Volumen 15. Biografías relevantes de nuestros empresarios 2023-2024 – Tomo 4

Rosa Ortuño Melero – Optimum TIC, S.L.

Sabadell (Barcelona)

1968

Fundadora y socia directora de Optimum TIC, S.L.

Presidenta de honor de CatEi

 

26-02-2024

 

La audacia, el tesón y la creatividad definen a esta ejecutiva y emprendedora, quien ha sabido destacar por méritos propios en el entorno del sector informático y tecnológico. La ciberseguridad y la protección de datos son materias sensibles en las que se ha erigido en una renombrada especialista, después de haber liderado proyectos internacionales de redes y sistemas que ha resuelto en tiempo récord y en los entornos más complicados. Lejos de acomodarse en una Big Four, asumió el riesgo de poner en marcha su propio e innovador proyecto.

 

Al salir de la escuela, acudíamos a echar una mano en el negocio familiar
Soy la tercera de cinco hermanas nacidas en el seno una familia trabajadora con negocio propio de Sabadell. Mis padres, Carmelo y Rosario, habían llegado a Catalunya con mis abuelos procedentes de Alicante y Málaga respectivamente. El alma empresarial ya la exhibía mi abuelo materno, quien se dedicó a la compraventa de terrenos, logrando amasar unos ahorros con los que la familia pudo ir prosperando y tener varios negocios en la ciudad. Su consuegro hizo lo propio con los puestos del mercado central de Sabadell, lo cual propició que nuestro padre, el menor de seis hijos, tuviera acceso a unos estudios que no se pudieron permitir mis tíos, quienes desde pequeños se vieron obligados a arrimar el hombro para contribuir a la economía doméstica. En la genética, por tanto, incorporamos la cultura del esfuerzo, que fuimos cultivando desde jóvenes, pues, aunque nuestros progenitores velaban porque nuestra vida mejorara la que les había correspondido a ellos, también nos enseñaron de modo práctico a saber que el dinero se gana con tesón, esfuerzo y honestidad. Prueba de ello es que, al salir de la escuela, acudíamos a la verdulería familiar del mercado para prestar apoyo al negocio. Al principio, como no podía atender, esperaba a la familia en la Biblioteca de la Caixa de Sabadell, delante de mercado, y leía y leía hasta que caía la noche y me recogían. Posteriormente, y dada mi escasa estatura, como no alcanzaba el mostrador solían destinarme a la parte trasera de la parada del mercado para seleccionar tomates. Trabajamos desde pequeñas todas, pero me siento muy orgullosa de haberme criado en esos valores, asumiendo lo que costaba ganar el pan y adquiriendo una notable madurez y ambición hacia el trabajo bien hecho con voluntad y esfuerzo.

 

Precoz dominio en las matemáticas que resultó de ayuda para la gestión del puesto en el mercado
Aquella era una época muy distinta a la actual, cuando, mayormente porque mis padres y mis hermanas mayores también trabajaban, podíamos estar solas, ir a la biblioteca o jugar en la calle, circulando con patines o bicicleta sin temor al tráfico. Jugaba siempre con los vecinos del centro de Sabadell, con quienes compartía sus Scalextric, trenes eléctricos, coches de carrera en miniaturas…, lo que hizo que estuviera poco con muñecas. Otro de los aspectos de mi personalidad que me definen desde niña es mi carácter sociable, desarrollando gran locuacidad, capacidad para entablar amistades y don de gentes; me encantaba escuchar a los mayores, aprender y, sobre todo, escuchar
música. Mi padre tocaba muy bien la guitarra y la vecina, el piano; e iba a su casa a escuchar y admirar las grandes composiciones que tocaba. Criada en un entorno disciplinado y estricto, en el que nuestros padres se revelaban altamente exigentes con nosotras y no admitían calificaciones académicas que no fueran buenas, eso nos llevó a cultivar la lectura, pero, también, la música y el deporte. Ya a corta edad nos dieron de alta en el Club Natació Sabadell, una entidad muy arraigada, tanto en nuestra ciudad como en nuestra familia, donde realizábamos cursos de natación continuos y acudíamos a nadar cada fin de semana. La atención que mis progenitores prestaban a nuestra educación queda patente en la elección del centro escolar en el que nos matricularon: un colegio atípico, con apenas media docena de alumnos por aula y donde se mezclaban edades, lo cual propiciaba que los benjamines se vieran estimulados por el ejemplo de sus compañeros mayores. Muy pronto empecé a exhibir un elevado dominio en las matemáticas, una capacidad que resultó de gran ayuda para la gestión del negocio de mis padres en el mercado, gracias a lo cual pude aportar con programación más adelante.

