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PALOMA SALVADOR CARMONA.

PALOMA SALVADOR CARMONA. S. S. T. CONSULTORES

Obra:
Text del 27/12/11 .
Fotografía cedida por Foto Jorge.
 

 La economista Paloma Salvador defiende una normativa empresarial que se ajuste a las necesidades de todo tipo de entidades. Su labor como asesora y consultora le ha hecho percibir que una mentalidad como la española, renuente a pagar impuestos y propensa a la cultura del pelotazo, supone un serio obstáculo para conseguir dejar atrás la crisis que padecemos, acentuada por el largo camino que aún nos falta para conformar una Europa realmente unida.

La labor de los asesores no es lo bastante visible

Soy licenciada en Economía y Administración y Dirección de Empresas, y pertenezco a varios colectivos, tales como el de gestores administrativos, economistas y el de ciencias forenses. Me dedico con especial dedicación a las materias legal y contable del ámbito empresarial, y mantengo una cartera de unas 35 empresas de máximo 10 o 12 trabajadores. Los clientes particulares requieren mi ayuda sobre todo en cuestiones de renta. Muchas empresas se hallan sin formación ni infraestructura en lo tocante a asuntos legales. Esto último es algo que intento procurarles hasta que ellas puedan hacerlo por sí mismas. Algunas comenten el error de volar solas antes de tiempo y, como Ícaro, pronto se queman las alas y caen al mar. Es una lástima que el trabajo de los asesores no sea más visible. Se piensa que es fácil nuestra labor, pero ni siquiera contamos con un colectivo que nos arrope y nos proteja. La Agencia Tributaria, por su parte, más bien actúa en sentido contrario.

Desprotección oficial ante el intrusismo que acecha al sector

Es un hecho cierto que muchas personas asesoran sin preparación. En la actualidad es suficiente un alta fiscal para ejercer, pues no te suelen exigir titulación, salvo en el juzgado, donde sí son precisos unos requisitos básicos. Soy una de los muchos profesionales que trabajan por su cuenta y que, realizando una labor social nada desdeñable, no podemos menos que lamentarnos de la desprotección oficial ante el intrusismo que acecha a nuestro sector. La Administración no premia a quienes hacen bien su trabajo; se limita a castigar si hace falta. Tampoco nos da cobertura ante el cliente y se permite cuestionar nuestro criterio profesional a diario.

Hacienda no sabe resolver los problemas importantes de fraude fiscal

La Hacienda pública española se distingue por su éxito solamente en la persecución de pequeños fraudes. Por añadidura, no ayuda a resolver los problemas de las empresas, ni aporta ningún tipo de mecanismo que impida el que una persona desempleada o con dificultades para trabajar acepte de forma eventual ejercer cualquier actividad económica sin tributar. Reconozco que se cometen abusos en materia laboral por parte de algunos trabajadores, pero también es verdad la mayoría son muy honrados. Es cuestión de usar el sentido común, no de perseguir a nadie.

Los costos de los procesos concursales recaen sobre las propias empresas

Mi experiencia es muy limitada en materia concursal. Considero no obstante que la ley no es mala, pero, como muchas de las leyes de este país, se creó sin prever algunas de sus consecuencias. Si una empresa tiene problemas de liquidez, ir a concurso le añade los costes que supone el proceso. Pocos son los que pueden escapar de este callejón sin salida. La solución pasaría por que la Justicia asumiera una parte de los gastos del concurso, aunque fuera a través de préstamos a largo plazo.

Habría que modificar la mitad de nuestra normativa

A muchos empresarios no les quedan más opciones que cerrar o despedir, pero despedir implica siempre un desembolso. Hay quienes mantienen su empresa con todos los trabajadores, para acabar cerrando indefectiblemente. Aunque la mitad de las leyes básicas de España requieren ser revisadas, no soy nada optimista acerca de la bondad de los posibles cambios. La reforma de la Ley de Contratación, por ejemplo, solo ha servido para lograr cada vez mayor precariedad laboral.

Leyes justas para todo el mundo

El problema fundamental es que la normativa de la reforma laboral que parece estar llevándose a cabo se aplica a la nueva contratación y no a la antigua. De este modo, los contratos antiguos siguen sin poder pagarse. Es de lamentar que todo se haga con vistas a los nuevos cambios. Lo mismo sucede con el fomento de empresas de nuevo cuño; por qué se toman medidas para premiar a un joven de 25 años y, en cambio, el empresario de 55 se ve obligado a cerrar su negocio. Las leyes han de ser justas para todos, pues de lo contrario se vuelven inútiles.

Empecemos apoyando a las empresas ya en funcionamiento

El Gobierno debería atender las necesidades concretas de las pymes, puesto que, a fin de cuentas, son las que de veras crean empleo, lo que aumenta el consumo y este a su vez incrementa la inversión. Empecemos por apoyar a las empresas que ya están en funcionamiento.

