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Xabier Arzalluz
XABIER ARZALLUZ, Presidente del Partido Nacionalista Vasco desde 1988
Xabier Arzalluz Presidente del Partido Nacionalista Vasco desde 1988

XABIER ARZALLUZ, Presidente del Partido Nacionalista Vasco desde 1988

Obra:

Texto del 30/10/2002,
Foto cedida por X.A.

Como buen vasco, Xabier Arzalluz es un hombre que se precia de ir siempre con la verdad por delante lo cual, unido a su condición de figura política de candente y perpetua actualidad, y a su gran responsabilidad en muchos de los acontecimientos vividos durante la transición política, convierte sus recuerdos de la época, no exentos de polémica, en una información valiosísima.

La transición política fue una época irrepetible, rebosante de ilusiones pero también de dificultades

Para encontrar una situación análoga a la que se dio en la época de la transición política española sospecho que deberán transcurrir no sólo una, sino ­varias generaciones. Aquéllos fueron tiempos que no se volverán a repetir, porque vivimos un auténtico cambio de régimen, que no se produjo precisamente sin resistencia. Vivíamos en una sociedad estructurada por el franquismo, con sus sindicatos, sus medios de comunicación oficiales, su modelo de ejército, su policía política; una sociedad que parecía sólida en los fundamentos de su ideología oficial, pero que inevitablemente se iba fragmentando. Si quienes estábamos a favor de la ruptura total del sistema hubié­ramos hecho entonces lo que pretendíamos, muchos sectores de la sociedad se hubieran quedado marginados de la vida política. Pero ni nosotros podíamos hacerlo, ni ellos podían mantener un continuismo viable porque estaba de por medio la perspectiva europea. Se trataba ciertamente de una situación compleja ­para ambas partes, una encrucijada histórica en la que era preciso tomar en cuenta una amplia lista de factores.

El futuro estaba en Europa

Una España pobre que empezaba a desarrollarse no tenía ningún futuro fuera del ámbito europeo y para ello necesitaba una serie de cambios estruc­turales: reformas sociales, pluralidad política, sindicatos libres, medios de ­comunicación imparciales y, por supuesto, una solución para las demandas de autogobierno de catalanes y vascos. En el período previo a lo que hoy ­llamamos “la transición”, no vi a nadie que exigiera un régimen de autonomía excepto los vascos y los catalanes y, efectivamente, algunos sectores gallegos minoritarios.

El resultado final de la transición dejó descontentos a casi todos

Con la perspectiva de los veinticinco años transcurridos, sin duda –y como ­suele ocurrir– nuestras ilusiones eran poco realistas. Nos imaginábamos que tras la liquidación del franquismo sobrevendría una situación mucho más democrá­tica que la que en realidad surgió. De entrada, todos los resortes del poder estaban en manos del franquismo y cada vez que se proponía algo que fuese más allá de lo que el régimen consideraba razonable, enseguida hablaban de ruido de sables. El proyecto de la vieja guardia franquista era seguir así, controlar el país sin abandonar sus instancias de poder ni soltar el mando, pero la situación política tenía que cambiar porque había muchos intereses económicos en ­juego, sobre todo por parte de la gran banca. Se vieron forzados a mover ficha y el resultado fue la llamada transición y el sistema democrático. En mi opinión fue un parto enormemente complicado y la criatura nació casi ­asfixiada.

La Constitución nunca ha tenido un apoyo mayoritario en Euskadi

A menudo se olvida que la primera vez que los vascos acudieron a las urnas, en el referéndum constitucional de 1978, se produjo una gran abstención. Sólo un 30% de los ciudadanos vascos votó a favor de la actual Carta Magna, y el 70% restante se repartió entre el rechazo y la abstención. Nosotros –el Partido Nacionalista Vasco– apoyábamos decididamente la abstención, y no éramos los únicos en hacerlo; otros sectores políticos, no precisamente nacionalistas, se decantaron por esta opción. El resultado ­refleja una situación demográfica que todavía se mantiene, puesto que en el censo actual un 30% de los votantes son nacidos fuera de Euskadi. Dado el minoritario apoyo recibido por la actual Constitución, creo que no se puede sostener, como tan apasionadamente se nos recalca últimamente, que fuera aceptada por el pueblo vasco.