 

Con 21 años, ingresé de becaria en IBM y no tardaría en perfilarme como uno de sus empleados clave en una agencia de la empresa para su desarrollo en España, lo que llamaban los «agentes IBM»
Mi carácter inquieto las ganas de aprender me llevaron a matricularme en un instituto de Sabadell para estudiar informática durante el verano. Con apenas 14, empecé a familiarizarme con el Basic, un programa desconocido para la mayoría de la población, como en ese momento lo era prácticamente todo lo relacionado con los PC. Mi padre me compró un primer ordenador básico que salieron y posterior tuve el PS/2 de IBM, un aparato nada asequible, y con el que realicé mis primeros pasos en programación y aprendizaje. Ver a mi progenitor efectuando cálculos vinculados al puesto de frutas y verduras me llevó a desarrollarle un programa para planificar las compras y mejorar la rentabilidad del negocio conforme cálculos de venta y sacos que tenía que comprar, lo que sería ahora un pequeño MRP. El espíritu empresarial que asimilé en casa hacía presagiar que acabaría encaminando mis estudios universitarios hacia Ciencias Económicas o Empresariales. Sin embargo, mi vida adquiriría una nueva orientación a causa de un percance. Las motos y los coches de carreras constituían mi debilidad en la juventud, realizando muchas carreras de aficionada, hasta el punto de que era —y sigo siéndolo— miembro del Motor Club de Sabadell, con grandes amigos que todavía corren. Desgraciadamente, sufrí un grave accidente que me obligó a pasar por el quirófano varias veces —en la actualidad ya son veintiséis— y a sumar un centenar de puntos de sutura. Solo mi capacidad de superación logró que volviera a andar, pero aquella larga etapa de operaciones me llevó a renunciar a matricularme en la carrera inicial que quería realizar y que reclamaba presencia constante en las aulas, y gracias a la ayuda de una amiga que también cursaba informática, seguí con esos estudios de manera intermitente entre intervención e intervención. Finalmente, me graduaría en Informática de Gestión en 1988 para, posteriormente, empezar la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones, si bien no iría más allá del primer curso porque ya había ingresado en IBM en calidad de becaria a los 21 años y resultaba muy complicado compatibilizar el volumen de trabajo con la formación universitaria, aparte de que ya tenía necesidad de mantenerme por mí misma. Más adelante, como la multinacional apenas contaba con especialistas en España de sistemas que surgieron, como el AS/400, de modo que yo, con veintiún años, me perfilé como uno de los elementos clave para su desarrollo en nuestros lares gracias a la gran visión que tuvo mi primer jefe.

 

Nombrada responsable de un proyecto para prestar apoyo a las empresas textiles más potentes del Vallès
Había empezado a trabajar en el Agente de IBM sin mayor remuneración que el transporte. A medida que fui adquiriendo responsabilidad, solicité una revisión de las condiciones. Desde joven había fomentado mi independencia económica mediante múltiples tareas que compatibilizaba con los estudios: haciendo de canguro, atendiendo en una pastelería los fines de semana o impartiendo clases particulares de refuerzo. Uno de los jefes del Agente IBM, E. Ribalta, un gran profesional y que trabajaba en varias instituciones, se mostró receptivo a mis peticiones y expresó su confianza en mí, nombrándome responsable de un proyecto para prestar apoyo a las empresas textiles más potentes del Vallès, como Dobert o Bombardó, una de las primeras compañías en equiparse con el entonces revolucionario System/34 y posterior AS/400. Aquella experiencia resultó altamente enriquecedora en lo personal y en lo profesional. Trabajé duro, tal y como había aprendido en el negocio familiar, donde cargaba sacos de veinticinco kilos siendo adolescente cuando yo apenas pesaba treinta y siete. Recuerdo que en esa época convivía con nosotros el tío Paco, fallecido hace unos años; un hombre que había emigrado a Alemania y que ejerció una fuerte influencia en mí. A su generosidad — pues, siendo soltero, decidió ceder su parte del negocio en el mercado a nuestro padre para ofrecernos a sus hijas más calidad de vida —, le unía una gran inteligencia y capacidad de reflexión. Persona muy recta, de él aprendí a cuidarme, a tomar siempre productos naturales, a respetar al prójimo, a no prejuzgar a nadie y a rehuir las envidias.