Todos los empresarios que conozco son grandes trabajadores

Quizás haya algunos empresarios que se hallen mal encaminados, pero todos los que he tratado en persona son grandes trabajadores. Si dedicaran más esfuerzo a pensar y crear estrategias de negocio quizá mejoraran su trayectoria, pero el trabajo les absorbe de un modo tal que les impide ver otros caminos que los ya trillados. Pararse a buscar otras alternativas significa detener el trabajo, y hoy por hoy no pueden hacerlo.

El difícil arte de ser empresario

Un gran paso del empresario actual es aprender a ser empresario en sí mismo. Adiestrar al autónomo, como de algún modo procuramos hacer los asesores, en el difícil arte de ser empresario es un trabajo arduo y no siempre exitoso. Muchos de ellos, debido quizá a una postura en exceso conformista, no lo consiguen nunca. Para empezar, vienen a nosotros cuando los problemas ya son acuciantes, obligándonos a solucionarlos de una manera no del todo satisfactoria para nadie.

Falta innovación en la pequeña y mediana empresa

El trabajo de una pequeña empresa en España sigue siendo básicamente manual. Un fontanero empieza su profesión con una llave inglesa en la mano y la termina del mismo modo. Es decir, no se produce una verdadera innovación dentro de las pequeñas empresas, por lo que tampoco gastan en inversión ni se reciclan. Sin duda falta innovación dentro de las pymes españolas, aplicar nuevos procesos a los viejos. Los mecanismos estatales para controlar y mejorar esta situación siguen siendo muy pobres.

En pro de una racionalización de la Administración pública

Aunque vivo en un entorno muy local, creo que hay que racionalizar las actuaciones gubernamentales y la estructura estatal, así como tomar medidas globales para solucionar la crítica situación que vive el país. La Administración pública debería reducir aquellos confusos cargos intermedios que podrían obviarse sin perjuicio de nadie. Hay que ayudar a quienes asimismo puedan ayudar, es decir, a las empresas. Hacienda es un buen ejemplo de reforma, pues distingue claramente lo local, lo autonómico y lo nacional. Por otro lado, el estatus del funcionario ha empeorado en estos años. Cuanto más se recorte en personal e inversión, más afectado se verá el consumo.

No existe una Europa real

El Banco Central Europeo es una consecuencia de la Unión Europea actual, y poco se parece al que se creó en su día. Es una cuestión de soberanía política. Darle poder al BCE supondría pasar por encima de la soberanía de muchos países. Su administración no debería pasar por el Parlamento sino por la Comisión Europea. Debería ser nuestro Consejo de Ministros Europeo. Hoy la presidencia de la Unión Europea es una función meramente representativa. Convertir a Europa en una especie de Estado federal resolvería la cuestión. Distinguir entre los que están en el euro y los que no, no beneficia a nadie. Crea trabas a nivel mundial, de ahí que muchos se manifiesten en contra de la idea europea. A la estructura de la Unión Europea hay que dotarla de más fuerza y poder.

Dar salida al activo y resolver el problema de las hipotecas

No creo que sirva de nada la creación de un banco malo para ayudar a las entidades bancarias a limpiar los denominados “activos tóxicos”. Esta nueva expresión no solo engloba las hipotecas, como dicen algunos, sino también otros elementos problemáticos. Más bien habría que plantar cara al problema sin miedos. Seguro que debe haber algo salvable de esos activos. Si no es así, se impone adoptar una solución drástica y eliminarlos. Crear un banco con el único fin de convertirlo en vaciadero de problemas sin resolver no tiene ningún sentido. Sería añadir un problema al que ya tenemos. Hay que dar salida al activo y resolver en lo posible el problema de las hipotecas.

Por definición, el ciudadano español es alérgico a pagar impuestos

No existe en España una cultura empresarial propiamente dicha. Pagar lo mínimo y recibir lo máximo es la consigna. Cuanto más joven es el cliente, menos impuestos quiere pagar. El índice de economía sumergida es alto, pero no creo que atajarlo de golpe produjera una revuelta social. El español se las apañaría para encontrar otro modo de hacer lo mismo. Tampoco creo que sea el origen de los problemas económicos que padecemos. Tardaremos en ser europeos en este y en otros sentidos.

El pelotazo viene de lo más hondo de nuestra idiosincrasia

En España persiste por desgracia una mentalidad laxa y renuente a todo esfuerzo que busca a toda costa acumular la mayor cantidad de dinero posible del modo más fácil y cómodo posible. Aquí todo el mundo quiere dar el pelotazo, o ansía que le toque la lotería. Esta ideología de intentar o anhelar conseguir lo máximo con el mínimo esfuerzo proviene de lo más hondo del español. La única manera que veo de combatirla es empezar a cambiar la educación desde su misma raíz.