Volumen 15. Biografías relevantes de nuestros empresarios 2023-2024 – Tomo 4

Begoña Mundó Domínguez – Grupo Tema-Litoclean

Terrassa (Barcelona)

1966

Consejera delegada del Grupo Tema-Litoclean

21-03-2024

Diagnóstico, prescripción y tratamiento quirúrgico si es menester. Con este símil médico actúa la firma que lidera esta científica y emprendedora, cuya actividad se orienta a poner remedio a la contaminación de los suelos. Su carácter pionero en la materia le hizo labrarse un nombre, a lo cual contribuyó su inquietud por ampliar conocimientos y, también, el desarrollo de soluciones propias para lograr resultados más eficientes en un ámbito, el medioambiental, donde la sensibilidad social se revela tan indispensable como creciente.

 

Descubrir el bosque y jugar entre los árboles fue decisivo para inclinar mi trayectoria profesional hacia la vertiente científica
El entorno familiar en que me crie marcó mi infancia, tanto por ser la sexta de ocho hermanos como por la notoriedad de que mi padre y mi tío, pediatra y ginecólogo respectivamente, gozaban en Terrassa. En esa ciudad crecimos, si bien solíamos trasladarnos los fines de semana y los periodos vacacionales a una segunda residencia que teníamos en Les Fonts, una urbanización próxima que había sido especialmente concebida para familias numerosas y que nos brindaba un estrecho y directo contacto con la naturaleza. Creo que descubrir el bosque, jugar al escondite entre los árboles y construir cabañas resultó decisivo para que acabara inclinando mi trayectoria profesional hacia la vertiente científica, pues alimentó en mí el apego a las actividades vinculadas con el aire libre, como por ejemplo salir de excursión o recolectar setas. Nuestra infancia fue muy feliz, pero nuestra posición acomodada no estaba exenta de compromisos domésticos, pues nuestros padres nos inculcaron la necesidad de contribuir a las tareas del hogar, dedicando parte de nuestro tiempo a cuidar del jardín o limpiar la piscina. De esta forma, desde jóvenes interiorizamos que había que esforzarse para poder disfrutar de ciertos privilegios, y nunca asimilamos esas labores como algo impropio. Del mismo modo, con dieciséis años prestaría apoyo a mi padre en la consulta médica, atendiendo el teléfono y reservando citas, lo cual, además de proporcionarme una remuneración económica, me sirvió para cultivar la soltura que se requiere en la atención al cliente, algo fundamental para mi futura carrera laboral.

 

Mi carácter rebelde me había llevado a rehuir la disciplina familiar y a trasladarme a Barcelona para disfrutar en La Paloma de mi pasión favorita: los bailes de salón
Empecé a sopesar mi itinerario universitario ya en Bachillerato. Mi madre, Mercè, que era muy hábil con las manualidades, pretendía instruirme en esa faceta, en la que siempre me revelé negada. Finalmente, a ese amor que había labrado por la naturaleza se le añadió el entusiasmo con el que me contagió un profesor de Geología cuando cursaba COU. La elección de esa carrera propició un acercamiento con mi padre, Enric, a quien su profesión le había impedido dedicarnos todo el tiempo que le hubiera gustado en nuestra infancia. Albergaba una gran curiosidad y mostraba un gran interés por las materias que yo estudiaba y que le resultaban ajenas. Creo que tanto él como mi madre respiraron satisfechos al comprobar que su hija había encaminado perfectamente su trayectoria, pese a la rebeldía que a menudo había exhibido y que, en alguna ocasión, me había llevado a rehuir la disciplina familiar y a trasladarme a Barcelona para disfrutar en la sala La Paloma de los bailes de salón, que constituían mi pasión favorita. Pese a todo, y tras haber pernoctado fuera de casa, al día siguiente asistía puntualmente a clase. Debo decir que ese carácter osado alentó el atrevimiento de mis hermanos, incluidos quienes me aventajaban en edad. Ese arrojo solo lo había exhibido hasta entonces África, la segunda de mis hermanas y con quien probablemente tenía mayor afinidad. Ella, que acabó cursando Arquitectura, tenía un gran dominio de las matemáticas e impartía clases particulares para sufragarse el permiso de conducir, un ejemplo que yo misma seguiría más tarde.

