Ramón Maria Calduch Economista
Ramón Maria Calduch Economista
TH, 1r VOLUM. La transición política española

RAMÓN MARIA CALDUCH. Economista

Texto del 18/02/2003
Fotografía: Àngel Font

Ramón Mª Calduch es un personaje extremadamente polifacético y curioso ante todo lo que le rodea.

Como economista, su actividad laboral le proporciona una visión panorámica de la evolución del mundo empresarial en España desde la transición hasta hoy.

También es conocido por ser el fundador y vicepresidente de la Fundación Europea de Medicina Tradicional China.

Hay en sus declaraciones bastantes elementos de madurez reflexiva, de crítica moderada a los procesos políticos y económicos vividos en los últimos años, y también la sensación de que la transición es una etapa superada.

El desarrollo de la transición corrió paralelo a mi toma de conciencia política

Por edad, el periodo de la transición política coincide con la época de mi juventud. Tenía trece años cuando se produjo el atentado a Carrero Blanco, quince cuando murió Franco, y justamente hice los dieciocho el año en que se aprobó la Constitución. Recuerdo que por la muerte de Carrero Blanco nos dieron fiesta en el instituto en señal de luto. Algunos profesores estaban contentos, pero otros se mostraban muy preocupados por lo que había pasado. No tenía en aquella época conciencia política, ni podía imaginar qué representaba aquello. Cuando murió Franco, oía hablar a los mayores de que eso llevaría a la democracia, a una apertura política, pero la sensación personal fue la misma que al cumplir dieciocho años y alcanzar legalmente la mayoría de edad: un sentimiento de frustración, de no notar ningún cambio repentino, ninguna diferencia significativa entre ser menor y mayor de edad.

En el caso del país, no se apreciaba grandes cambios todavía en el régimen en comparación a como funcionaba en vida de Franco. En definitiva, no se puede decir que tuviese una conciencia política clara antes de los dieciocho años, excepto en el tema del catalanismo, sobre el cual existía una fuerte represión en la zona de donde procedo. Soy de las comarcas del Ebro, donde hay una gran tradición musical, y a los siete años entré a formar parte de una banda. Recuerdo que todos los martes y jueves ensayábamos en un local, y en un momento determinado los mayores enviaban a alguien a vigilar en la puerta, corrían las cortinas y tocábamos La Santa Espina1 a escondidas, atentos por si aparecía la guardia civil.

Mi conciencia política se despertó al llegar a Barcelona e ingresar en la Univer­sidad. Residía en un colegio mayor con gente mucho más concienciada que yo y comencé a interesarme por todo lo que sucedía. La Universidad entonces era un hervidero de debates políticos, el segundo día de clase se montó una huelga estudiantil y al tercero ya participaba en manifestaciones a favor de Albert Boadella y de la libertad de expresión. Yo no sabía quién era Albert Boadella, ni había ­oído hablar nunca de él, pero con dieciocho años lo lógico era rebelarse contra cualquier tipo de injusticia, correr delante de los grises2, recibir algún golpe de porra, participar en las reuniones de los movimientos estudiantiles, tomar rápidamente conciencia de la situación del país y pretender cambiarla por medio de las protestas. Aunque en el fondo, tampoco había tanta diferencia entre “querer mayor libertad política” y “querer independizarse de los padres”, en cierto modo se trataba de un simple sentimiento de protesta juvenil contra todo.

Doy gracias a los sabios consejos de mis profesores

Fruto de este sentimiento juvenil, en aquel momento todos estábamos de acuerdo en lo que se quería, y los matices no eran importantes, lo crucial era la necesidad del cambio. Pero al poco tiempo nuestra conciencia política maduró, vimos que las cosas no se consiguen en dos días, que lo que no se cambiase hoy, se cambiaría mañana. En esto influyeron bastante las reflexiones que nos ha­cían nuestros profesores, gente como Jordi Solé Tura, Fabià Estapé o Ernest Lluch, que llevaban muchos años luchando por lo mismo y aún no habían conseguido nada, por lo que era probable que nosotros tampoco lo lográramos de forma inmediata. Sus reflexiones, en especial las de Solé Tura, nos llamaban a la moderación, a ir paso a paso porque ya se había conseguido mucho, que estábamos en un momento en que se podían conseguir muchas más cosas, pero que a veces no convenía provocar situaciones límite, pues podían comportar un retraso en el proceso.

