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Marcelino Camacho
MARCELINO CAMACHO. Fundador y Secretario General de Comisiones Obreras de 1976 a 1987.
Marcelino Camacho Fundador y Secretario General de Comisiones Obreras de 1976 a 1987. Presidente de CC.OO. de 1987 a 1996

MARCELINO CAMACHO. Fundador y Secretario General de Comisiones Obreras de 1976 a 1987.

Obra:

Texto del 29/11/2002
Fotografía cedida por M.C.

Rebelde y luchador, Marcelino Camacho, personaje fundamental en la resistencia antifranquista y la transición, fue un símbolo para la izquierda y el movimiento sindical,del que sigue siendo un referente .

Como dijo Manuel Vázquez Montalbán:“toda su vida será un trabajador que considera que el mundo no está bien hecho”.

Procedo de un pueblo eminentemente obrero surgido en torno al ferrocarril

Nací el 21 de enero de 1918 en un lugar de Soria, una estación de ferrocarril, porque Osma la Rasa surgió en torno al ferrocarril hace ciento cuarenta años aproximadamente. Era un pueblo relativamente pequeño, hasta que apareció la fábrica de azúcar de remolacha. Fue a partir de entonces cuando adquirió su definitivo ­carácter obrero con los ferroviarios y los trabajadores del azúcar. Mi padre era el guardagujas del ferrocarril. Fui a la escuela con doña Agustina, pero al cumplir los siete años, pasé a la de don Feliciano Oliva, un sacerdote que era el maestro del pueblo, quien, además, llevaba las oficinas de la azucarera, la Sociedad Industrial Castellana. Sin embargo, al llegar a los once años, me dijo que ya me había enseñado todo lo que sabía y que no podía aprender más con él. Don Feliciano, de alguna manera, me insinuó que la posibilidad de continuar mis estudios era meterme en el seminario. Pero el ambiente que me rodeaba era obrero, y mi padre, aunque respetuoso con la Iglesia, no era creyente.

Fue esta primera decepción la que supuso que tomara conciencia de lo que era la injusticia social

Supongo que de esta primera decepción surge en mí un sentimiento de injusticia que me acompañará durante toda la vida; me gustaba estudiar, incluso no se me daba nada mal (recuerdo que el hijo del encargado de la finca de la fábrica, Jesús Cornelio, y yo íbamos a la escuela a las ocho de la mañana, y a las diez, cuando el sacerdote volvía de las oficinas, le presentábamos exámenes y trabajos). Pero no pude seguir estudiando, porque el instituto de bachillerato más próximo estaba en Soria, a cincuenta y siete kilómetros del pueblo. Para continuar formándome era necesario pernoctar en la capital, y mi padre no disponía de mucho dinero, ya que percibía un salario muy bajo. También me influyó desde el principio el ambiente obrero del pueblo, porque naturalmente la ideología de los trabajadores era de izquierdas.

Mi primera incursión en el sindicalismo

Más tarde, se desencadenó la revolución de octubre de 1934 en Asturias1 (porque la huelga en Asturias fue revolucionaria, aunque bastante pacífica en otras zonas, pero algunos se asustaron). En ese momento había dos sindicatos: el núcleo del sector del ferrocarril, que formaba parte del Sin­dicato Nacional Ferroviario, y el Sindicato de Oficios Varios, que abarcaba a la gente de la fábrica y el campo. La cuestión es que Mariano Ortega, en ese momento su presidente, se asustó ante la intensa represión que estaba provocando la huelga (especialmente en el norte), y decidió disolverlo. Ante esta situación, junto con compañeros de más edad (porque yo tenía tan sólo dieciséis años y, por tanto, no podía firmar la petición de ingreso) decidimos reorganizar el sindicato, y pusimos de nuevo en marcha el Sindicato de Oficios Varios, que pertenecía a la ugt (Unión General de Trabajadores), en el pueblo sobre el año 1935, y en el que milité hasta mediados de los años cincuenta.

