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Sr. Mario Armero Montes
MARIO ARMERO MONTES.
Fotografía cedida por Mario Armero

MARIO ARMERO MONTES. ANFAC

Obra:

Texto del 13-09-2012

La necesidad de adelgazar nuestra Administración, de realizar un reajuste cultural empezando por el sistema educativo y de potenciar los sectores realmente productivos de España centra el testimonio del letrado y ejecutivo hoy responsable de esta asociación de la industria del automóvil, que observa preocupado nuestra progresiva conversión en un país de servicios mientras hay una lenta desintegración de nuestro tejido industrial.

Trayectoria ligada a la gestión y dirección empresariales

Al finalizar mis estudios de Derecho, ejercí como abogado en el despacho familiar, el Bufete Armero, hasta que decidí especializarme en la gestión y dirección empresariales, primero colaborando en AT&T y, posteriormente, asumiendo la presidencia de la multinacional General Electric Plastics, cargo que desempeñé durante dos décadas. Abandoné esta actividad laboral cuando fui nombrado consejero delegado de la Corporación Llorente. También he sido presidente de la empresa de telecomunicaciones Ezentis, una responsabilidad que he aparcado en 2012 para convertirme en el vicepresidente ejecutivo de Anfac (Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones). También he sido consejero de CLH, compañía española del sector del combustible, así como asesor de la inversora Ergon Capital.

Mejor directivo del año 2005 por la AED

Simultáneamente, he sido presidente del American Business Council, y en la actualidad soy miembro de la junta directiva de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), formo parte del consejo asesor de la presidencia de la CEOE y soy patrón de la asociación no lucrativa Junior Achievement y de la Fundación Prodis, una entidad en favor de los discapacitados mentales. Quizá por la intensa actividad ejecutiva, asesora y social que he desempeñado me hice merecedor, en 2005, del título de “mejor directivo del año” por la Asociación Española de Directivos (AED). 

Salvaguardar y promocionar la industria del automóvil

Nuestra entidad se creó en 1977 para salvaguardar y promocionar los intereses de la industria del automóvil. Anfac muestra una clara voluntad de constituirse en motor económico y actor sociopolítico, por lo que participa en asociaciones nacionales e internacionales presentando iniciativas a los agentes políticos que permitan dinamizar y optimizar el sector. Nuestra actuación se mueve en dos direcciones: en primer lugar, pretendemos ser un centro de conocimiento del automóvil a través de nuestra sección Anfac Research; en segundo, llevamos a cabo campañas de seguridad vial, de divulgación medioambiental, actuaciones de marketing, etcétera. También promocionamos programas de I+D+i y de logística.

Plan Tres Millones

Un ejemplo de nuestro carácter dinámico es el Plan Tres Millones, que trata de subsanar la pérdida de ventas durante los últimos años. En el mercado nacional, hemos pasado de vender 1.700.000 unidades en 2007 a no alcanzar las 700.000 este año, y el mercado internacional también ha sufrido reducciones. Por ello, es necesario reflexionar y determinar qué productos ofrecer y mediante qué campañas se puede propiciar la compra nacional e internacional que permitan volver a la cifra icónica de tres millones de unidades. 

Desindustrialización de España

Durante los últimos años estamos viendo cómo se está desindustrializando España para convertirse en un país de servicios, básicamente turísticos. Hace ocho años el sector industrial representaba el 20% del PIB mientras que ahora representa tan solo el 16%, con tendencia a la baja. Además, esta peligrosa especialización parece ser vista con resignación por nuestra clase política. Pero apostar por la industria es invertir en productividad y futuro. En el caso del automóvil, por ejemplo, las compañías siguen invirtiendo mucho capital en la mejora de las instalaciones, en la producción y en I+D+i, a pesar de la coyuntura, y España podría seguir siendo un destino prioritario para ellas si tomamos las medidas pertinentes.

Potencia en el sector automovilístico

Los medios de comunicación, la clase política y la ciudadanía han de concienciarse de que España es una potencia automovilística, porque disponemos de excelentes ejecutivos y de mano de obra cualificada, y producimos gran cantidad de vehículos de la gama media y, cada vez más, del segmento medio-alto; de hecho, las multinacionales más poderosas operan en nuestro país, y hemos diversificado los destinos de exportación a todo el mundo. En definitiva, nuestra industria ha conseguido ser la que menos empleo ha destruido en época recesión; sin embargo, nos encontramos en una encrucijada en la que, o bien esta tendencia puede invertirse, o bien puede reforzarse nuestra posición de liderazgo.