El pacto constitucional es el elemento clave del éxito de la transición

Esta misma sobriedad y moderación son las que hicieron posibles la Cons­titución y el Estado de las autonomías, y hoy se echan en falta en la política nacional. Si actualmente tuviéramos que repetir el proceso, nos encontraríamos con serias dificultades. ¿Cómo es posible que se redacte una Constitución que permita el Estado de las autonomías? Eso es consecuencia de un pacto entre todas las fuerzas políticas: socialistas, comunistas, nacionalistas y, especialmente, gente que procedía del régimen anterior, que supo estar a la altura de las circunstancias.

Estas personas, que en su momento fueron llamados chaqueteros, por toda una serie de situaciones y circunstancias pensaron que era mejor un cambio político y evolucionaron hacia la democracia. Sin duda influyó la sensación de final de etapa tras la muerte de Franco, pero también la constatación de que, por parte de la población, existía un cierto miedo ante lo que pudiera pasar, a que el proceso acabase en un drama, así que políticos de todas las tendencias se pusieron de acuerdo. La redacción y aprobación de la Constitución, con todas sus renuncias políticas implícitas, pudo garantizar una convivencia y hacer surgir la democracia. Si en aquel momento histórico los catalanes nos hubiéramos opuesto a la fórmula del Estado de las autonomías, se hubiera ido al traste el pacto de convivencia.

Las pretensiones nacionalistas estaban a la cola del debate político

Para mí, el papel de Cataluña en aquel momento fue fundamental. Y también cabría decir lo mismo de Euskadi, que actuó con Cataluña en el mismo bando, en la lucha por las mismas reivindicaciones nacionalistas. Era el momento oportuno para introducir en la Constitución los derechos históricos al autogobierno por la vía que fuese, pues después costaría mucho su reconocimiento. Junto a esta función de impulsar el actual Estado de las autonomías, el otro aspecto importante del papel de Cataluña fue la actitud del pueblo catalán, con mucha diferencia el más participativo en las multitudinarias manifestaciones reivindicativas, y de determinadas personalidades catalanas, políticos y no políticos, cuyas actuaciones permitieron marcar un liderazgo y que Cataluña fuera escuchada y consultada a lo largo del proceso.

En aquellos momentos no era nada fácil, porque la gente que tenía mayor peso a nivel político eran, evidentemente, los comunistas (que, al ser unos recién llegados, eran los que hacían más ruido), los socialistas (con una ejecutiva muy joven, recién estrenada en las lides de la política y poco dada a la moderación), y toda la gente del régimen anterior (agrupada en la ucd), así que las pretensiones nacionalistas estaban a la cola del debate político. Pienso que, en una primera fase, se nos escuchaba para ver cómo se nos tranquilizaba a fin de que no llevásemos la contraria, pero luego, como aportábamos propuestas interesantes, nuestra opinión fue tomada en cuenta.

Algunas figuras políticas determinantes en el proceso de la transición

Cuando se habla de la transición es inevitable citar a Adolfo Suárez, fue una de esas personas que, desde dentro del régimen, supieron evolucionar ante los acontecimientos. En aquellos momentos era una persona joven, y supo aguantar en el poder hasta que entró de lleno en el verdadero juego de la política, y entonces ya no pudo soportar las presiones y manipulaciones que ésta conlleva. En política no es ninguna tontería lo de que has de vigilar a los de dentro y no a los de fuera.

Esto es lo que le pasó a Suárez, que no fue capaz de estructurar su partido para poder continuar. También hay que recordar que fue quien trajo a Tarradellas, lo que tiene mucho mérito para alguien criado en la mentalidad del régimen franquista y que, además, procede de la Castilla profunda. Un golpe de efecto tan trascendental, como la vuelta del exilio del President de la Generalitat, o bien fue fruto de una visión política increíble, o bien es consecuencia de que se pensaba que había que situar encima de la mesa de debate político el tema de las nacionalidades, porque en un futuro inmediato harían falta para llegar a acuerdos y para hacer la transición tal como se hizo.

