Volumen 14. Biografías relevantes de nuestros empresarios 2023 – Tomo 3

Sra. Beatriz Fuentes Gassó – Sebia España y Portugal

Granada

1979

Directora General de Sebia España y Portugal

 

21-12-2022

 

Ser agente de cambio para lograr que la ciudadanía disfrute de la mejor atención sanitaria: esa constituye la gran fuente de energía, orgullo y satisfacción para esta directiva, que aboga por la cooperación del trinomio industria, clínica e investigación para garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario tal y como lo conocemos. El diagnóstico, el seguimiento y la monitorización de los pacientes mediante la última tecnología de diagnóstico in vitro, es clave para la efectividad de dicho sistema e imprescindible para toma de decisiones clínicas por parte de los facultativos, lo cual revierte positiva y directamente en la calidad de vida de cualquier paciente.

 

 

Gracias a la atención de mi padre, me revelé como una niña precoz que sabía leer con tres años y formulaba química inorgánica con siete

La condición de primogénita me permitió asistir a la llegada de mis dos hermanos. Fue precisamente el nacimiento de Rosina, a los tres años, lo que concentra mi primer recuerdo, que me sitúa frente a su cuna, que me llegaba a la altura de los ojos; un capítulo que viví con la sensación de que pasaba algo relevante. Poco después, un año antes de lo habitual, me incorporé al colegio: una suerte de parvulario que conducían unas religiosas. Una de las monjas decidió castigarme tras haberle dicho que ya sabía leer, de lo cual informó a mi madre, Teresa, cuando acudió a recogerme. «A su hija la hemos castigado por mentirosa». La hermana quedó estupefacta cuando mi madre le comunicó que, efectivamente, ya hacía tiempo que sabía leer, gracias a que mi padre, Wenceslao, me había enseñado. Siempre me revelé como una niña muy precoz, si bien tengo que atribuir esa condición a la dedicación de mi progenitor, quien tuvo la inquietud de prestarme mucha atención y transmitirme mucho conocimiento. Con año y medio ya había empezado a hablar, construyendo frases complejas. A los siete años ya formulaba química inorgánica y, a los doce, orgánica. A los dieciocho, cuando empecé la carrera, mi padre dejo de «darme clase» extra cada semana, no sé muy bien si porque yo me hice mayor, o quizá fue él el que se hizo mayor.

 

Durante los paseos a caballo, recibí una sólida formación multidisciplinar

Mi padre era una persona extraordinariamente culta, que estudió hasta tres carreras universitarias. No resulta extraño que aprendiera tanto a su lado, pues fue a la Facultad de Magisterio la primera a la que acudió, confiando en que su condición de docente le permitiría acceder a un mínimo sueldo para mantener a su familia en caso de necesidad. A esos estudios le sumó, más tarde, los de Farmacia, lo que a la postre le permitiría mejorar sus condiciones laborales, convirtiéndose en inspector de Sanidad. Su faceta académica la rubricaría tiempo después titulándose en Periodismo. Si la lectura era una de sus principales aficiones, escribir era su pasión, una circunstancia que, unida a sus profundos conocimientos, le llevaría a redactar artículos, publicar varios libros y obtener algún premio nacional de literatura. Decidió cursar Periodismo para evitar que algunos periodistas le calificaran como «intruso». Hombre de fuerte personalidad, carismático e inconformista, se mostraba muy exigente y, en alguna ocasión, me había impedido ir a la playa si previamente no había repasado algunos de los textos que me había entregado. Hoy agradezco mucho esa firmeza y valoro las muchas horas invertidas con él en su despacho, donde daba rienda suelta a su faceta interrumpida de maestro, obsequiándome con clases multidisciplinares. No era su propósito profundizar en las materias, sino brindarme una formación amplia, que complementaba con las salidas que compartíamos a caballo, otra de sus pasiones. A menudo, especialmente en verano, realizábamos paseos por el campo junto con mis dos hermanos, Rosa y Wenceslao, en el pueblo donde solíamos pasar las vacaciones. Nos hablaba de la orografía, de la geología del suelo, de la botánica que nos rodeaba, recolectábamos espárragos, nos recitaba poesía…

 

