Detrell et alia

Dra. ARIADNA DETRELL DOMINGO y SERGI ARTIGAS – Cluster Manager de Tèxtils.CAT

Dra. ARIADNA DETRELL DOMINGO

Terrassa

1979

Ingeniera técnica química

Ingeniera en Organización Industrial

Doctora por la Universidad Politécnica de Catalunya en Temática Textil

Cluster Manager de Tèxtils.CAT

SERGI ARTIGAS BARCELÓ

Terrassa

1975

Ingeniero industrial

Presidente de Tèxtils.CAT

 

31-07-2025

 

La historia del textil en Catalunya es una historia de personas, de familias que entrelazan generaciones en torno a telares y talleres, de empresarios que apostaron por la calidad frente a la deslocalización y de equipos que han sabido mantener viva una tradición de conocimiento, innovación y colaboración. A la directora y al presidente de Tèxtils.CAT, el Clúster de Materiales Textiles Avanzados de Catalunya, les une su compromiso con un sector históricamente vinculado al territorio y al esfuerzo colectivo que ha sabido transformarse en motor de innovación, progreso tecnológico, sostenibilidad y cohesión social. Ambos comparten una mirada que une pasado y futuro: el textil no es solo una industria, sino un tejido vivo de memoria, identidad y humanidad, en el que cada hilo sostiene parte de la historia industrial de este país.

 

Ariadna: Una tejedora que me regalaron me ayudaba a entender la lógica del textil 

Entre mis primeros recuerdos de infancia está siempre presente el mundo textil.  Mi padre, catedrático de la Universidad Politécnica de Catalunya, intentaba enseñarme todo lo que sabía y un año, para Reyes, me regaló una tejedora. Se empeñaba en que la utilizara, me mostraba cómo hacer bufandas y otros trabajos, aunque a mí no me salían bien, para que comprendiera la lógica del textil. Mis padres, Joaquim y Montse, se dedicaban a la docencia e hicieron de la curiosidad y el aprendizaje parte de la vida cotidiana de nuestra familia. Es por ello por lo que la influencia de mi padre, sobre todo en lo profesional, fue decisiva, y de él heredé valores que aún considero esenciales: el esfuerzo, la autoestima, la confianza en uno mismo, valores que transmitían mucho más de lo que él podía enseñarme con palabras.

 

Sergi: El mundo textil impregnaba nuestra vida cotidiana

Mi niñez transcurrió entre meriendas y cuidados que llegaban siempre de mis abuelas, a quienes tuve la suerte de conocer y cuya presencia constante añadía calidez a aquellos años marcados por el trabajo y la dedicación familiar. Ambas estaban también vinculadas al mundo textil, un oficio que impregnaba la vida cotidiana y que se entrelazaba con las rutinas de mis padres, entregados por completo a la industria. Eran ellas, una hiladora y otra repasadora en la Terrassa de aquel tiempo, quienes me recogían, me acompañaban y me ofrecían la merienda, prolongando con su cariño la dedicación que mis padres, desde otro lugar y con otros ritmos, también me brindaban. Crecer así supuso hacerlo bajo un doble paraguas: por un lado, la austeridad sabia de los abuelos, que me enseñaban a valorar lo pequeño y a disfrutar sin excesos; por otro, la constancia y el empeño de los padres, que me mostraban, con su ejemplo, que el esfuerzo sostenido podía abrir caminos y dar sentido a la vida cotidiana.

 

El textil, pilar silencioso y esencial, entrelaza economía, conocimiento y cotidianidad, construyendo identidad, memoria y progreso

El textil ha sido y sigue siendo un pilar fundamental para Catalunya, y especialmente para Terrassa, marcando la economía, la vida cotidiana y la identidad de sus habitantes. No se trata solo de moda, sino de un universo de materiales y procesos que va mucho más allá de lo visible: empresas que desarrollan tejidos avanzados con propiedades como la resistencia al fuego y a químicos, la transpirabilidad o la reflectividad, transformando una prenda en escudo, uniforme o herramienta de seguridad. Cada hilo, cada tejido y cada acabado son fruto de años de investigación y colaboración en toda la cadena de valor. Nuestro clúster se centra en el textil de uso técnico, que llena quirófanos, talleres e industrias y cuya relevancia no se mide solo en términos de producción, sino también en función de cómo configura la cultura industrial al canalizar la capacidad de innovación de las empresas asociadas a Tèxtils.CAT y transmitir conocimiento entre generaciones, demostrando que el textil catalán es un tejido de memoria, identidad y progreso.

