Volumen 15. Biografías relevantes de nuestros empresarios 2023-2024 – Tomo 4

Jordi Malgosa Torrent – Auxicolor Group​

Terrassa (Barcelona)

1966

CEO y accionista de Auxicolor Group

 

10-01-2024

 

Ser joven no fue obstáculo para que este profesional aprovechara la oportunidad brindada e iniciara una prometedora carrera que, arrancando desde la base, le llevaría hasta la cúspide. Escudándose en la sinceridad, se ganó la confianza de los clientes en el exterior, desarrollando desde la nada un departamento exportador que ahora alcanza casi el medio centenar de países. Su firma contribuye a la cadena de valor aportando el imprescindible color que da vida a los productos textiles.

 

Al infundir valores a sus integrantes, el deporte y, sobre todo, las disciplinas de equipo fomentan la camaradería, el respeto y las relaciones humanas
Soy el segundo de seis hermanos nacidos en un plazo de cinco años, pues dos de ellos son gemelos. Eso explicaría en buena parte la perfecta sintonía existente entre nosotros desde la infancia, alimentada por unos padres, Pere y Anna, quienes supieron generar un ambiente de armonía en nuestro hogar, ayudándonos a crecer en valores e inculcándonos el espíritu del esfuerzo y la necesidad de contribuir a la economía doméstica. La nuestra puede considerarse una típica familia egarense, toda vez que nos desarrollamos en un entorno empresarial vinculado al sector textil tan propio del Vallès, además de que todos practicamos el hockey sobre hierba, el deporte por excelencia de la ciudad en la que nos criamos. Nuestro padre fue socio fundador del Club Atlètic Terrassa, entidad en la que, además de él, jugamos todos los hermanos, así como también nuestros primos. También mis tres hijos han practicado este deporte de stick —el primogénito todavía sigue cultivando la modalidad—, una disciplina que se erigía en el tema que polarizaba nuestras entusiastas sobremesas familiares, las cuales contribuyeron a estrechar, más si cabe, nuestros vínculos fraternales. Acabé abandonando esa actividad, ante la imposibilidad de compatibilizarla con mis compromisos laborales, pero debo reconocer que esa trayectoria en el hockey marcó profundamente mi vida y mi carrera profesional, porque los deportes y, sobre todo, los que se desempeñan en equipo fomentan la camaradería, el respeto y las relaciones humanas, infundiendo en sus integrantes unos valores que, posteriormente, resultan de gran utilidad para el adecuado funcionamiento de una empresa. Tuve la fortuna, y el honor, de ejercer muchos años, la capitanía del equipo, pese a que mi técnica con el stick no era precisamente la más depurada. Imagino que el resto de compañeros detectaron mi madera de líder y la capacidad para aglutinar a la gente; un carácter que, con el tiempo, he procurado aplicar a la organización que me ha correspondido encabezar.

 

El verdadero espíritu empresarial lo atesoran quienes, ante las fatalidades, son capaces de tomar la iniciativa y adoptar medidas para revertir la situación
La nuestra era una familia de corte empresarial, como lo atestigua que tanto mi abuelo materno como el paterno disponían de sus respectivos negocios textiles. Sin embargo, nuestro padre fundó su propia industria, vinculada especialmente a la fabricación peletera, lo que propiciaba que en nuestro hogar siempre se respirara un característico aroma de cuero. Mi padre se erigió en la figura de referencia durante mi infancia, sobre todo por su capacidad de volverse a levantar ante los reveses del mercado. De hecho, hasta tres veces comprobó cómo su compañía caía y, aun así, nunca se rindió y exhibió audacia para sobreponerse a esa adversidad. Nuestra madre también demostró una gran fortaleza y se esforzó por salir adelante para continuar manteniendo ese rol vertebrador que ejercía en la familia. Prueba de ello es que, incluso cuando todos nos habíamos independizado, nos llamaba a diario a cada uno de los hermanos para asegurarse de que estábamos bien y no nos faltaba de nada. Fallecida hace un par de años, dedicó su vida a las labores domésticas y se erigió en el necesario respaldo para que nuestro padre pudiera desarrollar su carrera empresarial. De haber sido norteamericano, él habría sido un personaje admirado, por la resiliencia exhibida. Si en Estados Unidos se valora el saber rehacerse ante una contingencia desfavorable, en nuestro entorno inmediato el empresario que sufre un fracaso prácticamente está sentenciado. Deberíamos darnos cuenta de que el verdadero espíritu empresarial lo atesoran quienes, ante las fatalidades, son capaces de tomar la iniciativa y adoptar medidas para revertir la situación.