Desde la perspectiva de Cataluña, dejando aparte a Tarradellas, que era una figura muy significativa por lo que representaba institucionalmente, pero bastante desconocida a nivel popular, en aquellos momentos fueron personajes decisivos en el desarrollo de la transición Jordi Pujol y Joan Reventós.

Para el triunfo del proceso democrático Santiago Carrillo resultó una figura clave, su papel fue crucial para que los comunistas, una vez legalizados, no se dedicasen a sublevar a todo el mundo y a provocar situaciones límite que nos abocasen a una confrontación directa.

También tiene mérito que unos jóvenes socialistas como Felipe González y el resto de su ejecutiva supieran entender que era mejor llegar a un acuerdo y considero destacable que tuvieran entonces la serenidad y la capacidad no sólo de ver las cosas como son, sino también de llevarlas a cabo como demostraron posteriormente una vez en el gobierno.

A nadie se le ocurre hoy pensar que la democracia está en peligro

El pueblo siempre tiene la razón y cuando se equivoca, rectifica. Por tanto, si Jordi Pujol lleva veintitrés años al frente del gobierno de la Generalitat y el pueblo catalán no ha rectificado, en principio hemos de considerar que piensa que ésa es la mejor de todas las opciones políticas. En definitiva, veintitrés años en el gobierno de Cataluña pueden haber sido demasiados, o demasiado pocos, depende de cómo se mire.

Considero que la transición política hace ya muchos años que está acabada. A nadie se le ocurre hoy pensar que la democracia está en peligro y que podemos volver a una situación dictatorial. Pero en cambio, hay otros aspectos que no están terminados como, por ejemplo, la estructuración del Estado, sobre la cual llevamos mucho tiempo discutiendo, a diferencia de otras sociedades europeas. Se llegó a un modelo de Estado de las autonomías, pero, de hecho, hoy día discutimos si avanzamos hacia una situación de Estado federal o nos conformamos con una ampliación de las transferencias y si, por tanto, hay que modificar la Constitución y los estatutos de autonomía, aunque no todo el mundo los cite por este orden. Considero que no está correctamente definida y fijada la estructura del Estado español, y para mí en este punto la figura de Pujol ha sido fundamental.

España y Cataluña siguen en proceso de construcción

El papel de Pujol durante la transición fue determinante en la adopción del modelo autonómico, en el hecho de que España siga sin una estructura consolidada, monolítica e inalterable como desde determinadas mentalidades tradicionalistas y reacias a las peticiones nacionalistas se pretende. España sigue en proceso de construcción, no está acabada de estructurar, pero Cataluña tampoco.

Pujol siempre ha tenido muy claro que tenía que estructurar Cataluña, pero se irá sin dejar acabado este tema. Todavía se están terminando de montar los consejos comarcales; faltan por nombrar bastantes delegados del gobierno en varias comarcas; no se ha terminado de definir la organización territorial, pues todavía discutimos si adoptar el modelo de las veguerías3. Éste puede ser un fallo notable en el balance de la gestión de Pujol, en Cataluña nos hubiésemos podido adelantar en el proceso de estructuración a España y no lo hemos hecho; pienso que la vertebración de Cataluña a estas alturas podría estar, si no acabada, al menos preparada y planificada.

Jordi Pujol quizá habría podido conseguir el concierto económico para Cataluña

Este sería el principal defecto de la larga permanencia de Jordi Pujol en el poder, el retraso acumulado en determinados aspectos concretos. En este sentido, en vez de esperar veinticinco años para volver a plantear la necesidad de un concierto económico para Cataluña, quizás se podría haber conseguido mucho antes. Me parece una situación injusta y, por tanto, estoy a favor del concierto económico. Considero preferible, si hemos de contribuir solidariamente al desarrollo del Estado, decidir hasta dónde lo hacemos, y aquí los catalanes tenemos a favor nuestro proverbial buen juicio. Los gobiernos de Pujol se han dedicado tanto a arreglar las cosas de dentro del país que se han olvidado de negociar, de poner toda la carne en el asador en determinadas negociaciones con el gobierno central, pero indudablemente negocia mejor quien controla el dinero.

