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Sr. Martínez
SRA. CÁNDIDO-JOSÉ MARTÍNEZ MACARRÓN.
Fotografia cedida

SRA. CÁNDIDO-JOSÉ MARTÍNEZ MACARRÓN. Empresario y fundador de CYTECMA, S.A.

Obra:

Texto del 14/07/2016

CÁNDIDO-JOSÉ MARTÍNEZ MACARRÓN

El Burgo de Osma (Soria)

Director de una de las empresas más veteranas del sector en la fabricación de grúas hidráulicas, sin embargo, tal y como le aconsejaron sus allegados, siempre ha diversificado su actividad para sortear con soltura las crisis económicas. De niño ya era un apasionado de la tecnología y, como buen ingeniero industrial, su afán ha sido simplificar la actividad de sus clientes con soluciones elementales y asequibles, pues lo más difícil es crear algo sencillo y útil. Un prometedor futuro se augura para este empresario catalán, tal como ha conseguido sus metas hasta fecha de hoy.

Nací y crecí en El Burgo de Osma, de Soria: la bella desconocida

Vivíamos en la plaza mayor de la Villa episcopal, junto al taller de mi padre, que era industrial relojero. Recuerdo que nuestra casa colindaba con la de D. Severino Jiménez, gran impresor y abuelo de mi amigo de la infancia: Fermín Lucas Giménez, ingeniero y Ex.Director General de Ifema. Con él coincidí en el Instituto Catalina, en el que cursé el bachillerato, junto a otro amigo, Carlos Hernández Gil, Secretario de Sanidad con el Ministro Ernest Lluch. También amigo de infancia, Senador y Presidente de la Diputación, Javier Gómez Gómez. En La Rasa, la estación ferroviaria de El Burgo de Osma, nació el fundador de CCOO, Marcelino Camacho, al que conocí personalmente, así como el empresario, político y presidente del Club Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil. Asimismo, de Soria esta bella desconocida, que ha ofrecido a nuestro país tantos personajes ilustres, como Enrique Tierno Galván, mi amigo Jesús Posada, Expresidente del Congreso de los Diputados, que tuvo a bien inaugurar mi Hotel Río Ucero, donde más de una vez hemos tomado café juntos. Es un hombre bondadoso, muy inteligente e íntegro, con un gran poder de gestión: alguien que no necesita levantar la voz para hacerse respetar, su presencia y su saber estar le bastan para ser admirado.

Vocación temprana por estudiar Ingeniería Industrial

Desde muy pequeño supe que quería ser ingeniero industrial. Y no es extraño: viví mi infancia rodeado de los mecanismos de relojería del taller de mi padre, un apasionado de la mecánica, que jamás pisó un café, ni fumó, ni bebió; al contrario, dedicaba su vida al trabajo, a sus amigos y a la familia. Tenía una buena y sólida formación y siempre se preocupaba por adquirir libros técnicos en la imprenta y librería de D. Severino, junto a su taller. Disponía de una colección bibliográfica fantástica, parte heredada de mi abuelo Juan, que estaba a mi alcance y que consultaba a menudo. Seguramente, fue por esta inquietud que, a diferencia de la gran mayoría de mis compañeros de escuela, nunca deseé entrar en el seminario, que era un destino atractivo para muchos padres, porque residías allí y te formaban sin ningún coste para la familia. A mi madre también le hubiera gustado que ingresara pero, muy a su pesar, finalmente conseguí entrar en el Instituto Laboral Santa Catalina del Burgo, antigua universidad.

Recuerdo a mi padre fabricando sus relojes de pared

Es como si aún, después de tantos años, pudiera verle reparando o fabricando manualmente sus relojes de pared. Esta dedicación tenía su origen en una tradición familiar, iniciada en el Burgo de Osma por la familia Cabrerizo, que estaba emparentada con mi abuelo paterno: eran primos hermanos. Mi padre se inició como aprendiz en su taller. En aquella época eran los principales constructores de los relojes destinados a presidir las fachadas de las iglesias o ayuntamientos. Cuando la familia Cabrerizo trasladó su actividad y residencia a Barcelona, mi abuelo decidió abrirle a mi padre su propio taller de relojería en una magnífica ubicación: una tienda taller en la misma plaza Mayor del Burgo. Desde este lugar, continuó con la labor, aunque ya con su propia marca: Relojes Cándido Martínez. Como sus primos se centraron en la fabricación de grandes relojes de fachada en la Ciudad Condal, él se especializó sobre todo en la producción mecánica de relojes de pared.

