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JUAN MORALES CARREÑO.

JUAN MORALES CARREÑO. PAVIMENTACIONES MORALES

Obra:
Texto del 11/04/11 .
Fotografía cedida Juan Morales.
 

El empuje de la juventud, sumado a un talante moderado, permiten a este ingeniero de caminos diagnosticar sin acritud la incertidumbre presente que vive su sector, el de la construcción de obra pública. Habiendo adquirido la virtud de la prudencia de los fundadores de la empresa, su padre y su tío, sabe que la recesión debe ser vencida sobre todo para paliar el drama humano de miles de hogares abocados a la miseria. Para ello, hay que fomentar el civismo.

Cimientos familiares de la empresa

Juan y José María Morales González, mi tío y mi padre respectivamente, fundaron esta empresa en 1972. Como tenían la oficina al lado de casa, viví desde niño el ambiente de la empresa y, cuando decidí estudiar Ingeniería de Caminos y tomar el relevo, fue una alegría para mi padre, quien a pesar de estar en edad de jubilación sigue en activo, y para mi tío, ya fallecido. Debo decir que nunca me impusieron su sueño, pero sin duda su influencia profesional y vital ha sido todo un referente para mí. La empresa que ahora dirijo es una proyección de su trabajo arduo de lunes a domingo, de su capacidad, de su tesón, de su miramiento hacia la calidad de nuestro servicio y hacia la parte humana del negocio; en definitiva, es un homenaje a sus vidas.

Realizadores de obra pública

Nos dedicamos a llevar a cabo proyectos para licitaciones de obras públicas. Trabajar para la Administración no permite mucha inventiva; aunque puntualmente podamos asesorar al cliente en uno u otro sentido, no hacemos proyectos nuevos, sino que implementamos los que nos facilita nuestro contratador.

Servicios de conservación y construcciones hidráulicas

Por nuestro tamaño y tecnología, nuestro principal mercado es el de la conservación de infraestructuras. De hecho, en España, la construcción de grandes obras públicas se la reparten dos o tres importantes compañías. Nosotros nos dedicamos sobre todo al mantenimiento de autopistas, carreteras, puentes… Y, cada vez más, estamos apostando por los temas medioambientales, especialmente los relativos a las construcciones hidráulicas. Pensemos que nuestro país ha sido denunciado por Europa por el estado de nuestras obras en materia de conducción de aguas, cuya degradación hace que se pierdan antes de llegar a su destino entre un mínimo de un 25% del caudal y un máximo de un 50%. Este hecho es un handicap que debemos solventar. Además, existe una directiva de la UE según la cual todas las poblaciones deben tener depuradas sus aguas, pero a día de hoy no hemos llegado ni a un 20% de lo previsto. De ahí que creamos que este sector es una apuesta de futuro sólida, entre otras razones por su decisivo aporte ecológico.

Excelente nivel del sector constructivo en España

España está en la cúspide de la experiencia constructora. La percepción que se tiene de nuestro país en el extranjero respecto a este ámbito es muy positiva. Ello explica que, junto a algunos compañeros, nos hayamos introducido en el norte de África, América y Europa del Este. Se nos asocia a la capacidad de superación de las trabas o las limitaciones, a nuestro talante creativo, a la chispa de ingenio, a una facilidad para la improvisación certera típicamente latina.

Diversificar y expansionarse no siempre implica salir al exterior

A causa del hundimiento del sector inmobiliario en España, muchas empresas de nuestro ámbito laboral están saliendo en desbandada hacia el exterior. Aunque sin duda en nuestro mundo globalizado trabajar más allá de las propias fronteras es una decisión inteligente, hay que tener mucho cuidado con este tipo de operaciones hechas bajo la presión de las circunstancias. Siempre que hemos mirado al extranjero, primero hemos sondeado, con prudencia y tranquilidad, el mercado que nos interesaba. La desesperación actual, en cambio, ha hecho que muchos negocios desembarquen en el exterior con toda su artillería, sin avanzadilla ninguna, y eso desde luego es una estrategia peligrosa que puede llevar a perderlo todo. Nosotros hemos preferido dedicarnos a parcelas del mercado interno que antes no habíamos tocado; a través de clientes que nos conocen y valoran, estamos aceptando trabajos de campos nuevos que antes quizá hubiéramos rechazado. Así, ampliamos nuestro mercado sin correr excesivos riesgos.

Redimensionar la empresa conforme a la realidad actual del mercado

La situación actual es de mucha incertidumbre. Sabemos que la crisis va para largo, pero poco más. Por tanto, no hacemos planes de futuro de largo alcance. Lo que se trata es de redimensionar la empresa conforme al mercado que tenemos ahora mismo. Como somos una pyme, podemos hacerlo de forma poco traumática, sólo con algún ajuste de plantilla por aquí o algún cambio en el tipo de contrato por allá.

