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Pedro Ruiz
PEDRO RUIZ.
Pedro Ruiz Artista

PEDRO RUIZ. Artista

Obra:

Texto del 24/10/2002
Fotografía: Àngel Font

Pedro Ruiz es un actor, lo que los americanos llaman un “showman”, de larga trayectoria harto conocida por todos los españoles. Es una persona con una filosofía de la vida y de la sociedad que le ha llevado a protagonizar sonados conflictos con las altas esferas del poder. Mucho antes de la transición ya se había erigido en voz de la conciencia contra los abusos y la injusticia que se cometen en nuestra sociedad.

Sólo reivindico mi propia libertad individual

Antes de nada debo hacer una precisión que hago siempre que hablo de polí­tica, porque considero que esto matiza el resto de mis opiniones: no creo en el concepto de patria, no participo de ningún espíritu colectivo o identidad gremial; sólo creo en el individuo, sólo reivindico mi propia libertad individual, e incluso eso lo hago con ciertas reservas, porque mi confianza en la especie humana es limitada. No somos más que un chimpancé con ­altavoz, bien poca cosa en realidad. Estoy convencido de que la libertad completa no existe ni existirá, así que, como mucho, podemos aspirar a un ­estado de rebeldía fisiológica contra el poder.

Conviene precisar también de entrada que, independientemente de los espec­táculos teatrales y los comentarios que he hecho y haré mientras siga vivo, soy un gran ignorante en temas políticos. Lo único que puedo afirmar con total sinceridad, y lo vengo constatando a lo largo de toda mi trayec­toria personal, es que la democracia no es más que la dictadura del dinero, que si bien existen ciertas libertades para elegir tal o cual cosa, más capacidades de protesta, asociación y expresión, hay también importantes grupos de presión que manejan la vida de los demás. Detrás de todo eso siempre ­encuentras los mismos intereses económicos encabezados por las mismas personas; por decirlo más claramente, detrás de todo siempre encontra­remos un gran banquero. La democracia es una sardana en la que los magnates del sistema financiero se agarran las manos unos a otros. Cuando alguien se descuelga del sistema, se coge la mano del siguiente, se ignora que aquél perteneció a la sardana y se sigue bailando y mirando al centro, donde está el poderoso banquero de turno, lleve el ilustre apellido que lleve en cada momento.

El retorno de Tarradellas restablecía una situación rota por la fuerza

Del inicio de la transición recuerdo la alegría de mi madre por la vuelta del President Tarradellas, por el que sentía un enorme cariño como representante de una institución que recordaba y valoraba, yo compartí esa alegría con ella desde la supina ignorancia que tengo y teníamos todos por aquel entonces sobre temas políticos. Desde el punto de vista de la formalidad democrá­tica y de la legalidad institucional de los países, naciones o regiones, el ­regreso de Tarradellas, sencillamente, restablecía una situación que había sido modificada por la fuerza, y el uso de ésta nunca me parece una buena razón, por lo que era un hecho a celebrar. Sin llegar a conocerle personal­mente, me transmitía un halo de seriedad, entendida como capacidad de cumplimiento de la palabra dada, lo cual me parece un valor elogiable en cualquier político.

La libertad de expresión se circunscribe a ámbitos concretos

Mi vida ha sido un largo rosario de prohibiciones, que aún hoy sigo padeciendo. En mi actividad profesional como artista, ya sea en la etapa en Radio Nacional de España, en TVE o en los teatros, que era a lo que me dedicaba primordialmente en la época de la transición, he sido víctima constantemente de los ataques de la censura. De esos momentos recuerdo mi confusión personal ante los acontecimientos que comentaba en mis espectáculos, y sobre todo la sensación general de miedo que se percibía en la gente ante la situación de cambio de régimen; por eso supuso un gran alivio el fin de la censura, la consecución paulatina de una cierta libertad de expresión en ­todos los campos, las garantías de que no iban a cerrar el teatro por hacer deter­minados comentarios políticos.