Bajaban las persianas del taller y hablaban de política

Mi padre no estaba afiliado a ningún partido y su ideología política era bastante neutra; sin embargo, tenía un espíritu independiente. Durante la Guerra Civil, padeció la muerte de su hermano pequeño, que fue llamado a filas con tan solo 18 años y, sin ninguna instrucción previa, fue enviado al campo de batalla. Una semana después, lo mataron: fue carne de cañón. Mi progenitor también luchó en el bando nacional, pero era más mayor, tenía 27 años cuando estuvo en el frente, y logró sobrevivir. Ya de adulto mantuvo una postura crítica: cerraba el taller todos los días después de comer, sobre las tres de la tarde, excepto el domingo, para poder hablar de política. A aquellas reuniones, asistían el editor del periódico de Soria y vecino, D. Severino Jiménez; dos profesores del instituto, su gran amigo Antonio Ayuso, dos canónigos y, a veces, también acudía el Sr. obispo, que había sido desterrado al Burgo por ser de izquierdas. No tomaban café ni alcohol, simplemente charlaban, daban su opinión y comentaban las últimas noticias. Todos escuchaban por la noche y, a escondidas, Radio Pirenaica. Mi padre fue pionero en fabricar, junto con mi profesor de electricidad, Antonio Ayuso, sus propias radios a galena. En aquella época, yo era pequeño y, en ocasiones, me agazapaba sin que me vieran, y escuchaba lo que decían. Todos ellos eran unas personalidades en el Burgo, pero en aquellas reuniones hablaban en voz baja. Creo que mi progenitor me transmitió la necesidad de tener una opinión propia; en esas reuniones, ninguno de los asistentes se conformaba con la información de los canales oficiales, todos la contrastaban y se mostraban críticos.

Contar con grandes docentes

Cursé el bachillerato en el Instituto Laboral Santa Catalina de El Burgo de Osma. Era una formación especializada en la Rama Agrícola y Ganadera. Sin embargo, también ofrecían una sólida y completa instrucción en Mecánica, Carpintería y Electricidad. Tuve la suerte de contar con la maestría de grandes profesionales de la docencia especialmente de los profesores de matemáticas, electricidad, carpintería y mecánica, que me influyeron de forma determinante en la elección posterior de mis estudios universitarios de Ingeniería. Recuerdo, a Enrique Torres Santonja, un santo varón y gran maestro, y a Antonio Ayuso, profesor de electricidad, gracias a cuya confianza y aliento, me animé a presentarme al campeonato provincial de profesiones y gané el primer puesto en la especialidad de electricidad. Tenía trece años. Posteriormente participé en el campeonato nacional alevín, que se celebró en Vitoria, representando a Soria, y obtuve el segundo puesto.

El único de la clase que no quiso entrar en la OJE

Justo al lado de nuestra casa, vivía el jefe de la Falange, que impartía en el Instituto la asignatura de Formación del Espíritu Nacional. A veces pasaba por el taller y saludaba a mi padre. Tenían una relación cordial, aunque distante. A los nueve años aproximadamente me dio su primera clase. Al verme me dijo: “Hola, Candidín”, y me colocó en la primera fila. Luego anunció: “Quiero que se levanten aquellos que quieran entrar en la Organización Juvenil Española de Falange (OJE)”. Todos se pusieron de pie, menos yo. Aún recuerdo su mirada penetrante: parecía que me quería asesinar. Aun así, seguí sin alzarme. Entonces apuntó a mis compañeros en una lista y explicó que a partir de ese momento podían disfrutar de las ventajas y los derechos de pertenecer a la organización; como asistir a la casa de las juventudes para jugar al billar o al pimpón e ir de excursión. Cuando terminó su larga charla política, me levanté y dije que quería inscribirme. Se enfadó mucho y me amenazó con ir a hablar con mi padre. Aquel día, llegué asustado a casa, y pensé que lo mejor sería explicar lo ocurrido. Cuando lo hice, mi padre me tranquilizó: “Hijo, has hecho bien. Te apuntará, pero has actuado bien”.