Despedir siempre es la última opción

Un empresario con lucidez y honor es muy consciente del papel social que desempeña su entidad. Para él, verse obligado a despedir a alguien es siempre una situación desagradable y angustiosa, y más si es por motivos completamente ajenos a las capacidades del empleado. Siempre se intentará salvar el puesto de trabajo, se buscará cualquier opción previa al despido, como el reciclaje del trabajador para otra tarea. Y si al final no hay más remedio que reducir plantilla, siempre se hará teniendo en cuenta la situación familiar del empleado, las salidas que se le puede ofrecer, etc.

Nuestro posicionamiento prudente

En nuestra empresa siempre hemos tenido políticas conservadoras de aplicación de fondos, con lo que hemos aguantado mejor que la competencia la crisis financiera. En el momento de euforia económica se nos criticó, se nos dijo que desaprovechábamos la ocasión para crecer. Pero gracias a nuestro posicionamiento prudente, ahora no hemos perdido la confianza de las entidades de crédito y seguimos contando con su respaldo, pese a que sus políticas sean, eso sí, mucho más austeras. Este apoyo, sumado a los recursos propios, hacen que no dependamos de la buena voluntad ni de nuestros proveedores ni de nuestros clientes. Sabemos que es una época difícil para todos y no sería justo cargarles con nuestros problemas.

Ventajas y desventajas de trabajar para la Administración

Especializarse en la licitación de obras públicas tiene la ventaja de que podemos estar tranquilos respecto al rigor de los proyectos, además de que la oferta de trabajo suele ser regular. Como contrapartida, la Administración siempre ha tenido unos plazos de pago muy dilatados, una realidad que, con la crisis, se ha agravado. ¿Y cómo vamos a quejarnos si sabemos que hay ayuntamientos que no tienen fondos ni para pagar las nóminas? La falta de liquidez es tan dramática que, en algunos casos, se llega a los extremos de posponer los pagos a 5 o 6 años. De alguna forma, las empresas colaboradoras estamos haciendo de banqueros del Estado y sus administraciones.

El criterio que ahora ha de definir la obra pública es la rentabilidad

Dada la estrechez económica del momento, se ha de ser muy cauteloso y decidir con sabiduría qué infraestructura vale la pena llevar a cabo y tener en cuenta si la obra a implantar será útil y rentable; carece de sentido, por ejemplo, unir cada capital de provincial con el AVE si no hay suficientes pasajeros, o hacer un hospital en cada población si no hay suficientes pacientes, o un instituto en cada pueblo si no hay suficientes alumnos.

Coraje de los gobernantes para decir “No”

En los últimos años, la sociedad española se ha acostumbrado a demandar cada vez más servicios, algunos de ellos superfluos. Pese a la crisis, se sigue exigiendo sin control; el gobernante ha de tener el valor suficiente para decir claramente que no, que no hay dinero para pagarlo todo y que, además, no todo lo que se pide es imprescindible.

Por una reforma del estatuto funcionarial

Que haya cuatro niveles administrativos en España no es negativo en sí mismo; el problema está cuando vemos cómo se articula el trabajo de los funcionarios. Nuestro país ha invertido mucho en nuevas tecnologías para poner los trámites administrativos al día. Pese a ello, seguimos con demoras burocráticas. La única explicación es que el estatuto funcionarial no se ajusta a criterios empresariales. Si fuera así, si los puestos no fueran casi vitalicios y si se empleara sólo al personal justo y necesario, seguramente nos libraríamos de una gran rémora.

Negación de la crisis y derrumbe de las cajas de ahorro

Hasta hace poco, las cajas de ahorro eran un orgullo nacional; ahora hemos sabido el deficitario estado de cuentas de la mayoría. También, al principio de la crisis, se negó su existencia, cuando lo lógico hubiera sido empezar entonces a adoptar medidas para paliarla. Todo ello han sido malas decisiones motivadas por intereses políticos. Creo que las fusiones de las cajas no van a servir para nada, mientras que el retraso que ahora vivimos respecto a la situación de la mayoría de países de Europa, que ya empiezan a recuperarse, aquí alargará la crisis, pues seguramente subirán los tipos de interés pero nosotros seguiremos con el paro sangrante, y la gente irá empobreciéndose cada vez más.

 La crisis acabará sacándonos los colores

El problema de nuestro país va más allá de meras decisiones políticas erróneas; a causa de nuestra historia o nuestra idiosincrasia latina, el español carece de sentido cívico, desconfía de las instituciones y tiende a engañar al Estado. La cultura del paro y el subsidio aquí está muy arraigada, un hecho triste y vergonzante, del cual se aprovechan los sindicatos para sus propios y parciales intereses. Ojalá dejemos atrás pronto la picaresca y empecemos a comportarnos como ciudadanos de una sociedad moderna y civilizada.