 

Inicios en el sector de la geotecnia, ciencia encargada de verificar la idoneidad de un terreno para edificar sobre él
Durante la carrera universitaria constaté mi inclinación hacia las ciencias aplicadas. Si bien sorteaba cualquier tipo de asignaturas sin problemas, había algunas materias con las que me sentía más identificada, como la geofísica o la hidrogeología. Esa propensión se vio reforzada tras haber obtenido una beca para trabajar en Polonia en una empresa especializada en geotecnia, ciencia encargada de verificar que el terreno no planteará problemas a una hipotética edificación sobre el mismo. Tras regresar a Catalunya, pude consolidar mis conocimientos en la materia, al incorporarme a la consultoría de Batlle y Mascareñas, dos geólogos de gran prestigio en esa disciplina. Dado que mi situación laboral, desde el inicio, se planteó como autónoma, transcurridos siete meses barajé con una compañera de estudios, Montse Gallén, la creación de nuestra propia empresa, con la que compatibilizábamos los servicios técnicos vinculados a nuestra formación con las clases de Matemáticas que impartíamos en institutos. No resultaba fácil ganarnos la vida a través de esa labor asesora, pues en aquella época solo recababan estudios de ese tipo profesionales muy rigurosos, cuando se trataba de construir edificios emblemáticos o cuando se evidenciaba que el terreno podía plantear serios problemas. Aquella labor entrañaba una gran responsabilidad, ya que la seguridad de la construcción que se pudiera ejecutar dependía del informe que redactáramos. Pero más nos angustiaba comprobar que, en muchos casos, se desestimara realizar cualquier estudio o, peor aún, que se obviaran advertencias acerca de la poca idoneidad de ese suelo para levantar algún proyecto. Recuerdo todavía cómo, durante la construcción de la línea del AVE, se asistió a frecuentes derrumbes a su paso por ciertas zonas de Aragón a causa de no haber tenido en cuenta que el terreno, rico en yesos, podía plantear tales problemas. Afortunadamente, hoy en día la legislación recoge todas estas cuestiones y quienes intervienen en una obra de estas características están muy concienciados al respecto.

 

La oposición a proyectos de depósitos de residuos industriales propició el éxito de candidaturas municipales ecologistas

Si en los inicios de mi trayectoria profesional no se prestaba suficiente atención a los informes geotécnicos, menos interés merecían los estudios relativos a la contaminación del suelo. Existía cierta sensibilidad respecto a la contaminación, pero solo se apuntaba a los vectores visibles, como la polución atmosférica que delataban los humos de las chimeneas o de los tubos de escape de los vehículos; o las aguas residuales, cuando teñían nuestros ríos y evidenciaban su insalubridad. Aunque se mantenían los vertidos al mar, había cierta conciencia respecto a lo improcedente de esa práctica y se instalaban depuradoras. Esa incipiente inclinación de preservar el medioambiente propició que se empezara a regular la gestión de los residuos industriales, lo cual llevó a las administraciones a habilitar depósitos específicos que evitaran la proliferación de pequeños vertederos descontrolados. Yo había asistido a múltiples formaciones especializadas en contaminación y gestión de residuos, además de haber realizado un máster Medioambiental online y de haber buscado mucha información a nivel internacional sobre esos temas, ya que en España todavía existía mucho desconocimiento en la materia. Gracias a esa especialización, la Generalitat de Catalunya solicitó nuestros servicios para realizar estudios sobre posibles localizaciones para depósitos de residuos industriales. Era un tema espinoso, pues cualquier propuesta de implantación hallaba una fuerte oposición vecinal, dado que nadie estaba dispuesto a que su municipio acogiera una instalación de esa índole. Las movilizaciones provocadas ante cualquier proyecto propiciaron el éxito de candidaturas municipales ecologistas.