De todos modos, esa libertad de expresión siempre ha sido parcial, restrin­gida a unos ámbitos muy concretos, como el teatro o cualquier otra forma de expresión artística, y especialmente limitada en los grandes medios de comunicación en los que también he trabajado cuando me lo han permi­tido. A este respecto, en la actualidad todas las televisiones están sometidas a una dictadura, porque todas están controladas por algún partido político. No me duele decir esto, lo que me dolería es no poder decirlo, y es muy sano y democrático denunciar esta situación, proclamarla como vengo haciendo desde hace tiempo en mis espectáculos teatrales ante el público que asiste a ellos, ejerciendo de manera directa mi libertad de expresión. Pero pese a ser verdad, esto no lo publicaría nunca ningún medio cuyo capital pagara una opinión contraria a la que sostengo. En la televisión todos sabemos que nadie puede decir lo que piensa sin morderse la lengua porque el capital que paga tu presencia en el medio no lo va a tolerar.

La noche abierta es un programa sin más pretensión que mostrar a través de una conversación amable y amena el perfil humano de la gente famosa

Desde hace una temporada vuelvo a trabajar en televisión dirigiendo un programa en directo de entrevistas que, de algún modo, reivindica el res­peto a las charlas inteligentes y la seriedad del género, cosa que se había per­dido en el medio. Me siento contento de haber hecho La noche abierta, pero siento y sé que es inútil, que no vale para nada este modo de hacer mío, que no va a ser modelo a imitar en el futuro ni comportará el más mínimo cambio hacia un estilo de programas de televisión bien hechos. Ha sido un ­modo de hacer marcado y obligado por la enfermedad de mi madre, que desde hace más de cinco años está hemipléjica en una silla de ruedas. Por eso he hecho este programa, porque me permite quedarme en casa cuidándola en vez de estar de gira por los teatros de todo el país, y porque resulta cómodo, tanto para mí como para la gente a la que denuncio en mis espectáculos.

Con respecto al programa, considero paradójico que un artista, que es lo que soy en realidad, y no un periodista como se me califica equivocadamente a veces, haya devuelto el respeto a las charlas. No tenía ninguna pretensión de profundidad, sino de comodidad, y de hacer con los demás lo que me gustaría que hiciesen conmigo: entablar una conversación sin prejuicios. Como dice Fernando Fernán Gómez toda entrevista es una impostura, son dos desconocidos hablando entre sí y contándole cosas a un tercero que no saben quién es. Cuando a veces alguien me hace una entrevista procuro decirle: “ten la bondad de olvidarte de todo lo que crees ­saber de mí, a ver si eres capaz de hablar con el hombre que tienes ­delante”, y ­ésta es la técnica que aplico en La noche abierta. Se trata de vaciarme de mí por completo para llenarme del otro. Comparto el punto de vista de Josep Pla1, quien decía: escoltar és posar atenció en el que diu ­l’altre, fugint del xivarri que cadascú porta dintre.

No cuesta hablar sinceramente con alguien si no mientes

En el programa no actúo: soy sincero y el cariño que muestro a la gente que viene es absolutamente sentido, porque creo que sin la verdad no se puede mantener una conversación de aquella forma, aunque no sea una conversación trascendente. Se trata de un cariño astutamente sincero, incluso para los adversarios que he tenido en la vida, miembros destacados de la política nacional que me han acosado pero a los que siempre he invitado al pro­grama. Si no quieren venir me parece perfecto, ya que están en su derecho. No soy un hombre rencoroso, soy alguien que pretende no quebrar sus principios. No cuesta hablar sinceramente con alguien si no mientes, es decir, ­todos nos mentimos a nosotros mismos (no voy a decir ahora que soy per­fecto, porque es rotundamente incierto), pero si conservas la sinceridad ­incluso con tus errores, no cuesta improvisar una conversación, y La noche abierta es un programa improvisado, que se hace sin guión previo tal y ­como debe desarrollarse cualquier charla.