En el tema de la prevención de riesgos laborales estamos en la cola de Europa

Como economista, mi principal actividad laboral es la de consejero delegado de Oficina Técnica de Prevención s.a., una empresa especializada en el asesoramiento en cuestiones de prevención de riesgos laborales con sede en Alicante, pero acreditada administrativamente para todo el Estado. Nació unos meses después de salir la Ley de Prevención de Riesgos Laborales del año 1995, de cumplimiento obligatorio para todas las empresas. Este decreto surge como consecuencia de una directiva comunitaria que obligaba a todos los Estados miembros de la Unión Europea a dictar, en función del incremento de la siniestralidad laboral, una ley que tenga en cuenta los puntos de vista ergonómicos4, de vigilancia de la salud, de la seguridad y de la higiene en los puestos de trabajo.

El hecho es que fue una ley mal vendida o mal explicada a los empresarios y trabajadores, porque hoy día apenas se aplica. Como consecuencia de los últimos casos de siniestralidad ahora se le está dando mucha importancia a este asunto, por cuestiones políticas y por la presión de los sindicatos, pero la verdad es que en este campo llevamos un gran retraso respecto a otros países de Europa.

Todo esto conlleva que, en mi actividad laboral, haya una parte técnica importantísima, pero también una parte de apostolado, de convencer al empresario cuando firma el contrato de asesoramiento, no sólo de que el precio está bien, sino de que la prevención de riesgos laborales forma parte de la mentalidad industrial moderna y que se ha de hacer a conciencia. Por eso, el primero que debe estar convencido de ello es el propio titular, para que no lo haga únicamente por una cuestión legal, sino en función de la seguridad y del bienestar de su ­empresa.

En los índices de siniestralidad laboral España continúa estando en la cola de Europa. La principal causa, en mi opinión, es la escasa mentalización de los trabajadores y de los empresarios. En este país no hay una cultura de evitar el riesgo. Por ejemplo, en el sector de la construcción, aunque la empresa facilite los equipos de protección individual (cascos, arneses, etc.), ciertos trabajadores no están dispuestos a ponérselos, porque dicen que les molestan cuando están trabajando. Influyen, además, nociones culturales muy arraigadas, como el hecho de que si un paleta sube por las bravas al andamio sin protección le hace parecer más valiente o más hombre, o la costumbre tan española de tomarse un par de carajillos después de desayunar o beber vino durante las comidas, con lo cual cuando vuelven al trabajo no siempre se encuentran en unas condiciones óptimas para desempeñar su trabajo.

Si surge algún accidente laboral, los empresarios son responsables in vigilando, es decir, si alguien sube al andamio con una copa de más o sin protección adecuada y se mata, los titulares son los responsables de este accidente. Hasta que no se convenzan de que son ellos los que deben responder ante cualquier percance que pase, de que esto puede ir incluso por vía penal y, por tanto, de que se la están jugando no sólo a nivel de empresa, sino, además, en el ámbito personal, no se tomará en serio el asunto de la prevención de riesgos laborales.

Hubo un tiempo en que el dinero negro era algo tolerado en España

Además de la cuestión de la prevención, como profesional independiente soy socio y vicepresidente de adade Auditors, una empresa de auditoría, actividad en la que me inicié en el mundo laboral tras terminar la carrera de económicas y que sigo practicando.

Desde esta perspectiva se tiene una visión amplia de la evolución del mundo empresarial en España, desde la transición hasta hoy, en especial a nivel de funcionamiento. En mi época de auditor sabía perfectamente cuáles eran los márgenes de beneficios de los sectores empresariales con los que trabajaba, de qué manera se movían, cuáles eran sus estrategias, y sobre todo era consciente de que en este país se manejaban, y hoy todavía se manejan, pero en un porcentaje mucho menor, grandes cantidades de dinero negro, es decir, dinero que no pagaba impuestos.

Hoy parece que hablar de dinero negro es hablar de algo maldito, pero en aquella época era una práctica legítima y tolerada por todo el mundo.

