Barcelona
1968
Director general de SEID, S. A.
10-7-2023
Contribuir a la salud y el bienestar de la mujer: es la misión de esta compañía farmacéutica que, bajo la tutela de su actual director, ha logrado catapultar sus resultados, incluyendo la duplicación de su equipo humano. Ahí reside en buena parte la clave del crecimiento de esta empresa familiar, puesto que, y según expresa el directivo, la inversión en talento acarrea menos riesgos que destinar recursos a otros capítulos; por ello constata que la correcta gestión de personas constituye el principal reto de todo empresario.
Mi abuelo y mi padre aplicaron distintas formas de liderazgo, pero igual de eficientes, a la empresa familiar
Mi infancia se correspondió con la propia de un hogar feliz, en la que compartía juegos con mi hermano menor, Pablo, y, sobre todo, muchos momentos con mis abuelos, cuyos nombres se han ido transmitiendo a las siguientes generaciones, de mi padre a mí y hasta mis hijos. El abuelo paterno, además, marcó la vocación empresarial de la saga, al iniciar su trayectoria en el entorno textil, un sector sobre el que se edificaba principalmente la industria catalana a mediados del siglo pasado y que empezó a zozobrar en la década de los setenta, ante el embate que suponía la competencia asiática, y que significó el cierre gradual de las fábricas de tejido y confección. La suya, Comercial Anónima Vilà, había sido fundada después de la Guerra Civil y había conseguido un potente desarrollo. Ubicada en la calle Trafalgar de Barcelona, donde se concentraban muchas empresas del ramo, sucumbió a esa coyuntura cuando mi progenitor ya había asumido las riendas de la misma. Desde mis jóvenes ojos, tuve la oportunidad de comprobar las distintas formas de liderazgo aplicadas por mi abuelo y por mi padre, ambas igualmente eficientes. Este último, obedeciendo a una nueva época, se revelaba con una versión más financiera, práctica y pragmática; no exenta de valores, por supuesto, pero sin el mismo talante de proximidad exhibido por mi abuelo, quien, ante el cariz adoptado por los acontecimientos en la industria de las manufacturas, decidió comprar el laboratorio farmacéutico Seid, ya en la década de los setenta. Diez años más tarde, serían mi padre y mi tía Maria Victoria Vilá, los que adquirirían las acciones de la compañía, en lo que supuso el primer relevo generacional de nuestra familia al frente de la firma.
Los valores de respeto al próximo, esfuerzo y ética que aprendí de mi madre, los he aplicado en mi entorno laboral
Si bien en el terreno profesional hallo en el abuelo Quimet a la figura más influyente en mi trayectoria, en la esfera personal sitúo a mi madre, Isabel, como la que imprimió una huella más profunda en mi carácter. Junto a ella, crecí en valores, pues Isabel hacía hincapié en la necesidad de observar respeto hacia el prójimo y de prestar ayuda a los demás. Son aspectos fundamentales que me han acompañado en la vida y que he acabado aplicando en mi entorno laboral, guiándome en el propósito de la empresa que el futuro se encargaría de depositar en mis manos. También mi madre, diseñadora gráfica de profesión, procuró educarme en la importancia de invertir esfuerzo, sacrificio y constancia en todos los aspectos. De hecho, en la ética hallé otra de las piedras angulares sobre la que pivotaba el comportamiento de mis progenitores y que no solo conseguí asimilar, sino que siempre he procurado cultivar, en especial teniendo en cuenta la rama en la que mi carrera ha desembocado. Tanto es así que considero que la ética constituye una de las señas de identidad de nuestra empresa; y una de las principales misiones que me exijo es transmitirla a mis colaboradores para que ellos, a su vez, sean capaces de extenderla al resto del equipo humano y garantizar, de este modo, que las actuaciones se rijan por unos determinados parámetros morales.