 

Nuestro padre nunca nos negaba nada, pero siempre nos exigía que nos lo ganáramos
Si en el Club Atlètic Terrassa nos familiarizamos con la disciplina, también nuestro padre supo imprimir ese valor en nuestro ADN. Nunca nos negaba nada, pero siempre nos exigía que nos lo ganáramos, de tal modo que, si precisábamos dinero para ir al cine o salir con los amigos, nos lo brindaba, pero recordándonos que deberíamos colaborar acudiendo, antes o después, a la fábrica para pintar las paredes con la brocha, preparar pedidos o realizar cualquier otro cometido. Sin darnos cuenta, adquiríamos ese sentido de la responsabilidad y tomábamos conciencia de que en la vida no hay nada gratuito. No planteé problemas académicos, aunque en mi juventud había otros aspectos que me despertaban mayor interés, como las motos o el propio hockey sobre hierba. Sin embargo, completé el Bachillerato, superé el COU y me presenté al examen de selectividad, aunque sin saber a ciencia cierta por qué carrera decantarme. Mis padres decidieron ayudarme en la elección consultando a un especialista en orientación; un profesional que en ese momento constituía una rara avis en nuestro entorno y que determinó, tras someterme a distintos test, que apuntaba maneras en la esfera de la gestión comercial. Mi hándicap residía, a su entender, en los idiomas, pues había estudiado francés y, en cambio, presentaba serias carencias en inglés. Eso propició que mis progenitores convinieran en enviarme a Irlanda para sumergirme en la lengua de Shakespeare. Durante un año, conviví con una familia irlandesa, en lo que se convirtió en una enriquecedora experiencia; no solo porque me proporcionó un sólido dominio del inglés, sino porque me hizo madurar personalmente. Ese año, además, fue el primero de mi vida en el que estudié de verdad, pues el sistema resultaba muy estimulante, al cambiar de clase a medida que iba progresando idiomáticamente. A pesar de que los estudios no se erigen en una condición sine qua non para ser mejor empresario, posteriormente realicé un postgrado en ESADE y he buscado complementar de manera periódica mi formación con distintos cursos online.

 

Viajando, conoces gente, aprendes de las personas y de las culturas y te vuelves más tolerante
La estancia en Irlanda constituyó un capítulo vital muy recomendable, pues me permitió descubrir un ambiente muy distinto al que estaba acostumbrado. Viajando, conoces gente, aprendes de las personas y de las culturas y te vuelves más tolerante. Mi carrera profesional me ha permitido recorrer mundo, puesto que he visitado más de un centenar de países en lo que se ha convertido en una impagable fuente de conocimiento. También con mi familia hemos procurado compartir esa afición viajera durante las vacaciones, aunque es mi hija Mireia quien parece que más ha heredado esa inclinación, dado que, ya a los catorce años, estuvo residiendo en Canadá, para posteriormente invertir seis meses en Bélgica, realizar un Erasmus en Múnich y, desde hace año y medio, afincarse en Madrid. Tras finalizar mi experiencia irlandesa, decidí formarme como Técnico de Empresas de Actividades Turísticas; una carrera universitaria de tres años que cursé en el Centro Español de Nuevas Profesiones (situado en la calle Provença, frente a La Pedrera).

