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Sr. Balaguer
SR. RAIMON BALAGUER XAUS.
Fotografia cedida

SR. RAIMON BALAGUER XAUS. Empresario

Obra:

Texto del 19/04/2016

RAIMON BALAGUER XAUS

Vilafranca del Penedès (Barcelona)

Escuchar más que hablar; actitud más que aptitud; personas más que productos: estos lemas resumen la filosofía de un emprendedor que, en solo una década, ha conseguido edificar un holding internacional en el ámbito del embalaje del vidrio y los tapones de rosca, aunque recientemente ha fundado otro dedicado a la importación y exportación de licores. Un profesional cuya modestia y sentido del humor no le impiden admitir sus limitaciones y afirmar que el miedo le ha hecho correr. Sin prisas, ya tiene la mirada puesta en nuevos sectores y mercados.

Tenemos dos oídos y una boca para escuchar el doble y hablar la mitad

Nací en Vilafranca del Penedès, en el seno de una familia de cuatro hermanos, aunque el mediano falleció en un accidente de coche. Mi madre era el puntal de nuestro hogar, pero creo que mi padre acabó teniendo mayor incidencia en mi carácter. Haberlo perdido cuando solo tenía veintidós años marcó mi trayectoria personal. Él era constructor y me fijaba mucho en lo que hacía. Creo que cometió algunos errores, en los que personalmente no me gustaría incurrir. Sin embargo, me dejó un gran legado: sus consejos y sus valores. Gracias a él aprendí cuáles eran mis limitaciones y descubrí que la clave del éxito no reside tanto en hablar como en saber escuchar. Como decía mi padre, si tenemos dos oídos y una boca es para escuchar el doble y hablar la mitad. En general, la sociedad no ha asumido algo tan lógico. De ahí que la gente crea saber hablar con mayor o menor criterio, pero son pocas las personas que saben escuchar. Hoy en día saber escuchar es esencial.

Mi principal fortuna consiste en ser muy consciente de mis limitaciones

Siempre me ha gustado mucho el deporte; y en mi infancia y juventud practicaba muchas actividades físicas. Otra de mis aficiones ha sido la música, una inclinación tal vez heredada de mi abuelo, que fue director del coro de Vilafranca. A pesar de mi melomanía, no tengo el oído lo suficien-temente fino para poder dominar a la perfección algún instrumento. Muy pronto me di cuenta de que no tenía que encaminar mis pasos profe – sionales hacia la música. También soy consciente de que no gozo del don de la oratoria. En el fondo, creo que mi principal fortuna personal consiste en que soy muy consciente de mis propias limitaciones. No me considero inteligente, sino una persona que ha ido desfilando por la vida sin precipitarse y descubriendo poco a poco cuál era, en cada momento, el camino que debía tomar. Una persona hecha a sí misma y que ha aprendido mucho de la gente; gracias, en parte, a saber escuchar.

Aprender idiomas abre muchas puertas

De los cuatro hermanos, yo era el más desorientado. Mientras los otros tenían claro su itinerario profesional y cada uno emprendió su respectivo rumbo, yo no sabía hacia dónde quería orientar mi carrera. Pese a todo, mis padres siempre confiaron en mí y me apoyaron en todo momento. Me aconsejaron estudiar idiomas, un consejo muy vinculado, preci – samente, a esa idea de saber escuchar. Dominar idiomas abre muchas puertas; y a mí, que he llegado a aprender hasta cinco lenguas extran – jeras, me ha ayudado enormemente en mi trayectoria empresarial. También estudié una diplomatura en la Escuela Superior de Marketing y Administración (ESMA) y, posteriormente, un curso de postgrado en la Escuela de Alta Dirección y Administración (EADA). Pero puedo decir que me marcó más el aprendizaje de idiomas que dichos estudios. Personalmente, opino que las universidades no enseñan: solo copian modelos. Y este es uno de los problemas que tenemos a nivel profesional: que hay poca gente que enseñe a crear.