 

El clúster nació para unir innovación, conocimiento, recursos y colaboración

El clúster nació en 2008, en medio de la crisis económica e inmobiliaria, no como una reacción inmediata a la adversidad, sino como una necesidad latente de un sector que, aunque bien organizado bajo las patronales tradicionales y sus gremios, carecía de un espacio específico para la innovación. Esas patronales, con décadas de historia, cumplían funciones de representación, de lobby y de servicio transversal, pero no podían abordar con profundidad los desafíos que planteaban la transformación tecnológica y la búsqueda de nuevos materiales y procesos, y fue en ese vacío donde surgió la idea de crear una entidad capaz de conectar conocimiento, empresas y territorio, con la intención de impulsar la innovación en un sector que no se limitaba a la moda o al hogar, sino que abarcaba los textiles de uso técnico, aquellos que exigían investigación, funcionalidad y aplicación práctica, capaces de proteger, de resistir, de transformar la manera en que usamos y concebimos los materiales. El Institut Industrial – Gremi Tèxtil de Terrassa, el Centro Tecnológico LEITAT y Fundació CECOT Innovació conscientes de esa necesidad, constituyeron entonces la Agrupación de Empresas Innovadoras del Vallès Occidental, un nombre que reflejaba la territorialidad inicial pero que pronto se amplió, porque la innovación no entiende de fronteras locales y el mercado se mostraba cada vez más global. Así, desde sus primeros pasos, el clúster se definió como un espacio donde convergen conocimiento, colaboración y desarrollo tecnológico, centrado en materiales textiles avanzados que hoy son el alma invisible pero esencial de industrias que van mucho más allá de la ropa, demostrando que la innovación en Catalunya no es un acto aislado, sino un tejido continuo de esfuerzo, visión y cooperación.

 

Como urdimbre de innovación y crecimiento, la cooperación entre empresas transforma la tradición en futuro

Hoy el clúster cuenta con un equipo de ocho personas y setenta y cinco empresas asociadas, distribuidas a lo largo de Catalunya, mayoritariamente en Barcelona, aunque con presencia también en Girona, Tarragona y Lleida. Esa geografía no es caprichosa, sino que refleja la densidad demográfica, la infraestructura disponible y los servicios que facilitan la actividad industrial. Más allá de los números, lo que en realidad define al clúster es su función como espacio de encuentro y colaboración donde las empresas pueden compartir innovaciones, experiencias y aprendizajes, un espacio que antes parecía impensable en un sector que tradicionalmente se cerraba sobre sí mismo, pero que hoy, gracias a la llegada de nuevas generaciones que han heredado la gestión familiar y han comprendido que avanzar juntos es más rentable que competir de manera aislada, permite transformar la mentalidad de «lo mío es lo mío» en una cultura de cooperación. Así, la innovación se ha convertido en el eje central de nuestra estrategia, definida por los propios socios, mediante un proceso de creación compartida que recoge sus necesidades, prioridades y aspiraciones y que, por primera vez, integra la red y la innovación como un solo objetivo. Se trata de un tejido vivo que entrelaza empresas, conocimientos y oportunidades y que convierte la colaboración en el motor esencial para incrementar la competitividad y sostener el crecimiento en un sector que posee un impacto profundo en la industria catalana.

 

