Volumen 15. Biografías relevantes de nuestros empresarios 2023-2024 – Tomo 4

David Vendrell Pedrola i Mònica Vendrell Solé – Unión Suiza

Barcelona

1968 y 1993

Sexta y séptima generación de Unión Suiza

 

04-04-2024

 

El paso del tiempo no ha socavado los valores de esta firma joyera y relojera nacida hace casi un par de siglos. La perfecta sincronía de los miembros de la familia a la hora de tener en cuenta la misión marcada permite que se desvanezcan posibles discrepancias existentes en su  esfera. La elegancia y la distinción se mantienen intrínsecamente unidas a esta compañía que alcanza ya la séptima generación y es capaz de atraer a sus establecimientos a las personas que han decidido el futuro de nuestro país.

 

David: La longeva trayectoria acumulada por nuestra empresa ha seguido el ritmo de la ciudad, de la evolución de las personas y de la sociedad
Pertenezco a la sexta generación de una de las firmas relojeras más arraigadas de la ciudad de Barcelona, lo cual constituye un orgullo: tanto por el reconocimiento que ha conseguido labrarse nuestra compañía como por la longeva trayectoria acumulada por nuestra empresa, que, midiendo el paso del tiempo, ha seguido el ritmo de la ciudad y la evolución de las personas y la sociedad en general. La empresa fue fundada por Carles Vendrell Castellà, en 1840, lo cual significa que estamos próximos a cumplir dos siglos de historia. No resulta fácil para una organización superar ese hito cronológico, y menos cuando se trata de una compañía familiar, donde acostumbran a coexistir las inquietudes profesionales con las relaciones parentales, lo cual reclama templanza, generosidad, comprensión y otras muchas virtudes que, afortunadamente, hemos sabido aplicar a lo largo de tantas décadas. Y, sobre todo, supone una gran satisfacción contemplar que el dilatado pasado atesorado se proyecta también hacia un prometedor futuro, toda vez que la séptima generación ha desembarcado ya en Unión Suiza, pues nuestros sobrinos, Miquel, Mònica, Òscar y Enric, decidieron hace algunos años dar continuidad a este proyecto al frente del cual nos mantenemos en la actualidad cuatro hermanos: Lluís, Xavier, César y yo mismo. El sentimiento de empresa se encuentra arraigado en nuestra infancia, pues nuestros padres procuraron transmitirnos los valores propios de la misma ya en aquella lejana etapa, del mismo modo que hemos procurado inculcar esa idéntica filosofía a quienes deben sucedernos.

 

David: Desde muy joven, ya me impliqué en el negocio, realizando recados, recibiendo y saludando a los clientes a la puerta de entrada…
Residíamos en Barcelona y no era extraño que acompañara a nuestra madre al céntrico establecimiento de la capital catalana. Ese punto de venta lograba impresionarme desde el momento en que cruzaba el umbral de la puerta y me sumergía en ese vasto local, donde unos inmensos escaparates ocupaban buena parte de una superficie donde se levantaban unas sobrias columnas que me imponían un profundo respeto. Aquellas primeras visitas esporádicas realizadas a la tienda significaron, en cierto modo, un bautizo corporativo; la mejor manera para que fuera adquiriendo conciencia de formar parte de la esencia de una firma única; de asimilar ese negocio como algo propio, estimulando en mi interior el intenso deseo de participar de esa aventura empresarial, lo cual se materializó ya desde muy joven, cuando, aprovechando las vacaciones escolares de verano, y atendiendo a la invitación de nuestro padre, Lluís Vendrell Sàlvia, me impliqué en el negocio, realizando recados, recibiendo y saludando a los clientes a la puerta de entrada, etcétera.