 

Mi suegro se erige en mi gran referente profesional, dado que siempre ha exhibido un enorme talante emprendedor y una gran honradez
Apenas tuve oportunidad de prodigarme en la actividad para la que me había formado, ya que, pese a entrar de inmediato a trabajar en la agencia de viajes de unos conocidos, al poco tiempo mi futuro suegro me ofreció una oportunidad que consideré debía aceptar. Habíamos iniciado un noviazgo con Rosa, quien se convertiría en la mujer de mi vida, y su padre, Adrià Termes, me propuso poner en marcha el Departamento de Exportación de una de sus empresas: Auxicolor. Mi suegro constituye mi gran referente profesional, pues siempre ha exhibido un enorme talante emprendedor, desarrollando negocios en distintos sectores: inmobiliario, metalúrgico, de maquinaria textil, químico, de servicios… Hombre honrado donde los haya, su sentido de la responsabilidad le llevaba a proveer reservas por si surgían problemas, con el ánimo de garantizar fondos para poder indemnizar a los empleados. Al mismo tiempo, se mostraba generoso con sus equipos cuando la actividad era propicia. Se define como un hombre gris, dado que rehúye tanto los lujos que se podría permitir como, también, todo tipo de protagonismo o de reconocimiento que se le proponía brindar.

 

Me ganaba la confianza de los clientes por mi sinceridad, pues, cuando no tenía respuesta a sus preguntas, actuaba con total franqueza
Intenté aprender al máximo de mi suegro, aunque debo admitir que tengo mayor inclinación a situarme en primera línea. Existen muchas maneras de liderar una organización y Adrià Termes se centró en saberse rodear de profesionales muy competentes. Espero que hallara en mí la contribución que esperaba. Puedo decir que me entregué en cuerpo y alma al proyecto propuesto, a pesar de que me advirtieron que mi sueldo inicial sería el más modesto de toda la compañía. Aquello no me desanimó en absoluto, ya que, desde el primer día, me propuse aprovechar aquella oportunidad, después de que mi suegro hubiera valorado mi dominio idiomático y, supongo, hubiera advertido mi inquietud por desarrollar una ambiciosa carrera empresarial. El entorno químico sobre el que pivotaba la compañía me era del todo ajeno, lo cual no constituía un obstáculo para un joven de veinticuatro años como yo, tan dispuesto a aprender. Debo agradecer la colaboración hallada en el equipo humano, que me ayudó en ese cometido pedagógico en el que absorbí un profundo conocimiento en la materia antes de coger la maleta y el billete de avión para lanzarme a la aventura de abrir mercados. A principios de los noventa, la actividad viajera era muy distinta a la actual. La oferta de vuelos era menor y los costes mucho más altos, lo cual reclamaba una adecuada planificación y un aprovechamiento óptimo de los recursos. Así las cosas, resultaba muy común que enlazara distintos países y mi ausencia doméstica se prolongara por espacio de un mes, en una época en la que, además, acababa de contraer matrimonio con Rosa. Enseguida pude demostrarle a mi suegro que la elección había sido acertada, pues conseguía cerrar contratos con relativa facilidad. Creo que me ganaba la confianza de los clientes por mi sinceridad, puesto que, cuando no tenía respuesta a sus preguntas, actuaba con total franqueza y les decía que no se preocuparan, que detrás contaba con un equipo excelente que podría satisfacer su inquietud y que les contestaría una vez hubiera regresado a casa a través del fax o del télex, los medios tecnológicamente más avanzados en esos momentos.

 

