Volumen 15. Biografías relevantes de nuestros empresarios 2023-2024 – Tomo 4

Cándido-José Martínez Macarrón – CYTECMA, S.A.

El Burgo de Osma (Soria)

1946

Fundador y director general de CYTECMA, S.A.

 

10-06-2024

 

Invertir horas junto a su padre, maestro relojero, contemplando en silencio cómo fabricaba pequeños grandes ingenios para medir el tiempo, alentó la pasión de este empresario por la tecnología y la mecánica. Con solo veinte años, diseñó su primera grúa industrial, en lo que se convirtió en el embrión de una compañía de referencia en el desarrollo de grúas para los sectores de automoción, de transporte, de ambientes explosivos, de trabajos en altura y marítimo. A esta sociedad le han seguido otras empresas en el entorno inmobiliario y turístico.

 

Al salir de clase en el instituto, invertía horas junto a mi padre, fijándome en cómo aplicaba su experiencia como relojero, aprendiendo en silencio junto a él

Si nacías en el Burgo de Osma a mediados del siglo pasado, tenías muchas posibilidades de acabar estudiando en el seminario diocesano que allí había. Esa entrañable localidad soriana ha sido y es un importante polo académico y católico, sede universitaria y episcopal con influencia en poblaciones de incluso otras provincias limítrofes y donde concurrían un convento seminario de frailes carmelitas y dos conventos de monjas, uno de ellos de clausura. Muchos de mis amigos ingresaron en el seminario, accediendo a una formación y manutención gratuitas que los encaminaba hacia la carrera sacerdotal, o como alternativa, al magisterio o licenciatura en Filosofía y Letras. Pese a los deseos de mis padres, renuncié a entrar en esa institución porque mi genuina vocación no era la religiosa, sino que sentía inclinación por la técnica, la ingeniería y la mecánica que profesaba mi padre, Cándido. Maestro relojero, había asumido el tradicional negocio familiar de sus primos cuando se lo traspasaron, con lo que desestimó dar continuidad a las tareas agrícolas de mi abuelo, alcalde, juez de paz y terrateniente de la Vega del Ucero, lo que lo convirtió en un profundo conocedor de los secretos de la relojería. Gracias a la lectura de decenas de libros de mecánica y relojería que había ido adquiriendo en la librería e imprenta de don Severino Giménez, amigo y vecino, se convirtió en un auténtico ingeniero, capaz de construir, no solo relojes de todo tipo, sino incluso las piezas de los mecanismos suizos: ejes de volante, piñones y otros componentes. Yo le admiraba y debo agradecerle la paciencia que tuvo conmigo a lo largo del tiempo que permanecí a su lado siguiendo con detalle cómo ejercía su oficio. Al salir del instituto, pasaba horas junto a él, fijándome cómo aplicaba su experiencia y conocimiento, fresando, torneando, fabricando piezas y montando de esos delicados ingenios. De mis hermanos y hermana fui el que puse más interés en la formación de ingeniería y creo que él, de algún modo, se sentía satisfecho al ver mi interés por ese arte. Mi padre siempre ejerció su trabajo en silencio y con muchísima concentración aun estando yo a su lado. Sin duda él fue la persona más influyente en mi vida, porque el aprendizaje técnico y el espíritu empresarial lo adquirí junto a él. También fueron figuras de referencia en mi crecimiento académico don Enrique Torres, profesor de Tecnología de la Madera, don Antonio Ayuso, de Tecnología de Electricidad y don Agustín Hernández, de Tecnología Mecánica. Y, cómo no, mi madre, Soledad; nunca podremos agradecerle lo suficiente el sacrificio y cariño en nuestro hogar y bienestar.

 

En la actualidad, hallar trabajo no resulta difícil; lo difícil es encontrar gente que quiera trabajar con aptitud