 

David: La clave de la continuidad y pervivencia de la empresa familiar reside en la adecuada transmisión de valores de generación en generación
Solo puede calificarse de absoluto acierto la decisión de nuestro padre de reclamar nuestra participación en el negocio familiar. Aquella experiencia se reveló profundamente enriquecedora, pues no solo estrechábamos el contacto con la compañía fundada por nuestro ancestro, sino que adquiríamos conciencia de la dimensión de la misma y, sobre todo, del respeto y prestigio que se había labrado en su entorno. A mis todavía inocentes ojos conseguía impresionarles la profesionalidad con la que obraba el personal que atendía en la tienda; gente que demostraba un profundo conocimiento de los artículos expuestos y que dispensaba un exquisito trato al público que nos visitaba. Observaba con detenimiento ese comportamiento, intentando asimilar ese legado. Pero, también, procuraba interiorizar las virtudes que percibía tanto en nuestro padre como en mis hermanos, consciente de que mi misión, en esa etapa, residía en el aprendizaje constante y en aprovechar cada gesto y cada circunstancia para añadir lecciones a mi bagaje y poder convertirme, de este modo, en mejor persona. Estoy plenamente convencido que la prudencia practicada en esa etapa de crecimiento, en la que aún me quedaba mucho por descubrir, ejerció una acción muy positiva en mi desarrollo personal. En la actualidad, sigo optando por exhibir un talante prudente, consciente de que esa fórmula constituye la mejor garantía para no incurrir en errores; aun a sabiendas de que éstos se erigen en una interesante y potente fuente de aprendizaje. De este modo, en el momento en el que me incorporé definitivamente a la compañía, asumiendo unas determinadas responsabilidades, tenía perfectamente identificados cuáles eran los principios inspiradores de nuestra organización. En mi opinión, la clave de la continuidad y pervivencia de la empresa familiar reside en la adecuada transmisión de valores de generación en generación.

 

David: La auténtica universidad la he encontrado en el trato mantenido con los clientes, a través de la atención dispensada en el mostrador, del diálogo con ellos, de escucharlos, asesorarles…
En el respeto hallo otra de las grandes e importantes virtudes que nuestro padre consiguió inculcarnos desde la infancia. Se trata de un valor nada menor que observamos tanto con nuestros clientes como con nuestros empleados; además, por supuesto, de extenderlo a la relación que mantenemos entre los distintos miembros de la propia familia. Esa facultad es la que nos permite compartir sinceramente nuestras diferentes visiones del negocio en nuestras reuniones periódicas, favoreciendo el libre contraste de opiniones y adoptando las decisiones que, finalmente, consideramos más acertadas atendiendo a la misión de la compañía, que, en última instancia, se erige en el criterio irrefutable a seguir. A pesar de las perspectivas divergentes que podamos mostrar, la exposición de las distintas tesis y la tolerancia manifiesta de quienes disienten de las mismas acaban convirtiéndose en un ejercicio muy enriquecedor para todos, tanto por el intercambio de pareceres que se produce como por el propio comportamiento exhibido. Somos absolutamente conscientes de que cada cual cuenta con sus particulares habilidades y con sus singulares limitaciones, lo cual propicia, asimismo, que exista en la organización una distribución de responsabilidades atendiendo a las distintas circunstancias que concurren en cada uno, a fin de asignarlas a quien mejor puede ejercerlas. El apoyo mutuo que nos proporcionamos ha resultado clave en el crecimiento y la longevidad de la compañía, sabedores que el propósito común reside en la continuidad de la empresa. Precisamente por ello, en el momento en que tuve que trazar mi futuro universitario, visualicé que debería compatibilizar el conocimiento técnico con la gestión del negocio. Afortunadamente, una de mis principales pasiones consistía en la Gemología, una disciplina profundamente vinculada a nuestra actividad. De esta manera, además de cursar Administración de Empresas, decidí instruirme en esa apasionante rama de la mineralogía y de la geología que permite identificar, analizar y evaluar las piedras preciosas. Si bien la formación adquirida en la Facultad resultó altamente valiosa, debo admitir que la auténtica universidad la he encontrado en la relación mantenida con los clientes, a través de la atención dispensada en el mostrador, del diálogo con ellos, de escucharlos, asesorarlos… Mediante esa práctica experiencia fue como conseguí los más preciados conocimientos profesionales, entre otras razones porque los interlocutores con los que trataba eran gente distinguida: personas relevantes de nuestro país o, también, de fuera de España.