La amenaza de que el poder establecido se enfadara

Soy muy amigo de Albert Boadella: le respeto y le admiro, nos criamos en el mismo barrio y es uno de los pocos que ha venido dos veces a La noche abierta. Cada vez que he hecho televisión de la que me gusta hacer, normalmente de humor, él ha trabajado conmigo. He visto la parodia que hace de Jordi Pujol en Ubú President2 y me pareció una obra llena de talentos escénicos y de capacidad de comunicación como sólo tiene Boadella y pocos más en el mundo. La disfruté sin saña porque quiero entender que, por debajo de las manifestaciones públicas de Albert e incluso de las mías, nunca ha habido animadversión, ambos nos hemos enfrentado desde nuestras diferentes formas de trabajar con auténticos peligros, con la amenaza de que el poder establecido se enfadara con uno mismo, como nos ha ocurrido con frecuencia, a diferencia de otros que hoy pasan por progres. El esperpento, que es lo que se hacía en Ubú president, es un género complicado. Evidentemente había en la obra un afán, que no ha negado nunca Boa­della, de desacreditar, de estar “en contra de”, pero esto siempre es admi­sible si se hace con el respeto suficiente. No sé cuáles son los laberintos ­interiores de Albert Boadella para tener la hostilidad o la opinión contraria que tiene de Jordi Pujol, que no comparto porque tampoco milito en ningún otro sitio. Comprendo que Pujol se sintiera mal reflejado, eso es algo que también me ocurre a mí con muchos otros que no me conocen, o no me comparten, lo cual es lícito en la vida.

La sociedad produce frustraciones

Un personaje especialmente entrañable para mí es Charly Rexach3, mantengo con él una gran amistad, aunque no nos vemos mucho. Jugábamos en los equipos inferiores del FC Barcelona, fuimos al mismo instituto e incluso hicimos juntos el servicio militar. Charly tiene una cosa que me parece muy importante y que no se enseña en los colegios y las universidades, que es la sencillez, en todo y aplicada a casi todo. Rexach pertenece a esa época en la que representar un sentimiento colectivo, de grupo, todavía tenía una cierta importancia. El día que estuvo en el programa, cuando aún era entrenador del FC Barcelona, contaba que ahora ya no se habla con un jugador de fútbol en el vestuario, se habla con una empresa porque cada jugador tiene su representante, su abogado, sus espónsores, y creo que esto es excesivo. El fútbol era bonito cuando el balón salía por la banda y un espectador te lo bajaba a buscar a la calle, ahora ya no. Implicado en este asunto, un hombre como Charly Rexach no es que ­pueda hacer poco, es que hasta a él le puede parecer poco interesante el deporte actual. Yo le considero un romántico al que le gustaba y le gusta jugar al fútbol, pero entrena en un mundo en el que ya solamente hay mercenarios, y él para sobrevivir tendrá que convertirse en un mercenario más. La sociedad produce frustraciones y por algún sitio hay que ­sacarlas, pero el fútbol se está convirtiendo en otra frustración. Si Franco hubiera programado siete partidos semanales, los progres, los antifranquistas, y yo mismo, hubiéramos dicho no sé qué. Ahora, en cambio, las televisiones se inventan torneos para llenar sus programaciones, es una cosa desmedida.

Rebeldía y ternura son fruto del desprecio a la apariencia

Entre los personajes políticos, he tenido una gran amistad con Carrillo, con Alfonso Guerra, con el difunto Rodríguez Sahagún4 y con Suárez. Hay personajes que son tiernos aunque parezcan lo contrario. Por ejemplo, Alfonso Guerra es una de las personas más tiernas que conozco, en todos los sentidos, porque es un romántico, un independiente, un poeta, un hombre muy culto y sensible. En cambio, se le hace aparecer ante la opinión pública ­como un hombre muy duro y prepotente, algo que también dicen de mí. Pero esto no es más que un mecanismo de defensa ante la ternura, porque siempre he creído que la rebeldía y la ternura vienen de la misma fuente, el ­desprecio a la apariencia.

Los artistas siempre hemos sido perseguidos e infravalorados por la sociedad

Hay una gran diferencia entre la verdad pública y la verdad publicada. Creo que el mundo actual está manejado por los medios de comunicación, como decía Vittorio Gassman “la televisión ha sustituido la realidad”. Si mañana dicen de mí que han encontrado un kilo de cocaína en mi coche, aunque sea falso no lograré desmentirlo nunca. El sistema va en contra de los independientes de un modo permanente ya que molestan, no tienen tribuna ni sitio en la televisión actual.

