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Sr. Manuel Márquez Martín et alia
MANUEL MÁRQUEZ MARTÍN.
Fotografía cedida por Asyl Asesores

MANUEL MÁRQUEZ MARTÍN. ASYL ASESORES

Obra:
Texto del 20/12/11 .
 
El conocimiento directo de la realidad de ciento cincuenta pymes de referencia permite a este asesor empresarial incidir en las deficiencias de la economía española, tales como la duplicidad de las administraciones o una legislación laboral obsoleta, mientras que propone reducir la deuda pública, atajar el déficit y obligar a los bancos a hacer fluir el crédito. Monárquico, rebelde y humanista, juzga perentoria la unificación fiscal de la Unión Europea.

De incipiente líder sindical a empresario

Antes de establecerme por mi cuenta, trabajé en tres empresas: en una constructora, de subdirector en una cadena de hoteles y llevando el control de calidad de la refinería de La Rabada en la planta de lubricantes. En 1975 tuve bastante protagonismo en la primera huelga que se llevó a cabo aún bajo el régimen franquista, con CC. OO. y UGT en la clandestinidad. Parecía que iba para líder sindical, pero mi perfil es más bien monárquico y rebelde. Ante la perspectiva de prosperar a base de tímidas subidas salariales anuales, decidí dejar la refinería y montar mi propio negocio. Gracias a mis referencias conseguí un préstamo en 1977 para pagar el local que iba a ser mi despacho. Funcioné como persona física hasta 1993, en que convertí la empresa en sociedad limitada.

Ser la mano derecha de los empresarios

El 80% de los empresarios españoles tienen pequeñas y medianas empresas de estructura simple o son autónomos. Es lógico, pues, que muchos subcontraten asesores externos para llevar sus asuntos. También sucede que, a menudo, se llega a ser empresario sin la suficiente preparación. En esos casos, el asesor es doblemente importante, sobre todo si es un asesor honesto y realista, como debe ser. Entonces, se convierte en la mano derecha de los clientes.

Relación estrecha y humana con los clientes

Asesoramos a unas 150 empresas, todas ellas de referencia. La mayoría, pymes, tenían entre 30 y 100 trabajadores antes de la crisis, y ahora han redimensionado sus plantillas en torno a los 20-40. Nuestro valor añadido respecto a otras asesorías es que a nosotros nos confían todos sus problemas. Esta es mi tarea principal, ya que en 1996 dejé el trabajo más de despacho a mis hijos y asumí el papel de relaciones humanas con nuestros clientes, visitándolos de manera periódica.

Somos casi extensiones de Hacienda

Los asesores atemperamos inquietudes. Por eso, representamos un papel importante en cualquier cambio histórico de cierta magnitud, como lo fueron la Transición, la integración en la Unión Europea o el paso de la peseta al euro. Entre otras muchas inquietudes, aquello originó que todas las sociedades tuvieran que reescribir sus estatutos para modificar los capitales sociales. También desempeñamos un papel pedagógico, explicando a los clientes los efectos que el cambio de moneda iba a suponer en materia de contabilidad, etcétera. Nuestro papel fue asimismo básico cuando se dio el paso de la doble contabilidad a la contabilidad única. Fue toda una aventura humanística. Más por obligación que por devoción, hemos sido y somos casi extensiones de Hacienda.

Tres categorías de asesores

Desde mis inicios, para tener claro mi rumbo y proceder, clasifico a los asesores en tres categorías: burócratas, tecnócratas y humanistas. Yo me considero de los últimos, quizá por mi introversión y también porque soy un hombre de fe. Los burócratas y los tecnócratas son más fríos, aunque quizá también más eficaces; los humanistas simpatizamos más con nuestros clientes, nos convertimos en una prolongación de ellos mismos para entender sus inquietudes. En cierta manera, hacemos de psicólogos o confesores. Para mí esta categorización es importante, y tiene un punto contestatario y rebelde; por eso he intentado transmitirla a mis hijos.

Se ha pasado del crédito para todos al crédito para nadie

El mayor problema de las empresas que asesoramos es la financiación. Sin financiación una empresa se estanca y se inhibe. Se ha pasado del crédito para todos al crédito para nadie en un margen de tiempo muy breve y muchas empresas no han sabido reaccionar a tiempo. La situación se agrava en las entidades que han trabajado para las administraciones públicas, que aún no han cobrado o que han cobrado tarde. Un 25% de mis clientes pertenecen al sector de la construcción, causante de todo el parón que se ha contagiado a las demás actividades.