Una vez concluido el Bachillerato, que cursé en el instituto que ocupaba la antigua sede de la Universidad de Santa Catalina, me trasladé a Barcelona para completar mi formación de Ingeniero diplomado y licenciado en la Escola Industrial y en la UPC. Me hospedaba en casa de mis tíos y, para mitigar la carga económica que suponía esa etapa estudiantil, me empleé en cortos trabajos. Aun así, para mí constituyó un gran aprendizaje, al tomar contacto con el mundo empresarial, sumergirme en lo que es la disciplina del trabajo, un horario a respetar y asumir unas responsabilidades. Tenía quince años y tuve que aprender a moverme por Barcelona en tranvía, metro y autobús. A los pocos meses entré a trabajar en una compañía ya ajustada a lo que realmente me cautivaba: una empresa de instalaciones, motores, material eléctrico y bombas hidráulicas. Eran años en los que encontrar un empleo era relativamente fácil. Se veía a diario llegar a la estación de Francia centenares de personas, básicamente labradores y peones, que acudían a la ciudad sabedores de que faltaba mano de obra y deseosos de forjarse un futuro mejor que en su tierra. En la actualidad, hallar trabajo no es difícil; lo difícil es encontrar gente profesional que esté dispuesta a trabajar de forma seria. Lo sé por experiencia, dada la necesidad constante de ampliar la plantilla de trabajadores. Tras las frecuentes entrevistas laborales, detecto una falta de actitud preocupante y observo que no se persigue la estabilidad personal, familiar y de futuro, sino el sentido de oportunidad y el cobro del seguro del desempleo. La fidelidad es otro de los factores que se ha resentido en la esfera profesional, de tal modo que, ante una contraoferta por una mínima diferencia salarial, se cambia de empresa sin poner en valor otros aspectos que concurren en su puesto de trabajo.

 

Compruebo cómo universitarios que llaman a mi puerta solo traen bajo el brazo un título, piden sueldos acordes a su titulación y no aportan ni experiencia ni capacidad de desarrollo, dando por sentado que la formación profesional es mi obligación

En general, me siento afortunado por haber reunido a grandes profesionales que han desarrollado su carrera en mi empresa y se han jubilado aquí conmigo. Entiendo que algunos puedan haber elegido cambiar de compañía ante una mejor propuesta económica, y en ciertos casos he rechazado su reincorporación cuando se han arrepentido de haberse marchado. Estas personas deben comprender que se ha invertido un tiempo, dinero y energía en ellas para formarles y que no han sabido apreciar el esfuerzo que eso ha supuesto para la empresa. En realidad, asumo la formación de gran parte del personal, al no existir disponibilidad de operarios de oficio. Ejerzo como profesor práctico de jóvenes que llegan sin conocimientos y que, tras un periodo de aprendizaje, se convierten en mecánicos, fresadores, torneros, soldadores, escalando desde aprendices hasta oficiales. Es un problema añadido que tenemos los empresarios, que también comprobamos cómo los universitarios han acumulado mucha teoría, pero no saben aplicar los cálculos, ni hacer diseños, ni manejar los programas informáticos actuales, ni tienen la práctica suficiente: hay que enseñarles casi desde cero. A lo sumo, puedes aprovechar el desarrollo intelectual adquirido a partir del tiempo invertido en la Facultad. En mi época, las estrecheces de todo tipo eran comunes, pero la formación superior era más completa y rigurosa. Recuerdo que, en mi caso, que nos presentamos un millar de aspirantes para el ingreso en Ingeniería y solo aprobamos unos 30. De ahí que, al finalizar los estudios en la Universidad, fuéramos enciclopedias andantes, ya que sabíamos de mecánica, química, construcción, electricidad, electrónica, termodinámica, cálculo de estructuras etc. Hacíamos prácticas en los talleres de la Universidad. En la actualidad, ha habido un positivo aumento de diplomados y licenciados, pero se ha producido una reducción de la exigencia para superar la carrera. Cuando yo estudié no había programas informáticos que nos asistieran como ahora, por lo que tuvimos que desarrollar unas habilidades adicionales. Empresarialmente, estos programas representan un gran avance, pero nos suponen una importante inversión en dinero y tiempo de formación a nuestros empleados. Este ejercicio de enseñanza y preparación no se valora lo suficiente. Por eso también me duele que existan empresas que, ante la escasez de personal con experiencia, practiquen la caza de profesionales e intentan pescar en otras compañías, como la mía. Es algo que no me parece ético y a lo que nunca he querido prestarme.