Cuando veía una manifestación cerca de la Escuela de Ingenieros, intentaba alejarme

Mis padres me enviaron a estudiar a Barcelona con mucho sacrificio. El primer año me alojé en casa de un hermano de mi madre, que vivía en l’Hospitalet de Llobregat. Recuerdo que, cuando veía alguna manifes-tación, intentaba alejarme: no me podía permitir participar en estas movilizaciones porque necesitaba trabajar y estudiar. De hecho, lo primero que hice cuando llegué a Barcelona fue buscar empleo; no podía dejar que mis padres siguieran sacrificándose por mí. Éramos cinco hermanos. Mi tío materno, con quien yo vivía, era de izquierdas, pero aun así ocupaba un puesto de cierta responsabilidad en la Hispano Olivetti. Fue él quien me aconsejó que me leyera los anuncios de La Vanguardia y me presentara a los trabajos que encontrara. La verdad es que enseguida congeniamos: como él, y a pesar de mi juventud, no veía a los de izquierdas como demonios, ni a los de derechas como ángeles. Conseguí mi primer trabajo remunerado en la Editorial AEDOS; requerían de un contable por las tardes. No tenía ni idea de contabilidad, pero igualmente les aseguré que sabía un poco. Un tiempo después, mi primo Juan me consiguió un trabajo en una autoescuela y mi tío Antonio, en una empresa de electricidad. Todo lo que ganaba se lo entregaba a mis tíos y luego, a mis padres.

Vivimos en el Poble Sec hasta que me casé

Un año más tarde, mi familia se trasladó a vivir a Barcelona a un piso que había comprado mi padre en el Poble Sec, un barrio entonces entrañable; todos nos conocíamos y nos apoyábamos. Recuerdo que, por las noches, tocábamos las palmas para que viniera el sereno a abrirnos la puerta. Nuestro piso estaba en la calle Blay, esquina Salvá, muy cerca de donde vivía el cantautor Joan Manel Serrat, al que solíamos ver por el barrio cuando todavía no era famoso. Y a cincuenta metros de nuestra casa, estaba El Molino; pasaba por delante de ese local todos los días, sin embargo no entré dentro hasta que celebramos allí el paso del ecuador de la Universidad. Antes de empezar Ingeniería en la Universidad Politécnica de Catalunya, cursé el Peritaje Industrial Eléctrico en la actual Escuela Industrial. Al salir de las clases, solía bajar caminando toda la calle Urgell hasta mi casa mientras conversaba con otros compañeros que hacían el mismo recorrido.

Todo el sueldo que ganaba se lo entregaba a mis padres

Mi padre cayó enfermo y la situación económica familiar se agravó, y yo seguí entregando la totalidad de mi paga cada mes a mi madre, que era la que llevaba la casa; quería y necesitaba ayudar a mi familia. Eso me obligaba también a privarme de muchos caprichos, como salir fuera con los amigos los domingos. No dejé de dar todo lo que ganaba en casa hasta que me casé. Este comportamiento no era excepcional, sino bastante común entre los jóvenes de mi generación. Y era un tema que no despertaba ningún tipo de discusión o cuestionamiento; se acataba sin más. Además, si una vez independizado surgía alguna necesidad familiar, era habitual volver a colaborar económicamente.

Una formación universitaria generalista y muy completa

Actualmente, los estudiantes universitarios de Ingeniería pueden escoger entre más de veinte especialidades. En mi época solo había electricidad, mecánica, química y textil. Los tres primeros cursos constaban de asignaturas comunes para todos, y en los siguientes, debías elegir. En aquella época, nos convertíamos en verdaderas enciclopedias: nos ofrecían una formación generalista y muy completa, ya que estudiábamos una gran cantidad de asignaturas en profundidad. Gracias a esto, pude emprender muchos proyectos de forma global. He sido capaz de construir, como cualquier otro licenciado de mi generación, mis propias fábricas; he realizado tanto el cálculo estructural como el de cimentación y diseño. Me he encargado asimismo de la instalación eléctrica o de la dirección de obras, por ejemplo. Hoy en día, nuestros hijos poseen una formación mucho más especializada.