El nacionalismo vasco no estuvo representado en la comisión que redactó la Constitución

No debe extrañar el rechazo de los vascos a la Constitución, si se considera que no estábamos representados en su comisión redactora. Fue la única vez en la historia parlamentaria española que no hubo representación de todos los grupos políticos en una ponencia. Es paradójico: se quería hacer una Constitución de consenso entre todos y, sin embargo, se excluyó a los vascos y al grupo mixto. Varias versiones explican este hecho, pero considero auténtica la mía: en las Cortes Constituyentes, nuestro grupo parlamentario era el menor, con ocho diputados; la posición inmediatamente superior en la lista la ocupaba el grupo mixto con nueve, de los cuales al menos seis pertenecían al Partido Socialista Popular (psp) de Enrique Tierno Galván1, que a la sazón era profesor de Derecho Constitucional y jefe de un partido socia­lista enfrentado al psoe. Se produjo entonces un acuerdo entre el psoe y la ucd para dejar al psp fuera de la ponencia, y lógicamente, al no estar presente el grupo mixto en la ponencia constitucional tampoco estuvimos los nacionalistas vascos, así que en realidad no hubo intención expresa de ­excluirnos de la asamblea. De todas formas, sospecho que nuestra presencia en la ponencia constitucional hubiera añadido alguna tensión a los debates, porque evidentemente nosotros teníamos, y tenemos, un concepto de constitución muy diferente.

La gestación y aprobación del Estatuto de Gernika tuvo muchos detractores

El Estatuto de Gernika fue muy laborioso, porque había facciones dentro de ucd empeñadas en que no fuese aprobado. Los nacionalistas vascos propu­simos un estatuto de mínimos, e incluimos una disposición adicional que decía: “la redacción de este Estatuto no supone renuncia a ningún derecho que el pueblo vasco tiene en virtud de su historia y de su voluntad de autogobierno”; punto que no fue admitido en primera instancia. Los parlamentarios vascos, sin una fórmula de reserva de derechos, no íbamos a aceptar ningún estatuto, y al final se acordó la disposición actual: “la aceptación del régimen de autonomía del presente Estatuto no implica renuncia a los derechos que, ­como tal, le hubieran podido corresponder en virtud de su historia, que podrán ser actualizados, de acuerdo con lo que establezca el ­ordenamiento jurídico”, que suprimía toda alusión al autogobierno. Recuerdo que al día siguiente de la aprobación del Estatuto, el señor Gil Robles escribió en abc un artículo tremendo, en el que decía, después de muchos reproches y alusiones al ejército, que el Estatuto era autonomía hoy e independencia mañana si se unían el ­artículo 1º y la disposición final. En aquella época había mucha gente de ucd que pensaba igual, por ejemplo Martín Villa2, prueba de ello es que el último día de las reuniones en la Moncloa, ­celebradas entre los parlamentarios vascos y el gobierno para redactar el Estatuto, Adolfo Suárez se quedó solo, sin más apoyo que el del señor Pérez Llorca3.

Tarradellas no era partidario del Estatuto de Gernika

Esta opinión generalizada en contra de nuestro estatuto, no correspondía únicamente a los sectores afines al gobierno de ucd y, por supuesto, a los entonces numerosos nostálgicos del franquismo, sino que también alcan­zaba a personalidades del nacionalismo catalán. Sin pretender menoscabar su figura política, debo hacer constar para la memoria histórica, por considerarlo un episodio poco conocido, que el President Tarradellas no creía que el estatuto vasco fuera a ser aprobado. Cuandio vio que salía adelante quiso detenerlo alegando que era un estatuto muy flojo, y que iba a provocar que también el catalán fuera un estatuto inaceptable. Se presentó en Madrid cuando nosotros negociábamos con Suárez en la Moncloa. A petición nuestra Suárez le paró los pies, diciéndole que, si persistía en su actitud, haría pública una carta en la que Tarradellas le decía que Cataluña no necesitaba, de momento, un estatuto de autonomía, y que con dos o tres transferencias podía gobernar perfectamente. Para nosotros estaba claro el sentido de la oposición de Tarradellas: si había un estatuto vasco, a no tardar existiría también uno catalán que, una vez aprobado, provocaría unas elecciones, y en ese contexto él no disponía de una fuerza política detrás susceptible de mantenerle en la presidencia de la Generalitat.

