Sra. Garcia
2 Tomo (empresarios) biografías relevantes

Sra. Montse García Jiménez – Unidad Química y Mclean Premium Laundry Services

 

MONTSE GARCÍA JIMÉNEZ

Antequera (Málaga)

1958

Administradora general y socia de

Unidad Química y Mclean Premium Laundry Services

 

 

10-10-2022

 

Un origen humilde no está reñido con las posibilidades de prosperar cuando detrás existe una persona luchadora e inquieta. Esta empresaria supo sobreponerse a situaciones de gran adversidad y, junto a su compañero vital y profesional, actualmente pilota sendas compañías del sector de la limpieza y el lavado, caracterizadas por la excelencia en el servicio. Más allá de la comercialización de sus productos, el asesoramiento que prestan a distintos sectores industriales se erige en el valor añadido más preciado entre su nutrida clientela.

 

 

La muñeca se deshizo en mis manos, provocándome una profunda decepción

Las casitas blancas y las flores constituyen el entorno que me acogió cuando llegué a este mundo, en la malagueña localidad de Antequera. Esos son los vagos recuerdos que atesoro de mis primeros años en Andalucía. Residíamos en El Cerro, por aquel entonces la zona más humilde de la población y que, paradójicamente, con el paso del tiempo se ha convertido en el área más cotizada de Antequera, siendo ahora el destino anhelado de las familias acomodadas. A los cinco años nos trasladamos a Catalunya, después de que mis tías, que ya residían en Sabadell, aconsejaran a mi madre, Socorro, esa mudanza para abandonar la situación precaria en la que vivíamos. Me vine con ella y mis dos hermanos mayores, Juanita y Andrés. Nuestro padre, Juan, se resistió inicialmente a dejar atrás el pueblo que le había visto nacer y al que tan arraigado se sentía. Al final, sin embargo, acabó cediendo y reuniéndose con nosotros en Sabadell. Ahí sitúo mi más temprana anécdota vital, que gira en torno a una muñeca de cartón vivo que llegó a mis manos. Las festividades de Reyes me habían resultado aciagas, pues el regalo ansiado nunca llegaba; presumiblemente, por las estrecheces que atenazaban nuestra economía doméstica. De este modo, cuando mi madre me entregó la muñeca que le habían regalado, reaccioné con gran emoción. Mi primera decisión fue desafortunada, pues decidí lavarla, humedeciéndola con agua, ignorando el peligro que esto suponía para el material con el que estaba fabricada. La muñeca, lógicamente, se deshizo, lo que me provocó una profunda decepción y un sentimiento irrefrenable de frustración y tristeza.

 

Juan y Socorro, dos ejemplos de esfuerzo y sacrificio

Al llegar a Sabadell nos instalamos en el Poble Nou de la Salut, un barrio humilde que se nutrió de la emigración que en los años 70 recaló en esa ciudad. Nuestra familia se completaría con la llegada al mundo, poco después, de José, el benjamín de los hermanos, un hecho que acentuaría las necesidades en nuestro hogar. Me resulta difícil precisar dónde se empleó nuestro padre al desembarcar en Catalunya. Posiblemente fue en la empresa Uralita, que producía ese material impermeabilizante para la construcción en Cerdanyola del Vallès, y cuyos riesgos para la salud tardarían décadas en conocerse. Habiendo trabajado en el campo antes de abandonar Andalucía, mi padre era un hombre avezado a afrontar las más variadas labores, circunstancia que le permitía asumir funciones muy duras, ejerciendo a menudo de peón. En casa, nuestro padre se revelaba como una persona muy imponente: bastaba una mirada suya para saber que habíamos traspasado algún límite. Los ingresos que él obtenía se veían complementados con los de nuestra madre, que trabajaba en un taller de hilaturas. Su último parto resultó muy complicado y, aunque salvó la vida, poco después perdió ese empleo, en un capítulo cuyos detalles ignoro. A partir de ahí, y para mantener su contribución a la economía familiar, Socorro empezaría a realizar labores de limpieza en domicilios particulares. Sin duda, ambos fueron para todos sus hijos un referente de sacrificio y esfuerzo.