Los criterios medioambientales en gestión de residuos, reciclabilidad y trazabilidad marcan la diferencia entre quienes logran seguir ese ritmo y quienes se quedan atrás
La innovación en el sector textil es, en muchos sentidos, un motor silencioso que pocas veces recibe el reconocimiento que merece, porque detrás de cada avance hay una empresa que decide apostar, que arriesga recursos y tiempo para transformar procesos y productos, y esa apuesta no solo fortalece a la propia compañía, sino que genera beneficios en todo su entorno. Hoy en día, buena parte de la innovación que puede compartirse de forma pública gira en torno a la adopción de tecnologías digitales y su impacto en los procesos productivos, una ola tecnológica que empezó a gestarse alrededor de 2010 o 2012 y que desde entonces ha desencadenado explosiones de creatividad y eficiencia, permitiendo a las empresas competir en mercados globales cada vez más exigentes; más allá de eso, existen innovaciones intrínsecamente textiles, únicas, que van desde la incorporación de nuevos materiales hasta la adaptación obligatoria a criterios medioambientales como residuos, reciclabilidad y trazabilidad, elementos que antes podían ser voluntarios y que ahora son decisivos, diferenciando a quienes logran seguir ese ritmo de quienes se quedan atrás. El textil, por su parte, es omnipresente, se encuentra en la ropa que vestimos, en los hogares, en los hospitales e incluso en componentes de aparatos tecnológicos, y su flexibilidad y propiedades únicas permiten aplicaciones que hace solo unos años parecían inimaginables: tejidos médicos que absorben, prótesis que regeneran de manera automática, materiales quirúrgicos con prestaciones avanzadas, siempre textiles, pero ofreciendo ventajas competitivas y de innovación que transforman la manera en que las empresas pueden aportar valor y explorar nuevos horizontes. Las nuevas normativas técnicas, además, son una palanca de innovación.

 

Cuando la adversidad global desafió a la industria, la innovación, el conocimiento y la especialización se convirtieron en el escudo y la fuerza del textil catalán

La deslocalización hacia Asia, en especial hacia China, fue una realidad palpable a partir de los años noventa del siglo pasado y, con más intensidad, durante la primera década del siglo XXI, cuando muchas empresas optaron por trasladar su producción a territorios con costes más bajos. Sin embargo, no todas las compañías pudieron o quisieron seguir ese camino, y fue precisamente en ese margen donde el sector de los materiales textiles avanzados encontró su oportunidad: apostando por la innovación constante, por la calidad y por la especialización técnica, comprendiendo que competir solo por precio frente a Asia no tenía sentido, pero sí hacerlo por conocimiento, desarrollo, flexibilidad y valor añadido. Y así surgieron productos que no se podían reproducir con facilidad. El textil catalán entendió que la supervivencia y la competitividad residían en la combinación de experiencia, tecnología, maquinaria especializada y cumplimiento normativo, elementos difíciles de replicar en cualquier rincón del mundo, y gracias a ello se ha logrado mantener una parte significativa de la producción, preservar empleos cualificados y transformar la industria en un espacio donde la innovación, el conocimiento y la especialización no solo definen la supervivencia, sino también la relevancia y la proyección futura de un sector que, pese a los cambios globales, sigue siendo un referente de excelencia y creatividad.

 

Convertir los desafíos en crecimiento requiere esfuerzo sostenido, inversión en personas y tecnología y una cultura de mejora continua
Sin duda, Catalunya ha sabido convertir la crisis en una oportunidad, pero no ha sido un camino fácil ni lineal. Las empresas que hoy se erigen en referentes lo han hecho a base de esfuerzo sostenido, de esa resiliencia profunda que caracteriza al tejido empresarial catalán y muy especialmente al sector textil, cuya supervivencia y crecimiento han dependido de su capacidad de adaptación y de su inversión en maquinaria, tecnología, I+D y, sobre todo, personas, pues las compañías no esperaron pasivamente a que el mercado cambiara por sí solo, sino que decidieron anticiparse, transformar sus procesos y su cultura antes de que la presión externa las obligara a hacerlo. Porque la innovación en ese sector no solo surge de grandes laboratorios o de centros tecnológicos, sino que late en el día a día de las empresas, en el hecho de ajustar una máquina, optimizar un proceso, introducir una fibra distinta, mejorar la sostenibilidad o reducir el consumo energético, pequeños gestos que, acumulados, marcan la diferencia y consolidan una cultura de mejora constante que está profundamente arraigada y que permite mirar el futuro con confianza, incluso frente a los desafíos más complejos.

