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MIGUEL SERRANO MALDONADO.

MIGUEL SERRANO MALDONADO. SM MOTOR

Obra:
Texto del  09/05/11  .
Fotografía cedida por Miquel Serrano.
 

Empresario granadino afincado en Almería, es propietario de tres establecimientos de automóviles. Su carácter emprendedor lo atribuye al hecho de haber crecido en el seno de una familia de comerciantes. Solo podremos salir de la crisis trabajando, pero no ve a ninguno de nuestros políticos lanzar este mensaje. Y si bien le duele el abandono de las pymes por parte de las autoridades, le enorgullece cumplir con sus trabajadores puntualmente a final de mes.

En el sector del automóvil desde 1984

Llevo en el sector del automóvil desde el año 1984. Me metí en él porque me gusta mucho la mecánica. Es todo un mundo y lo vivo con pasión. Mi empresa, SM Motor, representa a una marca norteamericana de coches. También tenemos talleres de reparación y vendemos recambios. Nuestra filosofía se resume en atención y servicio al cliente: algo que es muy sencillo de formular pero no siempre resulta fácil de cumplir. El cliente hoy en día valora muchas cosas antes de decidirse a comprar, de forma que suele llegar al concesionario muy informado. La venta es la parte más importante de nuestro negocio, y conlleva obligatoriamente un servicio de posventa, el cual nos permite fidelizar al cliente y captar así, también, su entorno de amistades. Tengo tres establecimientos, uno en Almería capital y dos en el resto de la provincia.

Obtener una concesión no es fácil

Cuando un fabricante planea introducir una marca en una nueva área geográfica, se informa mucho antes de adjudicar una concesión. Quiere saber el estado financiero de los aspirantes, quiénes son los socios, qué conocimientos tienen, con qué instalaciones cuentan o qué posibilidades de venta hay. Y entre los muchos candidatos que suele haber, eligen al mejor.

Ahorro energético, potencia y lujo

Nuestros clientes no muestran un interés especial por las emisiones de CO2 en el coche que compran pueda emitir. Lo que más les preocupa es el consumo, si gasta más o gasta menos, y también el precio. En esto nos diferenciamos mucho de otros mercados, como el alemán. También se busca el lujo. La potencia y los caballos todavía atraen, pero el hecho de que ya no se pueda correr como antes ha relegado estas prestaciones a un segundo plano. La verdad es que estar pendiente de que el velocímetro no supere los 110 kilómetros por hora es un impedimento para disfrutar de la conducción.

Importancia del toque femenino

En el negocio de la venta de coches tenemos muy clara la importancia de la mujer. El marido elige el coche, pero no se decide hasta que la mujer da el visto bueno. El color suele ser muy importante para ellas. A veces, un color que no le guste lo suficiente a la mujer frustra la compra. Cuando un marido consigue que a su esposa le guste el coche que él quiere comprar, está tan contento que deja la elección del color en manos de ella. El 70% de los colores de los coches los eligen las esposas. La mayoría de coches que vendemos, los que compra la clase trabajadora, rondan los 11.000 euros; los profesionales liberales se suelen gastar unos 30.000.

Gasolina versus electricidad

Creo que los coches de gasolina o diésel y los coches eléctricos coexistirán durante bastante tiempo, porque los coches eléctricos todavía están lejos del perfeccionamiento. Téngase en cuenta que la autonomía de sus baterías de litio es de apenas 70 u 80 kilómetros. También cuentan con un pequeño motor de gasolina que suple al motor eléctrico cuando este se descarga, pero que solo permite circular durante trayectos muy cortos, hasta el lugar de recarga. El conductor de hoy se ha acostumbrado a una autonomía de 500 kilómetros o más, y no está dispuesto a dar pasos atrás. Los clientes no nos preguntan por coches eléctricos, no hay demanda. Yo mismo no me compraría un coche eléctrico, a pesar de que es cierto que en los Estados Unidos se está registrando un cierto boom.

Talleres dedicados al mantenimiento

Nuestros talleres tienen faena, a pesar de que hoy en día los coches sufren pocas averías. El principal volumen de trabajo lo representan las revisiones periódicas y el mantenimiento (cambio de aceite, filtros, neumáticos, pastillas de freno, suspensiones…), que también está siendo cada vez menor. Un coche nuevo, que tenga dos o tres años, normalmente está bien cuidado. Su propietario no se suele saltar las revisiones, porque alargan la vida del coche. Pero a partir de los cuatro años, ya tenemos que ir detrás de ese mismo cliente para recordarle la importancia del mantenimiento.