 

Me preguntaron si me asustaba trasladarme al norte de África y, ante mi negativa por respuesta, a los pocos días aterrizaba en el Magreb
Tras mi etapa en el Agente IBM, trabajé en uno de los agentes de valores más importantes como directora de IT, y posteriormente ya inicié mi carrera con multinacionales americanas, gracias a la tecnología avanzada que ya disponían y el conocimiento que yo podía ofrecer de implementaciones en España. De ahí que ingresara primero en una multinacional papelera y luego en otra multinacional norteamericana, Sara Lee, en la actividad del retail. La inquietud que me caracteriza me ha impedido permanecer más de tres o cuatro años en una organización, lo que revela que mi perfil profesional es muy anglosajón, pues en EE. UU. las propias empresas suelen estimular a sus profesionales a no acomodarse en la compañía o, cuando menos, en una determinada posición: a moverse por retos y no por dinámicas fijas. Mi desafío, en ese caso, residía en un proyecto destinado a implementar los sistemas homologados de patronaje a escala continental. Pese a que el programa debía resolverse en cuatro años, culminé mi cometido en poco más de dos años. Siempre he procurado ser muy honesta y, si antes, cuando trabajaba por cuenta ajena, observaba ese comportamiento, ahora que lidero mi propia empresa respeto ese mismo criterio con mis clientes y no intento prolongar artificialmente los procesos porque sería inmoral e inflamatorio. Creo que forma parte de la exigencia personal aprendida de mis padres y del trabajo bien hecho. Mi siguiente etapa en Sara Lee me llevó al Magreb, para poner en marcha las fábricas que la compañía quería instalar en Túnez y en Tánger. Se trataba de plantas para producir prendas interiores de Unno, Ocean, Princesa o Abanderado, hasta entonces radicadas en Igualada y Mataró como parte del Grupo Sans, y cuyo propietario había vendido a esa multinacional. Eran momentos convulsos para el textil en nuestro país, pues la industria, buscando mayor competitividad, abandonaba España —y, en especial, Catalunya— para hallar enclaves donde la producción resultaba más rentable. Me preguntaron si me asustaba trasladarme al norte de África y, ante mi negativa por respuesta, dado que en casa siempre habíamos cultivado el viajar y el entrar en contacto con otras culturas, a los pocos días aterrizaba en un entorno diametralmente distinto al que estaba acostumbrada.

 

En el Magreb me acompañaba un «hombre de paja», que impartía las órdenes… que previamente yo misma le había comunicado
Mi aterrizaje en el Magreb no fue fácil. Resultaba imposible que una joven, rubia, con cierto atractivo y recién llegada de EE. UU. pasase desapercibida. Ante la incomodidad que me generaba la percepción de estar permanentemente observada, opté por cortarme el cabello y teñírmelo. Otra casuística a la que tuve que hacer frente residió en la imposibilidad de figurar como jefe. En ese entorno era inconcebible que una mujer asumiera la autoridad en cualquier tema, de ahí que me viera en la obligación de acompañarme de una suerte de hombre de paja, una persona que simulaba ejercer de director del proyecto e impartía las órdenes… que previamente yo misma le había comunicado que era necesario trasladar. Ahí también tuvimos que vencer las dificultades tecnológicas, pues el Magreb era casi un erial en lo que a redes de comunicación se refiere. Compañías previamente instaladas tenían que alquilarnos sus redes para poder operar. Sara Lee incentivaba el agrupamiento de los europeos en esas plazas africanas, pero mi carácter independiente y mi deseo de empaparme de la cultura del país me llevaron a buscarme un apartamento próximo al trabajo y a que la compañía me suministrase un coche para desplazarme. Nunca temí por mi integridad ni tuve más problemas que verme obligada a amoldarme a las tradiciones culturales que relegaban a la mujer a un segundo plano, pero acabé por tener el respeto de todos y, sobre todo, la admiración de las mujeres que trabajaban allí.