El de Gernika, fue un Estatuto de muy difícil gestación. Además, contiene una serie de ambigüedades; pero se aceptó, porque hacía falta. Se aprobó con los votos en contra de Alianza Popular, curiosamente los mismos que ahora defienden la Constitución y el Estatuto.

El derecho de autodeterminación está reconocido universalmente

La autodeterminación, en el orden colectivo, no es esencialmente diferente de la autonomía personal. Una persona decide continuamente si quiere vivir sola o acompañada, en un sitio u otro, y esta toma de decisiones libre es una forma de independizarse. Del mismo modo un pueblo, un colectivo con identidad propia, también tiene derecho a ser dueño de su futuro, de su forma de organización política y de todo lo que le afecte, y ese es el derecho de autodeterminación admitido en todas partes.

Recientemente, Dinamarca y Noruega se han pronunciado en un referéndum para dirimir su entrada en la Unión Europea. Ambas representan un buen ejemplo de aplicación de este derecho de autodeterminación, puesto que la decisión final incidía sobre el nivel de soberanía política de sus respectivos pueblos.

España también reconoce el derecho de autodeterminación

El Estado español ya aplica y admite de facto el derecho de autodeterminación que nosotros reivindicamos para Euskadi; en primer lugar porque tal derecho está reconocido y garantizado por la Carta de la onu, si bien sólo es aplicable en el caso de colonias; pero también por decisión conjunta del Consejo Europeo del que forma parte, como ocurrió durante la crisis yugoslava: España reconoció la independencia de Eslovenia y de Croacia en virtud de esa premisa legal.

Aprovechando el próximo proceso de ampliación de la Unión Europea,

Los nacionalistas vascos queremos reivindicar nuestro derecho de autode­terminación junto con otros pueblos con identidad propia agrupados en la Alianza Libre Europea, como Escocia, Bretaña o Córcega, que quieren estar en la comunidad, pero de otra manera.

La imagen de Euskadi que ofrecen los medios de comunicación responde a intereses antinacionalistas

Lo lógico sería que la violencia se exhibiera poco en los medios de comunicación; sin embargo, no ocurre así en el caso de Euskadi. Las noticias que se ofrecen sobre el País Vasco al resto del Estado dan una visión distorsionada de nuestra sociedad y pienso, desde luego, que ello obedece a una campaña gubernamental; pero no se trata de una trama novedosa, ha sucedido históricamente en repetidas veces y no sólo en tiempos de Franco: podríamos ­remontarnos a la época absolutista para mencionar la flagrante manipulación histórica orquestada por Godoy y el canónigo Lorente en la célebre ­disputa del Fuero4.

En la actualidad tengo la impresión de que los medios de comunicación libran una pugna constante para ver quién habla con mayor gravedad de este tipo de problemas, generando una imagen de Euskadi con más violencia de la que hay en realidad, porque, desgraciadamente, resulta más noticiable la barbarie que el sentido común.

La solución a la violencia en Euskadi sólo puede provenir de una negociación

La cuestión de la imagen distorsionada que de Euskadi dan ciertos medios de comunicación tiene especial relevancia porque, a mi entender, una de las claves principales para solucionar el problema de la violencia en nuestro ­país es la discreción informativa. Sólo con esta táctica podremos llevar adelante un diálogo constructivo, que nos conduzca a una negociación. Creo que no hay otra vía para arreglar el conflicto, y tal negociación debería basarse en el establecimiento de contactos muy discretos, para obtener compromisos firmes que pongan fin a la violencia. Un ejemplo claro, aunque quizás no suficientemente conocido, de los progresos conseguidos a través de la negociación, se produjo tras la funesta etapa del gal. El gobierno de Felipe González optó por un diálogo sincero y directo con eta, sin intromisión de los medios de comunicación, y después de un intento fallido en Argel mantuvo un contacto permanente a través de un mediador neutral, que era Pérez Esquivel5. El Partido Nacionalista Vasco apoyaba este procedimiento y estaba relativamente informado de los avances y acuerdos obtenidos, que básicamente consistían en establecer una tregua de tres meses sin ningún atentado mortal, tras los cuales se produciría un contacto directo para preparar una mesa de negociación, probablemente en un país del norte de Europa. Lamentablemente no se alcanzó el objetivo deseado por falta de tiempo, pues el psoe perdió las elecciones de 1996.