Abogo por promover el contacto de los alumnos preuniversitarios con empresarios para acercarles a la realidad de sus entornos
Mi escolaridad transcurrió en los Escolapios de Sarrià, si bien realicé el COU en el Instituto Fert. Si decidí cursar Ciencias Económicas en la Universitat de Barcelona se debe a que buscaba una formación generalista que me brindara mayor amplitud de salidas profesionales. No me proponía dar continuidad a la empresa familiar, de ahí que mis primeros años laborales los invirtiese en un entorno ajeno a Seid. Antes de iniciar la carrera universitaria, realicé algunos trabajos esporádicos, incluso en la vertiente comercial, con el simple objetivo de ganar algún dinero para hacer frente a mis salidas ociosas. Pero no compatibilicé esos estudios superiores con ninguna actividad paralela, pues preferí concentrarme a fondo en la formación. Visto en perspectiva, empero, considero que es interesante compaginar el trabajo con la universidad. De hecho, algunas carreras ya incluyen en su itinerario unas prácticas que suponen un perfecto complemento a la teoría impartida en las aulas. Desde mi particular punto de vista, me parece recomendable promover que los alumnos preuniversitarios mantengan contacto con algunos empresarios, con el objetivo de que estos puedan acercarlos a la realidad de sus respectivos entornos y ayudarles en la elección de sus estudios. Los diecisiete son una edad en la que aún no has alcanzado la madurez y, sin embargo, debes adoptar una decisión respecto a la carrera a cursar que puede acabar condicionando tu futuro.
Nuestra economía está necesitada de más empresas industriales
Aunque en los últimos tiempos esto está cambiando, tradicionalmente en España hemos potenciado poco los oficios, a diferencia de lo que ocurre en otros países, como Alemania, donde se presta una absoluta atención a la Formación Profesional dual. Es un problema educacional pero, sobre todo, social, pues, aunque los padres podemos ser conscientes de que un oficial de lampistería o de mecánica puede ganarse mejor la vida que un médico o un abogado, acabamos empujando a nuestros hijos hacia los estudios superiores, al considerar que no disponer de una carrera puede representar un estigma. El resultado es que, en la actualidad, cuesta mucho más cubrir la plaza de un operario cualificado que encontrar a un economista. Revertir esta situación no resulta fácil, puesto que reclama la aplicación de políticas de gran calado y planificación y de ejecución a muy largo plazo para transformar toda la economía, como hizo Corea del Sur en su día, que en tres décadas consiguió catapultar toda su industria hasta convertirla en una de las más punteras y competitivas del mundo. Aquí, en cambio, nos hemos abandonado al sector turístico, que genera ingresos rápidos y muchos puestos de trabajo. Pero nuestra economía anda muy necesitada de recuperar su tejido industrial, para evitar picos inflacionarios como los que ahora vivimos por culpa de la guerra de Ucrania.
Son fundamentales las estancias en el extranjero para quienes desean desarrollar una carrera en el ámbito de los negocios
Tras haberme licenciado en Ciencias Económicas, y después de cumplir con el servicio militar en Galicia, decidí complementar mi formación con un MBA en ESADE. Fue una experiencia muy enriquecedora, sobre todo porque el segundo curso contemplaba un intercambio que me mantuvo un año en Montreal (Canadá). Recomendaría a cualquier estudiante esta opción, ya que, más allá de propiciar un perfeccionamiento de los idiomas, supone abandonar cierta zona de confort y te obliga a espabilarte en un entorno desconocido. Tanto las estancias en el extranjero como viajar son fundamentales para quienes desean desarrollar una carrera en el ámbito de los negocios. El mundo ha sufrido una profunda transformación en las últimas décadas y, si bien es verdad que en los ochenta ya se impartía inglés en las aulas, hoy en día este idioma se ha convertido en una herramienta tan imprescindible como el dominio del entorno informático. De todos modos, en España continuamos acusando una baja familiaridad con la lengua de Shakespeare, probablemente debido a que, por razones culturales, no mostramos tanta predisposición a mudarnos a otro país por motivos profesionales.