 

Mònica: Uno de nuestros principales objetivos reside en que los clientes se sientan como en casa, que hallen un entorno confortable
El sentimiento de pertenencia a Unión Suiza, y de percibir la compañía como algo propio, pude experimentarlo desde mi más tierna infancia. Por aquel entonces, a principios de siglo, residíamos en Cardedeu y, cuando con mi madre viajábamos a Barcelona, le imploraba que acudiéramos a visitar la tienda. La elegancia del establecimiento me provocaba una gran fascinación, por la armonía que se percibía en todo ese amplio espacio. Cuantas más veces pisaba ese punto de venta, mayor admiración me causaba ese entorno. Era todavía una niña cuando  comencé a alimentar el deseo de poder llegar a formar parte de la compañía familiar. Por esa razón, cuando, una vez llegada la etapa estival, me proponían prestar apoyo en el negocio, no me hacía de rogar, al entender que ese ofrecimiento constituía una oportunidad de disfrutar de una apasionante experiencia y, al mismo tiempo, de adquirir un incalculable aprendizaje. Acogía con satisfacción cualquier cometido que podían encargarme, desde la atención a los clientes que acudían a la tienda solicitando una reparación hasta la recepción de los mismos en la puerta de entrada del local, transmitiéndoles una cálida bienvenida y contribuyendo a brindar la mejor asistencia a los visitantes. Independientemente de la actividad encomendada, y de manera simultánea, permanecía atenta a todo lo que ocurría a mi alrededor, prestando especial interés al trato que el equipo humano proporcionaba a la clientela, imbuyéndome de la filosofía de la empresa para poder emplearme con el mismo esmero. Todavía conservo en la memoria el recuerdo de la primera responsabilidad que asumí en Unión Suiza, cuando mi padre me sugirió la asistencia a un evento que organizábamos conjuntamente con la prestigiosa firma relojera Patek Philippe. Se trataba de una cena exclusiva, a la que solo se invitaba a clientes seleccionados y que se desarrollaba en un ambiente deslumbrante en nuestro propio establecimiento. Aquella fue una noche inolvidable, de la que, al margen de divertirme como pocas veces hasta entonces, extraje interesantes lecciones y sirvió para acabarme de convencer que, en el futuro, deseaba dedicarme a esta actividad. El tiempo, pero sobre todo la ilusión y la irrenunciable determinación, acabarían propiciando que pudiera hacerme cargo de la coordinación de este tipo de citas. Uno de los principales objetivos que perseguimos en estos eventos reside en que los asistentes se sientan como en casa, que encuentren un entorno confortable, tal y como ocurre en cada una de las visitas que realizan a nuestro punto de venta.

 

La fidelidad a los valores que nos inculcaron nuestros predecesores ha propiciado que la empresa haya podido resistir el inexorable paso del tiempo
La imagen de prestigio acumulada y asociada históricamente a nuestra compañía es fruto de la capacidad de mantener la lealtad a unos determinados principios y al exquisito y personal trato dispensado a nuestros clientes; una atención que ha permitido ganarnos su confianza en todos y cada uno de los contactos establecidos con ellos. La fidelidad a los valores que nos inculcaron nuestros predecesores ha propiciado que la empresa haya podido resistir el inexorable paso del tiempo. Se trata de un legado que debemos agradecer a todas aquellas personas que, a lo largo de la historia, han formado parte del proyecto de Unión Suiza, porque hemos tenido la fortuna de haber podido contar con un equipo humano estrechamente comprometido con nuestra compañía y con los principios que siempre la han inspirado. En ese cometido ha resultado decisiva la actitud exhibida por todos y cada uno de los miembros de la propiedad, al haber demostrado la voluntad para asumir todo tipo de funciones. Todo ello ha contribuido a fidelizar a un nutrido grupo de personas que comparten décadas de servicio en nuestra organización; profesionales que han interiorizado el espíritu de una firma que, a nivel general, se identifica con una enseña de madera noble, sólida y capaz de hacer frente a los eventuales vaivenes económicos, sociales y tecnológicos, en algunas ocasiones incluso abruptos. Unión Suiza es una empresa familiar que suele percibirse como muy clásica; una condición que no nos provoca ningún tipo de incomodidad porque, contrariamente, entendemos que consigue reforzar esa imagen de consistencia, seriedad y fiabilidad que, tradicionalmente, ha formado parte de su idiosincrasia y que estamos orgullosos de transmitir. Esa circunstancia no evita que, a la vez, procuremos evolucionar, al compás de los tiempos y de las nuevas generaciones.