 

Despedida de la fábrica al no tener la edad preceptiva para trabajar

Nuestra escolaridad transcurrió en un centro de Els Merinals, adonde nos trasladaban en un autobús y donde permanecíamos hasta la tarde, pues estábamos en régimen de media pensión. Aquella etapa se caracterizó por una enorme dificultad para adaptarme al entorno. Pese a los intentos, añoraba a menudo mi ciudad natal y echaba en falta la alegría de mis primeros años en Andalucía. Yo era una niña tímida y retraída, a quien le costaba establecer relación con sus compañeros. Menos mal que en mi hermano Andrés hallé apoyo y comprensión. Curiosamente, y quizás por la precariedad económica familiar, la incorporación al mercado laboral me resultó más sencilla. Como cualquier niña, en la escuela había aprendido corte y confección y, a los doce años, ya me encontraba trabajando en la costura. Al año siguiente ingresé en una enorme fábrica donde se producían pantalones. Fue un lapso corto, porque, al descubrir que no tenía la edad preceptiva que la ley exigía para trabajar, decidieron despedirme. «Vuelve cuando hayas cumplido catorce años», me espetaron.

 

Mi remuneración se destinaba íntegramente a la economía familiar

La vida familiar experimentó un considerable cambio cuando nos trasladamos a Ripollet, en la zona limítrofe con Cerdanyola del Vallès. Nuestro padre había cursado una solicitud a la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros para optar a uno de los pisos que promovía esa entidad. Conseguirlo fue un sueño hecho realidad para Juan, un hombre cuya única preocupación personal residía en proporcionar a sus hijos una vida mejor que la que él había encontrado. Eran unos años de fuerte agitación social, con frecuentes movilizaciones en las fábricas, coincidiendo con la última etapa del franquismo. Por aquel entonces empecé a simultanear trabajos y estudios. Pese a que la formación reglada nunca me había estimulado, como constaté tras haber cursado el primer año de Bachillerato, sin embargo siempre fui una ávida lectora; y pronto tuve claro que necesitaba disponer de formación para progresar laboralmente. De ahí que hiciera el Secretariado mientras reanudaba mi faena en la fábrica de pantalones, a la que volví en cuanto tuve la edad legal. El sueldo que obtenía iba íntegramente destinado a la economía familiar, gestionada por mi madre. Me parecía de justicia obrar así, pues sabía los sacrificios que mis padres hacían para llegar a fin de mes. De vez en cuando, eso sí, les pedía algo de dinero para hacer frente a algún capricho, como por ejemplo, un vestido para acudir a la verbena. Y puesto que yo era muy consciente del esfuerzo que suponían aquellos detalles, cuando me los concedían me sentía inmensamente agradecida y feliz.

 