El empresario tenía que ganarse la vida haciendo trampas con las ventas oficiales porque si no, a final de mes no podía pagar. Era un juego que existía a nivel de toda la sociedad, fabricantes, distribuidores, comerciantes y consumidores, y no había ningún problema. Todos exigían que cierto porcentaje de la actividad económica funcionase al margen de las facturas oficiales. Afirmo que esto era algo que venía entonces determinado por los consumidores, no por los fabricantes como tradicionalmente se ha pensado.

Me acuerdo que, cuando el ministerio de Economía y Hacienda creó el icac (Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas), organismo que regula las auditorías de cuentas de las empresas, una de las dudas que yo siempre planteaba en las reuniones técnicas con los responsables del ministerio era que, como auditor, debía certificar que lo que me decían las empresas era verdad, pero yo sabía perfectamente que, por ejemplo, en determinados sectores empresariales existía un 40% de dinero negro que no pasaba por la contabilidad oficial. ¿Qué debía hacer en este caso? Gente de muy alto nivel del ministerio me contestó: usted audita las cuentas que le dan y verifica si aquellas cuentas son ciertas o no. Si hay algo más que a usted no le han dado o no lo ha visto, no tiene por qué decir nada.

Durante la transición se cometieron muchas barbaridades a nivel económico

El dinero negro no fue la única irregularidad observable en la sociedad española de la transición a nivel económico, y desde luego no todas son achacables a la clase empresarial. Lo cierto es que hubo un tiempo en que el empresario figuró como el malo de la película, cuando no era el responsable último de los desmanes económicos, y haríamos bien en reivindicar su figura, tan denostada al inicio de la transición política.

Se produjo una especie de caza del empresario, se le presentó como un señor que explotaba a los trabajadores, que se hacía rico a costa de ellos y se llevaba el dinero fuera del país, o que se dedicaba a despilfarrarlo. Esto coincidió con una época en que las izquierdas tenían que subir y conseguir votos de alguna manera, necesitaban inventar un enemigo de la clase trabajadora, y el empresario cumplió esa función, pero creo que se pasaron de la raya.

Posteriormente se suavizó su imagen pública, pero se levantó la veda de la caza del fraude fiscal, de gran resonancia mediática, a modo de operación de imagen por parte del gobierno. Se divulgaron casos sonados como el de Lola Flores5, en donde el objetivo político no era recaudar lo que tenía que pagar, sino que saliese llorando por la televisión y demostrar que aquí, hasta Lola Flores tenía que pagar impuestos y pedir perdón o acabar en prisión. Hubo un montón de escándalos por este tema, que pienso que se hubieran podido reconducir de otra manera, atacando la causa del problema y no sus efectos.

Recaudar impuestos no debe ser función del empresario

Todos los impuestos, incluidos los que gravan directamente al comprador final, pasan a través de la responsabilidad empresarial. El empresario está obligado a recaudar y retener de la nómina de sus trabajadores los diversos impuestos del Estado, todo el peso fiscal recae siempre sobre sus hombros. ¿Por qué esto es así? Primero, porque es una manera mucho más práctica de recaudar, colocando un responsable último que no tiene nada que ver con esta historia y que encima le sale gratis al Estado porque el empresario no cobra nada por ejercer esta función, al contrario, supone un considerable coste añadido. En segundo lugar, porque el Estado no se fía de que un trabajador se guarde el dinero y, cuando llegue la hora de la declaración de renta, lo tenga para ingresarlo, por parte de la administración existe una absoluta desconfianza respecto del ciudadano.

Sin duda, no es el sistema más justo. En una situación civilizada y de confianza, cada uno tendría que pagar su parte responsablemente. El empresario no tiene por qué retener nada, sino pagar el importe íntegro de la nómina al trabajador y éste ya pagará sus impuestos el día de mañana. No es coherente tener que ejercer a la fuerza de recaudador de impuestos y encima, si la empresa va mal, no poder echar mano del dinero que se ha retenido, porque sería apropiación indebida y estaría penalizado con la cárcel.