 

Al constatar que no se había apreciado mi innovador diseño sobre una grúa hidráulica, decidí fabricarla por mi cuenta

Invertí seis años en la Universidad, pero antes de concluir los estudios ya había diseñado mi primera grúa hidráulica. A ese desarrollo contribuyó el hecho de que, tras haber estado trabajando en una compañía eléctrica e hidráulica, me ofrecieron la dirección técnica y comercial en una importadora de grúas sueca. Ahí descubrí técnicamente este tipo de ingenios, y junto al director de una gran empresa, Terrestre y Marítima, que era uno de mis profesores, diseñamos una grúa atendiendo a una propuesta que nos trasladaron. Pese a todo, el resultado no me satisfizo, ya que entendía que era una grúa excesivamente simple y podíamos crear otra de mayores prestaciones y resolver necesidades más complejas. Esa inquietud me llevó a desarrollar mi propio y personal proyecto, que me fue rechazado. Siempre he pensado que mi juventud (pues apenas había cumplido los 20 años) obró en mi contra, aunque aquella negativa no acabó con mi ánimo, convencido como estaba de mis ideas. De este modo, al comprobar que no estimaban el alcance de mi proyecto, que aportaba novedades importantes, como un brazo más largo, articulaciones, bielas, capacidad de elevar unas cargas considerablemente mayores de lo había en aquellos tiempos…, decidí fabricar la grúa con mis escasos medios propios. Las primeras máquinas obtuvieron mucha aceptación, lo cual me permitió empezar a crecer, fruto de tener las ideas y determinaciones muy claras, algo que he conservado a lo largo de mi carrera. La creatividad, la confianza en mí mismo, la economía de la invención, son los factores que intervienen en los distintos desarrollos que siempre he acometido. Ser pionero tecnológico cuesta dinero, por lo que resulta vital atesorar la suficiente visión comercial para ver que ese proyecto resultará viable. Eso equivale a investigar qué es lo que el mercado necesita y la industria aún no ha desarrollado.

 

Cuanto más complicados son sus sistemas, más felices se sienten los ingenieros; pero las mejores soluciones son las sencillas

La ingeniería tiene que ir intrínsecamente unida a la economía. Mi condición de empresario me permite salvar uno de los hándicaps de los ingenieros, que es el hecho de que, en ocasiones, no tienen en cuenta la viabilidad económica a la hora de desarrollar sus diseños. Los ingenieros, cuanto más complicados son sus sistemas, más felices se sienten; pero las mejores soluciones son las sencillas. Las complicadas, normalmente, son inviables. Mi vida cotidiana ha estado permanentemente orientada a resolver problemas, a presentar soluciones a las necesidades planteadas por los diferentes clientes. Pongo algunos ejemplos recientes a continuación: la Armada ecuatoriana se enfrentaba a dificultades para trasladar unos enormes contenedores desde Guayaquil a las islas Galápagos. Una vez estudiado su caso, pude dar respuesta al reto con un modelo de grúa marina no existente hasta el momento, que podía realizar ese trabajo, y que ya está en funcionamiento. Hace poco se puso en contacto conmigo una firma argentina que necesita instalar unas grúas marinas en un área explosiva en el puerto de La Plata. Se trata de una zona volátil y con atmósfera altamente explosiva, donde se realizan operaciones de carga y descarga de gas, gasolina y otras materias derivadas del petróleo, lo cual exige unos equipos que eviten cualquier deflagración que pueda provocar una explosión como la ocurrida en el puerto de Beirut. Llevaban más de dos años intentando superar esa cuestión y, a finales de 2023, me expusieron su problema al comprobar que fabricaba grúas antiexplosivas. No obstante, el tipo de grúa que se requería para trabajar en un ambiente inflamable con grandes ráfagas de viento como el suyo exigía unas grúas aún por desarrollar. Tenían una propuesta alternativa, no segura, de unas grúas que les costaban un importe muy elevado y no viable. Tras estudiar el proyecto, y especialmente sus necesidades, les ofrecí una solución con sistemas hidráulicos para el desplazamiento, el izado y los giros, entre otros, con un brazo extensible y replegable que superaba los problemas antiexplosivos y de la acción de los fuertes vientos que azotan la zona, dando respuestas efectivas a cada problema, con total seguridad y a un precio diez veces inferior por grúa comparado con la propuesta que rechazaron. Una vez trasladada la oferta, recibí el correspondiente pedido para tres unidades. Evidentemente, he procedido a la patente de esta máquina.

