Volumen 14. Biografías relevantes de nuestros empresarios 2023 – Tomo 3

Sr. Oriol López Querol – Aresa Shipyard

Arenys de Mar (Barcelona)

1980

CEO de Aresa Shipyard

 

18-11-2022

 

La innovación ha llevado a esta compañía naval a una continua adaptación al mercado para adquirir mayor velocidad de crucero. Su máximo responsable, que pilota esta entidad, el astillero de construcción de embarcaciones más grande Catalunya, relegó el ostentoso glamur del yate para apostar mayoritariamente por la embarcación profesional. La visión comercial de su capitán empujó a los tripulantes a la conquista de África, que se ha convertido, junto a los países del Golfo Pérsico, en el principal destino de sus sofisticadas naves.

 

 

De una familia vinculada al mar

La nuestra es una familia asomada al mar. Con un abuelo paterno dedicado a la pesca y a la navegación, todo apuntaba a un destino orientado hacia el mar. Sin embargo, mis recuerdos más remotos me trasladan a los veranos invertidos en Càlig, el castellonense pueblo de interior de mi madre, Adela. Ahí gozábamos de una extraordinaria libertad, viviendo experiencias muy distintas a las de mi Arenys de Mar natal, incluidos los populares bous que se celebraban durante las fiestas patronales. El abuelo paterno, Josep, era natural de Sant Carles de la Ràpita, pero decidió trasladarse a Arenys cuando mi padre, Òscar, contaba pocos años. Recalaron en Sant Elm, un popular barrio de pescadores de esa localidad del Maresme, en la que el abuelo llegó a ser el patrón mayor del puerto. Con el paso del tiempo, abandonó la navegación de cabotaje, donde se transportaba sal entre la costa catalana y las Baleares para dedicarse a la pesca, debido a su estado de salud. Dado que viajaba continuamente y que mis tíos, mayores que mi padre, no tardaron en hacer su vida, Òscar tuvo que madurar aceleradamente y erigirse en cabeza de familia a muy temprana edad, correspondiéndole el atender a mi abuela, Maria Cinta, que siempre había sido una persona muy delicada. Más adelante sobrevendría la muerte prematura del abuelo, cuando yo apenas contaba un año. Por todo ello, no es de extrañar la fulgurante trayectoria profesional de mi padre, quien, tras cursar los estudios de Ingeniería Industrial e incorporarse a Aresa, a los veinticuatro años ya se había convertido en el director de producción del astillero que, en aquella época, devino muy popular, llegando a ser el mayor astillero en toda la Península que construía yates de lujo.

 

Mi padre demostró una audacia poco frecuente al comprar la compañía

Los tiempos gloriosos de Aresa como fabricante de referencia de yates deportivos y de lujo se extinguieron a mediados de los ochenta, al verse la empresa azotada por la crisis económica a nivel nacional. El sector naval experimenta los mismos vaivenes que el oleaje del mar, con oscilaciones que lo encumbran o lo hunden. Pero tal circunstancia se acabó convirtiendo en una oportunidad para mi padre, quien, a los treinta y dos años, ya ostentaba la gerencia de la compañía. Ante un escenario que estuvo a punto de conducir a Aresa a su desaparición, decidió capitalizar el subsidio de desempleo y adquirirla junto a otros compañeros. Con treinta y cinco años ya era propietario de la firma y, con el paso del tiempo, fue comprando las participaciones del resto de trabajadores hasta quedar como socio único. Mi padre demostró una audacia poco frecuente para aquellos años de incertidumbre, lo que confirma esa madurez anticipada que había alcanzado a raíz de su historia familiar. Ni que decir tiene que la contribución de mi madre, administrativa de profesión y que precisamente había conocido a mi padre en Aresa, resultó decisiva para que él pudiera acometer ese proyecto, pues ella siempre ha exhibido una gran determinación, clave para una óptima organización familiar. Heredó ese carácter de mi abuela materna, Marta, muy popular en Arenys porque ejercía como practicante, administrando inyecciones a domicilio. Su talante enérgico contrastaba con el porte sosegado de mi abuelo, Genaro, albañil de profesión y a quien recuerdo como muy risueño y siempre dispuesto a la broma. En nuestro hogar siempre se ha respirado un ambiente muy armónico, un hecho que ha resultado vital para el adecuado desarrollo de la empresa, en la que también participa como socia mi hermana mayor, Marta, cuya carrera profesional discurre por otros derroteros. Doctora en Bioquímica, es una de las personas más brillantes que he conocido, y trabaja como tantos otros héroes anónimos en el Institut Català d’Oncologia (ICO), trabajando dentro del programa de investigación de Epidemiología del Cáncer (PREC).

