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Sr. Antonio Toré Povea et alia
MARIA DOLORS TORÉ PUJOL, ANTONI TORÉ PUJOL ESTHER TORÉ PUJOL y ANTONIO TORÉ POVEA.
Fotografía: Àngel Font.

MARIA DOLORS TORÉ PUJOL, ANTONI TORÉ PUJOL ESTHER TORÉ PUJOL y ANTONIO TORÉ POVEA. INSTALACIONES Y PROYECTOS DE VANGUARDIA (IPV)

Obra:

Texto del 14-05-2012

Defensores de los valores de la confianza y el trato personalizado, estandartes de la tradición catalana de sociedades familiares, y de la cultura del esfuerzo y la excelencia profesional, estas dos compenetradas generaciones de emprendedores del sector eléctrico han apostado por superar la crisis a partir de la solvencia económica y la diversificación, un máximo rigor en la ejecución de los trabajos y la prospección de nuevos mercados exteriores.

Aprendizaje en las ciudades de Tánger y Lleida y en Enher

Empecé a trabajar a los 15 años en Tánger como aprendiz de electricista, lo que entonces supuso para mí una gran escuela porque las instalaciones realizadas en la ciudad marroquí gozaban de un extraordinario nivel técnico y profesional. A los 19 años, mi familia, de origen malagueño, se estableció en Lleida, y me integré con el rango de oficial de primera en los Talleres Joaquín Carrás en un principio y después en los Talleres Eléctricos Sola. Trabajando en estos últimos se me propuso incorporarme a Enher. La oferta suponía hacer realidad todas mis expectativas laborales juveniles, puesto que implicaba no solo el reconocimiento profesional, sino unos ingresos mayores. Sin embargo, siempre había deseado establecerme por mi cuenta, por lo que, tras un brevísimo paso por el gigante energético, me independicé.

Primeros años de andadura empresarial

Al crear en 1960 Instalaciones Eléctricas Antonio Toré era consciente de las dificultades y del reto que suponía, ya que abandonaba la seguridad de un empleo fijo y bien remunerado por la incertidumbre y la necesidad de trabajar con ahínco desde la excelencia para obtener una buena cartera de clientes; sin embargo, para mí también era un proyecto mucho más motivador e ilusionante.

Creación de Estudios y Montajes Eléctricos, S.L., junto a Luís Sánchez-Fortún

En 1965 el perito industrial Luís Sánchez-Fortún me ofreció entrar a formar parte como socio fundador y gerente de Estudios y Montajes Eléctricos, una sociedad constituida en principio por tres personas más, pero a quienes más adelante compraríamos su participación.

Especializados en la electrificación de zonas rurales y grandes instalaciones

Aunque comenzamos nuestra andadura en el sector de la construcción, ejecutando las instalaciones de edificaciones domésticas, rápidamente nos especializamos, buscando una parcela de mercado propia, en la electrificación de zonas rurales, como el área del Pirineo ilerdense o la comarca de La Cerdaña, y en las grandes instalaciones, como garajes, fábricas, alumbrado público, etcétera.

Refundación familiar de IPV en 1997

Durante más de tres décadas, Luís y yo trabajamos en armonía, pero, con la incorporación de las nuevas generaciones, decidí que era el momento de crear una compañía familiar en la que mis hijos pudiesen crecer como profesionales y continuar mi labor. Tras desvincularme por completo de Estudios y Montajes Eléctricos, pues, en un primer momento adquirí la mitad de las acciones de IPV, siglas de Instalaciones y Proyectos de Vanguardia, una entidad acabada de crear, que, además de dedicarse a los mismos ámbitos a los que ya hacía mi anterior sociedad, pretendía dar respuesta también a las crecientes necesidades de energías alternativas. Poco después me hice con el 50% restante y, en el año 1997, reconvertí la entidad, que pasó a pertenecer en exclusiva a nuestra familia. Siguiendo nuestra premisa de procurar un crecimiento sostenible y pausado, comenzamos nuestra andadura en un local alquilado; luego levantamos una nave de 1.300 m2 y en 2007 dimos el gran salto cuando nos instalamos en una superficie de 4.000 m2.

Administraciones públicas y grandes sociedades constructoras, nuestros principales clientes

Nuestra compañía está especializada en la ejecución de redes de distribución media, aéreas y subterráneas, y en la materialización y mantenimiento de grandes instalaciones eléctricas, como las de los polígonos industriales, pero puede atender las demandas de ejecución de otro tipo de infraestructuras: agua, gas, etcétera. Nuestros clientes potenciales son las administraciones públicas y las grandes sociedades constructoras, porque nos dedicamos sobre todo a la obra pública y a la ejecución de obras de envergadura. Nuestro ámbito de actuación suele ser Cataluña y Aragón, aunque también desarrollamos proyectos en otras regiones, y actualmente estamos empezando a asentarnos en Argelia, país en que nuestro equipo de técnicos supervisará la materialización de los proyectos que llevarán a cabo profesionales locales.