Actuaciones recientes no van encaminadas a solucionar el conflicto, sino que responden a intereses políticos y electorales

Tras el cambio gubernamental de 1996, los métodos desplegados por el ejecutivo del Partido Popular para solucionar el problema vasco están muy alejados de la discreción y la negociación que vengo pidiendo. Para mí, las actuaciones recientes del gobierno, como encarcelar a la mesa nacional de hb, cerrar el periódico Egin o reforzar la campaña policial contra los violentos, lejos de acercarnos realmente a una solución definitiva del conflicto, obedecen puramente a un interés político y electoral. El tiempo se encar­gará, finalmente, de establecer cuál es la mejor vía para solventar el problema de la violencia y demostrará si los nacionalistas vascos tenemos razón al ­pedir una mesa de negociación, o si nuestro juicio sobre el conflicto en Euskadi es erróneo.

La normalización lingüística del euskera será más complicada que la del catalán

Comparando el proceso de normalización lingüística en Cataluña y en Euskadi, desgraciadamente para nosotros, el punto de partida de la situación es muy diferente. Quizás no se ha obtenido todo lo que se deseaba, pero el catalán, como lengua viva y vehículo de integración de las corrientes de inmigración pasadas, presentes y futuras, goza de un vigor e incluso de un prestigio histórico y literario que nosotros no podemos ni soñar para el euskera. Nuestra lengua padeció, sobre todo en el último periodo del franquismo, una persecución que la llevó casi al borde de la extinción. Su recuperación se ve dificultada por el hecho de no ser, como el catalán o el castellano, una lengua latina, por tener una menor tradición literaria, y una distribución geográfica y un número de hablantes más limitados. Simultanear en la vida cotidiana el catalán y el castellano es muy sencillo, pero en el caso de euskera y castellano ya es más difícil. Por todo ello, nos hallamos en clara desventaja. Sin embargo, hemos hecho un enorme esfuerzo de potenciación de la enseñanza de nuestra lengua. Actualmente existen tres líneas lingüísticas en nuestro sistema de enseñanza: la línea A, con la docencia exclusivamente en castellano, excepto la asignatura de lengua y literatura vasca; la ­línea B, en la que algunas asignaturas se imparten en castellano y otras en euskera; y la línea D, íntegramente en euskera salvo la lengua y literatura castellanas. Los padres eligen libremente cuál de estos itinerarios de integración lingüística quieren que sigan sus hijos y, si bien el porcentaje más alto se inscribe en la línea B, se observa un constante aumento de la opción por la línea D, en detrimento de la línea A, que en los últimos años prácticamente está desapareciendo. Conviene destacar que esto se produce preci­samente en las zonas de asentamiento de inmigrantes de lengua castellana, en donde los padres castellano parlantes encuentran de gran utilidad que sus hijos conozcan por lo menos la variante culta del euskera.

La lengua vasca debe aspirar a un uso social mayor

Pese a todo, estamos muy lejos todavía de alcanzar la situación, para nosotros envidiable, en que se encuentra el catalán, pero no nos falta voluntad para lograrlo. Un ejemplo vivo de lo que se puede hacer en este campo, si se tiene voluntad, es el caso de Israel, que prácticamente en el mismo periodo de tiempo que nosotros llevamos dedicados al asunto han logrado recuperar una lengua como el hebreo, a todos los efectos muerta, que hoy goza de ­excelente salud, merecido prestigio y reconocimiento internacional. Claro está que Israel es un país independiente y Euskadi no. Quizás ésta sea la principal diferencia.

El euskera es la lengua más antigua de Europa

No soy filólogo, así que mis opiniones sobre la antigüedad del euskera deben apoyarse necesariamente en las investigaciones más recientes sobre el tema, las cuales parecen demostrar que probablemente se trata del idioma más antiguo hablado en Europa, puesto que no está emparentada con ninguna de las lenguas indoeuropeas, de lo que se puede deducir que ya existía antes de la expansión de aquéllas por el solar europeo. A este respecto, investigadores especializados en toponimia señalan una base común entre el euskera y las denominaciones más primitivas de accidentes geográficos europeos.