 

Relevo, innovación y responsabilidad convergen para sostener un sector que no deja de transformarse

Hoy, la industria textil catalana se enfrenta a desafíos que son a la vez urgentes y estratégicos, desafíos que no pueden contemplarse de manera aislada porque se entrelazan unos con otros y se refuerzan mutuamente: por un lado, el relevo generacional, que se convierte en una prioridad crítica, pues muchas empresas familiares cargan con décadas de conocimiento acumulado y saben que, si las nuevas generaciones no perciben el textil como una industria de futuro, tecnológica, sostenible e innovadora, se corre el riesgo de perder la continuidad de un legado; por otro, la sostenibilidad, entendida en su sentido más amplio, que exige a las compañías no solo cumplir con normativas cada vez más exigentes, sino hacer inversiones significativas y reestructurar procesos, de modo que aquellas capaces de adaptarse rápido ganarán ventaja competitiva; y, sobre todo, la colaboración, porque innovación, sostenibilidad y formación de nuevas generaciones no pueden sostenerse en solitario: requieren que empresas, universidades, administraciones y centros tecnológicos trabajen en sinergia, compartiendo conocimientos, recursos y estrategias, ya que es precisamente ese espíritu de cooperación, esa mirada conjunta y coordinada, lo que da fuerza al clúster y proyecta al sector hacia un futuro en el que el textil catalán pueda continuar siendo un referente de excelencia y resiliencia.

 

El textil catalán, que se mueve entre tecnología y humanidad, es un laboratorio vivo de innovación

El futuro del textil catalán ya no puede entenderse al margen de la tecnología: la digitalización, la automatización y la inteligencia artificial atraviesan cada fase de la cadena, desde el diseño hasta la entrega final, transformando el sector en un laboratorio vivo en el que la producción de tejidos y procesos de acabado se modelan con gemelos digitales, los sensores registran parámetros de producción en tiempo real, mientras sistemas de visión artificial detectan defectos al instante. Esa producción inteligente se complementa con trazabilidad digital, que permite seguir cada fibra, cada proceso y cada impacto ambiental, exigiendo coordinación y transparencia a toda la cadena. Ante ese panorama, las empresas catalanas abordan la transformación con determinación, adaptando sus procesos, alineando tecnología y estrategia y comprendiendo que la inteligencia artificial y la automatización no sustituyen a las personas, sino que liberan tiempo para que la creatividad, la intuición y la experiencia humana puedan brillar. Así, el clúster acompaña a empresas y profesionales en ese equilibrio, construyendo un puente entre lo digital y lo humano y asegurando que el sector evolucione sin perder la esencia de un oficio que combina conocimiento, colaboración y corazón.

 

Catalunya posee el conocimiento, el talento y la infraestructura para convertirse en referente mundial

El textil del futuro se perfila como un protagonista silencioso pero imprescindible, un material que deja de ser pasivo para convertirse en activo, capaz de medir, proteger, comunicar e incluso interactuar con el cuerpo humano, transformándose en tejidos inteligentes que detectan signos vitales, regulan la temperatura, filtran el aire o generan energía; un mundo en el que la interdisciplinariedad se convierte en clave, en el que la ingeniería textil se mezcla con electrónica, biotecnología, química, diseño e informática, dando lugar a soluciones inesperadas como tejidos con microcircuitos, materiales inteligentes o que cambian de color según la temperatura. No se trata simplemente de crear prendas, sino sistemas inteligentes, y en ese horizonte Catalunya posee el conocimiento, el talento y la infraestructura para convertirse en referente mundial, construyendo un textil que sea al mismo tiempo tecnológico, sostenible y humano, en el que la innovación no pierda nunca de vista la utilidad, el respeto por el planeta y la dignidad de quienes lo producen y lo utilizan.

 

Sergi: Los progresos no son significativos hasta que se conectan con la práctica diaria, con las regulaciones y con las necesidades de la sociedad
La innovación no puede separarse de la tecnología, porque toda innovación tiene un recorrido que va más allá de la idea inicial: comienza con la transferencia tecnológica, cuando se desarrolla un concepto hasta hacerlo funcional, y continúa con la adopción, que exige condiciones externas para que esa innovación sea de verdad útil: que los clientes la comprendan, que el mercado la acepte, que las regulaciones y los requisitos ambientales estén alineados. Solo cuando se cumplen esos criterios, lo transferido se convierte en algo relevante, aplicable y significativo desde el punto de vista humano. Incluso inventos perfectamente concebidos pueden fracasar si la sociedad no está preparada para adoptarlos. Por eso la tecnología debe convivir con las personas, integrarse con ellas y no sustituirlas, siguiendo la filosofía de la Industria 5.0: cada innovación tiene sentido solo si aporta valor real a la vida de quienes la usan. Al principio costaba mucho que las empresas comprendieran el espíritu del clúster y cómo podíamos apoyarlas en innovación; sin embargo, desde 2018 hasta 2020, en especial durante la crisis del covid, esa confianza creció de manera notable, y hoy acompañamos a los socios no solo en innovación, sino también en investigación y desarrollo de proyectos que buscan llegar al mercado, gestionando incluso líneas de financiación de la Comisión Europea que permiten que las PYMEs emprendan proyectos sin los largos procesos burocráticos tradicionales, acelerando así la llegada de soluciones innovadoras que impactan directamente en la vida de las personas.