 

La creatividad y la motivación de seguir dando respuestas a la industria y de ser de utilidad en tu sector proporciona más satisfacciones que las estrictamente económicas

El empresario cuya meta solo es el dinero tiene poco recorrido, demuestra unas miras muy limitadas. El objetivo económico en la empresa resulta exigible para la lógica subsistencia de esta, para conservar los puestos de trabajo y para garantizar el crecimiento de la compañía. Pero la creatividad, la motivación de seguir dando respuestas al mercado y de ser de utilidad en tu sector proporciona más satisfacciones que las estrictamente crematísticas. Aunque pueda antojarse vanidoso, cualquier empresario debería aspirar a dejar un legado a la sociedad que haya contribuido a mejorar su entorno y que se le pueda recordar por ello en el futuro. Yo mismo me siento orgulloso de que, en el Portal de l’Àngel de Barcelona, siga señalando las horas un reloj fabricado por la familia Cabrerizo, emparentada con nosotros y que fue la que traspasó el negocio relojero a mi padre. Es una obra de arte que perdura en el tiempo y ese aspecto es algo que tengo muy presente en mi cometido. O la grúa instalada en la nave central de la Catedral de Barcelona, fabricada por mí y que lleva más de 40 años en activo. Para mí resulta muy gratificante viajar por muchas poblaciones y comprobar que hay clientes que me aprecian y que me recuerdan porque mis máquinas les resolvieron algún problema y les siguen siendo de utilidad, ya que siempre he procurado dotar de calidad a todo aquello que he producido, incapaz de aplicar la obsolescencia programada a la que recurren algunos fabricantes. Conozco bien el mercado continental y veo que, en algunos países, como Italia, prima más el diseño que la eficiencia de la maquinaria. En Catalunya posiblemente seamos de las zonas europeas donde mayor atención damos a la calidad y donde velamos por la máxima durabilidad de las máquinas y la reducción de sus costes de mantenimiento y de consumo. Es una cuestión de responsabilidad, que propicia que las empresas consoliden su futuro. Recuerdo que, cuando cumplimos 25 años de trayectoria, en el Saló de Cent del Ayuntamiento nos entregaron un diploma en señal de reconocimiento. Tal vez quedábamos 200 empresas en Barcelona de las más de dos mil que habíamos arrancado en 1967. Ahora que, coincidiendo con la pandemia, cumplimos medio siglo, quizá sobrevivimos veinte… Si no mantienes una constancia, observas una praxis honesta y procuras actualizarte constantemente y a todos los niveles, es difícil que perdures. Debes mantenerte en continua evolución, porque cada día todo va mucho más veloz. Eso me obliga a realizar cada vez más sacrificios, pero me siento satisfecho y feliz cuando las cosas salen mejor o soy más rápido en dar con la solución buscada.

 

Me siento como un director de orquesta, asignando a cada profesional las funciones que le competen para conseguir una obra maestra y armónica

Después de haber creado CYTECMA, como anagrama de Construcciones y Técnicas Martínez, a los 23 años constituí la sociedad anónima, ya como Construcciones y Técnicas de Maquinaria, S.A., prescindiendo de la identidad personal. Recuerdo que la primera grúa la vendí a la familia Codorníu-Raventós, que tenían la finca de Raimat, en Lleida, y requerían simplificar el sistema de transporte y elevación de las cajas donde recogían la uva, hasta entonces necesitada de la intervención de operarios. Les diseñé una grúa que se adaptaba a un tractor de cadenas y resolvía ese problema. Participé en todo el desarrollo de ese invento, ejerciendo de soldador, mecánico, etc. Hoy en día dispongo de un equipo de más de 200 profesionales distribuidos en tres departamentos específicos con ingenieros especializados en diseño, cálculo, circuitos hidráulicos, eléctricos y electrónicos. Por lo general, los inventos parten de una idea que plasmo en unos esbozos para que cada equipo desarrolle la parte que le corresponde y que posteriormente se conjunta. Me siento como un director de orquesta, asignando a cada cual las funciones que le competen para conseguir una obra maestra y armónica. También soy el responsable de dictaminar si la idea es viable o no, tanto por la complejidad del proyecto como por el rendimiento económico. Si la primera impresión es positiva, normalmente acaba prosperando; si de entrada no me gusta, acostumbro a desecharla. No tiene sentido cumplir un mero encargo si ese invento después no tiene futuro en otras aplicaciones.