 

El lanzamiento al mercado de la marca Misui constituyó un verdadero y desafiante ejercicio de innovación, pero preservando los valores de calidad que nos identifican
Un perfecto testimonio de la evolución experimentada por nuestra compañía reside en el lanzamiento al mercado de la marca Misui, que creamos en 2015. Detrás de esta enseña se halla una firma propia de joyería con la que perseguíamos ofrecer una visión más contemporánea y moderna, tanto a nivel de procesos de producción como de diseño. Poner a disposición del público esta nueva marca constituyó un verdadero y desafiante ejercicio de innovación, teniendo en cuenta el carácter muy tradicional y bastante estático que caracteriza al sector de la joyería. El propósito de Misui residía en conseguir conectar, no solo con las generaciones actuales, sino, también, con las venideras, al desarrollar una serie de propuestas más próximas a los clientes de hoy en día. Todo ello sin renunciar, obviamente, a los valores de calidad que identifican a nuestra firma, si bien aportando un abanico de pluses de modernidad, incorporando, por ejemplo, nuestro compromiso con la sostenibilidad, un concepto hoy en día irrenunciable en cualquier ámbito de la sociedad. En cierto sentido, el aterrizaje de Misui en el mercado vino a dar respuesta a unas necesidades y a unas tendencias que no pueden ser ignoradas. Resulta sumamente importante, y más en un entorno ávido de ser sorprendido y de asistir frecuentemente a la llegada de nuevas propuestas, prestar atención a todas esas corrientes y saber anticiparse a las mismas con el objetivo de poder satisfacer las expectativas de una clientela que, cada vez, se revela más exigente.

 

El consumidor en nuestro sector acostumbra a responder a pautas clásicas; el producto tradicional concentra en torno al ochenta por ciento de la joyería mundial
La creación de la marca Misui contemplaba un doble objetivo: generar tendencia y perdurar en el tiempo. Con este nuevo sello buscamos una firma con la que pueda sentirse identificado el público de cualquier segmento de edad y que no se encuentre sometida a los avatares de la moda. A pesar de todo, nuestra propia experiencia nos lleva a reconocer que el mercado no queda exento de cierto espíritu voluble y que la sociedad puede, en un determinado momento, inclinarse por una determinada tipología de artículos mientras que, en otra etapa, decantarse por unos perfiles muy distintos. No obstante, el comportamiento del consumidor en nuestro sector acostumbra a responder a unas pautas clásicas, lo que supone que el producto tradicional concentra en torno al ochenta por ciento de la joyería mundial, pues los compradores suelen decidirse por las alianzas en oro, los solitarios, las sortijas con el correspondiente brillante, etcétera. Sorprende que, en ciertos mercados asiáticos, en torno a ciudades como Tokio o Shanghái (pero también en Estados Unidos), la juventud muestre una especial debilidad por el concepto clásico de la joyería. Cabe atribuir esos hábitos de conducta a que se trata de sociedades que se encuentran en pleno crecimiento y donde el factor experiencial juega un importante papel; poblaciones que hallan en Europa y en los valores del Viejo Continente el espejo en el que desean verse reflejados.