 

La experiencia en México fue tan arriesgada que la compañía llegó a ponerme escolta
El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York me sorprendió en el Magreb. Ante esa circunstancia, los directivos de Sara Lee nos instaron a abandonar la zona, alegando que el riesgo era extremo. Me negué a obedecer, ya que, cuando emprendo un proyecto, no renuncio a él hasta haberlo completado. Aunque en esa ocasión no pasé miedo ni percibí peligro alguno, sí lo sentí con la arriesgada experiencia vivida tras finalizar esa etapa, cuando la multinacional me destinó a México, donde llegó incluso a ponerme escolta. Sara Lee acababa de adquirir la marca Bimbo y tenía que resolver serios problemas con sus sistemas de redes y comunicación. Circulando en coche podía ser abordada e intimidada para ceder a las habituales «mordidas». Pero yo seguía siendo la joven osada de siempre, deseando conocer el México auténtico, lo cual provocó un problema a mis colegas locales, a quienes forcé a que me acompañaran a la Zona Rosa de la capital. Por mi culpa, casi causo un despido al haber cedido a mis temerarias pretensiones, lo que nunca más volvería a hacer en ningún país. En esa etapa, con el miedo del mundo por todo lo que acontecía en EE. UU., recuerdo haber permanecido una semana encerrada en el hotel, por unas amenazas recibidas por ser empleada de empresa americana. Acusé un profundo adelgazamiento en el tiempo en que duró ese proyecto, en el que ejercí de controller de las plantas de Sara Lee, operando entonces para Bimbo, con el objetivo de implementar metodología e informática, de integrar sistemas y de optimizar los procesos y la productividad de sus instalaciones. Las mejoras técnicas en una empresa solo es posible aplicarlas si previamente ha habido un análisis adecuado de los objetivos a alcanzar. Es muy fácil comprarte una herramienta, pero no te resulta útil si antes no te has planteado qué pretendes conseguir con ella.

 

Después de unos años, y pese a disfrutar de un buen puesto en una Big Four, en la cual ejercí de Lead Partner, decidí arrancar mi propia empresa, especializada en auditorías predictivas
Tras varios proyectos desarrollados en Sara Lee, decidí volver a España y me incorporé a una Big Four: KPMG. Tuve la gran oportunidad de profundizar en todo lo que es auditoría y compliance IT, además de ejercer como Lead Partner en España, lo que me permitió desarrollar grandes proyectos liderados por G. B. y Alemania, aplicando metodología y grandes tecnologías punteras en ese momento para el crecimiento de la entidad. Aquello me estimuló a establecerme por mi cuenta. Y decidí dedicarme a la ciberseguridad por dos razones: por mi experiencia y porque era un tema que me parecía esencial. Ya en mi estancia en el Magreb me había sensibilizado en la cuestión, especialmente por los sucesos del 11S, que hicieron que ya en el 2001 los americanos dispusieran de herramientas muy potentes en ciberseguridad. Seis años después, apliqué los conocimientos adquiridos en este ámbito en Reino Unido, desarrollando procedimientos que permitieron generar un sistema de ciberseguridad que acabó siendo comercializado y que ahora es parte de mi trabajo diario. Para concretar mi proyecto independiente, contacté con un amigo que trabajaba en Palo Alto Networks, entidad que, al liderazgo en ciberseguridad, le añadía el contar con una solución muy interesante en comportamientos predictivos de tráfico de red. A partir del análisis de millones de datos podía realizar auditorías predictivas, un concepto que, en 2009, era muy revolucionario y permitía anticipar maneras de actuar que se darían en nuestro entorno, como, por ejemplo, conocer qué hacía el usuario en cualquier momento y por aplicación. El mío fue un momento de audacia, ya que, disfrutando de una vida ya acomodada y segura en una Big Four, decidí exponerme a la aventura, justo en medio de una crisis financiera global, al destinar mis ahorros a la compra de aquella sofisticada herramienta tecnológica en la confianza de desarrollar mi propio negocio.

 

