Sr. José Luis Bonet

JOSÉ LUIS BONET FERRER – Presidente de la Cámara de Comercio de España

JOSÉ LUIS BONET FERRER

Barcelona

1941

Presidente honorario de Freixenet
Presidente de la Cámara de Comercio de España

 

20-10-2025

 

Servicio a las empresas. Así entiende el Sr. Bonet la labor que deben ejercer las cámaras de comercio, al frente de las cuales se encuentra desde hace más de una década, velando, de manera especial, por su internacionalización y por la digitalización. Su experiencia como docente universitario, como directivo de gran empresa y como presidente de Fira de Barcelona le proporciona el conocimiento y la autoridad necesarios para visualizar dónde debe focalizar sus esfuerzos España.

 

 

En un entorno como el actual, marcado por la globalización y la aceleración constante, quien no se incorpora a la revolución tecnológica queda fuera del mercado

A la hora de enumerar los valores que debe reunir un profesional, más allá de las deseables virtudes del trabajo en equipo, la sana ambición y el afán de superación, suelo recurrir a las denominadas «tres tes»: talento, trabajo y tenacidad. En la actualidad añadiría una cuarta: la de transformación. En un entorno como el actual, marcado por la globalización y la aceleración constante, resulta imprescindible demostrar capacidad de adaptación, lo que hoy en día significa sumarse a la digitalización, puesto que quien no se incorpora a la revolución tecnológica a la que asistimos queda fuera del mercado. Los informes Letta y Draghi así lo reflejan, lo cual me enorgullece porque viene a corroborar un estudio que promovimos hace casi una década, poco después de hacerme cargo de la presidencia de la Cámara de Comercio de España, en 2014. En ese momento quise trasladar al organismo el espíritu que había caracterizado al comité organizador de la feria Alimentaria, que también presidí (gracias a mi excepcional mentor ferial, Jaume Tomàs) y en la que concurrían las primeras espadas de las grandes empresas de alimentación: Gallina Blanca, Nestlé, Danone… Su participación era desinteresada, y no faltaban nunca a las reuniones convocadas, un aspecto que no se antoja extraño porque aquellas constituían un irrenunciable foro de debate estratégico del sector; una iniciativa, la de compartir información entre competidores, que no suele proliferar. Consideré que sería interesante exportar la fórmula a la Cámara de España y que los distintos sectores pudieran dotarse de un mecanismo similar. Fue así como establecimos unas comisiones sectoriales, que complementaban las ya existentes de carácter horizontal como las de formación o internacionalización, además de sumar la de digitalización, que se erigió en el núcleo del informe que publicamos en 2016 subrayando la necesidad de que las pymes, que suponen el eje vertebrador de la empresa en España, se sumaran a ella para garantizar su futuro y su competitividad.

 

Frente a la COVID-19 los responsables políticos han exhibido mano izquierda habilitando los fondos Next Generation

El informe que elaboramos en la Cámara de Comercio de España despertó la atención de quien fue ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño. Si bien las grandes corporaciones habían abrazado la digitalización, para las pymes aquello era una asignatura pendiente que la vicepresidenta del Gobierno decidió enmendar coincidiendo con los fondos Next Generation que la Unión Europea habilitó como reacción a la etapa pandémica para revitalizar la economía. Si ante la crisis de 2008 la institución comunitaria demostró incapacidad de maniobra y se limitó a enviar «hombres de negro» y a rescates financieros de dudosa eficacia, en esta ocasión los responsables políticos exhibieron mano izquierda para favorecer la actividad empresarial, poniendo a disposición de los países miembros una generosa dotación para ayudar a la transformación de las compañías. A España le fueron asignados ciento sesenta mil millones de euros para llevar a cabo distintos programas, uno de los cuales el denominado «kit digital», orientado a la digitalización de las empresas y que, coordinado por Red.es, además de contar con la colaboración del Consejo General del Notariado, se ha apoyado en la red de ochenta y tres cámaras territoriales que coordina e impulsa la Cámara de Comercio de España, que goza de esa capilaridad para llegar a las pymes. Ese instrumento se ha revelado exitoso, pues el setenta por ciento de las pequeñas y medianas empresas se acogieron al programa, todavía vigente. Hay quien infravalora la medida, arguyendo que la iniciativa se limita a la entrega de un ordenador. Pero el proyecto va mucho más allá, pues quienes se han sumado al «kit digital» han dado continuidad al programa de digitalización en el segundo año, a pesar de tener que pagar por él, al percatarse de lo interesante que resulta para la empresa para su organización interna, para el despliegue del comercio electrónico, etc.