Saboteamos un tren repleto de tropas sublevadas que se dirigía a Madrid

Cuando estalló la guerra civil tenía dieciocho años, habían pasado dos desde que habíamos constituido el sindicato, en los que, naturalmente, fui un militante activo. Además, comenzaba a oscilar entre varias corrientes políticas de izquierda; socialistas, comunistas y también ácratas. Un factor determinante en aquella época fue que, tras la revolución obrera de 1934, un compañero ferroviario de Sevilla, Ramón Laguna Toribio, que había secundado la huelga por lo que lo castigaron destinándole a la estación de Osma (a pesar de que en Sevilla la huelga fue pacífica), empezara a introducirme en la filosofía de Marx2 y Engels. Ramón Laguna me dejaba libros, como el Mani­fiesto Comunista, o El Capital, y después los comentábamos largo rato. Finalmente, el 2 de febrero de 1935, ingresé en el Partido Comunista de España (pce).

Me estaba preparando para ingresar como factor3 en la estación de ferrocarril, cuando se produjo el alzamiento del 18 de julio de 1936. En la zona, el general Mola y el levantamiento fascista de Franco triunfavan sin grandes obstáculos. En el pueblo, mientras tanto, un grupo de trabajadores ligados al ferrocarril y sindicados, nos enteramos de que un tren, repleto de las fuerzas reunidas para luchar contra la República, se dirigía desde Valladolid y parte de la provincia de Burgos hacia Madrid, para atacar a los que se resis­tían al golpe de Estado franquista. Para sabotearlo, quitamos los carriles de un kilómetro y medio entre la estación de Osma la Rasa y San Esteban, y descarrilamos la máquina 531 (porque en el pueblo teníamos máquinas de vapor para dar la doble tracción) que quedó allí empotrada, lo que retrasó el tren de Valladolid unos ocho o diez días.

Entretanto, nosotros cogimos una máquina y unos vagones vacíos y salimos en dirección a Ariza, para enlazar con la vía que se dirigía a Madrid y enrolarnos en la defensa de la República. Al llegar a Ariza topamos con el comandante Michino que se había sublevado en Zaragoza y estaba al mando de una batería de artillería, mientras que nosotros sólo éramos unos veinte hombres, simples ferroviarios, y escasamente armados con unas cuantas escopetas. Hubo disparos, pero decidimos replegarnos y dividirnos en pequeños grupos para ir pasando hacia la zona republicana. Volvimos de nuevo al pueblo burlando a la guardia civil, que ya había tomado algunos puestos por la zona. Escondiéndonos y avanzando, atravesamos Soria en dirección a Segovia y Guadalajara, por el lado del pico Tejón. Finalmente, llegamos a Madrid, donde nos incorporamos a las milicias ­republicanas.

No fue posible negociar una paz honrosa

Cuando perdimos la guerra, naturalmente, me detuvieron. En ese momento estaba en la 21ª División de Navalmoral y nos habían trasladado a una división que había quedado del poum4 en Cataluña, y allí nos detuvieron. Nos pusieron con la Junta de Casado, donde estaba el padre de Santiago Carrillo, Esteiro, y Cipriano Mera que era anarquista y mandaba el Cuarto Ejército. Éstos querían ir a negociar con Franco lo que ellos llamaban una paz honrosa, pero junto con otros compañeros intentamos convencerles de que era una locura porque ya habíamos perdido Cataluña y casi todo el territorio republicano. Llevábamos treinta y dos meses de guerra y los nacionales contaban con los fascistas alemanes e italianos, lo único que oirían por parte de los fascis­tas es que se entregaran, en un momento en que la correlación de fuerzas no nos era favorable.

Tras la guerra civil se produjo la primera de una larga secuencia de detenciones y evasiones

Efectivamente, el 28 de marzo se terminaron los viajes de ida y vuelta a Burgos que era donde estaba Franco, y les dijeron que se entregaran sin ­condiciones. Llegaron diciendo que les habían engañado mientras eran recibidos por un grupo de las juventudes socialistas. A los que les habíamos advertido del error, tres camaradas del pce, nos tenían en una celda aparte, y recuerdo que llorando nos abrieron la puerta y nos dijeron que si queríamos fuéramos con ellos. Atravesamos los montes de Toledo y nos planteamos ir andando hasta Alcázar de San Juan con la intención de llegar al extranjero, pero cuando lo alcanzamos ya lo había ocupado la guardia civil. Huimos de madrugada, nos encaminamos hacia la estación más próxima en dirección a Madrid, y pudimos coger un tren que, lleno de refugiados que escapaban, ralentizó la marcha y pudimos llegar en él a la línea del frente. De nuevo nos capturaron y recluyeron, pero conseguimos escapar y nos fuimos a pie hasta Madrid.