Prácticas en empresas industriales

Después de trabajar en la editorial y la autoescuela, procuré que mis posteriores empleos estuvieran siempre relacionados con mi formación. Eso me permitió entrar en contacto con una empresa dedicada a la representación de grúas, cilindros y circuitos hidráulicos; un sector que me entusiasmó y al que he dedicado mi principal actividad profesional. Enseguida percibí que España no se había desarrollado lo suficiente en este campo y que había mucho recorrido por hacer. Pasaba sábados y domingos trabajando y diseñando nuevas soluciones. Tan apasionada y productiva era mi dedicación, que esta empresa me ofreció, a pesar de mi juventud y escasa experiencia, formar parte de la sociedad para evitar mi fuga.

En 1967 fundé CYTECMA, especializada en grúas hidráulicas

Primero constituí Comercial y Técnica de Maquinaria, S.A. (CYTECMA), en junio de 1967, en Barcelona. Y posteriormente, Construcciones y Técnicas de Maquinaria, S.A. (CYTECMA). Es una de las empresas más veteranas del mundo en la fabricación de grúas hidráulicas. He producido máquinas con potencias de elevación de hasta novecientas toneladas y alcances mayores de sesenta metros. También, he diseñado máquinas muy específicas, mejorando e innovando este sector. Construí grúas hidráulicas especiales y, a medida de las necesidades de mis clientes, brazos robóticos, plataformas aéreas, brazos para camión, accesorios para grúas y proyectos llave en mano para sectores tan dinámicos y diversos como la automoción, la construcción, el transporte, las compañías eléctricas, el sector ferroviario y marino, empresas forestales, chatarreras y medioambientales, ayuntamientos, administraciones, ejército, remolcadores, buques oceanográficos, instala – ciones petroleras, etc. Conozco bien el mercado nacional e internacional, pues desde el inicio de la actividad he exportado a países de los cinco continentes.

Creé el primer mando a distancia en grúas

Hace unos cuarenta años, el Ayuntamiento de Bilbao convocó un concurso para la compra de cuarenta camiones equipados con grúas cestas que debían ser radiotripuladas desde la cesta. Nunca nadie había inventado algo semejante. Decidí presentarme, y me sentí como aquel que se tira a la piscina sin saber ni tan siquiera si hay agua. Me adjudicaron el concurso, así que no tuve otro remedio que llenar la piscina y aprender a nadar. Creía mucho en mi equipo y sabía que podíamos conseguirlo. Contacté con otros profesionales, del país y del extranjero, para asesorarme. Al final, logramos inventar el primer mando a distancia “proporcional” para grúas. No lo patenté; fue algo que creé porque me encontré ante esa necesidad. En la actualidad, es una tecnología muy común en el sector.

Mi padre me inculcó la necesidad de diversificar

En casa siempre me decía que era mejor no poner todos los huevos en la misma canasta; debía repartirlos en varias, porque si se me caía al suelo, me podía quedar sin huevos. He sido fiel a este consejo y siempre he procurado diversificar mi actividad empresarial. He vivido ya cinco crisis y sé que no son absolutas; hay sectores que siguen funcionando. Así que además de especializarme en las grúas hidráulicas, he trabajado también en ingeniería de maquinaria y en otros sectores diversos en los que me he visto capacitado para innovar y aportar nuevas soluciones. Creé una sociedad inmobiliaria y me dediqué a proyectar y construir naves industriales durante más de cuarenta años. Sin embargo, cuando percibí que se acercaba la última crisis, decidí reducir la actividad, y me quedé tan solo con una pequeña estructura; una especie de embriones preparados para volver a funcionar con plenas garantías en todas y cada una de mis actividades cuando se recuperara el mercado de forma estable y rentable. Mi actividad hotelera fue una contribución a mi pueblo para atraer el turismo y rentabilizar mi patrimonio. Fue muy anterior a esta crisis y mi Hotel Río Ucero es conocido en toda España. Ya me había introducido en el sector de las energías fotovoltaicas. A causa de la recesión, me vi obligado finalmente a cerrar cinco de mis sociedades y a prescindir de bastante personal. He conseguido permanecer en activo con una estructura empresarial cinco veces menor a la de hace quince años. Sin embargo, lo planifiqué con tiempo para poder negociar con suficiente tesorería; nunca tuve ningún conflicto con ningún trabajador. A pesar de todo, fue doloroso, porque no se trata solamente de ser capaz de pagar y quedarte tranquilo; muchas de las personas de las que te ves obligado a prescindir se llevan un trozo de ti..