«No trabajes por el dinero, sino por tu autoestima, porque es tu realización y tu liberación»

Si yo actué como alumna singular de mi progenitor, mi madre lo fue literalmente antes de casarse con él, dado que su primer contacto tuvo lugar en el instituto donde mi padre impartía clases de preuniversitario cuando se dedicaba a la docencia. Más tarde se reencontraron y fue cuando iniciaron una relación donde los doce años de diferencia no resultaron un impedimento. Se casó muy joven, con veintiún años, y prácticamente de inmediato se convirtió en madre. Se reveló como una persona esforzada y todoterreno, avanzada a su época, pues estudió la carrera de Derecho cuando pocas mujeres acudían a la universidad. Pero ella exhibió ambición desde muy joven y, tras la maternidad, superó unas oposiciones para la función pública. Hoy en día, con casi setenta años, se mantiene en activo y es la Directora Económica de todos los hospitales de la provincia de Granada. Siempre atesoró una gran personalidad y compatibilizó con mi padre el liderazgo familiar, en una época en la que ese rol estaba socialmente reservado al hombre. Aunque en nuestro hogar regían los tradicionales valores cristianos, se detectaba cierto aire liberal. Prueba de ello son los consejos que mis padres me transmitieron cuando contraje matrimonio. «No te cargues de hijos. Ten los que razonablemente puedas criar», me recomendó él. «Nunca dejes de trabajar», me dijo ella, «porque es tu realización y tu liberación. Aunque tengas el propósito de contribuir a la economía doméstica, no trabajes por el dinero, sino por tu autoestima».

 

Hay momentos en que es preciso diluirse entre los demás para que el resultado conjunto sea satisfactorio

De nuestros padres obtuvimos claridad mental, capacidad para relativizar los problemas y una sólida educación en valores, especialmente en el respeto hacia los demás. «Lo peor de un ser humano es humillar al prójimo por su capacidad económica, física o intelectual», me advertía mi padre, quien consideraba que, cuantas más limitaciones observara una persona, con mayor consideración había que tratarla. Es otro de los consejos que me ha resultado de gran utilidad, pues me ha servido para ponerme en los zapatos de los otros, especialmente a la hora de la gestión de personas. El trabajo en equipo, tan esencial en una empresa, es imprescindible, de hecho, en la mayoría de facetas de la vida. Empecé a darme cuenta de ello cuando me uní al Coro de Voces Blancas Ciudad de la Alhambra, con siete años. Permanecí en esa formación hasta llegar a la universidad y con ella realicé mis primeros viajes, pues participábamos en múltiples certámenes, representando incluso a España en el Festival Internacional de la Música de Viena. Era un coro muy cotizado, como lo muestra que actuamos junto a la Fura dels Baus, con los tenores Alfredo Kraus, la soprano Teresa Berganza y directores como Josep Pons. Además de clausurar la Expo’92 de Sevilla interpretando La Atlántida de Manuel de Falla. Ahí me familiaricé con las reglas y los códigos de conducta que imperan en un colectivo, entendiendo que hay momentos en que es preciso diluirse entre los demás para que el resultado conjunto sea satisfactorio.

 

Para el perfecto engranaje de la Sanidad, universidad, empresa e investigación deben estar alineadas

Decidí estudiar Farmacia en la Universidad de Granada, si bien la carrera la culminé en Oporto, compatibilizando el quinto curso con las prácticas en la farmacia del hospital psiquiátrico, un centro sórdido que me permitió descartar una de las salidas profesionales que brindaba esa disciplina. Pese a todo, ese primer contacto con el mundo laboral lo valoro como una positiva experiencia, pues al aprendizaje adquirido le añadí la convivencia con compañeros de trabajo de Holanda, Alemania, Macedonia… lo cual resultaba muy enriquecedor desde el punto de vista cultural, además de permitirme comprobar que, pese a las diferencias de tradiciones y costumbres, en lo fundamental, los seres humanos somos todos muy parecidos, por lo que, con un poco de voluntad, no es complicado tratar de encontrar los puntos en común con nuestros semejantes. Por otra parte, sería deseable una mayor colaboración entre universidad y empresa, a fin de dotar a las compañías de una cantera donde hallar talento junior. Si nos referimos al entorno de la salud, ahí hay un trinomio indispensable para el perfecto engranaje de la Sanidad: universidad, empresa y clínica, que deben estar alineadas para garantizar el aprovechamiento de los recursos. Es imprescindible fomentar las colaboraciones público-privadas; pero con un horizonte a largo plazo. En la actualidad se tiende a la visión cortoplacista, estableciendo convenios puntuales cuando las necesidades acucian. No se trata de acudir a una entidad privada cuando detectamos incapacidad para absorber las listas de espera, sino que el reto consiste en estudiar cómo podemos garantizar la atención a los pacientes en los próximos veinte años.