 

La internacionalización constituye una prioridad para la Cámara de Comercio, pues la lleva incorporada en su ADN

Del mismo modo que España ha demostrado su capacidad para la digitalización, debería afrontar el reto de la internacionalización. En España existen cincuenta mil empresas que exportan de manera regular. Si somos capaces de acudir al millón y medio de pymes de nuestro país, las asesoramos y, sobre todo, las acompañamos, podemos multiplicar esa cifra por cuatro o por cinco y transformamos por completo nuestra economía, provocando un salto tremendo. La internacionalización constituye una prioridad para la Cámara de Comercio, pues la lleva incorporada en su ADN. Del mismo modo que tenemos capacidad para atraer a cerca de cien millones de turistas cada año, contamos con suficiente competitividad para ir al exterior. El sector del vino es un buen ejemplo del potencial que existe para crecer en los mercados de la exportación, pues apenas un diez por ciento de las cuatro mil bodegas que reúne nuestro país se han internacionalizado. El resto, si no acuden al exterior acusarán problemas. Cabe señalar que, desde 2008, el crecimiento de las empresas exportadoras ha sido muy significativo, porque muchas se dieron cuenta de que no les quedaba más remedio que buscar compradores en otros mercados. Hay que admitir, no obstante, que para alentar la internacionalización es necesaria una política favorable a la empresa. España es un país de pymes, en su inmensa mayoría con carácter familiar y que presentan un instinto conservador, mostrando menos osadía de la que deberían. Si la Administración no ofrece incentivos y los empresarios no perciben un mínimo respaldo gubernamental o institucional, esas compañías optan por encerrarse en sus cuarteles de invierno y por una excesiva prudencia. Sería deseable impulsar un plan de internacionalización, a través de la cooperación público-privada, para aprovechar las oportunidades que existen en el exterior, por mucho que Donald Trump intente obstaculizar la actividad implantando aranceles.

 

Europa debe jugar la baza de la cultura, porque, así como en otros ámbitos ha perdido fuelle, ninguna región del mundo podrá superarnos nunca en lo que respecta a ese rico patrimonio

Las últimas previsiones sitúan el crecimiento de España para este año en un tres por ciento. Es una cifra factible, pues nuestra principal industria, la turística, marcha a buen ritmo. Es un sector clave que logra arrastrar en torno al treinta por ciento del PIB, por mucho que algunos pretendan reducirlo al trece por ciento o al catorce por ciento obviando que el turismo genera muchas dinámicas en la alimentación, los servicios o el pequeño comercio, que se benefician de ese flujo de personas que visitan nuestro país atraídos por el clima, la gastronomía, la cultura, etc. Ese comportamiento está llamado a tener continuidad, porque España se ha convertido en el paraíso para los europeos, que hallan en nuestras latitudes, en general, un clima suave todo el año, al margen de disfrutar de una buena mesa y unos excelentes vinos y cavas. Si a ello sumamos la hospitalidad y la seguridad, solo una hecatombe podría frustrar el positivo rumbo de la industria turística en nuestro país. El patrimonio cultural es otro de los potentes factores de atracción de visitantes; no solo en España, sino en Europa, que debería jugar esa baza diferencial, porque, así como en otros ámbitos el Viejo Continente ha perdido fuelle, ninguna región del mundo podrá superarnos nunca en lo que respecta a ese rico patrimonio. Sin embargo, no existe un plan estructurado para que Europa, que atrae más de la mitad del turismo mundial, extraiga máximo partido de esa industria en la que España tiene un peso fundamental, con iconos como la Sagrada Familia, en Barcelona; la Alhambra, en Granada; las catedrales de Burgos o León; o el acueducto de Segovia, por nombrar solo algunos elementos de referencia. Málaga es una ciudad cuyo alcalde, en los últimos tiempos, la ha sabido impulsar a través de las nuevas tecnologías y la cultura, convirtiendo esa capital en un destino de moda. El papel que está llamada a jugar la cultura en el futuro quedó patente, hace poco, con la Declaración de Barcelona, en la que se reunieron más de ciento cincuenta ministros de todo el planeta en torno a Mondiacult, la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible de la Unesco, que instituyó la cultura como derecho humano, como bien público y como objetivo de desarrollo sostenible.