Esta última crisis ha servido para depurar el sector

Las recesiones económicas nos obligan a tomar decisiones poco populares; los empresarios siempre hemos tenido mala prensa. No cabe duda de que hace más de cincuenta años habían existido muchos casos de abusos laborales vergonzosos; sin embargo, hoy en día no hay espacio para un empresario dictador o deshonesto, porque ni los empleados se lo permiten, ni la sociedad o la justicia lo aceptan. Además, si algún aspecto positivo ha tenido esta última crisis es que ha depurado el sector: la industria opor-tunista, que llevaba a cabo malas prácticas y perjudicaba a los empresarios correctos, ha desaparecido casi en su totalidad. Eran empresas que subsistían vendiendo su producción a un bajo coste, no pagaban o paga-ban mal a sus proveedores, a sus trabajadores, a Hacienda. Hacían mucho daño y perjudicaban a la buena competencia, que no podía bajar sus precios porque cumplían con sus obligaciones. Por desgracia, tanto la crisis como estas malas praxis también precipitaron el cierre de buenas empresas. Es como la quimioterapia aplicada a enfermos del cáncer. En la actualidad, para los empresarios que hemos logrado resistir, la crisis nos ha hecho vitales y fuertes, y creo que se avecinan tiempos prometedores: la recupe-ración será más rápida y eficaz de lo que se cree porque el horizonte ahora está más depurado y limpio. Por desgracia cada vez es más difícil que surjan nuevos emprendedores, y los que comienzan deben tener la piel dura y, sobre todo, una gran vocación: la Administración no nos ayuda y sigue con una normativa laboral e impositiva severa y poco flexible. Los políticos no entienden al empresario y saben poco de economía. Actores como la patronal PIMEC, una de las organizaciones empresariales que mejor nos comprende y nos representa, tendrían que ocupar un papel preponderante en las negociaciones con el Gobierno, pero este utiliza otras patronales que solo sirven al poder y no al emprendedor.

El Gobierno tendría que aprender a actuar como un empresario

El Gobierno tendría que aprender a pensar y a actuar como un empresario: cuando los emprendedores procuramos que nuestro negocio sea viable, reducimos todos los gastos al máximo. Si el Estado pretende bajar su déficit y asistir a sus ciudadanos, primero debe mirar hacia su interior, hacer autocrítica, analizar dónde puede aminorar su despilfarro, reducir sus sueldos… como hacemos nosotros. A causa de la crisis, muchos empresarios se han visto obligados a disminuir sus plantillas. ¿Por qué no hace lo mismo el Gobierno con los políticos, no con los funcionarios que necesitamos? ¿Por qué los sacrificios no se los aplican también a ellos, en vez de seguir aumentando los impuestos y sus propias prebendas?

Al servicio de nuestros empleados

Cuando un empresario ve que uno de sus asalariados no está trabajando bien, debe preocuparse por averiguar la causa de ese comportamiento, porque seguramente hay un problema personal detrás. Es muy positivo poder acercarnos a él, interesarnos por sus problemas y preocupaciones. La responsabilidad de un buen empresario va más allá de la estrategia empresarial, el cálculo o el diseño; la gestión del personal también ha de ser una de sus principales prioridades. Tiene que ser consciente de que el poder que tiene como Gerente de la empresa es muy superior al de cualquier Jefe de Personal. Es importante que pueda colaborar en esa responsabilidad, igual que colabora con el Director de Fábrica o con el Responsable de Finanzas o de marketing. Es un error pensar que son estos altos cargos los que le van a facilitarle el trabajo al Gerente. Es al revés: el empresario es quien está al servicio de la estructura de la empresa. Y esto es posible en compañías de unos ciento cincuenta empleados.