 

A los escolares no se les debería preguntar «¿qué quieres ser de mayor?», sino «¿cómo quieres vivir?»

Otra de las debilidades que acusa nuestro sistema formativo es el desequilibrio en el conocimiento, pues hemos pasado de poca accesibilidad a los cursos universitarios a una proliferación de titulados superiores en detrimento de profesionales con oficio. Ello se explica, seguramente, porque, si bien quienes desean dedicarse, por ejemplo, a la gestión empresarial o a temas de ingeniería hallan un itinerario claro a seguir para promocionarse en su carrera, nadie está cuidando el camino de quienes optan por alternativas laborales más manuales, operacionales o técnicas, a pesar de albergar sus legítimas aspiraciones. Resulta lógico que, en una fábrica, un operario de producción alimente inquietudes intelectuales evitando invertir toda su vida en el mismo puesto; y no solo por una mejora salarial, sino por el sentimiento primario de contribuir a la empresa y de que su labor tenga trascendencia. Es posible que nadie le haya enseñado a enamorarse de su trabajo, porque ese aspecto no suele venir de serie. No se presta atención suficiente a esas trayectorias profesionales ni a su desarrollo como individuos dentro de las organizaciones; ni tampoco se difunde la opción, perfectamente válida y legítima, de la FP. Es algo que debería cuidarse ya en el colegio, con la orientación que se da a los escolares, a quienes no debería preguntarse «¿qué quieres ser de mayor?», sino «¿cómo quieres vivir?», pues en ocasiones no son conscientes de la responsabilidad y las renuncias que reclaman determinadas profesiones.

 

Los farmacéuticos formamos parte del acto sanitario de recuperación del estado de bienestar de un ser humano

Si me decanté por Farmacia creo que fue por imitar a mi padre, pues él me había despertado interés por todo tipo de materias. Disfruté mucho de la carrera, en la que ejercí como delegada de curso durante todos los años pese a no haberme postulado por ello, además de incorporarme a la Junta Granadina de Estudiantes de Farmacia y de ser vocal en el Consejo de Estudiantes. La vocación de servicio me empujó inicialmente a la farmacia de ese hospital de Oporto. Pero los procesos estandarizados me aburrían soberanamente, lo cual me llevó a buscar acomodo en la industria. El problema en la universidad es que, a menudo, no te muestran las salidas profesionales que existen, porque en Farmacia prácticamente solo contemplábamos el ejercicio en la oficina de farmacia, la administración hospitalaria o la industria farmacéutica, pero desconociendo los departamentos que alberga ésta: marketing, ventas, recursos humanos, acceso a mercado, relaciones institucionales, etc. La propia sociedad no tiene suficientemente en cuenta que los farmacéuticos formamos parte del acto sanitario de recuperación del estado de bienestar de un ser humano, reservando esa faceta a los profesionales de la medicina y la enfermería. En esa cadena de valor hay un sinfín de personas que contribuyen a ello y, aunque a la opinión pública le resulten familiares firmas multinacionales como las grandes farmacéuticas, existe un universo desconocido e inmenso de laboratorios en los que se desarrollan implantes, tecnologías y otras innovaciones que permiten reducir la morbilidad y la mortalidad, que la prevalencia de la enfermedad sea menor o que prolonguemos la esperanza de vida. Entre ellos, los que nos dedicamos al sector del diagnóstico in vitro (IVD).