La actitud es más importante que la aptitud

No solo he aprendido de algunos profesores, sino también de gente de a pie. Gente que quizá ignora el valioso contenido de su discurso. Mi padre encajaba con este perfil de personas que, cuando te hablan, resultan convincentes porque comulgan con el mensaje que están transmitiendo. No hay manera más idónea para llegar a los demás que creyendo en lo que dices; o diciendo lo que realmente crees. Porque lo que te hace cumplir tus metas no es tanto el conocimiento que puedas atesorar como la actitud con que encaras la vida. En este sentido, he tenido la suerte de descubrir personas sencillamente extraordinarias, de una gran modestia pero, en el fondo, con una enorme riqueza de espíritu porque han demostrado una actitud excepcional, algo mucho más importante que la aptitud.

Realizo las entrevistas de selección de personal, en las que no hablamos de estudios

Si tu actitud es positiva, llegarás hasta donde te propongas. En caso con-trario, no llegarás a ninguna parte. Este mensaje, que enviaría a cualquier estudiante o a cualquier miembro de mi equipo, también lo transmito a mis hijas, Nàdia y Mireia, que tienen once y trece años respectivamente. Cuando se disponen a hacer deberes o estudiar, siempre les pido que tengan una buena actitud. Desafortunadamente, esta sociedad prima las aptitudes. Acostumbro a recibir muchos currículums repletos de másteres, cursos y otros méritos académicos que no me dicen nada. Porque, para mí, lo más importante de cualquier candidato es su actitud. La mayoría de mi equipo humano no cuenta con ningún título universitario. Yo mismo asumo las entrevistas de selección de personal, en las que hablamos de todo a excepción de los estudios que han cursado. Lo que quiero conocer de verdad es su predisposición. La falta de erudición no tiene por qué ser ningún impedimento. Para mí, no es mejor quien tiene cinco carreras que quien solo ha cursado una; lo que determina que una persona sea mejor que otra depende de su actitud.

Multiplicación de la facturación de la empresa por sesenta en una década

Tengo ocho empresas que dependen de dos holdings. Uno de ellos se centra en el área del embalaje, tanto de vidrio como de tapones de licor, que no son de corcho, sino de rosca. El otro holding está orientado a la impor – tación y exportación de licores. El equipo humano que depende direc-tamente de mí no es muy amplio; a lo sumo treinta personas. Pero indirectamente son centenares de profesionales los vinculados a nuestras compañías. Además de en Cataluña, tengo empresas en Inglaterra y Argentina. Empecé en esta aventura empresarial en junio de 2006. En aquel ejercicio facturé doscientos mil euros. Diez años más tarde, el grupo facturará doce millones. Pese a no disponer de flota de camiones, el año pasado movimos más de seiscientos. La gente que deposita su confianza en mí, y que me quiere, dice que he hecho un buen trabajo. Mis detractores opinan que he tenido suerte. Es cierto que la fortuna te puede favorecer en una operación, o en un momento puntual, pero es difícil creer que, una década después, todo esto sea fruto del azar. Más bien es consecuencia de haber creído en un proyecto. Hay quien me ha dicho que soy un tanto visionario, ignoro si con un propósito peyorativo. Si he salido adelante ha sido porque he hecho gala de un espíritu creativo, a diferencia de otros empresarios, que solo tienen capacidad de replicar modelos.

