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JUAN MIGUEL VILLAR MIR.

JUAN MIGUEL VILLAR MIR. GRUPO OHL (OBRASCÓN HUARTE LAIN)

Obra:
Texto del 08/11/2011 .
Fotografía cedida por Juan Miguel Villar.
 

Ministro de Hacienda y vicepresidente durante el primer Gobierno de Juan Carlos I, Juan Miguel Villar es historia viva de nuestro país. Catedrático de Ingeniería de Caminos y también abogado, posee una infinita lista de distinciones, entre las que destaca el marquesado creado en su honor por Su Majestad el Rey. La convicción de que una formación óptima, tamizada por la cultura del esfuerzo y el espíritu de superación, es la clave del éxito responde a una sabiduría cimentada en su experiencia política, universitaria y empresarial.

Grupo empresarial con más de 30.000 empleados que produce en 32 países y exporta a otros 45

Soy fundador y presidente del Grupo Villar Mir, entidad de propiedad familiar en la que desde hace años también participa mi hijo Juan, quien ocupa el cargo de vicepresidente. Nuestra empresa es una sociedad industrial cuya trayectoria comenzó en 1987 con la adquisición de Inmobiliaria Espacio y de Sociedad General de Obras y Construcciones Obrascón, a la que más tarde se incorporaron las constructoras Huarte y Lain, y se formó, en 1999, la compañía internacional de concesiones y construcción OHL (Obrascón, Huarte y Lain). Desde sus inicios hasta hoy día, el grupo ha experimentado un crecimiento progresivo, incorporando una serie de empresas, tanto nacionales como internacionales, dedicadas a diferentes sectores. En la actualidad, contamos con más de treinta mil empleados fijos, producimos en 32 países y exportamos a otros 45.

Adquirir la excelencia partiendo del estudio y adquiriendo conocimiento

Provengo de una familia de clase media sin precedentes empresariales ni un nivel económico destacable. Si mi trayectoria profesional ha sido exitosa se debe a que fui un estudiante aplicado desde niño y tuve la suerte de poder entrar en la universidad, donde fui el número uno de mi promoción en la carrera de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Simultáneamente, también me licencié en Derecho y, al tener vocación empresarial, luego me formé en la Escuela de Organización Industrial de España y en Estudios Económicos en Washington (Estados Unidos).

Trayectoria vital en constate formación

He seguido una formación continuada toda mi vida, algo que me ha permitido ganar dos cátedras por oposición en la Universidad Politécnica de Madrid. Una de ellas, y a la que más me he dedicado, fue la cátedra de Organización de Empresas en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos, en la que sucedí a don José María Aguirre Gonzalo, gran maestro y respetado amigo.

El marquesado de Villar Mir

Tengo la satisfacción de haber recibido infinidad de premios y honores a lo largo de mi vida. Pero, de todas las condecoraciones que se me han otorgado, he valorado de manera muy especial el marquesado de Villar Mir, que recientemente Su Majestad el Rey Don Juan Carlos me brindó en reconocimiento a una “dilatada y destacada trayectoria de servicios a España y a la Corona.”

Comprar y rescatar empresas en crisis

Fue a los 56 años cuando decidí convertirme en empresario, después de ejercer durante años de alto directivo y presidente ejecutivo de diferentes empresas que pasaban por dificultades, a las que proyecté hacia un considerable crecimiento. Desde el momento en que me establecí de forma independiente, mi filosofía empresarial consistió en crear un grupo especializado en comprar y rescatar empresas en crisis. Por consiguiente, casi todas las compañías que he adquirido durante mi trayectoria han sido sociedades que estaban sufriendo graves apuros financieros y, en bastantes ocasiones, en suspensión de pagos ya cerradas. A partir de ahí, con trabajo y una gestión adecuada, he conseguido que todas resurgieran sin necesidad de modificar sus equipos directivos.

Una buena administración genera beneficios

No hay empresas mejores o peores para generar ganancias: las sociedades solo se distinguen entre sí por estar bien o mal administradas, algo aplicable a todos los sectores. En el grupo mantenemos una dedicación muy diversificada en distintos ramos industriales. Algunas de nuestras empresas destacan por pertenecer a sectores que prácticamente han desaparecido de España, como es el caso de Fertiberia, con la que hemos llegado a convertirnos en productores líderes de fertilizantes y amoníaco de la cuenca mediterránea y  de la Unión Europea. También, en el sector electrometalúrgico, despuntamos con Ferroatlántica, una división dedicada a las ferroaleaciones y al silicio de metal, actividades en las que, con 15 fábricas en cinco países, somos líderes a nivel mundial.

