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MANUEL ROMÁN IBÁÑEZ.

MANUEL ROMÁN IBÁÑEZ. GRUPO DONVAL-COMERPLAST

Obra:
Texto del 16/05/11 .
Fotografía cedida por Manuel Román.
 

Una larga experiencia en el ámbito textil y su capacidad para afrontar las crisis con éxito avalan a este infatigable economista, al frente de una empresa familiar de productos sintéticos líder en el sector. Muy crítico con la actual gestión económica del Gobierno, muestra una visión contundente e incisiva de los problemas de nuestro país, de los cuales tienen gran parte de culpa la codicia de los bancos y la politización de las cajas de ahorro.

Gestionar la empresa familiar con experiencia, formación y mente abierta

El grupo Donval-Comerplast fue fundado por mi abuelo, Joaquín Pérez Gómez, a principios de los años 70. Es una empresa familiar de fabricación y comercialización de productos sintéticos, de la que ahora soy consejero delegado y vicepresidente. Me gradué en Economía en la universidad y empecé creando mis propias empresas. Hace 10 años, cuando falleció mi padre, me incorporé a Comerplast, a la que desde entonces me dedico plenamente. Los estudios universitarios me proporcionaron formación para afrontar la realidad del mercado empresarial, pero no hay que pretender aplicar los conocimientos al pie de la letra, sino utilizarlos como herramientas para encontrar soluciones a los problemas reales. Hace falta abrir la mente para gestionar una empresa.

De un almacén de tejidos a un grupo empresarial

Comerplast nació como extensión de un almacén de tejidos. Su crecimiento propició la creación de una sección de sintéticos, que finalmente se separó del textil por su gran expansión, y se constituyó como grupo independiente. Una vez establecida la empresa, su buen funcionamiento permitió que se crease la fábrica Plásticos Elche, que produce exclusivamente para Comerplast. Hoy, dentro del grupo hay una sección de textil, una de sintéticos y la fábrica de sintéticos. Nuestros principales productos son el calzado, la tapicería y la decoración, pero también nos dedicamos a la carpintería y a la marroquinería.

Esplendor del sector en los años ochenta

En esa época, los productores españoles éramos en Europa el equivalente de lo que son ahora los productores chinos, porque fabricábamos a precios económicos. Conseguimos que franceses, alemanes e ingleses dejasen de producir y solo quedamos España e Italia, que abastecíamos toda la demanda europea y norteamericana. Fue una época muy productiva que nos permitió crecer y asentarnos como empresa. Un 80% de la producción era de calzado y el 20% restante productos de marroquinería, como álbumes, bolsos o cinturones, que también constituían un mercado importante.

Adaptarse a los cambios del mercado

Después de esta etapa de progreso para el sector, las empresas americanas y europeas, y también las españolas, empezaron a comprar en el mercado chino, y la producción se redujo drásticamente hasta quedar en un 10% de lo que era antaño. Ante esto, el empresario debe escoger caminos nuevos para seguir a flote, y Comerplast apostó por exportar a Sudamérica, concretamente a México, Argentina, Chile y Brasil. Pero en algunos de estos países la crisis llegó con más fuerza que en España y tuvimos que retirarnos rápidamente y centrarnos entonces en la producción interior. El mercado español nos dio la estabilidad necesaria para recuperarnos del golpe y prepararnos para una expansión futura.

Exportar y diversificar

Nuestra capacidad productiva actual supera la cifra de los cinco millones de metros de tela al año. Hemos conseguido adaptarnos a las características del nuevo mercado disminuyendo la producción de calzado a un 30%, del cual exportamos la mitad a México, Marruecos y Portugal. También hemos reducido los artículos de marroquinería. Además, hemos apostado por dos sectores en expansión: la tapicería y la decoración, que exportamos a Japón, Francia e Inglaterra, y que suponen el mayor porcentaje de nuestra producción.

Productos sintéticos con mayores prestaciones que los de piel

Aún se valoran más los artículos de piel auténtica que los sintéticos como etiqueta de cierto nivel social, pero la realidad es que estamos elaborando productos de mucha más calidad que los de piel, ya que trabajamos con bases de algodón, que nos permiten diseñar el artículo de acuerdo con el uso que va a tener; así, no utilizamos el mismo sintético, por ejemplo, para un calzado de Rusia que para uno de España. Y en el deporte de alta competición solo se utilizan sintéticos, porque son más ligeros y ofrecen mayores prestaciones.

Esencial importancia del diseño y la resistencia de los productos

En cuanto a los clientes de la calle, sobre todo las mujeres, buscan un modelo de bolso, calzado, etcétera, que les guste, sin importar tanto si es de piel o no, porque interesa el diseño y si tiene suficiente calidad para durar más de una temporada. Y es que un sintético de calidad no tiene por qué durar menos que un producto de piel; si tiene un buen acabado, es difícil de distinguir incluso para los mismos profesionales.