Formé parte del nonagésimo cuarto batallón de “penados”

Estando allí me refugié en la casa de unos primos y, más tarde, en casa de una tía de mi padre en Campo Comillas, donde nuevamente volvieron a detenerme. En esos días, había encontrado empleo como secretario de organización del Socorro Rojo5, y seguía trabajando en el pce, del que era militante desde 1935. Tras salir de la cárcel me movilizaron en las quintas de penados6 Me obligaron a ir de la caja de reclutas de Madrid a la de Soria, y de allí al campo de Reus, donde no se iba a ejercer de soldado, sino a picar. Éramos personas que nos movilizaban a la fuerza porque estábamos en libertad condicional, y en Reus era donde nos formaban.

De allí nos llevaron al 94º batallón de penados a hacer la pista que une el fuerte de Guadalupe, en Guipúzcoa. Cogí unas fiebres por las que fui hospitalizado en Zumaya. Después fui trasladado a Peñaranda, donde tuve una hernia inguinal y me llevaron a Madrid para operarme. Cuando regresé, cogí las fiebres de Malta, tan graves que estuve entre la vida y la muerte. Durante ese tiempo, se produjo el desembarco de los aliados en el norte de África. Una vez recuperado de la enfermedad, me trasladaron a Marruecos, para trabajar en las fortificaciones de la carretera y el ferrocarril de Tánger a Fez.

Cuando indultaron a quienes nos habíamos evadido de los campos de concentración pude regresar por fin a España con mi mujer y mis hijos

En aquel entonces un batallón de penados lo formábamos cerca de mil hombres. Solían recluirnos en campos de concentración. En un momento dado, junto con dos camaradas, decidimos escaparnos del campo donde estábamos, en Cuesta Colorada. Cruzamos medio Atlas marroquí hasta llegar a un pueblo cerca de la cuenca del río Lucus, que es el que marca la frontera entre Marruecos y España. Lo atravesamos hasta llegar a Casablanca. Nos iban llevando los franceses, que pretendían que nos enrroláramos en la Legión, pero dijimos que lo que queríamos era defender la democracia y la República en España. De allí, nos trasladaron a Argelia, al norte de Orán, donde se suponía que se había formado un batallón de voluntarios al terminar la guerra en 1939. Sin embargo, cuando llegamos no había nadie, por lo que nos transportaron a Chateauneuf, una especie de cuartel, donde había españoles que se habían alistado en el ejército francés.

Nos dieron uniformes y pasamos a tener el estatus de refugiados políticos, pero con el tiempo también me detuvieron. Me encarcelaron en la prisión de Barberouge, hasta que sustituyeron al ministro francés –muy de derechas– que había dado la orden, y nos liberaron. Como Argelia era jurídicamente un departamento francés, me expulsaron. Entonces, me fui a Casablanca, de donde también me desterraron. En aquel entonces, en España habían indultado a la gente que se había evadido de los campos de concentración, de manera que mi mujer Josefa Samper, los dos hijos que habíamos tenido, Yenia y Marcel, y yo regresamos a España el 18 de julio de 1957.

He sido un rebelde y seguiré siéndolo mientras siga existiendo tanta injusticia

Nunca he dejado de luchar, en toda mi vida. Antes de militante ya era rebelde. La sociedad no me parecía justa, y sigue sin parecérmelo. ¿Es justa una sociedad donde se mueren de hambre sesenta millones de personas? ¿Una sociedad que tiene millones de parados en plena revolución científica y tecnológica? ¿Un mundo donde el total del Producto Interior Bruto está en manos de unos pocos? Por eso, he luchado siempre. Siendo muy joven, empecé a movilizarme, cuando la huelga de Asturias, y más tarde reorganicé la primera comisión de 1956, que nació y murió en poco tiempo, pero que resultó ser la fórmula (las comisiones eran la nueva forma del movimiento obrero, nacido espontáneamente entre los trabajadores) en la que se combinaba la lucha legal con la ilegal. Decidimos convertirlas en permanentes, y fundamos Comisiones Obreras (ccoo). Después del primer congreso me dieron el carné número 1, y me nombraron secretario general del sindicato, el primero de la historia de ccoo. Posteriormente fui elegido diputado por el pce en las listas de Madrid en las primeras elecciones democráticas de 1977, y después en las de 1979, aunque acabé dejándolo, porque tenía ya alguna que otra diferencia con Santiago Carrillo, secretario general del partido comunista de España.

