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Ricard Maria Carles
RICARD MARIA CARLES. Cardenal Arzobispo de Barcelona
Ricard Maria Carles Cardenal Arzobispo de Barcelona

RICARD MARIA CARLES. Cardenal Arzobispo de Barcelona

Obra:

Texto del 25/11/2002
Fotografía cedida por R.Mª.C.

Como todos los sectores de la sociedad, la Iglesia también jugó un papel en el proceso de transición política, si bien no tan destacado como el que tuvo al inicio del franquismo.
Por eso el cardenal Ricard Maria Carles prefiere ponderar las actuales intervenciones sociales de la institución, que son muchas y muy valiosas, frente a las políticas de antaño.
Hoy la Iglesia en España destaca por su vocación de servicio.

Retorno del President Tarradellasy actitud de la Iglesia

En el año 1977 regresaba el President Tarradellas y se restablecía con su vuelta la Generalitat de Cataluña. Esta restauración, largo tiempo anhelada por todos, era uno de los primeros resultados tangibles de la transición política iniciada por aquellas fechas, y en cuyo dificultoso proceso la Iglesia Católica colaboró, como ya ha sido documentado y estudiado meticulosamente. Por lo que se refiere a Cataluña, este hecho representó la recuperación de una institución secular que reunía y compendiaba en sí misma todas sus aspiraciones legítimas al autogobierno. Por aquellos años yo era obispo de Tortosa, y junto con el resto de obispos dimos nuestra opinión al final del proceso democrático en un documento colectivo que tuvo una resonancia especial. Fue el 27 de diciembre de 1985, y recuerdo que lo publicó íntegramente la revista francesa de documentación religiosa La Documentation Catholique. Así pues, para mi opinión personal sobre la transición me remito a ese documento, en el que creo que se decían cosas muy válidas y muy actuales todavía, especialmente ahora que se empieza a plantear el problema de las raíces cristianas de Europa y cómo debe incidir todo ello en los futuros documentos básicos de la Unión Europea.

La Iglesia Católica quiere ser respetuosa con el pluralismo político

Con respecto a valorar estos veintitrés años de gobierno del President Pujol al frente de la máxima institución política de Cataluña, espero que se comprenda que mi juicio no entre en aspectos relativos a la técnica política, que no son de mi competencia. La Iglesia católica quiere ser respetuosa con el pluralismo político y no desea de ninguna manera entrar en opciones partidistas. Su misión es diferente, aunque en mi opinión igual de beneficiosa para la sociedad. El Concilio Vaticano ii1, en su constitución Gaudium et Spes y en la declaración sobre la libertad religiosa, puso los fundamentos del correcto planteamiento de las relaciones entre las instancias políticas y la Iglesia, que son de mutua independencia y de autonomía, aunque también de respeto y colaboración. Así pues, mis criterios deben ceñirse a los aspectos humanos de la trayectoria pública de Jordi Pujol.

Jordi Pujol ha realizado su servicio al pueblo catalán inspirándose en su fe, pero sin instrumentalizarla con finalidades políticas

No es ningún secreto que el President es persona de fuertes convicciones cristianas y que es miembro activo de nuestra comunidad católica y de mi diócesis. Quisiera remarcar que ha realizado su prolongado servicio al pueblo catalán inspirándose en su fe, pero sin instrumentalizarla con finalidades políticas. A este respecto, recuerdo que en un acto público sobre la familia en el Seminario de Barcelona, en el cual yo mismo estaba presente, comentó en su alocución que no siempre el político, y en concreto el político cristiano, puede hacer todo lo que desearía en base a sus convicciones. De todos modos, yo querría expresar mi agradecimiento a Jordi Pujol por su fidelidad a su condición de católico y por su servicio al pueblo catalán, puesto que, en su condición de primera autoridad de Cataluña, alcanzará la cifra récord de veintitrés años. Así mismo deseo que aún pueda ayudar, desde las actividades que emprenda en el futuro, a la buena marcha de la sociedad catalana.