 

En la familia y en el hogar siempre hemos hallado un reducto de apoyo para superar las adversidades

Nacidos en un entorno humilde, tanto Marta como yo fuimos instruidos en la cultura del esfuerzo y se nos inculcó la capacidad de no rendirnos ante los reveses de la existencia. Nuestros padres lo lograron mediante su ejemplo constante, pues ambos han mostrado siempre gran entrega y una enorme capacidad de trabajo. Contar con el apoyo permanente de los miembros del hogar ha resultado crucial para superar las adversidades, pues sabíamos que siempre podíamos recurrir a ese reducto familiar, donde nos sentíamos reconfortados. Tal vez por ello, nunca hemos dejado de mantener una actitud apegada al ambiente sencillo y modesto en el que crecimos. Saber cómo relativizar los problemas y cómo gestionarlos adecuadamente ha sido un aprendizaje clave en mi vida. Asimismo, el tipo de actividad que desarrollo me ha obligado a ser autodidacta y a prestar atención a otros campos para buscar aplicaciones útiles en mi ámbito. Es menester señalar que el ritmo cotidiano de trabajo y la alta exigencia en este sector generan un elevado estrés, que de hecho afectó notablemente la salud de mi padre, por lo que yo he procurado reducirlo a través de la práctica deportiva. La bicicleta de montaña se ha convertido en una de mis grandes compañeras en este sentido, disfrutando de las magníficas rutas que hay en el Maresme, pero también me resulta reconfortante salir a pescar. La combinación de mar y montaña se revela altamente terapéutica.

 

Me incorporé plenamente a la empresa coincidiendo con la firma de uno de los contratos más importantes de Aresa

Empecé a trabajar en Aresa a los dieciséis años, cuando todavía me hallaba en plena etapa académica. Estudié en la Escuela Nauticopesquera de Catalunya, en l’Ametlla de Mar (Tarragona), donde cursé y obtuve la titulación de Técnico Superior en Navegación Marítima (lo que antes era el Patrón mayor de cabotaje, igual que mi abuelo) y también la titulación de Mecánico Naval. Finalmente, me matriculé en la Facultat Nàutica de la UPC de Barcelona, donde inicié una ingeniería que terminé abandonando, tras haber constatado que el temario se centraba en aspectos teóricos o caducos que daban la espalda a la realidad del sector. Ciertamente, desconozco quiénes diseñan este itinerario curricular, pero sospecho que la Dirección General de la Marina Mercante impone sus tesis, bastante disonantes con las necesidades prácticas. Recuerdo que uno de los principales contenidos residía en el dibujo técnico. Yo esperaba familiarizarme con el manejo de algún software específico, como el Autocad o el Rhino 3D, pero estuvimos un año dibujando a mano alzada perspectivas en tres dimensiones… Por ello, aprendí infinitamente más en el instituto náutico pesquero, donde adquirí la condición de patrón de altura, complementada con la de mecánico naval. El desencanto con la carrera coincidió con la firma de uno de los contratos más importantes de Aresa: un proyecto para construir 210 embarcaciones para el ministerio de Pesca de Angola. Tras hablar con mi padre, abandoné la universidad y me incorporé plenamente a la empresa, ya en calidad de directivo y gestionando las compras de materiales de ese programa, que contemplaba siete modelos distintos de embarcaciones y que había que ejecutar en el plazo de veinticuatro meses, lo cual requirió subcontratar a otros cinco astilleros más.