A los veinte años me hallé sin trabajo y con dos hijos a mi cargo

La segunda mitad de los 70 la recuerdo como un periodo turbulento. Viví de pleno la crisis del sector textil, ya que los propietarios de la fábrica de pantalones decidieron trasladar la producción a Marrakech (Marruecos), de forma que todos sus empleados nos quedamos sin trabajo. Aquello coincidió con una etapa en la que atravesaba una gran desorientación personal y en la que todavía adolecía de suficiente madurez. Los sucesos se precipitaron, de tal modo que en un corto espacio de tiempo conocí a un chico, quedé embarazada y me casé. Apenas contaba veinte años cuando nació mi segundo hijo. Era una situación preocupante y compleja, que finalmente aconsejó el regreso al hogar de mis padres, quienes me acogieron con cariño tras mi separación y procuraron ayudarme. Aun así, quería evitar esa dependencia, lo cual me llevó a buscar alternativas profesionales para salir adelante de manera autónoma. Ejercí varias profesiones, entre ellas la de guía turística. De haber existido en esa época programas formativos en torno a esta actividad, probablemente los habría cursado, ya que era una faceta que me atraía. Finalmente, decidí abandonar el refugio paterno, pues, pese a la hospitalidad que me brindaban mis progenitores, sufría muchas limitaciones, al no permitirme salir más que para cumplir con mis obligaciones profesionales, dado que ellos no concebían cuidar a sus nietos fuera de mi jornada laboral. Junto a un par de amigas, me fui a vivir a Palamós, confiando en hallar una vida mejor. No resultó fácil, pues afrontaba jornadas de hasta catorce horas, fregando platos o prestando ayuda en la restauración; algo complicado de compaginar con la atención a mis dos hijos, Estefanía y Dani.

 

Jordi, mi pareja, aún me reprocha no haberle pagado una máquina que le compré

La actividad laboral que me había atraído a Palamós, vinculada al turismo, quedaba completamente diluida una vez llegado el otoño, un hecho al que se le unía la situación de aislamiento del pueblo, por aquella época escasamente comunicado. Retomé la costura como alternativa, poco antes de conocer a Jordi Carreras, la persona que cambiaría el rumbo de mi vida. Me vendió una máquina que siempre, jocosamente, me reprocha no haberle pagado nunca. En 1983 iniciamos una convivencia que, en un primer momento, nos llevaría a Cassà de la Selva, donde compartíamos techo con su madre viuda; una situación que a mí me incomodaba y que nos llevaría finalmente a trasladarnos a Girona. Jordi me invitó a abandonar la aguja y el hilo, haciéndome notar que podía desenvolverme bien en el terreno comercial y ganarme mejor la vida. Y para ello también me propuso obtener el carnet de conducir. Fue así como, en paralelo, empecé las prácticas en una autoescuela e inicié mi carrera comercial en Jofemar, una empresa que reclutaba mujeres para la venta de máquinas de vending. Mi pareja, con quien nunca hemos contraído matrimonio formal pero con quien hemos forjado una sólida relación de ya casi cuarenta años, seguía trabajando como representante en una compañía de productos de limpieza. Meses más tarde, y tras haberme encargado de comercializar artículos diversos, yo misma acabaría vendiendo detergente industrial a su lado, introduciéndome en un sector, el de la higiene y la limpieza, donde descubrí a profesionales muy interesantes que estaban desarrollando unas labores de investigación, desarrollo e innovación tan admirables como desconocidas para la población en general.

 

Una etapa en la que se gestaron nuestra empresa y dos nuevos hijos

Estuve casi tres años cubriendo rutas comerciales, en una etapa que recuerdo como muy ilusionante e instructiva. Aquel ciclo llegó a su fin cuando, de nuevo, quedé encinta. Coincidió ese embarazo con un periodo en el que Jordi se mostró descontento con el desarrollo de la empresa de la formábamos parte y que culminaría, tras una serie de avatares, con la creación de nuestra propia compañía, Unidad Química, justo después de que hubiera nacido Marc, mi tercer hijo. La actividad era frenética, pues tanto a Jordi como a mí nos correspondía viajar, vender, repartir… y aprovechar los fines de semana para atender los asuntos administrativos. Por aquel entonces contábamos con la colaboración de mis padres, que se vinieron a vivir con nosotros a Girona, en el cuidado de los niños. La comercialización de detergentes industriales evolucionó satisfactoriamente; entre otras razones, porque nos involucrábamos con los fabricantes y proponíamos mejoras a los químicos de esas empresas para optimizar sus productos, que ya de por sí gozaban de gran fiabilidad y eficiencia. El crecimiento de la actividad nos llevó a trasladarnos a Riudarenes, en 1993, donde habilitamos un almacén en los bajos de una casa pareada junto a la cual se instalaron mis padres, que seguían proporcionándonos esa valiosa ayuda para que pudiéramos llevar a cabo nuestro trabajo. Aun así, llegó un momento en que concluimos que aquel planteamiento no resultaba procedente, al interferir el entorno familiar en la esfera profesional. Y la situación se agravó cuando descubrí que me hallaba de nuevo embarazada.