Cuando estaba preso, la lectura y el estudio me salvaron de la locura

Aunque había pasado cerca de catorce años entre cárceles y campos de concentración (fui también uno de los enjuiciados en el sumario 10017), no había dejado de aprender. Comencé a trabajar en una fábrica de motores diesel como oficial de primera, en la que recuerdo a Guidoti, un ingeniero que no distinguía un torno de una fresadora, y fui ascendiendo, porque siempre había procurado ser un buen profesional y tenía un montón de títulos, como el de Técnico Mecánico, de escuelas no oficiales. Pero, además, estudiaba todo lo que me interesaba, especialmente matemáticas, donde tuve un profesor como Guillermo Ascanio, ingeniero fusilado por los franquistas, que mandaba la 8ª División del ejército republicano; y también economía e historia. Aquello me llevó a convertirme en ayudante de ingeniero en Perkins, absorbida más tarde por Motor Ibérica, y ésta a su vez por Nissan. Como decía Marx, no es la conciencia la que determina la existencia, es la existencia la que determina la conciencia. De alguna forma, en la cárcel me hubiera vuelto loco, si no hubiera leído y estudiado. Recuerdo que los funcionarios de prisiones tenían un criterio curioso para clasificar a los presos en el patio: decían que cuando veían a uno muy solo dando vueltas a toda marcha era ácrata, si se trataba de grupos de cuatro o cinco organizándose todo el tiempo, eran ­socialistas, y si iban en tandas de tres o cuatro, con un libro comentándolo entre ellos, ésos eran comunistas.

En la segunda mitad de mi vida he recibido más condecoraciones de las que puedo recordar

Durante mi última condena, tras el famoso sumario 1001 por el que me sentenciaron a veinte años, aunque luego hubo una revisión de la pena, murió Franco, y salí definitivamente de la cárcel a los diez días, gracias al primer indulto promulgado por el Rey. El día 1 de diciembre salimos los dirigentes de ccoo y no se atrevieron a que hubiera gente esperándonos, tenían miedo de la reacción. Después de ser detenido y encarcelado durante casi la primera mitad de mi vida, me resulta curioso haber recibido en la segunda mitad más condecoraciones de las que puedo recordar. Me dieron la gran Cruz del Mérito Civil, la Orden del Mérito Constitucional, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, el Premio León Felipe, me hicieron Profesor Honorario de la Universidad Complutense de Madrid, la Orden de Lázaro Peña de Primer Grado del Consejo de Estado de Cuba, y otras muchas distinciones más que no menciono por no ser excesivamente prolijo. Hace pocos días, Natalia Figueroa me hizo una entrevista para el periódico La Razón que tituló: Marcelino Camacho o la honradez, y Anson decía en su editorial: (…) durante la dictadura me asombraba lo que hacia el líder sindical desde la cárcel a favor de la democracia y la libertad, don Juan le admiraba, todos los que en aquella época luchábamos contra Franco, sabíamos al margen de las ideologías, que era un hombre honrado con el que había que contar, y termina el artículo: Marcelino Camacho, verdadero orgullo de la izquierda española, el hombre al que escuchar, manantial sindicalista, la palabra en fin valerosamente tallada.

Los protagonistas de la transición deben ser valorados según su trayectoria política

A los que protagonizaron políticamente la transición hay que valorarlos desde la perspectiva en que se han situado. Santiago Carrillo, por ejemplo, fue dirigente de las juventudes socialistas, y en la República se fusionó con las juventudes comunistas, y naturalmente fue secretario de las Juventudes Socialistas Unificadas (jsu), ingresó después en el pce, en donde se vivieron momentos muy buenos. Lo que sucede es que después, adoptó algunas posiciones que no se correspondían con lo que había sido su línea de actuación original. Respecto a Adolfo Suárez no hay que olvidar que fue ministro con Franco. Es verdad que representó un papel en la transición, también se sabe que hubo más de un golpe involucionista por parte de los elementos ­ultras mientras estuvo en el Gobierno y daba los primeros pasos hacia la apertura del régimen franquista.