De no existir las pymes, el futuro de nuestro país estaría seriamente comprometido
Una vez de regreso a Barcelona, realicé varias entrevistas de selección con el propósito de introducirme en el mercado laboral. Podría haber desembarcado en cualquier sector, desde el metalúrgico al de gran consumo, pues no había ningún ámbito que me atrajera especialmente. Los avatares de la vida me condujeron hacia el entorno financiero, iniciando mi trayectoria profesional en el ABN AMRO Bank, una entidad holandesa especializada en banca corporativa y que me permitió establecer relaciones con grandes clientes empresariales. Permanecí ahí durante casi un lustro, adquiriendo una sólida experiencia financiera a través del análisis de las compañías y de las entrevistas a empresarios, tras lo cual me incorporé al Deutsche Bank. En esta compañía alemana, que exhibía una fuerte implantación en Catalunya, continué desarrollando esa misma labor a lo largo de otros cinco años. A pesar de que también prestábamos servicio a corporaciones de relieve, esa etapa me permitió conocer en profundidad el mundo de las pymes, que constituyen la base de nuestro tejido empresarial, generando aproximadamente el 75% de los puestos de trabajo. De no existir estas entidades, el futuro de nuestro país estaría seriamente comprometido; aparte de que el espíritu emprendedor se halla arraigado a nuestra idiosincrasia. Sin embargo, percibo falta de reconocimiento hacia él por parte de la sociedad en general y de la clase política en particular; entre otras razones, porque esa inquietud de generación de negocios no se fomenta como sería deseable para el crecimiento de nuestra economía y el bienestar de nuestras familias.
Ante la creciente competitividad, que reclama frecuentes y generosas inversiones, resulta preciso aumentar la dimensión de las firmas de nuestro país
No resulta extraño que los empresarios podamos experimentar cierto sentimiento de soledad, al ser considerados a menudo como una rara avis y, lo que es peor, que se nos encasille en un perfil de personajes codiciosos y prepotentes, como si estuviéramos encabezando un imperio. Se nos equipara con frecuencia a una figura subida a un pedestal, asimilándonos a líderes de grandes corporaciones o a tópicos caducos de patronos con un despotismo decimonónico, cuando nuestro entorno se nutre de miles de microempresas de corte familiar. Un empresario puede ser el gerente de un bar; un autónomo que, a lo sumo, cuenta con tres empleados y que, para poder mantener a flote su negocio, ha tenido que aportar su patrimonio personal e, incluso, tal vez se ha arruinado. Existe un gran desconocimiento por parte de la ciudadanía acerca de la realidad empresarial. Al mismo tiempo, y a diferencia de lo que ocurre con otros países como Francia o Alemania, adolecemos de dimensión, pues la mayoría de nuestras compañías cuentan con plantillas que, como máximo, alcanzan los quince profesionales. Pese a la fortaleza exhibida por nuestras pymes, que han resistido, incluso, el proceso de desindustralización colectiva de Europa en favor de Asia, resulta preciso aumentar la dimensión de las firmas de nuestro país, dado que la creciente competitividad existente reclama frecuentes y generosas inversiones que no pueden acometerse si no se dispone de cierto músculo financiero. En el sector en el que estamos implantados lo he podido constatar: si no puedes desarrollar tu negocio y crecer, la única salida reside en acabar vendiéndolo a una farmacéutica de mayor envergadura.