Cultura de la excelencia

Acabamos de obtener la homologación ISO, que certifica la calidad y fluidez de todos nuestros procesos, lo que ha supuesto el colofón de una trayectoria empresarial y profesional que siempre ha apostado por un control exhaustivo de las obras y por el empleo de marcas de prestigio y excelentes materiales para su realización.

Incorporación de las nuevas generaciones

En la gestión de IPV, en la que trabajan 40 empleados, colaboran de forma activa las nuevas generaciones de la familia: Antoni, ingeniero de formación, se encarga de la dirección de los proyectos de obra; Esther, licenciada en Ciencias Económicas, es la directora del departamento financiero, y Dolors, que cursó estudios de Derecho, lleva la parte administrativa.

Filosofía empresarial familiar: humanidad y empatía

Las señas de identidad de las empresas familiares son la humanidad y la empatía. Nuestro principal objetivo es colmar las expectativas de los clientes al dar respuesta a sus necesidades. Esta satisfacción no solo es la mejor publicidad posible, sino que también permite fidelizarlos mediante el mantenimiento de las instalaciones. Nuestra máxima es siempre la búsqueda de la excelencia en la ejecución de trabajos heterogéneos y el trato cordial, personalizado y didáctico con cada uno de nuestros clientes, aportando nuestra experiencia acumulada en la mejora y solución de las incidencias prácticas.

Concesión de la Medalla President Macià

La concesión de la Medalla President Macià por parte de la Generalitat de Catalunya supuso el reconocimiento de mi trayectoria empresarial y gremial dentro del sector eléctrico catalán. Además, estoy implicado de forma activa en entidades de Lleida, como la Asociación Provincial de Empresas Tecnoeléctricas y la Federación del Metal, o la Federación Catalana de Asociaciones Territoriales de Empresarios Instaladores.

Avalancha de impagos

Al estar muy centrados en la obra pública, hemos padecido las consecuencias de su drástica reducción, que, además, ha conllevado una acérrima competencia en materia de presupuestos. De hecho, estamos facturando la mitad que en ejercicios anteriores. Sin embargo, la consecuencia más grave de la recesión ha sido la avalancha de impagos, que ha puesto de manifiesto, de un lado, la falta y cierre del crédito bancario al tejido empresarial español y, de otro, por desgracia, las escasas repercusiones de los impagos en nuestro país. La elevada incidencia de la morosidad pública y privada nos ha debilitado, pero también nos ha enseñado que el crédito a los clientes no puede basarse en la confianza de un acuerdo verbal, sino que ha de sustentarse en garantías tangibles. 

Escasez de financiación bancaria

A pesar de que siempre hemos cimentado nuestro crecimiento en nuestros activos y reservas, hasta el momento a IPV se le han ofrecido múltiples vías de financiación bancaria. Sin embargo, hemos sido testigos del cierre de muchas empresas clientes porque de forma inesperada se les denegaba o cerraba la póliza de crédito que tenían concertada con una entidad.

Potenciar la aptitud y actitud de los empleados

Debería potenciarse no solo la aptitud de los trabajadores, mediante un sistema educativo competitivo que premiase la excelencia, sino también su actitud, es decir, su predisposición positiva y optimista para transferir sus capacidades personales a la empresa en la que trabajan, la que a su vez ha de estimularles para formarse y crecer profesionalmente. No obstante, en nuestro contexto laboral actual, una parte significativa de las plantillas presentan una conducta desaconsejable y unos índices de productividad intolerables, que además suponen un ejemplo muy negativo para el resto de empleados. Su despido sin duda resultaría ejemplarizante y disuasorio para el colectivo, de manera que se incrementaría considerablemente la productividad.

Una reforma laboral insuficiente

La reciente reforma laboral supone una laudable apuesta por la calidad de nuestro tejido productivo, pero consideramos que debería haber ido más lejos y haber promulgado la libre contratación y el libre despido de los asalariados, ya que no ha eliminado la rigidez normativa que sigue amparando en exceso a los malos empleados.

Por la recuperación de una entidad bancaria pública

Uno de los grandes factores desencadenantes de la actual crisis económica ha sido la falta de responsabilidad de las entidades financieras españolas, que durante los años de bonanza concedieron un número desmesurado de créditos e hipotecas sin valorar a fondo la solvencia de sus deudores. Nuestras entidades bancarias especularon, y todo el tejido económico del país está pagando ahora las consecuencias de su imprudencia. Una posible solución para dar respuesta a la acuciante falta de liquidez que estrangula día a día infinidad de empresas y provoca la destrucción masiva de empleos sería la recuperación del modelo de entidad bancaria pública que supuso Argentaria. Lo que es incuestionable es que, si deseamos revertir la situación económica, las empresas deben disponer de liquidez para llevar a cabo sus operaciones.