Formación continuada para atender adecuadamente al cliente

Los continuos avances tecnológicos del sector de la automoción, especialmente la generalización de la electrónica, obligan a nuestros mecánicos a una formación casi continua. Hoy trabajamos con escáneres y con ordenadores que conectan con la centralita del vehículo y es el propio vehículo el que nos dice la avería que tiene, lo cual reduce el tiempo de localización del problema y, por lo tanto, la factura en concepto de mano de obra. También, por el mismo motivo, hay cursos de formación para los comerciales y también para el personal de recepción y recambios. Nuestra obligación es poder atender al cliente, y solo podemos hacerlo si lo sabemos todo del producto que vendemos.

 Elogio a la ITV

La Inspección Técnica de Vehículos (ITV) es positiva porque combate el descuido de los conductores con los vehículos, con lo cual se minimiza el riesgo de accidentes por fallos técnicos. Veo bien que sea una inspección obligatoria, porque si fuera optativa no se haría. Eso sí: determinados cambios que los clientes nos demandan en coches nuevos (como faros antiniebla, cristales tintados…) también están obligados a pasar la ITV, y en ese terreno quizá haya un excesivo celo y una excesiva burocracia.

 Otras experiencias empresariales

Durante 27 años tuve una empresa de máquinas recreativas y de premio, llamada Semaautomatic, con servicio técnico incluido. Instalábamos dichas máquinas en los bares y destinábamos un porcentaje para el establecimiento y otro para la empresa. Llegué a tener unas 200 máquinas en unos 90 establecimientos de la provincia de Almería. Había mucha competencia, pero lejos de echarme atrás, me estimulaba. Me crié en la tienda de ultramarinos de mi padre, allá en Murtas, la Alpujarra granadina, y llevo la vida comercial y empresarial en el ADN. En casa no concebíamos lo de vivir a sueldo.

Que algún político diga de una vez que tenemos que trabajar

Parece que todo el mundo está de acuerdo en que solo podremos salir de la crisis si la economía crece. No se me ocurre otra forma de crecer que trabajar; sin embargo todavía está por salir el político que le diga a la gente que hay que trabajar, y que hay que hacerlo por activa y por pasiva. Creo que desde las altas instancias no se están lanzando los mensajes que se deberían lanzar.

Partidas de obligado cumplimiento que encarecen la actividad empresarial

A veces les pregunto a mis trabajadores de dónde sacaremos el dinero para pagar todo lo que tenemos que pagar. En uno de mis establecimientos, por ejemplo, solo en basuras tengo que pagar 450 euros al trimestre. De suministro eléctrico hace poco pagábamos 200 euros cada dos meses. Ahora pagamos 500 al mes. También se nos obliga a contratar a una agencia que nos lleve todo el tema de la protección de datos; otra que nos gestione la Ley de Riesgos Laborales; otra encargada de todo lo relativo a la higiene y la seguridad en el trabajo… Y todas estas agencias cobran. Estas partidas de obligado cumplimiento dificultan muy mucho la actividad empresarial. Luego está la factura del teléfono, la limpieza, los seguros, el alquiler del local, la seguridad social, los sueldos, etcétera.

Hay trabajadores y trabajadores

No digo que no haya trabajadores buenos, pero también hay trabajadores indolentes, a los que tienes que estarles siempre encima. En general, no se rinde lo suficiente, al menos dentro de las ocho horas preceptivas. Y nadie quiere hacer más horas. Es un tema de difícil solución. Una empresa pequeña que tenga una veintena de trabajadores es un microcosmos muy particular.

La crisis obliga a reducir gastos

La crisis nos ha obligado a reducir gastos. Hemos atajado los más prescindibles y nos hemos visto obligados, también, a despedir algún trabajador. A mí no me gusta ir a un banco a pedir dinero para gastármelo en sueldos. Lo que quiero es que mi negocio produzca dinero para poder hacer inversiones, para realizar una ampliación o para crecer y capitalizar la empresa para subsistir en tiempos de crisis.

Réquiem por las pequeñas y medianas empresas

El Plan E mantuvo unos puestos de trabajo durante un tiempo, pero pasado ese tiempo se perdieron. No se tomaron medidas estructurales de creación de empleo cuando se debieron tomar y se ha olvidado a las pequeñas y medianas empresas, que son las que generan el 95% de los puestos de trabajo. El Gobierno ha estado demasiado pendiente de las grandes empresas en expediente de regulación y no ha estudiado qué hacer para que puedan continuar con su actividad las pymes. Basta darse una vuelta por nuestras ciudades para ver la infinidad de persianas echadas que hay donde antes había un comercio activo. Es triste que no se haya hecho nada por impedirlo.

Proyecto de futuro: superar el presente

Nuestro proyecto de futuro en estos momentos de crisis es mantenernos como estamos. Una de mis obsesiones es que los trabajadores cobren puntualmente el día 30. Eso ya me hace feliz; eso, y que entre todos formemos un buen equipo, a pesar de que siempre hay alguna ovejilla negra; y, asimismo, procurar reducir gastos generales. Con todo esto, una empresa, a pesar de que los ingresos disminuyan, puede subsistir.