 

Por ignorancia, se creía que el suelo lo absorbía todo de manera inocua
Era necesario realizar pedagogía para que la sociedad tomara conciencia de que era imprescindible dotarnos de ese tipo de infraestructuras, cuya construcción requiere un terreno rico en arcillas para favorecer la impermeabilidad. El conseller Albert Vilalta, titular del Departament de Medi Ambient de la Generalitat, fue un pionero en lo que a gestión de residuos se refiere. Pocos años antes se habían creado la Junta de Residus y la Junta d’Aigües, organismos independientes pero adscritos a la misma conselleria. Hay que tener en cuenta que terreno y agua van de la mano, dado que el subsuelo se compone de tierra y del líquido elemento. El agua que consumimos para beber procede de los pozos subterráneos, de ahí la importancia de evitar la contaminación del suelo. Si nos preocupa la salubridad de las aguas superficiales, mayor desasosiego debería generarnos la impureza de las aguas subterráneas. Obviamente, hemos reaccionado tarde ante esa contaminación invisible; como dato, señalar que trabajo en este ámbito desde principios de los 90, pero en España no hubo una legislación específica hasta el 2005. Se habla a menudo de los problemas ocasionados por los purines, sin caer en la cuenta de que la responsabilidad de ese asunto no se limita a los ganaderos, sino que nos alcanza a todos en virtud de nuestra condición de consumidores. Es una cuestión social a la que hay que hallarle una solución viable. Pero existen otros múltiples y preocupantes focos de contaminación del suelo, sobre todo porque, históricamente, no se ha observado un mínimo cuidado y, por ignorancia, se creía que el terreno lo absorbía todo de manera inocua. ¿Cuántas personas no vertían impunemente el aceite usado de su coche en el suelo, despreocupándose de cómo pudiera acabar afectando esa práctica al ecosistema? Es ahora cuando nos corresponde mitigar todos esos nocivos efectos acumulados; todo ello condicionado al análisis de riesgos, pues la descontaminación absoluta es prácticamente imposible y hay que evaluar hasta dónde resulta razonable actuar garantizando que los niveles de toxicidad sean tolerables. Esos niveles, por otra parte, pueden ser cuestionados en el futuro, tanto porque el avance de la tecnología permita detectar con mayor precisión el alcance de la contaminación como porque los progresos de la ciencia puedan advertirnos de peligros hoy desconocidos.

 

Para atender un encargo en México, viajé con mi hija de apenas cinco meses a ese país norteamericano
A medida que me fui introduciendo en el ámbito de la gestión de residuos, al comprobar que cada vez existían más clientes interesados en recabar nuestros servicios, me fui desvinculado de la geotecnia. Me había empezado a labrar cierto prestigio en esa faceta, habida cuenta de que no existían muchos profesionales en nuestro país especializados en temas medioambientales y de descontaminación. Aun así, continuaba aprovechando todas las formaciones específicas sobre esa área que impartía el Institut Català de Tecnologia, donde coincidí con Albert Tasias, fundador de Tema (Territorio y Medio Ambiente), empresa dedica a la seguridad industrial y el medioambiente. Al valorar que podía prestarles servicio, me propuso colaborar con ellos. Lo que inicialmente se antojaba como un cliente más acabaría convirtiéndose en el embrión de una futura alianza. Antes, no obstante, viviría distintos capítulos importantes en mi trayectoria profesional, empezando por una estancia de tres semanas en México, por encargo de Tema, que me llevó a viajar con mi hija —de apenas cinco meses— y mi madre, para ayudarme en el cuidado de la pequeña, mientras mi pareja permanecía en Barcelona con nuestro primogénito. Conservo un buen recuerdo de aquella experiencia, tanto desde el punto de vista personal como laboral, la cual me permitió estrechar más los lazos con Tema. Asimismo, poco después entraría en contacto con GeoProbe, una compañía americana que desarrollaba una maquinaria especializada en el muestreo de suelos sin contaminaciones cruzadas, que se pueden producir cuando, al perforar el terreno, las impurezas existentes en la superficie se trasladan a las capas inferiores.

 