 

La medicina preventiva y anticipativa permite adelantarse a la patología mediante indicadores que se obtienen en test IVD

El 70% de las decisiones que se toman sobre un paciente, sean clínicas, terapéuticas o de cualquier otra índole, se hacen de acuerdo con el resultado obtenido por un laboratorio clínico. Esa es, a diferencia de la información «a mano alzada» que aparece en las historias clínicas, la única información estructurada y la única con la que es posible aplicar soluciones de inteligencia artificial (IA). Nuestro sector tiende hacia un sistema sanitario digitalizado orientado a la medicina de las 5 «p»: preventiva, predictiva, participativa, personalizada y poblacional. Debe ser personalizada para poderla adaptar a cada paciente; participativa, para que cada cual pueda estar informado del alcance de su enfermedad y elegir cómo abordar su tratamiento; poblacional, para hacerla accesible al máximo número de ciudadanos; predictiva, a fin de advertir al paciente de situaciones que pueden entrañar riesgos; y preventiva, de tal modo que, mediante un cribado, seamos capaces de detectar una enfermedad antes de que aparezca, lo cual revierte en una más rápida recuperación del paciente, ahorra sufrimiento y, asimismo, reduce costes económicos, pues cuanto antes se actúa, en menos gasto se incurre. El sistema sanitario español es el más caro en costes operativos de toda Europa, resultado tanto de su carácter estrictamente público como de nuestro bajo índice de productividad. Dada su insostenibilidad, es sumamente importante evolucionar de la tradicional medicina reactiva, en la que se actúa con medidas correctivas al surgir la patología, a la predictiva y anticipativa, adelantándonos mediante indicadores y resultados que se obtienen a través de test de diagnóstico in vitro y que, hasta hace poco, eran unos grandes desconocidos. Ahora, tras la pandemia, la sociedad se ha familiarizado con los test de antígenos o las PCR, por ejemplo.

 

Es preferible aumentar la empleabilidad del personal, ante el riesgo de que se estanque… y se quede

Mis aspiraciones profesionales me situaban como monitora de ensayos clínicos. Sin embargo, el destino propició que no hallara plaza en el máster dedicado a esta especialidad que deseaba estudiar y, finalmente, cursara un postgrado de Marketing Farmacéutico en la escuela Talento-EPHOS. No estaba dispuesta a perder un año académico y, paradójicamente, esa formación me abrió las puertas a una faceta desconocida pero muy emocionante. Tanto que, a los quince días, ya trabajaba como becaria en los laboratorios de la compañía inglesa Boots Healthcare, en Madrid, donde me instalé, dejando atrás mi entorno familiar granadino. Esa experiencia laboral, en la que aprendí mucho y tuve que enfrentarme a numerosos desafíos, se vio truncada tras la adquisición de la empresa por parte de una multinacional americana. La única opción para continuar, acabada la beca, residía en hacerme autónoma, a lo cual accedí entusiasmada por esa actividad que me había cautivado. No obstante, la precaria situación a la que me abocaba esa condición me hizo considerar la propuesta de Mensor Consultores, una joven empresa en la que, en los inicios, éramos cinco profesionales y que más tarde sería absorbida por Indra y alcanzaría los 300. Trabajar allí me sumergió en el entorno de la gestión en el ámbito de la salud. Participé en un proyecto en la Clínica Universitaria de Navarra para crear un instituto de investigación biomédica, y lo mismo para el Hospital Clínico de Málaga. Se trataba de analizar a qué se destinaba la investigación para crear una compañía que gestionara los fondos públicos. No podíamos obviar al paciente, y había que evaluar si cualquier inversión, como un TAC, iba a revertir realmente en su bienestar. Tras dos años en esa compañía, acepté una oferta de Becton Dickinson, una de las mayores compañías de tecnológica sanitaria del mundo, que empezaba a comercializar soluciones innovadoras con las que se podía evaluar el impacto de los recursos de todo un proceso en el hospital y en el sistema. Fue una etapa de gran aprendizaje, gracias a la inversión en conocimiento que esta empresa hizo en mí. Es importante que las compañías inviertan en conocimiento, aun a riesgo de que el personal se vaya a la competencia. Siempre es preferible aumentar su empleabilidad antes de exponerse a que esa empleabilidad se estanque… y el personal se quede.