 

Estar en primera línea supone disponer de un magnífico escaparate ante los potenciales clientes que ven tu publicidad

La primera nave industrial donde me ubiqué fue en Santpedor y no resultó acertada. La encargué a un compañero de Manresa, pero no era adecuada ni por la ubicación ni por las necesidades productivas. De todo se aprende y tras desprenderme de ella, decidí construir una nueva fábrica, pues mi titulación me facultaba para proyectar, dirigir y construir naves industriales. Esta vez la edifiqué en el polígono Industrial Ràdium de Granollers. Aunque el resultado fue satisfactorio, pese a su considerable envergadura quedó pequeña a los pocos años. Al tener que realizar la ampliación, la experiencia me llevó a buscar una localización óptima: esta la encontré en Lliçà de Vall, junto al lateral de la Autovía C-17, una carretera que registra uno de los índices de tráfico más altos de Catalunya con entrada directa desde esta vía de comunicación. Estar en primera línea supone disponer de un magnífico escaparate ante los potenciales clientes que pasan por delante y la facilidad de localización. La construí con hormigón armado, lo que supuso una mejora exponencial a nivel de calidad con una inversión adicional mínima. En pocos años, y gracias a su privilegiada ubicación, las instalaciones han multiplicado su valor y el rendimiento comercial es incalculable.

 

Vislumbré la crisis del 2008 y suspendí a tiempo la construcción de nuevas naves industriales en mi empresa Inmobiliaria Río Naranja, S.A.

Construir mis propias fábricas me llevó a desarrollar una segunda empresa: Inmobiliaria Río Naranja, S.A., orientada a la construcción, venta y alquiler de naves industriales. Las situadas en primera línea me las reservaba en propiedad para su explotación. Supe vislumbrar la crisis de 2008, lo cual me llevó a suspender a tiempo la construcción de nuevas naves y a vender las situadas en los enclaves menos preferentes. Cuando estalló la crisis, una gran mayoría de las empresas constructoras tuvieron que cerrar, ya que dependían de la financiación de los bancos y, al no haber ventas ni ingresos, no pudieron hacer frente a los préstamos. En cambio, yo aproveché la coyuntura y, dado que los costes de materiales de construcción se habían reducido considerablemente, edifiqué las naves de Camarles (Tarragona) y Alcalá de Henares (Madrid). Evité tener que prescindir de la estructura fija de personal de la inmobiliaria, renunciando solamente a los temporales y contratados por obra. Fui de las pocas empresas de ese sector a las que la crisis no le pasó factura.

 

El hotel que inauguramos en el Burgo de Osma ha actuado de revulsivo y contribuido a evitar la despoblación que tanto afecta ahora al medio rural

La empresa inmobiliaria la mantengo activa, si bien no he reanudado la faceta constructiva. En cualquier momento podría retomar esa actividad, ya que cuento con suficiente equipo humano para ello, pero no se puede decir que el sector de la construcción se haya recuperado suficientemente. De este modo, me centro en el mantenimiento de las naves en propiedad y en explotación. Siempre he pensado que para un mínimo y adecuado equilibrio se necesitan tres patas o tres puntos de apoyo. La tercera pata o tercer apoyo es un hotel que abrí en 1990 en el Burgo de Osma, uno de los mayores y mejor equipado de la provincia de Soria. Inaugurado por el entonces presidente de la Junta de Castilla y León, don Jesús-María Posada Moreno (soriano donde los haya), quien posteriormente presidiría el Congreso de los Diputados y sería ministro. Se trataba, por un lado, de diversificar el negocio, a fin de blindarlo ante eventuales crisis que, raramente, afectan a todos los sectores. Como consecuencia de mis frecuentes viajes, había constatado que el turismo era una actividad en auge, lo cual he podido corroborar con este establecimiento con el que, por otro lado, pretendía prestar un servicio a mi estimada villa natal, promocionando las visitas al Burgo de Osma y también generando puestos de trabajo para sus habitantes. Hoy en día no cubrir las vacantes con personal local no me preocupa, porque eso significaba atraer a nuevas personas que buscaban empleo, contribuyendo a evitar la despoblación que tanto afecta en la actualidad al medio rural. El Hotel Spa Rio Ucero, S.A., que ya ha superado el millón de pernoctaciones, ha actuado de revulsivo, como lo demuestra la apertura de otros establecimientos análogos y ha propiciado que muchas personas que descubrieron el Burgo se hayan convertido en asiduas de la población en vacaciones, que hayan adquirido una segunda residencia en la misma y que, incluso, hayan decidido trasladarse permanentemente a la localidad una vez alcanzada la jubilación.