En nuestro sistema la correlación de fuerzas sigue dominada por el gran capital

Pero lo cierto es que tendríamos que preguntarnos de dónde a dónde hemos ido a parar. Partimos de un dominio absoluto del fascismo que estaba al servicio del gran capital, que en ese momento era financiero y terrateniente, y hemos llegado a una sociedad en la que seguimos estando dominados por el gran capital financiero, sólo que bajo otras formas. Claro que se han hecho cosas, que valoro mucho, porque estuve en la cárcel, y llegué a hacer hasta ocho huelgas de hambre, por lo que aprecio, por supuesto, la diferencia entre estar en prisión y tener un mínimo de libertades y de derechos. Pero seguimos en un sistema en el que la correlación de fuerzas sigue dominada por el gran capital, incluso su poder es mayor que en el pasado, y las decisiones las siguen tomando los mismos que entonces. He sido y sigo siendo partidario de que el ser humano, por el hecho de nacer, debe tener asegurada la vida desde que nace hasta que muere, la educación, la formación y la asistencia en condiciones de igualdad; sin embargo, desgraciadamente nos falta mucho para conseguir esto. Ayer estaba con los de Sintel8, ya me reuní con ellos cuando se concentraron en la Castellana, y a pesar de los compromisos adquiridos por parte del gobierno y de Telefónica, no los han cumplido, y ahora 1.200 trabajadores se han quedado en la calle.

Hoy no basta con tener principios, hace falta además ser coherente

Sobre Felipe González opino que no ha sido fiel a una serie de principios. Para mí éstos, no importa de qué ideología procedan, son un elemento vital, deben ser la base de las ideas y de los programas. Sin embargo, cuando ves cómo alguien se apropia de una entidad bancaria y sólo pasa unas semanas en la cárcel, o que un amigo del presidente del gobierno sea nombrado presidente de una empresa pública privatizada por el gobierno, de la que se embolsó diez mil millones de pesetas y que ahora reside en Miami (hasta tal punto ha llegado la corrupción hoy día), creo que ya no basta con tener principios, hace falta además ser coherente y honesto.

Las relaciones laborales siguen enmarcadas en una dinámica de división de clases

Actualmente ha cambiado mucho el tipo de movimiento sindical, sin embargo, a pesar de que se supone que estamos inmersos en una revolución ­tecnológica y científica, las relaciones laborales no han evolucionado de la misma manera. Seguimos divididos en clases; los que poseen los medios de producción, aunque ahora sean sobre todo financieros o medios de comunicación, y los que están desposeídos de ellos. Naturalmente hay capas entre ambas, pero se sigue funcionando con la misma ley aritmética por la que la renta nacional sobrante, después de deducir las inversiones y el i+d, se divide en salarios y beneficios.

Cataluña tiene derecho a su autodeterminación, aunque no creo que sea lo más oportuno

Personalmente, soy partidario de la autodeterminación. Tanto Cataluña como cualquier otro pueblo sin Estado tiene derecho a decidir. Claro que tampoco creo que se trate ahora de ir creando pequeñas tribus, habría que trabajar por una Europa federal, por un sistema federalista en este mundo globalizado, en el que nadie explote al otro, sin colonizaciones de ningún tipo, ni políticas, económicas o culturales, y en donde se respeten los intereses de cada cual, y que cada pueblo decida dentro de un plano general y respetando la opinión de los demás.

Jordi Pujol ha defendido los intereses de la clase burguesa

Por otra parte, Cataluña ha aportado mucho al conjunto de España, tanto por su desarrollo económico como cultural, porque cuenta con una tradición política de eficacia de la que Pujol no es ajeno. El problema es que es un hombre aliado con el gran capital. Efectivamente, ha obtenido la confianza de un sector muy importante del país durante muchos años, pero también ha tenido a su alcance los medios para conseguirlo, ya que hoy día no cabe duda de la importancia que tienen los medios de comunicación en este sentido, el poder difundir tu mensaje a través de la televisión o de Internet, crear discursos que pueden convencer a muchos. No obstante, creo que el papel de Pujol en el seno de la burguesía no es de los peores, pero han sido los intereses de esa clase los que ha defendido.

Estamos ante una crisis estructural del sistema que confío nos conduzca a un mundo más justo

Opino que quienes tienen más necesidad de confundir son aquellos que no defienden algo justo, porque si lo fuera convencerían con argumentos. Cuando no sucede esto, cuando no pueden dominar a la gente para obtener unas determinadas ventajas, se utiliza la violencia y la agresividad. Es evidente que siempre los cambios son necesarios, porque las sociedades no son perfectas, pero hay que ganar la conciencia del pueblo haciendo una lucha de masas, sin violencia. Porque es el pueblo quien tiene el poder; los trabajadores, sean manuales o intelectuales, los que crean cosas útiles y bellas, los que las construyen; ese es para mí el verdadero pueblo, y no los que se quedan con el beneficio, la plusvalía9. Actualmente estamos inmersos en una crisis a nivel mundial, no una crisis cíclica de las que el sistema tiene con frecuencia, aunque tampoco es el fin de la historia, como decía Fukuyama10, o el crepúsculo de las ideologías, según Gonzalo Fernández de Mora, ese profesor del Opus. Nos encontramos sumergidos en una crisis estructural, la antesala de un cambio importante que no sabemos cómo será, pero que espero que sea pacífico y que luche por instaurar la igualdad de oportunidades y de derechos, la convivencia en paz y libertad de las personas.