Dura pero enriquecedora experiencia en Italia

Antes de iniciar mi trayectoria presente, estuve viviendo cuatro años en Verona. Fue en 2003 cuando me propusieron asumir la administración de una empresa que fabricaba tapones de corcho para vinos y espumosos. No resultó una experiencia nada fácil; ya al principio de la misma, mi esposa estaba embarazada de siete meses. A pesar de lo cual, ella fue quien tuvo más claro la decisión a tomar y quien me animó a empezar ese nuevo proyecto. Abandonamos nuestros respectivos trabajos en Cataluña y decidimos partir a Verona. Eso sí: nuestra hija nació en Barcelona; porque mi mujer, Mònica, venía a menudo a la capital catalana para efectuar el seguimiento médico del embarazo. Y yo tenía que estar pendiente de si había novedades para trasladarme urgentemente a la Ciudad Condal cuando ella tuviera que dar a luz. Para colmo, aquel 2003 fue un verano muy caluroso. Tan infernal que nuestra hija, que entonces contaba solo con un par de meses, lloraba hasta seis horas seguidas. Mi esposa no sabía italiano y recuerdo que estando en Roma me llamó para pedirme que regresara, que no podía soportar más aquella situación. Por mucho que yo procurara volver lo antes posible, había quinientos kilómetros de distancia… Ella, además, tampoco se sabía mover por Verona, carecíamos de amigos o familiares a quienes recurrir y teníamos que valernos por nosotros mismos, sin ayuda de nadie. Este cúmulo de circunstancias se convirtieron en una experiencia dura pero, a la vez, enriquecedora.

Un balcón de Verona, tan significativo como para Romeo y Julieta

La aventura italiana duró tres años y medio. No porque decidiera abandonar aquel proyecto, sino porque los mismos que me colocaron en Italia para levantar la empresa cuando estaba hundida, me invitaron a abandonarla al considerar que yo resultaba demasiado caro para la compañía. En aquella entidad me ocupaba de la gestión de diferentes áreas: producción, contabilidad, ventas, administración… Tal vez si hubieran valorado mejor mi trabajo no habrían actuado así, pues la empresa ha tenido que cerrar tras haber entrado en concurso de acreedores. En cambio, puedo decir con orgullo que ahora tengo ocho empresas propias. En gran parte gracias a ese desenlace, que coincidió con una llamada decisiva. Recuerdo que me encontraba en el balcón de casa meditando cómo orientaría a partir de entonces mi carrera profesional cuando me propusieron un proyecto en el que yo aportaría mi cono – cimiento del mercado y mi socio, el know how en la fabricación del tapón de rosca. Ha habido gente que ha hecho broma estableciendo un paralelismo entre el balcón donde yo recibí aquella llamada, en Verona, y el que fue testigo del idilio entre Romeo y Julieta.

Que las relaciones con los clientes sean consistentes y duraderas

Esa llamada fue el detonante para empezar con We Pack, mi primera empresa y la que más aprecio; una compañía comercializadora de tapones de rosca para vinos y destilados. Son tapones orientados al mercado de la exportación, porque en nuestro país los vinos suelen embotellarse con tapón de corcho. Sin embargo, en países como Inglaterra, el consumidor tiene otra cultura y lo pide con rosca, porque son pragmáticos y les da igual el valor añadido del tapón de corcho; lo que quieren es abrir y cerrar la botella con facilidad. Pese a la ilusión que me hacía, retomar mi actividad en el mercado ibérico no me resultó nada sencillo, porque los últimos tres años y medio había estado centrado en Italia. Pero al ser consciente de que iniciar cualquier proyecto resulta complejo, y de que cuesta más facturar el primer millón de euros que el décimo, tuve paciencia y no tardamos demasiado en alcanzar ese primer millón. Como he hecho siempre, actué sin prisas; porque las prisas no son buenas consejeras. Rehúyo las rela-ciones efímeras. Cuando voy a ver a un cliente, mi intención no es hacer una venta e irme, sino edificar una relación a largo plazo. Quiero que ambas partes construyamos un lazo, y no ser un mero proveedor, sino un colaborador. Es gracias a esta actitud que el cliente deposita su confianza en uno, al ver que te sitúas a su lado; sobre todo, cuando surgen problemas. Solo así se establecen vínculos consistentes y duraderos.