Ante nuestros clientes, ejercemos como lo haría un médico, realizando un diagnóstico del suelo, prescribiendo la solución e, incluso, actuando como cirujanos
Maravillada por esa tecnología de GeoProbe, animé a uno de mis clientes a adquirir conjuntamente una de sus máquinas más modestas. Posteriormente, y a raíz de una participación en el salón Expoquimia, me propusieron representar a la marca americana para introducirla en nuestro país, al valorar tanto mi dominio idiomático como mi profundo conocimiento sobre contaminación de suelos. En 1999, Tema me propone la compra conjunta de una de las soluciones de GeoProbe y acabamos llegando a un acuerdo para fundar Litoclean, una empresa ultraespecializada, que se orienta a la caracterización, el análisis de riesgo y la descontaminación de terrenos, lo que lleva aparejado el tratamiento y la reutilización de aguas. Además de mi experiencia y know how en la materia, yo me había dotado de ciertos equipos específicos que, con la ayuda de uno de mis cuñados y de mi suegro, había desarrollado para obtener resultados más fiables en las muestras, como por ejemplo sondas para pozos. De este modo, hace 25 años puse en marcha Litoclean, dentro del grupo Tema, junto a Jaume Ferrús, Ramon Bassas y Ramon Ticó, quien inicialmente asumió la presidencia, aunque, al abandonar la compañía por razones de edad, pasaría a ocupar el cargo Albert Tasias. Ante nuestros clientes, ejercemos como lo haría un médico, realizando un diagnóstico del suelo —estimando si existe contaminación en el mismo, dónde exactamente y hasta qué profundidad—, prescribiendo la solución correspondiente e, incluso, actuando como «cirujanos» si lo desean, esto es, ejecutando su descontaminación. No existen remedios estándar, pues cada casuística entraña sus particulares riesgos. El mismo contaminante puede provocar efectos distintos en función del terreno, a consecuencia de las reacciones químicas que se deriven en cada circunstancia.

 

Una de nuestras especialidades es la biorremediación, activando las bacterias que proliferan en el propio terreno para que se nutran de los contaminantes y los transformen
Llevar a cabo un diagnóstico y la consecuente descontaminación no es tarea fácil. No es posible abrir el suelo en canal, por lo que hay que proceder mediante la toma de muestras, que suelen realizarse a través de los pozos, auténticos puntos de contacto con el terreno. Tampoco sería factible «levantar» una fábrica en funcionamiento para limpiar el subsuelo (suelo y aguas subterráneas). ¡Inimaginable! Nuestro centro de innovación (CIL), que incluye un laboratorio de I+D, ha desarrollado y fabricado un conjunto de equipos especiales que nos permiten operar debidamente, así como también realizar ensayos para calibrar cómo funcionará una determinada solución de descontaminación. Una vez cotejada, se traslada ese remedio al escenario real. Las soluciones pueden ser múltiples: mecánicas, biológicas, químicas… o una combinación de algunas o de todas; en cualquier caso, ello nos exige hacer un traje a medida e innovar constantemente. Una de tantas es la biorremediación, una técnica consistente en activar las bacterias que proliferan en el propio terreno para que se nutran de los contaminantes y los transformen. Hubo un tiempo en que se recurría al uso de bacterias de manera indiscriminada, independientemente del terreno a tratar. Eso provocaba que, en ocasiones, los resultados no fueran los deseados, fruto de utilizar microorganismos ajenos a ese entorno. Optando por las bacterias autóctonas, lo que estamos haciendo es acelerar un proceso de descontaminación que, en circunstancias normales, requeriría siglos. Otra posible solución reside en la extracción de vapores, mediante la aspiración de los gases emanados por un determinado contaminante, como podría ser la gasolina. No obstante, cualquiera de las opciones implica inversiones considerables de tiempo y recursos y, por tanto, es necesario preparar un plan a varios años vista.

 

Advertimos a los clientes que seremos sinceros con el diagnóstico y no les ocultaremos ninguna consecuencia derivada de los problemas que podamos hallar
Las casuísticas por las que las empresas nos solicitan un diagnóstico de sus suelos son muy variadas. En ocasiones, tienen que ver con un cambio de titularidad, cuando se produce una operación de compraventa, lo cual resulta lógico, al tratarse de un activo y ante el interés del comprador de saber que no aflorarán problemas de contaminación no detectables a simple vista. En todos los casos, advertimos a los clientes que, al igual que haría cualquier médico, vamos a mostrarnos sinceros con el diagnóstico y no vamos a ocultarles ninguna consecuencia derivada de la «patología» que podamos hallar. Cada vez existe mayor concienciación por parte de las empresas sobre el impacto de la contaminación en el suelo y cómo ese factor puede incidir en el valor de esos activos. Aunque las industrias petroquímicas, las químicas, las mineras y, en menor medida, las farmacéuticas son las que suelen recabar mayoritariamente nuestros servicios, ningún sector manufacturero queda exento de contaminar el suelo. Recuerdo que, en una ocasión, acabamos determinando que una filtración de gasoil, inicialmente atribuida a un centro de almacenamiento de gasoil, en realidad hallaba su origen en el depósito de la caldera para la calefacción de una escuela, que había sufrido una fuga. Un pequeño orificio en una tubería o en un tanque puede resultar difícil de detectar y causar serios problemas medioambientales a largo plazo. En algunos casos, la contaminación del suelo responde a los inicios de la actividad de una industria, en épocas en las que no se observaba el mismo cuidado y en las que se llegaban a enterrar residuos y bidones. Asimismo, también se solía recurrir a los disolventes para eliminar la grasa, vertiendo todo ello al suelo, ignorando los perjuicios causados y lo difícil que resulta eliminar ese tipo de contaminantes en el terreno y en el agua.