Inicié la comercialización de mi solución tecnológica y advertí que los profesionales a quienes acudía no me entendían
Veinticuatro mil euros invertí en esa herramienta, la tercera que se compraba en España. La instalé en casa, conectándola a mi PC para empezar a revisar tráfico de datos, lo cual me permitió generar mi propia metodología de auditorías en esa área. Era una oferta única en lo que a predicción de comportamientos se refiere, por lo que me lancé a su comercialización, en 2009, creando mi empresa, segura de que el mercado reaccionaría con entusiasmo. Sin embargo, me encontré con que los profesionales a los que acudía, principalmente empresas que podían adquirir esta metodología por su coste, como bancos y grandes compañías, no me entendían o no iban a arriesgarse con una empresa pequeña y acabada de crear. En otros entornos o sectores, lo de revisar a nivel de usuario una aplicación y cerciorarse de la protección de la identidad de quien la manejaba escapaba totalmente a su comprensión, pues no existía en nuestro país ni cultura ni sensibilidad en torno a la ciberseguridad y la protección de datos, con lo que yo ya podía disponer de la herramienta más resolutiva y predicar sus bondades que no había nadie receptivo a mi propuesta de valor. Afortunadamente, el CFO de una empresa con quien mantenía buena relación, me ofreció ayudarle en la confección de planes directores de sistemas. Basándome en mi «joya de la corona», empecé a desarrollar dichos planes, hecho que me permitió, en 2011, empezar a proporcionar auditorías de redes en tiempo récord, dado que un análisis que antes reclamaba invertir mínimo un año de trabajo yo lo resolvía en el plazo de muestreo de siete días y resultados con evidencias en menos de dos meses. Fui pionera, además, en algo tan común en la actualidad como es el data protection, que ahora tienen tan presentes las entidades financieras o las grandes corporaciones. Hice pedagogía en esa materia, y gracias a un fabricante de software de ciberseguridad, OneTrust, iniciamos una colaboración que aún mantenemos y distribuimos un libro del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) que se acababa de aprobar. En ese momento impartí una formación continua a entidades multinacionales, gabinetes de profesionales y colegiados; en definitiva, desarrollé una concienciación integral hacia lo que ya preveíamos que nos dirigíamos los profesionales del sector o los miembros de entidades como ISACA. Hice esa labor de divulgación empleando un libro que redacté tras mi experiencia británica, cuando había escépticos, incluso del ámbito del Derecho, que aseguraban que esa regulación, que por aquel entonces ya se había aprobado en el Reino Unido, nunca llegaría a implantarse aquí. Todo ello me abrió, también, las puertas de grandes entidades de la Generalitat, con quienes colaboramos en el desarrollo del proyecto a nivel normativo y regulatorio sobre la protección de datos y el cuerpo normativo, siguiendo la ISO 27001, de modo que creamos ya el marco y establecimos qué es un buen gobierno en ciberseguridad.

 

La ciudadanía debería comprender la importancia de proteger su intimidad y, sin embargo, vierte sus datos de manera irreflexiva ante cualquier formulario
La aprobación del RGPD en 2016 (en España, en 2018) y de la LOPGDD (Ley orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de protección de datos personales y garantía de los derechos digitales) respondió, entre otras razones, al hecho de que, durante la primera mitad de la pasada década, proliferó la externalización de todos nuestros datos, de los activos de información por razón de costes, de forma que muchas compañías renunciaron a sus respectivos CPD, o infraestructuras físicas, para acudir a muy asequibles hostings ubicados, normalmente, en tierras lejanas, a quienes se les transfería alegremente ese contenido sensible o todavía no clasificado conforme normativas. Aun así, las empresas acogieron con muchas reticencias la implantación del RGPD — evidenciando la escasa concienciación sobre el tema—, ya que no era como la LOPD reactivo, sino proactivo, ya que obliga a diseñar e implementar la capa de seguridad y privacidad necesaria. Por ello, la ley ha tenido varias moratorias hasta 2023. La ciudadanía debería entender la importancia de proteger su intimidad y privacidad, pero vierte sus datos de manera irreflexiva ante cualquier formulario, aplicación informática o enlace de internet; del mismo modo que las empresas deberían preservar la información confidencial que han reunido de sus clientes. Es necesario realizar pedagogía en este sentido, incluida la configuración de los dispositivos electrónicos que solemos manipular, aunque solo sea para advertir que, por defecto, suelen presentar la cámara y el micrófono abiertos, con lo cual pueden captar cualquier conversación privada, por lo que no es casual que, a menudo, recibamos publicidad asociada a temas a los que hemos aludido recientemente. En nuestro caso, nos dirigimos a clientes que muestran una mínima madurez en lo que a protección y ciberseguridad se refiere. No acumulamos un gran número, sino que solemos reunir medio centenar de empresas a las que procuramos prestar un servicio de calidad. Me duele tener que competir con compañías que desprestigian nuestra labor al exhibir precios de derribo, imposibles de asumir si se desea garantizar unos resultados óptimos. En cambio, nosotros invertimos mucho en formación, concienciación continua, certificaciones de los mejores fabricantes, auditorías para certificaciones de seguridad y datos, de marco normativo, ahora de IA (hemos sido los primeros certificados de España en esta materia), etc. Por otro lado, no tenemos ni contamos con el respaldo de un fondo de inversión que posibilite rebajar nuestros honorarios, ni nos podemos permitir invertir un tiempo ingente en preparar toda la documentación que reclama la Administración si aspiramos a optar a un concurso público, que normalmente acaban en manos de las grandes corporaciones, incluidas las extranjeras. Es difícil competir con ellas, porque no se nos considera por nuestra capacidad, profesionalidad o optimización de recursos, herramientas o resultados, sino porque la firma de la otra marca salvará los muebles si algo sale mal. Aparte de lo complicado que es entrar en temas de la Administración, aunque estemos certificados en ENS (Esquema Nacional de Seguridad). En vez de ayudar a las pymes autóctonas a desarrollarse, los entes públicos a menudo esgrimen nuestro tamaño para negarnos la confianza cuando, en realidad, podemos proporcionar un servicio altamente fiable y demostrable.