Cataluña es una de las zonas más secularizadas del continente europeo

No nací en Cataluña, pero he sido obispo de Tortosa más de veinte años, y en los últimos trece años arzobispo de Barcelona, así que se puede decir que conozco bien la realidad catalana. La situación religiosa de Cataluña está muy mediatizada por su condición de país de marca, abierto a todas las corrientes de pensamiento, sobre todo a las procedentes de Europa. Se dice, y es cierto, que Cataluña es una de las zonas más secularizadas2 del continente europeo. Ante esta situación, ¿qué se puede hacer por parte de la Iglesia? En este sentido, después de seis meses de intenso contacto con muchas y diversas realidades de la diócesis, establecí un plan con tres prioridades de acción eclesial, y las titulé Identidad, comunión y evangelización. El objetivo de este plan se puede resumir en la intención de que el católico viva su identidad como tal, que busque la comunión y el diálogo en el interior de la comunidad, y que reencuentre también la capacidad de dar testimonio de su fe con obras y palabras, siendo consciente de que Jesucristo es, ayer, hoy y mañana, el Salvador: aquél en quien la vocación humana se manifiesta y obtiene su plenitud. Después, estos objetivos se concretaron todavía más con la colaboración de las instancias colegiales de la diócesis, en un denominado Plan Pastoral Diocesano que desarrolló los objetivos iniciales mencionados.

En Cataluña los obispos trabajamos unidos al servicio de nuestra sociedad, y más concretamente de nuestra comunidad católica

Quisiera remarcar que desde hace más de treinta años (si no recuerdo mal empezamos en 1969) los obispos catalanes trabajamos unidos al servicio de nuestra sociedad y, más concretamente, de nuestra comunidad católica. Prácticamente trabajamos juntos desde finales del Concilio Vaticano ii, así que la aplicación de las decisiones reformadoras de ese concilio, por ejemplo en la liturgia, se produjeron en Cataluña con una gran celeridad. Uno de los frutos del Vaticano ii, la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica en cada lengua del mundo, se hizo en catalán mucho antes que en otras lenguas con una extensión lingüística mayor que la nuestra, antes que en castellano o en inglés, al menos no tengo presente que hubiese alguna previa a la edición catalana, excepto la francesa, que fue la inicial.

Reconocimiento oficial de la colaboración de las distintas diócesis catalanas

La estrecha colaboración entre las distintas diócesis de la Iglesia catalana, mantenida a lo largo del tiempo por voluntad expresa de sus obispos, tuvo por fin su reconocimiento oficial en la celebración en 1995 del Concilio Provincial Tarraconense, en el cual participó también la diócesis de Barcelona con el permiso del Santo Padre, y digo con su permiso, porque la diócesis de Barcelona depende directamente de la Santa Sede, es decir, de Roma.

Los obispos catalanes mantenemos posturas comunes

Los obispos catalanes hace mucho tiempo que mantenemos posturas comunes, y así se manifestó por ejemplo en la reciente y polémica declaración de la Conferencia Episcopal sobre el tema de la violencia en Eus­kadi3, aunque es un tema espinoso que preferiría no tocar demasiado. Sólo mencionaré que comprendo y defiendo la postura del arzobispo de Tarragona Monseñor Martínez Sistach, quien declaró que se sentía molesto por ciertos juicios de valor emitidos dentro y fuera de la Confe­rencia y por que se hubiera violado una cosa tan sagrada como es el secreto del voto.

Es evidente el descenso de vocaciones sacerdotales, y también que el perfil del seminarista ha cambiado

Un gran motivo de preocupación para el Santo Padre y para todos los obispos, y evidentemente también para mí, es el descenso de las vocaciones sacerdotales, en el que inciden muchos factores, entre otros la baja natalidad, aunque estoy esperanzado a este respecto. En mis trece años al frente de la diócesis de Barcelona he ordenado ciento veintidós presbíteros, y su perfil, a diferencia de lo que ocurría tradicionalmente, es el de personas a menudo con una carrera universitaria acabada e incluso con experiencia en el mundo laboral. Ciertamente, son pocas vocaciones para una diócesis tan grande como la de Barcelona, pero gracias a Dios se trata de decisiones bien maduradas y con un alto índice de perseverancia. Yo entré en el seminario, en Valencia, a los dieciocho años una vez terminado el bachillerato, y se trataba entonces de una vocación tardía, porque en aquella época la edad normal de ingreso era los once años. Ahora, en cambio, la media de edad ha­bitual se cifra entre veintinueve y treinta y dos años, es decir, son seminaristas que están culturalmente muy preparados, abundan entre ellos los arquitectos, abogados, jueces, y sobre todo los ingenieros de telecomunicación. Les comento a veces en mis visitas pastorales que Nuestro Señor se especializó en pescadores y ahora se deberá especializar en informática, porque es la rama profesional mayoritaria entre los futuros sacerdotes: no creo que volvamos a tener problemas informáticos.