Mi relación personal con la medicina tradicional china

Otra de las actividades a que dedico mi tiempo, quizá la que me ha hecho ser más conocido, es la Fundación Europea de Medicina Tradicional China, de la cual soy vicepresidente y fundador, dedicada a promocionar a nivel europeo el estudio y la práctica de la terapéutica médica oriental. Mi interés por la ciencia médica china, con tres mil años de antigüedad, arranca de circunstancias personales concretas. A mi hijo mayor le diagnosticaron una enfermedad considerada incurable por la medicina occidental, la leucodistrofia metacromática6, y después de consultar médicos en todo el mundo, los cuales coincidían en el diagnóstico de que le quedaban dos años de vida, un día descubrí la existencia de esta medicina, cuya terapéutica es radicalmente distinta de la occidental, fui al consulado de Barcelona para informarme sobre ella, me explicaron maravillas, como es lógico, y decidí probar suerte a ver si iba bien.

Me trasladé con toda la familia a China en 1989, tras muchas gestiones conseguí que mi hijo fuera admitido en un hospital, y al cabo de cuatro meses de tratamiento comprobé que comenzaba a reaccionar, que su evolución clínica era muy favorable. Al cabo de un año de residir allí, viendo que el coste económico y laboral de nuestra permanencia en el país empezaba a pasar factura a nuestros ingresos, empecé a plantearme la posibilidad de llegar a un acuerdo con el hospital y con la Universidad de Pekín, a la cual pertenecía, para traer a España a los médicos que se ocupaban de mi hijo. De entrada les ofendió la propuesta de traer aquí a dos eminencias médicas para tratar a una sola persona, lo que efectivamente era un acto muy egoísta, así que tuve que pensar algo que justificase la estancia de esos médicos. Al final redacté un proyecto para promocionar la medicina tradicional china en el Estado español y en el conjunto de Europa, tanto a nivel de enseñanza como de práctica clínica, comenzando por montar un hospital en Amposta, mi lugar de residencia. Puse como condición no escrita que los primeros médicos en viajar para poner en marcha el proyecto tenían que ser precisamente los que estaban tratando a mi hijo.

Inicios de la actividad de la fundación plagados de dificultades

Después me di cuenta de que me había comprometido con muchas cosas, no todas ellas legales en aquel momento. Una clínica no podía obtener los permisos de funcionamiento si no estaba bajo las órdenes de un médico occidental. Cuando se vio que el tema iba en serio, que teníamos un acuerdo firmado con la Universidad de Pekín, con hospitales chinos, y que podíamos suponer una competencia directa, fuimos atacados por los colegios profesionales de médicos, que presentaron una querella en mi contra por intrusismo. Llegamos a un acuerdo, de hecho en estos momentos el colegio de médicos de Tarragona forma parte de la directiva del patronato de la fundación. La Generalitat, en un principio, puso bastantes pegas a la apertura de la clínica, pero posteriormente colaboró en la cumplimentación de los requisitos legales para su correcta puesta en marcha, y actualmente nuestra relación con la conselleria de Sanitat es excelente. Cuando empezamos en el año 1990 en Europa ya se conocía y se practicaba la acupuntura, pero por parte de gente que no tenía ningún tipo de preparación ni de formación científica, a lo sumo habían estudiado un curso de tres meses. Nuestro proyecto defendía que esto tenía que ser una carrera universitaria, por lo cual nos comprometimos a abrir cuanto antes escuelas de formación, la primera en Barcelona, y firmamos un convenio de reconocimiento de la titulación por parte de la Universidad de Pekín.

Nuestra fundación ha sido pionera y líder en Europa en la difusión de la medicina tradicional china

A lo largo de estos doce años de existencia nuestra evolución ha sido pasar de ser perseguidos a ser tolerados, a constituir una excepción, a abrir diversos centros en el territorio español, ser consultados como expertos en medicinas no convencionales por la conselleria de Sanitat de la Generalitat y asesorar en Bruselas a la comisión que elabora la próxima directiva comunitaria sobre este tipo de medicinas alternativas.