 

En la pandemia, invertí mucho dinero para garantizar la seguridad del personal y la viabilidad de la empresa
A lo largo de mi carrera, he vivido coyunturas de cambio que han supuesto un esfuerzo de adaptación de las tecnologías, como por ejemplo el de la asunción del euro. Ahora es el momento de la Inteligencia Artificial (IA), un concepto que venimos trabajando desde hace tiempo, ya que, en cierto modo, al empezar con nuestras auditorías predictivas nos basábamos en esa combinación de algoritmos. De la IA me preocupa su uso incorrecto, pues nosotros podemos utilizarla para analizar, pongamos por caso, cómo se ha atracado un banco y ayudar a evitar que se repita ese crimen; pero que unos alumnos recurran a herramientas como el ChatGPT para que les elabore un trabajo debería alertarnos, porque estaríamos promoviendo una sociedad de personas que renuncian a pensar. En nuestro caso, aprovechamos esa tecnología con el fin de obtener pautas, pero disponemos de analistas para determinar si la información obtenida es fiable o no. En la actualidad somos veintiocho profesionales en el equipo. Acababa de ampliar la plantilla justo antes del confinamiento para hacer frente a dos grandes clientes, pero algunos me anularon su contrato ante el escenario al que nos asomábamos. Renuncié a prescindir de las nuevas incorporaciones o a recurrir a un ERTE, impulsé un nuevo proyecto de IA e invertí mucho dinero de mi bolsillo para garantizar la seguridad y la higiene de los empleados, reestructurando el espacio personal de la plantilla, accediendo a mascarillas y guantes cuando nadie disponía de ellos y recibiendo cada semana a un médico en las oficinas para efectuar PCR. Esa actitud contribuyó a cohesionar el equipo, consciente del esfuerzo realizado y de que la seguridad en una empresa empieza por la propia salud. En 2021 empezamos a remontar al acometer nuevos proyectos de firewall por la necesidad de un teletrabajo seguro y cifrado.

 

Haciendo pedagogía para que la sociedad se adapte con inteligencia al mundo digital
Me implico al máximo en todo lo que hago, de ahí que no resulte extraño que sea presidenta de honor de CatEi (Associació Catalana d’Empreses de Tecnologia), tras haber cedido la presidencia el año pasado; que colabore con Sinergia, que agrupa las entidades empresariales del sector tecnológico y de la innovación en Catalunya; que sea vicepresidenta de ISACA, asociación profesional centrada en auditoría, seguridad, gobierno y riesgos de las Tecnologías de la Información, regulada por la normativa estadounidense; y que forme parte de DCA (Digital Catalonia Alliance), en calidad de asesora experta. Asimismo, imparto clases en la Universitat Internacional de Catalunya, con el valor añadido que supone el formar parte del ecosistema empresarial, pudiendo transmitir al alumnado una imagen más ajustada a la realidad que la trasladada, a menudo, por el personal estrictamente docente, y también tengo el honor de impartir masterclass de Compliance en ESADE en algunos másteres, puntualmente. Por otro lado, participo en el programa STEM para reducir la brecha tecnológica de género y realizo sesiones en FP con el objetivo de facilitar el acceso a la informática y a las matemáticas. Soy partidaria de hacer pedagogía para que la sociedad avance en la dirección correcta en el ámbito digital y entienda la importancia de nuestro cometido.