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MIGUEL HERNÁNDEZ HIDALGO.

MIGUEL HERNÁNDEZ HIDALGO. HERRERA E HIDALGO CONSULTORES

Obra:
Texto del 14/03/12 .
Fotografía cedida por Miquel Hernández.
 

La labor de esta consultoría pasa por facilitar a muchas pymes los trámites burocráticos, por ayudarles con sus problemas de financiación y por asesorarles en sus líneas de negocio para que puedan subsistir y prosperar en esta época de crisis. La filosofía de los cinco socios que forman la entidad, liderados por el letrado y economista fundador, se vincula a Adam Smith, para quien el beneficio propio debía acompañarse de un beneficio social.

Básicamente, al servicio de las pymes

Nuestra especialidad es la asesoría tributaria y mercantil. Desde hace más de 25 años, el objetivo central de nuestra actividad es mantener la confianza buscando la excelencia en el trabajo con exigencias rigurosas y desde un enfoque ético y noble de la vida profesional, sin escatimar medios ni recursos. Nuestros clientes son pymes abrumadas por la apabullante batería de normas y regulaciones que les afecta. En el ámbito tributario, existen excesivos cambios normativos y ello provoca inseguridad jurídica y que sea posible el juego de combinaciones ciegas y la ley general del azar. Procuramos estar en todas las áreas a las que ellas no llegan, porque no se lo permite su día a día productivo, en aras de que no les ocurra lo que es evitable, verbigracia, que disipadas por sus quehaceres ordinarios, se viesen repentinamente interrumpidas por la llegada de un correo que le revelara deudas de su proveedor con la AEAT, allanándole esta a asumirlas.

Cuando Hacienda no éramos todos

Soy economista y abogado, sin embargo, a la hora de la verdad, uno descubre que no estaría de más tener estudios de psicología, porque muchos de los consejos que nos piden van en esa dirección. De hecho, a mi parecer tuvimos un papel crucial, a mediados de los 80, cuando Hacienda lanzaba aquellas campañas de concienciación ciudadana sobre la necesidad de pagar impuestos, con aquel famoso eslogan “Hacienda somos todos”. Lo recuerdo muy bien porque en esa época estaba empezando a ejercer. Y desde entonces adoptamos una actitud nada estoica que se resiste, en palabras de Bernabé Tierno, a “aceptar un presente teñido de desesperanza como algo definitivo…”

Acuerdos que reflejan una comunión de intereses

La mayoría de nuestros clientes acude a nosotros por problemas de financiación. Cuando los veo excesivamente apurados, no puedo evitar que me trasladen a mí su inquietud y preocupación –aunque no lo exteriorice–, porque si ellos peligran, peligramos todos. Existe, pues, una clarísima comunión de intereses, también entre los profesionales y los empresarios, de ahí que, como norma general, todos evitemos tomar decisiones drásticas y apliquemos el sentido común para evitar males mayores.

Los impagados generalmente responden a dramas personales y no a la picaresca

Los impagados han aumentado y se está extendiendo entre los deudores la práctica de no emitir letras ni pagarés. Conclusión: se deja a deber y ya se pagará cuando se pueda. Este impago, en la mayoría de los casos, no responde a ninguna actitud frívola y picaresca, como suele considerarse, al contrario: normalmente responde a un drama personal, porque la mayoría de los empresarios deudores de la pequeña y mediana empresa tiene todo su patrimonio expuesto como garantía de su negocio.

Se puede vivir sin los bancos

Entre nuestros clientes con problemas financieros, hay pocos que no hayan sido atendidos por algún banco. En realidad, las entidades bancarias siguen concediendo créditos, solo que con muchas más restricciones que antes. Por otro lado, los pocos que no han conseguido convencer a los bancos sobreviven sin recurrir a ellos. Es mucho más duro, pero no imposible, y diría, incluso, que como ejercicio de autosuperación e inventiva, es hasta beneficioso.

Ni auditorías ni ampliaciones de capital dan hoy confianza al sector financiero

No hace mucho tiempo, cuando una empresa quería revestirse de una mayor credibilidad a fin de optar a un crédito bancario o a una ampliación de riesgo, lo mejor que podía hacer era una auditoría voluntaria o una ampliación de capital. Hoy, admito que los bancos son reticentes, incluso, con los que se esfuerzan en demostrar la viabilidad y dinamismo de sus empresas.

Presionar para que los bancos presten más dinero a empresas y particulares

Las medidas para resolver la liquidez de las empresas son prioritarias. El Gobierno está acometiendo algo en este aspecto, sobre todo para los acreedores de las administraciones públicas. Lo más difícil es conminar a los bancos, que son entidades privadas, a que abran la mano y presten más dinero a empresas y particulares. Pero, por difícil que sea, el Estado debería presionar en ese sentido, estipulando que no todo el dinero que el BCE ha puesto a disposición de los bancos al 1% vaya a parar a la compra de deuda pública. Podría disponerse, vía legislativa, otra proporción que beneficie a empresas y particulares. En este sentido es plausible pero insuficiente el Real Decreto-Ley 6/2012, de 9 de marzo, de medidas urgentes de protección de deudores hipotecarios sin recursos.