1          Ante el auge de la derecha en España y el creciente ascenso del fascismo en Europa, a principios de octubre de 1934, se produce un levantamiento en Asturias y Cataluña por parte de las fuerzas de izquierdas más radicales.
2          Karl Heinrich Marx (1818-1883), filósofo alemán de familia judía, fundador del socialismo científico y propulsor de la revolución proletaria. Escribió, en colaboración con Engels, el Manifiesto Comunista (1848), intervino en la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional, integrada por elementos de diversas tendencias, socialista, anarquista y sindicalista, de los países miembros) de la que fue el animador y redactó sus estatutos. Sus últimos años los consagró a escribir su obra cumbre: El Capital, que en gran parte fue publicada después de su muerte por Engels.
3          En las estaciones de ferrocarril, persona que cuida de la recepción, expedición y entrega de los equipajes, encargos, mercancías y animales transportados.
4          El Partido Obrero de Unificación Marxista (poum) fue fundado en Barcelona, en plena clandestinidad, el 29 de septiembre de 1935, sobre la base de la fusión del Bloque Obrero y Campesino y de la Izquierda Comunista. Ambas organizaciones coincidieron en tres puntos capitales: el análisis del carácter de la revolución española, la interpretación del problema de las nacionalidades y la oposición a los métodos que la Internacional Comunista en plena degeneración, bajo la dirección de Stalin, quería imponer en el movimiento obrero de España.
5          El Socorro Rojo Internacional, con sede en París, fue la organización que surgió dentro del partido comunista y que canalizaba la ayuda de sindicatos, organizaciones obreras y partidos políticos de la izquierda internacional. Representó para la República española una fuente importante de solidaridad de la clase trabajadora de todo el mundo en su lucha contra el fascismo.
6          A principios de 1941 constaban en el fichero técnico 103.369 penados, de ellos cerca de 10.000 mujeres, una cifra casi coincidente con la de los presos que entonces ya ha­bían sido juzgados y condenados por los numerosos tribunales civiles y militares puestos en marcha en toda España durante aquellos años. Los más de 280.000 prisioneros ­políticos entonces encarcelados en toda España representaban el 10% del conjunto de la población activa del país y eran, en su gran mayoría, hombres de entre veinte y cuarenta años de edad. De forma masiva, sistemática y organizada, la dictadura franquista utilizó, entre 1937 y 1970, a centenares de miles de prisioneros políticos como fuerza laboral barata, absolutamente dócil y completamente segura, casi siempre recluida en alguno de los numerosos campos de concentración creados al efecto por toda España.
7          El 20 de diciembre de 1973 se inició el proceso contra diez dirigentes de ccoo, conocido como proceso 1001, bajo la acusación de asociación ilícita y de ser los máximos dirigentes de este sindicato. La coincidencia del juicio con el espectacular atentado contra Carrero Blanco por parte de eta supuso que el Tribunal de Orden Público (top) condenara a los inculpados a unas penas altísimas que oscilaban entre los doce y los veinte años de cárcel, que fueron revisadas a la baja ante la presión popular en la calle y la huelga de hambre que iniciaron los procesados.
8          En junio de 2000, la antigua filial de Telefónica, Sintel, presentó suspensión de pagos, dejando en la calle a unos mil doscientos empleados, quienes acamparon en la Avenida de la Castellana, núcleo financiero de Madrid, como protesta durante más de ciento ochenta y siete días.
9          En El Capital Marx revela como concepto clave de la explotación capitalista la     noción de plusvalía, que es la apropiación por parte del capitalista de una parte de los beneficios engendrados por el obrero cuando éste produce más de lo que le corresponde según su salario.
10       Francis Fukuyama (1952), autor entre otros ensayos sobre economía, de El fin de la Historia y el último hombre.