Del corcho nunca se llega a saber bastante

Abandoné la industria del corcho por dos razones. La primera, porque entendía que el tapón de rosca era el futuro para las exportaciones de los vinos; y la segunda, porque la evolución experimentada por el corcho no encuentra la misma correspondencia económica, ya que pone en el mercado productos muy económicos con un rendimiento muy elevado. Ahora tenemos una presencia residual en el mercado del corcho, con un concepto de tapón más elaborado y orientado a la botella de whisky. El corcho es un material que posee una gran historia. Uno podría cursar una carrera de tres o cuatro años sobre él y no llegar a saber lo suficiente. Yo mismo, a pesar de haber estado tres años y medio al frente de una empresa del sector, me considero un ignorante al respecto. Es una de las principales industrias de Portugal, que concentra el setenta por ciento de la producción mundial, sobre todo en la zona del Alentejo. También se produce corcho, si bien en mucha menor proporción, en Cataluña, Francia, el norte de Argelia, Marruecos e Italia, en la isla de Cerdeña. Se comercializa básicamente en zonas donde se produce vino, como por ejemplo en nuestro país, pero también en Estados Unidos, Grecia, Italia, Sudamérica… Pero es un producto que tiene muchas otras aplicaciones, como aislante o para fabricar suelas de calzado.

En 2015 decidí abrir una línea de negocio de importación y exportación de licores

Nuestras empresas no hacen producción directa en sentido estricto; pero en las plantas que fabrican para nosotros sí hemos invertido. Hay que tener en cuenta que por nuestras manos pasan casi doscientos millones de tapones, lo que requiere una inversión considerable por parte del productor. Nosotros no disponemos de la experiencia para fabricar ese tapón, pero sí ayudamos a quien cuenta con el know how para que nos lo pueda proporcionar. Nuestro core business reside en el vidrio y en el tapón, que son unidades productivas diferenciadas. Además, en 2015 decidí iniciar una nueva línea de negocio, como es la importación y exportación de licores: un nicho por descubrir que, de momento, todavía no aporta volumen. Pero considero que nos encontramos en una buena coyuntura para emprender este camino tan complejo. Lo único que desconozco es la velocidad a la que nos veremos obligados a funcionar.

Aprovechar la eclosión de la cerveza artesana

Con el vidrio tengo dos líneas de negocio: la botella de destilado y la de cerveza. En los últimos tres años, el mundo de la cerveza artesanal ha crecido de manera exponencial a nivel nacional. No sé si el paro ha empujado a mucha gente a abrir esta línea de negocio, pero el caso es que dicha actividad vive una eclosión y cada vez hay más ferias, fiestas y promociones del sector. Lo que pasa es que este segmento reclama producciones cortas, de quinientas a cinco mil unidades, mientras que los vidrieros están acostumbrados a contratos de millones de botellas, pues, de lo contrario, ni se dignan a poner en marcha la maquinaria. Para unos jóvenes que se inician en la cerveza artesanal y solo quieren distribuir a su entorno inmediato es imposible asumir un volumen tan elevado. Con el fin de dar respuesta a esta necesidad, nos planteamos una línea de negocio con una vidriera inglesa que tenía el know how en la fabricación. Mediante una inversión conjunta, conseguimos realizar moldes para obtener nuevos modelos de botella que ellos utilizaron en el norte de Europa y nosotros, en España y Portugal. Empezamos hace cuatro años y no solo ha funcionado bien sino que hoy en día la botella de cerveza artesanal ha adquirido un volumen considerable. Por esta razón, hace años decidimos articular una empresa, Enomarket, dirigida y pensada a atender las necesidades de packaging de este sector, con frecuencia tan importante como el de gran volumen. Es una empresa que ofrece infinidad de modelos de botellas, tanto de cerveza como de licor o de tarros para mermeladas y conservas, en forma de packs que no superan las veinte unidades.