Si no perteneces a la familia, el nivel de implicación en una pyme difícilmente es equiparable al que puede observar un miembro de ella
Completé mis catorce años en el entorno bancario en ING Group, operador holandés cuya propuesta se centraba en banca corporativa y que, en los últimos tiempos, ha ido incrementando su presencia física en las calles. Puse fin a esa etapa en 2009 por varias razones. La primera estaba relacionada con la crisis de Lehman Brothers, que provocó un estancamiento de la actividad bancaria e, incluso, la intervención de nuestra entidad. Al mismo tiempo, había acumulado cierta insatisfacción personal después de esa larga etapa en el sector, lo cual me empujaba a abrazar un cambio. Ese cambio lo propició la situación compleja que atravesaba nuestro negocio familiar, formado por dos empresas: Comercio, Edificación e Industria, S.L., compañía patrimonial fundada por mi abuelo, y la propia Seid. Inicialmente, me incorporé en la primera, con el propósito de reordenar esa empresa, orientada a la inversión en inmuebles y sin vislumbrar la posibilidad de hacerme cargo de la firma farmacéutica. Sin embargo, poco después, en el 2011, asumí las riendas de ambas compañías, que hasta entonces habían confiado la gestión a una persona externa que no supo imprimirle la orientación adecuada. Si no perteneces a la familia, el nivel de implicación en una pyme de este perfil difícilmente es equiparable al que puede observar un miembro de ella. Mi cometido residió en profesionalizar la organización, dotándola de Consejo de Administración, hasta entonces inexistente, tras recibir el apoyo tanto de mi padre como de mi tía, quienes seguían repartiéndose a partes iguales las acciones de la empresa. Aunque el escenario se revelaba claramente adverso, convinimos que no podíamos echar a perder un laboratorio que atesoraba un importante y longevo legado y que, además, estaba integrado en nuestra historia familiar.
Captando talento bueno, los riesgos son mucho menores que los de cualquier otro tipo de inversión
Las recetas aplicadas a la compañía se revelaron acertadas, toda vez que conseguimos enderezar el negocio, pasando de una empresa que no generaba beneficios a triplicar nuestra facturación y a doblar nuestra plantilla hasta alcanzar los noventa profesionales. A ello contribuyó mi experiencia en el entorno bancario, pues la capacidad adquirida en el análisis de balances me permitió reestructurar la compañía desde el punto de vista financiero y establecer un plan estratégico de crecimiento. Mi desconocimiento del sector farmacéutico era absoluto, por lo que me sometí a un programa formativo para aprender y entender el negocio. De este modo, pude adoptar decisiones de inversión no exentas de riesgo. Forma parte del cometido del empresario asumir responsabilidades a diario, sabiendo que te expones a equivocarte y que, cuando menos, debes evitar que los errores comporten pérdidas y procurar que los perjuicios sean los mínimos. Como también corresponde a quien lidera una organización conocer en profundidad el negocio. De esta manera, a partir de 2014 empezamos a experimentar una sólida expansión, basada en la incorporación de personal. Si bien no escatimamos recursos para adquirir maquinaria y tecnología, quise acentuar la apuesta por el equipo humano, porque, captando buen talento, los riesgos son mucho menores que los que acarrea cualquier otro tipo de inversión. Contamos con la ventaja de que en el sector farmacéutico las remuneraciones son atractivas, a diferencia de lo que ocurre en otros entornos, donde resulta más complejo atraer talento porque muchos jóvenes, tras haber conseguido el título, abandonan España ante las mejores condiciones salariales que se les ofrece en el extranjero.
Desarrollamos soluciones para la salud femenina, y trabajamos en las áreas de ginecología general, obstetricia y fertilidad
Seid es un laboratorio farmacéutico que, esencialmente, desarrolla soluciones para la salud femenina, llevando a cabo tanto fabricación primaria como secundaria. En sus inicios se concentró en la vertiente ginecológica, que sigue constituyendo el core business de la compañía, si bien en la actualidad nuestro negocio se divide en tres áreas: prescripción, unidad de farmacias y división internacional. En ginecología, contamos con un equipo de treinta consultores médicos en toda España que visitan al 80% de los ginecólogos privados para darles a conocer nuestra oferta de productos, con el objetivo de que puedan prescribirlos a sus pacientes. La crisis del coronavirus no fue muy dura con nosotros, solo frenó un poco nuestra actividad durante tres meses. En 2021, para diversificar nuestra actividad, emprendimos un proyecto consistente en acercarnos a las farmacias. A tal fin, incorporamos a quince nuevos asesores para visitar esos puntos de venta y recomendar a los profesionales que los regentan unos artículos encuadrados en una serie de categorías que no solo se orientan a la mujer, sino que persiguen el bienestar personal. Los farmacéuticos ejercen una labor fundamental en el sistema de salud, sobre todo en aquellas localidades modestas en las que no existe un centro asistencial. En muchos casos, constituyen un eslabón insoslayable, al proporcionar a los pacientes soluciones ante determinados problemas que no requieren estrictamente acudir a la consulta médica, liberando a los galenos de la sobrecarga de trabajo que sufren, como se evidenció durante la pandemia, cuando se vio que no disponemos de suficientes recursos humanos para hacer frente a contingencias sanitarias de envergadura. Recientemente leí que en Inglaterra están asignando mayores atribuciones a sus farmacéuticos para que puedan, incluso, llegar a prescribir ciertos medicamentos a quienes acuden a su establecimiento, a fin de complementar el trabajo de los médicos de atención primaria.