Salir al exterior devino un gran acierto, al poder compensar las caídas de ventas nacionales cuando afloraban las crisis
Cuando me incorporé a Auxicolor, era esta una empresa pequeña que gozaba de cierto posicionamiento en el mercado catalán, en esa época un importante polo textil orientado al mundo de la moda, en contraposición al emergente centro que asomaba en la zona levantina, concentrada en el textil para el hogar y con industria en Cocentaina, Ontinyent o Alcoi. La acertada visión de Jordi Comellas, fundador y director general de la firma en esa etapa, nos abrió las puertas a la exportación. Él consideró que era entonces, cuando la compañía exhibía músculo financiero, el momento idóneo para apuntalar el futuro y salir al exterior. El tiempo le daría la razón, puesto que, cuando aflorarían los periodos de crisis, conseguiríamos mitigar sus efectos gracias a nuestra presencia en los mercados internacionales, que compensaban la caída de las ventas nacionales. Durante año y medio estuve formándome con técnicos del laboratorio de I+D o de producción, visitando empresas clientes y empapándome como una esponja de todo aquel conocimiento necesario para poder dar a conocer con propiedad la propuesta de valor de nuestra compañía. Incluso complementaba ese capítulo con el asesoramiento de un ingeniero textil que me brindaba clases particulares una vez finalizada mi jornada laboral. Con mis apuntes y los catálogos corporativos, empecé a abrir camino en Portugal, Grecia, Siria, Sudamérica… En la actualidad, estamos presentes en cerca de medio centenar de países: Guatemala, El Salvador, República Dominicana, México, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Marruecos, Túnez, Malasia, Tailandia, Indonesia, Paquistán, India, China, etc. Italia continúa siendo un gran mercado para nosotros, al igual que seguimos manteniendo relaciones con Rusia, con cuyo partner hemos labrado una amistad y una confianza que escapa de la visión que se tiene de los personajes de ese país. Bangladés también se revela como uno de nuestros principales destinos en el exterior.

 

Las relaciones humanas son fundamentales en los negocios, alimentando una confianza que puede ser clave en la toma de decisiones del cliente
La clave de la labor comercial reside en la escucha. Si no entiendes cuál es la necesidad del cliente, no lograrás venderle nada. Es preciso concentrar la negociación en dos o tres productos, pues el vendedor que pretende ofrecer un abanico demasiado extenso de propuestas fracasará en el intento. Palpar el terreno es, asimismo, fundamental. Nunca he dejado de pisar la calle y creo que nunca dejaré de hacerlo. Cuando hablamos de una empresa de nuestra dimensión, considero que su director tiene que mantener ese contacto estrecho con el mercado, lo cual requiere viajar constantemente y seleccionar de manera directa a los distribuidores, a quienes posteriormente habrá que visitar, ni que sea esporádicamente, para evitar que el distanciamiento pueda deteriorar la relación y, al mismo tiempo, para que comprueben que quien está al frente de la compañía se interesa por la evolución de su negocio y que está al corriente del pulso del mercado. He sido testigo de empresas que crecían en paralelo a nosotros y que, al haber delegado toda la confianza a los equipos comerciales, han acabado perdiendo su identidad. Es importante cultivar esos lazos con los distribuidores, haciéndoles partícipes de los propios proyectos. Las relaciones humanas son fundamentales en los negocios, ya que, a través de los vínculos emocionales generados, se alimenta una confianza que puede revelarse clave en la toma de decisiones del cliente, que puede acabar apostando por nuestra propuesta pese a disponer de una alternativa económicamente más atractiva. Por ejemplo: el haber recorrido diez mil kilómetros para visitar a un cliente chino y compartir mesa con él propiciará que este, cuando tenga una necesidad, ponga en valor aquella experiencia en la que estuvimos conversando distendidamente sobre nuestras familias mientras compartíamos un almuerzo.

 

