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MANUEL MARÍA CALVO GARCÍA.

MANUEL MARÍA CALVO GARCÍA. GRUPO CALVO

Obra:
Texto del 26/10/11 .
Fotografía cedida por la Familia Calvo.
 

 Consejero delegado e integrante de la tercera generación en la empresa que fundó su abuelo, Manuel María Calvo mantiene vivo el espíritu emprendedor con el que esta renombrada firma fue impulsada hace más de setenta años. Merced a la visión que le aporta formar parte de una compañía en constante expansión, considera urgente una reforma laboral que acerque España hacia un patrón europeo y otorgue, al empresario, análoga libertad de actuación.

 La formación aporta rigor al trabajo

Aunque me confieso un apasionado de la historia, me licencié en Derecho y después entré a formar parte de la empresa familiar. A pesar de no haberme dedicado nunca a ninguna actividad relacionada con los estudios que cursé, el derecho me ha aportado una visión analítica del mundo empresarial idónea para saber enfocar los problemas en busca de soluciones, distinguiendo aquello que es esencial de lo que no es prioritario. Cualquier empresa debe estar siempre apoyada por una serie de conocimientos adquiridos a través de estudios universitarios o estudios de otra condición, porque, de lo contrario, se puede perder el relativismo frente a situaciones críticas. Por ello pienso que disponer de una buena formación es imprescindible para saber llevar con rigor el día a día dentro de una empresa.

Innovación y calidad: apuestas desde el principio

Grupo Calvo es una compañía creada en 1940 en la localidad de Carballo (A Coruña) por mi abuelo, Luis Calvo Sanz, una persona extraordinariamente emprendedora que apostó por la innovación y la calidad desde un principio. Años más tarde, mi padre y mis tíos, movidos por los valores trasmitidos por su predecesor, consiguieron un crecimiento muy satisfactorio y, a finales de los 70, Calvo se convirtió en una marca líder del sector conservero. Hoy somos una empresa con una presencia internacional que supone el 80% de nuestra producción, vendemos en más de 70 países y disponemos de plantas propias de fabricación en España, Brasil y El Salvador.

 Una multinacional familiar

Suelo definir nuestra empresa como una multinacional familiar porque, aunque somos una compañía grande que tiene a su cargo más de 3.500 empleados, seguimos manteniendo vivo el espíritu de empresa familiar con el que fue creada. Formamos parte del negocio un buen número de personas con el mismo origen y apellido que, aunque somos muchos, no hemos dejado de apoyarnos los unos a los otros y seguimos avanzando unidos, con un fuerte arraigo en el concepto de familia.

 La lata de atún redonda: una innovadora idea de Calvo

Grupo Calvo fue precursor introduciendo en España el atún claro, una especie conocida como yellowfin. También el envase de lata redondo lo ideamos nosotros y, años más tarde, se nos ocurrió lanzar el paquete de tres unidades, tan utilizado hoy por diferentes marcas. Creo que gracias a nuestro deseo por estar en constante renovación nos hemos distinguido como empresa.

 Flota pesquera de doce naves

La nuestra es una compañía de integración vertical que se abastece a sí misma. Tenemos nuestra propia flota pesquera constituida por doce naves, lo que significa que somos nosotros mismos quienes gestionamos la captura del atún que luego comercializamos. También fabricamos las latas que envasarán el producto final.

 Potenciamos el producto autóctono

Tenemos un especial interés por el producto nacional y, aunque el atún no habita en aguas españolas y debemos salir a pescar en el Océano Atlántico y en el Océano Pacífico, sí trabajamos en las Rías Gallegas, donde encontramos una serie de productos de gran calidad, que también comercializamos, como el mejillón, las sardinas, los berberechos o las navajas.

 Grandes inversiones en innovación y en publicidad entrañable y eficaz

Seguir siendo líderes después de tantas décadas de actividad cuesta mucho esfuerzo a la empresa, tanto en el ámbito económico como en el personal. A parte de realizar una fuerte inversión en innovación, desde los años 70 hemos apostado fuerte por una publicidad que destaca y que nos ha brindado grandes resultados. Somos una marca bien considerada por el consumidor desde hace más de medio siglo, lo que nos impulsa a seguir trabajando en nuestro afán por diferenciarnos de la competencia. Sabemos que, para seguir manteniendo una buena posición en el mercado, es imprescindible adaptarse a los nuevos tiempos.

 Atún con los mejores aceites y presencia en Brasil

El atún en conserva es un alimento saludable en alto grado cuyos ingredientes únicamente consisten en el atún en sí, aceite de oliva y sal. Incluso también disponemos de una línea baja en sal para aquel consumidor que la requiera. De ahí que trabajemos con las mejores marcas de aceite que existen en el mercado y, recientemente, hayamos creado una alianza comercial con Aceites Carbonell, un copacking que, además, nos permite distribuir sus productos en Brasil.