Un ejemplo de ello es lo que se ha dicho de mí, que tuve problemas con Hacienda y no es cierto. Cometí, por así decirlo, un delito de opinión por defender a la difunta Lola Flores cuando fue perseguida por el fisco5. Manifesté cosas que me parecieron en ese momento oportunas y que me complicaron mucho la vida. Dije a los que gobernaban entonces que no se metieran con una artista para escarmentar a la gente, que si querían perseguir irregularidades fiscales se fijaran en Botín. De una manera estúpida me sentí concernido y me metí en una pelea en la que me quedé solo una vez más. No he tenido problemas con Hacienda, se hizo aparecer como un problema a posteriori para invalidar mi opinión, desde entonces he adquirido una experiencia enorme para pelearme en solitario. La vida es un préstamo y yo he aprendido a usarla con muchas dificultades, me han puesto muchos contratiempos; esto me da bastantes problemas exteriores, pero interiores pocos, es decir, tendré conflictos por fuera cada vez que exprese mis opiniones, pero úlcera, difícilmente.

La persecución y el desprestigio continuo de la profesión se siguen ejerciendo

En España perseguir a los artistas ha sido siempre un recurso fácil desde el poder, conviene recordar que hasta los años 40 nuestra profesión se consideraba pecaminosa y los artistas no podían ser enterrados en sagrado. En la ­actualidad, la persecución y el desprestigio continuo de la profesión se ­siguen ejerciendo a modo de catarsis de la sociedad. En este país hay, por decir algo, cuatrocientos personajes públicos, muchos de ellos artistas, ­sobre los que ­libremente se puede cotillear, difamar impunemente e inventar de ellos lo que sea sin que el espectador se sienta ofendido por este ­espectáculo informativo denigrante. Esto supone un negocio multimillonario y no lo para nadie. En este tema mi opinión como observador, como protagonista a veces y como ­víctima en otras, está bastante documentada, al menos en sensaciones.

Detrás de toda parodia o esperpento se esconde siempre una verdad

No pretendo con esto caer en un victimismo fácil, y reconozco que también son víctimas, a veces, algunos personajes públicos que otros artistas y yo hemos imitado y criticado. Lo que pasa es que en el mundo de la imitación, de la parodia o del esperpento hay una verdad, y ésta consiste en que se anuncia que es mentira. Los medios de comunicación, en cambio, sólo publican una verdad, que es la fecha, y al día siguiente la desmienten, por este motivo ­rechazo permanentemente el término de periodista. Soy artista, porque el periodista opina o escribe como si dijera la verdad y yo, como artista, anuncio que digo mentiras, pero son las mías.

De todos modos, a veces hay un poco de venganza en las puyas que se dirigen a los políticos y personajes poderosos: sin duda es así, es algo humano. El filtro por el que se genera la parodia o el esperpento, el arte en general, es un hombre, y al hombre le pasan cosas, el excipiente está sobre la base, no se puede diferenciar. En mi caso no puedo salir de mí mismo, de las circunstancias ajenas que rodean mi vida, de mis fobias y filias personales, pero las críticas las hago en el marco de un teatro, lo que me impide presentarlas ­como verdad absoluta. Además, los personajes a los que imito o parodio los utilizo a modo de muñecos, simplemente para comentar la actualidad, sin ánimo de ofensa o burla personal.

De Jordi Pujol me atraen especialmente los aspectos humanos

Vivimos en una sociedad donde los juicios son por eyaculación precoz, aquí opinamos de los demás sin reflexionar demasiado, todos de todos (no quiero hacer una casta aparte con los artistas), y en mi caso particular, hago las valoraciones, la mayoría de las veces, desde una rebeldía muy grande, y en otras ocasiones desde una cordialidad enorme. Mi análisis de Jordi Pujol se resiente sin duda de ello, porque le he tratado en pocas ocasiones y de ma­nera superficial, y me interesa más su persona que su perfil político.