Josep Jo exhibía una templanza y un carácter reflexivo que se revelaban como el mejor antídoto a mi temperamento dinámico e impulsivo
Auxicolor es una empresa de especialidades químicas, nacida en el ámbito textil y que ha ido diversificando su actividad a partir de la adquisición de distintas firmas hasta configurar el actual grupo corporativo. Aun así, el textil sigue constituyendo nuestra principal línea de negocio, concentrando el 70% de nuestra actividad, mayoritariamente orientada al desarrollo de productos químicos para teñir, estampar o colorear todo tipo de tejidos, desde unos jeans o una camisa hasta tejidos de hogar: cortinas, cojines, etc. Disponemos de productos y soluciones para todos los procesos húmedos de la industria textil. Nuestra sede se ubica en Terrassa, contando con un equipo de ochenta y dos personas en el que se integran químicos e ingenieros textiles, entre otros profesionales. En la medida de lo posible, procuramos que nuestros técnicos comerciales aporten experiencia en este sector industrial. En 2023 celebramos el cincuentenario de Auxicolor, que en 1996 asistió a la incorporación de Cromogenia como accionista de referencia, circunstancia que propició, a finales de esa misma década, mi acceso a la codirección de la compañía junto a Josep Jo, quien se jubiló hace tres años y en quien hallé a un maestro, gracias a esa templanza y a ese carácter reflexivo que exhibía y que se revelaban como el mejor antídoto a mi temperamento dinámico e impulsivo. El presidente de Cromogenia, José Luis Cabestany, es otra de mis figuras de referencia; un profesional siempre dispuesto a la escucha, con una gran clarividencia, y de quien adquirí un valioso aprendizaje. En 2012, Auxicolor incorporó Print Corex a su seno y, dos años después, adquirió la participación mayoritaria de Highchemie, de la que actualmente somos propietarios en su totalidad, y cuya facturación se ha visto triplicada en este periodo. Asimismo, contamos con Espacolor, con base en México y destinada a atender el mercado latinoamericano. Nuestras dispersiones pigmentarias nos permiten prestar servicio a un amplio abanico de sectores: agrícola, pinturas, espumas de poliuretano, etc.

 

Cada uno se identifica con unos determinados tonos cromáticos y adecúa su vestuario a ellos
El color, tan importante en la industria textil y la moda, ilumina la vida y transmite sentimientos: el rojo, mi favorito, aporta energía; el azul brinda paz; el verde se asocia a la naturaleza… Sin ser conscientes de ello, cada cual se identifica con unos determinados tonos cromáticos y adecúa su vestuario a ellos, del mismo modo que escoge unas prendas concretas para sentirse mejor consigo mismo y ganar confianza personal. En ocasiones he comprobado cómo algunos jóvenes acuden a las entrevistas de selección enfundados en un traje cuando, en realidad, ese no constituye su estilo habitual, revelando de inmediato su incomodidad. El mundo de la moda ha experimentado una profunda transformación, asistiendo a una concentración en grandes grupos textiles y a la práctica desaparición de las tiendas multimarca de nuestros barrios. Esos gigantes de la industria acaparan tal volumen de mercado que imponen su dictadura en el mismo, hasta el extremo de ser ellos quienes determinan el precio de la confección en los países productores. Las negociaciones sobre los pedidos de fabricación se convierten en una auténtica subasta donde esas poderosas marcas fuerzan sus condiciones. Nuestra intervención en esa cadena de valor es ínfima, puesto que nos limitamos a proporcionar una solución de color al cliente que realiza acabados en el tejido, incluidas las empresas verticales que integran esa fase en sus procesos. Paradójicamente, el 90% de la cadena de producción (recolección del algodón, hilado, tejido, estampado, acabado, teñido…) supone una décima parte de los costes, lo que significa que el beneficio se concentra en la etapa final: en la comercialización. Mientras quienes estamos inmersos en las primeras fases nos peleamos por un céntimo, esos grandes grupos distribuidores son los que extraen el verdadero rédito.

 