Se preocupaban porque me quedaba a trabajar hasta muy tarde

Normalmente, me quedo a trabajar hasta más tarde de las ocho de la noche y, como todo el personal ya ha dejado de trabajar en fábrica, estoy solo en el bloque de oficinas. Cualquiera que pasa por la carretera, puede ver la luz de mi despacho encendida y un único coche aparcado. Un día, uno de mis trabajadores se presentó en fábrica a las diez de la noche; quería decirme que ya no aguantaba más, que no podía dormir pensando que me podía pasar algo. Me pidió que me marchara a casa, porque allí corría peligro. Quiso hacerme ver que si alguna noche me asaltaban y me lastimaban, no solo me perjudicarían a mí sino también a mis trabajadores. Me alarmó tanto que al día siguiente comenté lo ocurrido con el Jefe de Personal y me respondió: “Lo que le ha dicho Paco, lo pensamos todos. Márchese, no se quede solo por la noche en fábrica, váyase a descansar a su casa”. Vivencias como esta te infunden ánimos, te dan fuerzas para seguir luchando.

Un buen ingeniero debe conseguir simplificar la vida a los demás

Cuando diseño una nueva máquina, siempre busco soluciones sencillas, prácticas, útiles, rápidas de fabricar y económicas. Considero que un buen ingeniero tiene que ser capaz de simplificar la vida a sus clientes con sus proyectos. Tanto los grandes recursos económicos como la inteligencia sirven de poco si no se consigue construir una máquina con un concepto fácil y asequible. A menudo, el funcionamiento más elemental es el más difícil de crear. El proceso creativo suele ser bastante clarividente, pero se requieren años de formación y experiencia para entrenar esta intuición profesional. Por ejemplo, cuando estoy en la fábrica y analizamos una nueva máquina, enseguida percibo en qué puntos puede fallar. Entonces pido a los técnicos que los repasen y, cuando comprueban mi acierto, se sorprenden y me dicen: “Lo has adivinado”. Siempre les respondo que mi intuición no es gratuita; llevo ya tras de mí muchos años de errores y correcciones, y los aciertos vienen a base de ambos.

Nuestros diseños contemplan todos los procesos

Recientemente, visité en Italia una empresa competidora. Su responsable me enseñó con orgullo unas máquinas marinas enormes. Cuando las observé, le anuncié que me quitaba el sombrero ante los trabajadores que habían realizado ese trabajo, aunque también comenté sin tapujos que yo despediría a los ingenieros que las habían diseñado. Eran preciosas, pero tan aparatosas que el cliente que las había comprado se vería obligado a construir una cimentación muy especial y costosa debido a su elevado peso y sus dimensiones. Además, había otros inconvenientes como el transporte, el ensamblaje y la puesta en marcha. El directivo me respondió que esos detalles no tenían importancia, porque serían problema del cliente. Se trata de una compañía importante, que quizás pueda permitirse esa actitud prepotente. Sin embargo, no me parece correcto complicar el trabajo a tu cliente, al que debes mucho respeto. En mi empresa, contemplamos toda la problemática, las propuestas y los procesos que vivirán nuestros productos; por ejemplo, al hacer los diseños sabemos que la máquina solo es una parte necesaria para desempeñar el trabajo que necesita nuestro cliente y que debemos facilitar al máximo el resto de procesos hasta su puesta en marcha.

En Europa se valora la seriedad del empresario catalán

En mi sector, España está muy bien considerada. En cuanto a la valoración de nuestro producto, estamos un puesto por debajo del alemán, pero superamos a los italianos y franceses. Se valoran nuestras soluciones, nuestro servicio y nuestra asistencia, seriedad y garantía, así como nuestros costos inferiores: somos mucho más accesibles para los clientes que el empresario alemán. En concreto, se destaca la seriedad y alta productividad del empresario catalán, tanto en el sector metalúrgico como en el agrícola.