 

Somos una empresa pionera en el desarrollo de grúas industriales, además de una referencia en ese sector

De modo análogo a la búsqueda del equilibrio del negocio en general, también establecí en su día tres divisiones en la actividad industrial, con grúas para los sectores marítimo y de automoción, transporte, ambientes explosivos y trabajos en altura. De esta manera, en caso de enfrentarnos a una crisis en un mercado podría derivar al personal de esa división a cualquiera de las otras que no estuviera afectada, porque todas ellas comparten la producción de equipamientos similares. Asumo el inconveniente acarreado por la diversificación, que reside en la limitación del crecimiento de una sola empresa y sector, capaz de alcanzar mayor envergadura si se especializa en un nicho concreto. Pero, para mí, prima la seguridad. Siempre podré decir que somos una empresa pionera en el desarrollo de grúas industriales, además de ser una referencia en ese sector y, sobre todo, que he blindado nuestra continuidad. Lo pudimos comprobar durante la etapa del coronavirus, cuando la mayoría de los sectores económicos entraron en suspenso y, en cambio, los astilleros bullían de actividad, lo que favoreció nuestra división naval. Compensábamos así la paralización de los ingresos de nuestro hotel, como también pudimos superar los problemas que sufrió la automoción a consecuencia de la falta de chips.

 

Si siembras en un erial, no puedes esperar los frutos que sí obtendrás con las semillas esparcidas en tierra fértil

Aunque comercializo las grúas en todo el mundo, la producción la mantengo en nuestro país. Viví una experiencia amarga en su día en Brasil, al instalar una fábrica en Santo Antônio da Patrulha (Porto Alegre). A pesar de cederme los terrenos el Ayuntamiento, en realidad no me regalaron nada, pues, tras invertir en la edificación y la maquinaria, comprobé que la productividad ahí era escasa, ya que la idiosincrasia es muy distinta en cada país y los resultados no fueron los esperados, de ahí que decidiera abandonar el proyecto. Como queda reflejado en el Evangelio, si siembras en un erial, no puedes esperar los frutos que sí obtendrás con las semillas esparcidas en tierra fértil. Un segundo proyecto en Marruecos quedó en intentona, al advertir que me encaminaba a reeditar un nuevo fracaso. La deslocalización solo ha funcionado para determinadas empresas textiles que han cimentado su rentabilidad poniendo en riesgo la salud de los operarios a cambio de ofrecerles un pequeño salario y unas condiciones de trabajo no asumibles. Aun así, no es posible mantener esas prácticas durante un largo tiempo. Por otra parte, el traslado de la industria a Oriente ha comportado que los países asiáticos se hayan nutrido de la tecnología y el know how occidentales y que las grandes empresas americanas y europeas que buscaban ser más competitivas estén acusando un retroceso.

 

Trabajar significa seguir vivo, al sentirte que continúas siendo útil a los demás, lo cual es reconfortante

Muchos profesionales me preguntan por mi jubilación, una condición que no contemplo porque no hay nada que me recompense más que mantenerme en activo, en contacto con la actualidad y el progreso. Trabajar significa seguir vivo, sentirte que continúas siendo útil a los demás, lo cual es reconfortante. Creo que tanto mi esposa, Véronique, próximos a alcanzar los 50 años de matrimonio, como nuestros tres hijos comprenden y respetan mi decisión. En nuestro hogar siempre hemos sido una piña, compartiendo valores e inquietudes. El primogénito, Cándido-Emmanuel, es economista y, además de gestionar CYTECMA y otras de mis compañías, GRUCASA, orientada a las carrocerías industriales, trabaja para Endesa. Mi segundo hijo, Alexandre-José, es ingeniero y regenta el hotel, e interviene en la gestión de las otras compañías. Mi hija Victoria, la benjamina, estudió Psicología y Contabilidad, siendo la responsable de la economía del grupo empresarial. Cada uno de ellos nos ha proporcionado un par de nietos: Alexandre y Guillem; Emmanuel y Micaela, y Martí y Adrià, respectivamente. Esa joven generación nos transmite una gran felicidad y, si Véronique ya se había prodigado como una magnífica madre, ahora se ha revelado como una extraordinaria abuela.