Quiero agradecer la oportunidad de participar en el prólogo de este IV volumen de “Biografías relevantes de nuestros empresarios” porque me permite hacer un reconocimiento público de la figura del “empresario” y de la “empresa familiar”.
En mis casi 40 años de vida profesional, primero, en el ámbito de la banca, y, actualmente, en el de la consultoría, he tenido la suerte de conocer y trabajar con muchas empresas familiares y con las personas que las crearon o que continúan con el legado familiar. No voy a teorizar sobre qué es la empresa familiar y su importancia económica y social porque ya hay mucho escrito sobre el tema; lo que me gustaría es transmitir tres simples ideas que he aprendido interactuando con ellas.
En primer lugar, la dificultad de ser empresario. No todo el mundo tiene las cualidades y fortaleza mental para serlo. Un empresario es ante todo una persona que tiene una visión de negocio gracias a una capacidad especial, ya sea técnica o comercial. Pero después necesita un sinfín de otras habilidades (visión de largo plazo, organización, producción, financieras, comerciales, gestión de personas, etc.) para diseñar la estrategia con la que poner en marcha y orientar ese negocio; así como una capacidad de gestión que le posibilite la implementación de las ideas y planes concebidos a la realidad del día a día. Aunque este conjunto de habilidades también puede definir en parte a un buen directivo, el factor diferencial que separa la figura de un empresario a un buen ejecutivo es la valentía del primero para invertir su capital y su tiempo en la visión que ha tenido con el objetivo de intentar llevarla a cabo. Y todo ello en un entorno difícil y en cambio constante.
Segundo, hacer la distinción entre un “emprendedor” y un “empresario”. Un emprendedor se focaliza en la fase inicial de un negocio. Tiene el coraje y habilidades para ponerlo en marcha pero, a partir de un momento determinado, el emprendedor ha de convertirse en empresario y no todos tienen las capacidades para hacerlo. En lo que en el marco de teoría de gestión se conoce como “crisis de crecimiento” de las empresas, la primera de las crisis se produce si el emprendedor no consigue consolidar la visión que ha tenido en una organización que permita alcanzar los objetivos, es decir, si no puede pasar de una idea a una realidad: la empresa. Si lo consigue, en ese momento el emprendedor también evoluciona y deviene empresario. Quisiera hacer una reflexión con relación a este punto. Afortunadamente, la sociedad actual ya reconoce y fomenta el emprendimiento; sin embargo, cuando luego ese emprendedor se convierte en un empresario que ha conseguido crear una empresa de éxito, la sociedad deja de valorarlo e incluso, en muchos casos, se le ataca precisamente por haber tenido éxito. Quizás se trate del consabido pecado nacional de la envidia, pero aprovecho para hacer un llamamiento para que el reconocimiento social no se limite sólo a la figura del emprendedor, sino que también incluya la figura del empresario de éxito.
Por último, destacar la importancia de la evolución de “empresario” a “empresa familiar”. El buen empresario es el que consigue que su visión se consolide, se convierta en empresa y que, además, esa empresa pase a tener una vida propia independiente. Que lo importante sea la empresa y no el empresario o, dicho en otras palabras, que ya no se hable del empresario sino de la empresa. Esto parece contradictorio con la importancia y mérito que le hemos reconocido al empresario por la creación de la empresa. No es así. Cuando la organización ya ha adquirido vida propia, la función del empresario no ha de ser la gestión del día a día, sino que se debería centrar en el seguimiento de la misión de la empresa y, muy importante, de los valores que ha inculcado a la empresa para conseguir sus objetivos.
Estoy convencido que la lectura de las biografías de los 35 empresarios que configuran el presente volumen ayudará a entender lo que he intentado explicar en estas breves líneas: sus conocimientos y experiencias son el mejor ejemplo de lo que es un empresario y una empresa familiar. Y es, asimismo, una excelente manera de otorgarles el reconocimiento social que, como ya he resaltado, se merecen.