Le entrevisté para La noche abierta y vino justamente el día en que gané una demanda por incumplimiento de contrato contra una cadena de televisión. Recuerdo que lo estábamos comentando antes de empezar el programa, y él me decía que debía estar contento, le dije que sí y expuse las razones morales de la demanda, pero él, respondiendo al tópico del catalán, se interesó por el dinero de la indemnización. Durante el ensayo del programa bajó la escalera, se sentó en su sitio y sin estar conectadas las ­cámaras comenzó a hablar como si ya estuviésemos en directo, y tuve que hacerle ver que no habíamos empezado todavía la emisión. Pero recuerdo especialmente una cosa muy encomiable desde el plano estrictamente humano: fue a saludar una por una a las señoras de la limpieza del plató, pidió soledad a sus guardaespaldas y se quedó cinco minutos en una esquina concentrándose para la entrevista.

Sabe hacer del defecto una virtud

Es un hombre que tiene mucha memoria, puedo acreditarlo porque nos hemos encontrado varias veces en distintos lugares y siempre recuerda anécdotas personales que le he explicado sobre mi familia. Tiene un discurso poco académico pero que conecta, además de una gran rapidez de ­reflejos ante los errores. Recuerdo que coincidimos en una entrega de premios del programa radiofónico de Luis del Olmo, y él estaba hablando y, en un momento determinado, se olvidó del nombre de la emisora, dijo: quiero agradecer a Onda Radio… cuando se trataba de Onda Rambla. La gente se rió y acto seguido comentó: lo he hecho adrede para ver si me escu­chaban. Sabe hacer del defecto una virtud, lo que me parece muy importante en la vida. Como hombre de teatro, soy de la opinión de que ante el error, desparpajo.

Compadezco al asesor de imagen de Pujol

Cualquier persona que se dedique a dirigir un grupo de opinión, por ejemplo, un partido político (que para mí no es más que un campo de concentración mental), lo que hace es arrastrar a una tribu que se cree representada por lo que él dice, consecuentemente nadie va a asesorar a quien dirige la tribu de una manera mejor de la que él mismo se asesora, porque un líder no se elige, se destaca del resto.

Supongo que el asesor de imagen de Jordi Pujol debe ser una persona consciente de que le toca aportar mucha leña para acabar aprovechando, tal vez, sólo una astilla. Pujol posee una capacidad innata para meterse en el bolsillo a la gente.

Una de las pocas figuras políticas sensatas del país

Dentro del marco de la política, creo que Jordi Pujol representa una mezcla de pragmatismo y sueño. Es alguien que te hace sentir cercano cuando hablas con él, aunque a veces sabes que no te está escuchando porque tiene la cabeza en otra parte. Tiene el carisma del hombre que podría ser tu vecino o tu compañero. Desde el punto de vista de alguien que no cree en la política, me parece que ha actuado de manera razonablemente sensata, aunque sea una doble aseveración lo de razonable y sensato. Le considero un referente de eso a lo que llaman Estado, en lo que yo no creo mucho, pero transmite esa apariencia, la de un referente, y al Estado los hombres con el modo de hacer y el carisma de Pujol le vienen bien. En el conjunto de su labor, dentro del pragmatismo y de lo que se puede y no se puede conseguir, creo que ha sido una figura política positiva en el marco de la transición, de la salida de la dictadura. Ha sido un político representante del buen juicio (lo que los catalanes llamamos seny), y desde este punto de vista difícilmente surgirá otro parecido en el panorama español.

El derecho de autodeterminación es también un derecho individual, además de colectivo

Creo en el individuo y, consecuentemente, no derramaría mi sangre por ninguna bandera. Opino que las banderas sólo sirven para tapar a niños que tienen frío. Estoy de acuerdo con lo que decía a propósito el Nobel de literatura y gran pacifista Hermann Hesse: cuando el hombre y el patriota ­discuten le doy siempre la razón al hombre, porque al final las patrias no son nada más que un gran negocio que lleva dentro escondidos muchos camelos, y esto lo he comentado a todos los presidentes de gobierno que he cono­cido. El auge de cualquier nacionalismo es cuestión de unos ambiciosos que, a través de unos insensatos, intentan finalmente hacerse con el control del ­cotarro. La cultura, el folklore, la lengua, todo esto también forma parte del mismo asunto, pero al final, tal como está mercantilizado el mundo en estos momentos, lo pragmático, lo que cuenta, es el control de los recursos ­económicos. Esta es mi impresión, que no deja de ser en el ­fondo la de un escéptico, y como tal debe tomarse.