 

Resulta sumamente importante conseguir que en la memoria de los asistentes quede grabado el recuerdo de ese evento, lo cual se logra observando la máxima cercanía
La limitación del número de invitados a nuestros eventos responde a un concepto de exclusividad al que aspiran nuestros clientes y que, en general, se extiende a toda la sociedad, que valora el poder disfrutar de unas determinadas experiencias en un contexto privilegiado. Una vez superada la etapa del confinamiento a raíz de la pandemia, por razones sanitarias y de seguridad nos vimos obligados a reducir la convocatoria de este tipo de encuentros. Las personas se mostraban reticentes a participar en esas citas, ante el eventual riesgo de contraer el coronavirus. Sin embargo, en el momento en el que se inició el proceso de administración de las vacunas, en pleno proceso de desescalada, los clientes exhibieron una gran propensión a asistir a estos acontecimientos. Más allá de la confianza personal que transmitía la protección inmunitaria adquirida, el factor que actuó como revulsivo fue el haberse visto obligados a renunciar a los mismos a consecuencia de la crisis de la COVID-19, una circunstancia que exacerbó el deseo por acudir a todo aquello que había sido vedado durante aquella aciaga etapa, incluidos nuestros eventos. Aun así, cabe subrayar que, tradicionalmente, nos hemos inclinado por experiencias con una concurrencia máxima de cuarenta personas, ya que en este tipo de convocatorias priorizamos la calidad y buscamos proporcionar un trato personal y diferenciado, prestando una atención exquisita y que los asistentes puedan sentirse como en su propia casa. La ampliación del número de participantes pondría en riesgo la magia y la proximidad que envuelven estas citas, elementos a los que no deseamos renunciar porque consideramos que forman parte de la esencia de las mismas. Resulta sumamente importante conseguir que en la memoria de los asistentes quede grabado el recuerdo de ese evento, lo cual se logra observando la máxima cercanía. Sería frustrante que los asistentes acabaran prestando mayor atención a otros detalles secundarios que al objeto específico de la convocatoria, donde el contacto y la relación personal devienen fundamentales.

 

La experiencia, el conocimiento y la profesionalidad nos permiten garantizar el mejor asesoramiento a los clientes que acuden a nuestros puntos de venta
Si, en general, los consumidores contemporáneos acostumbran a exhibir un alto conocimiento de los productos gracias a la información vertida en internet, los clientes de relojería suelen sorprendernos por el profundo conocimiento que atesoran sobre los distintos modelos que ponemos a su disposición. Resulta habitual que acudan a nuestros puntos de venta después de haber consultado distintas fuentes de información y de haberse documentado debidamente. Aun así, la experiencia, el conocimiento y la profesionalidad nos permiten garantizar el mejor asesoramiento a los clientes y que puedan mostrarse satisfechos de su visita. A lo largo de nuestra trayectoria hemos asistido a una importante transformación del sector relojero, no solo a nivel tecnológico, sino también de diseño, de estrategias de mercado o de titularidades, dado que, si inicialmente las firmas pertenecían a familias artesanas, después evolucionaron hacia marcas de reconocimiento internacional para, posteriormente, pasar a ser propiedad de grupos financieros. De idéntica manera, si históricamente nuestra actividad se ha basado en la comercialización de enseñas con gran prestigio mundial, también hemos optado por el desarrollo de nuestras marcas de relojes y, desde 1930, comercializamos y distribuimos la renombrada firma Kronos, de fabricación suiza y proceso propio.