Somos un pueblo orgulloso de sus viejas tradiciones culturales

Las fiestas populares, como su mismo nombre indica, forman parte del patrimonio cultural de cualquier pueblo que goce de identidad propia. Su pervivencia, y la de todas las tradiciones locales asociadas a ellas, depende fundamentalmente de que la gente desee que se mantengan, más allá de su fomento o prohibición por las instancias públicas. Manifestaciones tan propias de la cultura vasca como nuestras danzas, los deportes tradicionales o la gastronomía no llegaron a perderse nunca, ni en los peores tiempos de la represión, y se siguen cultivando gracias a la voluntad popular de mantenerlas como signos de identidad colectiva.

Tomé parte activa en las primeras elecciones autonómicas catalanas

Participé, junto al President Pujol y muchísima gente más, en el gran mitin final de las primeras elecciones autonómicas catalanas. Recuerdo que fue un acto multitudinario. En aquellos momentos, los dirigentes catalanes allí presentes –Pujol, Roca, Macià Alavedra y Trías Fargas6– se mostraban un tanto sombríos, porque había sido una campaña muy dura. Por otro ­lado, estaba Suárez haciendo su personal campaña por Cataluña. Durante el mitin, Trías Fargas había hecho referencia al Estat Català, una palabra que Suárez y compañía consideraban funesta, y que luego fue esgrimida por la ucd, en repetidas ocasiones, contra los parlamentarios nacionalistas catalanes.

En la cena posterior, dada la preocupación de Jordi Pujol por la marcha de la campaña electoral, ante la que se mostraba moderadamente pesimista, vaticiné al President que iba a ganar e incluso acerté en la diferencia de escaños obtenidos. Ante el resultado de mi predicción, quizás algún día Pujol salde la apuesta que había cruzado conmigo si acertaba: recibirme con la guardia de honor de los mossos d’esquadra formada en el Palau de la Generalitat.

Pujol consiguió cuanto pudo para el desarrollo autonómico de Cataluña

Desde entonces he visitado repetidas veces Cataluña y no he conocido a nadie que hubiera podido desarrollar, más y mejor que Pujol, un proyecto político coherente para esta tierra. Me consta que hay quien se queja de que, en los últimos años, cuando su partido –y también el pnv durante algún tiempo– tuvo la clave para la gobernabilidad del Estado, no supo sacar provecho de la situación. Conociéndole a él, y conociendo también la cultura política que impera en Madrid con respecto a las peticiones de mayor desa­rrollo autonómico, especialmente de un tiempo a esta parte, imagino que consiguió todo lo que pudo en pos del autogobierno de Cataluña, y si no ­pidió más fue porque estaba ­seguro de que no se lo iban a conceder. Recuerdo lo que una vez nos dijo el ­anciano Tarradellas: Tengan cuidado con Madrid, ­porque el castellà sabe lo que es mandar, ­tiene la cultura del mando, con una mano ­invita y en la otra guarda la estaca.

Mi amistad con Pujol arranca de los difíciles años de la dictadura

Me une al President Pujol una larga amistad que arranca de los difíciles años de lucha contra la dictadura, en los que compartimos esperanzas e ilusiones de un futuro mejor para el pueblo catalán, vasco y español, un futuro de paz y armonía construido entre todos.

Tanto el President Tarradellas, con quien no tuve la misma relación, como mi amigo el President Pujol, han sido auténticos nacionalistas. Probable­mente les hubiera gustado dejar Cataluña de otra manera, pero han hecho todo lo que han podido o todo lo que les han permitido. Me parece que el sucesor de Pujol lo tendrá difícil para alcanzar los mismos logros, aunque nunca se sabe.

Con frecuencia debo defenderme de ataques infundados en la prensa

A menudo los medios de comunicación, por mi estilo personal de hacer política, me presentan como un guerrero, como una persona amante de la confrontación. Tal imagen me desagrada, porque es rotundamente falsa. ¡Están equivocados! No soy violento, sino que tengo por costumbre decir lo que pienso y eso hoy, en política, no es moneda corriente. Así pues, cuando me preguntan o no respondo o, si lo hago, me descalifican.