 

Ariadna: El clúster ofrece acompañamiento a sus socios en sus proyectos estratégicos y promueve la colaboración

Uno de los primeros proyectos que reflejó esa filosofía fue SOS TEXTIL, en el que participaron varios socios colaborando en distintas etapas de la cadena de valor para mejorar la indumentaria de los bomberos, haciéndola más resistente al fuego y perfeccionando sus prestaciones. Era un proyecto colaborativo y de cierta envergadura, aunque no el más grande; su relevancia no se mide solo por tamaño, sino por el impacto que tuvo en innovación y cooperación entre empresas. Con el tiempo, el clúster ha trabajado en numerosos proyectos significativos, incluyendo iniciativas internacionales como GALACTICA, en la que diez organizaciones de diferentes países, coordinadas por el clúster, se juntaron para crear nuevas cadenas de valor uniendo textil, manufactura avanzada y aeronáutica, apoyando a las PYMEs con financiación en cascada, formación y conocimiento de mercado. La financiación en cascada es un proceso ágil que permite que una empresa que tiene una idea innovadora pueda implementarla en apenas cuatro o seis meses, cuando sin este tipo de apoyo y sin canalización de nuestro clúster tardaría muchos meses más. Además, garantizamos y aseguramos que la innovación no quede en teoría, sino que se traduzca en productos y soluciones que realmente mejoren la vida de las personas.

 

La circularidad busca minimizar residuos, reutilizar materiales y reducir la huella de carbono e hídrica, conectando sostenibilidad y valor añadido en cada eslabón de la cadena

Las líneas estratégicas del clúster se entrelazan como un tejido complejo que responde tanto a las tendencias del sector como a las necesidades de las empresas: por un lado, la digitalización se erige como un vector de competitividad, incorporando inteligencia artificial, big data y herramientas digitales en colaboración con las compañías, potenciando su capacidad de adaptación y su eficiencia; por otro, la circularidad busca minimizar residuos, reutilizar materiales y reducir la huella de carbono e hídrica, conectando sostenibilidad y valor añadido en cada eslabón de la cadena. Los textiles inteligentes incorporan nuevas funcionalidades que responden a las demandas emergentes del mercado, desde materiales con propiedades activas hasta soluciones técnicas innovadoras. Otra de las necesidades que atendemos desde el clúster es facilitar a las empresas proyectos de internacionalización con los que pueden hacer prospección y estudios de mercado de países en los que quieran empezar a exportar y estar presentes.

 

La falta de mano de obra cualificada se ha revelado como un problema tangible y urgente que no solo afecta al sector textil

Aunque el clúster no nació con la intención de abordar la formación de personal, la realidad del sector ha impuesto que ese desafío forme parte de nuestra agenda, porque la falta de mano de obra cualificada se ha revelado como un problema tangible y urgente, fruto de la suma de múltiples factores. No se trata solo de que los jóvenes no se interesen por el oficio ni de que la formación profesional no alcance a cubrir todas las necesidades industriales ni de que el empleo escasee, sino de un mercado competitivo en el que las empresas industriales textiles compiten también por atraer personas, conscientes de que quienes eligen dónde trabajar valoran no solo salarios, sino estabilidad, proyección profesional, impacto de la empresa, posibilidad de desarrollar su vida personal y un sinfín de elementos que hacen que la decisión laboral sea compleja y multifacética. Por ello, aunque no podemos rediseñar planes de estudio ni asumir competencias que no nos corresponden, hemos incorporado ese objetivo al corazón de nuestra labor, animando a las empresas a ser más atractivas, a prepararse para captar talento y a acompañar iniciativas formativas que conecten a las personas con el sector, porque solo si se sienten partícipes de la experiencia industrial textil podrán comprometerse a formar parte de él, y en un contexto en el que la tecnología avanza a velocidad vertiginosa, las regulaciones se endurecen y las cuestiones demográficas plantean retos adicionales, resulta imprescindible preparar a la industria para afrontar ese reto inmediato y asegurar su continuidad y relevancia.