 

A diario seguimos aprendiendo, pues a base de investigar constatamos que ciertas sustancias no contempladas como problema sí entrañan riesgos y reclaman una actuación
Actualmente, asistimos a la proliferación de numerosos contaminantes emergentes: sustancias que durante décadas se creían inocuas pero cuyo carácter pernicioso ha sido probado posteriormente gracias a la investigación, y que, por tanto, abundan en los suelos y las aguas y pueden suponer un riesgo para la salud y el medioambiente. Pensemos que, a lo largo de decenas de años, hemos estado lanzando al mar todo tipo de residuos creyendo que, al desaparecer de nuestra vista, se esfumaba el problema; como con los mircroplásticos, que ahora sabemos que se hallan presentes en los peces y en el terreno. A diario seguimos aprendiendo en este ámbito, como pasó con ciertas industrias de tintes, que recurrían al uso de productos que luego se descubrió que eran cancerígenos. La película Dark Waters, estrenada en 2019, denunciaba las prácticas en que había incurrido la multinacional DuPont, al contaminar las aguas de una ciudad norteamericana tras haber utilizado un producto químico de alto riesgo: los denominados PFAS. También 3M ha recibido recientemente una condena en Bélgica por la misma praxis. El problema se agrava porque no existen soluciones asequibles para contrarrestar ese tipo de contaminación y las únicas opciones posibles reclaman un elevado empleo de energía, lo que no es sostenible. Ahí reside otro de nuestros objetivos a la hora de elegir nuestras líneas de actuación: aplicar criterios de sostenibilidad, especialmente ahora que existe una gran sensibilidad con el cambio climático.

 

Las universidades agradecen que solicitemos soluciones aplicables a la industria y nosotros valoramos la metodología científica que ellas emplean en sus laboratorios
Nuestra compañía acomete proyectos en todo el planeta: Francia, países del Este… Disponemos de sedes en Barcelona, Madrid, La Coruña, Bilbao y Huelva, además de contar con filiales en distintos países de Latinoamérica: México, Perú, Ecuador y Chile. En la actualidad, barajamos llevar a cabo actuaciones en África, además de contar con proyectos de I+D en Europa. Reunimos a una veintena de profesionales en el Departamento de Investigación, quienes también cuentan con el apoyo de expertos electromecánicos para la modificación de determinados equipos y adaptación a nuestras necesidades de descontaminación, a fin de realizar estas tareas de manera más eficiente. Asimismo, colaboramos con las universidades, una faceta que se ha revelado como una simbiosis muy interesante, pues tanto la UB como la UAB agradecen que solicitemos su ayuda para dar con soluciones aplicables en la industria, del mismo modo que en Litoclean valoramos la metodología científica que emplean en sus laboratorios. Actualmente, la colaboración con las universidades de los países en los que estamos implantados es habitual, lo que ejerce un efecto positivo para nuestra compañía y para los clientes. Nuestro equipo humano está formado por unas trescientas personas en todo el mundo, con un centenar ubicado en España, y se nutre de geólogos, ingenieros, químicos, biólogos, expertos en medioambiente…, a quienes formamos nosotros mismos, dado el carácter superespecializado de nuestra actividad. También, en determinados momentos podemos precisar personal externo para afrontar un proyecto concreto, como el que estamos llevando a cabo actualmente en Perú para limpiar el suelo en una zona de selva, con cerca de ochocientos operarios reclutados entre miembros de esa comunidad. Yo misma he estado hace pocos días en nuestras oficinas de Lima para prestar apoyo a quienes coordinan nuestros proyectos y, próximamente, viajaré a Colombia para moderar una mesa redonda en torno a temas de sostenibilidad y transparencia en el marco de un congreso internacional organizado por Arpel (Asociación de Empresas de Petróleo, Gas y Energía Renovable de América Latina y el Caribe). Este tipo de participaciones, de carácter técnico, nos otorgan una visibilidad como empresa que preferimos a la convencional de asistir a las ferias como expositores.