 

Los clientes no eran conscientes de cómo mejorar el rendimiento de sus equipos

El embarazo del benjamín, Pep, lo recuerdo como una etapa muy compleja. Pese a la ilusión por la llegada de un hijo, la dificultad para atender los compromisos profesionales me generaba gran angustia. El parto también se complicó y el bebé nació por cesárea. A ello se le unieron una serie de problemas laborales que significaron la gota que colmaba el vaso para reconvertir nuestra actividad, de negocio familiar a una estructura empresarial profesionalizada. De ahí que, para empezar, decidiéramos trasladarnos a una nave de 500 m2 en Santa Coloma de Farners. Disponer en esas instalaciones de una oficina significaba renunciar definitivamente a las tareas administrativas domésticas y poder separar, así, la vida familiar de la puramente laboral. Emprendimos el nuevo ciclo con gran entusiasmo, acudiendo con frecuencia a ferias, tanto para establecer nuevos contactos como para continuar asimilando conocimiento. Dani, mi segundo hijo, por aquel entonces con catorce años, ya acompañaba a Jordi, y empezó a familiarizarse con ese entorno industrial, prestando atención a cómo se reparaban las máquinas y al asesoramiento que se ofrecía a los clientes, muchos de los cuales demostraban no tener suficiente conciencia acerca del rendimiento que podían extraer de sus equipos y de cómo podían prolongar su ciclo de vida con un adecuado mantenimiento.

 

Sugeríamos a los químicos la formulación de algunos productos

En esa decisiva etapa de Unidad Química optamos, asimismo, por desarrollar productos de marca propia. Proponíamos nuevas formulaciones a los químicos de las empresas fabricantes para poder ofrecer las mejores soluciones a la industria en lo que a limpieza se refería. Por aquel entonces, habíamos experimentado un considerable crecimiento, contando con un amplio equipo de distribuidores y con un buen reconocimiento en el mercado. Aun así, seguíamos comercializando algunas de las soluciones que habíamos sugerido en su día, al tiempo que trabajábamos para continuar evolucionando nuestra oferta. De este modo, cuando hace cinco años la nueva normativa sanitaria estableció que determinados elementos como los fosfatos no podían aparecer en la composición, tuvimos que recurrir a una reformulación para superar ese obstáculo. Igualmente, hemos incorporado sistemas venturi a nuestros envases, con el objetivo de proporcionar una adecuada dosificación, pues no resulta procedente invertir diez gramos de producto en una operación de limpieza si tres son suficientes. Con ello se logra, no solo un ahorro económico, sino evitar un consumo inútil de agua, así como potenciales impactos perniciosos en el medioambiente.

 

A la actividad inicial le añadimos la de los servicios premium de lavandería industrial

Nuestros progresos empresariales nos llevaron a trasladarnos a unas modernas instalaciones de 1.000 m2, también en Santa Coloma de Farners, pero en un enclave más céntrico que el periférico que habíamos ocupado en los últimos ocho años. Azuzados por Marc, quien hizo gala de un talante emprendedor desde niño, a la actividad de Unidad Química le añadimos la de Mclean, un proyecto del que hoy él es el máximo responsable, con servicios premium de lavandería industrial para el sector de la restauración y la hostelería. La experiencia en el ámbito de los detergentes industriales, unida al conocimiento de los distintos tejidos, nos permite personalizar el proceso de lavado y acabado de sábanas, toallas, batas, etc. El crecimiento fue exponencial y, al año y medio, nos mudamos a nuestra actual sede en Sils, que quintuplica en superficie la anterior, y donde habilitamos una de las más modernas lavanderías de nuestro país. En la actualidad, esta división de negocio ocupa a más de cien profesionales, a los que hay que añadir los veinticinco de Unidad Química.