Mirar hacia el mercado exterior

El sentido común dicta que en España se produzcan aquellos artículos que sean más atractivos en el exterior, porque cada vez resultarán más indispensables para el futuro de cualquier sector los mercados internacionales y porque además, por desgracia, el consumo interior no permitirá por sí solo la recuperación económica en los próximos años.

Coraje de las pymes españolas

Nuestra economía ha estado históricamente aislada, lo que ha condicionado su retraso respecto a los países de su entorno. La irrupción del turismo permitió la entrada de divisas y el desarrollo económico. Con ello se crearon o se fortalecieron un gran número de empresas, que empezaron a tener presencia externa, sobre todo las constructoras y las textiles. Sin embargo, las compañías españolas optaron por la inversión más que por la exportación, algo que luego no supieron materializar en ventas al exterior. No obstante, debemos alabar el coraje de las pequeñas y, sobre todo, el de las medianas empresas españolas de los sectores alimentario, automovilístico y químico, que han apostado por las exportaciones para compensar la pérdida de consumo interno. Este incremento fue especialmente significativo en 2011, pero se ha mantenido durante este ejercicio.

Traspasando los límites de la UE

El primer destino de las exportaciones nacionales han sido los países europeos, pero ahora son mercados agotados y con una reducción de la demanda interna. Pero las posibilidades internacionales son aún enormes, y debemos aprovecharnos de aquellos acuerdos de libre comercio que la UE ha firmado con otros territorios y que están siendo muy productivos; un ejemplo es el que se firmó en 2011 con Corea, que ha permitido la importación de 2.000 vehículos frente a los 40.000 exportados.

Por una legislación europea coherente y unívoca

Si Europa quiere seguir siendo una potencia exportadora, debería unificar las diferentes legislaciones estatales. Padecemos una hiperregulación normativa entre las diferentes estancias administrativas, duplicándose reglamentos, lo que se traduce en un sobrecosto para las empresas y en una reducción de las ventas. Resulta absolutamente necesario promulgar una legislación única para el sector del automóvil –uno de los más regulados–, que sea coherente y unívoca y que se adapte a las evoluciones de los vehículos.

Introducción progresiva del automóvil eléctrico

Los vehículos eléctricos, todavía en fase de desarrollo, no pueden de momento sustituir a los de motor de combustión. Su introducción en el mercado está siendo progresiva porque supone un cambio cultural e implica la adaptación de las infraestructuras. En el futuro, los compradores podrán escoger entre diversos tipos de automóviles según sus preferencias: los de gasolina y los diésel reducirán su consumo y serán menos contaminantes, mientras que los híbridos y los eléctricos se popularizarán, sobre todo, en las grandes urbes con problemas de polución. España se ha quedado fuera de las últimas revoluciones tecnológicas, pero ahora podemos participar en la manufacturación y el desarrollo de coches eléctricos, puesto que en nuestras fronteras se ensambla el paradigmático Twizy de Renault, y, además, somos una potencia en recambios para este tipo de vehículos.

Hacer recortes donde realmente convenga

Aunque el déficit y la caída del consumo han mermado las arcas del Estado, y por tanto es inevitable implementar una serie de recortes, me pregunto si tales recortes se han producido en aquellos gastos más superfluos o, por el contrario, se han limitado a incidir en las partidas más caras. Lo que se debería hacer es adelgazar la Administración suprimiendo las entidades públicas inoperantes o redundantes.

Seleccionar los sectores verdaderamente competitivos

Hemos de potenciar la actividad económica, en especial la industrial, y la I+D+i, seleccionando los sectores verdaderamente competitivos de nuestro país, esto es, la industria aeronáutica, la de las infraestructuras y la del automóvil.

Reestructurar nuestro sistema educativo

Asimismo, es necesario invertir en educación para reestructurar nuestro sistema formativo y que resulte eficiente y productivo, basado en la meritocracia. También hay que potenciar la Formación Profesional y las ingenierías, porque constituyen la base de la industria, y aproximar las universidades a la sociedad. El sistema educativo no debe olvidar que ha de formar, sobre todo, a trabajadores responsables.

Un reajuste cultural colectivo

Además de la coyuntura internacional, en España se ha producido una pérdida de competitividad desde el 2000, cuando se estableció una cultura de la especulación y vivimos por encima de nuestras posibilidades. Nuestra recuperación pasa, por tanto, por un reajuste cultural colectivo. Empresarios y trabajadores hemos de asumir que nuestra competitividad es menor que la de otros países y que nuestros beneficios y salarios también serán, en consecuencia, menores.