La crisis vocacional se circunscribe geográficamente en el mundo occidental

Otro factor de esperanza es que, si bien la media de edad de los sacerdotes es alta, como pasa en todo el mundo occidental, las más bajas se dan precisamente en Tortosa y Barcelona, mientras que en las otras seis diócesis catalanas el envejecimiento de los sacerdotes es bastante acusado, cosa que significa que han tenido menos ordenaciones que nosotros. Me estoy refiriendo fundamentalmente al mundo occidental, porque en el resto la situación de la Iglesia es más positiva que nunca. Hace treinta o cuarenta años había un promedio de treinta y cinco mil seminaristas, y en este momento superamos los cien mil, por lo tanto la crisis vocacional se circunscribe geográficamente en el mundo occidental, es decir, entre Lisboa y Berlín, y en Norteamérica mientras que en el resto del ámbito católico las vocaciones se han multiplicado por tres.

Una Iglesia Universal

La Iglesia Católica ha sido católica, que quiere decir etimológicamente universal, por voluntad del Señor y por vocación propia siempre, pero geo­gráficamente es ahora cuando más se ha conseguido esa universalidad, y ello se constata en todas sus instancias, especialmente en las más altas esferas de su jerarquía. Soy cardenal desde hace nueve años, y hoy se puede ver en el grupo de ciento treinta cardenales gente de todas las razas del mundo, reflejo del vigor de nuestra fe. La Iglesia es el sacramento o la prolongación de Cristo, y en nuestros días se ha extendido a muchas culturas del mundo.

La Iglesia catalana nunca había sido tan rica en laicado como ahora

La aportación del laicado a la comunidad católica ha sido enorme desde los tiempos del Concilio Vaticano ii, y esto es muy bueno. En casi todas las parroquias se encuentran grupos de laicos que ayudan en la organización y en los objetivos de la comunidad en todo lo que pueden, supliendo así la escasez de diáconos y presbíteros, y el número de participantes en estos grupos, tanto de gente mayor como de gente joven, se está incrementando. Se dice que Barcelona es una ciudad muy secularizada, pero me pregunto cuántas grandes ciudades españolas tienen entre seiscientos y setecientos universitarios matriculados en Institutos de Ciencias Religiosas, es decir, que estudien para obtener un título de licenciado o doctor en temas teológicos, siendo seglares ellos y ellas. Esto por fortuna pasa en nuestra diócesis todos los cursos. No conocemos como será en un futuro, pero esta creciente participación e interés de los laicos en la Iglesia nos asegura que Jesucristo nos sigue acompañando. Por eso el lema de nuestra última Jornada Diocesana fue caminemos con esperanza.

Misioneros y misioneras son el mejor colectivo eclesiástico

La diócesis de Barcelona ha enviado a cuatrocientos cincuenta y ocho misioneros y misioneras por todo el mundo, o al menos esas son las cifras de las que tenemos constancia en nuestra delegación de misiones. Sospecho que en realidad deben ser bastantes más, y confieso que en mi opinión son el mejor colectivo eclesiástico: es para mí una alegría poderlos recibir cuando vienen a Barcelona, para un corto descanso o para visitar a sus familiares, ya sean de órdenes y congregaciones religiosas, ya sean de los sacerdotes diocesanos. A pesar de la falta de vocaciones, gracias a este colectivo nuestra diócesis mantiene   estrechos y fructíferos contactos y ­colaboraciones con sacerdotes de Chile y de Camerún. Deseamos apoyar a los misioneros en todo lo posible, esperamos mantener su labor en África y América, porque hacen una obra evangelizadora y social al mismo tiempo, y son los que están al lado de los más pobres. Algunos periodistas me han comentado que han regresado de sus viajes por estas tierras impresionados de la labor social y religiosa hecha en las partes más recónditas del mundo por estos servidores salidos de nuestra diócesis.