 

La revolución tecnológica ha sido monopolizada por Estados Unidos y China, lo que ha comportado que Europa haya quedado relegada en el mapa y que su papel en el mundo sea poco relevante

Europa ha perdido liderazgo en el terreno económico y tecnológico. La locomotora continental, Alemania, priorizó el aprovechamiento de la coyuntura geopolítica propiciada por el derrumbe del comunismo en la Europa del Este para comprar barato y, de ese modo, beneficiarse del precio del gas ruso para alimentar su industria automovilística. De manera inesperada, ante el previsible estancamiento económico, quiso virar el rumbo apostando por un nuevo concepto de movilidad, el coche eléctrico, una innovación en la que los chinos nos llevan la delantera. La revolución tecnológica ha sido monopolizada por Estados Unidos y China, lo que ha comportado que Europa haya quedado relegada en el mapa. Ahora son Donald Trump y Xi Jinping quienes mueven los hilos de la economía y la política mundial. Europa ha quedado supeditada a la voluntad de la Administración norteamericana, con un presidente imprevisible y controvertido como Donald Trump, determinado a reforzar el capítulo de defensa, un empeño que conduce a pensar que ese sector puede liderar la reindustrialización del tejido empresarial continental, habida cuenta de que la mayoría de los países de la Unión Europea forman parte de la Alianza Atlántica. La industria de defensa experimentará un alza, pero esa expansión no tendría que beneficiar solo a las tres o cuatro compañías líderes de ese sector, sino que esas firmas deberían apoyarse en las pymes como auxiliares. Es necesario estructurar un plan, y las comisiones de Industria de la Cámara de España pueden contribuir a forjarlo a fin de que pueda favorecer al máximo número de empresas.

 

La política industrial debe plantearse con una visión a largo plazo, pero la de partidos está supeditada a la actualidad y eso no ayuda

Para revitalizar la industria es de suma importancia aparcar las políticas hostiles hacia la empresa que hemos sufrido, tanto en lo que se refiere a obstáculos como, sobre todo, al abuso fiscal y parafiscal. Se nos afea no haber mejorado la productividad, lo cual resulta complejo ante la enorme presión fiscal que acusan, en especial, las pymes, incapaces de generar fondos para reinvertir y ganar en competitividad. El Gobierno lleva un tiempo pretendiendo promover la jornada laboral de treinta y siete horas y media semanales, cuando algunas empresas ya la tienen implantada. Otras no pueden permitírselo, porque son pymes que a duras penas se sostienen. Me pregunto por qué se entrometen en casa ajena cuando no conocen la realidad de cada entidad. El nuestro es un país de pymes donde empresarios y empleados van a la una, conscientes de que ahí reside la fórmula para que la organización funcione y todos salgan beneficiados. Duele señalar que la política industrial no es coherente, porque no muestra un talante favorable a la empresa. El Gobierno debería promover políticas activas con incentivos, pudiéndose apoyar en la comisión consultiva de la Cámara de Comercio, en cuyo plenario concurren veintiocho empresas relevantes españolas, otras nueve adheridas a la CEOE, cuatro correspondientes a las cámaras del exterior, cuatro en representación de los autónomos y diez funcionarios con competencias en distintos sectores. La política industrial debe plantearse con una visión a largo plazo, pero la de partidos está supeditada a la actualidad rabiosa y eso no ayuda.