 

El trabajo que cobra verdadero significado es el que se reconoce, se valora y se conecta con algo que trasciende lo meramente material

La meritocracia, esa antigua certeza de que el trabajo y el esfuerzo traen su recompensa, no ha desaparecido, pero ha mutado su forma y su ritmo; ya no basta con ofrecer un salario justo o unas vacaciones bien calculadas ni con sostener premios y reconocimientos que antaño parecían suficientes. Hoy lo que se busca en un oficio va más allá de la mera productividad: la gente desea sentir que su esfuerzo construye algo significativo, que su trabajo tiene sentido en un contexto que reconoce su valor, que contribuye a algo más que al mero beneficio económico. No es que falte motivación, sino que las antiguas fórmulas ya no alcanzan; se requiere acompañar, entender, leer los nuevos códigos de quienes eligen dónde entregar su tiempo y su energía. Y esos códigos ya no se escriben solo en cifras: pesan las políticas ambientales, las medidas de seguridad y salud, el compromiso social, la coherencia de la empresa con el mundo que nos rodea. Las pequeñas y medianas empresas, aunque arraigadas en tradiciones, deben asumir esos valores como propios, incorporarlos a su ADN, si quieren atraer talento y conservarlo, porque quienes trabajan hoy no buscan simplemente un sueldo: buscan sentido, impacto, pertenencia y la certeza de que su labor cuenta, de que no es un engranaje aislado, sino un hilo más en el tejido de algo que trasciende, que se siente vivo y relevante.

 

Desde que se creó nuestro clúster, las empresas a las que acompañamos no solo no han desaparecido, sino que muchas han crecido en facturación

El impacto del textil en Catalunya trasciende lo económico y se inscribe en lo social, lo urbano y lo cultural, porque ciudades como Terrassa, la ciudad de las chimeneas, o Barcelona, con sus grandes casas modernistas que mostraban el poder de los industriales textiles, reflejan cómo la industria moldeó la identidad de los territorios y de sus habitantes. En el Vallès, la musculatura económica y social se enseñaba a partir de la fábrica y de la chimenea más alta, mientras que en las cuencas del Ter, del Llobregat o de Cardedeu, las colonias textiles no solo transformaban la demografía y las costumbres, sino que organizaban la vida cotidiana: matrimonios, visitas médicas o la acción del cura estaban ligados a la colonia, y aunque hoy aquel orden pueda parecer restrictivo, entonces sostenía a las familias y garantizaba la continuidad de la actividad. La singularidad del textil catalán se refleja también en su diversidad productiva: el género de punto en Igualada y el Maresme y tejidos de calada en Terrassa y Sabadell, entre otros. Nuestro sector ha demostrado una resiliencia notable: en los últimos diecisiete años, durante los cuales el clúster ha agrupado más de setenta empresas, apenas se han perdido compañías, y muchas han crecido o se han mantenido, lo que lo ha convertido en un espacio estable, atractivo y estratégico para sostener la vida y la memoria de la industria textil catalana.

Pretendemos hacer visible lo invisible: empresas que sostienen comunidades y un equipo que transforma esfuerzo en legado

Ese sector ha permanecido demasiado tiempo en la sombra, eclipsado por otros sectores, mientras las empresas que producen materiales textiles avanzados en Catalunya generan empleos estables, nunca han deslocalizado y sostienen comunidades. Nuestro papel ha sido darles voz y mostrar su importancia en la vida cotidiana de la industria catalana. Detrás de ese trabajo, el equipo del clúster también recibe cuidado y apoyo para desarrollarse tanto profesional como personalmente, asegurándose de poder acompañar a las empresas con eficacia y compromiso. Su dedicación convierte la constancia, la lealtad y la colaboración en el motor que sostiene a la industria y a quienes la hacen posible.