 

Ofrecemos soluciones completas y personalizadas en el ámbito de la limpieza, la higiene y el respeto medioambiental

Con Unidad Química ofrecemos a los clientes una gama de artículos de gran calidad y eficiencia para dar soluciones completas y personalizadas en el ámbito de la limpieza y la higiene, sin olvidar el respeto medioambiental, con toda una línea ecológica, esto es, a base de compuestos naturales. Más allá de la comercialización de los mismos, les prestamos además asesoramiento complementario y gratuito para la apertura de su negocio o para el cumplimiento de los protocolos de higiene a observar en sus establecimientos, ante una normativa a nivel europeo, estatal y autonómico cada vez más estricta. No solo ofrecemos productos químicos, sino que también proporcionamos servicios de reparación y vendemos maquinaria, formando al cliente en su uso para optimizar la vida de cada unidad. Atendemos, sobre todo, a entidades públicas, como colegios o ayuntamientos, a centros clínicos y a empresas del sector alimentario y de la restauración. También hacemos auditorías de higiene si el cliente así nos lo pide. Y es que, afortunadamente, cada vez existe mayor concienciación respecto a la limpieza de los equipos. Antes, por ejemplo, se producían más incendios en las cocinas porque las campanas extractoras de humos no se limpiaban con la frecuencia aconsejable y la grasa acumulada ejercía de combustible. Muchos ayuntamientos se muestran muy rigurosos a la hora de permitir el inicio de la actividad y no conceden el permiso hasta que el local no presenta un aspecto impecable, lo cual me parece muy positivo para la salud pública. Nos erigimos en la solución de los clientes, porque, con nuestro abanico de productos y nuestras recomendaciones acerca de cómo deben actuar, consiguen una higiene absoluta y pueden desarrollar su actividad con las máximas garantías. Les mostramos cuáles son los puntos críticos y cómo evitar problemas. A fuerza de pedagogía, se ha logrado que los profesionales presten especial cuidado a estos aspectos y ha habido notables progresos, como por ejemplo, que se hayan reducido los casos de hepatitis, enfermedad que se transmitía fácilmente por el uso de vasos que no habían sido convenientemente desinfectados. Ahora, las máquinas lavavajillas, con un lavado a 50º y un aclarado a 90º, combaten las bacterias. Igualmente, antes los bares presentaban un alto grado de suciedad. Cuando les preguntaba por qué no barrían argumentaban que, de hacerlo, la gente pensaría que no trabajaban. Ahora el que no trabaja es el que no limpia.

 

Estamos acusando una preocupante escalada de precios de las materias primas

Los productos de limpieza han ido adoptando nuevas formulaciones para evitar su impacto medioambiental. Ese producto sostenible y menos agresivo resulta más caro porque presenta materias más costosas y menos pesadas, lo cual conlleva, también, que se requiera un aumento en la frecuencia de limpieza. Cada formulación ecológica que se lanza al mercado debe obtener el aval de un instituto oficial, en un proceso a menudo burocrático y que acarrea costes de difícil justificación que acaban encareciendo el producto. Asimismo, ahora es necesario que el Ministerio de Sanidad verifique la capacidad de un producto desinfectante para eliminar gérmenes, algo utópico, porque a lo sumo lo que se consigue es controlarlos. En ocasiones asistimos a incoherencias legales, como cuando obligaban a desestimar los trapos y a recurrir al papel de cocina, lo que provocó el aumento de la demanda de este material y la nociva deforestación consiguiente. En la actualidad estamos acusando una preocupante escalada de precios de las materias primas en nuestro sector, en algunos casos a causa del encarecimiento de la energía, lo que hace que trabajemos con márgenes irrisorios. El alcohol, por ejemplo, ha visto quintuplicado su coste. En otros momentos, también, hemos sufrido casos de monopolio en este mercado, como cuando hace ocho años un empresario se apropió de la sosa, que era la base de muchos productos, con lo que su precio se multiplicó de manera exponencial. Algo similar ocurrió con el hipoclorito tras emitirse una normativa europea y quedar en manos de un par o tres de fabricantes. Aunque ello constata la eficiencia de tales productos, es lamentable que existan intereses crematísticos y espurios que acaben beneficiando a unos pocos bolsillos y no al conjunto de la sociedad.