Filipinas: grandes productores de ron, grandes consumidores de ginebra

Filipinas es uno de los principales productores de ron del mundo, probablemente ya por delante de la República Dominicana, y el tercer país en cuanto a su consumo. Asimismo, es el principal consumidor de ginebra, y con diferencia; por delante de Estados Unidos, el segundo. España se encuentra en el quinto puesto, justo después de Inglaterra. En uno de mis viajes tuve ocasión de visitar la fábrica de Tanduay, uno de los principales productores de ron de Filipinas. Me recibió su presidente, un ciudadano chino de unos ochenta años, que me atendió de manera muy afable y calmada, muy propia de las culturas asiáticas. Se interesó por nuestro mercado y llegamos a un acuerdo para desarrollar conjuntamente un ron para el ámbito europeo. Creo que este es un nicho de mercado muy interesante, aunque, como en la mayoría de casos, lo que ignoro es la velocidad que tendremos que imprimir a esta línea de negocio, vinculada a su vez con los otros licores que incorporaremos y que estamos desarrollando, como por ejemplo el tequila, el vodka, el ron, la ginebra, el whisky… Lo que sí tuve claro es la creación de un segundo holding, porque ni la velocidad ni el volumen de negocio e inversión tienen nada que ver con el holding del embalaje.

Invertimos en la fábrica sin incurrir en costes de producción o de personal

La actividad logística de las botellas es muy compleja. Lo más razonable en este caso es que la misma industria vidriera disponga de su pulmón de espacio. Lo que hacemos habitualmente es adquirir un compromiso de consumo anual con el fabricante y vamos retirando el producto en función de la demanda. Nuestros almacenes son reguladores, con una capacidad de un diez por ciento de nuestra facturación a lo sumo. Sería imposible absorber toda la producción en nuestras instalaciones. Preferimos destinar inversiones en la fábrica sin incurrir en costes de producción propia o de personal. Debo admitir que es una de las decisiones más acertadas que he adoptado. De hecho, el propietario de la fábrica con la que trabajamos en Italia me decía que, desafortunadamente, yo era su cliente principal. Lo decía con no poca razón, porque si un día decidiéramos prescindir de sus servicios, posiblemente se vería obligado a reestructurar buena parte de la planta.

Saber gestionar el equipo humano resulta clave

El gran secreto del éxito empresarial radica en la gestión del personal; especialmente, en saber cuidarlo. Por eso, cuando encaro un negocio, no me preocupan tanto ni el producto ni el mercado ni la tecnología ni la logística. Lo que realmente me importa es rodearme de buena gente, que es la que posibilitará que la empresa evolucione favorablemente. Gestionar el equipo humano resulta clave para la viabilidad de cualquier compañía. Y conseguir que cada miembro del equipo se sienta integrante de la empresa. Para mí, es mi gran preocupación como empresario. Y me parece más difícil dirigir treinta personas que trescientas. Porque a medida que la organización se expande todo deviene más impersonal, mientras que en una empresa pequeña existe un contacto tan estrecho que ni te atreves a cerrar la puerta del despacho. Si bien mi empresa es unipersonal, hago partícipe a todo el equipo humano de cualquier decisión que se adopta; desde el auxiliar de almacén hasta el director comercial. Una vez cada cuatro meses reúno a toda la plantilla para informarles de lo que se ha hecho y de lo que me propongo hacer. Pero no de un modo unidireccional, sino participativo; porque cualquier miembro puede aportar propuestas de valor.

No nombro directores de empresa, sino que los convierto en socios

A la hora de impulsar un nuevo proyecto, soy yo quien lo lidera y lo pro – mueve personalmente en el exterior. Posteriormente, acabo delegando la responsabilidad en una persona con un perfil más internacional o un conocimiento más profundo sobre la zona concreta de actuación; normal-mente un profesional autóctono. En vez de nombrarle director general de la nueva compañía, lo convierto en socio de la empresa cediéndole parte de las acciones. No me interesa pagarle un sueldo impresionante para que, más adelante, una empresa de mayor envergadura que la mía pueda hacerle una oferta superior, sino que, desde el primer minuto, busco que se involucre en el proyecto. Inconscientemente, darle acciones supone que esta persona se comprometa con la empresa que acabamos de crear, que la sienta suya y tenga interés por hacerla crecer. Si un día decide irse, siempre podrá vender sus acciones. Pero, como no tiene la mayoría y, según los estatutos, la primera opción de compra me la reservo para mí, es difícil que nadie esté dispuesto a pagar más que yo por una participación minoritaria que no le otorgaría capacidad decisoria. Es una política que he llevado a cabo no solo en Cataluña, sino también en Argentina y en dos empresas de Inglaterra. Me ha funcionado muy bien, porque sé que estas personas velarán por la perfecta marcha de sus respectivas compañías. Además, he asumido otro compromiso con ellos, como es darles los dividendos que les corresponden los tres primeros años mientras yo destino los míos a fortalecer la compañía.