La soberanía compartida pretende subsanar los errores cometidos en el difícil periodo de la transición

En el momento actual, el Lehendakari Ibarretxe ha hecho pública una propuesta política que supone un paso adelante hacia un nuevo estatus, como él mismo lo llama, y que, según mi opinión, plantea un marco de convivencia diferente del que preveía el Estatuto de Gernika. Tal como ya he explicado, aquél fue para nosotros, los nacionalistas vascos, un estatuto de mínimos que dejaba insatisfechas las legítimas pretensiones de soberanía de nuestro pueblo, y el marco de convivencia que diseñaba ya no se ajusta a la situación actual de Euskadi.

Ahora bien, a más largo plazo no voy a ocultar que, del mismo modo que incluimos en el Estatuto de Gernika una disposición adicional que dejase claro que con ese estatuto no terminaba el marco político que soñábamos para nuestra tierra, con la propuesta de Ibarretxe tampoco se agotan nuestras aspiraciones políticas de autogobierno.

Euskadi no desea quedar fuera de Europa, pero aspira a un trato más equitativo

En el pnv hemos diseñado, desde 1949, un amplio proyecto político general, obra del Lehendakari Aguirre7, que define nuestras últimas ambiciones políticas. Uno de sus postulados generales, que comparto plenamente, es el de que la nueva realidad europea pondrá fin, más pronto o más tarde, al concepto clásico de Estado, así como a la noción de soberanía nacional, tal como se vienen entendiendo ambas nociones en la filosofía política moderna desde el siglo xviii. Consecuentemente, nuestros planes de futuro para el País Vasco pasan necesariamente por la integración en el seno de la Unión Europea, pero en igualdad de derechos a otras naciones del continente. Queremos ser inquilinos propios de la casa común europea y no figurar ­como realquilados a través de España o de Francia.

1          Enrique Tierno Galván (1918-1986), catedrático de Derecho Político en las Universidades de Murcia y Salamanca. Fundador y presidente del Partido Socialista Popular, fue elegido diputado en las elecciones de 1977. Posteriormente se integró en el psoe y fue alcalde de Madrid hasta su muerte.
2          Rodolfo Martín Villa, político de larga carrera y hombre de confianza de Suárez, ocupó en la etapa de gobierno de ucd diversas carteras ministeriales, llegando a ser vicepresidente 1º en el periodo de Calvo Sotelo. En la época descrita ocupaba el puesto clave de ministro del Interior.
3          José Pedro Pérez Llorca, estrecho colaborador de Suárez en aquel entonces, ocupó más adelante el cargo de ministro de la Presidencia.
4          La disputa del Fuero es una cuestión fundamental en los derechos históricos del pueblo vasco, el cual se adhirió a la Corona española siempre y cuando fueran ­respetados sus Fueros, es decir, sus leyes tradicionales particulares, que son abolidas en 1839 por ser fuente de constantes conflictos con el poder político centralista. Por esa razón hubo numerosos intentos anteriores de derogarlos, uno de los cuales fue impulsado por Carlos iv y especialmente por su valido Manuel Godoy, quien ­fomentó los escritos del ilustrado liberal Lorente, según los cuales los Fueros no eran algo primigenio y propio del pueblo vasco, sino una ley de gracia otorgada por la Corona que bien podía ser derogada posteriormente.
5          Adolfo Pérez Esquivel (1931), pacifista argentino y opositor a la dictadura de su país, por lo que sufrió prisión. En 1980 le fue concedido el premio Nobel de la Paz. A petición de eta actuó como mediador en el conflicto vasco. 6          Macià Alavedra es miembro fundador de Convergència Democràtica de Cata­lunya y ha ocupado diversas consellerías en los gobiernos de la Generalitat. Ramón Trías Fargas fue presidente de Convergència Democràtica de Catalunya desde 1978 hasta su muerte en 1989.
7          José Antonio Aguirre (1904-1960), impulsor del movimiento nacionalista vasco, al que representó en las Cortes republicanas, fue proclamado Lehendakari al entrar en vigor el estatuto vasco en 1936. Al finalizar la guerra civil se exilió, si bien mantuvo viva la llama del nacionalismo y la jefatura del gobierno vasco en el exilio hasta su muerte.