 

Las cámaras de comercio no están para practicar política partidista y asumir poder, pero sí para ejercer gran política, de defensa institucional

Las cámaras de comercio no están para practicar política partidista y asumir poder, pero sí para ejercer gran política, de defensa institucional. El origen de esos organismos se remonta a 1886, a la época de la Restauración, cuando el ministro Eugenio Montero Ríos, copiando el modelo de Francia, creó, mediante decreto, las cámaras de comercio. El interés generado entre el empresariado provocó que afloraran hasta ochenta y tres cámaras, lo que propicia que en algunas provincias haya más de una. Esas entidades se fueron asentando como asociaciones privadas por todo el país. Aun así, su peso como interlocutor era relativo, pues sus inquietudes solían ser desoídas. A raíz de la guerra colonial y la crisis de 1898, España asistió a una importante zozobra que llevó al ministro de Hacienda Fernández Villaverde a incrementar de manera considerable la presión fiscal sobre el empresariado y provocó el conocido cierre de cajas en Barcelona, una iniciativa promovida por las cámaras, al igual que el manifiesto a la reina regente María Cristina, quien también ignoró las reivindicaciones de los industriales. Aquello empujó a Joaquín Costa —en representación de las cámaras agrarias—, Basilio Paraíso, presidente de la Cámara Oficial de Comercio e Industria, y el abogado zamorano Santiago Alba a promover Unión Nacional, partido que concurrió a los comicios en 1901 confiando en arrasar en las urnas y, finalmente, sacando de cuatrocientos escaños, cinco representantes. De ahí concluyeron cuál era el papel que tenían que asumir, en realidad, las cámaras de comercio. Después del paso político, las cámaras experimentaron un crecimiento económico notable. Y su forma jurídica fue cambiando hasta que Jaime García-Legaz, después de un periplo por Europa para contrastar la realidad en otros países, consensuó con otros grupos del Congreso la ley de 1 de abril de 2014, que permitía recuperar el alma de las cámaras como corporaciones de derecho público, su representación de todas las empresas de España —no empresarios, sino empresas— aunque, eso sí, sin posibilidad de financiarse con dinero público y quedando sometidas a la tutela de las respectivas comunidades autónomas.

 

La industria española reclama mano de obra de manera urgente

Las cámaras de comercio han ejercido un importante papel en esferas relevantes de la industria, como, por ejemplo, la reducción del desempleo juvenil, que en 2014 se situaba en el cincuenta y seis por ciento y que el año pasado se redujo hasta el veinticinco por ciento. Lo logramos a través del programa PICE, orientado a que los jóvenes mejoren su capacitación, formándolos y estimulándolos a esforzarse para asumir responsabilidades en actividades en las que detectamos carencias por parte de las empresas. Los políticos deberían dedicar más recursos a la juventud, que constituye el futuro del país. Ocurre lo mismo con la Formación Profesional, que hace una década aparecía desprestigiada, con apenas seiscientos mil alumnos. Ahora esos estudios no solo han adquirido cierta consideración, sino que la cifra de inscritos se ha doblado. La industria española reclama mano de obra de manera urgente. Ante la emergencia demográfica a la que asistimos, con unos hogares que cada vez albergan menos hijos y más mascotas, la clave del futuro reside en la integración de los inmigrantes. El País Vasco es donde se acusan mayores carencias en lo que a personal se refiere, ya que por cada individuo que se incorpora al mercado de trabajo hay 4,6 de media que lo abandonan. En otras comunidades autónomas la ratio es menor, pero el índice se halla por encima del 2,5. La gran ventaja para España es la cantera iberoamericana, que puede proporcionar trabajadores con una más ágil capacidad de integración.