 

David: Muchos talleres de joyería corresponden a empresas familiares, donde se transmite el apego a esta disciplina
La joyería y la gemología constituyen unos sectores profesionales fascinantes, en los que resulta importante atesorar un profundo conocimiento; en especial, al tratarse de artículos altamente cotizados, como por ejemplo los diamantes, unas piezas codiciadas tanto en bruto como talladas. El tallaje aporta un importante valor añadido a un diamante, pero, años atrás, en el entorno de la joyería asistimos a una tendencia en la que se apreciaba el diseño de esa pieza en bruto. Contrariamente, en la actualidad, en torno al ochenta por ciento de las gemas que se comercializan han recibido un tratamiento para intensificar su color, con el propósito de realzar su belleza y mejorar su calidad. A pesar de que existen auténticos especialistas dedicados exclusivamente a la valoración, en ocasiones, especialmente cuando se trata de asuntos relacionados con herencias, recurren a nosotros para esa labor. Haber viajado y recorrido múltiples países me ha permitido conocer los centros de extracción y de producción de piedras preciosas, todo lo cual redunda en la mejora del asesoramiento y del servicio que podemos ofrecer a nuestros clientes. Fruto de esos viajes, contamos con proveedores de materias primas diseminados por todo el planeta: Europa, Sudamérica, Sudáfrica, Australia… He conocido, también, muchos talleres de joyería, la mayoría de los cuales suelen corresponder a empresas familiares, donde se transmite ese apego a esta disciplina como ocurre en nuestra compañía. A partir de colaboraciones llevadas a cabo, hemos conseguido tejer estrechos vínculos y complicidades, en un ejercicio en el que juega un importante papel la relación humana y la sintonía.

 

Llegamos a convertirnos en uno de los principales importadores de diamantes de España
Nuestra actividad como comerciantes ha experimentado una extraordinaria evolución a lo largo de nuestra trayectoria, adaptándonos en cada momento a las vicisitudes de la sociedad. En determinadas etapas hemos llegado a disponer de hasta siete u ocho puntos de venta. Por circunstancias estratégicas, e incluso de acuerdo con algunas de las multinacionales a las que representamos, en la actualidad contamos con  dos establecimientos en Barcelona y Madrid. Se trata de locales muy céntricos, ubicados en vías prime: en la avenida Diagonal de la Ciudad Condal y en la Gran Vía de la capital española. Del mismo modo, así como tiempo atrás habíamos sido proveedores de grandes almacenes, en su día decidimos desestimar esa línea de negocio que nos convirtió en uno de los principales importadores de diamantes de este país. Pese a todo, mantenemos nuestra faceta distribuidora, prestando servicio a pequeños establecimientos de joyería que solicitan nuestro producto para comercializar al consumidor final.

 

Con perseverancia, buena voluntad y lealtad, las fichas irán encajando, y quienes nos sucedan serán capaces de seguir dando continuidad a la firma
Visualizamos el futuro con optimismo y, sobre todo, nos mostramos expectantes ante todo aquello que nos rodea, preocupándonos de transmitir a las nuevas generaciones y a nuestro equipo humano los valores que en su día nos fueron legados como principal patrimonio de nuestra compañía, ya que ahí reside la solidez de la misma: los principios que han inspirado su trayectoria a lo largo de estos casi dos siglos de existencia. Nuestros empleados han adquirido el ADN de Unión Suiza, lo cual resulta sumamente importante para satisfacer las expectativas de nuestros clientes. Las próximas generaciones deberán incorporar y hacer suya la esencia propia de la compañía, aunque entre sus responsabilidades se encontrará la capacidad para saber adaptarla a los nuevos tiempos y a la evolución de la sociedad. Sin duda, uno de nuestros valores irrenunciables reside en la honestidad, que podríamos definir como el eje principal de nuestra empresa, dado que siempre hemos obrado con absoluta fidelidad a esa virtud. Igualmente, otras dos de las características intrínsecas a la organización son la transparencia y la autenticidad. Por encima de las diferencias de criterio que puedan producirse, coincidimos en la misión encomendada por nuestros predecesores, y continuaremos inculcándosela a nuestros sucesores para preservar un legado tan rico. Con perseverancia, invirtiendo buena voluntad y manteniendo lealtad a los preceptos de la compañía, estamos convencidos que las fichas irán encajando y que quienes nos sucedan serán capaces de seguir dando continuidad a la firma.