Ningún gobierno ha querido solucionar la rigidez del mercado laboral

El nuevo Gobierno está atado de pies y manos. Para mí, debería tener tres prioridades: reducir la deuda, atajar el déficit y obligar a la banca a que el crédito fluya. Hay que reactivar todos los mecanismos para que se genere actividad económica, facilitando flexibilidad en todas las relaciones laborales. Porque esa es otra: España es el país que mayores impedimentos pone a la actividad empresarial, un contrasentido en una sociedad que se autodenomina de libre mercado. Por desgracia, ningún gobierno anterior, ni de izquierdas ni de derechas, ha querido solucionar la rigidez del mercado laboral. La negociación colectiva ha sido una enfermedad social que solo ha servido para crear una casta de 300.000 sindicalistas liberados; una mano muerta empeñada en defenderse a sí misma pero no en proporcionar flexibilidad para facilitar el acceso al  mercado de trabajo de los desempleados. Y todo lo dicho supone que hoy en día el 15% de las empresas hayan tenido que desaparecer y otras tantas estén en vías de lo mismo.

España es el país con más trabas burocráticas para el empresario

La burocracia es otro de los azotes de España. No se puede tardar años en resolver una licencia para un simple bar, como se está tardando. Hay países donde con una declaración de responsabilidad ya dejan funcionar a una empresa. Aquí no, aquí deben superarse los obstáculos que ponen los diferentes niveles administrativos como si fueran los cien metros vallas. Hay un exceso de burocracia que ralentiza y entorpece la productividad, y eso por no hablar de la duplicidad entre las diferentes administraciones.

Una medida acertada de Zapatero

Limitar constitucionalmente la capacidad de endeudamiento de las administraciones públicas me parece una medida acertada, sobre todo en lo que respecta a las autonomías. El proceso de descentralización ha ido tan lejos que los sucesivos gobiernos centrales se han visto incapaces de imponer una disciplina presupuestaria. No es de extrañar, pues, que hayamos alcanzado unos 700.000 millones de euros de deuda pública.

En las últimas décadas los españoles hemos desprestigiado el trabajo de oficio

El tema de la educación también es grave. Hasta los años 70 la formación profesional y técnica estaba bien vista, y funcionaba. Luego, cayó en desgracia. Parte de esa pérdida de imagen la tuvo un excesivo afán igualitarista que pretendía que todos fuéramos a la universidad. Estudiar FP era de tontos, decían. Y claro, en lugar de ponderar las capacidades, hemos ponderado las vanidades. Ha sido la propia sociedad la que ha desprestigiado el trabajo manual y técnico, el trabajo de oficio. Si en la próspera Alemania existe la figura del aprendiz, ¿por qué España no la recupera, tan útil como nos fue? ¿Es que somos mejores que los alemanes? También la universidad se ha visto perjudicada por el desprestigio de la formación profesional, pues ha sufrido una masificación cuyo resultado es que nuestro universitario medio tenga una escasa cultura general.

Sucumbimos a la economía especulativa y olvidamos la productiva, la realmente importante

España ha sido durante un tiempo el país en el que uno podía hacerse millonario de  la manera más fácil. Sucumbimos por completo a la economía especulativa, a la cultura del pelotazo. Con ello, perdimos de vista la economía productiva, que es la realmente importante. En España la productividad está por debajo de los índices normales europeos, y, o subsanamos eso, o arrastraremos siempre problemas en nuestra relación con la Unión Europea.

De la mano de la unificación monetaria europea tendría que haber venido la unificación fiscal

No nos engañemos: estamos intervenidos. Ha sido una intervención disimulada, pero tiene todas sus características. Como España representa un gran foco de inversiones para otras potencias, ello ha atenuado la vistosidad de la intervención ante la opinión pública. La Unión Europea arrastra un fallo desde su concepción: de la mano de la unificación monetaria tendría que haber venido acompañada la unificación fiscal. No se ha hecho así porque las naciones europeas son muy reacias a ceder soberanía, pero deberían mentalizarse de ello porque, de lo contrario, la unidad europea se truncará.

Europa vista desde Huelva

Hablar de Europa desde Huelva puede parecer exótico, pero no debe olvidarse que hemos sido descubridores y exportadores de la idea de Europa; que contamos con premios Nobel; que disfrutamos de más sol que nadie; que tenemos de todo, que somos una provincia continente. Y, sobre todo, que tenemos una vocación por los horizontes lejanos que nos ha hecho soñadores a la par que realistas.

Me desprendí de todo para confiar en los míos

Me considero un personaje peculiar, porque, en 1993, cuando constituí la sociedad limitada, hice separación de bienes y lo dejé todo a mi mujer, Isabel Delgado González, y a mis tres hijos. En esta vida no tengo en propiedad ni una maceta. Me desprendí de todo para confiar en los míos. Por fortuna, mis tres hijos son extraordinarios, tanto Manuel Antonio, abogado y corredor de seguros, como Fátima, economista y máster en Derecho Fiscal, y Mari Carmen, laboralista y máster en Prevención de Riesgos. Los miembros de mi familia y cuatro personas más conforman la plantilla de la entidad.