Aspiramos a consolidarnos como laboratorio de referencia en España en lo que a salud femenina se refiere
La farmacia es el canal donde se comercializan nuestros productos: unos, porque directamente los aconseja el responsable de ese punto de venta; y otros, porque los ha prescrito un ginecólogo para que el paciente los adquiera allí. La mitad de ellos son de fabricación propia, mientras que externalizamos la producción de aquellos que, por su tipología, reclaman una maquinaria específica de la cual no disponemos. Incluso destinamos una reducida parte de nuestra actividad a fabricar para terceros, si bien no reside ahí nuestra actividad principal. Contamos con unas sesenta referencias y desarrollamos múltiples marcas propias, muchas de las cuales derivan de nuestra denominación empresarial: Seidylevur, Seidurol, Seidigyn, Seidycolon…, pero también Artiseid Dinamika o Artiseid CondrAliv, fórmulas para fortalecer las articulaciones y la musculatura femeninas y contribuir a su bienestar. Aspiramos a consolidarnos como laboratorio de referencia en España en lo que a salud femenina se refiere, especialmente en el terreno de la prevención. Para ello, destinamos ingentes recursos a innovación, si bien es preciso subrayar que ningún laboratorio en nuestro país lleva a cabo I+D pura a través de ensayos clínicos, ya que eso reclama un nivel de inversión inasumible para el limitado porcentaje de éxito que se puede obtener. Sí planteamos fórmulas alternativas y creativas que contribuyen a mejorar el enfoque y la eficacia del producto, mientras que la efectividad de nuestros medicamentos viene avalada por una serie de estudios clínicos. Igual sucede con los complementos alimenticios y otros productos de origen natural que comercializamos, los cuales no arrojan el efecto acción/reacción inmediato que provoca un fármaco, pero que también cuentan con el correspondiente respaldo médico a partir de las múltiples pruebas realizadas.
Como empresa farmacéutica, observamos el máximo comportamiento ético y nos proponemos aportar un beneficio social
Estamos sometidos a constantes y frecuentes inspecciones por parte del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya y de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS); algo no solo comprensible sino deseable porque, pese a que formamos parte del sector privado, comercializamos productos que tienen una repercusión directa en la salud de las personas. La Administración se muestra inflexible en este sentido y los controles resultan tan estrictos que incluso es necesario solicitar permiso a la AEMPS si adquirimos nueva maquinaria para los procesos de producción. En cualquier caso, en Seid siempre hemos observado el máximo comportamiento ético, conscientes del entorno en el que estamos operando. Por ello nos duele comprobar que existen empresas, tanto en el sector farmacéutico como en el de gran consumo, que no respetan el mismo código, publicitando en los medios de comunicación ciertas virtudes de un artículo cuando no han sido suficientemente contrastadas. De manera sibilina, utilizan determinadas técnicas para inducir al consumidor a adquirir unos productos que, posiblemente, no arrojarán los efectos pregonados. Más allá de los controles a los que nos someten los estamentos oficiales, nuestros proveedores fabricantes también se revelan muy exigentes en lo que a garantía de calidad se refiere. Como empresa farmacéutica, nos proponemos aportar un beneficio social, proporcionando soluciones terapéuticas que ayuden a tratar una enfermedad o a prevenirla, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las mujeres que confían en nuestros productos.