En los últimos tiempos las Cáritas parroquiales están colmadas de trabajo

Si afirmo, ahora y aquí, que la Iglesia está al servicio de nuestro pueblo, no digo nada que no se pueda demostrar con hechos. El ejemplo más claro de ello puede ser la labor de Cáritas Diocesana4. En la última reunión del Consejo Presbiteral (una especie de senado de sacerdotes que aconseja al obispo sobre la marcha de la diócesis) se comentó que las Cáritas parroquiales están saturadas de trabajo y sus colaboradores voluntarios padecen incluso situaciones de estrés debido a la acumulación de casos y de necesidades de intervención, provocados sobre todo por la inmigración, aunque no exclusivamente por ella. A menudo las administraciones o están desbordadas también o eluden sus responsabilidades delante de las necesidades sociales primarias, sobre todo de los inmigrantes sin papeles, y con hechos y con palabras nos vienen a decir: de los pobres, que se ocupe la Iglesia. Nosotros ya estamos dispuestos a hacerlo, pero no podemos ocuparnos de todo, nuestros recursos materiales son limitados y dependen de los feligreses que confían en nosotros y nos ayudan. Dios quiera que no nos falte nunca esa ayuda.

Cáritas ejerce un gran servicio social

Cáritas Diocesana está haciendo una gran labor, gracias a sus profesionales del trabajo social y a sus cinco mil voluntarios, sólo en nuestra diócesis; seglares de todas las edades que, si estuviesen a sueldo, no se les podría pagar. Su campo de acción abarca desde las cárceles hasta enfermos de sida, barrios marginales e inmigrantes. Este organismo se fundamenta en las aportaciones voluntarias de los ciudadanos, que desde 1997 hasta ahora han aumentado un 35%. Ello significa que la gente confía en la tarea realizada por esta institución, tiene sensibilidad por los temas sociales, se preocupa por la situación de estas personas y esto, para un obispo, es muy gratificante y aleccionador. Comparto la opinión de Mon­señor Josep M. Guix, obispo de Vic, cuando dice que Cáritas ejerce un gran servicio social y ahorra mucho dinero a las administraciones.

El problema de la inmigración pone a prueba la capacidad de acogida e integración que ha manifestado desde siempre la sociedad catalana

Con respecto al tema de la inmigración, es mucho lo que se hace en nuestro obispado y en los del resto de Cataluña. La ayuda de nuestra diócesis ha sido muy grande en estos últimos años, constante y mantenida en todas las situaciones, como, por ejemplo, con motivo del reciente encierro de inmigrantes sin papeles en diferentes iglesias de la ciudad de Barce­lona5. Mientras duró la reclusión, unos dos meses, mantuve reuniones diarias con la directora de Cáritas Diocesana, Núria Gispert; el párroco de la iglesia de Santa María del Pi, que fue la primera que acogió al colectivo inmigrante; y varios delegados diocesanos más (Mosén Piquer, Mosén Sáiz y Mosén Casacuberta), para poder seguir la crisis de cerca, controlar la situación hasta donde pudiéramos y atender las necesidades humanitarias que se derivaban. Pero nuestra organización no actúa sólo en situaciones como aquélla, que fue noticia de portada durante un tiempo, sino también en otras menos llamativas y que no obtienen tanto eco en los medios de comunicación. Sus resultados arrojan un balance bien significativo del incremento de la inmigración en Cataluña. En el año 1997 Cáritas atendió quinientas setenta y cinco inmigrantes (no hablo de una ayuda puntual o de emergencia, sino del seguimiento de un verdadero proceso de inserción), mientras que en el año 2001 atendió a doce mil trescientas sesenta y uno, lo que representa un aumento nada menos que de un 2.150%. Éste es un dato aportado por la directora de Cáritas en una de las recientes reuniones del Consejo Presbiteral.

No es justo hablar de inmigración sólo como un problema

La inmigración ilegal es un grave problema social, y en este sentido es obvio que se deben realizar controles para conseguir, si es posible, una regularización que pueda salvaguardar la dignidad y el derecho de las personas, pero no es justo hablar de la inmigración sólo como un problema, porque también hace aportaciones tangibles y muy beneficiosas a la sociedad: la integración cultural, el mestizaje, aumento de la tasa de natalidad, que en Cataluña y el resto del Estado español es alarmantemente baja, contribución al desarrollo económico del país, a la cotización de la Seguridad Social, etc.