 

En los momentos complejos es cuando tienes que exhibir capacidad de reacción, reinventarte y demostrar habilidad

Tras tres años en Becton Dickinson, ingresé en Stryker, una empresa americana que me abrió las puertas de los quirófanos, al tener que asesorar a los cirujanos en torno al montaje de los implantes. Fue una experiencia muy grata, ya que pude comprobar de primera mano el impacto de nuestras innovaciones en el paciente, al ver, por ejemplo, que a una persona con fractura en la cadera se le devolvía la movilidad gracias a nuestras prótesis. Pasados otros tres años, atendía la llamada de Becton Dickinson para reincorporarme a mi antigua compañía; esta vez, en el Departamento de Marketing y Aplicaciones. Ahí ya tenía a un equipo a mi cargo y constaté la complejidad de gestionar personal. Salí airosa de ese desafío y me promocionaron a jefa de Ventas. La crisis de 2008 acentuó las dificultades inherentes a mis responsabilidades, al tener que manejarnos con menos recursos, incluidos los humanos. En esos momentos complejos es cuando tienes que exhibir capacidad de reacción, reinventarte y demostrar habilidad. De hecho, los grandes avances en mi carrera se han producido cuando menos presupuesto he tenido. Cuando me han despojado del traje, ha emergido la capa de Superwoman. De hecho, fue al final de este periodo de crisis en Becton Dickinson cuando tuve el honor de ser reconocida por un Premio Europeo del Talento. Estaré por siempre agradecida a esta compañía y a sus líderes.

 

Percibo que soy el agente de cambio que mis padres deseaban que fuera

En 2019 me incorporé a Sebia, en calidad de Directora General de la filial ibérica (España y Portugal), con cerca de medio centenar de profesionales a mi cargo. Tuve que encargarme del proceso de cambio de la cultura de la compañía en nuestros lares, para poder modernizarla y ajustarla a las necesidades de nuestros clientes. Pasamos de una estructura piramidal tradicional a un modelo agile, trabajando por células de conocimiento. La dimensión de la compañía me permite combinar la gestión con el control financiero. Enfocados por completo al IVD, somos líderes en diagnóstico de mieloma, además de realizar monitorización de la terapia en enfermedades crónicas, autoinmunes y determinadas especialidades. Estamos creciendo en el mercado de la autoinmunidad, y aunque nuestros productos trabajan siempre en laboratorio clínico, nuestras soluciones permean en todo el proceso diagnóstico de las áreas terapéuticas donde aportamos valor, no solo con nuestros equipos, si no también con nuestro servicio y, quizá lo más importante, nuestro capital intelectual y humano. Disponemos desde el reactivo hasta plataformas con diferente nivel de robotización y automatización, capaces de procesar una muestra donde se suceden todos los eventos hasta proporcionar un sinfín de resultados. Nuestro valor añadido reside en aportar soluciones y conocimiento a partir de transformar los datos obtenidos en información sensible que ponemos en manos del facultativo para ayudarle en el abordaje de los problemas del paciente. O dicho de otro modo, que las referencias que aportemos sean absolutamente relevantes para el profesional de la salud a la hora de tomar una decisión clínica. Nuestro software cada vez está más vinculado a la inteligencia artificial, porque de lo que se trata es de ganar en eficiencia. En el sector del diagnóstico in vitro, las pruebas se realizan mayoritariamente en el laboratorio, pero la tendencia es acercarlas cada vez más al paciente, merced al autodiagnóstico, algo que les dará dinamismo e inmediatez, toda vez que permitirá liberar la carga del laboratorio y que en esos centros se puedan realizar otro tipo de ensayos más complejos. Me siento una privilegiada al trabajar en este entorno y contribuir en el progreso en el ámbito sanitario. Percibo que soy el agente de cambio que mis padres deseaban que fuera y eso me colma de satisfacción.