No hay nada que me enorgullezca más que el haber sido capaz de configurar un equipo tan cualificado
Disponemos de unas instalaciones de cinco mil metros cuadrados levantadas sobre un solar de diez mil en Lliçà de Vall. Ahí se concentran la fábrica, el almacén, el laboratorio de control y garantía de calidad, los servicios administrativos y financieros… En total, operan en esa sede casi medio centenar de profesionales, mientras que el resto son agentes comerciales que visitan a los ginecólogos o a las farmacias. En el Departamento de Calidad proliferan, por razones obvias, profesionales titulados en Química y en Farmacia, muchos de ellos de género femenino, lo cual no resulta extraño teniendo en cuenta el tipo de productos que desarrollamos. Entre los consultores que realizan las visitas para dar a conocer nuestra oferta cada vez se cuentan más licenciados en Farmacia. Mientras, en la fábrica contabilizamos dieciocho operarios, quienes, pese a no disponer de carrera superior, sí aportan un nivel de calificación técnica muy alto, tal como requiere un artículo tan sensible como es el medicamento. En la plantilla hallamos, igualmente, licenciados en otras múltiples disciplinas, como la Economía, la Ingeniería o, incluso, el Periodismo. El capital humano lo es todo en nuestra empresa y no hay nada que me enorgullezca más que el haber sido capaz de configurar un equipo tan brillante y cualificado, pues sin su concurso no habríamos situado a Seid en el lugar en el que se encuentra. Como empresarios, estamos obligados a convertirnos en directores de orquesta, seleccionando a profesionales expertos en su especialidad y que superen nuestros propios conocimientos. En un sector como el farmacéutico, que no suele estar sujeto a ciclos económicos, las personas son las que marcan la diferencia y las que consiguen transformar una empresa cualquiera en una excelente compañía. Creo que el 80% de los empresarios coinciden en admitir que lo más difícil de nuestro cometido reside en la gestión de personal. En el capítulo de recursos humanos mantenemos como asignatura pendiente la incorporación de estudiantes en prácticas, a fin de brindar oportunidades a los jóvenes para que crezcan profesionalmente. Precisamente, una de las dificultades a la que nos enfrentamos es a las carencias que presenta el personal de nuevo ingreso en lo que a experiencia práctica se refiere.
Afortunado por compartir incluso el ámbito laboral con Maria, mi esposa y mis hermanos, Pablo y Jacobo
Uno de nuestros retos de futuro reside en la internacionalización. Hemos empezado a comercializar algunos productos de manera esporádica en otro país y tenemos diseñado un plan estratégico que, a medio plazo, nos permitirá abrir las puertas a distintos mercados exteriores. También considero ideal que se vaya apostando cada vez más por una medicina preventiva en vez de reactiva, puesto que las políticas de profilaxis se han demostrado enormemente útiles para reducir la incidencia de las enfermedades físicas y mentales entre la población. Me gustaría agregar que tengo la fortuna de que el espíritu farmacéutico también se respira en casa, debido a que Maria, mi esposa, es profesional del ramo y gestiona un pequeño punto de venta en El Prat de Llobregat que en su día inauguró mi suegro. Eso propicia que haya una profunda comprensión respecto a mi actividad como empresario de este sector y, a la vez, que haya encontrado en todo momento un extraordinario apoyo en ella. Maria y yo compartimos dos hijos, Joaco y Mauro, de trece y doce años, respectivamente; una edad todavía prematura para adivinar si su futuro profesional se orientará hacia esa misma faceta. Por supuesto, y sin ánimo de determinar su elección, me gustaría que pudieran acabar implicándose en nuestra compañía, quizás no a nivel directivo, pero si formando parte del Consejo de Administración.