Vicepresidente de Asuntos Económicos en el primer Gobierno de la Monarquía

Durante la etapa del general Franco no quise en dos ocasiones formar parte del Gobierno. Sin embargo, cuando en los inicios de la Transición se me propuso ser ministro de Hacienda y vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos del primer gobierno del rey don Juan Carlos, acepté ambos cargos con gran honor. En la ejecución de mi cometido dispuse de excelentes colaboradores, de entre los cuales debo mencionar a Leopoldo Calvo Sotelo, extraordinario compañero –también ingeniero de caminos–, a quien propuse para hacerse cargo del Ministerio de Comercio.

Medidas de austeridad y recorte ante las dificultades económicas

Pese a que en los 40 años de la etapa anterior el nivel de vida de los españoles había mejorado de forma significativa, al fallecer el general Franco el entorno económico del país se encontraba en una situación muy difícil. A consecuencia de aquel escenario, desde mis posiciones de gobierno hube de congelar el gasto público, reducir las disponibilidades de liquidez y la masa monetaria y devaluar la peseta un 11%, lo que hice en mis primeras semanas de actuación.

Hay que tener una visión a largo plazo y no desistir pese a las críticas

Durante mi etapa en el Gobierno traté siempre de mantener una visión a largo plazo y, pensando en el bien del país, realicé ajustes restrictivos que provocaron algunos descontentos en la sociedad. Pero siempre he considerado que, por recibir críticas, no se pueden abandonar objetivos que traerán resultados positivos a la larga. Cuando se atraviesan épocas difíciles, hay que determinar metas de futuro y trabajar duramente para alcanzarlas.

Negar la crisis nos ha perjudicado

Ante la proximidad perentoria de unas elecciones generales, es difícil que los partidos políticos establezcan decisiones útiles a largo plazo. Precisamente, fue por una cuestión de proximidad de elecciones que el actual Gobierno negó de un modo reiterado la existencia de la crisis económica en 2008. Aquella actitud equivocada le llevó a desestimar medidas eficaces para comenzar a proyectar el país hacia una etapa de crecimiento. El hecho de no asumir la realidad en su momento ha contribuido a que hoy España figure como uno de los países que peor ha reaccionado frente a la crisis.

Tres crisis de índole diferente

A parte de la crisis financiera originada en Estados Unidos que acabó afectando a Europa, España se ha visto aquejada por dos crisis añadidas de carácter propio: la crisis inmobiliaria y la pérdida de competitividad. El sector público está endeudado porque ha gastado más dinero del que recauda. Además, en los años de bonanza inmobiliaria se generaron gran cantidad de ingresos públicos circunstanciales, con los que se crearon obligaciones de gastos permanentes que son insostenibles.

Reducir el gasto público y ser más competitivos

Hoy, nuestra primera necesidad como país es reducir el gasto público, algo que todavía no hemos abordado más allá de pequeños gestos simbólicos. También, para llegar a ser más competitivos, requerimos con urgencia una reforma laboral, porque no se comprende que, estando integrados en la Unión Europea, la media de los costes del despido en Europa represente el salario de 20 días por año trabajado y en cambio, en España, supongan 45.

Cuatro niveles de gobierno que crean duplicidades

Figurar dentro de la UE significa disponer de un mercado único más importante. Pero en España lo hemos dividido entre las 17 autonomías y, evidentemente, ello perjudica nuestra competitividad. La carísima Administración del Estado, con cuatro niveles de gobierno (Gobierno central, autonomías, diputaciones y ayuntamientos), provoca un gran número de duplicidades en su actuación que exige una verdadera y gran reducción para disponer de una Administración más competitiva y eficaz.

Redefinir las competencias de las autonomías

Puesto que es lógico que la Administración se acerque al ciudadano, el fenómeno autonómico fue una decisión adecuada. No obstante, creo que los gobiernos autonómicos están desbordados y que sería necesario redefinir con detalle y rigor sus competencias y límites. Ciertas dependencias, como por ejemplo la Educación, parece lógico que partieran de un enfoque nacional.

Urge una reforma educativa

De todos los cambios que necesitamos, posiblemente sea la Educación, junto al laboral y al de la Administracion pública, el ámbito que necesite reformarse con más urgencia. Es imprescindible que los alumnos se familiaricen desde pequeños con la cultura del esfuerzo y el espíritu de superación y entiendan que la disciplina es una necesidad, porque no existe sociedad que funcione sin ella. Del mismo modo, debemos potenciar una Formación Profesional de calidad que adquiera prestigio y fomente los oficios.

Nos esperan dos años difíciles antes de salir de la crisis

A nuestro país aún le aguardan del orden de dos años muy difíciles, pero preveo que en 2013 comenzaremos a vislumbrar una salida de la crisis y, ya en 2014, tendremos un año de afirmación en la satisfacción de haber comenzado a superar nuestras dificultades.