Cataluña, tierra de acogida

Cataluña ha sido tradicionalmente tierra de acogida para inmigrantes, y la Iglesia, a través de las parroquias en general, pero sobre todo las de los barrios populares, ha hecho un gran trabajo en este sentido en épocas pasadas, pero aquellas eran inmigraciones interiores, mientras que éstas, en tiempos de globalización, son inmigraciones más alejadas de nuestra cultura, lengua y religión, pero la diócesis quiere continuar con esta labor del pasado adaptándose a los nuevos retos del presente. De todos modos, cuando los inmigrantes son de cultura, lengua o religión parecidas a la nuestra, la acogida resulta más fácil y el esfuerzo más fructífero. Por ejemplo, en Barcelona hemos constituido una parroquia personal para la comunidad filipina, tan numerosa actualmente, y en algunas parroquias hemos integrado como miembros activos de la comunidad a inmigrantes hispanoamericanos, sobre todo ecuatorianos, que ejercen de catequistas. Viene gente muy preparada, algunos con títulos universitarios que de momento trabajan en lo que pueden, aunque quizá más tarde llegarán a trabajar en aquello para lo que están preparados. Buena muestra de ello es que en nuestras clínicas, por ejemplo, ya tenemos médicos de nacionalidades muy diversas que ejercen una labor perfectamente equiparable a la de los autóctonos.

No creo necesario convocar otro concilio

El concilio Vaticano ii es tan rico en matices: el Santo Padre actual y sus predecesores han ahondado tanto en su interpretación para que salgan a la luz todos los valores espirituales que tiene, que creo que convocar otro sería querer partir de cero, cuando disponemos ahora de una herramienta tan importante y que todavía no ha agotado sus posibilidades. Cuando me ordené sacerdote en 1951, en el seno de la Iglesia ya se decía que las cosas tenían que cambiar, y el Vaticano ii ha permitido ese cambio y esa mejora tan necesaria. La situación actual no es la misma que entonces, por lo que, en mi opinión, no es necesario convocar de momento un nuevo concilio.

En un futuro la mujer tendrá un papel más importante en la Iglesia

En lo que se refiere a la jerarquía eclesiástica, el Santo Padre ha dejado claro que la Iglesia católica no está en condiciones de aceptar que la mujer acceda a toda clase de órdenes: diáconos, presbíteros, obispos. Ahora bien, eso no significa que la Iglesia margine el deseo de expresión religiosa de la mujer, o que considere que su fe sea menos auténtica que la del hombre, o que esté menos capacitada que él, y en este sentido su presencia, especialmente a nivel organizativo, ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos. En mi diócesis hay tres mujeres delegadas episcopales, encargadas de Cáritas, Juventud y Pastoral de los universitarios, y supongo que en el futuro habrá muchas más, pues la incorporación femenina a los puestos de mando es un proceso imparable.

Por deseo de Juan Pablo II he seguido dos años más

Me hice cargo en su momento de la diócesis de Barcelona de manera provisional, por obediencia al Papa, ya que me lo pidió él mismo, y aunque ya alcancé la edad prescrita para la jubilación de mi cargo, por deseo de Juan Pablo II he seguido dos años más, hasta que tenga a bien concedermela. Es una tarea que acepto de buen grado, como he aceptado siempre todas las que la Iglesia me ha impuesto, de modo que no quisiera dar la impresión de que me molesta esta situación; al contrario, me regocija poder seguir trabajando en bien de la comunidad católica. Personalmente no concibo otra finalidad en mi vida, ni persigo mayores honores que un retiro digno cuando me llegue el momento, que no ha de tardar demasiado. La gente que me conoce bien sabe que no guardo ambiciones de ningún tipo, y que ante la previsible sucesión papal, por la avanzada edad del Santo Padre, no me considero especialmente indicado. En estos trances, por suerte, el Espíritu Santo tiene mucho más sentido común que todos nosotros.