 

Haber pasado por cada uno de los departamentos de la empresa antes de llegar a la gerencia me permite tener un conocimiento global de la actividad que hacemos

Conozco todos los entresijos de la compañía, gracias a haber pasado por cada uno de los departamentos de Aresa. Pese a ser el hijo del dueño, me inicié en la empresa barriendo. Tras un año completo dedicándome ocho horas diarias a la limpieza, me trasladé al área de mecánica naval, para continuar posteriormente en otros ámbitos de producción como carpintería, laminación o electricidad. Ese fue el paso previo a desembarcar en las secciones administrativas, como la oficina técnica o la de producción; así, hasta llegar a la gerencia. Toda esa experiencia me ha brindado un conocimiento global de la actividad que desarrollamos, algo que me permite saber a la perfección el tiempo a invertir en cualquier proceso y si existe solución a un inconveniente que pueda surgir. Eso resulta también de gran ayuda en la selección de personal, aunque lo que valoramos más que nada a la hora de incorporar a un profesional en nuestro equipo es el esfuerzo, la dedicación, la lealtad… Esos factores son innegociables y se lo subrayamos a los candidatos en las entrevistas, pues la formación aportada la relativizamos, ya que el aprendizaje que va a adquirir en Aresa será siempre mucho más especializado para nuestra actividad. Lamentablemente, en la actualidad detecto falta de implicación en la juventud, hasta el punto de que hemos abandonado los programas de prácticas con las universidades ante la escasa o nula pasión laboral de los alumnos. Por supuesto, existen excepciones, como Jessica Carbonell o Pol Montolio, profesionales que empezaron su historia en Aresa hace ya muchos años, que demostraron desde sus inicios un gran interés y lealtad y que se han acabado convirtiendo en dos pilares fundamentales de nuestro equipo directivo.

 

Un cambio clave en el modelo de negocio nos permitió desarrollarnos y expandirnos

La asunción de la gerencia de la compañía ha sido un proceso natural, derivado de los problemas de salud de mi padre, que ha tenido que ir renunciando poco a poco a su implicación activa, después de haber sufrido un infarto a sus 37 años. Para un emprendedor nato e inquieto como él, que llegó a abrir un par de empresas más en el sector de los laminados, ha resultado duro tener que dar un paso atrás, especialmente porque siente un apego extraordinario hacia Aresa. Y lo entiendo: si yo tengo debilidad por la empresa, qué no sentirá él, que la reflotó prácticamente de cero. Sin duda, es como su «tercer hijo». En todo caso, con el paso del tiempo mi padre ha entendido que no puede permitirse ese ritmo de viajes y que la salud es prioritaria. Podría situar ese relevo generacional en torno a 2014, momento en que procedí a aplicar un cambio sustancial en el funcionamiento de nuestra actividad que se ha acabado revelando clave para la supervivencia y la expansión de la empresa. No en vano, en las dos últimas décadas pueden haber cerrado en España cerca de veinte astilleros. Antes, nuestra compañía concentraba mucha manufactura, lo que nos hacía soportar una estructura de más de doscientas personas. En la actualidad, Aresa cuenta con un equipo de quince profesionales en plantilla y, posiblemente, factura el doble. El nuevo concepto, asimilado a partir de comprobar cómo trabajan otros astilleros punteros en Europa, pivota en torno a la subcontratación de servicios, de tal modo que, para acometer determinadas labores, recurrimos a especialistas en la materia (electricidad, electrónica, mecánica…). Nuestro cometido reside básicamente en el control del proceso de ingeniería, por parte de los product managers, a fin de supervisar que la construcción se esté efectuando siguiendo los parámetros de calidad establecidos. De este modo, nos beneficiamos de una estabilidad financiera de la que antes adolecíamos, evitando tensiones cuando existen caídas de la demanda o factores externos que escapan a nuestro control, como el estallido de una guerra, la irrupción de una pandemia o un cambio de gobierno. Seguimos brindando trabajo a más de doscientas familias, pero, en vez de pagar nóminas, hacemos frente a facturas. Guardamos una gran fidelidad a algunas de estas entidades proveedoras con las que estamos muy satisfechos.