 

Josep Ferrer supo percibir la importancia de la internacionalización para el futuro de Freixenet

Mi trayectoria, vital y profesional, se ha visto influida de manera especial por la figura de mi tío, Josep Ferrer, una persona excepcional que catapultó la empresa familiar, Freixenet. Él supo percibir la importancia de la internacionalización para el futuro de la compañía, que en ese momento era la segunda del sector, a monumental distancia de la primera, y fue capaz de situarla en el número uno gracias a su innata visión, que le permitió constatar que el mercado potencial no se reducía a un área geográfica, sino que era el mundo entero. A su calidad humana unía las «tres tes» a las que he aludido con anterioridad. Sin lugar a dudas, era un hombre muy inteligente y astuto. Lejos de exhibir un carácter conservador, mi tío se reveló como un revolucionario, apostando fuerte por la firma, invirtiendo de manera generosa en ella al límite del riesgo. Todo ello, dedicando el máximo esfuerzo, pues para él no había otro centro de interés que la empresa y no escatimaba sacrificios para convertirla en líder indiscutible. Él había completado el bachillerato y, posteriormente, había profundizado en los conocimientos del mercado vitivinícola en Vilafranca del Penedès, aunque creo que fue su madre quien mejor lo instruyó en la materia y que él, por otra parte, atesoraba un alma autodidacta, gracias a una asombrosa inclinación por la lectura, pues, ya desde niño, a todas horas lo sorprendía leyendo cualquier tipo de contenido dada su inquietud por el conocimiento. Junto a él asimilé esa cultura por el trabajo, pese a que mi talante me ha llevado a compatibilizar distintas actividades, como la docencia. Ese sentimiento en pro del esfuerzo estaba muy arraigado en mi familia. Reclamo a las nuevas generaciones ese mismo espíritu, aunando esfuerzos y poniéndolos al servicio de proyectos colectivos.

 

Los profesores universitarios deberían invertir quince días al año en una empresa, del mismo modo que los directivos empresariales deberían ser profesores asociados

Cuando ingresé en la universidad, en 1958, España sumaba unos cincuenta mil privilegiados estudiantes en las facultades, llegando a los seiscientos mil en la época de la transición, la mayoría en centros públicos porque apenas existían Deusto, Comillas o la CEU como instituciones privadas. Ahora son un millón setecientos mil los alumnos matriculados, un tercio de los cuales en la privada. Si podemos detectar cierto contacto de la universidad con el entorno empresarial es en los centros privados. Aunque en los públicos cuentan con catedráticos y docentes respetables, han ido perdiendo fuelle y, sobre todo, perspectiva de lo que requieren las empresas. En aras de ese necesario contacto con la realidad, y para potenciar una formación dual, siempre he defendido que todos los profesores a tiempo completo, de la pública y de la privada, deberían invertir quince días al año en una empresa, del mismo modo que los directivos empresariales deberían ser profesores asociados y participar como tales, sin cobrar.

 

Gracias a la internacionalización, Fira de Barcelona hizo frente a la crisis financiera y captó citas de prestigio como el Mobile World Congress o el ISE

Las ferias profesionales juegan un papel fundamental en el plan de internacionalización de las pymes. Recuerdo que cuando en 2004 accedí a la presidencia de Fira de Barcelona en sustitución de Jaume Tomàs, IFEMA nos había arrebatado el liderazgo, alcanzando una facturación de ciento ochenta millones de euros, frente a los ciento veinte millones que girábamos nosotros. Durante la nueva etapa invertí esfuerzos en internacionalizar la organización ferial. De la media docena de delegaciones que había en Fira de Barcelona a mi llegada pasamos a las más de cuarenta cuando dejé el cargo y el director era Agustí Cordón, un profesional extraordinario, al igual que su sucesor, Constantí Serrallonga, o Pau Relat, quien tomó mi relevo en la presidencia y dio continuidad a esa línea de actuación que, sin duda, fue acertada. A los datos me remito, ya que, al llegar la crisis financiera, Feria de Madrid cayó a los ochenta millones de euros (menos de la mitad que cuatro años atrás), mientras que Fira de Barcelona se mantenía en los ciento veintisiete. Asimismo, la internacionalización de nuestra organización ferial es patente, al haber captado citas de prestigio como el Mobile World Congress o el Integrated Systems Europe. A ello ha contribuido, no hace falta decirlo, el atractivo de Barcelona como destino turístico. Cuando todas las partes se han alineado con el proyecto, todo ha funcionado a la perfección.