 

Siempre he velado por que las mujeres accedan a puestos en los que se adoptan decisiones
La presencia femenina es muy amplia en nuestra compañía. No obedece a mi reconocido talante feminista, sino que responde a que el personal masculino suele orientarse hacia la industria, mientras que las mujeres históricamente nos hemos decantado por el sector servicios, como el propio de Litoclean. Eso nos ha permitido aprovechar este talento y, sobre todo, potenciarlo, pues siempre he velado por que las mujeres accedan a puestos en los que se toman decisiones. Nuestra compañía ha sido acreedora de varios reconocimientos en materia de seguridad y de calidad, pero me causó una gran satisfacción el Premio Carmina Virgili que en 2020 me entregó l’Il·lustre Col·legi Oficial
de Geòlegs, otorgado a un geólogo como reconocimiento especial por haber desarrollado una labor destacable a lo largo de su carrera. En mi caso, fue por mi aportación al sector de la investigación y descontaminación de suelos contaminados. Me enorgullece porque es un premio dado por profesionales de mi sector y porque yo fui la segunda mujer en recibirlo (la primera, de hecho, fue Carmina Virgili, en cuyo honor se estipuló esta distinción). También ha sido un halago recibir recientemente el Premio a la Directiva Referente en Buenas Prácticas en Igualdad y Diversidad en la Empresa. En esa consideración resultó decisiva la idea de elaborar un manual de lenguaje no sexista para las empresas; una iniciativa muy interesante que nos permitió constatar que en la documentación oficial cotidiana se recurre a una terminología donde la mujer aparece absolutamente ignorada. Aunque el resultado fue un manual meramente práctico, creo que contribuyó a sacudir conciencias y constituyó un primer paso para evitar cierta discriminación que acusa el colectivo femenino. El manual está disponible en la web de la Cambra de Comerç de Barcelona, de cuyo Observatorio Mujer Empresa y Economía soy una de sus diecisiete consejeras.

 

Como sociedad desarrollada, deberíamos liderar la transición hacia un modelo más coherente y sostenible
Ser madre constituyó todo un reto; y mis hijos, Bernat y Júlia, deben perdonarme por no haber podido prestarles toda la atención que hubiera deseado en su infancia. Aun así, ellos me han confesado que mi perseverancia les ha inspirado, lo cual me enorgullece, porque sé que serán capaces de alcanzar las metas que se propongan. Bernat es un científico muy sensible —estudió astrofísica y ahora se dedica a la programación informática— y tiene un talante muy noble, mientras que Júlia se ha revelado como una persona de inclinaciones periodísticas y artísticas —trabaja en el MNAC—, muy comprometida y concienciada. De ellos he aprendido mucho, incluido la importancia de adoptar una manera de vivir más frugal. Todos deberíamos apostar por un estilo de vida más sostenible y rehuir aquellos lujos superfluos que amenazan nuestro ecosistema. Como sociedad desarrollada, deberíamos liderar esa transición hacia un modelo más coherente y predicar con el ejemplo; del mismo modo que las empresas deben exhibir su ineludible compromiso con la sociedad, dando respuestas efectivas a los problemas a los que nos enfrentamos y tomando conciencia de que las buenas praxis son las que acaban arrojando los auténticos beneficios a largo plazo. No hay que esperar que sea en las cumbres políticas donde se activen los grandes cambios, sino que cada cual ha de aportar a diario su propio grano de arena para salvaguardar nuestro futuro. Si el trabajo que hago me resulta tan satisfactorio es porque no solo me divierte, sino que obtengo de él unos réditos que van más allá de lo económico, y que se traducen en contribuir a la salud del planeta y de las personas que lo habitan.