Catalunya no pide ninguna inversión a fondo perdido

En mi empresa, siempre potencio el sector que mayores beneficios me otorga y más desarrollo pueda alcanzar. Si el Gobierno pensara en términos empresariales, ayudaría más a Catalunya, se preocuparía de cubrir sus necesidades, porque las ganancias que obtendría beneficiarían a todo el país. Un agricultor sabe que, para recoger buenos frutos, tiene que sembrar sobre un terreno fértil, y no sobre un campo pedregoso. Sin embargo, en Madrid se olvidan de financiar a Catalunya, de favorecer inversiones, de construir una infraestructura de buenas carreteras y buenos accesos a los puertos y aeropuertos, no dan prioridad al Corredor Mediterráneo subvencionado por la UE y, en lugar de conectar Barcelona y Valencia con el AVE, enlazan Madrid con Toledo. No significa lo mismo dar que invertir; no pedimos nada que no den al resto de España. Si aplicaran otra política, si no maltrataran tanto a Catalunya, ahora no estaríamos hablando de ningún proceso independentista.

Gran fortuna con mi familia

Mi mujer, Veronique, es belga; que tenga otra nacionalidad ha contribuido a ampliar mis horizontes, me ha puesto en contacto con la riqueza de otra cultura. Hemos tenido tres hijos, dos varones y una mujer, que nos han dado seis nietos, uno de ellos en camino. Si hago un repaso a mi vida, la familia ocupa el primer lugar en mis prioridades: tener hijos y nietos es lo mejor que me ha podido ocurrir.

Es mejor que los hijos asuman la responsabilidad de su vida

Nunca impuse a mis hijos que cursaran unos estudios determinados. Sin embargo, soy consciente de que cometí un error: quise hacer las fábricas pensando en ellos y en su futuro, y cuando empezaron a madurar los puse a hacer prácticas en mis empresas sin ningún tipo de experiencia laboral previa. Más tarde aprendí que cada persona debe dirigir su propia vida. Y es conveniente que los hijos primero trabajen para otras compañías, para conocer bien el mercado laboral y empresarial. Con Victoria, mi tercera hija, ya había aprendido la lección, así que una vez acabó la licenciatura de Psicología, se puso a trabajar en diversas empresas que ella buscó, se espabiló, asumió retos, dificultades y responsabilidades, mientras cursaba varios másteres de Contabilidad y Dirección de Empresas; y cuando ya tuvo suficiente experiencia, optó por venir a la empresa familiar. Alejandro, mi hijo mediano, que es ingeniero, prefirió asumir la dirección de mi Hotel Río Ucero. Fue una buena decisión, estamos encantados con su gestión. Por el contrario, Cándido-Emmanuel, mi hijo mayor, que se diplomó en Ciencias Empresariales y licenció en Economía, en un principio se hizo cargo de la fábrica de Alcalá de Henares, pero al poco tiempo prefirió volver a Barcelona, buscar empleo y recorrer su propio camino. Ahora está trabajando en Endesa, haciendo varios másteres, y se siente satisfecho..

Para mí el trabajo representa una ilusión y un reto constante

Mi actividad empresarial es como una fuente en la que no dejo de beber; los retos que asumo día a día me ilusionan, me dan fuerzas para levantarme cada mañana. La rutina no tendría el mismo efecto, personalmente no me serviría; al contrario, asumir dificultades y responsabilidades me da alas. Actualmente, tengo que luchar más para que los nuevos proyectos salgan adelante, porque el esfuerzo técnico y económico que tenemos que realizar es mayor que hace quince años. Sin embargo, estas cuestiones no me suponen un desgaste, sino una motivación. Afronto mi responsabilidad feliz y satisfecho. En esta vida es preferible encarar los problemas desde un punto de vista positivo, aunque sin crear castillos en el aire, porque la verdad siempre te acaba poniendo en tu sitio. Cuando te has esforzado y lo has intentado todo, toca disfrutar de lo bueno que la vida te otorga.