 

El líder «vulnerable» es lo más eficiente que hay en una organización

En Sebia he podido aplicar todo lo aprendido en Becton Dickinson, donde me he enfrentado al reto de gestionar diferentes equipos de trabajo. Es importante, cuando asumes un desafío como éste, buscar el apoyo de quienes te rodean. Por eso afirmo que el líder «vulnerable» es lo más eficiente que hay en una organización, siendo capaz de admitir las carencias personales y de solicitar ayuda. Quienes estén implicados te la van a prestar; quienes renuncien a ello, hay que plantearse inmediatamente por qué razón no suman al propósito común y tomar acción. En este sentido, reivindico la necesidad de poner en el centro de la empresa a las personas, siendo conscientes de que la inteligencia artificial agilizará muchos procesos, pero difícilmente podrá sustituir a la inteligencia emocional o la imaginación de un ser humano. Por eso mismo, soy una acérrima defensora de que las personas que acceden a los Comités de Dirección tengan recursos de psicología que las faculte para ser empáticas y hábiles en la gestión de personas, que sean capaces de crecer haciendo crecer a los demás convirtiendo el circulo vicioso en virtuoso. La sostenibilidad de las organizaciones, el crecimiento a largo plazo y la generación de riqueza pasa por el desarrollo de las personas que las conforman; y, a su vez, una compañía que cuida a sus empleados se convierte en un ejemplo para la sociedad en general. Quienes ocupamos posiciones con un mínimo de responsabilidad y visibilidad estamos de algún modo en «acto de servicio», y tenemos la obligación moral de dar un buen ejemplo. En esto las mujeres podemos jugar un papel muy relevante, rehuyendo imitar los roles tradicionalmente masculinos y optando por una forma diferente de entender la empresa. Creo que yo soy una buena muestra de ello.

 

Frente al modelo de una empresa grande, en las pequeñas o medianas, la polivalencia y la rapidez de reacción son esenciales

Hay que estar en una compañía grande para desarrollar conocimientos, ya que este tipo de entidades suelen dar acceso a sus empleados a los últimos avances, mediante formación y puesta al día constantes del personal. Asimismo, y dado que desde la sede central se ponen a disposición de las filiales todos los recursos y la innovación internacionales, uno no debe preocuparse por mantenerse actualizado o buscar soluciones por cuenta propia. En cambio, ello es imprescindible en una entidad pequeña; por eso siempre digo que hay que estar en una empresa grande para aprender, pero que luego hay que ir a una pequeña para aplicar. En las multinacionales, por su tamaño, hay mucha burocracia interna que no agiliza la implementación de los procesos, mientras que todas las áreas están muy delimitadas y la interacción entre departamentos es complicada; todo lo contrario que en una pyme, donde la polivalencia es esencial y la capacidad de reacción y aplicación, casi inmediata.

 

La Ley de Desindexación está complicando la vida a las empresas que prestan servicios a la Administración

Ahora mismo, por culpa de la escasez de materias primas y del aumento de los costes de producción y de la Ley de Desindexación, las empresas que prestan servicios a la Administración están sufriendo mucho, ya que dicha norma impide repercutir la inflación real existente en los importes recogidos en la contratación pública; también en Sanidad. En este contexto, la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria intenta modificar la ley. Si ese problema no se resuelve, será difícil garantizar el acceso de hospitales y pacientes a la tecnología sanitaria, un hecho que revertirá negativamente en el sistema de salud, que en nuestro país acusa un alto nivel de obsolescencia. Si bien los estándares europeos exigen que solo un 10% de esa maquinaria supere los diez años, en el parque tecnológico español se sitúa en un 25%: es el más antiguo de Europa. Confío que todas esas deficiencias puedan irse corrigiendo con el tiempo y que las futuras generaciones disfruten de un sistema sanitario regido por la Medicina 5P y por la toma de decisiones basadas, mayoritariamente, en los resultados obtenidos científicamente en un laboratorio.

 

Agradecida y orgullosa de dedicar parte de mi vida al sector salud

Me siento muy agradecida y tremendamente orgullosa de poder dedicar parte de mi vida al sector salud, donde trabajo. Desde aquí puedo satisfacer la necesidad profesional de trascendencia y contribución a conformar una sociedad mejor. Todo se lo debo a mis padres y a los mentores que, de forma natural, encontré por el camino, por cuanto me han enseñado, pero, particularmente, por haber fomentado mi curiosidad y mi capacidad de cuestionármelo todo, incluso sus propias enseñanzas: algo que también he tratado de transmitir a mis hijos, Jaime y Jorge, de trece y diez años, respectivamente, quienes son la alegría y el sostén de mis días.