Incursión incierta en el mundo de la apicultura

Me gusta motivar a mi equipo e involucrarlo en nuevos proyectos. Prueba de ello es una nueva sección que hemos iniciado para cubrir un nicho de mercado en el mundo apícola. Cuando les comuniqué mi plan, se mostraron extrañados. No es para menos, dado que les propuse estudiar la miel, las abejas, los apicultores… Todo empezó un día que oí que en el norte de Europa existían circuitos urbanos para las abejas, donde se colocan colmenas en los tejados. El tema despertó mi interés y empecé a indagar. Ahora estamos llevando a cabo unos cursos con el Instituto Forestal de Santa Coloma de Farners para formarnos en Apicultura, un sector totalmente desprotegido y al que no se le presta la importancia que merece; porque la abeja puede aportar muchísimo a una sociedad que cada vez sufre más estrés. El primer paso, el de aprender, ya lo hemos efectuado. Ahora que ya hemos entrado en contacto con este universo, y tras brindarnos a colaborar con el instituto citado para potenciar la formación sobre el tema, hay que esperar a ver qué surgirá de este proyecto, pero estoy convencido de que existe un nicho de mercado que puede resultar beneficioso para la salud y que no está explotado. Tal vez de aquí a unos años dará fruto en forma de una nueva línea de negocio. En cualquier caso, y como siempre, ni tengo prisa ni pretendo que esta incursión sea efímera. Quiero estudiar seriamente qué podemos aportar al sector, en el que he coincidido con gente cuya actividad profesional tampoco tiene nada que ver con la apicultura.

El envase puede constituir el noventa por ciento del éxito del producto

Una de mis empresas, Veroil Caps, se dedica a la industria del aceite. Se trata asimismo de un producto peculiar, porque en nuestro país somos los principales productores mundiales pero los italianos lideran el ranking en cuanto a su comercialización. En Italia se toman más seriamente este producto y saben cuidar su presentación. Sé de lo que hablo porque nosotros nos dedicamos al embalaje; y una buena presentación tiene una gran repercusión en el producto. Una botella con un tapón especial, un vidrio determinado, una etiqueta atractiva, una serigrafía, una decora-ción… viste mucho más que una presentación en un bidón de plástico y/o con una identificación colocada de cualquier manera. Un buen embalaje, que a lo sumo puede costar diez céntimos más caro, contribuye a que el público disfrute más del producto, pues aunque quizás su calidad sea idéntica, a ojos del consumidor la percepción es muy distinta y su experiencia, también. Ahora mismo, además, hay un cambio de tendencia, en el que se aprecia más el producto artesanal; o, al menos, el que no res-ponde a unos estándares productivos tan comunes. Incluso hay empresas que, a pesar de fabricar productos de forma totalmente industrial, desarro-llan una línea alternativa con pequeñas modificaciones o incorporando algún componente diferencial. Porque hoy en día se tiene muy en cuenta el producto más elaborado o con valor añadido. Y tal tipo de producto exige un envase especial y adecuado. Muchas veces, el envase constituye el noventa por ciento del éxito del producto.