En la actualidad tenemos centros abiertos en Amposta, Tarragona, Barcelona, Madrid y Valencia, atendemos a unos cuarenta mil pacientes anuales, impartimos estudios reconocidos oficialmente en China a unos cuatrocientos cincuenta alumnos en licenciaturas de cuatro años. Colaboramos activamente con la Generalitat a nivel estadístico, les pasamos los resultados de nuestras clínicas para que se incluyan en sus publicaciones y en sus bases de datos informáticos, de esa manera en Cataluña estamos muy bien posicionados de cara a la futura regulación de la actividad. En estos momentos no existe ninguna ley que regule las medicinas no convencionales en el Estado español, más bien la Ley de Sanidad lo reserva todo a los médicos occidentales, pero en Bruselas se está elaborando una directiva comunitaria que será de aplicación en todos los países, e intentamos influir en su preparación.

La medicina occidental y la oriental pueden coexistir

Como catalán, soy una persona práctica, y como economista, todavía más. Así pues, nunca he querido entrar en el juego absurdo de si es mejor la medicina alternativa o la occidental que todos conocemos. Siempre, a la hora de escoger un tratamiento, me he preguntado para qué cosas va bien una medicina y para qué cosas va bien otra, y a eso me atengo. Desde luego son muy diferentes, cada una tiene sus teorías, su sistema de diagnóstico y terapéutica, pero aunque no se puede decir que son complementarias, porque entonces deberíamos decidir cuál es la complementaria y cuál la principal, sí que se combinan muy bien en el sentido de que la medicina china está dando resultados muy efectivos en enfermedades crónicas que no tienen curación desde la medicina occidental. Así pues, conviene aprovechar lo mejor de cada una en cada caso concreto.

La acupuntura da muy buenos resultados, por ejemplo, en enfermedades tan persistentes e insidiosas como la migraña, la depresión o la hernia discal. Por otro lado, si uno tiene una apendicitis que se olvide de la acupuntura y recurra a la medicina occidental, a que le intervengan y lo cosan, que es la mejor manera. La fitoterapia7 china, como terapéutica preventiva, también da excelentes resultados en algunos casos. Por ejemplo, si me duele la cabeza porque me encuentro mal, me tomo unas plantas chinas que van de maravilla, pero si me duele porque he fumado demasiado, lo mejor es tomarse una aspirina y punto. Si estoy acatarrado, me tomaré una infusión a base de plantas para descongestionarme, pero si lo que tengo es un gripazo, prefiero un antibiótico de acción más rápida y eficaz. Otras disciplinas a tomar en cuenta a la hora de elegir tratamientos son el masaje terapéutico y la dietética, sobre las cuales no hay todavía muchos estudios comparativos.

1          Sardana compuesta por Enric Morera, con letra del insigne dramaturgo Àngel Guimerà. Durante el franquismo estuvo prohibida porque su letra proclama de manera exaltada las pretensiones del nacionalismo catalán, por lo que a menudo fue usada como himno contra la dictadura.
2          Ver nota 1 de la entrevista a Santiago Dexeus, página 358.
3          Organización territorial tradicional de la Corona de Aragón, vigente hasta la implantación en todo el Estado del sistema administrativo de las provincias. La Generalitat republicana elaboró en 1936 un proyecto de reinstauración de esta división administrativa autóctona.
4          Ergonomía: estudio de datos biológicos y tecnológicos aplicados a problemas de mutua adaptación entre el hombre y la máquina. Ciencia aplicada que analiza la actividad laboral humana con vistas a la producción de un equipo instrumental más cómodo.
5          Dolores Flores Ruiz (1923-1995), bailaora, tonadillera y actriz de enorme fama popular. En 1989 una investigación emprendida por el ministerio de Hacienda la inculpó por fraude fiscal en sus declaraciones de impuestos. Finalmente fue absuelta, pero tuvo que pagar una fuerte multa y pasar no poca vergüenza pública.
6          Enfermedad neurometabólica hereditaria rara que afecta a la sustancia blanca del cerebro. Se debe a un déficit enzimático y se manifiesta por alteraciones motoras y visuales, crisis convulsivas en fase avanzada y retraso mental. A partir de los cinco años de edad los síntomas se exacerban conduciendo inexorablemente a la muerte, según la medicina occidental.
7          Tratamiento de las enfermedades mediante plantas o sustancias vegetales que, en determinadas proporciones y combinaciones, se consideran curativas.