Estas líneas son un merecido homenaje a toda una generación de emprendedores que, a base de tesón, sacrificio, dedicación e ingenio, generaron un tejido industrial admirable. Personas cuyas infancias se vieron sacudidas por la precariedad de la etapa posbélica o que, en algunos casos, vieron negada la oportunidad de acceder a una sólida formación para poder apuntalar debidamente su negocio.
Se trata de poner en valor su capacidad para vencer las adversidades, con entusiasmo, ilusión y empeño ante las carencias existentes; haciendo frente a los continuos obstáculos sin derrumbarse ante nada, buscando constantemente caminos alternativos para mantener vivo su sueño. Esquemas que, con su determinación, han contribuido decisivamente a la construcción de un país, desarrollando compañías que, al margen de haber creado millares de puestos de trabajo para la industria, gracias a la cual han fortalecido una generación de bienestar y progreso, siendo el mejor ejemplo para otras empresas. Y así es como fue posible alcanzar altos niveles de ingenio y calidad, propiciando los avances adquiridos por la sociedad.
Personas que, con su permanente dedicación, han alimentado proyectos que resultaron decisivos para dignificar su labor creativa. Industrias con mente siempre centrada en esa compañía nacida con el propósito de impulsar decididamente sus anhelos creativos; para ellos nunca hubo descanso, estaban estimulados por su idea y la voluntad de llevarla a cabo. No les dolió en prendas arriesgar su patrimonio para dar viabilidad a ese sueño, a sabiendas que su gesto sería ignorado por no decir menospreciado. Así iban las cosas aquellos años.
Por todo ello nuestra editorial desea rendir tributo a las figuras que protagonizan las siguientes páginas, ya que constituyen un encomiable testimonio. Un auténtico espejo frente al cual reaccionar por el ejemplo que después los empresarios han desarrollado.
Con especial cariño dedicamos a Jacint Xuclà esta merecida primera página.
Nacido en 1934 en Torelló, fundó en el año 1961 un negocio del cual sentía la satisfacción de haber podido arrancar; aunque el trabajo le absorbía, los fines de semana los pasaba sentado con lápiz y papel, intentando dar respuesta a necesidades planteadas por clientes, procurando superar limitaciones teóricas preguntando a entendidos en la materia para satisfacer las inquietudes de quienes recababan sus servicios.
Los reconocimientos solo suman si son compartidos.