El último pontifice no italiano antes del actual fue obispo de Tortosa

A este respecto, y sin que su mención tenga en ningún caso la intención oculta de servir de precedente, un dato curioso y poco conocido es que el último pontifice no italiano antes del actual fue obispo de Tortosa como yo, Adriano de Utrecht, quien también, sin ser catalán, fue nombrado obispo de Tortosa, y más tarde designado Papa bajo el nombre de Adria­no vi6. Después, durante cuatrocientos años, todos los Papas hasta llegar al actual, Juan Pablo ii, han sido italianos. Si, como siempre dice Jordi Pujol, es catalán quien vive y trabaja aquí, Adriano vi, como obispo de una diócesis catalana, la de Tortosa, que era entonces una de las más grandes de España, puede ser considerado un Papa catalán.

1          El Concilio Ecuménico Vaticano ii es el último de los celebrados hasta la fecha. Dio comienzo el 11 de octubre de 1962 bajo Juan xxiii y fue clausurado por Pablo vi el 8 de diciembre de 1965. Se convocó para promover, dentro de la Iglesia, un reajuste con el mundo moderno. La Iglesia se había desviado del cauce fundamental de la vida moderna; más aún, sentía miedo ante la larga historia de fracaso del pensamiento católico oficial frente al Renacimiento y la Revolución Francesa, frente a la revolución industrial y la democracia. El concilio supuso un cambio de mentalidad destinado a aceptar el mundo tal como era y a inyectar a la Iglesia una nueva savia renovadora. Sus directrices fundamentales fueron la revisión de la estructura interna de la Iglesia y la de las relaciones entre la Iglesia católica y el mundo moderno, con especial hincapié en el ecumenismo, en el acercamiento a las demás confesiones cristianas. El espíritu del Vaticano ii quedó plasmado en cuatro constituciones, nueve decretos y tres declaraciones.
2          Secularizado: dícese de aquello que abandona su carácter originalmente eclesiástico. La expresión se refiere al carácter marcadamente laico de la sociedad catalana respecto a otras zonas de España o del ámbito católico europeo, donde la influencia de la Iglesia se ha mantenido hasta nuestros días.
3          Se refiere a la instrucción pastoral Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, aprobada por el plenario de la Conferencia Episcopal española en noviembre de 2002. Es un documento muy polémico que, en la línea política del gobierno actual, vincula el terrorismo con el nacionalismo excluyente y el afán de autodeterminación. Desde el primer momento de su discusión contó con la desaprobación de los obispos vascos, catalanes y de otras zonas del Estado. Ha generado toda clase de reacciones, a favor y en contra.
4          Organismo internacional de beneficencia. Creado en 1947 como la confederación oficial de las entidades de acción caritativa y social de la Iglesia católica en el mundo, posee personalidad jurídica propia, tanto eclesiástica como civil. Su objetivo es la promoción y coordinación de la solidaridad procedente de la comunidad cristiana, así como el desarrollo integral de la dignidad humana de todas las personas que se encuentran en situación de precariedad. Se financia mediante fondos recaudados en colectas, donativos de particulares y cuotas de afiliados.
5          El 23 de enero de 2001 entró en vigor la actual Ley de Extranjería, que impide definitivamente la regularización de los inmigrantes sin papeles que hayan entrado en el país de forma ilegal antes de esa fecha. Ante tal situación, grupos de inmigrantes desesperados decidieron protestar encerrándose inicialmente en la iglesia barcelonesa de Santa Maria del Pi, cuyo párroco, Mosén Vidal, de conocida trayectoria antifranquista, les cobijó de buen grado, y posteriormente se extendió el encierro a varias parroquias más de la misma diócesis, hasta alcanzar un total superior a los mil inmigrantes encerrados, muchos de ellos en huelga de hambre. Ante la magnitud de la protesta, el gobierno negoció un acuerdo que garantizaba para los encerrados un permiso de residencia excepcional.
6          Adriano vi (1459-1523), pontífice romano, de apellido Florent y nacido en Utrecht. Fue vicecanciller de la Universidad de Lovaina y maestro del emperador Carlos v. Hombre de su plena confianza, asumió los cargos de gran inquisidor y, junto al cardenal Cisneros, de regente de España hasta la llegada de su pupilo. Fue elegido Papa en 1522.