 

Abrirnos al mercado del Magreb fue todo un éxito: cada año construimos más de veinte embarcaciones para el mercado Africano

Al contar con la colaboración de empresas especialistas, nos nutrimos de un interesante e inestimable conocimiento que podemos acabar aplicando al resto de nuestra producción. De este modo, innovaciones que hallamos, por ejemplo, en las embarcaciones militares, somos capaces de trasladarlas a la industria del yate, el pasaje o la pesca. Así, los barcos pesqueros pueden evitar los problemas eléctricos que solían ser su talón de Aquiles, al beneficiarse de los equipos instalados —y contrastados— en barcos de defensa. Con ello, ofrecemos un alto valor añadido al cliente, pues estamos en constante desarrollo en el ámbito tecnológico, habida cuenta de que cubrimos seis sectores distintos del ámbito naval, cuya expertise sabemos interconectar. Y si la decisión de externalizar los procesos fue todo un acierto, dado que habíamos asistido a escenarios en los que un descenso de la demanda nos asomaba a una situación comprometida, también mi padre tuvo una importante visión que logró cambiar el rumbo de Aresa y nos permitió adquirir velocidad de crucero. Y es que él detectó en un determinado momento que, pese a nuestra excelencia en la producción, nos arriesgábamos a quedarnos sin trabajo. El pool de astilleros en España se concentra en el Norte, en la costa atlántica, con los puertos de Vigo o Bilbao como referencia. Por ello, la mayoría de los grandes contratos acudían ahí y los astilleros de medio porte debíamos aspirar a proyectos más modestos. Mi padre no quiso esperar a ver cómo la compañía se hundía y decidió soltar amarras y salir al exterior. Por razones de proximidad, quiso apostar por el Magreb (Argelia, Túnez, Libia, Marruecos…), un área geográfica que presenta un nivel de desarrollo similar al del Estado español hace cuarenta años, y donde la pesca constituye una actividad relevante. La idea se reveló propicia y nos permitió constatar que ahí existía una gran oportunidad. Anualmente, construimos más de quince buques para esos países, compitiendo principalmente con armadores turcos y chinos.

 

Somos los máximos especialistas en embarcaciones rápidas en nuestros lares

El desembarque en el Magreb fue el paso previo para abrirnos al mercado subsahariano, con Angola como principal destino de nuestros proyectos en África. La ocasión la propició la licitación de ese proyecto, comentado anteriormente, al que concurrimos. Y es que Aresa fue elegida para ejecutar un programa que nos impulsó a nivel internacional. Así las cosas, nuestra empresa ha entregado barcos en más de treinta países. Además de África, nuestros principales destinos los conforman los países del Consejo de Cooperación del Golfo, después vendría Latinoamérica, y en un volumen inferior, Europa. Aunque los barcos de defensa y vigilancia son los más demandados por los países del norte y el sur de África, mi padre tuvo el acierto de no centrarse en un determinado nicho, a fin de evitar el riesgo del declive del mismo. De esta manera, contamos con hasta seis líneas de producto, que incluyen, entre otros, transporte de pasajeros, buques de pesca semiindustriales, servicios portuarios, yates, buques hospital y de rescate y buques offshore, encargados de proveer a las plataformas petroleras tanto de personal como de avituallamiento. Tenemos capacidad para dar respuesta a cualquier necesidad del cliente, incluso superando los 50 metros de eslora, que en el sector naval se considera una gama media. Precisamente, ahora nos hallamos en una fase en la que deseamos huir de las pequeñas esloras, esto es, del rango de entre 25 y 30 metros, para orientarnos a las de en torno a los 45-50. Puede haber excepciones, como en el caso de recibir algún encargo de una serie amplia de embarcaciones menores o de existir un interés concreto para aceptar un proyecto, por ejemplo, el propuesto recientemente por parte de las fuerzas especiales de la Marina Saudí para fabricar diez unidades de interceptor, una nave muy rápida que constituye un desafío desde el punto de vista tecnológico, y de las que en España nunca se ha construido ninguna. Es lógico que este encargo lo hallamos asumido nosotros, porque, probablemente, somos los máximos especialistas en embarcaciones rápidas en nuestros lares.