La reforma laboral, mejorable pero útil

La nueva reforma laboral se ha quedado corta. Aun así, permitirá una mayor flexibilidad y más margen de acuerdo mutuo entre empleador y empleado, sin intermediaciones. Con todo, parece que España continuará siendo el país europeo con un coste de Seguridad Social más alto, cercano a un 38% para un empleado no bonificado. Es prioritario promover políticas que eviten la actual huida de capital humano especializado.

Un caso elocuente del estado de la legislación laboral

Para dar una idea de cómo está el panorama laboral, me parece muy elocuente un caso que viví hace un par de años: un empleado que tenía atrasos en los pagos pidió al juzgado que se le rescindiera el contrato. El juez sentenció a su favor, a pesar de que la empresa no quería despedirlo porque no tenía dinero y de que en el momento del juicio no se le adeudaba nada. Hubo que pagarle una indemnización cercana a los 70.000 euros. El resto de trabajadores, ante el inicio de embargos por la ejecución de dicha sentencia, temiendo que la empresa quebrara, decidieron en bloque pedir lo mismo, y también ganaron. La empresa se encontró con que tenía que pagar en total unos 900 mil euros en concepto de indemnizaciones. Obviamente, no los pudo pagar y tuvo que ir a concurso.

Abogar por soluciones preconcursales

La Ley Concursal del año 2003, en su exposición de motivos, pretendía favorecer la continuidad de las empresas en crisis que acudiesen al proceso concursal. A la hora de la verdad, su rigidez ha sido una concausa en la desaparición progresiva del tejido productivo. Los empresarios, ante tan temido estigma, recurren a ella demasiado tarde, por temor a salir del mercado. Los administradores, a su vez, temen ser declarados culpables y, en consecuencia, tener que responder con sus bienes personales, procurando por todos los medios mantener la empresa a flote, hasta que se dan cuenta que es tarde incluso para presentar el concurso. En España hace falta una figura preconcursal más sólida que la que se esboza en el articulado de esta última reforma, Ley 38/2011 de 10 de octubre, que dote de una serie de medidas que favorezcan las soluciones extrajudiciales a las crisis empresariales.

Trasfondo de picaresca en la economía sumergida

En los países civilizados, cuando alguien actúa de manera irregular o fraudulenta sufre una cierta repulsa social. Aquí sucede lo contrario: se compite para ser el más pícaro del barrio, y lo más lamentable es que los que encabezan el ranking están bien vistos. Parte del enorme volumen de economía sumergida que sufre nuestro país tiene este trasfondo. Nunca he sido muy partidario de la intervención estatal, pero es evidente que problemas como este solo tienen solución desde una intervención reguladora del Estado.

La actividad empresarial también cumple una función social

Hace falta un cambio de mentalidad, más ética y educación empresariales. Se echan de menos valores sociales, porque la actividad empresarial cumple también una función social, no representa una mera búsqueda de beneficios. Si no emprendemos esta tarea educativa, de concienciación, nos arriesgamos a repetir errores en el futuro; a repetir, incluso, la cultura del pelotazo, que tanto daño nos ha causado. Pero no quiero ser injusto con los empresarios atribuyéndoles toda la responsabilidad, porque, si hemos llegado a la situación en la que estamos, es consecuencia de una crisis de valores de toda la sociedad.

Si Adam Smith levantara cabeza

Nos encontramos ante dificultades de gran envergadura. Se trata de una crisis financiera, hipotecaria, económica… incluso del propio derecho, porque hasta la ley está en crisis. Y no digamos la política: ya es flagrante la pérdida de autoridad de los representantes elegidos por el pueblo frente a los grandes grupos económicos, que operan en el mercado como auténticos poderes feudales. Adam Smith propugnaba un capitalismo que buscaba el beneficio propio siempre que este fuera acompañado de un beneficio para toda la sociedad. Ahora se busca solo el beneficio particular y cortoplacista, desatendiendo los objetivos sostenibles a medio y largo plazo.

Una revolución en el mejor sentido de la palabra

Como apunta el economista Santiago Niño Becerra, “lo necesario es lo importante”; es decir, que la salida de la crisis está en algo nuevo, en un cambio de sistema. No debemos volver a lo de antes. Creemos un nuevo paradigma que dé prioridad a lo necesario, reduzcamos la Administración a lo necesario. Por otro lado, basta ya de pedir esfuerzos a quienes no se les pueden pedir más y que los líderes sociales y políticos den más muestras de ejemplaridad, justicia social y proporcionalidad.