Aportamos inmediatez en la producción de calidad

Gran parte de nuestro éxito ha sido sustituir lo habitual del muestrario por importaciones, y dedicarnos a fabricar aquí únicamente lo especial, que pide más rapidez y eficacia. Para sobrevivir hay que aportar aquello que no pueden ofrecer los productores de otras partes del mundo, que es la inmediatez. Estamos generando productos apenas en dos semanas; desde el diseño y la aprobación hasta la fabricación. Trabajamos para empresas muy potentes que necesitan proveedores ágiles.

Innovación ágil y constante

Tenemos la gran ventaja de provenir del sector del calzado, donde se sacan hasta tres muestrarios al año. En tapicería, en cambio, se presenta uno cada cuatro años. Nosotros estamos continuamente innovando y con una rapidez que es inviable para cualquier tapicero. Esto supone un reto anual en innovación, por lo que miramos las tendencias marcadas por las grandes ferias punteras, pero hay que estar siempre atento porque ahora cualquier tendencia en Internet puede marcar una pauta.

Dar respuesta a unas tendencias de moda que ya no son unánimes

La moda ya no es general, cada grupo social tiene sus preferencias, y nuestro gabinete de moda se encarga de estudiar todo comprador potencial. Cuando exponemos nuestra imagen corporativa en un salón, en las muestras del catálogo ofrecemos entre 50 o 60 novedades en tapicería, unas 30 en textil y más de 10 en sintético.

Productos personalizados según las necesidades del cliente

El cliente pide inmediatez, que conseguimos gracias a una organización competente; tenemos una red de distribución y de ventas propia que nos evita depender de terceros. Esto nos permite facturar cada día 300 envíos de mercancía con una espera de tan solo una jornada. Por otro lado, el cliente pide productos personalizados, por eso tenemos dos muestrarios anuales, y luego nos adaptamos a cada caso personalizando el producto. Es como hacer un muestrario cada día. Trabajamos para grandes grupos como El Corte Inglés u Hoteles Meliá, que nos piden diseños adaptados, los cuales elaboramos junto con el decorador.

En Europa se está gestionando mejor la crisis

Europa ha sabido reaccionar ante la crisis, en cambio aquí el Gobierno optó por negarla y fue un grave error, porque se generó un retraso de más de un año en la toma de decisiones, que ya ha tenido muchas consecuencias dañinas, entre otras los más de cinco millones de parados.

Medidas tomadas a medias y a destiempo

La mayoría de las decisiones que ha tomado el Gobierno han sido bajo la presión de los hechos, pero se han quedado a medias y no han tenido el efecto esperado. Por ejemplo, tenemos una legislación laboral que no es la que tenía que ser en un principio y, por lo tanto, no ha solucionado ningún problema real.

Nuestros gobernantes actúan conforme a criterios políticos y no económicos

Ahora, en vez dedicarse a recuperar empresas, que son la base de la economía, el Gobierno sigue apostando por infraestructuras que se podrían haber parado, como llevar el AVE a sitios donde no era necesario. Nuestros gobernantes actúan de acuerdo con ajustes políticos y no económicos. A esto también responde el Plan E, que impulsó la promoción de obra pública innecesaria para mover la economía, pero ha sido deplorable, porque se ha gastado el dinero que ahora se necesita.

Politización de las entidades financieras y deficiente reforma laboral

En las cajas siguen mandando los políticos, de modo que no se va a solucionar el problema de fondo. Las actuaciones tienen que ser profesionales, según lo requiera el sistema financiero, y no según los intereses políticos. Todos anhelábamos que se pusiera en práctica el Pacto de Toledo, pero no se aplicó íntegramente y hoy es muy difícil que ocurra. Haría falta una reforma laboral seria que potenciara la contratación y disminuyera el paro. El año pasado era el momento idóneo para llevarla a cabo pero finalmente no se cumplió. Se dijo que la ley del trabajador se reformaría, pero, con los recortes que se le aplicaron, solo hemos obtenido unos planes de reconversión sectorial que no han servido para nada.

Derroche de un dinero inexistente atizado por la codicia de los bancos

Nos hicieron creer que éramos ricos y hemos tirado de un dinero inexistente. Ahora pagamos las consecuencias de este derroche, del que los bancos son los primeros culpables, porque han querido aprovecharse y se han arriesgado innecesariamente para sacar más beneficios. Las consecuencias las están sufriendo sectores como la construcción, porque el dinero se ha ido en financiaciones indebidas. Las cajas, además, han sufragado proyectos políticos, de modo que son los ciudadanos quienes soportan los efectos más devastadores de la crisis.