 La crisis del aceite de colza revirtió en más confianza y las ventas aumentaron

Toda empresa atraviesa momentos difíciles a lo largo de su trayectoria y, aunque no he vivido en primera persona muchos de ellos, sí recuerdo de manera especial la intoxicación masiva por aceite de colza que se produjo en España el año 1981. A pesar de que era aún un niño, tengo muy presente la gran preocupación que experimentó mi familia cuando, en cuestión de días, las ventas cayeron en picado. Por fortuna, aquella situación se mantuvo poco tiempo. De hecho, el consumidor acabó considerando nuestra marca un sello de confianza y las ventas crecieron por encima de lo previsto.

 En época de crisis hay que ser precavido en el ámbito financiero e imaginativo en el comercial

En tiempos de crisis económica hay que ser precavido y conservador en los asuntos financieros, e imaginativo e ingenioso en el ámbito comercial. En este último aspecto, Grupo Calvo ha ido más lejos y hemos creado una nueva gama de productos que abarca desde las hamburguesas y las salchichas de atún hasta los platos tradicionales precocinados, como la paella o la fabada. Es positivo que el consumidor perciba que constantemente lanzamos productos nuevos y, aunque en ocasiones la acogida no es exitosa de inmediato, con el tiempo por lo normal acaba siendo satisfactoria.

 La economía de un país se asemeja a la de una empresa

Aunque me consta que ha sido muy criticada en ciertos ámbitos, la reciente reforma realizada en el artículo 135 de la Constitución española me parece una medida francamente acertada. En cierto modo, la economía de un país se asemeja bastante a la economía de una empresa, y el buen empresario sabe que no puede gastar el capital del que no dispone.

 Luchar por ser más productivos

Nuestro país debería luchar por ser cada día más productivo, puesto que la productividad de España es muy deficiente comparada con la de otros países de Europa. Y, a diferencia de otras naciones, nuestra deuda pública y privada está soportada por el crédito exterior. Esta situación es muy grave porque, cuando se debe una cantidad tan desmedida a terceros, se pierde la independencia.

 Defender nuestra industria e impulsar ámbitos estratégicos de negocio

Desde que España ingresó en la Unión Europea en 1986, no hemos conseguido imponer ni defender nuestra industria en sectores en los que somos fuertes como el de las conservas, la fabricación naval o la fabricación de zapatos y juguetes, entre otros. Ni las empresas ni las autoridades españolas hemos sabido impulsar ámbitos estratégicos de negocio a nivel europeo o mundial en los que tenemos mucho que aportar.

 Libertad para contratar en las mimas condiciones que el resto de Europa

También el mercado laboral español sufre un retraso considerable respecto al resto de Europa. Quizá nos parezcamos a Italia, pero realmente estamos muy lejos del patrón anglosajón. Es evidente que España necesita con urgencia una reforma laboral, no para facilitar el despido, como en ocasiones se ha insinuado, sino para proporcionar libertad a la hora de contratar y que sea en las mismas condiciones que las empresas europeas.

 Todos somos culpables de la crisis

Somos un país con tendencia a culpabilizar a los demás, una actitud que queda reflejada en las reacciones que han surgido a raíz de la crisis que padecemos. No podemos culpar solo a la banca, a la clase política o a aquellos ciudadanos que suscribieron hipotecas que ahora no pueden pagar, porque la culpa de las dificultades que vivimos, en mayor o menor grado, es de todos.

 Un mal universal

He residido en varios países, lo que me ha facilitado una visión del comportamiento de distintos tipos de sociedad. A menudo se cataloga España como un país de envidiosos, pero la experiencia me indica que la envidia, aunque se procesa de forma distinta según la idiosincrasia de cada cultura, es un mal universal.

 Nuestros hijos también tienen obligaciones

La sociedad actual acusa cierta falta de valores, algo de lo que probablemente sean responsables aquellos que fueron padres una generación anterior a la mía y también, aún con más culpa, los que lo hemos sido durante las dos últimas décadas. Yo mismo, que crecí en los años 70 y 80, tuve una vida cómoda, muy alejada de las vicisitudes que experimentó mi propio abuelo que, con su esfuerzo, fundó la empresa de la que hoy disfruta la tercera generación. Ni siquiera me acerco a los momentos que pudo vivir mi padre, que ya superó en facilidades a mi abuelo. Por esta razón, como padre de cinco hijos, pienso que ahora más que nunca, en un momento en que se impulsa a los niños a un consumismo casi compulsivo, los progenitores debemos ejercer una rigurosa labor educativa, poniendo empeño en transmitir a nuestros hijos que, a parte de derechos, tienen también obligaciones que cumplir.