Lazos con Italia, un país próspero donde los políticos no son más inteligentes que los de aquí

Mi estancia en Italia me sirvió para darme cuenta de la grandeza del país, pese a que en él hay que distinguir dos partes bien diferenciadas: el norte, muy afín a los países de la Europa central, y la Italia del sur, más cerrada y menos industrializada. En general, nos llevan ventaja comercialmente hablando. También son unos productores excepcionales de vinos y espu-mosos; o de maquinaria y bienes de equipo, donde son muy competitivos tanto a nivel tecnológico como de precios. Quizás por ello actualmente mi segundo idioma es el italiano. Lo cierto es que sigo manteniendo muchos tratos con Italia, porque la fábrica de donde vienen los tapones se encuentra en dicho país, en el que, por cierto, los políticos no son más inteligentes que los de aquí. Al principio me costaba entender que Berlusconi gozara de tanto apoyo, pero me acabé dando cuenta de que Prodi o el resto de candidatos no eran mejores.

El miedo me ha hecho correr

En el futuro, el reto reside en tener presencia en Estados Unidos, mercado donde tengo tratos comerciales pero donde no dispongo de presencia física. Estar ahí me permitiría cerrar el círculo a nivel empresarial. Es un mercado que conozco, donde actualmente tenemos tratos, sobre todo en la zona de California, y donde entiendo que contamos con una gran oportunidad para expandirnos. Sin embargo, en mi opinión no es el momento adecuado y creo que lo prudente es esperar. Recuerdo que una vez una señora (a día de hoy, una amiga, Adriana Cauda, todo un ejemplo porque ha sido capaz de superar muchos obstáculos a lo largo de su vida sin perder nunca la sonrisa) me preguntaba cómo había conseguido tener tantas empresas y de manera tan rápida. Le dije que porque era un cobarde. «He corrido porque tengo miedo de depender de un mercado, de un producto, de un proveedor o de un cliente», le expliqué. Me miró y me respondió que la cobardía te paraliza y que, por tanto, de haber sido así, no habría hecho nada. «Tú eres un empresario y un valiente», me espetó. Aquellas palabras me hicieron reflexionar y pensé que tal vez era cierto y que mi trayectoria profesional no es solo fruto de la cobardía como hasta entonces defendía.

Si te dejas llevar por algunas consignas, puedes cometer graves errores

Para introducirme en los Estados Unidos me falta encontrar a las personas adecuadas. Es verdad que se trata de un mercado mejor, por ejemplo, que el argentino, con más potencial y mayor capacidad de compra. Pero en Argentina he hallado los profesionales que necesitaba y en Estados Unidos, no. En Argentina estoy casi desde los inicios de nuestra proyección internacional, inmediatamente después de Chile, país donde hice mi primera venta, a pesar de que físicamente no me establecí en él hasta 2015. El norte de África no lo contemplo, pues no veo ahí oportunidades para una gran expansión. Es verdad que identificamos estos países como emergentes, pero no hace mucho Brasil también gozaba de esa etiqueta y ahora ya no es así. O China, que actualmente se ha convertido en una realidad que genera dudas. O la India… Todo está cambiando tan deprisa que, antes de dejarte llevar por consignas que te dicen que el futuro inmediato pasa por un sitio u otro, es necesario pensárselo dos veces; porque puedes cometer graves errores. Siempre es preferible adoptar el ritmo de crecimiento que sabes que eres capaz de mantener y no creerte que puedes más que los demás.

He podido compatibilizar empresa y familia

En mi éxito empresarial ha tenido mucho que ver mi esposa Mònica. Siempre ha sido mi sostén, pues es más fuerte que yo y tiene una gran capacidad para absorber las responsabilidades domésticas y atender las necesidades de nuestras hijas. Gracias a ella he podido encontrar el equilibrio para hacer de marido, padre y empresario, y ser capaz de compatibilizar empresa y familia. Porque, si bien es cierto que dedico mucha atención a mis negocios, no lo es menos que siempre he estado al lado de mis hijas: compartiendo sus competiciones, sus sonrisas, sus llantos, sus fiestas de aniversario… Estoy satisfecho porque, no solo he intentado mantener este equilibrio entre empresa y familia, sino que siempre he logrado estar ahí. Para mí, la paternidad ha representado el cien por cien de la vida, y me considero un padre que ha sabido estar donde y cuando debía hacerlo.