 

En esta vida debes aspirar a una actividad con la que no percibas que el tiempo pasa

A partir de la pandemia he detectado un cambio de hábitos respecto al trabajo. Quizás por habernos enfrentado a una coyuntura que parecía imposible en pleno siglo XXI, o quizás porque hemos sobreprotegido a las nuevas generaciones, quienes concurren a los procesos de selección actualmente muestran escasa ilusión y nulo espíritu de sacrificio e interés, hasta el punto de que se requieren tres personas para cubrir las funciones que antes resolvía una sola. Antaño, la figura del aprendiz permitía transmitir conocimiento a las nuevas incorporaciones y eran operarios entregados. Ahora los recién llegados ambicionan sueldos de inicio que no deberían contemplarse hasta haber demostrado la valía durante una buena temporada y se preocupan sobre todo por el tiempo que tendrán que invertir diariamente en la empresa, cuando yo soy la primera que no quiero que hagan más horas de las indispensables, pues a un trabajador dedicado y eficaz le sobran y le bastan las ocho horas de rigor… Me apena ver a alguien que constantemente está consultando el reloj, pensando en cuánto queda para finalizar la jornada, pues evidencia que no disfruta de su trabajo. En esta vida tienes que dedicarte a lo que te apasiona; aspirar a una actividad con la que no percibas que el tiempo pasa.

 

Actuamos como una auténtica empresa familiar

La nuestra puede considerarse una auténtica empresa familiar, ya que en ella contribuyen todos sus miembros. Jordi y yo somos socios al 50%, y nos distribuimos de forma complementaria las tareas internas (administración y finanzas, en mis manos) y externas (comercialización y distribución, en las suyas). Estefanía empezó a colaborar con nosotros como comercial. Tras un paréntesis en que abandonó la compañía, coincidiendo con su maternidad, en la actualidad es responsable del control de precios y la facturación. Por su parte, Pep ocupa la jefatura de logística, además de apoyar en otras parcelas cuando es menester; especialmente en el ámbito informático, la materia que centró sus estudios y un área por la que hemos apostado decididamente, estando dotados de las últimas tecnologías en nuestro sector. La dirección comercial de Unidad Química corre a cargo de Marc, quien estudió la carrera de Empresariales, además de ser el director y gestor de Mclean Premium Laundry Services. Finalmente, Dani lidera el equipo de mecánicos y de técnicos, y su aportación ha sido esencial en el éxito del proyecto, pues forma parte de él desde que tenía quince años y atesora unos conocimientos que superan con creces los que pueda exhibir cualquier ingeniero. Recuerdo que, de niño, era capaz de destripar cualquier aparato… para nuestra desesperación. Pero el tiempo ha confirmado que aquel fue un extraordinario aprendizaje. En este sentido, tampoco sería justo obviar a mis padres, que tan decididamente contribuyeron en la educación de nuestros hijos y que nos ofrecieron todo su apoyo moral, lo que nos permitió consolidar nuestra aventura empresarial. En última instancia, conviene señalar que, cuando califico nuestro negocio de familiar, también lo hago teniendo en cuenta a todo nuestro equipo humano, el cimiento de nuestra empresa y sin cuya implicación, capacidad de superación y profesionalidad no nos hallaríamos donde estamos hoy en día.