El caso es que ahora el tema está de moda, como diría Pujol parece que toca hablar de modificar el Estatut y la Constitución, del derecho de autodeterminación, de la Europa de las naciones y no de los Estados, todo lo cual parece muy importante y trascendental, pero que con la debida perspectiva histórica dentro de algún tiempo sonará ridículo. Respecto a este tema, creo que no ya sólo los pueblos, sino todos los hombres de la Tierra tienen de­recho a la autodeterminación. Con respeto se puede llegar hasta donde ­queramos en este asunto, incluso acabará siendo independiente mi habi­tación de la de al lado. Independencia toda, con respeto hacia los demás toda la que se desee, pero conmigo que no cuenten para ir en el grupo. Yo soy un apátrida, soy un solitario y así voy a seguir porque no me quiero sentir ­representado por ningún grupo de gente. Otra cosa son los sentimientos, ya lo decía gente más ilustre: nuestra patria es la infancia, y a partir de ahí, por la casualidad de criarte en un sitio o en otro, en un determinado territorio, con una determinada cultura y lengua, eso te marca de por vida. Pero la patria, la nacionalidad, el derecho de autogobierno, son conceptos que nada tienen que ver con esos sentimientos.

Viví el golpe de Estado de 1981 como un espectáculo teatral grotesco, pero sin que me afectase demasiado

El golpe de Estado me pilló en mi casa de Barcelona, con un compañero que era más o menos del FRAP6, y que lógicamente sufría por lo que pudiera pasar, y con mi amigo Arturo Fernández, que por aquellas fechas estaba trabajando en el teatro Talía, y al enterarse llamó y vino a casa, y allí estuvimos los tres toda la noche. Uno estaba pendiente de los sucesos de una forma y el otro también por motivos distintos, y yo estaba en ­medio observando sus reacciones. No se puede decir que estuviera ­preocupado por los acontecimientos, me lo tomé más bien como un ­espectáculo insó­lito, no sabía qué pasaría ni cómo terminaría aquello hasta que apareció por televisión el Rey vestido de militar, pero esa es otra historia.

1          Josep Pla (1897-1981), escritor y periodista catalán, gran figura literaria y agudo cronista de la Cataluña y la Europa del siglo xx. Los cerca de cincuenta volúmenes de su obra completa constituyen un fresco en el que se pueden encontrar toda clase de personajes y acontecimientos. Traducción de la frase citada: “escuchar es prestar atención a lo que dice el otro, huyendo del bullicio que cada cual lleva dentro”.
2          Ubú president, obra estrenada en 1995, es una sátira mordaz de la figura humana e institucional del President Pujol, que ha desatado una furiosa polémica en los círculos políticos catalanes.
3          Carles “Charly” Rexach (1947), futbolista cuya carrera deportiva ha estado ligada siempre al FC Barcelona, en el que ingresó en sus equipos inferiores a los doce años y ­debutó en primera división a los dieciocho. Tras su retirada del deporte profesional ha ejercido de ­segundo entrenador en las etapas de Johann Cruyff y Louis Van Gaal, y fue entrenador titular del primer equipo del FC Barcelona en la temporada 2001-2002.
4          Agustín Rodríguez Sahagún (1932-1991), empresario y político durante la transición. Ocupó los ministerios de Industria y Energía y de Defensa en gobiernos de Adolfo Suárez. Fue alcalde de Madrid de 1989 hasta 1991.
5          Dolores Flores Ruiz (1923-1995), bailaora, cantante flamenca y actriz, conocida popu­larmente como Lola Flores y “La faraona”, ha sido una de las artistas con más talento de nuestro país y de mayor fama. En 1989 una investigación del ministerio de Hacienda la inculpó por fraude en sus declaraciones de impuestos. Finalmente fue ­absuelta, pero tuvo que pagar una fuerte multa.
6          Siglas del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico, organización armada clandes­tina vinculada al PCE (m-l), grupo maoísta escindido del partido comunista. Fundado en 1974, sus acciones de lucha armada fueron duramente reprimidas por el ­régimen franquista. Tres de sus militantes fueron fusilados en septiembre de 1975, prota­gonizando las últimas ejecuciones de la dictadura.