 

Entendemos la demanda del cliente no como una expectativa de venta, sino como una necesidad a resolver

El otro gran valor añadido que ofrecemos se halla en que nuestra compañía no se limita a vender una embarcación, sino que satisface una necesidad. Nuestra propuesta cubre un rango muy amplio de servicio, pues, más allá de la construcción, trasladamos la nave al punto de destino y ofrecemos formación técnica al personal de tierra y a las tripulaciones acerca del manejo y mantenimiento de la misma, lo que no solo es recomendable a fin de maximizar la durabilidad del barco y obtener de él un óptimo rendimiento, sino vital en el entorno geográfico al que pertenecen nuestros principales clientes. Ese tipo de formaciones las podemos llevar a cabo en las aulas de nuestra atarazana, impartidas generalmente por nuestros proveedores, o in situ en los países de origen de los clientes; y no solo se basan en el mantenimiento, sino en materias tan específicas como el salvamento marítimo o la lucha contra incendios en alta mar. Por otra parte, destinamos un alto porcentaje a I+D+i (no menos del 10%), para perfeccionar nuestros barcos y lograr soluciones que mejoren sus prestaciones. Las naves de alta velocidad requieren mucho conocimiento del producto e innovar en lo que a reducción de peso se refiere, teniendo en cuenta que tratamos con vehículos que no se desenvuelven en un terreno estable, como pueda serlo una carretera, sino en un entorno con oleaje variable que dificulta la estabilidad del mismo. Otro aspecto diferencial reside en la garantía de las piezas de recambio, brindando programas que aseguran la disponibilidad inmediata de ellas para evitar que el cliente vea interrumpida su actividad. Todo ello forma parte de nuestras prestaciones añadidas, que empujan a los clientes a decantarse por nosotros frente a ofertas de competidores turcos o chinos que, si bien pueden resultar más económicas, están exentas de ese servicio completo que convierte la experiencia en eficiente. En este negocio no se trata solo de disponer del mejor barco, sino de ganarse la confianza del cliente: que este detecte que te interesas por sus problemas y que buscas darle soluciones. Lo aprendí junto a nuestro antiguo director comercial, Llucià Riera, viajando por el mundo con él y asimilando la importancia del don de gentes. Eso nos llevó a implantar en los distintos países la figura del country manager, que se encarga de gestionar nuestros servicios locales y los temas de posventa, así como de velar por nuestros intereses comerciales, al mantener un contacto estrecho con los clientes. De este modo, optimizamos nuestro servicio y, al mismo tiempo, podemos tener información diaria de primera mano para detectar, tanto el grado de satisfacción con nuestros productos, como las nuevas oportunidades de negocio existentes en cada mercado.

 

La incorporación del aluminio nos ha permitido ganar en sostenibilidad

Otra de las innovaciones que impulsé fue el introducirnos en la construcción de embarcaciones con estructura de aluminio. Mi padre siempre fue un gran defensor del composite, resultado de unir resina de poliéster con fibra de vidrio, pero detecté que el mercado reclamaba naves construidas con aluminio y estábamos perdiendo interesantes opciones. Por ello, buscamos empresas que pudieran realizarnos ese tipo de cascos y, en la actualidad, ya hemos desarrollado proyectos por valor de más de veinte millones de euros con este material. La incorporación del aluminio nos ha permitido ampliar, más si cabe, nuestro abanico de oferta. A su natural ligereza, que son idóneas para las embarcaciones de alta velocidad, ese metal le añade su carácter más sostenible frente al composite. La resina de poliéster no deja de ser un derivado del petróleo, a lo cual hay que sumarle los gases emanados en el proceso de transformación de la fibra de vidrio o los contaminantes peróxidos, generados por la manipulación del propio composite, que asimismo reclama disponer de numerosos equipos para mitigar el abundante polvo que genera. La reducción de peso que proporciona el aluminio implica, además, que la nave pueda dotarse de un motor de menor cilindrada para su propulsión, lo que equivale a un consumo más contenido y a una menor emisión de CO2. Asistimos en este momento a convulsiones en el mercado del aluminio, toda vez que Ucrania y Rusia se erigían en sus principales productores europeos, aprovechando también su capacidad para acceder a la energía a precio más asequible. El actual contexto bélico ha empujado al alza el precio del aluminio, obligando a los fabricantes navales a repercutir ese incremento en sus productos.

