Fernando Ónega López
Fotografia cedida
*, TH, 4t-5è VOLUM. El crac del 2008. La crisis que cambió el mundo.

Fernando Ónega López

Periodista

Texto del 26/03/2012

“El grito de la sociedad civil”

Usted, como yo, ha pasado de la euforia a la depresión. Usted, como yo, ha sentido alguna vez algo parecido al miedo al ver la caída de tantas empresas y el ejército de parados y el número de ciudadanos que ingresan en la estadística de la pobreza. Usted, como yo, se habrá preguntado cómo hemos pasado del esplendor de la ciudad alegre y confiada a las filas ante los bancos de alimentos y los datos de uso de comedores de Cáritas. Y usted, como yo, no habrá encontrado respuesta fácil, ni siquiera racional, a las causas de ese derrumbe de la moral colectiva, que ha desembocado en el desaliento.

Esta intensa y extensa obra de Ángel Font es un esfuerzo serio y solvente para encontrar esa respuesta. Y lo consigue. Lo consigue porque este libro no es una especulación intelectual. Es una busca profesional, creo que también apasionada, de testimonios de emprendedores que debieran haber sido protagonistas de este tiempo, y han resultado víctimas. Víctimas de una crisis originada lejos de sus empresas. Víctimas de la imprevisión, de la incompetencia, de los errores en el diagnóstico y de sus efectos. Font ha buscado sus experiencias. Ha entrado con su bisturí en las entrañas del cuerpo social y económico –también universitario– donde se debía haber producido riqueza y se produjo desempleo.

El resultado es un Yo acuso: toda una catarsis, un examen colectivo de conciencia, una suma de reflexiones críticas sobre lo que ha pasado en el mundo, pero de forma dramática en este país; por qué hemos caído; por qué nos hemos dejado emborrachar en una orgía de lujos estériles, ostentaciones y derroches de fondos públicos; por qué no hubo una voz poderosa que llamase el orden; dónde estaban los intelectuales, los líderes de opinión, los predicadores de la moral pública, que renunciaron (¿renunciamos?) escandalosamente a la denuncia y la orientación; y, sobre todo, qué nos ha pasado para menospreciar y marginar la formación y la oferta de oportunidades a los jóvenes, hasta el punto de provocar la pérdida de una generación, con una pavorosa descapitalización del país.

Todo eso lo explican los 200 empresarios y los 14 rectores de universidad que Ángel Font consultó con la paciencia del investigador, con la curiosidad del periodista y con la capacidad de análisis del analista demoscópico. Después de leerlo, este cronista siente multitud de sensaciones: algo de responsabilidad, por no haber sabido repetir desde los micrófonos el grito de Ortega no es esto, no es esto; algo de culpa, por haber sido el primero en caer en la adoración del becerro de oro; algo de pena, por comprobar cómo se ha destrozado la ilusión y el proyecto de tantos creadores; algo de esperanza, porque de esta descarnada denuncia surgen lecciones que todos debemos aprender; y algo de confianza, porque en el fondo de esta obra hay una llamada a la recuperación de valores perdidos.

Y ante el honor de poner un prólogo, escribo: atención, políticos que administráis la voluntad popular. Aquí tenéis una base realista para encauzar la obra de gobierno. Aquí no hay partidismo, sino sociedad que habla. Aquí no hay batalla ideológica, ni se ha pretendido plantearla. Aquí hay un catálogo de errores, del que surge una guía de demandas. Aquí está el clamor, sugestivo y exigente, lleno de lamentos, pero también de ideas, de nuestra silenciada sociedad civil.