Deberíamos abandonar el círculo vicioso del fast fashion, en el que las tiendas renuevan semanal e incongruentemente sus colecciones, y abrazar el producto de calidad
Precisamente porque sus beneficios son amplios y gozan de margen de maniobra, en esos grandes grupos textiles recae la máxima responsabilidad a la hora de incorporar a la cadena productiva procesos y sistemas sostenibles. Ahora mismo, estamos lanzando Bionature, unos pigmentos con base natural que se revelan como una alternativa respetuosa con el medioambiente. Pero, en ocasiones, este tipo de innovaciones no llegan al mercado por falta de verdadero compromiso de esos operadores, cuya apuesta por soluciones ecológicas parece reservada a aquellas opciones alineadas con sus estrategias de marketing y que lleven aparejado un retorno, ya sea económico o de imagen. En última instancia, el consumidor es soberano y decide qué comprar, pero a menudo es cautivo de las poderosas campañas de esos gigantes. En mi opinión, deberíamos abandonar ese círculo vicioso del fast fashion, en el que las tiendas renuevan semanal e incongruentemente sus colecciones, y abrazar el producto de calidad. Nuestros padres solían encargar sus camisas a medida y cambiaban periódicamente cuellos y puños aprovechando la prestancia permanente de aquel algodón mercerizado. No se trata de recuperar ese hábito, pero sí, posiblemente, de optar por comprar menos artículos y de mayor calidad, sacando rédito de su durabilidad; porque, a veces, comprar barato acaba costando caro. Ahí existe un nicho de mercado, que en Italia todavía han sabido conservar, y que propicia que incluso las grandes marcas se muestren respetuosas con los productores, ya que, cuando se trata de asegurarse de que sus productos están realizados en cachemir de alta calidad o con una tintura tan perfecta que mantiene sus atributos diez años más tarde, están dispuestos a pagar su justo precio.

 

Alimentando la necesidad de cursar estudios universitarios provocamos frustración, pues el mercado laboral no puede absorber a tanto licenciado
Aquí destruimos la industria textil y, en la actualidad, a duras penas alcanzamos tal vez las cincuenta mil personas que viven de ella, cuando en Bangladés suman 4,6 millones de empleados en ese sector. La Administración no incentiva la creación de empresas, por lo que nos encaminamos cada vez más a una economía de subsidio, al fomentarse una cultura en la que todo el mundo aspira a vivir de la ayuda pública o ser funcionario. Habría que facilitar oportunidades y evitar el éxodo de tanto talento joven que emigra a otros países buscando labrarse un porvenir exitoso. Hallamos serios problemas para incorporar técnicos a nuestro Departamento comercial o a nuestros laboratorios. Se acusa una falta de gente con oficio, fruto de las carencias de nuestra Formación Profesional y de haber alimentado, sin más criterio que cierto esnobismo, la necesidad de cursar estudios universitarios, provocando, en muchos casos, frustración porque el mercado laboral no tiene capacidad para absorber a tanto licenciado. Tampoco resulta fácil reclutar a profesionales químicos, pues quienes cursan este tipo de estudios suelen decantarse por el sector farmacéutico.

 

No tengo fecha de jubilación porque uno de mis hobbies reside en la faceta profesional
Al equipo humano se lo debemos todo, pues ellos son la clave de la compañía. A diario sigo aprendiendo de cada profesional, a quienes estoy agradecido porque dan lo mejor de sí mismos en cada posición. Como también profeso un profundo agradecimiento a mi esposa Rosa, pues ella es quien me brinda el necesario equilibrio personal y quien me infunde la confianza imprescindible para poder desarrollar mi carrera laboral. A ella le debo el haber conseguido que nuestros hijos hayan experimentado un sano crecimiento, se hayan convertido en personas responsables y hayan extraído el mejor rendimiento de sí mismos. Mi esposa renunció a su profesión como consultora financiera al nacer Jordi, nuestro primogénito, quien estudió ADE en el Institut Químic de Sarrià y se incorporó a Auxicolor hace cinco años en condición de controller de gestión. Sumamente metódico y organizado, el año que viene, con veintiocho, sustituirá al director financiero y contable de la compañía, que se jubila, y se perfila como el futuro CFO de nuestra entidad. Por su parte, Mireia, de veinticuatro, cursó Comunicación y Publicidad y trabaja en Madrid para una multinacional de ese sector. Cristina, con diecisiete, está culminando el Bachillerato y desea orientar su carrera hacia la decoración de interiores. Son tres almas muy distintas, pero que sintonizan muy bien entre ellas y, también, con Rosa y conmigo. Les gusta trabajar, como a mí, que no tengo fecha de jubilación porque, precisamente, uno de mis hobbies reside en la faceta profesional.