 

Queremos apostar por el motor de hidrógeno por ser más seguro y menos contaminante

Aunque en el entorno de la náutica existen desarrollos en torno al motor eléctrico e híbrido, dudo que esas sean las opciones de futuro. Si bien las baterías de litio pueden resultar eficientes en cuanto a funcionamiento, su sostenibilidad es cuestionable si nos atenemos a la contaminación que genera su producción. Pero existe otro aspecto especialmente crítico en esta alternativa. Hemos podido comprobar qué ocurre cuando se incendia el motor eléctrico de un coche: es imposible extinguir el fuego; ni con agua ni con espuma ni con CO2. ¿Hemos invertido medio siglo de vida desarrollando sistemas antiincendios para dotar ahora a nuestros barcos de un motor eléctrico, sabiendo que la respuesta al fuego es saltar al mar con el bote salvavidas y quedarnos contemplando cómo arde la nave y acaba yéndose a pique… contaminando las aguas? Intereses ignotos de gobiernos y multinacionales han convertido el encaminarse hacia el motor eléctrico en tendencia, pero creemos que, tarde o temprano, se comprobarán abiertamente sus ineficiencias. Recientemente, nuestros ingenieros acudieron como visitantes a Metstrade, la mayor feria de equipamiento náutico del mundo, que se celebra en Holanda. Allí tuvieron oportunidad de ver la evolución del motor de hidrógeno, al que en la actualidad estamos prestando especial atención, porque nos parece la mejor alternativa al de tipo convencional. Con todo, su principal desafío reside en los tanques de almacenamiento que reclama ese gas. Una vez obtenida la solución certificada en ese aspecto, nuestro propósito es apostar por esta opción.

 

La industria náutica juega un papel en la economía y en la cultura catalana que debería valorarse más

Si nos atenemos a la definición de «astillero para construcción de nuevas embarcaciones», somos el más grande de Catalunya. Algunas empresas del sector son de mayor envergadura, pero se dedican a la venta, la reparación, el refit y el mantenimiento de embarcaciones, y no a su construcción. Disponemos de unas instalaciones de doce mil metros cuadrados, con tres hangares cubiertos de cincuenta metros, a los cuales vamos a añadir otro, dedicado en exclusiva a embarcaciones de aluminio. Hace poco hemos ampliado nuestra infraestructura con un muelle flotante de cien metros, en una zona anexa, asfaltada y apta para hasta cinco embarcaciones, donde podremos realizar el montaje final en el agua, lo que permite liberar espacio y armar embarcaciones de mayor tamaño. Echamos en falta un mayor apoyo de la Administración, que ignora la importancia que juega en la economía y cultura catalanas la industria de la construcción naval, pues a menudo se asocia erróneamente a las embarcaciones de recreo. En el mercado internacional competimos en una lucha desigual, ya que hay empresas holandesas o turcas participadas al 50% por los gobiernos de esos países.

 

No estaría donde estoy sin mi equipo y sin mi familia

Si somos competitivos es gracias a disponer de un equipo humano que derrocha ilusión, lealtad y seriedad; a lo cual se le añade una gran polivalencia y una enorme cohesión, que propicia un ambiente de trabajo armónico, estimulado por nuestra apuesta por la conciliación familiar (nuestro horario es de siete de la mañana a tres de la tarde, siguiendo el modelo de las empresas europeas). Y, por supuesto, todo esto no sería posible si no contara con el respaldo de mi pareja, Stephanie, cuyo apoyo ha sido indispensable para poder dedicarme a esta actividad que, hoy en día, me apasiona, de igual modo que hizo mi madre con mi padre en su momento. Los dos hijos que compartimos, Kai y Aral, de 6 y 11 años, son la única razón de todo nuestro esfuerzo y dedicación como padres, y solo aspiro a poder seguir compartiendo más tiempo, experiencias y viajes junto a ellos, pues sin ellos nada de esto tendría ningún sentido.