta, que mantiene el sistema tributario, el derecho procesal y exención de quintas). Los antiguos reinos (excepto Navarra y las Vascongadas, que eran provincias exentas) son gobernados directamente desde Madrid mediante capitanes generales, audiencias e intendentes (desde 1749).